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    Era un secreto a voces. La última película del director danés Nicolas Winding Refn, The neon demon —que mantendrá su título original—, llegará a las salas españolas gracias a Surtsey Films. La distribuidora madrileña, que este año ha estrenado algunos hits inesperados como Fatima, Corazón gigante o El juez, será la valiente que se atreva con el último trabajo de un director que nunca deja a nadie indiferente. Prueba de ello fue su paso por la sección oficial del Festival de Cannes, donde congregó a numerosos detractores pero también a muchos seguidores. Este fue el caso de nuestro compañero Alberto Sáez Villarino, que la eligió como la mejor película del certamen galo. El filme, protagonizado por Elle Fanning, Keanu Reeves, Christina Hendricks, Jena Malone, Bella Heathcote, Abbey Lee y Desmond Harrington, se adentra en el competitivo mundo de la moda con una historia sobre belleza y muerte encabezada por una aspirante a modelo (Fanning) que es elegida para ser la cabeza de una campaña, algo que despertará el odio de sus compañeras. Winding Refn se sigue alejando de Drive (2011), su largometraje más accesible, para proseguir la senda que inició con obras como Bronson (2009), Valhalla Rising (2009) y la notable Solo dios perdona (2014). Como es habitual para el autor de Copenhague, antes de su estreno comercial —probablemente en diciembre— competirá en el máximo apartado del Festival de Sitges. Vaticinamos que dejará huella en tierras catalanas. A continuación, un extracto de la reseña de Alberto Sáez desde la riviera francesa. Durante las próximas semanas publicaremos tanto una crítica completa como un ensayo sobre The neon demon.

    «[...] La representación de la mujer como encarnación del mal, constante objeto de estudio en el mundo de las artes desde que Freud recurriera a su alegoría de “La vagina dentata”, alcanza en esta película una cumbre metafórica de la ritualidad del sexo y la belleza, al trasladar sus directrices hacia el extremadamente competitivo mundo de las “top models”. Se trata de manifestar, o insinuar, alegóricamente la monstruosidad que alberga la belleza. Como Cronenberg, Refn parece cada vez más obsesionado con la estética de lo grotesco, de lo horrible, y no sólo en el evidente proceder violento, demasiado exprimido por el posmodernismo estridente d.T. —después de Tarantino—, sino también en el físico, la maravillosa perfección del cuerpo femenino y su delicadeza que da paso a la aberrante mutación del horror, es la nueva carne extrapolada a un extremismo cromático y lumínico impresionista. El realizador plantea un trabajo absolutamente contemplativo, un poema visual de lectura reflexiva expuesto bajo sutiles movimientos panorámicos de cámara que recorren el espacio flemáticamente, de izquierda a derecha y de arriba abajo, permitiendo que descubramos todos los matices ocultos en el fabuloso lienzo que mezcla con astucia el tenebrismo caravaggista y la intensidad metafísica de Chirico. Refn permuta escenas de temporalidad ordinaria con otras alteradas en las que juega con el silencio del diálogo, los contrastes auditivos de la música y el onirismo de las imágenes, todo para exaltar el misticismo que desprende la figura de Jesse, una nueva modelo que acaba de llegar a Los Ángeles y que todo el mundo asegura que es la gran promesa de la belleza futura.

    Enmarcando el relato en un barroquismo estético basado en estampados animales, dramáticos dibujos en el papel de las paredes y luces de neón polícromas que iluminan el rostro de las modelos intermitentemente sobre un fondo inexistente —ora negro, ora blanco—, se incide sobre los conceptos de la pureza del atractivo físico, la depredación por la fama, la superficialidad y la pérdida de la inocencia, representada por la alienación de la protagonista; un ente de perfección inenarrable que alberga una sexualidad contenida y virginal. Los peligros del ideal tangible sobre los que descansan las delicadas formas de la venus, residen en los férreos enemigos que desdeñarán la belleza inalcanzable por envidia incontrolable, enemigos que serán vestidos de supermodelos antropofágicas, instrumentos necesarios para que se cumpla el proceso mutacional de la nueva carne. Ríos de sangre emanarán de la vagina de sus amantes enemigas al demonizar el sexo femenino como el causante de todos los problemas del mundo moderno; el cuerpo impuro no es apto para albergar en su interior la sublimidad escultural, y la rechaza su perfección violentamente con la sangre como vehículo. La progresiva esterilización de la imagen le da la oportunidad al realizador de priorizar el estilo sobre el argumento, las formas sobre la narrativa, la hiperrealidad sobre la corporeidad. Los silencios serán otra de las claves para entender el guion, utilizando los largos espacios entre palabras como un potente recurso expresivo; un gesto en apariencia simple pero poderosamente efectivo en un espectador acostumbrado a una cierta abundancia sonora. Puede que The Neon Demon haya acogido algunas de las críticas más airadas del festival pero, pese a ello, ningún asistente de la sala se atrevió a moverse de la butaca, ya no con los créditos finales, sino hasta que la pantalla se fundió a un negro definitivo cortando de raíz esa imagen narcótica que los contuvo con total dependencia».

    por Emilio M. Luna
    agosto 16, 2016

    Exclusiva: Surtsey Films estrenará “The neon demon” de Nicolas Winding Refn en España

    por Emilio M. Luna | agosto 16, 2016
    Tempestad

    Tras el éxito del foco realizado en 2009 en torno al cine dirigido por mujeres en Rusia, la 51ª edición del más importante certamen de cine en Centroeuropa, el Festival Internacional de Karlovy Vary, que tendrá lugar del 1 al 9 de julio, dedicará una mirada a las voces femeninas del cine mexicano surgidas durante el nuevo siglo, y que han tenido una especial relevancia en el último lustro. A través de nueve películas se podrán apreciar unos puntos de vista muy personales, en ocasiones incluso autobiográficos, lo cual dará como resultado un ciclo heterogéneo a pesar de ciertos factores formales comunes, y temas recurrentes. Entre los problemas que asolan el país norteamericano, uno de lo que más se ha afrontado desde su cinematografía (especialmente en el género documental), es el de las guerras internas creadas por el Crimen Organizado, en las que las víctimas siempre son los más inocentes. Dos de estos damnificados son las protagonistas de Tempestad (2016) de Tatiana Huezo, estimulante ejercicio presentado en la sección Forum de la última Berlinale, y exhibida en nuestro país en DocumentaMadrid, donde recibió una mención especial por parte del jurado. Unas mujeres marcadas por las ausencias (no por casualidad, el anterior trabajo de Huezo llevaba ese título), cuyas historias son demasiado duras para mostrarse (y menos aún recrearse); es por ello que la realizadora opta por dejar en off los testimonios, dando una libertad y capacidad al espectador de configurar el relato pocas veces vista.

    Huezo incide además en la herencia en ruinas que le quedará a la infancia, provocada por la destrucción de pueblos autóctonos, la pobreza, la orfandad, la falta de educación o la maternidad en solitario. También aborda estas cuestiones el cine de Victoria Franco, de quien se proyectarán dos trabajos de 2013, su cortometraje Borde, y A los ojos, el largometraje codirigido con su hermano, el reconocido Michel Franco (Después de Lucía -2012-, Chronic -2015-, ambas premiadas en Cannes). El mundo rural, en progresiva desaparición, ocupa otro papel importante en el premiado documental Los reyes del pueblo que no existe (2015), de la joven Betzabé García, abordando la vida de tres familias de un pueblo parcialmente sumergido del noroeste del país, el cual se niegan a abandonar. Lo mismo les ocurría a los protagonistas de Fogo (2012), ficción contemplativa de Yulene Olaizola, conocida por su muy galardonada ópera prima, Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo (2008). La directora sale de sus fronteras para situarse en una isla canadiense, dominada por sus vastos paisajes y una climatología que hace muy complicada la vida humana, a pesar de que hay quienes han establecido allí su hogar.

    Otra tendencia dentro de los trabajos de estas directoras es la de abordar cuestiones en torno a las relaciones humanas más universales, actuales y disfuncionales, tanto de pareja como familiares, en una época dominada por la soledad y la cobardía. Destaca la presencia de Los insólitos peces-gato (2013), contenida y emocional ópera prima de Claudia Sainte-Luce, estrenada en España el pasado año, de esencia positiva y esperanzadora a pesar de hacer referencias a cuestiones como la enfermedad, tanto física como social. Lo mismo ocurre en Sabrás qué hacer conmigo (2015), de Katina Medina Mora, que ha llegado hace solo unas semanas a los cines de su país. En El placer es mío (2015), Elisa Miller continúa el camino marcado por su cortometraje ganador de la Palma de Oro en Cannes Ver llover (2006), que analiza el inicio, la evolución y la conclusión de un noviazgo. Alejandra Márquez Abella, tras un laureado cortometraje, 5 recuerdos (2009) y el documental Mal de tierra (2011), completa con Semana Santa (2015) esta selección que esperamos que abra los ojos de los espectadores a esta generación de interesantes cineastas.

    por Sofía Pérez Delgado
    junio 17, 2016

    La 51ª edición del Festival de Karlovy Vary dedicará una mirada a la nueva generación de directoras mexicanas

    por Sofía Pérez Delgado | junio 17, 2016

    Buena apertura de la competición de Cannes. Para empezar, la reunión familiar de Cristi Puiu, que aglutinó bastante buenos comentarios en el primer pase de ayer noche. Tres horas de película para retratar la Rumanía pasada y futura que demuestran el poderío narrativo de Puiu. Algo que se puede traducir en un premio a la mejor dirección. Nuestro compañero Alberto Sáez Villarino la ha calificado como una «maravillosa analogía de la decadencia y la irrelevancia del destino individual en clave de un humor irresistible» en su crítica. El resto de presentaciones de la mañana han estado un escalón por debajo pero han dejado un buen sabor de boca. Es el caso de la nueva alegoría de Alain Guiraudie, premio a la mejor dirección de Un Certain Regard hace dos años con El desconocido del lago. El cineasta galo ha sorprendido al respetable con una fábula sobre la paternidad con ambientación bucólica pero aura cosmopolita que vuelve a remezclar géneros con solturas. Fuera de concurso se ha presentado el thriller Money Monster, cuarto filme de Jodie Foster que aborda a ese monstruo llamado televisión desde la perspectiva de un secuestro. La película ha dividido a la crítica que la ha encontrado tan enérgica como manipuladora. Se ha destacado la gran interpretación de Jack O'Connell, héroe por sorpresa al que descubrimos en '71 y Starred up. A continuación, y como anticipo a nuestra segunda crónica, unas píldoras sobre este segundo día en la riviera francesa.

    Reacciones a Sieranevada









    Reacciones a Money Monster










    Reacciones a Rester Vertical









    por EAM
    mayo 12, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Puiu convence, Guiraudie descoloca & Foster divide

    por EAM | mayo 12, 2016

    Primer acto

    Editorial sobre la segunda jornada del 69º Festival de Cannes.

    Para comenzar, una advertencia a propósito de la levedad de los comentarios que brotan tras cada pase en Cannes. Son únicamente una guía, el primer paso en el camino. En el certamen galo hay más de 5.000 opiniones acreditadas, con sus respectivos criterios, que desenfundan tweets con celeridad, sin lugar para la maduración. La inmediatez domina los juicios, es por ello que todo este torrente informativo, acompañado por un halo catedrático y divulgativo, se diluirá con el paso de los meses y finalizará cuando arribe a las salas comerciales. No olviden que son ustedes los que deciden. Infórmense, pero después fórmense, no den nada por hecho. Cannes es un auténtico devorador de nombres, de propuestas, donde la unanimidad es el Santo Grial, donde la heteredoxia es una fugitiva aplacada sin piedad. Así pues, filmes como Rester Vertical están destinados a dividir y a ser abrazados por la cinefilia maldita. El anterior largometraje de Alain Guiraudie, El desconocido del lago, sufrió su primer tropezón en la Riviera francesa para después ser aclamado en otros eventos. Guiradie, uno de los nuevos estandartes del queer cinema, se maneja como nadie en los márgenes. Capaz de virar del romántico al terror en tan sólo unos minutos, la capacidad magnética de su cine lo sitúa en la primera línea de combate. Así lo ha visto Thierry Frémaux y su equipo: «Es la hora de jugar con los mayores». Guiraudie luchará por primera vez por la Palma de Oro con una historia sobre la búsqueda, acelerada para más señas, de uno mismo, de alguien anclado en el futuro, y de una inspiración esquiva. Laure Calamy, Damien Bonnard, India Hair, Christian Bouillette y Raphaël Thierry son sus intérpretes protagonistas. No esperen un mar de loas.

    En otra liga participa la cita estadounidense del día, que será proyectada fuera de concurso. La cuarta película de Jodie Foster, Money Monster, se adentra en terrenos recurrentes del thriller contemporáneo: el primetime como serial killer. Un planteamiento con héroes y villanos de roles invertidos: Lee Gates (George Clooney) es un famoso presentador de televisión, conocido por ser uno de los gurús de Wall Street, o un telepredicador encubierto que encontrará la horma de su zapato cuando el joven Kyle Budwell (Jack O'Connell) decida secuestrarlo en pleno programa con la excusa del estrépito económico de su familia tras una inversión fallida. Un punto de partida muy interesante que también augura un camino narrativo bastante lógico. Money Monster es la justificación de Cannes para que gigantes mediáticos como Julia Roberts o el mencionado Clooney paseen palmito por la Croisette. Una nube de flashes cegará al gran público durante unas horas. En esos momentos, otros anónimos buscan su momento de gloria parapetados en otras secciones del festival. A la sombra del apartado oficial, hoy abren fuego Un certain regard, la Semana de la Crítica y la Quincena de Realizadores con fuerte presencia de la cinematografía de Oriente Próximo. A la tarde, en la sala Debussy, primer pase del renacimiento de un grande: Ken Loach, que vuelve, una vez más, para despedirse con I, Daniel Blake, el enésimo tributo del cineasta al trabajador británico; en esta ocasión, centrado en un carpintero con problemas cardíacos que debe solicitar la baja. Un hecho que, por supuesto, provocará (como a cualquier miembro del vulgo) un terremoto burocrático y emocional con pocas salidas. I, Daniel Blake es una producción de BBC que cuenta con el guion de Paul Laverty y la participación de Hayley Squires, Natalie Ann Jamieson, Dave Johns, Micky McGregor y Colin Coombs en su reparto. El filme definitivo de Loach (a priori) es su décimo novena participación en Cannes, casi nada.


    por EAM
    mayo 12, 2016

    Festival de Cannes 2016 | El conocido del lago

    por EAM | mayo 12, 2016

    Comienza la cita cinematográfica más importante del año, y lo hace con una fuerza inusitada en este tipo de certámenes. Las dos películas que se presentaban a prensa se han saldado, bajo nuestra humilde óptica, con un gran éxito debido a sendos ejercicios de realización impecables. La apertura no podría haber sido más apropiada, consiguiendo que el ritmo y la dinámica del metraje se apoderaran del humor de unos agradecidos asistentes, quienes premiaban con aplausos el ineludible talento y la soltura creativa de un genio del humor que ya no sólo presume de ingenio retórico, sino también de eficiente frecuencia. El segundo filme mantenía el buen humor aunque con un trasfondo mucho más dramático y un montaje muy pausado y sobrio que acentuaban las tres horas de duración de este fabuloso ejercicio sociológico llamado Sieranevada. Como no podía faltar en la mítica sesión de las 19.00 en la sala Debussy, el recurrente y legendario grito de “¡Raúl!” no se hizo esperar antes de la proyección y, además, sonó con atronadora firmeza logrando los aplausos de los veteranos que ya conocen la historia, y la incertidumbre de los neófitos que viven cada excentricidad cannoise con una mezcla de júbilo y terror. Cannes… There we go!

    CAFÉ SOCIETY

    Woody Allen, Estados Unidos, 2016 / Inauguración (Fuera de Competición).

    La risa del escéptico lo confirma. Woody Allen, cuyos estrenos se convirtieron en una inevitable rutina anual para muchos agnósticos del ingenio del neoyorquino, consigue conciliar a la crítica por medio de aquello que mejor sabe hacer: el humor. Con una sonora carcajada unánime, el público de la sala Debussy se deja llevar distraído a través de los nuevos desasosiegos amorosos del hipocondríaco cinematográfico por antonomasia. La ecuación de Café Society parecía infalible desde el principio; Woody Allen y Steve Carell, dos leyendas del humor que revolucionaron la forma de entender la comicidad en dos momentos muy diferentes de la evolución fílmica —la proclamación de la comedia romántica como género independiente y el asentamiento de la televisión como competidor acérrimo del largometraje respectivamente—, unidas en un proyecto que amalgama experiencia y renovación a partes iguales. La película abre con una fotografía que desconcierta tanto por su belleza como por un inquietante aire de inusitada gravedad estilística. El tres veces ganador del Óscar, Vittorio Storaro (Apocalypse Now, 1979) presenta sus credenciales mediante un azulado filtro, bastante más contrastado de lo que acostumbramos a ver en los trabajos del realizador, que nos descubre un cambio inicial de óptica y enfoque. La composición enmarca un paisaje romántico vivificado por una luminosidad exterior que, con sus destellos, impregna la imagen de un toque de sublime irrealidad que se enfrenta a la oscura sobriedad con la que son representados los escenarios interiores. Un contraste visual que acompañará al conflicto clasista apreciable entre la fastuosa escena hollywoodiense, llena de celebridades del mundo del espectáculo, y el panorama provinciano-folclórico, ejemplificado en una familia de judíos de Brooklyn, cuna de Bobby, el protagonista del filme, que decide hacer un viaje de costa a costa para visitar a su exitoso tío Phil, de quien espera un empujón en su incipiente carrera profesional en Los Ángeles. Tras una llegada un tanto turbulenta, marcada por la imposibilidad de Phil para encontrar un hueco libre en su agenda donde encajar a su sobrino, y la aparición de prostitutas judías sin experiencia laboral, el joven por fin logra una oportunidad que le lleva a encontrarse en una posición muy cómoda rodeado de todos los actores que siempre había admirado. Entonces surge el ineludible dilema sentimental, un triángulo amoroso caracterizado por un juego de certezas e incertidumbres en el que el protagonista se mantiene en una posición ingenuamente neutral hasta que es expulsado del juego de forma dolorosa y tiene que volver a casa. La parodia se mezcla muy sutilmente con el romanticismo gracias al gran oficio del veterano quien, aprovechando un misterioso fallo de electricidad, deja a los amantes bajo la luz de las velas en una composición inmaculada de la escena romántica perfecta.

    Establecido de nuevo en Nueva York, Bobby rehace su vida como regente del Café Society, un local glamuroso que mantiene unida a su familia, la cual ha encontrado una estabilidad existencial gracias a las pertinentes soluciones que Ben, el hermano mafioso de Bobby, encuentra para cualquier problema que pueda aparecer. Todo funciona como un reloj hasta que, de improviso, reaparece en la vida del protagonista su antiguo amor: Vonnie, a quien ya había encontrado un conveniente “reemplazo”. Una vez más, los designios del amor harán de las suyas ampliando ese triángulo a un cuarteto emocional. Allen evita demonizar a sus personajes, ni siquiera a aquellos que se enfrentan directamente contra el héroe, para restar dramatismo superficial a un mensaje que, en sus entrañas, es absolutamente devastador. El realizador simplifica los esquemas patriarcales y los lleva a un nivel de divertimiento y parodia extremo, caricaturizando como es habitual en él los clichés básicos del judaísmo. Sin embargo, si llevamos la mirada hasta un campo más profundo, alejado de todo ese histrionismo cómico, encontramos un mensaje desolador sobre la impotencia y la soledad del enamorado no correspondido. Dentro de un divertidísimo envoltorio, el director compone un retrato asombroso de dos personajes —Jesse Eisenberg y Kristen Stewart— que, en su brillante interpretación, son capaces de exteriorizar diferentes estados de ánimo con asombrosa naturalidad y una expresividad capaz de ilustrar fehacientemente los trabajos de personología de Charles Le Brun. (75/100).

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 12, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 1. Críticas: Café Society / Sieranevada

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 12, 2016
    Woody Allen en la Croisette

    En la previa de la jornada nos preguntábamos qué versión de Woody Allen veríamos en el pistoletazo de salida de la 69ª edición del Festival de Cannes. Y ya tenemos respuesta. Allen ha entusiasmado a la crítica en el primer pase de la mañana con una historia sobre el amor y las oportunidades perdidas aparentemente envuelta en un halo ligero y cómico pero que esconde melancolía en cada uno de sus personajes. La unión con el director de fotografía Vittorio Storaro, además, le otorga a la película un empaque visual complejo y elegante, elevando la propuesta de Allen como nadie cabría esperar. En el apartado interpretativo se ha destacado a una más que correcta Kristen Stewart como puntal emocional de un filme que incluso ha recibido las loas de la habitualmente reacia prensa británica. Eso sí, a lo largo del mediodía han llegado las impresiones de los periodistas estadounidenses y, como es habitual, la acogida ha sido bastante inferior a la europea. De entre todas, nos quedamos con un extracto de Owen Gleiberman de Variety: «Quizás no sea del todo un éxito, porque es una de esas películas de Allen que sigue hablando de la pasión en lugar de hacer que el público realmente la sienta». Les dejamos con las primeras reacciones. Esta noche, la crítica en nuestra crónica.

    Primera impresión de nuestro enviado especial Alberto Sáez Villarino


    + Reacciones











    por EAM
    mayo 11, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Woody Allen da brillo a la apertura

    por EAM | mayo 11, 2016

    A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo. Se detiene un instante, se lleva una mano a la frente sudorosa, se limpia y sin transición cede las herramientas a otro compañero de encierro que presto le sustituye y sigue golpeando y golpeando abriendo la brecha a sus pies. Observamos absortos lo que creemos que no lograrán, pero poco a poco el suelo cede. Pasan los minutos y nuestro estupor se convierte en convencimiento: ¡lo conseguirán! Y así la emoción de esos prisioneros se traslada al espectador, haciéndole partícipe del trabajo, del esfuerzo, de la lucha por la libertad que comparten quienes así luchan por ganársela. El tono frío y documental de la escena se transforma románticamente en toda una metáfora de la pelea contra las fuerzas que los mantienen encerrados. Así el director Jacques Becker en su película La evasión (Le trou, 1960) convierte en exaltación pura los minutos que se nos pudieran antojar interminables de esa escena que consiste en mostrarnos unas manos golpeando sin descanso un trozo de cemento. Este tono documental es el que sustenta todo el filme, el cual hace creíble cada paso, cada acción, cada decisión y tarea del grupo de presos en su camino hacia la liberación. Y al mismo tiempo que se torna verídico y real a nuestros ojos nos obliga a compartir sus esfuerzos y sus ilusiones, a sufrir los momentos de peligro y a anticipar el aire limpio de la madrugada en una calle desierta de la ciudad cuando comienzan a atisbar que alcanzarán su objetivo. La evasión es sin duda una de las más apasionantes cintas de fugas jamás rodada, modélica e imitada hasta la saciedad, a la vez única y solitaria en su forma de narrarnos el esfuerzo colectivo en busca de un bien común. Perfecta en su desenlace en el cual una sola frase formada por dos palabras resume el espíritu de quienes mantienen todo su orgullo intacto e indestructible hasta en los peores momentos pues se ha trabajado y peleado con honor. No por menos tan pocas y austeras sílabas se han convertido en historia del cine, una secuencia mítica e inolvidable que culmina la obra maestra de Jacques Becker. Su última película: la muerte no le permitió ni tan siquiera asistir a su estreno.

    Jacques Becker inicia su carrera como ayudante de dirección trabajando para Jean Renoir. El profundo humanismo y el deseo de captar la realidad en todo su detalle de este serán reconocibles en su labor posterior de dirección que comienza con dos cortometrajes, su participación en un documental colectivo financiado por el partido comunista y un largometraje que no terminó (otro director completaría el trabajo). Su primer filme en solitario sería Dernier atout (1942), un relato detectivesco enmarcado en la clásica trama de descubrir al culpable, un whodunit (¿quién lo hizo?) tradicional que ya marcaría la forma de trabajar de Becker: historias de género a las que el brillante autor haría romper sus barreras gracias a su lúcida mirada. No menos curiosas y atípicas son sus otras incursiones en el género negro: Goupi mains rouges (1943) o la sensacional No tocar la pasta (Touchez pas au grisbi, 1954), sin olvidar su memorable retrato del mundo de los apaches, como se denominaba a los criminales franceses de finales del siglo XIX, en la romántica y esplendorosa París, bajos fondos (Casque d’or, 1952), o su liviana pero elegante adaptación de las andanzas del ladrón de guante blanco Arsenio Lupin, la maravillosa creación del escritor Maurice Leblanc, en Las aventuras de Arsenio Lupin (Les aventures d’Arsène Lupin, 1957). En la retrospectiva que rendirá homenaje a Jacques Becker dentro del próximo Festival de Cine de San Sebastián, su edición número 64, podremos ver toda su filmografía, trece películas entre las que además de las citadas se exhibirán las comedias dramáticas de esquiva adscripción genérica, muchas de ellas inéditas en nuestro país, cuya evolución lleva del clasicismo de los años cuarenta a la anticipación en sus filmes finales del movimiento que revolucionaría el cine francés en los años 60: la nouvelle vague. Falbalas (1945), cuyo corazón gira en el exuberante mundo de la moda, Se escapó la suerte (Antoine et Antoinette, 1947), Rendez-vous de juillet (1949), esta todo un soplo de vida y juventud ambientado en los antros de jazz parisienses, Édouard et Caroline (1951), Rue de l’Estrapade (1953), las coloristas aventuras protagonizadas por el popular cómico Fernandel de Alí Babá y los cuarenta ladrones (Ali Baba et les 40 voleurs, 1954) y el melodrama centrado en los últimos días de vida del pintor Amedeo Modigliani Los amantes de Montparnasse (Les amants de Montparnasse, 1958). Una oportunidad irrepetible de admirar la obra de Jacques Becker en pantalla grande en un paseo fascinante por su legado.

    Retrospectiva

    Le commissaire est bon enfant, le gendarme est sans pitié (1935).
    La vie est à nous (1936).
    Dernier atout (1942).
    Goupi mains rouge (1943).
    Falbalas (1945).
    Se escapó la suerte (1946).
    Rendez-vous de Juillet (1949).
    Édouard et Caroline (1950).
    París bajos fondos (1952).
    Alí Baba y los cuarenta ladrones (1953).
    Rue de L'estrapade (1953).
    Touchez pas au grisbi (1954).
    Las aventuras de Arsenio Lupin (1956).
    Los amantes de Montparnasse (1958).
    La evasión (1960).

    por José Luis Forte
    mayo 10, 2016

    Escapando de la prisión burguesa: una retrospectiva dedicada a Jacques Becker en el 64 Festival de Cine de San Sebastián

    por José Luis Forte | mayo 10, 2016
    Laura

    Uno de los festivales más coquetos y acogedores dentro del circuito de la Categoría A calienta motores; y a lo grande. El primer anuncio que ha realizado la organización del KVIFF, encabezado por su delegado general, Karel Och, no ha podido ser mejor. El certamen de la pequeña ciudad checa realizará un homenaje en forma de retrospectiva a uno de los grandes directores del cine norteamericano: Otto Preminger. Nacido en 1905 en Wiznitz (por entonces, parte integrante del Imperio austrohúngaro), Preminger comenzó su carrera en Austria. Tras una primera incursión en la producción erótica (Lulú) y comunista (Roar China), obtuvo el beneplácito de la crítica de su país con Die Grosse Liebe (1930). Pero sería al otro lado del Atlántico, en su exilio estadounidense, donde desarrolló el grueso de una carrera que se caracterizó por el riesgo y la valentía fuera cual fuera el género. Bajo el amparo de Darryl F. Zanuck, y tras ser rechazado por Wallace Beery para la dirección de Nancy Steele Is Missing! (1937), comenzó una fructífera filmografía que le llevó a su primer gran hito con Laura (1944), un noir de la 20th Century Fox protagonizado por Gene Tierney y Dana Andrews que fue nominado a cinco premios Óscar. Precisamente, la sexta obra de Preminger es la cabeza de cartel de esta retrospectiva que se podrá ver en el Grand Hall de Karlovy Vary y que estará completada por siete filmes más: La luna es azul (The moon is blue, 1953), encabezada por William Holden y David Niven y ganadora del Globo de Oro a mejor comedia o musical; El hombre del brazo de oro (The Man With the Golden Arm, 1955), liderada por Frank Sinatra, Eleanor Parker y Kim Novak y nominada a tres Oscars; Buenos días, tristeza (Bonjour tristesse, 1958), protagonizada por Jean Seberg, David Niven y Deborah Kerr; Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, 1959), interpretada por James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, Arthur O'Connell y George C. Scott y nominada a siete Oscars (incluido el de mejor película); Éxodo (Exodus, 1960), con Paul Newman, Eva Marie Saint y Ralph Richardson, candidata a 3 Oscars; y Tempestad sobre Washington (Advise & Consent, 1963), con los actores Walter Pidgeon, Don Murray, Charles Laughton y Henry Fonda en su reparto, y seleccionada para la Sección Oficial del Festival de Cannes. Cerrará el programa el documental sobre el autor austro-estadounidense Preminger: Anatomy of a Filmmaker, realizado por Valerie A. Robins. Así pues, Karlovy Vary se rendirá ante uno de los nombres clave del cine norteamericano durante el periodo del código Hays, capaz de tumbar la censura con su talento y personalidad. «Podría ser un auténtico matón en el set y destruir a cualquiera, así como el más ingenioso y encantador compañero que podrías encontrar entre el vino y el caviar», mantenía la actriz Deborah Kerr. Ahora el público checo podrá disfrutar de su legado. El Festival de Karlovy se celebrará desde el 1 al 9 de julio.

    por EAM
    mayo 08, 2016

    La 51ª edición del Festival de Karlovy Vary rendirá tributo a Otto Preminger

    por EAM | mayo 08, 2016

    El Sindicato de Directores de Estados Unidos (DGA, Directors Guild of America) está de aniversario: cumple nada más y nada menos que 80 años, efeméride que ha aprovechado para instar a 2.189 de sus miembros a escoger las 80 películas mejor dirigidas de la Historia del Cine. Tan interesante como previsible (doblete final de Sergio Leone aparte), la selección incluye tan sólo seis producciones no anglosajonas (dos japonesas —ambas de Akira Kurosawa, empezando por Los siete samuráis en el puesto 26— y cuatro italianas), cuatro obras del siglo XXI (pero ninguna hasta el puesto 55, ocupado por Avatar), dos previas a los años 40 (Lo que el viento se llevó y El mago de Oz, ambas dirigidas por Victor Fleming en 1939, situadas en los puestos 9 y 12, respectivamente) y una dirigida por una mujer (En tierra hostil, de Kathryn Bigelow, en 56º lugar). Las omisiones son por consiguiente tantas y tan escandalosas que no merecen siquiera mención, aunque los admiradores de la obra de Chantal Akerman, Pedro Almodóvar, Robert Altman, Theo Angelopoulos, Michelangelo Antonioni, Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Jane Campion, Charles Chaplin, Jean-Luc Godard, Abbas Kiarostami, Krzysztof Kieślowski, Richard Linklater, Ernst Lubitsch, Yasujirō Ozu, Nicholas Ray, Satyjajt Ray, Roberto Rossellini, François Truffaut, Wim Wenders, Wong Kar-Wai y Zhang Yimou probablemente se rían por no llorar. En la otra cara de la moneda, Stanley Kubrick (nominado en su día al Razzie a peor realización por El resplandor) y Steven Spielberg han colado cinco filmes cada uno en el listado, si bien es Francis Ford Coppola quien, además de liderarlo con El padrino, cuenta con tres producciones en el top 10. Triple es también la aparición del que posiblemente sea el cineasta vivo más respetado, Martin Scorsese, tan sólo un paso por detrás de la cuádruple presencia del maestro del suspense, Alfred Hitchcock, que sin embargo no aparece hasta el puesto 29 con Vértigo (la mejor película de la historia según la última votación de la prestigiosa revista Sight & Sound). Como curiosidad, tan sólo veinticuatro de las ochenta cintas elegidas obtuvieron en su día el galardón de este mismo gremio, demostrándose nuevamente cuán volátil es el canon cinematográfico.

    1. El padrino (Francis Ford Coppola, 1972)
    2. Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941)
    3. Lawrence de Arabia (David Lean, 1962)
    4. 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968)
    5. Casablanca (Michael Curtiz, 1942)
    6. El padrino: parte II (Francis Ford Coppola, 1974)
    7. Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)
    8. La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993)
    9. Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, George Cukor y Sam Wood, 1939)
    10. Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990)
    11. Chinatown (Roman Polanski, 1974)
    12. El Mago de Oz (Victor Fleming, 1939)
    13. Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980)
    14. Tiburón (Steven Spielberg, 1975)
    15. ¡Qué bello es vivir! (Frank Capra, 1946)
    16. Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964)
    17. Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994)
    18. El graduado (Mike Nichols, 1967)
    19. La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977)
    20. Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
    21. La ley del silencio (Elia Kazan, 1954)
    22. Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)
    23. E.T. El extraterrestre (Steven Spielberg, 1982)
    24. Annie Hall (Woody Allen, 1977)
    25. Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998)
    26. Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954)
    27. La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)
    28. En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981)
    29. Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958)
    30. El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950)
    31. Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962)
    32. Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)
    33. Centauros del desierto (John Ford, 1956)
    34. Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994)
    35. Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952)
    36. Fellini, ocho y medio (8 ½) (Federico Fellini, 1963)
    37. El tercer hombre (Carol Reed, 1949)
    38. Los mejores años de nuestra vida (William Wyler, 1946)
    39. La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)
    40. El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957)
    41. Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959)
    42. Alguien voló sobre el nido del cuco (Miloš Forman, 1975)
    43. Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965)
    44. Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)
    45. Titanic (James Cameron, 1997)
    46. El resplandor (Stanley Kubrick, 1980)
    47. Amadeus (Miloš Forman, 1984)
    48. Doctor Zhivago (David Lean, 1965)
    49. West Side Story (Jerome Robbins y Robert Wise, 1961)
    50. Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959)
    51. Ben-Hur (William Wyler, 1959)
    52. Fargo (Joel Coen, 1996)
    53. El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991)
    54. El apartmento (Billy Wilder, 1960)
    55. Avatar (James Cameron, 2009)
    56. En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008)
    57. El tesoro de Sierra Madre (John Huston, 1948)
    58. Birdman (Alejandro G. Iñárritu, 2014)
    59. Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950)
    60. El cazador (Michael Cimino, 1978)
    61. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007)
    62. El golpe (George Roy Hill, 1973)
    63. Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969)
    64. Alien (Ridley Scott, 1979)
    65. Rocky (John G. Avildsen, 1976)
    66. El conformista (Bernardo Bertolucci, 1970)
    67. Gandhi (Richard Attenborough, 1982)
    68. Ladrón de bicicletas (Vittorio De Sica, 1948)
    69. Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988)
    70. Brazil (Terry Gilliam, 1985)
    71. Las uvas de la ira (John Ford, 1940)
    72. Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976)
    73. Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975)
    74. Sed de mal (Orson Welles, 1958)
    75. Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984)
    76. Sin perdón (Clint Eastwood, 1992)
    77. Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995)
    78. Network (Sidney Lumet, 1976)
    79. Rashomon (Akira Kurosawa, 1950)
    80. Érase una vez en el oeste (Sergio Leone, 1968)
    por Juan Roures
    mayo 08, 2016

    Las 80 películas mejor dirigidas de la historia según el Sindicato de Directores

    por Juan Roures | mayo 08, 2016
    Baden Baden

    Una semana repleta de cine tan bueno como necesario, apostillaba nuestra compañera Elisenda N. Frisach en la despedida de la cobertura de la sexta edición del Festival Cinema D’Autor de Barcelona. Ya lo anunciábamos en la presentación de esta entrega, el D’A se ha convertido en una obligación; así lo ha decidido el público, que ha otorgado grandes números a la organización. El D’A ha crecido, y con la suficiente fuerza como para pensar que su reinado en el mes de abril puede llevarles a un escalón mayor. Ya no se trata de nombres, que los tiene, también de la calidad de las propuestas más modestas, esas primeras y segundas obras que en Barcelona han cogido un impulso definitivo. Quizá no para su distribución pero si para dar a conocer a autores en una plaza como la ciudad condal. En unos tiempos donde se habla de reeducación cinematográfica, eventos como el D’A reafirman la necesidad de educar a secas, y no a los espectadores presentes, sino a los futuros. Festivales de este nivel son básicos en la cultura española, máquinas dispensadoras de sensibilidad que invitan a recorrer caminos no mapeados. El D’A ha vuelto a dar una lección y el espectador la ha disfrutado. Esperamos con ilusión el próximo episodio.

    Y, a propósito de talento, no hay certamen que se precie sin cuadro de honor. La cinta de Andrés Duque Oleg y las raras artes se ha alzado como la gran triunfadora de esta edición. El jurado de la Sección Talents, conformado por el director Matías Piñeiro, la estupenda actriz Natalia de Molina y la directora de Capricci Films España, Diana Santamaría, justificó así su elección: “Por la intimidad conseguida en el viaje y la defensa de un personaje indomable que espera la muerte de lo clásico con optimismo. También por la música, las camisas, las disonancias y consonancias de un director que hace del arte algo rudo y sensible.” Es el segundo gran premio para el documental sobre el histriónico Oleg Nikolaevich Karavaichuk, tras el logrado en el Festival Punto de Vista. El mismo jurado concedió una mención especial a la lusa John From, de João Nicolau, de una de las pequeñas sorpresas de este año. El Premio de la Crítica, entregado por nuestro compañero Víctor Blanes Picó, Estanis Bañuelos y Marla Jacarilla, fue a parar a Baden Baden (una las apariciones más interesantes de la Berlinale) de Rachel Lang: “Desde su sinceridad y su vínculo con la realidad contemporánea, es capaz de conseguir la sonrisa cómplice del espectador mientras trata temas cruciales en la formación del individuo.” Por otro lado, el galardón otorgado por el público lo obtuvo el largometraje de cinco horas Happy Hour, del nipón Ryusuke Hamaguchi.


    por EAM
    mayo 02, 2016

    Palmarés del D'A 2016

    por EAM | mayo 02, 2016
    Chevalier

    El sábado 30, coincidiendo con el fin de mes, se produjo el cierre “oficial” del certamen, con la sesión de clausura en el Teatro del CCCB, donde se repartieron los premios y se estrenó La propera pell (2016), la última cinta de Isaki Lacuesta –uno de los realizadores nacionales más interesantes de la actualidad–, codirigida por Isa Campo. El Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona otorgó el Premio Talents a Andrés Duque por Oleg y las raras artes, el Premio de la Crítica a Baden Baden de Rachel Lang y el Premio del Público a la maratoniana Happy Hour de Ryusuke Hamaguchi. Asimismo, el jurado hizo una Mención Especial a la película John From de João Nicolau. Y mientras todo esto ocurría, descendíamos a los negros abismos de Estados Unidos con 600 Millas (2015), de Gabriel Ripstein, y, sobre todo, con la desgarradora The Other Side (2015), de Roberto Minervini, además de avistar el pozo sin fin de la sociedad superficial y competitiva de nuestros días con Chevalier (2015), de Athina Rachel Tsangari. Tres filmes críticos y mordaces, cada uno a su forma, que dejaron un sabor de boca amargo a quienes los vimos. Menos mal que la siguiente jornada, Día del Trabajador, Día de la Madre y último del Festival, todavía quedó espacio para asistir a la Maratón –compuesta de Trois souvenirs de ma jeunesse, Oleg y las raras artes y John From– o para poder ver otras películas que se nos escaparon, como, por ejemplo, la última de Aleksandr Sokurov –Francofonia (2015)– o esa poética y emocionante mixtura entre La conversación (1974) de Francis Ford Coppola y La ciencia del sueño (2006) de Michel Gondry que fue Aloys (2016) de Tobias Nölle. Un cierre más que digno para una semana repleta de cine tan bueno como necesario.

    Chevalier (Athina Rachel Tsangari, Grecia, 2015).

    En la última década, el cine griego está disfrutando de un resurgir creativo que, si bien no resulta especialmente atractivo para el gran público, dada su apuesta narrativa y/o temática alejada de la evasión más complaciente, sin embargo sí suele contar con presencia regular en los grandes festivales cinematográficos. Por tanto, nombres como Yorgos Lanthimos o Yannis Economides hoy resultan familiares para los cinéfilos de todo el mundo, mientras que la autora del filme que nos ocupa ya despuntó con Attenberg (2010), galardonada a la mejor actriz en Venecia. Chevalier, su tercer largometraje, es una muestra paradigmática de narración alegórica pero “disfrazada” con un atuendo realista. Centrada en una competición entre un grupo de amigos que veranean en un yate para saber quién de ellos es “el mejor en todo” (sic), la directora contrapone el microcosmos del navío, claustrofóbico y agobiante a pesar de su lujo –de ahí los encuadres oblicuos o descentrados, la repetición de gestos o actos, o el uso del fondo del campo–, con la libertad, espaciosa y bella, del paisaje marino (recogida en planos generales sostenidos y estáticos). Con ello, Tsangari erige una potente metáfora del mundo actual, en el que los seres humanos viven de espaldas a la naturaleza, perdidos en extraños “juegos” que se extienden como un cáncer desde arriba –quienes los crean– hasta abajo –quienes los imitan–. No en vano, los seis amigos que conforman el pasaje pertenecen a la elite económica, y la competición que se les ocurre responde a su apatía existencial, víctimas de una obviedad que parecen haber olvidado: el dinero no otorga la felicidad. El consumismo y el materialismo son el efecto de una sociedad machista, amoral y capitalista, donde la autoestima y la plenitud no se adquieren conociéndose a uno mismo –como bien apuntó otro ilustre griego–, sino “venciendo” a los demás. El culto a la juventud, la fragilidad edípica del ego masculino, la competitividad patológica, el acelerado ritmo de vida presente… Todo ello es recogido por la realizadora mediante un irónico y minimalista punto de vista, en el que, a pesar de su continuo y surreal humorismo, se describe un crescendo sostenido de tensión, nacida del rencor o de la envidia que en el fondo sienten de esos “amigos” los unos por los otros. En este sentido, el final de la cinta resulta magnífico como denuncia del control de los poderosos, una pequeña minoría, sobre la amplísima mayoría del resto del mundo. Una obra, en resumen, muy recomendable, cuyo amargo y crítico mensaje se digiere bien gracias a ese sentido del humor absurdo que, a la postre, nos recuerda la propia absurdidad de nuestro sistema económico globalizado, no por ello menos dañino, sino más bien todo lo contrario. Y es que, parafraseando a Einstein, la estupidez humana sigue siendo infinita.

    por Elisenda N. Frisach
    mayo 02, 2016

    D’A 2016 (IX) | Chevalier + 600 millas

    por Elisenda N. Frisach | mayo 02, 2016

    Un género, que no un filme, ha sido el protagonista indiscutible de la 19ª edición del Festival de Málaga, el primer gran despliegue de cine español del 2016. Y es que a él pertenecen las tres máximas triunfadoras del certamen, que se han repartido el palmarés casi al completo. Así, el Callback de Carles Torras (quien ya probó suerte en este mismo festival con Open 24h en 2011), un thriller psicológico sobre el lado oscuro del sueño americano que ha sido comparado con cintas de la talla de Taxi Driver (1976), Henry, retrato de un asesino (1986) y Nightcrawler (2014) —salvando, por supuesto, las distancias—, se ha alzado con la Biznaga de Oro a mejor película, así como con los galardones concernientes a mejor actor (para el chileno Martin Bacigalupo) y guion (escrito por los propios Bacigalupo y Torras). A su vez, La propera pell ha conseguido hasta seis galardones: Premio Especial del Jurado, Premio de la Crítica, Premio de la Juventud, mejor dirección (Isaki Cuesta e Isa Campo), mejor montaje y mejor actriz para una radiante Emma Suárez que tiene prácticamente asegurada la presencia en los próximos Goya, bien con esta cinta, bien con la Julieta de Almodóvar (la vencedora del año pasado, Natalia de Molina (Techo y comida), fue finalmente también premiada por la Academia). El trío de thrillers se ha completado con la coproducción argentino-española Kóblic, de Sebastián Borensztein, en la que han recaído los entorchados a mejor actor secundario (Oscar Martínez) y mejor fotografía (Rodrigo Pulpeiro).

    Ambientada en la dictadura argentina de los años 70 y 80, la cinta recién mencionada ha compartido este último galardón con la comedia Quatretondeta, impulsada visualmente por el trabajo de Carles Gusi. La decisión del jurado presidido por Manuel Martín Cuenca de separar los dos galardones principales es relativamente sorprendente, pues no suele darse en Málaga, si bien lo más comentado ha sido por qué La propera pell no ha completado su extraordinaria colecta con el galardón principal. Centrada en un adolescente que regresa misteriosamente a su entorno familiar tras ocho años desaparecido, esta cinta ha sido definida como una fascinante reflexión sobre la identidad. Por lo demás, el palmarés se ha completado con el premio a mejor actriz secundaria para Silvia Maya por Julie y el de mejor música original para Silvia Pérez Cruz por Cerca de tu casa. Mientras tanto, la hilarante La noche que mi madre mató a mi padre, hábilmente dirigida por Inés París, ha terminado conformándose con el Premio del Público, el cual debería animar a los espectadores a acercarse a las salas donde acaba de aterrizar. Premios aparte, esta alocada comedia se convertirá con gran probabilidad en la más taquillera del certamen. Y eso, mientras la Ley del Cine no cambie, es lo más importante.

    Sección Oficial

    Mejor película: Callback, de Carles Torras.
    Premio especial del jurado: La propera pell (La próxima piel), de Isaki Lacuesta e Isa Campo.
    Mención especial del jurado: Quatretondeta, de Pol Rodríguez.
    Mejor dirección: Isaki Lacuesta e Isa Campo por La propera pell (La próxima piel).
    Mejor actor: Martín Bacigalupo por Callback.
    Mejor actriz: Emma Suárez por La propera pell (La próxima piel).
    Mejor actor de reparto: Óscar Martínez por Kóblic.
    Mejor actriz de reparto: Silvia Malla por Julie.
    Mejor guion: Carles Torras y Martín Bacigalupo por Callback.
    Mejor música: Silvia Pérez Cruz por Cerca de tu casa.
    Mejor fotografía (ex aequo): Rodrigo Pulpeiro por Kóblic y Carles Gusi por Quatretondeta.
    Mejor montaje: La propera pell (La próxima piel).
    Premio de la crítica: La propera pell (La próxima piel).
    Premio del público: La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París.

    Zonazine

    Mejor película: El perdido, de Christophe Farnarier.
    Mejor dirección: Christophe Farnarier por El perdido.
    Mejor actor: Adri Miserach por El perdido.
    Mejor actriz: Laura López por La poll.
    Premio del Público: Los comensales, de Sergio Villanueva.

    Documentales

    Mejor documental: Nosotras · Ellas, de Julia Pesce.
    Mejor dirección (ex aequo): Pau Faus por Alcaldessa y Jorge Caballero por Paciente. Mención especial: Mariano Nante por La calle de los pianistas.
    Premio Feroz Puerta Oscura al mejor documental: Carta a una sombra, de Miguel Salazar y Daniela Abad.
    Premio del Público al mejor documental: La calle de los pianistas, de Mariano Nante.

    Premios paralelos

    Premio del Jurado Joven: La propera pell (La próxima piel), de Isaki Lacuesta e Isa Campo.
    Premio ASECAN ópera prima: Julie, de Alba González de Molina.
    Premio Signis: La punta del iceberg, de David Cánovas.
    por Juan Roures
    mayo 01, 2016

    Palmarés de la XIX edición del Festival de Málaga

    por Juan Roures | mayo 01, 2016

    El antepenúltimo día del Festival, el viernes 29, fue la jornada de los contrastes; dedicada íntegramente la sala 1 del cine Aribau Club a títulos de cineastas reconocidos internacionalmente, sin embargo la única sesión que tuvo un público amplio fue la de Cosmos (2015), de Andrzej Zulawski, quizá por contar con los incondicionales del director polaco, quizá por la presencia de los amantes de la novela que la cinta adapta –entre los que se encuentra una servidora–, o quizá por el “morbo” de ver el primer filme de Zulawski tras quince años de inactividad y que, desgraciadamente, se ha convertido en su involuntaria obra póstuma. Y si digo “desgraciadamente”, no es tan solo por la pérdida de un director de innegable talento, sino porque Cosmos es una pieza que, a nuestro parecer, fracasa en su intento de plasmar en imágenes la inadaptable obra homónima de Witold Gombrowicz. Y es que el realizador se decanta por el elemento surrealista y cómico del texto original pero convierte sus momentos filosóficos y poéticos en una verborrea imposible de aprehender y en unas imágenes de montaje brusco, correctas pero planas, que no transmiten más que una admiración fría, cerebral. Seguramente, cada lector de un clásico concibe en secreto una adaptación fílmica del mismo; quizá por ello el filme estaba condenado a decepcionar. Paradójicamente, la fidelidad de Zulawski a ciertos detalles argumentales de Cosmos redunda en contra del conjunto, incapaz de captar el espíritu del libro de Gombrowicz: la tan admirable como imposible búsqueda del sentido de la vida en un mundo indescifrable, lo que tiñe su prosa de un tono elegíaco y melancólico. Quizá haber optado por un discurso más abstracto y pausado habría sido más adecuado; o quizá el afrancesamiento de la narración le da un toque elitista e impostado que le despoja de la rebosante originalidad de la obra en la que se inspira. En cualquier caso, Cosmos en tanto creación artística independiente, es un ameno divertimento experimental, donde la acelerada sucesión de situaciones surrealistas y el histrionismo de las interpretaciones provocan la risa, el desconcierto y, en su tramo final –el mejor de la cinta–, la conciencia de que los placeres de la vida son tan efímeros como los sufrimientos.

    Si la falta de concurrencia citada en la primera sesión fue de lamentar, fue sobre todo porque Taklub (2015), de Brillante Mendoza, ha sido, hasta el momento, nuestra preferida entre las cintas que he podido visionar en este D’A 2016. Admitida la debilidad por el autor filipino, ya que su filmografía posee la rara capacidad de provocar y de conmover, de mostrarnos historias cotidianas tanto con la sequedad más incómoda y dolorosa como con el lirismo más desbordado. Taklub se centra en día a día de los supervivientes del devastador tifón Haiyan, mediante un discurso de textura documental en el que, sin embargo, abundan los elementos metafóricos y la información elíptica. A medio camino entre la crítica social, el drama intimista y la reflexión metafísica, su brusco principio es desgarrador, y su final está cargado de tanta desesperación contenida que pocas veces el público sale de un pase con tanta pena y congoja. Pero como en la sala, habilitada para unas 400 personas, éramos apenas cuarenta, según comentaron los organizadores, la agridulce experiencia la padecimos/disfrutamos pocos.

    En cuanto a la pieza que cerró el día, Sangue del mio sangue (2015), del veterano Marco Bellocchio, ni estuvo tan desierta como la de Mendoza, ni tan llena como la Zulawski, pero supuso una nueva vuelta de tuerca al surrealismo desplegado por el difunto director polaco. Eso sí, Bellocchio lo hizo desde una óptica plenamente italiana –felliniana, diríamos–, mediante dos historias en apariencia inconexas que, sin embargo, trazan un mapa de la realidad moral de su país. Así, ese relato romántico, casi de terror gótico, ambientado en el pasado de un pueblo de Italia, con el que se abre el metraje, explica la realidad de dicha villa en la actualidad. Y es que una herencia de intolerancia, superstición, ignorancia y privación amorosa y espiritual solo puede dar lugar a un mundo regido por las apariencias y los buenos modales –como la propia curia católica–, pero hipócrita, corrupto y decadente: un cadáver viviente, un vampiro. Como no nos movimos casi de la sala 1 del Aribau Club, ello propició una sensación de déjà vu nietzscheano de “eterno retorno”, al volver a hacer cola delante de las mismas puertas, ir al mismo lavabo, sentarnos en el mismo asiento –en la tercera fila, que suele estar vacía–, ver otra cinta en la misma sala, volver a votar, volver a salir… Estar tantas horas dentro del mismo recinto reverbera en el ánimo del espectador como un recuerdo a punto de emerger, le hace constatar el constante devenir del tiempo y le transmite cierta tristeza. Por fortuna, el estado de ánimo se mudó del todo cuando nos topamos, accidentalmente, con una de las rutas nocturnas por la ciudad que cada viernes organiza la APB (Asociación de Patinadores de Barcelona). Conformando un pelotón con más gente que la que asistió a Taklub, los participantes llevaban atuendos coloristas y protecciones fosforescentes, y las ruedas de sus patines hacían brillar sus leds incorporados, para ser muy visibles en la oscuridad. Así que configuraban, a simple vista, una veloz caravana de luces multicolores, como si fueran la Santa Compaña camino de la discoteca o un grupo de duendes y hadas aquejados de gigantismo. Es decir, que fue un verdadero placer verles.

    Otras críticas:

    Taklub, de Brillante Mendoza. Por Alberto Sáez Villarino (Crítica).
    Sangue del mio sangue, de Marco Bellocchio. Por Adrián González Viña (Crítica).
    Cosmos, de Andrzej Zulawski. Por Luis Enrique Forero Varela (Crítica).
    por Elisenda N. Frisach
    mayo 01, 2016

    D’A 2016 (VIII) | Contrastes & surrealismo

    por Elisenda N. Frisach | mayo 01, 2016
    Mi amiga del parque

    Entrando ya en la recta final del Festival D’A, se recuperó de una vez el funcionamiento normal del metro, con lo que en él confluyeron, en direcciones opuestas, los cinéfilos camino del centro de Barcelona –se les reconoce por su indumentaria entre gótica, friki y moderna– y los participantes de la Feria de Abril de Catalunya hacia el Parque del Fórum –dando palmas, cantando e incluso bailando–, ante la mirada curiosa y complacida de los abundantes turistas, a buen seguro pensando: How typical spanish! Ello es otro ejemplo más, como decía Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan (1993), de que la realidad imita la ficción; porque el jueves también fue el día, cinematográficamente hablando, de lo inesperado. En efecto, aparte de la proyección de una de las grandes apuestas de los organizadores del certamen –Ville-Marie (2015) de Guy Édoin– y de dos producciones autóctonas que contaron con la presencia de sus respectivos equipos –El perdut (2016) de Christophe Farnarier y Callback (2016) de Carles Torres–, fue una verdadera suerte asistir a los pases de Mi amiga del parque (2016) de Ana Katz y John From (2015) de João Nicolau, pues ambas películas atesoraban grandes –y agradables– sorpresas, cada una a su forma. No es de extrañar que, de vuelta a casa con buenas sensaciones, una desconocida musulmana y yo acabáramos riéndonos juntas, a carcajada limpia, del espectáculo musical y folclórico ofrecido por nuestros compañeros de transporte, pues su alegría y falta de pudor resultaban contagiosas.

    Mi amiga del parque (Ana Katz, Argentina, 2016).

    Desde que las mujeres han podido expresar sus anhelos libremente, con su propia voz, la psicología moderna ha demostrado que el manido “instinto maternal” es tan solo un mito de la sociedad patriarcal, creado para afianzar la relegación femenina al ámbito de las tareas del hogar, entre ellas la de criar a los hijos. Liz (una estupenda Julieta Zylberberg), la protagonista de Mi amiga del parque (2015), lo está experimentando en sus propias carnes, pues, aunque sin duda quiere a su retoño, se siente abrumada por sus necesidades y anulada, como mujer y como profesional, por la baja laboral y por no poder casi tener vida social. A todo ello, para colmo, se le suma el hecho de que su madre murió mientras ella estaba embarazada y de que su marido se encuentra en otro país filmando un documental. Ante este panorama, la realizadora lanza una mira comprensiva e ilustradora de las tribulaciones emocionales de Liz; de hecho, Mi amiga del parque es básicamente el retrato psicológico de una mujer sola y abocada a una situación para la que no se encuentra preparada. El envoltorio realista del relato, en el que se emplean técnicas recurrentes en este tipo de películas que buscan el máximo efecto de veracidad –luz natural, cámara al hombro, etc.–, sirve para que el espectador se implique con los avatares de Liz y la comprenda. Y es que, de hecho, toda su ansiedad y angustia vienen de su incapacidad de poder amamantar a su hijo. En este sentido, es crucial la escena en la consulta del pediatra, en cuyas palabras radica todo el eje argumental de la cinta. Porque si Liz opta por relacionarse con una mujer como Rosa (interpretada por la propia directora), que ya le ha demostrado que es una mentirosa y una ladrona, es porque ella y su hermana Renata (Maricel Álvarez) son las únicas que, a su parecer, no la juzgan. En realidad, es el sentimiento de culpa por ese falso mito del instinto maternal del que hablábamos antes lo que propicia el acercamiento de Liz hacia dos mujeres tan inestables. Y también lo que hace que el filme bascule con tanta naturalidad entre el thriller y el drama. En consecuencia, Mi amiga del parque es una inteligente reflexión sobre la maternidad, que juega con nuestros prejuicios, tanto sexistas como clasistas –Rosa y Renata son dos buscavidas de origen suburbial–, y prueba, con su magnífico final, que a menudo la respuesta a nuestros problemas se encuentra en los lugares más insospechados y que sólo hace falta saber mirar más allá de ellos.

    por Elisenda N. Frisach
    abril 29, 2016

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    por Elisenda N. Frisach | abril 29, 2016
    Les deux amis

    Entre la lluvia, el descenso de temperaturas que no impidió la sensación de sofoco y el segundo día de la huelga del metro, Barcelona tuvo el día 27 un perfil más gris de lo habitual. Lo que no hizo, sin embargo, que la actividad de la ciudad disminuyera. Es más, y por lo que respecta al Festival, el miércoles fue uno de los días más concurridos. Tal vez porque se emitió, esta vez íntegramente y con invitación para quienes solo pudieron ver media hora en el anterior pase, la película de Philippe Garrel L’ombre des femmes; tal vez por la expectación que despertó la cinta del hijo del realizador anterior, Louis Garrel, Les deux amis (2015), con presentación de los jóvenes de la UJAC (Unió Jove Alternativa Cinemática) incluida; o tal vez porque, cuando hace mal tiempo, siempre es mejor estar en una acogedora sala de cine. En cualquier caso, el resultado final no pudo ser mejor, pues los filmes de Garrel padre e hijo, en torno a sendos triángulos amorosos, tuvieron la calidad que el apellido hacía augurar, mientras que la última proyección fue el estupendo documental Rastreador de estatuas (2015) de Jerónimo Rodríguez. El listón quedó muy alto tras esta jornada.

    Les deux amis (Louis Garrel, Francia, 2015).

    El debut en el largometraje del actor e hijo del realizador Philippe Garrel no podía ser más prometedor, puesto que Les deux amis (2015) bebe tanto de la tradición del cine francés moderno como de la comedia americana contemporánea. Ello da lugar a una pieza cargada de humor y de melancolía, que no oculta la condición de homenaje a sus maestros pero que va un paso más allá, en un ejercicio posmoderno que reflexiona sobre el amor, en todas sus manifestaciones –romántico, fraternal, filial…–, pero también sobre el mismo séptimo arte como escaparate de nuestras tradiciones, de nuestro presente y de nuestras fantasías o necesidades. No es casualidad, por tanto, que uno de los personajes trabaje de extra en el cine o que los tres protagonistas participen en el rodaje de una película ambientada –tampoco casualmente– en el Mayo del 68. Como tampoco lo es que Garrel haya optado por un argumento tan recurrente en la historia de la cinematografía gala como el de una relación sentimental a tres bandas. Y, aunque el referente más explícito sea Jules y Jim (1962) de François Truffaut, pues la amistad de dos hombres –Clément (Vincent Macaigne) y Abel (Louis Garrel)– se pone en peligro por culpa de la intervención perturbadora de una mujer, Mona (Golshifteh Farahani), sin embargo la presencia de la Nouvelle Vague y de sus herederos es constante en el filme. En este sentido, no es difícil rastrear citas a Godard, a Éric Rohmer, al padre del propio autor… Incluso hay una escena que evoca a Alfred Hitchcock, como es bien sabido ídolo de los cahieristas (léase Abel recitándole el poema a la enigmática mujer del parquin). Asimismo, el hecho de que la obra sobre todo haga hincapié en la amistad de los dos hombres, que viene marcada por lo antitético de sus caracteres, le da una pátina de buddy movie cargada de humor y ternura. Ello, sumado a la condición estereotipada de los dos personajes, Abel un atormentado, brusco y atractivo antihéroe –en una parodia del tipo de papeles que suele interpretar Garrel– y Clément un simpático y sensible friki, le confiere al conjunto toques de crónica generacional, pues a su manera ambos son dos niños grandes incapaces de adaptarse a su realidad. Con ello se evoca inevitablemente a la mejor comedia americana de nuestros días, nacida con John Hughes, y que hoy cuenta con autores tan diferentes como Wes Anderson, Judd Apatow o Jason Reitman. En definitiva, Les deux amis combina con pulso firme risas y lágrimas mediante una trama deslavazada y muy reducida espacial y temporalmente, construida a base de un vagar sin rumbo por la ciudad que actúa como metáfora del destino errático de los tres protagonistas, irremediablemente marcados, bien por la culpa, bien por la rabia, bien por la soledad.

    por Elisenda N. Frisach
    abril 29, 2016

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    por Elisenda N. Frisach | abril 29, 2016

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