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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Especial Siglo XXI
    Especial Siglo XXI

    La llamada del abismo

    Ensayo de José Luis Forte sobre La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu, Andrew Leman, 2005)

    Estados Unidos, 2005. Título original: The Call of Cthulhu. Director: Andrew Leman. Guion: Sean Branney, basado en el relato de H. P. Lovecraft. Productora: The H. P. Lovecraft Historical Society (HPLHS). Productores: Sean Branney y Andrew Leman. Estreno: 7 de octubre de 2005. Fotografía: Davey Robertson. Música: Chad Fifer, Ben Holbrook, Troy Sterling Nies y Nicholas Pavkovic. Montaje: Davey Robertson. Dirección artística: Chris Lackey, Andrew Leman, Harold Arthur McNeill, Brian Moore y Darrell Tutchton. Efectos especiales: Terry Sandin y Dan Novy. Vestuario: A. Laura Brody. Maquillaje: Andra Carlson. Intérpretes: Matt Foyer, John Bolen, Ralph Lucas, Chad Fifer, Susan Zucker, Kalafatic Poole, John Klemantaski, David Mersault, Jason Owens, D. Grigsby Poland, Barry Lynch, Dan Novy, Erika Zucker, Aidan Branney, Richard Lucas, Jennifer Knighton, Ramón Allen Jr., Steven Patrick O’Connor, Carlos Linares, Clarence Henry Hunt, Patrick O’Day, Noah Wagner, Sean Branney, Andrew Leman, Vivica Prentice, Leslie Baldwin, Andra Carlson.

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Realizar una lista de las mejores películas de lo que llevamos del siglo XXI era algo que consideraba fuera de mis posibilidades. Ante este hecho irrefutable, opté por un camino sencillo para poder cumplir con el encargo: no elegir las mejores, claro está, sino mis favoritas sin tener en cuenta ni su calidad real ni mucho menos su relevancia histórica ni su importancia en la evolución del medio. Sin duda mis preferidas son las más aptas no para ser recordadas según pasen los años, sino con suerte para ser queridas o tal vez veneradas por un puñado de inconscientes. Guió mi mano el hecho de que para dar luz a esta lista solo podía usar un fanal: aquellas que más veces he visto o revisitado. Y creedme, por muy evanescente que se os antoje mi elección, son las películas que sin duda en más ocasiones he vuelto a ellas. Estas, sumadas a un cariño especial al tratarse de un proyecto motivado por el puro amor a un autor de relatos de terror nacido más de un siglo antes de la llegada de este siglo XXI, H. P. Lovecraft, son las únicas explicaciones que puedo dar de por qué mi predilecta absoluta es La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu, Andrew Leman, 2005). Tan subjetiva resulta esta elección que me temo que no hacía falta ni explicarla.

    Las 21 mejores películas del siglo XXI para José Luis Forte


    1. El escritor de Providence

    En su morada de R’lyeh, Cthulhu muerto aguarda soñando.

    El escritor Howard Phillips Lovecraft nació en 1890 en la ciudad estadounidense de Providence, la misma que le vería morir en 1937. Aunque en algún momento de su vida se presupone que tuvo alguna ocupación laboral, lo único que sabemos es que sus ingresos económicos se limitaron a la venta de sus relatos a las revistas pulp de la época, sobre todo a Weird Tales, a las que detestaba, y a su trabajo como escritor fantasma de otros autores y alguna autora o incluso de personalidades reconocidas: así el relato Bajo las pirámides (Under the Pyramids, 1924) que escribió para que fuera firmado por Harry Houdini. El famoso escapista también le encargó un texto que permanecería inédito, El cáncer de la superstición (Cancer of Superstition, 1926), en el que se reflejaba el rechazo que ambos sentían por las supercherías espiritistas. Algo que Lovecraft también extendería al mundo de la literatura: despreciaba los relatos que recurrían a las sesiones de espiritismo como temática o ambientación terrorífica. Mantuvo correspondencia con Houdini, pero también con multitud de otros autores a los que recomendaba soluciones compositivas para sus cuentos, repartía consejos o intercambiaba opiniones de todo tipo, conformando lo que se ha dado en llamar el Círculo de Lovecraft gracias a la evidente influencia que ejerció en todos ellos y a la admiración que le profesaban. El volumen de sus cartas es en verdad descomunal. Esto ha llevado a que hoy en día haya quien considere que Lovecraft hubiera sido un gran adepto de las redes sociales. Nada más errado, pues Lovecraft no hubiera tolerado el nivel de compadreo, la violencia verbal y la universalidad de las mismas: aristócrata tanto en lo ideológico como en lo social, jamás hubiera soportado la falsa cercanía de internet.

    Autor de multitud de artículos y ensayos, en el mundo de la literatura nunca abandonó el género del terror, con alguna puntual desviación hacia la ciencia ficción, un género que no respetaba, escribiendo gran cantidad de relatos. Abandonó tal actividad hacia el final de su vida ante la falta de éxito. El de Providence concebía la creación literaria como un arte, y como tal odiaba el mercantilismo y el adaptarse a las exigencias de las revistas que le publicaban. Los recortes que Weird Tales impuso a su extenso relato En las montañas de la locura (At the Mountains of Madness, 1936) supusieron tal vez el momento más doloroso para Lovecraft como escritor y lo que le llevó a abandonar casi por completo su pasión como autor. Controvertido ideológicamente, de estilo literario arcaizante de manera deliberada, amante de los tiempos pasados pero a la vez gran seguidor de los avances científicos de su época, Lovecraft ha devenido una figura casi mítica. La recuperación de sus relatos en la editorial Arkham House por parte de August Derleth, el éxito —para estos sí— literario de algunos de sus seguidores y, sobre todo, la influencia en todos los ámbitos de la cultura popular de su obra gracias al cine, a la música, al juego de rol La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu, 1981) de Sandy Petersen, a los videojuegos y a los juegos de mesa le han traído una popularidad que Lovecraft no solo jamás hubiera soñado en vida, sino que con toda seguridad habría odiado. Al menos en parte.

    Lo que sin duda nos queda es su absoluta revolución temática del cuento de terror, mediante elementos que casi nos resultan ya cotidianos pero que hasta que él no los escribió no se convirtieron en realidad: horrores ancestrales agazapados en la oscuridad y el sueño esperando una alineación de planetas propicia que los devuelva a la vida, sectas infames que declaman en los más profundo de los bosques y las ciénagas por el retorno de dioses primigenios, antihéroes abocados al fracaso vencidos por el conocimiento de verdades que deberían permanecer ocultas para salvaguardar nuestra salud mental y descripciones intensas y arrebatadas de criaturas imposibles y planos de la realidad inimaginables descritos, paradójicamente, con todo lujo de detalles. Y su colección de deidades y criaturas monstruosas, con el gran Cthulhu a la cabeza, que han conformado lo que de manera posterior se ha denominado el corpus de los Mitos de Cthulhu, panteón informal y desorganizado que sus seguidores se encargarían de formalizar, pasto incluso de memes y bromas que no dejan de ser también ejemplo de cómo Lovecraft es querido y respetado. Sus mejores relatos siguen estremeciendo como pocos pueden hacerlo, y todavía se puede sentir el vértigo de nuestra pequeñez como humanidad ante los horrores que nos asedian, o esperan para hacerlo, al leerlos. Solo hay oscuridad ahí afuera y lo mejor para nosotros es permanecer ciegos e ignorantes ante esa verdad.

    por José Luis Forte
    junio 01, 2021

    La llamada de Cthulhu (Andrew Leman, 2005)

    por José Luis Forte | junio 01, 2021

    Cuatro películas del siglo XXI (II)

    Podcast dedicado a Al primo soffio di vento (2002) y Europa Report (2013).

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Como complemento a los textos y listas sobre el cine del siglo XXI que hemos ido publicando en los últimos meses, nuestros redactores Ignacio Pablo Rico, Miguel Muñoz Garnica, Mariona Borrull y José Luis Forte han organizado un podcast de encuentro e intercambio de recomendaciones. Cada uno de ellos ha elegido para que la vean los demás una película que formaba parte de su lista de las mejores del siglo. Y a cada una de ellas dedican un debate en profundidad. En esta segunda parte del podcast —pueden escuchar la primera aquí— se centran en Al primo soffio di vento (Franco Piavoli, 2002), escogida por Mariona Borrull, y Europa Report (Sebastián Cordero, 2013), la elección de José Luis Forte.

    | Además de en iVoox, pueden escucharlo en Spotify | Apple Podcasts | Pocket Cast |

    por EAM
    abril 22, 2021

    Podcast | Cuatro películas del siglo XXI (II)

    por EAM | abril 22, 2021

    Cuatro películas del siglo XXI (I)

    Podcast dedicado a Encontré al diablo (2010) y Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010).

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Como complemento a los textos y listas sobre el cine del siglo XXI que hemos ido publicando en los últimos meses, nuestros redactores Ignacio Pablo Rico, Miguel Muñoz Garnica, Mariona Borrull y José Luis Forte han organizado un podcast de encuentro e intercambio de recomendaciones. Cada uno de ellos ha elegido para que la vean los demás una película que formaba parte de su lista de las mejores del siglo. Y a cada una de ellas dedicamos un debate en profundidad. En esta primera parte del podcast hablamos de Encontré al diablo (Kim Jee-won, 2010), elegida por Ignacio Pablo Rico, y de Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, 2010), la opción de Miguel Muñoz Garnica.

    | Además de en iVoox, pueden escucharlo en Spotify | Apple Podcasts | Pocket Cast |

    por EAM
    abril 15, 2021

    Podcast | Cuatro películas del siglo XXI (I)

    por EAM | abril 15, 2021

    Esbozo para redibujar el canon

    Ensayo de Júlia Gaitano sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Los últimos días de 2020 vivimos un alud de conmoción cinéfila por Soul, lo nuevo de Pete Docter (Del revés (Inside Out), Monstruos, S.A.) para Pixar. Los proyectos del estudio norteamericano llevan más de un cuarto de siglo celebrándose como cine de animación de primera línea, y sus estrenos son acontecimientos destacados en la agenda universal de la cinefilia. En esta ocasión, el filme fue presentado directamente en Disney+, limitando así en un principio su alcance y proyección. Pero sólo hacía falta asomarse a las redes sociales para comprobar que no por eso se estaba generando una respuesta menos remarcable. El título, de hecho, llegó a colarse en algunos recuentos de lo mejor del año, editados y reordenados a último momento para hacerle lugar. Cabe preguntarse, ¿hasta qué punto no estuvo esa pulsión de reconocimiento marcada por la novedad, la urgencia de fin de año, sus listas y titulares? Y también, si de haber salido a la luz a principios de año, la obra hubiera ocupado ese mismo sitio en los tops 2020. A los hechos podemos remitirnos: apenas entrando en 2021, las menciones a Soul son ya prácticamente anecdóticas. Al menos nos queda su alusión grabada en los listados de algunos medios o en fugaces hilos de Twitter. Vamos a suponer que este rápido olvido viene dado más bien por el sobreestímulo de contenido al que estamos constantemente expuestos como espectadores, como pensadores de cine incluso. Pero, aun así, fijémonos la escasez de títulos de animación en esas listas de destacados del 2020. Supongamos que ese vacío se debe a un año de baja forma para la animación. Pero entonces, ¿qué pasa con las listas que recuerdan el buen cine de lo que llevamos de siglo? Suele ser complicado encontrar en ellas una sola propuesta animada (en cualquiera de sus formas posibles).

    Si algo sorprende de la sistemática omisión de la animación dentro del canon de grandes clásicos (ya sean contemporáneos o de todos los tiempos), es que no se puede negar que sea un cine popular, generalmente celebrado. Sin embargo, al considerarlo dentro de un panorama audiovisual más amplio, tiende a ser compartimentado como una forma inferior. Incluso en un discurso menos oficial o especializado, se aprecia la propensión de contextualizar el cine de animación al margen del resto. Llegados a este punto, hay que esclarecer que ese vacío de reconocimiento también alcanza a géneros como el terror, el fantástico, o la comedia. ¿Por qué? En el caso de la animación, es posible que en gran parte sea por su adscripción ineludible al «cine infantil», un vicio existente prácticamente desde su génesis. En el fondo, esto parte del malentendido de base de considerar la animación un género más, cuando es más bien una herramienta, un régimen de variadas formas visuales. En sí puede abarcar el mismo complejo espectro de temáticas y géneros que el cine de imágenes reales.

    por Júlia Gaitano Mendizàbal
    abril 06, 2021

    Especial siglo XXI | «Esbozo para redibujar el canon»

    por Júlia Gaitano Mendizàbal | abril 06, 2021

    De la imagen-espectáculo a la imagen-discurso

    Ensayo de Yago Paris sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Uno de los valores más preciados del cine comercial consiste en su capacidad para, de manera voluntaria o no, hablar sobre el presente en el que se ha producido. Esto alude tanto a la esfera de la industria cinematográfica como a la social, dos espacios que en muchos casos presentan numerosos vasos comunicantes. Durante el siglo XXI se ha producido una transformación colosal en ambos campos, algo que ha tenido evidentes consecuencias sobre la producción hollywoodense. El objetivo de este texto consiste en desgranar la evolución del cine-espectáculo estadounidense —principal pero no exclusivamente el blockbuster— en las últimas dos décadas: de dónde se venía, y los momentos clave que han dejado profundas huellas sobre los modos de producción y narración. Desde unos años noventa muy alocados, donde el espectáculo sin pretensiones y la idea de relato parecían tótems innegociables, hasta un presente donde la ficción se ha convertido en un simulacro endeble que sostiene un conjunto de ideas de corte activista social que en buena medida coartan la noción de espectáculo, con especial mención al tratamiento de la imagen. A través de una serie de paradas clave en la historia reciente del país norteamericano se trazará una suerte de hipótesis que pueda dar algunas claves sobre la evolución que se ha producido en el panorama cinematográfico, un proceso de cambio que describo como el paso de la imagen-espectáculo a la imagen-discurso.

    por Yago Paris
    marzo 22, 2021

    Especial siglo XXI | «De la imagen-espectáculo a la imagen-discurso»

    por Yago Paris | marzo 22, 2021

    ¡Yo confieso...!

    Ensayo de Elisenda N. Frisach sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    John Keating, el profesor de literatura interpretado por Robin Williams en la película generacional El club de los poetas muertos (1989) de Peter Weir obligaba a sus alumnos a arrancar el prólogo de la antología poética que iba a servirles de referencia durante el curso, dado que su autor calificaba las obras seleccionadas en virtud de parámetros casi matemáticos, los cuales le parecían a Keating inapropiados para dilucidar las bondades o los defectos de un poema. Si bien es una tontería afirmar que la calidad de una creación artística depende de su grado de perfección formal, no lo es menos glorificarla por consideraciones subjetivas, a menudo vinculadas a cuestiones ajenas a la obra en sí. ¿Cuántas veces nos ha pasado que auténticas bazofias nos encantan en un momento concreto de nuestra existencia, y que por ello, extinguido el contexto en el que las conocimos, su revisión nos ha provocado vergüenza? De hecho, es entre estos dos extremos entre los que se desarrolla ―o debería de desarrollarse― la labor del crítico; esto es, entre sus conocimientos del medio expresivo en el que tiene lugar la manifestación artística que debe analizar, y que atañen no solamente a elementos formales, sino también a la historia de dicho medio e incluso a cultura general, y entre sus propias preferencias personales. Viene a mi memoria la gran reseña que el compañero Aaron Rodríguez hizo de Bohemian Rhapsody (2018), donde exponía que una pieza plagada de defectos puede lograr plenamente lo que pretende; y no solo porque maneje con habilidad sus manidos trucos, sino porque apele a una parte de nosotros mismos que nos cuesta controlar: las emociones. De ahí que toda crítica fílmica que se precie no tendría que elogiar una película tan solo por gustos íntimos, como tampoco por tendencias coyunturales ni por apreciación de la exquisitez en su ejecución. Evidentemente, la objetividad absoluta no existe en nada que sea llevado a cabo por humanos, pero se trata de aspirar, en la medida de lo posible, a ella.

    Con esta introducción, pretendo despertar la curiosidad ―y aun la complicidad― del lector, pues como él yo soy asidua leyente de crítica fílmica, y no pocas veces me ha parecido que los criterios de enjuiciamiento de las cintas respondían a extraños caprichos de quienes las juzgaban. Para reivindicar la ímproba tarea de reducir a 20 películas la producción internacional llevada a cabo a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XXI, y que la redacción de esta revista ha realizado contando con el criterio combinado de las listas individuales de sus colaboradores —recomiendo acercarse a todas ellas, muchísimo más interesantes que el frankensteiniano resultado final—, me gustaría poder explicar el porqué de mi selección. Más que nada, para que el lector no sienta que la aleatoriedad ha regido mi muy meditada elección.

    por Elisenda N. Frisach
    marzo 14, 2021

    Especial siglo XXI | «¡Yo confieso...!»

    por Elisenda N. Frisach | marzo 14, 2021

    La madurez de la ciencia ficción

    Ensayo de José Martín sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    El siglo XX culminó con una década, la de los 90, muy feliz para el género de ciencia ficción. Después de unos 80 dominados por la fantasía pura, el cine fantástico comenzó a ofrecer propuestas mucho más complejas que aunaban a la perfección espectáculo visual con inteligencia. Desde Desafío total (Paul Verhoeven, 1990), aquel apabullante vehículo de acción y lucimiento de Arnold Schwarzenegger que adaptaba a Philip K. Dick, muchas fueron las películas que nos sumergieron en sombrías sociedades distópicas o plantearon debates sobre la mala utilización de los avances tecnológicos o científicos. Los amantes del género disfrutamos como niños con los dinosaurios de Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993); el manga robótico de Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995); Bruce Willis convertido en viajero en el tiempo para salvar al mundo de una aniquiladora pandemia en Doce monos (Terry Gilliam, 1995); un cambio de siglo con amenaza de apocalipsis en Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995); el acercamiento a la vida extraterrestre de Jodie Foster en Contact (Robert Zemeckis, 1997); la pesadilla sobre genética de Gattaca (Andrew Niccol, 1997); el asfixiante encierro en el letal habitáculo de Cube (Vincenzo Natali, 1997) o la realidad virtual (con horrores de la carne incluidos) de eXistenZ (David Cronenberg, 1999). No es de extrañar que en mi selección personal de títulos favoritos de lo que llevamos de siglo XXI haya una presencia mayoritaria de obras enmarcadas en el fantástico, cuando no directamente en la ciencia ficción. Y es que el género, al margen del apogeo del cine de superhéroes, continúa dando pasos de gigante y ganándose un aprecio de la crítica que, salvo en casos puntuales, se le solía negar con facilidad.

    El mexicano Alfonso Cuarón se ha convertido en director indispensable, garantía de calidad sea cual sea el género que acometa. La nominación al Óscar por su guion de la personal Y tu mamá también (2001) le abrió las puertas a proyectos más ambiciosos en los que dejó una impronta de genialidad muy por encima de algunos proyectos —suyo es Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), tercer y mejor episodio de la exitosa saga del niño mago—. También la odisea espacial de Sandra Bullock, espléndida como astronauta abandonada en la soledad del espacio en Gravity (2013) —ganadora de 7 Óscars, incluido el de mejor director— o la cinta más personal y autobiográfica de su carrera, Roma (2018), con la que consiguió otras tres estatuillas doradas. Dos obras maestras que bien podrían haber formado parte de mi lista, pero ha sido Hijos de los hombres (2006) la que se ha ganado el privilegio de coronarla. Esta adaptación de la novela de P.D. James mostraba una sociedad futura no muy lejana (2027) y, por desgracia, perfectamente real y reconocible. En ella, la humanidad se enfrenta a la extinción desde que, 18 años atrás, los hombres perdieran la capacidad de procrear, y al protagonista, Theo (inolvidable Clive Owen), un ex-activista de vuelta de todo, se le encomienda la misión de sacar de una Londres fuertemente militarizada a una joven (Claire-Hope Ashitey) que, de manera «milagrosa», está embarazada. Julianne Moore, Chiwetel Ejiofor, Danny Huston, Peter Mullan y un extraordinario Michael Caine acompañan a Owen en una parábola futurista deprimente y veraz que, a pesar de todo, encierra en su redondo final esperanza en el ser humano. Con una fotografía de Emmanuel Lubezki magistral que confiere una estética casi documental a la historia y una ambientación perfecta, Hijos de los hombres es una experiencia emocionante y profundamente inmersiva, que cuenta con tres planos secuencia que merecen formar parte de la historia del cine y que colocan al espectador en pleno campo de batalla. Cuarón demuestra ser un cineasta con un ejemplar dominio de la técnica y un amor inmenso hacia sus personajes.

    por José Martín León
    marzo 08, 2021

    Especial siglo XXI | «La madurez de la ciencia ficción»

    por José Martín León | marzo 08, 2021

    Una historia de fantasmas

    Ensayo de Miguel Muñoz Garnica sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Hay en El extraño caso de Angélica (O Estranho Caso de Angélica, Manoel de Oliveira, 2010) un instante decisivo. Ocurre al poco de comenzar, cuando Isaac (Ricardo Trêpa), el fotógrafo protagonista, acude a un velatorio para capturar una imagen mortuoria de la joven —y muy hermosa— recién fallecida (Pilar López de Ayala). Entonces, el plano adopta la perspectiva del visor de la cámara de Isaac, una Leica con enfoque telemétrico. Esto es, que capta dos imágenes superpuestas que el fotógrafo ajusta hasta que coinciden como si formaran una sola. En el momento en el que Isaac logra enfocar, la difunta abre los ojos, mira directamente al objetivo y le sonríe —véase la imagen de cabecera—. En adelante, Isaac quedará hechizado por ese rostro, extrañándose de su entorno en un magnetismo cada vez mayor hacia la muerte. Es lo que tiene, claro, enamorarse de un fantasma. Hablo de El extraño caso de Angélica como una película del siglo XXI, pero una de las cosas que la hacen tan sugerente es que Oliveira la ideó a comienzos de los años cincuenta, tal y como recoge Víctor Erice en un magnífico ensayo sobre el cineasta —escrito, por cierto, siete años antes de que la película se materializara—:

    «En 1952, [Oliveira] imaginó una película, Angélica, basada en una experiencia vivida a raíz de la muerte de una joven, prima de su mujer. Antes del entierro, la familia pidió a Oliveira que hiciera una fotografía de la difunta. “La joven —ha contado él mismo—, muy bella, se hallaba tendida en un canapé azul, en el centro de un salón. Sus cabellos eran dorados y estaba vestida de blanco, como una novia. Yo llevaba conmigo una cámara Leica, que en el acto de enfocar producía un desdoblamiento de la imagen. Había que poner una atención especial, enfocando cuando las dos imágenes aparecían superpuestas. Como estaba fotografiando a una muerta de la que se desprendía una doble imagen, me asaltó la idea de que una de ellas correspondiera a la mujer viva, no muerta. Y que esta imagen no encerrara a la otra, y lo trastornara todo. El hecho me afectó profundamente, de la misma manera que al protagonista de Angélica, que revelando la fotografía de una mujer muerta la percibe viva”».

    Cuando al fin pudo filmarla en 2010, Oliveira apenas alteró el guion que llevaba seis décadas escrito. Con ello, una de sus primeras películas se convirtió a la vez en una de las últimas, y el concepto de lo fantasmal que subyace va mucho más allá de la historia de Angélica. Como también señala Erice, aquella experiencia «despertó de nuevo en Oliveira el interés por el cine, por otro tipo de cine: aquél que se revela, en primer lugar, como medio de fijar la vida, capaz incluso de hacer volver del más allá a los muertos. Desde entonces, Oliveira acostumbra a decir: “O cinema é sempre um fantasma da realidade”». Cabría incluso expandir la cita: un único fantasma de múltiples realidades. El extraño caso de Angélica abraza la doble temporalidad de su gestación para crear una realidad suspendida entre dos siglos. Oliveira rueda en el Oporto contemporáneo sin ningún tipo de truco o alteración que sugieran ambientación de época. Pero, a la vez, rueda usos sociales y tecnológicos propios de sesenta años atrás. En este sentido, uno de los más definitorios es la propia Leica de Isaac. El enfoque telemétrico o el revelado, que la película registra profusamente, son a ojos del siglo XXI un procedimiento demodé, pero Oliveira no dispone estos elementos de la fotografía analógica como una visión nostálgica, sino como una fuerza configuradora del relato. Que el «hechizo» de Isaac comience desde la perspectiva del visor de la Leica y se prolongue en los positivos recién revelados —donde el fantasma de Angélica volverá a aparecérsele— resulta crucial. No olvidemos que la existencia de la película se debe a la existencia de los visores telemétricos.

    por Miguel Muñoz Garnica
    marzo 02, 2021

    Especial siglo XXI | «Una historia de fantasmas»

    por Miguel Muñoz Garnica | marzo 02, 2021

    Del yo, al tú, al nosotres

    Ensayo de Mariona Borrull sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Este texto parte de lo personal a lo colectivo para apuntar, en su recorrido errático, algunos destellos acerca de la identidad cinéfila (la mía, quizás también la vuestra) y su relación con una alteridad (todo un mundo de carencias y rechazos) acallada y tocada de muerte por contradicciones constantes. La mayor ventaja de trabajar con el formato-lista es que, de lo escueto de sus elementos, puedan nacer otras ideas virtuales, que —creo— adoptarán sentido solo al trasladarse al universo de cada cual. También me da margen para saltar entre ideas de una forma más libre, casi un poco chulesca. Por lo demás, la crítica es un cuerpo que se articula a partir de ideas, como un esqueleto, pero solo se sostiene por el músculo que las recubre: el hecho literario (podemos adjetivar cuanto queramos, pero que esa conjunción esté ahí lo cambiará todo). Estoy faltando a él de forma voluntaria.

    Las 21 mejores películas del siglo XXI para Mariona Borrull

    Plano medio con escorzo

    ■ Mi brújula cinéfila es chaotic neutral: mi lista de pendientes y mi interés tienden a la entropía. Procuro ocupar mis pocas horas libres solo con películas buenas.

    ■ Las watchlists me saturan. Un estrés velado —siempre allí— toma voz al atisbar la magnitud de lo que me queda por ver. La curiosidad se esconde con la angustia.

    ■ Mi relación con el canon ha sido siempre compleja: por un lado, le debo una conciencia de historia viva, un sentido de proyecto común al que apoyar o contestar. A la vez, digo: ¿por qué pensar ya siquiera en términos de «canon»?

    ■ Recuerdo perfectamente descubrir a Tarantino en clase, en primero de carrera. Era la única persona de la clase que no había visto nada suyo. Nunca me habré sentido tan fuera de juego como en ese momento. Al contrario, corroborar que solo yo conocía La noche del cazador… Entonces «compré» el dudoso lema «eres lo que» (en este caso, lo que ves).

    ■ Pregunta: ¿en qué se diferencia una película de un cruasán? «Cuantos más cruasanes comas, menos tendrás. En cambio, cuanto más cine ves, más cine quieres ver». Eso lo dijo Joan M. Corbella en clase de Estructura y ecología de los medios audiovisuales. Corbella sabe, pero no ha ido nunca de festivales.

    ■ Si soy lo que veo, también soy lo no que no veo. Que tardase medio año en ver Érase una vez en Hollywood fue debido a un desinterés un tanto desdeñoso, pero que la viera en la mini-pantalla del asiento de un avión, eso ya fue orgullo. No siempre concuerdo con mi yo del pasado.

    ■ «Somos aquello que conocemos, incluso si no nos gusta». Eric Allen Hatch, en Twitter, fabrica memes híper específicos alrededor de unas pocas películas de autor. La absurdidad reina sobre unos tótems sin contexto. Que me aspen si esta no es una maravillosa forma de acabar de una vez por todas con la idea de canon.

    ■ «Si soy lo que veo, no seré lo que no veo» es una deducción que no se concluye necesariamente. Hace tiempo que tuve que obligarme a dejar de mentir: antes afirmaba haber visto títulos que no conocía.

    ■ Me reconozco incapaz de llegar a todo. Mi lista de lo Mejor del siglo XXI tiene tantos, tantísimos agujeros que solo yo detecto... «Más madera»: no tengo ninguna animadversión hacia el ciné-fils que hace listas, pero defenderé a muerte que el máximo error de la vida entre pantallas es confundir «-filia» con «-teca».

    ■ Si acepto que soy lo que veo, seguramente sea «lo que no veo» y «lo que veo y no me gusta». Soy mis carencias y mis rechazos. Esta es una deducción improductiva, porque lo que no-somos nunca nos permite definirnos en una alternativa concreta.

    ■ No tengo por qué ser mis carencias y rechazos. Pero ellos sí forman parte de mí. Integrarlos en los vacíos que deja mi historial de visionados es la única opción para evitar que el carácter infecundo de mi autorrelato cinéfilo se vuelva reaccionario. Abrazarlos y devolverlos a ese sitio donde tenemos aquella versión de nosotres que no podemos hacer más que cuidar porque ella no puede hacerlo sola.

    ■ Hay una diferencia brutal entre lo que la socióloga Stacy Clifford Simplican llama una «comunidad de fuerza» y una «comunidad de vulnerabilidad». Lo explica Abigail Thorne: en la primera, sus integrantes se mantienen unides por criterios meritocráticos («estás en mi equipo porque tienes conocimiento, influencia, hablas el mismo idioma que yo...»). La segunda, en cambio, se articula en base a necesidades compartidas («estás en mi equipo porque ambes necesitamos algo, porque carecemos de lo mismo»).

    ■ Las comunidades de fuerza se desmoronan con la facilidad con que se abren grietas en su poder, a priori incontestable. A las comunidades de vulnerabilidad, en cambio, solo les queda unirse y ascender. Quiero pensar que la crítica del siglo XXI será un lugar para todo tipo de vulnerabilidades.

    ■ El libre mercado exige crítiques fuertes. Para sobrevivir en este mundillo, nos obligamos a vivir en una tapadera constante: «yo puedo», nunca «yo necesito», «yo sé», nunca «yo dudo». No hay otra forma de llegar a aquellas entregas para anteayer. Sin embargo, y esta idea la cojo prestada del tándem teórico Lucas Ramada-Hugo M. Gris: todo buen texto duda de sí mismo.

    Acabo con un breve aparte: sobra insistir en que, para que la cinefilia en general —y la crítica en particular— sea un lugar inclusivo, una comunidad verdaderamente vulnerable, deberemos hacernos cargo activamente de ello. Repensemos estrategias, empezando (que nunca acabando) desde la que será arma más poderosa: el lenguaje. ¿Por qué no veo a nadie más escribiendo en neutro?


    Mariona Borrull |
    © Revista EAM / Barcelona


    Imagen de cabecera: Night is Short, Walk on Girl (夜は短し歩けよ乙女, Masaaki Yuasa, 2017).
    La ciénaga (Lucrecia Martel, 2001).

    por Mariona Borrull Zapata
    febrero 25, 2021

    Especial siglo XXI | «Del yo, al tú, al nosotres»

    por Mariona Borrull Zapata | febrero 25, 2021

    Un nuevo cine argentino

    Ensayo de Miguel Martín Maestro sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Bajo la etiqueta de «nuevo cine», de manera periódica —y esquemática—, a cualquier cinematografía mínimamente constante se le crea su propia corriente. Con demasiada frecuencia, lo de «nuevo» unido al cine y sumado al país de turno se confunde con «nuevos directores» o «nueva generación»; sin que ello implique ninguna novedad en los conceptos narrativos o visuales y sí una repetición de estilemas que se adjetivan como nuevos al referirse a temáticas más cercanas a las nuevas generaciones que a las anteriores. Hubo un nuevo cine español como lo ha habido catalán y ahora lo hay gallego, lo hay británico, argentino y estadounidense como lo puede haber islandés o boliviano. Da lo mismo. La etiqueta «nuevo» pocas veces se refiere a lo que se experimenta o percibe por primera vez; tampoco a algo distinto de lo anterior o lo que se tenía aprendido. Más bien, se identifica con lo recién hecho que no incorpora nada novedoso a su arte. De modo que en la etiqueta de «nuevo cine argentino» uno puede encontrarse a gente tan variopinta como Enrique Piñeyro, Juan José Campanella o Pablo Trapero junto con Mariano Llinás o Matías Piñeiro, cuando los tres primeros no destacan por su novedad y los dos últimos rompen por sistema con cualquier precedente. De aquellos podrá decirse que han hecho una nueva película, pero sólo de los últimos podrá decirse que hacen nuevo cine.

    Dedicados estos artículos en EAM al mejor cine de lo que llevamos de siglo XXI, y abandonada la idea de mirar hacia una película o director concreto, la circunstancia que más me apasiona para el futuro de este arte es la existencia, consolidación y expectativas que genera el colectivo argentino El Pampero. Matías Piñeiro merecería la misma atención, pero es su idea de lo colectivo, lo autogestionado, lo libre, lo que me hace escribir estas líneas sobre un grupo de artistas en ebullición constante, una especie de comuna libertaria del arte en la que todos participan y todos cooperan para llegar al resultado final. Hablar de El Pampero es colocarse al margen de todo el sistema mantenido durante más de un siglo alrededor de cómo ha de producirse una película, cómo ha de idearse y cómo ha de distribuirse y exhibirse. Controlar todo el proceso por parte del mismo grupo puede imaginarse una tarea agotadora y que priva de energías para el acto creativo, pero de manera paralela permite hacer al grupo lo que le venga en gana, mantenerse en activo con una potencia envidiable y, probablemente —como bien retratan El escarabajo de oro y Por el dinero de Alejo Moguillansky—, crear sin obtener mayor rendimiento económico que el de la subsistencia precaria; trabajar, en el gran sentido de la expresión, «por amor al arte».

    por Miguel Martín Maestro
    febrero 19, 2021

    Especial siglo XXI | «Un nuevo cine argentino»

    por Miguel Martín Maestro | febrero 19, 2021

    Adiós a mi lenguaje

    Ensayo de Javier Acevedo sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI


    I. Para el lector

    «La disidencia no es en sí misma un fin; es la marca superficial de un valor más profundo. La disensión es la señal de la libertad, como la originalidad es la señal de la independencia de la mente. Y así como la originalidad y la independencia son necesidades privadas para la existencia de una ciencia, así el disentimiento y la libertad son sus necesidades públicas».

    Jacob Bronowski.

    Este texto no tendrá un gran valor para usted. Un conjunto de palabras que buscan trazar el balbuceo de una mente que siente una profunda disensión hacia todo lo que siente y hace. Comenzando por la cita de Bronowski, uno de los grandes y escasos divulgadores científicos y humanistas, este texto intentará argüir que la disidencia es una forma dudar de determinados modelos de representación intelectual de la realidad que, de un tiempo a esta parte, han venido a configurarse. Usted esperará algún tipo de defensa del listado de piezas audiovisuales que quien escribe ha anotado o, como mucho, alguna clarificación sobre por qué determinadas obras figuran ahí. Desde luego, no espere nada de eso. Si acaso, un único apunte desertor: de The Disintegration Loop 1.1, de William Basinski, a Aidol, de Lawrence Lek, median dos paradigmas de la imagen que, para quien escribe, son significativos de esa gran (anti)ontología de la imagen que es el siglo XXI.

    La primera obra es una pieza documental y observacional que muestra el colapso de las Torres Gemelas en tiempo real apoyada por el trabajo musical del videoartista, recogido en una serie de cuatro álbumes englobados en su proyecto The Disintegration Loops (2002-2003). La pieza de Basinski es la imagen desnuda y cruda de un acontecimiento histórico que se niega a instaurar el filtro de la representación entre lo factual y lo percibido. Justo antes del livestream, o retransmisión en directo, que a la postre se configuraría como uno de procesos de imagen más extendidos a principios del siglo, Basinski reformula el cinéma vérité y el cine-directo underground de exponentes como Andy Warhol en un ejercicio de vanguardia que, de manera casi premonitoria, anuncia la era de la imagen como espectro y fantasma de la realidad. El Pop Art había ironizado sobre la cultura de masas haciendo suyos mecanismos situacionistas como el détournement o el desvío conceptual de bienes capitalistas. Esta vanguardia posterior en la que se englobaría la pieza de Basinski, muy consciente de que toda intelectualización y acto vanguardista se engloba en un gesto elitista de una clase con gran capital cultural, parece percatarse de que la ironía ya no sirve para desmontar una sociedad postindustrial y postcapitalista que había subsumido la ironía, el pastiche y el postmodernismo como meros escorzos de una estética del pensamiento institucional. Ante el incipiente gran panóptico de la videovigilancia y, años después, de la interfaz domesticada, solo queda la disensión y la duda que, partiendo de los pocos shocks sufridos por el realismo capitalista, muestre el cosquilleo del miembro fantasma que a todo agente social y cultural le fue amputado hace tiempo: autonomía, independencia, deber de cuidado y capacidad de subversión.

    por Javier Acevedo Nieto
    febrero 14, 2021

    Especial siglo XXI | «Adiós a mi lenguaje»

    por Javier Acevedo Nieto | febrero 14, 2021

    Lynch, XXI

    Ensayo de Aarón Rodríguez Serrano sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Podría aducirse, sin duda, que David Lynch fue uno de los grandes enigmas del audiovisual durante la segunda mitad del siglo XX. De su alfarería siniestra en los cortometrajes de aprendizaje —o quizá, mejor dicho, de descubrimiento— hasta el aparente pacto con el clasicismo —y la industria— que supuso Una historia verdadera (The Straight Story, 1999), Lynch había reunido y organizado una filmografía convulsa pero extrañamente coherente. En su obra del siglo pasado se podían trazar —y muchos estudios de gran calidad como el de Quim Casas (2007) así lo detectaron— una serie de temas, figuras, líneas de fuga y movimientos que le convirtieron por derecho propio en uno de esos rutilantes autores que habían sabido aprovechar las posibilidades de esa gran categoría con la que cerró la fiesta en 1999: «la imagen postmoderna».

    Sin embargo, en pleno 2021, cabe preguntarse —y aquí se encuentra el núcleo del presente texto— si, en realidad, toda aquella fastuosa colección de películas, cortometrajes, anuncios o capítulos de televisión no era sino una especie de boceto gigantesco, de ensayo general ante el tremendo temblor, el tremendo replanteamiento sobre la naturaleza de las imágenes —y, sobre todo, ante nuestra posición como consumidores ante ellas— que acabaría por estallar, cada vez con mayor virulencia, en los últimos veinte años. Lynch, por decirlo rápidamente, ya había consolidado su parcela en la Historia del Cine antes del cambio de milenio. Sin embargo, una mirada atenta frente a los materiales que llegaron después comienza a mostrar cómo su obra comenzó a horadar, consumir, nutrirse de dicha Historia para devenir una suerte de escritura mutante, irónica, desmesurada, pero también emocionante, placentera, e incluso —y reconozco ciertas dudas frente al adjetivo que voy a proponer—, sincera.

    Sinceridad, entendida aquí como la continuidad de un gesto ensayado y prefigurado hasta, literalmente, sus últimas consecuencias. La «postmodernidad» de Lynch no es simplemente el apilamiento de citas: eso quedó clausurado en la jauría y el festín cinéfilo de Corazón Salvaje (Wild at Heart, 1990). Tampoco es la exploración acrítica de los formatos —al respecto, véase la reflexión de Carlos Gómez (2019: 106-123) sobre el uso del vídeo—, ni muchísimo menos el ya inevitable pacto fáustico con las nuevas plataformas de nuestros días lo que recubre y dirige su exploración personal. Antes bien, la sinceridad lyncheana tiene que ver con una cierta manera, un cierto diseño de lo que podría ser el audiovisual y lo que, a su vez, se puede esperar de una creación que lleva su nombre.

    Algunas teorías interesantes formuladas en los últimos años —especialmente, a partir del extraordinario ensayo de Pacôme Thiellement (2020)— apuntan a una suerte de desencanto, de desafección casi ética del Lynch posterior a 1999. Una cierta desconfianza hacia los parámetros del mundo, hacia la posibilidad del encuentro con una cierta paz, una cierta armonía como las que pregona en sus discursos new age sobre meditación. La idea es, queda dicho, interesante pero incompleta: Lynch se ha limitado a desmontar con mayor fiereza los propios gestos cómicos de su anterior trabajo —véase el humor infantil, pero en el fondo profundamente angustioso, de la tercera temporada de Twin Peaks—, de igual modo que se ha atrevido a tirar con la misma fuerza de los elementos disruptores, la fealdad o el propio trazo de su escritura. Negando la mayor a la aparente estetización postmoderna —véase la profunda y buscada suciedad visual en muchos de los planos de Inland Empire (2006)—, lo que queda es algo más que un simple experimento digital o una obra narrativamente compleja —la orfebrería definitiva de los mind game films o de las estructuras de guion quebradas. Lo que queda, a la salida del cine, es la sensación de haber asistido a un texto cinematográfico que desafía cualquier convención previa con la que el espectador pudiera haber entrado en la sala.

    por Aarón Rodríguez
    febrero 08, 2021

    Especial siglo XXI | «Lynch, XXI»

    por Aarón Rodríguez | febrero 08, 2021

    Todavía el viento en los árboles

    Ensayo de Rafael Guilhem sobre el cine del siglo XXI

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Al día de hoy, cualquier defensa del cine frente a toda clase de destellos, superficies y reflejos se toma por reaccionaria. Sublimar cierta pureza que reclama el ambiente visual y sonoro cada vez más contaminado nos pone en una posición zafia a ojos de quienes reclaman dejar ir los tiempos pasados para dar apertura al presente, y con ello aceptar sin más su signo definitorio: la novedad. Hemos escuchado ese alegato una y otra vez en lo que va del siglo veintiuno: Xavier Dolan, Yorgos Lanthimos, Gaspar Noé, y más recientemente, Bong Joon-ho. Cineastas de la estilización antes que del estilo. ¿Qué tienen en común estos directores? La conciencia del cine como un arte muerto que requiere de otros medios para sobrevivir. ¿Nos siguen sorprendiendo la pulcritud y el virtuosismo? Hoy lo bello es, tristemente, indisoluble de la novedad, y la búsqueda de novedad conduce irremediablemente al asedio del escepticismo. Se promulga la libertad y la diversidad de gustos que en campo abierto se reúnen en un mismo punto. Si todas las películas —o peor, todos los audiovisuales— son puestas en igualdad de condiciones, ¿cómo le damos sentido al oficio de la crítica cuya primera tarea es distinguir las películas buenas de las malas? Como bien profesa el crítico brasileño Luiz Carlos Oliveira Jr., son tiempos de discusión ad infinitum: «La crítica quiere debatir, pero no quiere criticar». Nos corresponde discernir a qué se contraponen hoy el cine y la crítica.

    En principio, a la publicidad y sus mutaciones cada vez más furtivas: la mezcla, fluidez y disolución de avatares virtuales indistinguibles. La publicidad es un excedente donde las cosas ya se han mirado (Daney). Es también una imagen que prescinde de la figura de un pedagogo —o crítico— que haga de intermediario entre ella y el público (Toubiana). Volcando la mirada a nuestro alrededor es evidente que sobran imágenes. Su abundancia es una profusión de la información (imágenes como signos) y su confusa filiación es una tabula rasa para cualquier intento de diferenciación (la innovación sobre la tradición). El juicio y el discernimiento son, con más fuerza que antes, un centro de la función crítica. Es decir, reconocer si lo que se presenta como discordante lo es, pero también —para sacar al cine de su letargo bajo sospecha— mirar lo discordante aunque no se anuncie como tal. Cuando la crítica se enfoca con mayor detenimiento en los fenómenos que rodean a las películas, se aleja inexorablemente del espacio donde se suscita la verdad y se deja atrapar por lo pintoresco. Es preciso decir que entre más nos aproximamos a la singularidad de una película más diáfanamente observamos la amplitud del mundo que trasluce. No es una faena sencilla. La crítica en la actualidad programa el doble de lo que critica, ve películas compulsivamente, se obsesiona con descubrir ante la apariencia de disponibilidad absoluta de objetos cinematográficos. ¿No es éste un gesto que traslada el hallazgo de lo «novedoso» al impulso cinéfilo? El cine se ha atrincherado con algunos vértices que le dan certeza: concepto y código como aspavientos academicistas, que es otro lado reductivo de los recursos cinematográficos. Ellos sirven a un mutuo entendimiento: los cineastas toman relevancia si consiguen reconocer, aprender y domesticar el gusto de programadores, publicistas, consumidores y, por supuesto, críticos, quienes se ven seducidos por la tarea de descifrar correctamente lo que comunica la pantalla.

    por Rafael Guilhem
    febrero 03, 2021

    Especial siglo XXI | «Todavía el viento en los árboles»

    por Rafael Guilhem | febrero 03, 2021

    Las 21 mejores películas del siglo XXI

    La redacción de EAM elige el mejor cine de 2001 a 2020

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    El 13º cumpleaños de esta cabecera y las dos décadas que ya cuenta el presente siglo nos han dado la ocasión propicia para volver la vista sobre unos años (2001-2020) que, en buena medida, son los nuestros como medio. El XXI es ya una era adulta, surgida más o menos a la par que unos cambios en los soportes cinematográficos y la exhibición que han alterado radicalmente el concepto de lo que entendemos como cine. La afirmación resulta a estas alturas una obviedad, pero nos parece que su alcance aún está por calibrar, ahora que las dos décadas que arrastramos hacen más evidente que nunca el abismo entre el cine que nos prometía —o aventurábamos ante— el albor del siglo frente a lo que este ha terminado por devenir. Para ello abrimos este especial: a lo largo de los próximos meses, irán desfilando por El antepenúltimo mohicano una serie de ensayos que nuestros redactores han dedicado a la cuestión. Sin más indicaciones para la escritura que el transmitir una visión personal y enfrentarse al tema «el cine del siglo XXI», sus reflexiones van del papel de la crítica o la evolución de los parámetros creativos al análisis de determinadas películas, géneros, cineastas o movimientos, pasando por reflexiones sobre la cinefilia o la transformación del propio cuerpo del cine. Como pistoletazo de salida, les presentamos esta lista de las 21 mejores películas del siglo XXI elegidas por nuestros redactores. La selección, muy heterogénea, da cuenta de la multiplicidad de cánones personales que alimentan este medio, y deriva de un total de 280 títulos diferentes votados por 18 de nuestros colaboradores. La acompañamos, además, de microtextos extractados de artículos de nuestro archivo o bien redactados para la ocasión. Esperamos que disfruten con nosotros de este viaje en el tiempo.

    Pueden consultar aquí las listas individuales de los redactores

    A continuación, las 21 mejores películas del siglo XXI (2001-2020), elegidas por la redacción de El antepenúltimo mohicano.

    por EAM
    enero 29, 2021

    Especial siglo XXI | Las 21 mejores películas

    por EAM | enero 29, 2021

    Las 21 mejores películas del siglo XXI

    Votaciones individuales de los redactores

    Especial 13º aniversario de EAM: el cine del siglo XXI

    Aquí pueden consultar las listas individuales de cada uno de nuestros redactores, que han elegido las 21 mejores películas del siglo XXI (2001-2020), sin más limitación que esa horquilla de años —para establecer el año se tiene en cuenta la première mundial de cada título— y el no incluir series televisivas. Para el conteo de la lista general, se han asignado 21 puntos a la primera de cada lista individual, 20 a la segunda, 19 a la tercera y así sucesivamente.

    Las 21 mejores películas del siglo XXI: lista general



    Javier Acevedo |
    1. Ways of Something (Lorna Mills/VV.AA., 2015)
    2. Disintegration Loop 1.1 (William Basinski, 2001)
    3. Southland Tales (Richard Kelly, 2006)
    4. Vai e Vem (João César Monteiro, 2003)
    5. Xilitla (Rosa Menkman, 2014)
    6. Morir como un hombre (Joao Pedro Rodrigues, 2009)
    7. Ensayo final para utopía (Andrés Duque, 2012)
    8. The Sasha (María Molina Peiró, 2019)
    9. Weekend (Andrew Haigh, 2011)
    10. Ver a una mujer (Mònica Rovira, 2017)
    11. Speed Racer (Lilly y Lana Wachowski, 2008)
    12. 35 tragos de ron (Claire Denis, 2008)
    13. American Honey (Andrea Arnold, 2016)
    14. Meek's Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)
    15. A Family Finds Entertainment (Ryan Trecartin, 2004)
    16. Ha llegado la hora de morir (Dorota Kedzierzawska, 2007)
    17. Aidol (Lawrence Lek, 2020)
    18. Still Life (Betamale) (Jon Rafman, 2013)
    19. Going South (Dominic Gagnon, 2018)
    20. El viaje de Morvern (Lynne Ramsay, 2002)
    Bonus track. Monster Movie (Takeshi Murata, 2005)

    Víctor Blanes Picó |
    1. Lazzaro feliz (Alice Rohrwacher, 2018)
    2. Jauja (Lisandro Alonso, 2014)
    3. La muerte de Luis XIV (Albert Serra, 2016)
    4. Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011)
    5. Carol (Todd Haynes, 2015)
    6. Volver (Pedro Almodóvar, 2006)
    7. No es país para viejos (Joel y Ethan Coen, 2007)
    8. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    9. Mystic river (Clint Eastwood, 2003)
    10. El topo (Tomas Alfredson, 2011)
    11. La tortuga roja (Michaël Dudok de Wit, 2017)
    12. Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)
    13. Demasiado cerca (Kantemir Balágov, 2017)
    14. El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009)
    15. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
    16. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007)
    17. Lo que arde (Oliver Laxe, 2019)
    18. El mar nos mira de lejos (Manuel Muñoz Rivas, 2017)
    19. Entre copas (Alexander Payne, 2004)
    20. Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2018)
    Bonus track. 10.000 km (Carlos Marqués-Marcet, 2014)

    Lazzaro feliz, de Alice Rohrwacher (2018); Ways of Something, de Lorna Mills/VV.AA. (2015).


    Mariona Borrull |
    1. En la playa sola de noche (Hong Sang-soo, 2017)
    2. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, 2010)
    3. Inland Empire (David Lynch, 2006)
    4. Days (Tsai Ming-liang, 2020)
    5. El cuento de la princesa Kaguya (Isao Takahata, 2014)
    6. Adiós al lenguaje (Jean-Luc Godard, 2014)
    7. La ciénaga (Lucrecia Martel, 2001)
    8. Lazzaro feliz (Alice Rohrwacher, 2018)
    9. No Home Movie (Chantal Akerman, 2015)
    10. Night Is Short, Walk On Girl (Masaaki Yuasa, 2017)
    11. Rubber (Quentin Dupieux, 2010)
    12. Le parc (Damien Manivel, 2016)
    13. El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)
    14. Gerry (Gus Van Sant, 2002)
    15. Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015)
    16. Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)
    17. Al primo soffio di vento (Franco Piavoli, 2002)
    18. Old Joy (Kelly Reichardt, 2006)
    19. Toni Erdmann (Maren Ade, 2016)
    20. National Gallery (Frederick Wiseman, 2014)
    Bonus track. Caras y lugares (Agnès Varda, 2017)

    José Luis Forte |
    1. La llamada de Cthulhu (Andrew Leman, 2005)
    2. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
    3. The Florida Project (Sean Baker, 2017)
    4. The Man from Earth (Richard Schenkman, 2007)
    5. El cuento de la princesa Kaguya (Isao Takahata, 2013)
    6. La bruja (Robert Eggers, 2015)
    7. Memories of Murder (Bong Joon-ho, 2003)
    8. Red Army (Gabe Polsky, 2014)
    9. Ahora sí, antes no (Hong Sang-soo, 2015)
    10. El señor de los anillos: El retorno del rey (Peter Jackson, 2003)
    11. Malos tiempos en El Royale (Drew Goddard, 2018)
    12. John muere al final (Don Coscarelli, 2012)
    13. Valhalla Rising (Nicolas Winding Refn, 2009)
    14. Retribution (Kiyoshi Kurosawa, 2006)
    15. El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001)
    16. Europa Report (Sebastián Cordero, 2013)
    17. Oldboy (Park Chan-wook, 2003)
    18. Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015)
    19. El imaginario del Doctor Parnassus (Terry Gilliam, 2009)
    20. Arrástrame al infierno (Sam Raimi, 2009)
    Bonus track. Twixt (Francis Ford Coppola, 2011)

    En la playa sola de noche, de Hong Sang-soo (2008); La llamada de Cthulhu, de Andrew Leman (2005).


    Elisenda N. Frisach |
    1. Érase una vez en Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011)
    2. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007)
    3. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012)
    4. Caché (Michael Haneke, 2005)
    5. Dogville (Lars Von Trier, 2003)
    6. El silencio de Lorna (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2008)
    7. Grizzly Man (Werner Herzog, 2005)
    8. Naturaleza muerta (Jia Zhangke, 2006)
    9. My Winnipeg (Guy Maddin, 2007)
    10. Parásitos (Bong Joon-ho, 2019)
    11. Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)
    12. Poesía (Lee Chang-dong, 2010)
    13. Paterson (Jim Jarmusch, 2016)
    14. El señor de los anillos: La comunidad del anillo (Peter Jackson, 2001)
    15. ¡Olvídate de mí! (Michel Gondry, 2004)
    16. El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)
    17. El arca rusa (Aleksandr Sokurov, 2002)
    18. El caballo de Turín (Béla Tarr, 2011)
    19. Un profeta (Jacques Audiard, 2009)
    20. El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008)
    Bonus track. Mundane History (Anocha Suwichakornpong, 2009)

    Júlia Gaitano |
    1. Holy Motors (Leos Carax, 2012)
    2. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
    3. Una historia de violencia (David Cronenberg, 2005)
    4. Melancolía (Lars von Trier, 2011)
    5. El señor de los anillos: El retorno del rey (Peter Jackson, 2003)
    6. Lazzaro feliz (Alice Rohrwacher, 2018)
    7. La llegada (Denis Villeneuve, 2016)
    8. Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019)
    9. Fantástico Sr. Fox (Wes Anderson, 2009)
    10. Burning (Lee Chang-Dong, 2018)
    11. Thelma (Joachim Trier, 2017)
    12. Parásitos (Bong Joon-ho, 2019)
    13. Los mundos de Coraline (Henry Selick, 2009)
    14. Moonlight (Barry Jenkins, 2016)
    15. Nadie sabe (Hirokazu Koreeda, 2004)
    16. El faro (Robert Eggers, 2019)
    17. El castillo ambulante (Hayao Miyazaki, 2004)
    18. A Ghost Story (David Lowery, 2017)
    19. ¿Dónde está mi cuerpo? (Jérémy Clapin, 2019)
    20. Verano 1993 (Carla Simón, 2017)
    Bonus track. Expiación, más allá de la pasión (Joe Wright, 2007)

    Holy Motors, de Leos Carax (2012); Érase una vez en Anatolia, de Nuri Bilge Ceylan (2011).


    Rafael Guilhem |
    1. La Fille de nulle part (Jean-Claude Brisseau, 2012)
    2. Elegía de un viaje (Aleksandr Sokurov, 2001)
    3. Frágil como el mundo (Rita Azevedo Gomes, 2001)
    4. Shara (Naomi Kawase, 2003)
    5. Elogio del amor (Jean-Luc Godard, 2001)
    6. Saraband (Ingmar Bergman, 2003)
    7. Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, 2004)
    8. Misterios de Lisboa (Raúl Ruiz, 2010)
    9. El intruso (Claire Denis, 2004)
    10. Mujeres en el espejo (Yoshishige Yoshida, 2002)
    11. Caballo Dinero (Pedro Costa, 2014)
    12. La noche es nuestra (James Gray, 2007)
    13. Una historia de violencia (David Cronenberg, 2008)
    14. ¿Qué hora es? (Tsai Ming-liang, 2001)
    15. Nuits blanches sur la jetée (Paul Vecchiali, 2014)
    16. Like Someone in Love (Abbas Kiarostami, 2012)
    17. Life Without Principle (Johnnie To, 2011)
    18. Un été brulant (Philippe Garrel, 2011)
    19. Deuda de sangre (Clint Eastwood, 2002)
    20. Étoile violette (Axelle Ropert, 2005)
    Bonus track. Parapalos (Ana Poliak, 2004)

    Emilio M. Luna |
    1. Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)
    2. Carol (Todd Haynes, 2015)
    3. El nuevo mundo (Terrence Malick, 2005)
    4. Toni Erdmann (Maren Ade, 2016)
    5. Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)
    6. Oh Boy (Jan-Ole Gerster, 2012)
    7. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
    8. The Assassin (Hou Hsiao-Hsien, 2015)
    9. Brokeback Mountain (Ang Lee, 2006)
    10. El niño de la bicicleta (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2011)
    11. Moneyball (Bennett Miller, 2011)
    12. Melancolía (Lars von Trier, 2011)
    13. Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)
    14. Oslo, 31 de agosto (Joachim Trier, 2011)
    15. Columbus (Kogonada, 2017)
    16. Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008)
    17. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    18. Un profeta (Jacques Audiard, 2009)
    19. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007)
    20. Una historia de violencia (David Cronenberg, 2005)
    Bonus track. Casa de tolerancia (Bertrand Bonello, 2011)

    Drive, de Nicolas Winding Refn (2011); La Fille de nulle part, de Jean-Claude Brisseau (2012).


    José Martín |
    1. Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006)
    2. Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015)
    3. Interstellar (Christopher Nolan, 2014)
    4. Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017)
    5. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
    6. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    7. Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)
    8. La La Land (Damien Chazelle, 2016)
    9. Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)
    10. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
    11. Her (Spike Jonze, 2013)
    12. Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001)
    13. Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)
    14. Kill Bill. Volumen 1 (Quentin Tarantino, 2003)
    15. El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006)
    16. Amor (Michael Haneke, 2012)
    17. Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010)
    18. El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009)
    19. ¡Olvídate de mí! (Michel Gondry, 2004)
    20. Mystic River (Clint Eastwood, 2003)
    Bonus track. A.I. Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001)

    Miguel Martín Maestro |
    1. Elogio del amor (Jean-Luc Godard, 2001)
    2. El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)
    3. Un couple parfait (Nobuhiro Suwa, 2005)
    4. La flor (Mariano Llinás, 2018)
    5. Café Lumière (Hou Hsiao-Hsien, 2003)
    6. En la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín, 2007)
    7. Nadie sabe (Hirokazu Koreeda, 2004)
    8. Copia certificada (Abbas Kiarostami, 2010)
    9. Hierro 3 (Kim Ki-duk, 2004)
    10. Nocturama (Bertrand Bonello, 2016)
    11. Los amantes habituales (Philippe Garrel, 2005)
    12. La idea de un lago (Milagros Mumenthaler, 2016)
    13. Kaili Blues (Bi Gan, 2015)
    14. An Elephant Sitting Still (Hu Bo, 2018)
    15. Misterios de Lisboa (Raúl Ruiz, 2010)
    16. La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky, 2017)
    17. La venganza de una mujer (Rita Azevedo Gomes, 2012)
    18. Como me da la gana II (Ignacio Agüero, 2016)
    19. El viento sabe que vuelvo a casa (José Luis Torres Leiva, 2016)
    20. El libro de imágenes (Jean-Luc Godard, 2018)
    Bonus track. La bocca del lupo (Pietro Marcello, 2009)

    Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón (2006); Elogio del amor, de Jean-Luc Godard (2001).


    Miguel Muñoz Garnica |
    1. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
    2. En la playa sola de noche (Hong Sang-soo, 2017)
    3. Pulse (Kiyoshi Kurosawa, 2001)
    4. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasethakul, 2010)
    5. Café Lumière (Hou Hsiao-Hsien, 2003)
    6. Corrupción en Miami (Michael Mann, 2006)
    7. La historia de Marie y Julien (Jacques Rivette, 2003)
    8. Shara (Naomi Kawase, 2003)
    9. El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001)
    10. Days (Tsai Ming-liang, 2020)
    11. El león duerme esta noche (Nobuhiro Suwa, 2017)
    12. Femme fatale (Brian De Palma, 2002)
    13. Viernes noche (Claire Denis, 2002)
    14. Elogio del amor (Jean-Luc Godard, 2001)
    15. El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)
    16. Vitalina Varela (Pedro Costa, 2019)
    17. Meek’s Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)
    18. Estaba en casa, pero… (Angela Schanelec, 2019)
    19. Spanglish (James L. Brooks, 2004)
    20. Tiovivo c. 1950 (José Luis Garci, 2004)
    Bonus track. Linda Linda Linda (Nobuhiro Yamashita, 2005)

    Juan José Ontiveros |
    1. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
    2. El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008)
    3. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007)
    4. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    5. Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002)
    6. El señor de los anillos: El retorno del rey (Peter Jackson, 2003)
    7. Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015)
    8. A Ghost Story (David Lowery, 2017)
    9. Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, 2011)
    10. No es país para viejos (Joel y Ethan Coen, 2007)
    11. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007)
    12. Wall•E (Andrew Stanton, 2008)
    13. Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008)
    14. Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 2006)
    15. Encontré al diablo (Kim Jee-won, 2010)
    16. Drive (Nicholas Winding Refn, 2011)
    17. ¡Olvídate de mí! (Michel Gondry, 2004)
    18. ¡Lumière! Comienza la aventura (Thierry Fremaux, 2016)
    19. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012)
    20. Pina (Wim Wenders, 2011)
    Bonus track. 2046 (Wong Kar-wai, 2004)

    Mulholland Drive, de David Lynch (2001); El árbol de la vida, de Terrence Malick (2011).


    Yago Paris |
    1. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
    2. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
    3. Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015)
    4. Holy Motors (Léos Carax, 2012)
    5. Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)
    6. The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016)
    7. It Follows (David Robert Mitchell, 2014)
    8. Hair High (Bill Plympton, 2004)
    9. Ponyo en el acantilado (Hayao Miyazaki, 2008)
    10. Videofilia (y otros síndromes virales) (Juan Daniel F. Molero, 2015)
    11. El cuento de la princesa Kaguya (Isao Takahata, 2013)
    12. Southland Tales (Richard Kelly, 2006)
    13. The Love Witch (Anna Biller, 2016)
    14. La última noche en París (Philippe Grandrieux, 2015)
    15. Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)
    16. Transformers: El lado oscuro de la luna (Michael Bay, 2011)
    17. Sueñan los androides (Ion de Sosa, 2014)
    18. Seventh Code (Kiyoshi Kurosawa, 2013)
    19. Holmes & Watson: Madrid Days (José Luis Garci, 2012)
    20. El incidente (M. Night Shyamalan, 2008)
    Bonus track. La casa lobo (Joaquín Cociña y Cristóbal León, 2018)

    Ignacio Pablo Rico |
    1. Sucker Punch (Zack Snyder, 2011)
    2. Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, 2004)
    3. Señales (M. Night Shyamalan, 2002)
    4. Exposición de amor (Sion Sono, 2008)
    5. Un tipo serio (Joel Coen, Ethan Coen, 2009)
    6. Dogville (Lars Von Trier, 2003)
    7. Evangelion 2.0: You Can (Not) Advance (Hideaki Anno, 2009)
    8. El nuevo mundo (Terrence Malick, 2005)
    9. Encontré al diablo (Kim Jee-woon, 2010)
    10. Señales del futuro (Alex Proyas, 2009)
    11. Hasta el último hombre (Mel Gibson, 2016)
    12. Grizzly Man (Werner Herzog, 2005)
    13. Érase una vez en... Hollywood (Quentin Tarantino, 2019)
    14. 50 primeras citas (Peter Segal, 2004)
    15. Breaking News (Johnnie To, 2004)
    16. En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008)
    17. El caballero oscuro (Cristopher Nolan, 2008)
    18. The Bling Ring (Sofia Coppola, 2013)
    19. Lovely Molly (Eduardo Sánchez, 2011)
    20. Resident Evil 4: Ultratumba (Paul W.S. Anderson, 2010)
    Bonus track. 15:17 Tren a París (Clint Eastwood, 2018)

    Sucker Punch, de Zack Snyder (2011); La gran belleza, de Paolo Sorrentino (2013).


    Aarón Rodríguez Serrano |
    1. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    2. Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017)
    3. Inland Empire (David Lynch, 2006)
    4. Saraband (Ingmar Bergman, 2003)
    5. Irreversible (Gaspar Noé, 2002)
    6. Tres días con la familia (Mar Coll, 2009)
    7. La cuestión humana (Nicolas Klotz, 2007)
    8. Melancolía (Lars von Trier, 2011)
    9. Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010)
    10. Retrato de una mujer en llamas (Celine Sciamma, 2019)
    11. Mia madre (Nanni Moretti, 2015)
    12. Mommy (Xavier Dolan, 2014)
    13. Shame (Steve McQueen, 2011)
    14. Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)
    15. El club (Pablo Larraín, 2015)
    16. Midsommar (Ari Aster, 2019)
    17. Mother, I am suffocating. This is my last film about you (Lemohang Jeremiah Mosese, 2019)
    18. Klimt (Raúl Ruiz, 2006)
    19. Mercado de futuros (Mercedes Álvarez, 2011)
    20. Expediente Warren: El caso Enfield (James Wan, 2016)
    Bonus track. El Gran Gatsby (Baz Luhrmann, 2013) + Trolls 2: Gira mundial (Walt Dohrn, 2020)

    Alberto Sáez Villarino |
    1. Oldboy (Park Chan-wook, 2003)
    2. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    3. Amor (Michael Haneke, 2012)
    4. Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014)
    5. Drive (Nicholas Winding Refn, 2015)
    6. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
    7. Holy Motors (Leos Carax, 2012)
    8. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
    9. The Assassin (Hou Hsiao-Hsien, 2015)
    10. Animales nocturnos (Tom Ford, 2016)
    11. El destierro (Andrey Zvyaginstsev, 2007)
    12. Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014)
    13. El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001)
    14. Frances Ha (Noah Baumbach, 2012)
    15. Zodiac (David Fincher, 2007)
    16. Mullholand Drive (David Lynch, 2001)
    17. El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008)
    18. Dolls (Takeshi Kitano, 2002)
    19. Incendies (Denis Vileneuve, 2010)
    20. Carol (Todd Haynes, 2015)
    Bonus track. Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008)

    El sueño de Ellis, de James Gray (2013); Oldboy, de Park Chan-wook (2003).


    Rubén Seca |
    1. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
    2. Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
    3. Huevo (Semih Kaplanoglu, 2007)
    4. Miel (Semih Kaplanoglu, 2010)
    5. El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, 2015)
    6. El hijo de Saúl (László Nemes, 2015)
    7. Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Kim Ki-duk, 2003)
    8. An Elephant Sitting Still (Hu Bo, 2018)
    9. Boyhood (Richard Linklater, 2014)
    10. Copia certificada (Abbas Kiarostami, 2010)
    11. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007)
    12. Still Walking (Hirokazu Koreeda, 2008)
    13. The Assassin (Hou Hsiao-hsien, 2015)
    14. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    15. Martin Eden (Pietro Marcello, 2019)
    16. La segunda noche (Eric Pauwels, 2016)
    17. La caza (Thomas Vinterberg, 2012)
    18. El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017)
    19. El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020)
    20. Carol (Todd Haynes, 2015)
    Bonus track. Adiós al lenguaje (Jean-Luc Godard, 2014)

    David Tejero |
    1. El sueño de Ellis (James Gray, 2013)
    2. Sueño de invierno (Nuri Bilge Ceylan, 2014)
    3. Mystic River (Clint Eastwood, 2003)
    4. Lincoln (Steven Spielberg, 2012)
    5. El caimán (Nani Moretti, 2006)
    6. Deuda de honor (Tommy Lee Jones, 2014)
    7. La guerra de los mundos (Steven Spielberg, 2005)
    8. Zodiac (David Fincher, 2007)
    9. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
    10. The Congress (Ari Folman, 2013)
    11. Los canallas (Claire Denis, 2013)
    12. Tú y yo (Bernardo Bertolucci, 2012)
    13. Aliados (Robert Zemeckis, 2016)
    14. Más allá de las montañas (Jia Zhangke, 2015)
    15. Eden (Mia Hansen Love, 2014)
    16. Cemetery of Splendour (Apichatpong Weerasethakul, 2015)
    17. Corrupción en Miami (Michael Mann, 2006)
    18. Femme fatale (Brian De Palma, 2002)
    19. Amar, beber y cantar (Alain Resnais, 2014)
    20. Casa de tolerancia (Bertrand Bonello, 2011)
    Bonus track. Un hombre sin pasado (Aki Kaurismaki, 2002)

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