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  • Especial Festival de Sundance.
    Cobertura completa de la edición 2018.

    Repetir lo irrepetible.
    «En la playa sola de noche», de Hong Sang-soo.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Ciencias naturales, de Matías Lucchesi

    Estupendas las noticias que acompañan el debut del cordobés Matías Lucchesi. Tras su excelente paso por el Generation 14/Plus de la Berlinale, se une el triunfo en la 29ª edición del Festival Internacional de Guadalajara, donde Ciencias naturales obtuvo el máximo laurel. Grandes espaldarazos de cara a un posible salto al Atlántico. Sus señas, una mirada lúcida y sensible a los pensamientos de una preadolescente que reclaman a un padre que nunca conoció. Como es habitual, un giro en su vida provoca el paso de un viaje iniciático en búsqueda de rellenar esa tesela que reafirme su mosaico vital. Lucchesi, con una breve experiencia en el mundo del cortometraje, da el gran salto acompañado por un elenco conformado por Paula Hertzog (El premio), Paola Barrientos, Sergio Boris (El cerrajero), Arturo Gotez, y Eugenia Alonso (Cerro Bayo). Produce Salta la liebre. Aun pendiente de fecha de estreno. Apunten este nombre.

    por Emilio Luna
    marzo 31, 2014

    Búsqueda de identidad. Tráiler de Ciencias naturales, de Matías Lucchesi

    Black Sails (Temporada 1)

    Una inyección de vigor al género

    crítica de Black Sails (2014-) | Temporada 1

    Starz / 1ª temporada: 8 capítulos. | EE.UU, 2014. Creadores: Jonathan E. Steinberg & Robert Levine. Directores: Neil Marshall, Sam Miller, Marc Munden, T.J. Scott. Guionistas: Jonathan E. Steinberg, Robert Levine, Brad Caleb Kane, Doris Egan, Heather Bellson, Michael Angeli. Reparto: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Zach McGowan, Toby Schmitz, Sean Cameron Michael, Clara Paget, Mark Ryan, Hakeem Kae-Kazim, Dylan Skews, Jessica Parker Kennedy, Tom Hopper, Karl Thaning, Louise Barnes, Lawrence Joffee, Jannes Eiselen, Mark Elderkin. Fotografía: Lukas Ettlin, Jules O´Loughlin. Música: Bear McCreary.

    Siempre es una tarea difícil el tocar un género que no está en boga desde cualquier medio. Una película, una novela, una obra de teatro o una serie de televisión que trate sobre una temática que lleva años dando coletazos, debatiéndose entre resurrecciones esporádicas y nuevos acercamientos que resultan fallidos. A veces combinados. A saber, el monumental éxito de la saga Piratas del Caribe (2003, 2006, 2007, 2011) aunaba un par de riesgos de entrada, sobre todo en la suicida caracterización de Johnny Depp como el ya mítico Jack Sparrow, pero la operación salió bien y Jerry Bruckheimer recaudó muchísimo dinero. El problema para los verdaderos fans del subgénero pirata es que las aventuras que firmaban Ted Elliott & Terry Rossio se basaban en una atracción temática de Disneylandia. Esto no podía significar un traspaso a la pantalla grande que rezumara la esencia de la genuina piratería. No. Lo que las cuatro películas han mostrado es una versión edulcorada del asunto. Una revisión (entretenidísima, eso sí) que acumulaba ideas a cada cual más estrambótica pero donde la sangre apenas salpicaba. Al final de I. (1.1), el notable piloto de Black Sails, el capitán Flint y el marinero Singleton, que le desafía por el máximo puesto, se enzarzan en una cruda pelea que se no escatima en sangre. Todo en aras del realismo. Eso huele a piratería, como anuncia la magnífica cabecera de la serie.

    por Adrián González Viña
    marzo 31, 2014

    Crítica en Serie | Black Sails (Temporada 1)

    Afflicted, de Derek Lee y Clif Prowse

    Y siguiendo con el tan de moda “metraje encontrado”, nos llega la canadiense Afflicted. Una extraña mezcla de géneros que pasa del thriller a la parodia terrorífica en un sólo plano. Los dos amigos, Derek Lee y Clif Prowse, debutan en el largometraje dirigiendo y escribiendo esta cinta de la que también forman parte como protagonistas, interpretando a un par de amigos, Derek y Clif (por lo que se ve, no han perdido tiempo en buscar nombres a sus personajes). Cuando Clif es diagnosticado con una enfermedad neuronal, la pareja decide irse de vacaciones en un road trip por todo el mundo. Pero, a su paso por Europa, el viaje tomará un oscuro giro, en el momento en el que el joven comience a desarrollar unos síntomas muy peculiares que incluyen el total rechazo a la comida y una fuerza sobrehumana. A la originalidad del producto, se le suma un ritmo vertiginoso y una imagen impactante con la que el filme se alzó con el premio a los mejores efectos especiales en Sitges. Con un reparto de jóvenes neófitos, la cinta ya ha recaudado un gran número de premios y buenas críticas, sobre todo en el mundo de la ciencia-ficción, como el festival de cine fantástico de Austin donde se llevó el premio al mejor director, guion y película. Los amantes del cine independiente de terror tienen una cita obligada, aunque de momento sólo podemos avisar que el 4 de abril tendrá un estreno limitado en Estados Unidos.

    texto| Alberto Sáez (Dublín)
    fuente| Collider

    por redacción
    marzo 31, 2014

    Antihéroes de diseño. Tráiler de Afflicted, de Derek Lee y Clif Prowse


    La realizadora Cherien Dabis, quien ya nos hiciera reflexionar en 2009 sobre las vicisitudes de los inmigrantes que viajan a Estados Unidos por una vida mejor, en su drama Amerrika, vuelve a ponerse tras las cámaras 5 años después para mostrarnos nuevamente una historia sobre inmigrantes, aunque en esta ocasión, por si no hubiera bastante controversia al respecto, ¡con la iglesia hemos topado! (o la mezquita). Los conflictivos choques culturales y religiosos serán el centro de la trama en este cinta que sigue los pasos de May, una escritora de éxito que está a punto de casarse con Ziad. Cuando la joven se reúne con su familia en Ammán para anunciarles su inminente matrimonio, todas sus ilusiones comenzarán a derrumbarse. Su madre, convertida al cristianismo, rechaza su relación con el joven musulmán, y está dispuesta a boicotear la boda, su padre parece ausente en asuntos misteriosos, dando como resultado una fractura en su propio matrimonio, y sus hermanas se comportan de manera infantil. Todos esos factores, sumados a la ausencia del novio en cuestión (que sigue en Nueva York por motivos laborales), harán que la novia se plantee si vale la pena luchar por el que creía que era el marido perfecto. Con un toque más cómico que su anterior película, es la propia directora, Cherien Dabis, quien lidera el reparto, en el que también encontramos a Hiam Abbass (Miral), Bill Pullman (Lola Versus), Alia Shawkat (The To Do List). Tras ser presentada en Sundance 2013, May in the Summer tuvo un estreno muy limitado en Francia el pasado enero, y de momento se desconoce cuando llegará al resto de Europa.

    texto| Alberto Sáez (Dublín)
    fuente| Premiere

    por redacción
    marzo 31, 2014

    Primer tráiler de May in the Summer, de Cherien Dabis

    Why Don't You Play in Hell?, de Sion Sono

    Viejas y futuras glorias

    crítica de Why Don’t You Play in Hell? | Jigoku de naze warui, de Sion Sono, 2013

    En una cabaña aislada en las periferias de un parque, el maestro de la escuela de los pervertidos, flanqueado por dos impasibles secuaces, les explica a unos chicos lo que deben hacer para descubrir su virilidad y su destino. Las verdades del mundo, todo lo que uno busca, está en la entrepierna de la mujer, dice mientras señala el dibujo de unas bragas. Y la fotografía de esta zona de la anatomía femenina es un arte al alcance de pocos elegidos. A continuación, procede pues a demostrar cómo debe realizarse: uno de sus ayudantes ata una cámara a un hilo retráctil, para así poder colocarla momentáneamente entre las piernas de su víctima mediante un sigiloso y rápido movimiento de kung-fu. También se puede instalar el aparato en un cochecito eléctrico, manejándolo a distancia para que circule bajos las faldas de las chicas sin que ellas se den cuenta; o emplear otro tipo de artimañas más o menos elaboradas para capturar la tan ansiada instantánea… Lo relatado hasta ahora no es sino un fragmento de la desbordante trama de esa apabullante obra maestra titulada Love Exposure (Ai no mukidashi, Sion Sono, 2008). Algo semejante sólo se le podía ocurrir a su director, el artista japonés Sion Sono, pues toda su filmografía linda entre la extravagancia y la autenticidad, entre la ridiculez y la brillantez, al tiempo que toca temas polémicos con un desenfado inaudito.

    Ahora, en Why Don’t You Play in Hell? (Jigoku de naze warui), enfoca la historia de dos clanes de yakuzas enfrentados, un conflicto en el que se verán envueltos un equipo de rodaje amateur, la hija de uno de los jefes de la mafia y un chico que se hace pasar por su novio. En un principio se nos introducen estos personajes cuando son más jóvenes, mostrándonos el sangriento antagonismo entre dichos clanes: el del severo pero tierno Muto y el del tradicional pero trastornado Ikegami; el anuncio que rueda la citada y bella hija de Muto, proyectando una futurible carrera de actriz o al menos un hit pegadizo de la radio musical; y la voluntad hiperactiva e irrefrenable de esa panda de críos que ruedan toda acción que se encuentren, con la esperanza de poder un día realizar un largometraje en condiciones... De peleas y sangre, por supuesto. Es fácil por tanto anticipar que, tras una elipsis diez años, este grupo se acabará mezclando con el primero, aunque en una película de Sono las circunstancias siempre sorprenden… pues a menudo son inverosímiles. En efecto, la película se mueve entre caricaturas y estereotipos, pero les da la vuelta con una socarronería tan burda como impresionante, y no hay más remedio que entrar en su juego hilarante y en su mundo paralelo. El metraje va entonces avanzando de forma esperpéntica hacia un clímax que daría envidia al propio Tarantino.

    por Ignacio Navarro
    marzo 31, 2014

    Crítica | Why Don't You Play in Hell?, de Sion Sono

    Pioneer, de Erik Skjoldbjærg

    Conspiraciones submarinas

    crítica de Pioneer | Pionér, de Erik Skjoldbjærg, 2013

    Es conocida la habilidad consumada de los países nórdicos en el manejo del thriller y otros subgéneros de notable oscurantismo e intriga. En la última década, la literatura y el cine de estas regiones vastas y oscuras nos ha proporcionado un volumen ingente de obras: tenebrosas desapariciones, inexplicables suicidios, crímenes sangrientos y muertes visionadas desde paisajes negruzcos, bosques crepusculares, iglesias y pantanos, laboratorios y pequeños pueblecitos donde la tranquilidad aparente puede rasgarse a golpe de cuchillo, de sutil veneno o de despiadado pistoletazo. En estos años, los literatos Henning Mankell, Arnaldur Indridason o Jo Nesbo han contribuido a expandir y llevar a la gloria el género negro y criminal, mientras la trilogía policíaca Millennium del enigmático Stieg Larsson triunfaba en el salto del papel al celuloide. A los rotundos éxitos en librerias se han sumado las pertinentes adaptaciones y exclusivos estrenos acuñados en el norte de nuestro Viejo Continente, pasados por una óptica fría, desgarradora y espeluznante. El retorno del atrevido e inteligente Erik Skjoldbjærg lleva por nombre Pioneer, y se adentra en el universo perturbado de las aguas submarinas para contar la historia de un buzo vinculado a la expansión de yacimientos de la industria petrolera a comienzos de la década de los ochenta. Ya hace años el director noruego nos sorprendió con la inquientante Insomnia en el 97, para desligarse del género del crimen y apostar por el drama basado en hechos reales con la producción hollywoodiense en Prozac Nation cuatro años después, y facturar otra oscura historia sobre robos y atracos bautizada Nokas a comiezos de esta década. Pioneer retoma el timón que mejor pilota su creador, el del thriller, sin descuidar el drama personal que acecha tras su protagonista, ni el complicado entramado gubernamental y económico que teje, paulatinamente, su tela de araña tras los sucesos acontecidos. Y elige para la consecución de esta obra un saco de cuidadosos ingredientes: una estética azulada, rojiza, estremecedora, una banda sonora ideal para mantener los nervios y tension y los nudillos apretados, y unos protagonistas, encarnados por Wes Bentley (eternamente recordado por American Beauty) y Aksel Hennie, que solidifican dos papeles expresivos e interesantes.

    por Andrea Núñez-Torrón Stock
    marzo 30, 2014

    Crítica | Pioneer, de Erik Skjoldbjærg

    Begin Again, de John Carney

    El irlandés John Carney saltó a la palestra con Once, un musical con tono documental interpretado por esa real y conmovedora pareja conformada por Glen Hansard y Markéta Irglová que logró colarse en la lista de las mejores del 2006; incluso el tema principal del filme obtuvo el Óscar. Tras un par de producciones anónimas, Carney retorna con otra oda a la música titulada Begin Again. Conocida anteriormente como Can a Song Save your Life?, el filme pudiera significar el reverso de Once: una pareja de músicos se traslada a Nueva York, pero se rompe casi forma inmediata tras el éxito de uno de ellos. El retorno al camino correcto será el leitmotiv de una cinta dondé el pentagrama es el elemento clave. Precisamente, para el apartado musical el largometraje cuenta con el afamado productor Gregg Alexander (colaborador de numerosas primeras voces del panorama actual) y que es mundialmente famoso por ser el vocalista de la extinta New Radical y creador del himno You Get What you Give. Sus acordes ilustrarán las andanzas de esta fábula que contará con un reparto de campanillas encabezado por Keira Knightley (Orgullo y prejuicio), Mark Ruffalo (Ahora me ves...), Adam Levine (el cantante de Maroon 5), Catherine Keener (Capitán Phillips) y Hailee Steinfeld (Valor de ley). La cinta se presentó en la pasada edición del Festival de Toronto donde pasó bastante desapercibida. El 4 julio se estrenará en Estados Unidos.

    por Emilio Luna
    marzo 30, 2014

    Vuelve el director de Once. Tráiler de Begin Again

    Madre e hijo, de Calin Peter Netzer

    Madre e hijo arrasa en los premios de la industria rumana

    Palmarés de la 8ª edición de los Gopo, los premios del cine rumano

    A pesar de portar el Oso de Oro, Madre e hijo (la renombrada La postura del hijo-Child’s Pose), no ha trascendido como mereciera. Y no por la acogida del público, precisamente. Su paso por Donostia, por ejemplo, donde el filme lo presentó el propio Calin Peter Netzer, se saldó con una gran ovación. Es imposible caer rendido –sobre todo en el último tercio— ante un filme que proyecta todas las cualidades del nuevo cine rumano. Sin embargo, Madre e hijo, que parecía una fija entre las finalistas al Óscar de habla no inglesa pero que ni siquiera pasó el primer corte, no ha encontrado la distribución deseada (aunque pronto se estrenará en España). Algo que resulta increíble ya que las notas medias de la crítica estadounidense y europea eran muy altas. Poco le debe importar esto ya a este joven director y más habiendo arrasado en la octava edición de los premios de la industria de su país, los Gopo. 8 galardones de 10 nominaciones, nada menos, incluyendo el de Mejor Película. No se esperaba otro desenlace, por otra parte. Calin Peter Netzer ha sido, sin lugar a dudas, la personalidad del cine rumano del pasado 2013. El joven realizador de orígenes germanos dejo poco hueco para el resto de nominadas. Domnişoara Christina, La limita de jos a cerului (The Unsaved) –que era la cinta con más menciones, 13 y se llevó únicamente 2— y Cainelez japonez (The Japanese Dog) fueron las otras triunfadoras de una gala celebrada en el National Opera de Bucarest. A continuación, el listado de ganadores vía página oficial de los Premiile Gopo.

    MEJOR PELÍCULA

    Madre e hijo, de Calin Peter Netzer

    MEJOR DIRECCIÓN

    Calin Peter Netzer, por Madre e hijo

    MEJOR GUION

    Răzvan Rădulescu, Călin Peter Netzer por Madre e hijo

    MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA

    Luminiţa Gheorghiu, por Madre e hijo

    MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA

    Ilinca Goia, por Madre e hijo

    MEJOR ACTOR PRINCIPAL

    Victor Rebengiuc, por The Japanese Dog

    MEJOR ACTOR SECUNDARIO

    Vlad Ivanov, por Madre e hijo

    MEJOR FOTOGRAFÍA

    Oleg Mutu por The Unsaved

    MEJOR MONTAJE

    Dana Bunescu, por Madre e hijo

    MEJOR SONIDO

    Cristian Tarnovețchi, Dana Bunescu, Cristinel Şirli, por Madre e hijo

    MEJOR MÚSICA ORIGINAL

    Jon Wygens, por Domnişoara Christina

    MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA

    Christina Temelie y Nastasia Mateiu, por Domnişoara Christina

    MEJOR VESTUARIO

    Maria Miu, por Domnişoara Christina

    MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN

    Christian Niculescu, por Domestic

    MEJOR ÓPERA PRIMA

    The Unsaved, de Igor Cobileanski

    MEJOR ACTOR REVELACIÓN

    Tudor Panduru, por Brigada Neagră

    MEJOR DOCUMENTAL

    Experimentul Bucureşti, de Tom Wilson

    MEJOR PELÍCULA EUROPEA

    Amour (Francia, Austria), de Michael Haneke

    PREMIO DEL PÚBLICO

    Madre e hijo, de Calin Peter Netzer

    por Emilio Luna
    marzo 30, 2014

    Premios Gopo 2014 | Madre e hijo, mejor película rumana del año

    Hannibal (2x05)

    Pajaritos que susurran secretos y venganzas

    crítica de Mukozuke (2x05) | Hannibal (Temporada 2)

    NBC | EE.UU, 2014. Director: Michael Rymer. Guión: Ayanna A. Floyd & Steve Lightfoot & Bryan Fuller. Creador: Bryan Fuller. Reparto: Hugh Dancy, Mads Mikkelsen, Laurence Fishburne, Caroline Dhavernas, Hettiene Park, Scott Thompson, Aaron Abrams, Raúl Esparza, Lara Jean Chorostecki, Eddie Izzard, Jonathan Tucker. Fotografía: James Hawkison. Música: Brian Reitzell.

    El cuerpo de Beverly es encontrado. El fan letal de Will se presenta. El doctor Chilton continúa su terapia con Graham. Freddie Lounds consigue una exclusiva.



    Tras la secuencia de infarto que cerró el episodio anterior, quedaba la duda de cuánto íbamos a tardar en saber qué había pasado con Beverly. Pues bien, antes del primer cuarto de hora ya lo sabemos, y es terrible. Animado quizá por su propia inteligencia y porque es una presa de categoría, Hannibal no solo la ha matado con sus propias manos, sino que la ha congelado para poder diseccionarla. El cuerpo de la forense está dividido en casi una decena de paneles de cristal, como una sucesión de mayor a menor materia. El crimen de la semana es personal esta vez. El juego del caníbal pasa por darle el chivatazo del paradero de la forense a Freddie Lounds, garantizando así que la muerte de la mujer será lo más pública posible, y además intercambia los riñones de la agente Katz por lo de James Gray, el asesino del mural. La sonrisa de Lecter mientras se cena los riñones de Beverly indica que lo cerca que ha estado esta vez la justicia de pillarlo le excita. Para cuando termine el capítulo, quizá haya cambiado de idea.

    En una entrevista concedida hace unos meses, el creador Bryan Fuller decía que le gustaba, en la medida de lo posible, saltarse los tópicos con los que la televisión afronta ciertos temas. La pérdida de Beverly Katz es dolorosa para aquellos que la querían, los que trabajaban con ella. Jack sufre, sus compañeros Jimmy y Brian sufren y Will sufre más porque se añade el elemento de la culpa. Se muestran las reacciones con un montaje de música y con cortes y transiciones, sin detenernos en las tópicas reacciones de estos casos. Los personajes están de duelo, pero hay que seguir trabajando para así pillar al responsable. El duelo de Will pasará por querer vengarse del responsable del crimen, y esto conecta con la trama que se introdujo hace dos episodios, sobre el fan de Will que había matado al alguacil en pleno juicio. Aunque es cuestionable el oportunismo de los guionistas al recuperar esa subtrama a su conveniencia, tiene sentido que el fan fatal sea uno de los cuidadores de la prisión psiquiátrica del doctor Chilton. Interpretado por Jonathan Tucker, actor cuyos ojos pueden canalizar locura sin mucha dificultad, este joven cumplirá los deseos de Will, al que admira por el ser Destripador de Chesapeake. Es interesante ver a Hannibal en una situación de desventaja, ya que el cuidador va a por él y le coloca al límite de la muerte. Por supuesto, Jack interviene en el último momento y el caníbal sobrevive, así que solo cabe imaginar cómo se vengará de Will por esto.

    por Adrián González Viña
    marzo 30, 2014

    Recap | Hannibal (2x05)

    Zhang Ziyi, mejor actriz en los AFA

    Wong Kar-wai conquista Asia

    Palmarés de la 8ª edición de los Premios del Cine Asiático

    Tras la absoluta decepción que supuso no figurar entre las finalistas al Óscar a la mejor película de habla no inglesa, un caramelo. Y es que la larga trayectoria de The Grandmaster, más allá de dos años de recorrido, merecía un broche como el que le han otorgado los académicos asiáticos. En una gala celebrada en Macao, la lujosa obra de Wong Kar-wai se llevó siete premios, incluido el de Mejor Película. Un máximo galardón con el que competía con trabajos como la representante de Japón en los Óscar, The Great Passage, la hindú The Lunchbox –que se llevó los premios al Mejor Actor y Mejor Guion—, la surcoreana Snowpiercer –de la que os hablaremos la próxima semana—, la china No Man’s Land –que estuvo en la Sección Oficial de la pasada Berlinale— y la despedida oficiosa de Tsai Ming-liang, Stray Dogs. The Grandmaster, cuyo metraje sufrió varios recortes para bordear censuras y requerimientos comerciales, no obtuvo la repercusión soñada durante su paso por la cartelera mundial. Ya su recepción en la Berlinale 2013 fue bastante tibio. Pese a ello, hay que remarcar la enorme calidad que atesora cada minuto de un filme que nos presenta el lado más barroco del maestro hongkonés. A la espera de las próximas noticias de su nueva creación, buen cierre de temporada para uno de los grandes autores del nuevo milenio.

    MEJOR PELÍCULA

    The Grandmaster, de Wong Kar-wai

    MEJOR DIRECTOR

    Wong Kar-wai, por The Grandmaster

    MEJOR ACTOR

    Irrfan Khan, por The Lunchbox

    MEJOR ACTRIZ

    Zhang Ziyi, por The Grandmaster

    MEJOR INTÉRPRETE REVELACIÓN

    Jiang Shuying, por So Young

    MEJOR ACTOR SECUNDARIO

    Huang Bo, por No Man’s Land

    MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA

    Yeo Yann Yann, por Ilo Ilo

    MEJOR GUION

    Ritesh Batra, por The Lunchbox

    MEJOR FOTOGRAFÍA

    Philippe LeSourd, por The Grandmaster

    MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN

    William Chang Suk Ping y Alfred Yau Wain Ming, por The Grandmaster

    MEJOR PARTITURA

    Umebayashi Shigeru y Nathaniel Mechaly, por The Grandmaster

    MEJOR MONTAJE

    Shin Min-kyung, por Cold Eyes

    MEJORES EFECTOS VISUALES

    Jung Sung-jin, por Mr. Go

    MEJOR VESTUARIO

    William Chang Suk Ping, por The Grandmaster

    por Emilio Luna
    marzo 29, 2014

    Asian Film Awards 2014 | The Grandmaster, Mejor Película asiática del año

    10.000 Km

    Málaga premia el riesgo argumental

    Palmarés 17ª edición del Festival de Málaga

    La 17ª edición del Festival de Cine Español de Málaga ha concluido con un palmarés concentrado en tres de las propuestas mejor recibidas por público y crítica: la flamante ganadora de la Biznaga de Oro y de hasta cuatro galardones más ha sido 10.000 Km, del debutante Carlos Marqués-Marcet (Mejor dirección y Guión novel también). Una propuesta especial, con dos intérpretes (David Verdaguer y la premiada ex aequo Natalia Tena) reflejando las dificultades de una relación a distancia. El uso de las nuevas tecnologías es clave en la cinta, que desde su presentación sonaba como favorita tras su exitoso paso por Austin donde obtuvo el premio interpretativo del SXSW. La esperada secuela de Carmina o revienta ha repetido en el palmarés dos años después de su puesta de largo. La cinta de Paco León consigue el premio a Mejor guión y mejor actriz de reparto para Yolanda Ramos, haciendo que el cercano estreno de Carmina y amén crezca aún más en expectación. La tercera propuesta que concentró varios premios ha sido Todos están muertos, de la también debutante Beatriz Sanchís, drama sobre cómo superar un trauma. Elena Anaya ha sido la otra cara del galardón a la Mejor actriz en una cinta que el Jurado (formado por Manuel Gómez Pereira (presidente), Ernesto Alterio, Jocelyne Faessel, José Antonio Garriga Vela, María Barranco, Najwa Nimri y Xavi Puebla) ha querido reconocer con su Premio, además del galardón del Jurado Joven y la Mejor banda sonora.

    El gran Juan Diego ha sido recompensado por su interpretación de hombre que solo quiere ser feliz en la India en la road movie Anochece en la India, y Salva Reina & Héctor Medina han sido los Mejores actores de reparto por 321 días en Michigan, que ha conquistado al público lo suficiente como para recibir su galardón. Algunas de las grandes apuestas del festival, como La vida inesperada, Por un puñado de besos o No llores, vuela se han ido de vacío. Málaga demuestra que hay de todo en nuestro cine, combinando propuestas abiertamente comerciales con películas de corte intimista. Tras 17 años, es una cita ineludible de la que saldrán, o eso esperamos, aunque de los mejores títulos de este 2014. 

    Sección Oficial

    Biznaga de oro a la mejor película: 10.000 km de Carlos Marques-Marcet.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado: Todos están muertos de Beatriz Sanchís.
    Biznaga de plata a la mejor dirección: Carlos Marques-Marcet por 10.000 km.
    Biznaga de plata al mejor actor: Juan Diego por Anochece en la India.
    Biznaga de plata a la mejor actriz: Natalia Tena por 10.000 km y Elena Anaya por Todos están muertos.
    Biznaga de plata al mejor actor de reparto: Salva Reina y Héctor Medina por 321 días en Michigan.
    Biznaga de plata a la mejor actriz de reparto: Yolanda Ramos por Carmina y Amén.
    Biznaga de plata al mejor guión: Carmina y Amén de Paco León.
    Biznaga de plata al mejor guión novel: 10.000 km de Carlos Marques-Marcet y Clara Roquet.
    Biznaga de plata a la mejor banda sonora: Todos están muertos de Akrobats.
    Biznaga de plata a mejor fotografía: No llores, vuela de Nicolás Bolduc.
    Biznaga de plata al mejor montaje: Anochece en la India de José Manuel García Moyano.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado joven: Todos están muertos de Beatriz Sanchís.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado de la crítica: 10.000 km de Carlos Marques-Marcet.
    Biznaga de plata. Premio del público: 321 días en Michigan de Enrique García.

    Documentales

    Biznaga de plata al mejor documental: Ciutad Morta de de Xavier Artigas y Xapo Ortega.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado: Equipo verde de Alejandra Almirón.
    Biznaga de de Plata a la mejor dirección: Sabastián Alfie por Gabor.
    Premio del público: Gabor.

    Territorio Latinoamericano

    Biznaga de plata a la mejor película: Conducta de Ernesto Daranas.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado: Rincón de Darwin de Diego Fernández Pujol.
    Biznaga de plata a la mejor dirección: Ernesto Daranas por Conducta.
    Biznaga de plata al mejor actor: Carlos Frasca por Rincón de Darwin.
    Biznaga de plata a la mejor actriz: Alina Rodríguez por Conducta.
    Biznaga de plata. Premio del público: Conducta de Ernesto Daranas.

    Zonazine

    Biznaga de plata a la mejor película: La cueva de Alfredo Montero.
    Biznaga de plata a la mejor dirección: Eric Boadella por Toastmaster (El maestro del brindis).
    Biznaga de plata al mejor actor: Marcos Ortiz por La cueva.
    Biznaga de plata a la mejor actriz: Eva García por La cueva.
    Biznaga de plata al mejor guión: Toastmaster (El maestro del brindis).
    Biznaga de plata. Premio del público: The extraordinary tale (Of the times table) de José F. Ortuño y Laura Alvea.
    Premio a la mejor película de Zonazine otorgado por el Jurado de Escuelas de Cine: The extraordinary tale (Of the times table).

    por Adrián González Viña
    marzo 29, 2014

    Málaga 2014 | Palmarés

    La noche del demonio (1957)

    La noche del demonio

    Night of the Demon, de Jacques Tourneur, 1957

    Las sagradas y milenarias piedras megalíticas de Stonehenge se alzan en un día gélido cortado por un viento frío que bien podría no ser de este mundo. Sobre diferentes planos de las mismas, una voz nos habla de demonios que pueden ser despertados con extraños símbolos, y de que eso es posible incluso en nuestros días. Una introducción que pronto dará paso a un automóvil que avanza abriéndose camino en la noche. Sus faros iluminan de manera fantasmagórica los árboles que elevan sus ramas sobre la carretera, un túnel arbóreo donde lo ancestral es mancillado por la luz de la modernidad. Y del corazón profundo del bosque surgirá una infernal criatura para tomar posesión de su presa. Una medida concisión y una exposición argumental perfecta abren de esta forma La noche del demonio (Night of the Demon / Curse of the Demon en su estreno estadounidense, 1957), una de las más grandes películas de su director Jacques Tourneur, lo cual no es poco decir pues su filmografía brilla con un buen puñado de obras maestras: La mujer pantera (Cat People, 1942), Yo anduve con un zombie (I Walked with a Zombie, 1943), Retorno al pasado (Out of the Past, 1947), La mujer pirata (Anne of the Indies, 1951)… Y me detengo aquí para no aburriros con una lista demasiado extensa. La noche del demonio es una adaptación de La maldición de las runas (Casting the Runes, 1911) de M. R. James: un relato magnífico y una película soberbia, a mi gusto la mejor que se haya hecho jamás con el diablo de por medio. Su guion es un modélico trabajo de adaptación realizado por Charles Bennett, guionista habitual de Alfred Hitchcock en su etapa inglesa (por ejemplo, adaptando una novela de John Buchan en la fantástica 39 escalones, The 39 Steps, 1935) así como en su segunda película norteamericana, Enviado especial (Foreign Correspondent, 1940), Cy Enfield, guionista y director recordado sobre todo por el magnífico film Zulú (Zulu, 1964), y Hal E. Chester, un productor que ejerció de guionista y actor de manera ocasional y que aquí aparecería en los créditos también como productor ejecutivo.

    por José Luis Forte
    marzo 29, 2014

    Cine Club | La noche del demonio (1957)


    entrevista| Gonzalo Hernández
    lugar| Librería Ocho y 1/2, Madrid.
    tipo| roundtable con diversos medios

    Uno de los nombres del 2013. Vencedor en Gijón, Londres y Toronto. La consagración del polaco Pawel Pawlikowski ha llegado con un íntimo y  blanquinegro retrato de una novicia cuya vida da un vuelco ante una revelación inesperada. Ida, uno de los grandes filmes del año, llega a nuestro país comandada por un cinesta sobrio pero cercano. Hay vida más allá de Wajda o Kieslowski.


    En Ida se pueden reconocer con claridad ecos y referencias al cine de Andrzej Wajda, Andrzej Munk o, incluso, Krzysztof Kieslowski. Quizás solo a modo espiritual pero parecen presentes. ¿Tiene en cuenta a estos clásicos del cine de su país al afrontar sus proyectos?

    — Sí, claro, son referentes. Munk, por ejemplo, me inspira mucho. De Wajda, porque sus películas son una especie de aroma de identidad polaca pero estéticamente es muy barroco. En mis películas, todas las cosas aparecen de forma mucho más reducida y sutil. Yo crecí viendo muchas películas de Bresson y Godard, así como de la Nueva Ola Checoslovaca, pero no puedo decir que tenga influencias claras. En cuanto a Kieslowski, me gustan mucho sus documentales. Se acercan a mí en cuanto al tema pero no en cuanto a la forma.

    ■ Impresiona su dirección. Todo son planos fijos, muy bien encuadrados y apenas hay travellings o movimientos. ¿Por qué un estilo así?

    — Las últimas escenas se rodaron con cámara al hombro. Hay muchos motivos, pero quizás se trate de una reacción personal mía. En una película con imágenes y potentes interpretaciones los encuadres suelen ser los mismos. El público tiene que mirar muy cuidadosamente. Supongo que es por esa crisis de la mediana edad que tengo y porque estoy aburrido de la gramática de la cinematografía. En cuanto a los encuadres, si me quiero poner intelectual, profundo, reflexivo, esa es la forma que mejor entiendo para reflejar el encarcelamiento de los personajes. Literalmente encerrados dentro de una toma, de un plano. Solo al final se producen esos dos movimientos: el de la cámara y el del personaje.

    La protagonista porta un gran peso en la película. ¿Cómo ha desarrollado ese recorrido y ese camino que finalmente tiene que tomar?

    — Hay dos personajes que sufren. Ida es una persona fuerte y unificada; la otra está mucho más dividida. Le asombra descubrir, por supuesto, descubrir que no era como creía ser. No le agrada tener que abandonar el monasterio y, por si fuera poco, descubre el amor, aunque no sea de forma erótica. Pero su tía es una encarnación muy fuerte de lo que es la vida. Es buena, es mala, es divertida, es horrenda. Es un personaje muy especial. Cuando ella desaparece, deja un vacío tremendo en Ida pero ese viaje que hace intente probar la vida antes de dejar. Intenta volverse en algo sensual y espiritual. Busca la evocación de un universo nuevo a través de la música pero, aún así, sigue sintiendo un enorme vacío.

    El discurso del holocausto está muy presente en el fondo de la película. Muchas otras también han tratado este tema a modo de telón secundario. ¿Cuál cree que es la mayor virtud y peor defecto de ellas?

    — No sé… No he visto ninguna película sobre este tema. [Risas] En mi película hablo sobre la fe, la fe católica, el comunismo, Polonia en los años 60. El holocausto es uno de esos elementos. No he querido centrarme simplemente en ese tema. De hecho, me esmeré por no hacer una película solo sobre ese tema. Preferiría leer un libro antes que ver un filme que hable solo de esto. Me interesan más los demonios personales y la investigación histórica. Creo que a los largometrajes no se les suele dar bien explicar esas cosas. Preferiría escribir un ensayo sobre eso. Sí me interesan las películas que traten muchos temas de manera libre, artística y abierta que sugiere mucho pero que no explica. Intenta hacerte pensar pero no instruirte. No piensas que alguien te ha explicado algo sino que te ha fomentado la curiosidad.

    por Gonzalo Hernández
    marzo 28, 2014

    Entrevista | Pawel Pawlikowski, director de «Ida»

    Kamikaze

    Kamikaze el que (no) lo lea

    crítica de Kamikaze, de Álex Pina, 2014

    Leo información sobre Kamikaze que altera en grado sumo mis expectativas respecto a su calidad. Su presencia en el Festival de Málaga, alfombra roja de un cine coproducido por grandes grupos mediáticos y cristal irrepetible a propuestas más o menos insólitas, ha cosechado opiniones templadas entre los plumillas allí presentes. En cambio, otros sectores menos proclives a la euforia me advierten de que la ópera prima de este autor que solo cuenta dos títulos como coguionista (Fuga de cerebros y su continuación), ni innova ni aporta nada perdurable. Lo cual es mucho y a la vez muy insuficiente para emitir un juicio acerca de su figura, o del talento que abriga su debut en formato largometraje escrito al alimón con Iván Escobar. No conocía yo su larga carrera en la industria catódica autóctona. "Desconocía" el nombre del cerebro audiovisual tras algunos títulos exitosos y supuestamente emblemáticos, llámense Los Serrano o Los hombres de Paco o la aún más reciente —disculpen la cacofonía— El barco. Los equivalentes españoles, precursoras —no se rían— en algunos casos, de series americanas como Cheers, The Shield y Perdidos. Aunque evocaran potencial y no tan puntualmente a otras sitcoms del calibre de Family Matters (la de Steve Urkel) o El príncipe de Bel-Air, pero sin Carlton Banks bailando sinuosamente con una vela blanca por micrófono It's Not Unusual, del siempre disfrutable y muy ballbreaker Tom Jones. Así pues, la línea entre cultura pop noventera y cultura tardofranquista queda bien delimitada. Jamón presunto, como las patatas chip. Tampoco pienso recuperar ese lúcido e intrigante final con Resines despertándose de la siesta, o lo que fuere. Culpa mía por mear fuera del tiesto: ¿a quién se le ocurre informarse para escribir una crítica de cine? Supongo que ya me he descubierto: yo había leído algunos tuits, alguna opinión trasnochada y, también, algún retuit desconsoladamente exitoso firmado por los mismos cronistas-Dodot de siempre. En realidad asistí al pase en pelota picada, intelectualmente hablando. "Allá voy", me dije. Y allí, el chiste en expansión, casi fui. A menudo con la mosca tras la oreja. Creyéndome, o no, al no ruso. Al karadjistaní —no busquen este topónimo— medio español, o al revés.

    por Juan José Ontiveros
    marzo 27, 2014

    Crítica | Kamikaze

    Nuevas y viejas Españas

    crítica de 2 francos, 40 pesetas, de Carlos Iglesias, 2014

    Un franco, 14 pesetas quizá sea, por el momento, la obra que más lustre ha aportado a la trayectoria de Carlos Iglesias. Porque con ella, el actor “condenado” al sambenito del inventor del gotelé en este país logró sacar adelante un proyecto donde ponía mucha carne propia en el asador: la historia de su familia escrita, dirigida y protagonizada por él mismo. Es decir, con toda la responsabilidad creativa. Lo que le salió fue una película rebosante de autenticidad, donde entregaba una parte de su intimidad y sus recuerdos. Y la taquilla le respaldó con creces. El filme ha quedado como uno de los homenajes más auténticos a la ola de emigrantes españoles de los sesenta. Aquellos que, con lo puesto, se lanzaron a buscar trabajo en la Europa más próspera (Suiza, en este caso). La mezcla de nostalgia, admiración y un humor genuinamente español formó un cóctel perfecto. En 2 francos, 40 pesetas, que ocho años después retoma la historia, hay mucho más del tercer ingrediente y casi nada de los otros dos. Una vez vaciados sus sentimientos de tierna añoranza en Un franco, 14 pesetas, Iglesias ha optado por una continuación que lo es por trama, pero no por tono. Porque supone un volantazo hacia la comedia pura, de corte neorrealista inspirado en Rafael Azcona y reparto coral. Orientándose hacia ese humor sobre españoles y para españoles, retratando un país que a ratos se antoja demasiado lejano para el espectador actual, y a ratos demasiado familiar. El español de hoy quizá no se reconozca en el lenguaje y los modismos de sus personajes, pero sí en muchas de sus conductas.

    por Miguel Muñoz Garnica
    marzo 27, 2014

    Crítica | 2 francos, 40 pesetas

    Capitán América: El soldado de invierno

    Patriotas con sabor a óxido

    crítica | Capitán América: El soldado de invierno, de Anthony y Joe Russo, 2014

    Frío, lo que se dice frío, no. Es un Invierno más bien primaveral, mercenario y amnésico, junto al gran obelisco in memoriam y la sede de S.H.I.E.L.D (acrónimo de Strategic Homeland Intervention, Enforcement and Logistics Division), en Washington. El paréntesis quizá sea irrelevante, okay, mas conviene ir asumiendo toda información desinformadora para el espectador. Ya hablé en anteriores críticas de estos productos siameses unidos por un frágil cordón argumental al Gran Progenitor y, ay, también Gran Esperanza. Es decir, Los Vengadores. Que a un año vista para el estreno de su nueva aventura, La Era de Ultrón, cargan y recargan ya los artilugios y los superpoderes con que han de maravillar al respetable. Y así no hay quien piense en paz, ni en ella. Pues la velocidad exige tomar nuevos viejos caminos: intimidación, violencia, épica 0% materia grasa, e incluso el "adoquín fascistoide" arrojado por los aires como si fuera una pelota de ping-pong. El mismo sonido metálico que emite al golpear el escudo con la estrella de cinco puntas: pink-ponk, pink-ponk. O chakín-chakín si el material se transforma en balas directas a tu cuerpo ignífugo, quizá a prueba de artillería pesada o vaya usted a saber qué tipo de artefactos. Y así no hay quien piense en ningún sol. Ni siquiera en quedarse viudo: un sueño con pantalones ajustados muy recurrente. Ya no es frío, sino una polaroid invernal atrapada en el tiempo con marmita. El Capitán América se cortó literalmente las alas, y ahora hay quien aspira a cortárselas definitivamente. A sus noventa y muchos, luego de aniquilar a medio régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, tras certificar su patriotismo sometiéndose a un proceso reconstituyente para reconstituir su lamentable constitución física: un flaco y bajito sin músculo era, y en un Apolo lo convirtió su gobierno. Ah, la patria. Ah, Tío Sam. Me resulta difícil frenar mis impulsos y no decir que no a El Capitán América: El soldado de invierno. Porque no hay más, tan sólo una vaga certidumbre a propósito del héroe en sí: una figura estólida que, mal que les pese a ciertos frikis (lectores de cómics, no freaks o monstruos), es el resultado directo de la ironía más vergonzante. Estados Unidos necesitaba un símbolo cuya potencia de fuego pudiera derrocar a los regímenes totalitarios. Por ello, decidió convertirse en lo que había denostado por una gris época, esto es, una nación-probeta que promulgaba la supremacía racial. ¿Quién sino el Capi representa el arquetipo de superhombre anhelado por Hitler? Y, para más inri, rubio. En fin. No incidiré más en ese aspecto, que a nadie interesa. ¿Por dónde íbamos? Ah, sí, las coreografías y los tiros. Chakín, pink-ponk. Y el termostato a veinte: ni frío ni calor. La vista y la temperatura idóneas.

    por Juan José Ontiveros
    marzo 27, 2014

    Crítica | Capitán América: El soldado de invierno

    Carlos Iglesias, director de «2 francos, 40 pesetas»

    entrevista| Miguel Muñoz
    fotos| Miriam Sánchez
    lugar| Oficinas de Festival Films, Madrid

    En Un franco, 14 pesetas, el protagonista al que daba vida Carlos Iglesias, un emigrante español en la Suiza de los años sesenta (basado en el padre del actor), echaba especialmente de menos el poder tomarse unas cañas en una terraza en el centro de Madrid mientras veía pasar gente. Y precisamente en un balcón de la castiza Calle San Bernardo empezamos la charla con Iglesias, que observa el trajín capitalino mientras se arranca con anécdotas sobre los edificios cercanos. El ahora actor, guionista y director estrena 2 francos, 40 pesetas, continuación de la exitosa primera parte y culminación de lo que él define como su “trilogía de los españoles fuera de España”, a la que también pertenece Ispansi. Por encima de pepelus y benitos, quizá sea en las dos “francos” donde se encuentre el Iglesias más auténtico de toda su carrera. En la crónica de sus recuerdos sobre la emigración de su familia a Suiza.


    En 2 francos, 14 pesetas hay un tono de comedia mucho más marcado que en la primera parte. ¿A qué se debe el cambio?

    — A que quería dejar atrás las situaciones dramáticas y el sentimiento de nostalgia que había en Un franco, 14 pesetas. Hacer una comedia comedia absoluta, porque para nada quería rodar dos veces la misma película. Y también porque hay un cambio que era necesario contar. En siete años los personajes han evolucionado, ya no viven en una España tan casposa y tan gris como era la de los sesenta. Ya se había alcanzado, quizá debido al dinero que mandaban tantísimos inmigrantes, un cierto nivel de vida. Algunos hasta se podían permitir viajar en avión, cosa que hoy nos parece muy evidente, pero que entonces no lo era tanto.

    Y ese reparto tan coral, ¿es por lo mismo?

    — Sí, las tramas corales siempre favorecen a la comedia, a esa estructura clásica en la que todo se precipita hacia un momento. Además había muchos personajes muy floridos... ¡Y más que me he dejado en el tintero! Pero la cosa es que yo tenía una necesidad de contar la historia que viví y no quería que se perdiera nada importante. Por ejemplo, cómo una mujer de sesentaytantos años de aquella época, que es como hablar de una mujer de noventa años de ahora, hace un viaje hasta Suiza en tren. Me parece que si tenemos la capacidad de imaginar lo que podían ser los años setenta en viajes y estilos de vida, nos daremos cuenta de la importancia que tenía el ver aparecer de pronto a tu madre en un pueblecito perdido de Suiza.

    ¿Cuánto hay de su vivencia personal en la trama?

    — Pues el personaje de Pablo, el hijo del personaje al que yo interpreto, es al 100% mi propia experiencia personal y vital de Suiza. En el resto de la película puede haber como un 80% de escenas que están inspiradas en situaciones reales. Lo que parezca más estrambótico es justamente lo que sucedió de verdad. Como el cura borracho, o la trama del dinero.

    por Miguel Muñoz Garnica
    marzo 27, 2014

    Entrevista | Carlos Iglesias, director de «2 francos, 40 pesetas»

    Enemy, de Denis Villeneuve

    Modelo psicofractal

    crítica de Enemy, de Denis Villeneuve, 2013

    A veces no me reconozco en mí. De cuando en cuando me descubro a mí mismo interrogándome a horas intempestivas. Sólo así, con esos tenaces dimes y diretes, con esa búsqueda mortífera de palabras, reafirmo yo al Otro. O sea a mi doble. Me cuestiono, luego existo. O quizá no. Nada se puede dar por supuesto, porque todo es nadar en supuestos. ¿Y si le dijera que es usted una mentira duplicada? Como lo lee. Como yo, por supuesto. Claro que no es personal. En serio, sí. No una verdad multiplicada, no, pues las verdades auténticas no suelen admitir copias. Sino lo que se dice una imagen corrupta, un eco reverberando en las paredes de un tórax cada vez más minúsculo y más bien fláccido donde, ay, empieza el diafragma. Como si única y fatídicamente inspiraras y espiraras para reducirte un poco más dentro de ti mismo. De tal forma que escribir "ainss" se traduzca de facto no ya en una reducción neuronal cuantitativa sino físicamente alarmante. Por ello, prueben a suspirar sólo y solos ante la hecatombe. Y si por algún casual se enfrentan al terror de verse a sí mismos deambulando por la Gran Vía de su moderna existencia, huyan calle abajo o bajo las sábanas hasta que su doppel esté tan lejos que devenga zafio déjà vu existencial. Tú, hecho una mandrágora, desnudo sin saber por qué y más solitario que la una —conociendo, o no, los excéntricos porqués— un viernes con cara de lunes, aparecido en el ángulo imposible de cualquier cama (la tuya, ¿no la reconoces?). Un vértice que te sitúa al filo y a setenta y seis centímetros insalvables de un suelo con perilla, que asciende a flashes hacia ti pidiéndote un último mimo aterciopelado. Que seguidamente te obliga a estornudar, pues tú tienes alergia al polvo y él/ella no se aspira desde hace algún tiempo. Y sí, ni duermes ni quieres soñar. La última vez fue hace una secuencia rebobinada, mientras te proyectabas consciente —por aquello de la (de)cadencia— y en segundo plano en el lobby de un lujoso hotel, vestido con un humillante sombrero de botones y con la sonrisa característica de quien ambiciona ser algo más que un secundario en una industria casi marginal, o de medio pelo. Y no, ya no es posible dormir. ¿Quién eres? ¿Quién es él? ¿Soy yo?, te preguntas. Y sí, tu novia se ha ido e intuyes no dormirás mucho, porque ahora los sueños son navajas cuyo filo transmite la enfermedad. Y sí, aturde. Es cine. Incluso historia a propósito del rumor incesante que ordena a gritos el reseteo de la especie en su expresión lógicamente finita. Que caduca ya. O, si me permiten el giro, ya caduca. Y pasa. Está pasando aquí y ahora, frente al público que no sabe si mirar o aburrirse con bostezos o suspirar por dos rubias y un barbudo. Perdón: dos barbudos. O, más sórdido aún, uno que vale por dos. Ya me entienden. Una copia cuyo ¿original?, ups, se traspapeló por razones tan esotéricas como la acidez de estómago tras aquella visita al Burger. Y sigo y sumo: ¿y si ese señor o esa señora que le sonríe desde el "lado" interior del espejo que supuestamente refleja la imagen genuina de un/ su yo al fin y al cabo nada genuino, no es usted en realidad? Vaya. Y cuanto más lo pienso, más nítida se vuelve mi certeza: el mito del Doppelgänger es un puzle para narcisistas/ paranoicos/ terroristas-emotivamente-celosos-de-su-soledad. Tan es así, que en su extrañeza se antoja sendero con múltiples puntos de fuga a seguir únicamente con ropa Gore-tex. Que disimule el pánico y, también, su propia carne. El sudor ineludible y el permanente desasosiego tras una cortina que jamás debió ser rasgada, ni siquiera entreabierta al ojo frugal del espectador que padece no sólo el sinvivir de una media vida sino el pandemónium de sentirse intrigado por esa otra entidad con moto Yamaha de 250cc y mujer y bebé "en camino" y tal vez un secreto inconfesable. Aquí, la insatisfacción de correr sin meta en el horizonte y, sin embargo, gracias a la intriga creciente que provoca el descubrimiento de ese profesor de Historia que se encuentra a sí mismo como actor secundario en una película que, curiosamente, le han recomendado quizá con la vaga intención de que le anime a cambiar ese rictus entre melancólico y aturdido, de silente propenso a la catalepsia reflexiva. El próximo obituario por ahorcamiento en el Toronto Sun.

    por Juan José Ontiveros
    marzo 26, 2014

    Crítica | Enemy

    Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

    La comedia francesa de 2013

    crítica de Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! | Les garçons et guillaume, à table, de Guillaume Gallienne, 2013

    Estamos acostumbrados a que cada año nos llegue desde el país vecino una comedia que se haya convertido en la sensación del año. Bien es conocida la facilidad pasmosa de los franceses para facturar un tipo de humor que conecta fácilmente con la audiencia, perfectamente exportable fuera de sus fronteras. En esta ocasión, la sorpresa de Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! (2013) radica en que, además de su gran aceptación popular –con casi de tres millones de espectadores en Francia–, la ópera prima de Guillaume Gallienne ha sido capaz de desbancar a obras tan reputadas como La Venus de las pieles (Roman Polanski) o las audaces La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche) y El desconocido del lago (Alain Guiraudie), haciéndose con 5 de los Premios César más importantes: película, actor, ópera prima, guión adaptado y montaje. La academia francesa ha preferido huir de la intensidad de aquellos títulos (mucho más apropiados para competir en cualquier festival de renombre) para dejarse robar el corazón por un proyecto personalísimo, de tintes autobiográficos, en el que Gallienne dirige, es autor del guión sobre su propia obra teatral y protagoniza, desdoblándose en varios personajes –aunque sin llegar a interpretarlos todos, como ya hiciera con gran éxito sobre los escenarios–. Sin duda, toda una revelación como director la de este hombre de sobrada experiencia como actor cómico en la última década.

    por Jose Martín
    marzo 26, 2014

    Crítica | Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

    Healing, de Craig Monahan

    Desde las antípodas nos llega una de esas propuestas australianas que siempre llaman la atención por su originalidad, algo que es de agradecer a cineastas como Craig Monahan que, pese a estrenar película a una media de unos ocho o nueve años, sus productos suelen ser altamente disfrutables. En esta ocasión, el aussie nos presenta a un hombre destrozado al que poco le queda por perder. Encarcelado durante 16 años, Viktor es seleccionado como primer voluntario en un nuevo programa de reinserción social consistente en el cuidado de aves rapaces malheridas. De la noche a la mañana, el recluso pasa de estar confinado en una lóbrega celda en un entorno completamente hostil, a una granja de baja seguridad sin ningún tipo de amenaza a su alrededor. El protagonista tendrá que demostrar al director del nuevo programa, Matt, y lo que es más importante, a sí mismo, que está preparado para afrontar las responsabilidades que la libertad requiere. Hugo Weaving, siempre presente en las películas de Monahan, formará parte nuevamente del reparto junto a Don Hany (The Broken Shore), Xavier Samuel (Drift), Robert Taylor (Longmire) y Justine Clarke (Mirar a ambos lados). El director de fotografía ganador del Oscar por El señor de los anillos (2001), Andrew Lesnie, ha sido el encargado de la apariencia de esta cinta que aún no tiene fecha de estreno.

    texto| Alberto Sáez (Dublín)
    fuente| Cine Maldito

    por redacción
    marzo 26, 2014

    Alas rotas. Tráiler de la australiana Healing, de Craig Monahan


    Lisa Azuelos no cuenta precisamente con un respaldo incondicional de la crítica o el público. La crónica que realizó (con cierta soltura y agradable afecto) sobre lo que significa ser mujer y adolescente en su comedia LOL, 2008, y la multitud de seguidores que ésta le proporcionó en Francia, quedaron reducidos a pedazos por culpa del absurdo remake americano —con Miley Cyrus a la cabeza del reparto— que la misma directora incomprensiblemente realizó (incomprensible artísticamente hablando, ya que se sobreentiende que fue por acuerdos económicos). Sin embargo, la presencia del magnífico François Cluzet (Pequeñas mentiras sin importancia) y, lo que es más importante, la ausencia de personajes faranduleros, hace que volvamos a darle un voto de confianza a Azuelos que presenta este drama romántico que sigue los pasos de dos, en principio, desconocidos: Pierre y Elsa. Él es un marido y padre ejemplar, ella es una mujer de fuertes convicciones, pero el destino parece que está encaprichado en poner sus sentimientos a prueba y hacerles replantearse todo lo que hasta ahora habían descartado. Un viaje de redescubrimiento personal a través de una mirada melancólica. Junto a Cluzet encontramos a Sophie Marceau (La felicidad nunca viene sola), Alexandre Astier (Pop Redemption) y a la propia Azuelos. El reencuentro (Une rencontre) será estrenada en abril en salas francesas y llegará a España el 1 de agosto.

    texto| Alberto Sáez (Dublín)
    fuente| Cineuropa

    por redacción
    marzo 26, 2014

    Un romance imposible. Tráiler de Reencontrar el amor, de Lisa Azuelos


    Aunque se estrenó en España el mayo pasado, Kauwboy fue una de las gratas sensaciones del cine europeo en 2012. La ópera prima del holandés Boudewijn Koole logró el premio a la mejor ópera prima en la Berlinale de ese año y el European Film Award como cinta revelación del año. Un debut increíble que puso sobre la palestra al estupendo cineasta de los Países Bajos. Esperando su próxima creación –tiene dos proyectos en cartera—, Cameo edita en dvd este maravilloso cuento sobre la amistad de un niño y un grajo que recuerda al lado mágico-realista de los hermanos Dardenne.

    Para celebrar el lanzamiento, sorteamos 3 DVDS de Kauwboy.

    Para participar:

    Hay que dejar un comentario («Sorteo de 3 dvds de Kauwboy con Cameo») en esta publicación –pueden utilizar cualquier red social para ello: google plus, facebook o twitter— .

    Y dejar este otro comentario en la página de facebook de EAM o vía twitter (@CineMohicano)| «Confirmo mi participación en el sorteo de 3 Dvds de Kauwboy».

    El plazo finalizará el jueves 3 de abril. Días después anunciaremos los ganadores. Recordamos que en la página de facebook está abierto el plazo del sorteo de 3 Blu-rays de La gran belleza.


    por redacción
    marzo 26, 2014

    Concurso | Sorteamos 3 DVDS de KAUWBOY

    Hannibal (2x04)

    Los límites de lo soportable

    crítica de Takiawase (2x04) | Hannibal (Temporada 2)

    NBC | EE.UU, 2014. Director: David Semel. Guión: Scott Nimerfro & Bryan Fuller. Creador: Bryan Fuller. Reparto: Hugh Dancy, Mads Mikkelsen, Laurence Fishburne, Hettiene Park, Scott Thompson, Aaron Abrams, Raúl Esparza, Kacey Rohl, Gina Torres, Amanda Plummer, Eddie Izzard. Fotografía: James Hawkison. Música: Brian Reitzell.

    Will le propone un trato al doctor Chilton. Beverly investiga las acusaciones contra Hannibal. Phyllis Crawford vive sus últimos días. Se descubre un cuerpo fusionado con una colmena.


    Desde que empezara hace casi un año, Hannibal ha jugado con los límites de lo que un espectador puede aguantar antes de tener que girar la cabeza (o, en su forma más extrema, apagar la pantalla). No solo por su retorcidísima imaginería visual, de la que hemos hablado hasta la extenuación en estas reseñas, sino también por su representación del Mal en pantalla. Bryan Fuller y sus guionistas están escribiendo una especie de tratado alrededor de una figura maligna como pocas, que cada vez adquiere tintes más mitológicos. De hecho, los psicópatas de turno de cada entrega son como nuevos capítulo de este tratado, ya que la desviación mental que es evidente que sufren hace que abracen el horror que todos llevamos dentro y lo filtren en creativos asesinatos. En este Takiawase, la malvada del capítulo cree que está aliviando el sufrimiento de sus víctimas. Interpretada por Amanda Plummer, actriz con facilidad para inquietar, esta apicultora/acupunturista (un detalle de pura comedia negra) hace lobotomías a sus pacientes si considera que ha llegado su turno de obtener el gran descanso. Uno de los momentos más impactantes del episodio es aquel en que se presenta al personaje, cuando procede a actuar en un anciano con artritis. El anciano sobrevive, pero de qué forma. La resolución del caso recuerda a Trou Normand (1.9), por su casi insultante sencillez. Will da la clave y una visita a la sospechosa termina con su confesión. Rápido y simple.

    Al ver lo que sucede en el resto del episodio, bastante importante todo, se entiende la debilidad del caso de la semana. Will ha logrado sembrar la duda sobre la culpabilidad de Hannibal en Beverly y en el doctor Chilton. Apela a la lógica de la forense y al hinchado ego del psiquiatra para plantar esa idea en su cabeza. El giro inesperado aquí es que Chilton le revela al propio caníbal las sospechas de Will, y da a entender que sus razonamientos tienen algo de fundamento. ¿No teme el psiquiatra que su compañero le quiera eliminar ahora? Como parte del trato, Graham accede a hacer una terapia con Chilton que le permita volver a sus recuerdos. Se ofrece aquí una interesante reflexión sobre los límites del cerebro humano, ya que se nos viene a decir que en plenos ataques, una parte de su córtex era capaz de almacenar la información que sus oídos registraban. Eddie Izzard retoma su papel del escalofriante Abel Gideon –y no será la primera vez, a tenor de la promo del próximo capítulo– y los tres intérpretes reconstruyen la escena del ataque de Will en el magnífico Rôti (1.11), pero con un nuevo enfoque. Una nueva muestra del talento escénico de Hannibal, con su juego de perspectivas. Otra que retoma su papel es Kacey Rohl, que da vida a Abigail en un sueño de Will mientras trata de pescar. El recurrente sueño de la pesca es otra de esas elegantes metáforas que se llevan usando desde el comienzo de la temporada. La charla entre ambos es tierna, y revela algo que suponíamos pero que no se había verbalizado: al acusado le pesa la muerte de la joven.

    por Adrián González Viña
    marzo 26, 2014

    Recap | Hannibal (2x04)

    Toma el dinero y corre (1969)

    Todo lo que siempre quiso saber sobre Virgil Starkwell

    y nunca se atrevió a preguntar

    Cine Club | Toma el dinero y corre, Take the Money and Run, de Woody Allen, 1969

    Amado por muchos y odiado por otros tantos, a estas alturas nadie es capaz de poner en duda la posición de Woody Allen como uno de los cineastas más inteligentes e influyentes del cine moderno. El genial judío neoyorquino, auténtico hombre orquesta que nos ha hecho pasar momentos inolvidables ante una pantalla de cine en sus distintas facetas de director, guionista y actor (labores que combinaba con las de humorista, escritor y músico, ahí es nada), continúa fiel a su cita con el público, entregando una nueva película cada año desde que debutara hace 48 años con ¿Qué pasa, Tiger Lilly? (1966). Ganador de cinco Oscar –mejor película, director y guión por Annie Hall (1977), mejor guión por Hannah y sus hermanas (1986) y Midnight in Paris (2011)–, Allen ha sido un ejemplo de cineasta que ha sabido reinventarse a lo largo de su carrera. Tras su exitosa etapa como humorista, haciendo monólogos en la cadena de hoteles Borsch Belt de Nueva York, el realizador trasladó esta habilidad para hacer reír al cine, con una serie de comedias disparatadas que fueron muy bien recibidas por el público de la época. Títulos como Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971), Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar (1972), El dormilón (1973) o La última noche de Boris Grushenko (1975) fueron el legado que Allen dejó en aquel primer periodo a veces calificado como “menor”, únicamente por alejarse de la seriedad que empezó a apoderarse de su obra a raíz de Annie Hall, considerada aún por muchos su obra maestra. Desde entonces, el nombre de Woody Allen comenzó a ser asiduo en cada ceremonia de premios gracias a clásicos como Manhattan (1979), Zelig (1983), Broadway Danny Rose (1984), La rosa púrpura del Cairo (1986) o Delitos y faltas (1989), convirtiéndose en el hombre para quien todas las estrellas de Hollywood querían trabajar. Gente como Diane Keaton, Michael Caine, Cate Blanchett, Penélope Cruz, Mira Sorvino y Dianne Wiest han logrado el Oscar (en el caso de la última, hasta en dos ocasiones) poniéndose a las órdenes del maestro, algo que confirma su prestigio como excelente director de actores. Hubo un tiempo en que Allen se quejaba de que su obra era mejor acogida en Europa que en su propio país, algo que en los últimos años parece haberse corregido gracias a la estupenda recepción de Match Point (2005), Vicky Cristina Barcelona (2008) o la reciente Blue Jasmine (2013). Cuando se cumplen 45 años desde su estreno, resulta un buen momento para recuperar Toma el dinero y corre, la segunda cinta del neoyorquino y la que le colocó, de golpe y porrazo, como una de las esperanzas blancas de la comedia americana de aquellos años.

    por Jose Martín
    marzo 26, 2014

    Cine Club | Toma el dinero y corre (1969)


    El ya convertido en icono de la serie B Ti West, se alía con su colega de parranda, Joe Swanberg (ambos directores de la episódica V/H/S, 2012) para montar una auténtica pesadilla fundamentalista religiosa que seguro escandalizará (o no) a unos cuantos fieles. La trama es similar a la que contaba uno de los capítulos de la secuela de la antes mencionada V/H/S (V/H/S 2), y sigue, en forma de falso documental o metraje encontrado (que está más de moda) a unos cineastas que se topan con una secta cristiana mientras preparan un suicidio colectivo. Las salidas de tono, excentricidades pseudo-demoníacas y un reguero de violencia explícita están aseguradas con esta cinta de ¿terror? que no dejará títere con cabeza. El nombre de Eli Roth anda de por medio —o eso reza el cartel promocional— así que imaginamos que la taquilla está asegurada. El reparto está también repleto de viejos amigos: AJ Bowen, Kate Lyn Sheil y Amy Seimetz (todos participantes de la cinta Tú eres el siguiente, 2011) aparecen como protagonistas junto a Swanberg. El director de fotografía Eric Robbins (The Roos y Beware of Mr. Baker) se pone a los mandos de las cámaras para completar el equipo. Tras su paso por varios festivales, como Venecia o Toronto, el filme será estrenado vía Internet en Estados Unidos el próximo 1 de mayo, teniendo posteriormente un estreno limitado en cines estadounidenses el 6 de junio.

    texto| Alberto Sáez
    fuente| Collider

    por redacción
    marzo 25, 2014

    Sectas en la América profunda. Tráiler de The Sacrament, de Ti West

    Siguen llegando avances de los filmes a concurso en el pasado Festival de Berlín, el último de ellos es el de esta producción brasileño-alemana que, dicho de paso, no salió muy bien parada en el certamen de la capital germana. El director Karim Aïnouz (El abismo plateado) presenta un nuevo enfoque (aunque con nuevo no nos referimos a original) de las relaciones homosexuales. Donato es un socorrista que se enamora de un motero alemán, Konrad, al que ha salvado la vida evitando que se ahogara atraído por una fuerte corriente. Cuando éste decide volver a su Berlín natal, el brasileño no duda en abandonar la vida que había construido hasta ahora, junto a su pasión: el mar, para seguirlo. El paso del tiempo comenzará entonces a traer reproches y consecuencias al impulsivo acto que el joven tomó cegado por la pasión y el calor del momento. El tráiler nos presenta una imagen sencilla que parece envolver la visceral trama que se oculta bajo la cruda fotografía que Ali Olay Gözkaya compone. El reparto lo forman Wagner Moura (La búsqueda), Clemens Schick (Forgotten) y Jesuita Barbosa (Tatoo), entre otros rostros menos conocidos. El 1 de mayo será estrenada comercialmente en salas brasileñas.

    texto| Alberto Sáez
    fuente| Berlinale



    Praia do futuro, póster
    por redacción
    marzo 25, 2014

    Dejando el mar atrás. Tráiler de Praia do futuro, de Karim Aïnouz

    In Fear

    Nunca juegues con extraños

    crítica de In Fear, de Jeremy Lovering, 2013

    En 1986, Robert Harmon sorprendió muy gratamente con Carretera al infierno, un thriller psicológico de alto voltaje en donde Rutger Hauer logró una de las interpretaciones más celebradas de su carrera, metiéndose en la piel del psicópata John Ryder. Su éxito inauguró todo un subgénero de cintas de suspense que transcurren en viajes por carretera –especialmente por zonas inhóspitas de la siniestra América profunda– dejando claro al espectador el mensaje de que lo mejor es no recoger a ningún autoestopista si quiere llegar sano y salvo a su destino. También que bajo el aspecto apacible de la gente del campo, puede esconderse la violencia más básica, por lo que es mejor no buscarle las cosquillas. El gusto de gran parte de la audiencia por pasarlo mal, unido al bajo coste de este tipo de productos, hace que estemos ante un subgénero altamente rentable. Títulos como Nunca juegues con extraños (2001, John Dahl), Habitación sin salida (2007, Nimród Antal) o Hush (2009, Mark Tonderai) han sido algunas de estas propuestas que continuaron perpetuando el miedo a adentrase en desvíos desconocidos en los últimos tiempos. Incluso la clásica Carretera al infierno fue objeto de una tardía (y tremendamente innecesaria) secuela, Carretera al infierno 2 (2003, Louis Morneau) y, cómo no, el inevitable remake del que no se salva cualquier clásico del terror que se precie, perpetrado en 2007 por Dave Meyers. La última aportación al grupo nos llega desde Reino Unido, al igual que Hush, con la que guarda muchos paralelismos estéticos y argumentales. In Fear (2013) no ofrece nada realmente novedoso ni especialmente remarcable. Ni tan siquiera depara su guión excesivas sorpresas argumentales para lo que viene siendo habitual en este tipo de cine. Pero aun así, hay que reconocerle algunos aciertos que acaban redimiéndola de la mediocridad habitual.

    El punto de partida viene ser el de siempre: Tom y Lucy son una pareja de jóvenes que se conocen desde hace apenas dos meses. Aún no pueden considerarse novios pero la intención de llegar a algo más que una amistad está en ambos. Por ello se embarcan en un viaje en coche a través de carreteras secundarias en medio de un amenazante bosque, con destino a un hotel rural en el que inaugurar su incipiente amor. La preocupación comienza a hacer mella en los chicos cuando descubren que el camino es un auténtico laberinto, por lo que siempre terminan llegando al mismo lugar. Al caer la noche sobre ellos, comenzará la verdadera pesadilla cuando alguien no identificado comienza a atormentarles con distintos “juegos” cada vez más peligrosos, algo que relacionarán con un altercado que tuvieron horas antes en un bar de carretera con unos lugareños. Conviene no desvelar más detalles de la trama, aunque no es difícil adivinar que no se aparta ni un milímetro de las coordenadas impuestas por los títulos antes citados. Jeremy Lovering, uno de los responsables de la exitosa serie Sherlock, debuta en la dirección de largometrajes con este trabajo del que también es responsable del guión, saliendo mucho mejor parado en la faceta de director que en la de escritor. Lovering demuestra una buena mano a la hora de sacar el máximo partido a la economía de medios, muy especialmente logrando que la tensión no decaiga un instante a pesar de que la acción se desarrolla casi completamente en el interior de un automóvil. Un acierto de guión sería la elección de que Tom y Lucy se conozcan de tan poco tiempo, en lugar de ser la típica relación consolidada que ya vimos en aquella joyita del género que fue Eden Lake (2008, James Watkins), donde también los personajes se veían sometidos al macabro acoso de unos extraños en similares terrenos boscosos. Esto se traduce en una menor confianza entre los miembros de la pareja, cuyos lazos afectivos no son lo suficientemente fuertes como para que uno se juegue la vida por el otro.

    por Jose Martín
    marzo 25, 2014

    Crítica | In Fear, de Jeremy Lovering

    Abrasiva mirada desde dentro de la industria

    crítica de Episodes (2011-) | Temporada 3

    Showtime, BBC / 3ª temporada: 9 capítulos. | EEUU, Reino Unido, 2014. Creadores: David Crane & Jeffrey Klarik. Director: Iain B Macdonald. Guionistas: David Crane & Jeffrey Klarik. Reparto: Matt LeBlanc, Stephen Mangan, Tamsin Greig, Kathleen Rose Perkins, John Pankow, Mircea Monroe, Chris Diamantopoulos, Joseph May, Daisy Haggard, Genevieve O´Reilly, Sam Palladio, Oliver Kieran-Jones, John Ross Bowie, Roger Bart, Andrea Rosen. Fotografía: Rob Kitzmann. Música: Mark Thomas.

    El prefijo de Los Ángeles da miedo. Con esta sensación acaba la tercera temporada de Episodes, una de las series más estimulantes y peculiares que la televisión ha producido en años. Ajena a toda tendencia, puesta en marcha por Showtime y la BBC (la extraña orden de nueve capítulos por temporada parece un punto intermedio entre los habituales seis de las series británicas y los doce de las series de cable americanas) y rodada en ambos países, la serie se ha ganado por méritos propios su pequeña esquina en la parrilla televisiva. Una esquina algo marciana, donde todo tiene cabida en pos de la comedia. La manera en la que está rodada contribuye a esa extrañeza, ya que los creadores y únicos guionistas tienen un trato con las cadenas bastante inusual, lo cual explicaría también la tardanza entre temporadas, siempre de un año y medio. David Crane y Jeffrey Klarik –pareja artística y sentimental– no tienen el tiempo habitual de preproducción, sino que escriben la temporada completa antes de empezar a rodar nada. Una vez están escritos todos los episodios, contratan a un único director y ruedan en función de las localizaciones y decorados disponibles en cada momento. Esto implica que en un día pueden rodarse escenas de diferentes capítulos, con los creadores en plató en todo momento. Así no se pierde ninguna oportunidad de respetar o mejorar la página, ya que no hay sala de guionistas que les quite tiempo y los posibles cambios se hacen in situ.

    Los más de veinte años de experiencia en el mundo del espectáculo de los creadores les permiten poner en pie una comedia que habla de lo que habla con conocimiento de causa. Tanto experiencias positivas (Crane co-creó la ya mítica Friends (1994-2004) y Klarik trabajó en la exitosa Loco por ti (1992-1999) como negativas (su anterior serie, The class (2006-2007), fue cancelada tras 19 episodios) conforman su mirada. Se ofrece un diagnóstico certero del mundo de la televisión, el microcosmos de falsedad e hiperbólicas acciones que se lanzan a cada paso. La jugada argumental maestra de la serie ha sido desde el principio usar a una pareja de guionistas británicos (espléndidos Tamsin Greig y Stephen Mangan) como testigos de la locura de Hollywood. Sus ojos extrañados son nuestros ojos extrañados, y a la vez fascinados, por una visión nada complaciente. Agentes, productores, ejecutivos, periodistas, intérpretes… todos reciben su parte en esta hilarante comedia. El propio protagonismo de Matt LeBlanc es todo un chiste cargado de vitriolo, ya que LeBlanc (magnífico, por cierto) no está tanto interpretándose a sí mismo como a la versión pública de alguien en su posición, exagerada además un par de vueltas. Las ideas que podamos tener del prototipo de actor-desastre están concentradas en el Matt LeBlanc de la serie, cuyo carisma natural es un añadido que le permite hacer y decir las mayores barbaridades e incorrecciones sin provocar nuestro desprecio. Es obvio que en el premium cable es donde único podrían sacar hacia adelante un proyecto así. Solo una cadena de las características de Showtime se puede permitir darles la libertad de disparar estos cañonazos. Es la serie más realista con el mundo de la televisión como tema central que este crítico haya visto desde la inagotable The comeback (2005), de HBO. La casualidad quiere que estuviera co-creada y protagonizada por otra cara de Friends, la estupenda Lisa Kudrow.

    por Adrián González Viña
    marzo 25, 2014

    Crítica en Serie | Episodes (Temporada 3)

    Estrenos

    Premios

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Festivales

    Extras

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