Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Cobertura Cannes 2016. Mostrar todas las entradas
    Cobertura Cannes 2016
    Cobertura Cannes 2016

    El castigo de Hedoné

    crítica de La doncella (Agassi, Park Chan-wook, Corea del Sur, 2016).

    El deseo nos da la vida, y el deseo nos la quita. Park Chan-wook regresa a la dirección cinematográfica por medio de un estudio semicientífico, de gran rigurosidad y, sobre todo, aferrado a una estética de precisión inigualable, que toma como referencia monográfica el sexo y su forma de interpretarlo por las sombrías figuras que pueblan el perverso escenario contextualizado en la Corea ocupada por los japoneses en 1930. La doncella compone una de las grandes alegorías de la carrera de Park, ya que toma el erotismo y lo convierte en una metáfora del estilo de vida y las diferencias procedimentales entre hombres y mujeres. Seres condenados a la supeditación de sus acciones bajo el capricho de sus pasiones; cuanto más cercana es su percepción de la muerte, mayor es el deseo que emana de su comportamiento. El rechazo expresado por el director hacia el academicismo se hace patente con cada fotograma, con cada aliento contenido por un espectador en trance ante la manifestación más pura de la belleza que hemos visto en la gran pantalla desde hace mucho tiempo. Así, Park propone su arte como alternativa a la reivindicación de la expresión cotidiana y superficial del texto fílmico, asignando a sus personajes un papel categórico y unívoco dentro de un sistema cada vez más tendente a la ambigüedad genérica. El realizador se apoya en el arte erótico o, más específicamente, en el estudio del mismo, para llevar a cabo su planteamiento revisionista de los cánones de la maldad. Para dotar de un irrefutable valor teórico a su obra, además, se acoge a algunas de las más importantes teorías formuladas por los grandes ensayistas sobre la materia, como Herbert Marcuse: «La experiencia básica en esta dimensión es sensual antes que conceptual; la percepción estética es esencialmente intuición, no noción. La naturaleza de la sensualidad es la receptividad. El conocimiento mediante el hecho de ser afectados por objetos dados. Es gracias a su relación intrínseca con la sensualidad que la función estética asume su posición central. La percepción estética está acompañada del placer. Este placer se deriva de la percepción de la forma pura de un objeto, independientemente de su materia y de sus propósitos»[1].

    El concepto de forma pura es una de las mayores obsesiones de la película, cuya definición polisémica compondrá un juego de percepciones e intereses en función del sexo de cada personaje. Vemos que el hombre asume la sexualidad de manera lucrativa y perversa; en la figura masculina es donde se aprecia ese estudio sobre la maldad que el director ha realizado de manera milimétrica, cuidando cada detalle de la apariencia, respetando los cánones básicos de geometría, proporcionalidad y simetría. La mujer, por el contrario, entiende el sexo como un derecho, un privilegio que le ha sido concedido dada su perfecta naturaleza y su belleza, que se impone a la fealdad y la depravación del hombre, y del que no tiene miedo de hacer uso para su beneficio personal y privado. La mujer responde a las tretas maquiavélicas de los hombres con astucia y una sibilina maldad que no es inherente como la del hombre, sino que aflora en ella por supervivencia. La pureza para el hombre deviene en el estudio y la perfección del erotismo como materia de estudio, para la mujer, el esplendor sexual coincide con el punto catártico del orgasmo. Cuatro son los personajes clave que demuestran esta hipótesis, dos mujeres y dos hombres. La pareja femenina: señora y criada, parte inicialmente desde una posición comprometida y manipulada por la figura masculina. La señora ha crecido sometida por la despiadada y grotesca educación de un malvado anciano, mecenas de la sexología que se oculta en una cueva subterránea de depravación fetichista custodiada por una cobra amenazante. La criada, educada por una familia de timadores, ha caído en las garras de un astuto embaucador que pretende exprimir sus habilidades para alcanzar sus deplorables propósitos lucrativos.

    por Alberto Sáez Villarino
    agosto 06, 2016

    Crítica | La doncella

    por Alberto Sáez Villarino | agosto 06, 2016

    Frémaux al rescate

    Crónica de la quinta jornada de la 51ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    Termina el pase de prensa de la última cinta de Cătălin Mitulescu, By the rails. Independientemente de su valor cinematográfico, se trata de la enésima demostración de hieratismo gestual y semántico tan proclive en Karlovy Vary. El público sale con la cabeza gacha, aturdido; incapaz de formular una opinión categórica. Cuestiones tales como ¿La he visto antes? O peor ¿La he visto hace un par de horas? Se sincronizan extramuros. Pero en el interior, el asunto ya ofrece una avanzadilla con numerosas miradas al reloj, chivadas por el chirriar de los asientos, y los ya habituales ronquidos. El periodista checo tipo supera la mediana edad con creces y su vista suele superar el marco de la pantalla y situarse en el techo más de lo apetecible para sus parteners de butaca en al menos tres puntos cardinales. También son esos señores y señoras que puntúan a todas las creaciones de su país con cinco hermosas estrellas. Entre ellos, se mezcla el resto de la prensa internacional que este año ha aumentado su número considerablemente, con la participación de medios como Indiewire, The Playlist o The Hollywood Reporter. El KVIFF quiere expandirse y abrir sus horizontes al mercado estadounidense tal como hace el Festival de Locarno en agosto. Y si el magnetismo no llega con el cine, que sean las fiestas las que tomen el relevo. Las hay épicas, como las organizadas por Variety, Sundance y HBO (que este año ha facturado miniserie checa). Obligada cita para aquellos que buscan El Contacto o simplemente conocer las delicias de una ciudad con muchas alternativas. Pero, no nos desviemos. Hablábamos de la homogeneidad de las secciones principales, con la Competición e East of the West como estandartes. Hay que matizar que esta 51ª edición la sección oficial sube su calidad. Al menos a nivel general. Empero no lo suficiente para utilizar calificativos grandilocuentes. Y más cuando llegan al rescate propuestas de otras secciones. Este año hay nueve filmes que lucharon por la Palma de Oro del Festival de Cannes. El público lo sabe, y lo demuestra con grandes colas en cualquier sala. Sucedió con Jim Jarmusch y su Paterson y ayer con Park Chan-wook. The Handmaiden es un vigoroso exceso de más de dos horas y media que mantiene el interés hasta el final. Con el fundido a negro, los integrantes de la platea se miraban absortos. Algunos con gesto desencajado, otros eufóricos. El crítico sénior de Indiewire David Erlich comentaba en los aledaños que era «Porno absoluto para los seguidores de Park Chan-wook y, para los infieles, solo Porno». The Handmaiden no deja indiferente. Y al final eso es el cine: experiencias, recuerdos y, si es posible, opiniones. Solo hay algo mejor que ver cine: hablarlo. 

    A propósito de la notable The Handmaiden, Alberto Sáez Villarino le dedicó unas palabras tras su estreno en el Festival de Cannes: «[...] Utilizando la novela Fingersmith, de Sarah Waters, el realizador coreano se reivindica en su estatus trasgresor al adaptar a una de las escritoras contemporáneas más representativas de la ficción homosexual. El estilo de Waters, cercano por ineludible influencia al de James e incluso al de Goethe, se aprecia con facilidad en las relaciones entre los protagonistas y las exageradas manifestaciones sentimentales que se producen entre ellos. Park trata de desnudar a sus personajes de manera alegórica mediante el estudio del rostro y sus variaciones al enfrentarse a diferentes situaciones; con un estilo analítico similar al usado en 1688 por Jean de La Bruyère en su obra Les Caracteres ou les Moeurs de ce siècle, el coreano se acerca a la fisiognomía de sus protagonistas y los lleva al extremo de su resistencia psíquica y física por medio de una trama brutal que no da lugar a treguas, un romance que dejará al descubierto, no sólo el desnudo alegórico que comentábamos, sino también el físico y glorioso de sus protagonistas en un acercamiento a esa “pequeña muerte” que comentaba Bataille en su obra, Las lágrimas de Eros. Estructurada en tres partes, la cinta avanza sustentada por las diferentes perspectivas cambiantes de las dos protagonistas principales, quienes juntarán sus voces para componer una narración, que pasará de la objetividad inicial a la completa omnisciencia conforme nos acerquemos al final. Sin miedo a recrearse en los detalles, el ritmo será tranquilo en todo momento mientras va desenmascarando las claves de una trama que utiliza las analepsis de un modo francamente asombroso. De los flashbacks introspectivos de las protagonistas volveremos al presente fílmico, y de éste retrocederemos hasta el principio de la historia para, entonces, volver a contarla de nuevo desde otra óptica mucho más abierta. Las transiciones entre escenas se realizan con la misma delicadeza con la que las protagonistas acarician sus apolíneos cuerpos inmaculados. se alcanza, a partir de la segunda parte, un paroxismo apasionado inigualable, la pantalla es una fuente de erotismo y sensualidad fundamentada en lo detallista y sensual de la violencia carnal. El hombre, despiadado, lascivo, sexualmente corrupto y disfuncional, sólo busca el estudio de la estimulación concupiscente y su comercialización provechosa; la mujer, representación de la belleza perfecta, la pura voluptuosidad y la irresistible sexualidad, perseguidora incansable del sentimiento placentero y la estimulación sensorial; ambos bandos quedarán enfrentados en un violento juego de traiciones lujurioso, grotesco y extremadamente sensual. Las escenas de sexo, como no podría ser de otra manera, son rodadas con perfecta naturalidad y desinhibición carnal absoluta, una maravillosa forma de expresión erótica que nos conduce a un desenlace perfecto en el que el director fundirá, con una brillantez inenarrable, placer y dolor en un volcán de pasión, un yin yang homogéneo que absorbe la causa de la violencia para transformarla en una explosión de gozo». No hay lugar a dudas. Otra de las películas del año.

    por Emilio M. Luna
    julio 06, 2016

    Festival de Karlovy Vary 2016 | Día 5. Críticas: Waves / By the rails

    por Emilio M. Luna | julio 06, 2016
    The neon demon

    La sublimación de la estética

    Las 10 mejores películas de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Como comentábamos anoche en el artículo con el palmarés, independientemente del resultado que arrojó el jurado, las grandes triunfadoras de esta edición fueron Toni Erdmann, Sieranevada, Paterson y Elle, cuatro potenciales ganadores de la Palma de Oro que, si bien se fueron de vacío, dejaron el sabor de boca que sólo dejan los grandes autores. Por un lado, la resurrección de los mejores Jim Jarmusch y Paul Verhoeven; por otro, la confirmación de la otrora promesa rumana, Cristi Puiu, y el descubrimiento de una joven directora germana, Maren Ade, que dará mucho que hablar en el futuro. Pero Cannes no termina con ellos, con sus intermitencias, Xavier Dolan, Nicolas Winding Refn y Park Chan-wook, han dado un (enorme) paso más en sus carreras. El cineasta quebequés, ganador del Gran Premio del Jurado, corresponde con personalidad al aumento de las dotaciones presupuestarias de sus filmes. Su siguiente reto será su primera película foránea con Jessica Chastain, The Death and Life of John F. Donovan. Winding Refn, a su vez, ha remarcado que Drive tan sólo fue una dulce interferencia. El camino que ha elegido para su filmografía es el más travieso y enrevesado: la sublimación de la estética para definir nuestros días. Y qué decir del surcoreano Park Chan-wook. Con The Handmaiden ha levantado y levantará ampollas por la excesiva carga sexual que porta. Existen pocos realizadores con un universo tan fascinante como el seulés. Al igual que el resto de su obra, un must-see innegociable. La sección oficial del Festival de Cannes esta edición ha brillado a gran altura. No podemos decir lo mismo del resto de apartados competitivos, marcados con un tono gris indiferente. Hell or high water, The happiest day in the life of Olli Mäki, La tortue rouge, Clash o La larga noche de Francisco Sanctis —en Un Certain Regard—; Neruda —Quincena de Realizadores—; y Mimosas y Grave —Semana de la Crítica—, salvaron los muebles. Fuera de concurso, buen nivel con las propuestas comerciales de Woody Allen (Café Society), Shane Black (Dos buenos tipos) y Steven Spielberg (Mi amigo el gigante). Un 69º Festival de Cannes, por tanto, indispensable que ha dejado varias joyas para el recuerdo. Como es habitual, cerramos con nuestra clasificación de los mejores largometrajes proyectados estos once días en la riviera gala seleccionados por nuestro enviado especial Alberto Sáez Villarino. Au revoir Cannes.

    por EAM
    mayo 23, 2016

    Las 10 mejores películas del 69 Festival de Cannes

    por EAM | mayo 23, 2016
    Ken Loach, Palma de Oro 2016

    El héroe que esta sociedad necesita

    Palmarés de la 69ª edición del Festival de Cannes

    El aire de decepción ya campaba horas antes en los alrededores del Gran Teatro Lumière, con las redes sociales como perfecto aspersor de información. Se conocía el listado de invitados de la Ceremonia de Clausura de Cannes, y subrayados aparecían algunos apellidos poco esperados y faltaban los que para la crítica eran favoritos. Pero así son los festivales; así es Cannes. La opinión de la prensa y el público no tiene por qué siempre estar ligada a la deliberación de un jurado compuesto por nueve personas. Ellos son los que dictaminan, aislados de cualquier influencia externa. Justo esta 69ª edición contaba con varios favoritos cercana la resolución de la elección de la Palma de Oro. Unas variantes que, con probabilidad, hayan posibilitado un consenso. Y qué mejor para ello que uno de los grandes luchadores de los derechos sociales de la cinematografía europea. El galardón le llega a Loach cuando parece que definitivamente cuelga la cámara. Y decimos parece porque su anterior película, Jimmy’s Hall (2014), iba a suponer el punto y final a una dilatada carrera. Sorprendió su vuelta al trabajo para abordar I, Daniel Blake, y ahora el golpe es todavía mayor al cerrar con una Palma de Oro, la segunda en su carrera tras la obtenida en 2006 con El viento que agita la cebada. «Estoy sorprendido de estar aquí. Además, no deja de ser irónico que yo me vea en esta situación de lujo y glamour cuando los protagonistas de mi película viven en la más absoluta pobreza», comentaba Loach en la entrada al Lumière. «El cine tiene que mantener una postura de lucha ante el poder. Otro modelo de sociedad es posible y hasta necesario al impuesto estos años por el neoliberalismo», ya en el proscenio, con cara de incredulidad pero con gesto vehemente. I, Daniel Blake no ha sido la mejor cinta de la competición, pero sí una digna contendiente, como nos adelantaba nuestro compañero Alberto Sáez Villarino: «En una época en la que los superhéroes son glorificados y encumbrados en nuestras salas de cine de manera semanal, donde no existe límite terrenal para buscar el lado correcto de la justicia, y las hagiografías de Batman y Superman se amontonan en todos los formatos en los centros comerciales, son más directores como Loach lo que necesitan las audiencias sedientas de justicia poética porque, aunque ésta nunca llegue, aunque haya que conformarse con un simple y amable gesto clemente de alguien que ha entendido y valorado esa lucha sin cuartel, la batalla de unos pocos es lo que hace que nunca lleguemos a ahogarnos del todo. Ken Loach es el héroe que esta sociedad necesita».

    El resto de integrantes del palmarés tampoco fueron bien recibidos. Durante toda la semana se había recalcado que el último trabajo del joven director canadiense Xavier Dolan era el peor de su filmografía. Sólo el fin del mundo, que llegará a España gracias a Avalon en el último tercio del año, obtuvo el Gran Premio del Jurado, mejorando así las prestaciones de su anterior presencia en Cannes con Mommy (2014), donde se hizo con el Premio del Jurado. Precisamente este, fue a parar a Andrea Arnold y su road movie American Honey. Es la tercera vez que la realizadora británica lo consigue tras Red Road (2006) y Fish Tank (2009). Todo un ganador de la Berlinale, el persa Asghar Farhadi, logró la mención al mejor guion con The salesman, la última obra que se incorporó a la sección oficial que, además, sumó un entorchado más con la distinción a la mejor interpretación masculina para Shahab Hosseini. Su homóloga en las féminas fue la actriz filipina Jaclyn Jose, protagonista de Ma’Rosa de Brillante Mendoza. El premio a la mejor dirección fue tan extravagante como el resto del cuadro de honor: victoria compartida para Olivier Assayas (Personal Shopper) y Cristian Mungiu (Bacalaureat), absolutamente incomprensible atendiendo a las exhibiciones de Cristi Puiu, Toni Erdmann, Jim Jarmusch o Nicolas Winding Refn. Los tres primeros, sin duda, con o sin diploma, son los grandes triunfadores de esta edición y, con seguridad, el público les recompensará a lo largo del curso. Se cierra así la 69º certamen cannoise, una de las mejores entregas de la última década que para España será recordada como el espaldarazo para la carrera del gallego Oliver Laxe (Mimosas) y por el meritorio laurel para el cortometrajista Juanjo Giménez. «Yo nací en Cannes con el estreno en 1959 de Los 400 golpes… y todavía me pregunto qué es el cine», citaba Jean-Pierre Léaud, Palma Honorífica. Independientemente de los premios, el Festival de Cannes, una vez más, nos ha procurado un sinfín de horas de vida y sueños.

    Palma de Oro a la mejor película: I, Daniel Blake de Ken Loach (Reino Unido).
    Gran Premio del Jurado: Sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde) de Xavier Dolan (Canadá).
    Premio a la mejor dirección ex aequo: Olivier Assayas por Personal Shopper (Francia) & Cristian Mungiu por Bacalaureat (Rumanía).
    Premio a la mejor interpretación masculina: Shahab Hosseini por The salesman (Forushande) (Irán).
    Premio a la mejor interpretación femenina: Jaclyn Jose por Ma'Rosa (Filipinas).
    Premio del jurado: American Honey de Andrea Arnold (Reino Unido).
    Premio al mejor guion: Asghar Farhadi por The salesman (Forushande) (Irán).
    Camèra D'or a la mejor ópera prima: Divines de Houda Benyamina (Israel), proyectada en la Quincena de Realizadores.
    Premio del jurado al mejor cortometraje: Timecode de Juanjo Giménez (España).
    Mención especial en la sección de cortometrajes: A moça que dançou com o diabo de João Paulo Miranda Maria (Brasil).
    Palma de Oro de Honor: al actor francés Jean-Pierre Léaud.

    GALERÍA / De izqda a dcha: Xavier Dolan (1, 2). Andrea Arnold (3,4). Shabab Hosseini y Asghar Farhadi (5). Ken Loach (6,7,8). Cristian Mungiu (9). Jaclyn Jose (10). Jean-Pierre Léaud (11). Juanjo Giménez (12).

    por EAM
    mayo 22, 2016

    Palmarés del Festival de Cannes 2016: 'I, Daniel Blake', de Ken Loach, Palma de Oro

    por EAM | mayo 22, 2016

    Con el artículo número 8 del Reglamento dedicado a los largometrajes en competición en mano, nos disponemos a todo un imposible: vaticinar qué ocurrirá mañana a partir de las 19:00 horas en el Teatro Lumière. En una de las mejores ediciones que se recuerden según la crítica, la Palma de Oro se vende más cara que nunca. Toni Erdmann, Paterson, Sieranevada y Elle, la última película presentada, figuran, a priori, como las cuatro grandes favoritas; eso sí, sin olvidar a Julieta, Bacalaureat, Aquarius o American Honey. Todo queda en manos de George Miller, Kirsten Dunst, Mads Mikkelsen, Donald Sutherland, Vanessa Paradis, Valeria Golino, László Nemes, Arnaud Desplechin y Katayoon Shahabi. A continuación, les dejamos con nuestro pronóstico y deseos. Recordar que, tras el anuncio del palmarés, publicaremos nuestra habitual clasificación (acompañado por una segunda entrega de la newsletter) con lo mejor de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Palma de Oro a la mejor película: Sieranevada de Cristi Puiu (Rumanía).
    Gran Premio del Jurado: Toni Erdmann, de Maren Ade (Alemania).
    Premio al mejor director: Paul Verhoeven por Elle (Francia).
    Premio a la mejor actriz: Sonia Braga por Aquarius (Brasil).
    Premio al mejor actor: Adam Driver por Paterson (EE.UU.).
    Premio del jurado: Loving de Jeff Nichols (EE.UU).
    Premio al mejor guion: Cristian Mungiu por Bacalaureat (Rumanía).
    Cámara de Oro: La tortue rouge, de Michael Dudok de Wit (Francia).

    ... Y si reinara la locura y Alberto Sáez, nuestro enviado especial a Cannes, fuera Presidente del Jurado:

    Palma de Oro a la mejor película: The neon demon de Nicolas Winding Refn (EE.UU).
    Gran Premio del Jurado: The handmaiden de Park Chan-wook (Corea del Sur).
    Premio al mejor director: Paul Verhoeven por Elle (Francia).
    Premio a la mejor actriz: Ruth Negga por Loving (EE.UU.).
    Premio al mejor actor: Adam Driver por Paterson (EE.UU.).
    Premio del jurado: Juste la fin du monde de Xavier Dolan (Canadá).
    Premio al mejor guion: Maren Ade por Toni Erdmann (Alemania).

    Nota / Artículo 8. del Reglamento: «El Palmarés solo podrá incluir un Prix ex æquo y esta disposición no podrá aplicarse a la Palme d'Or. Una misma película solo podrá recibir un premio del Palmarés. Sin embargo, el Prix al mejor guión y el Prix del Jurado podrán coincidir con el Prix de interpretación previa autorización del Presidente del Festival».
    por EAM
    mayo 22, 2016

    ¿Quién ganará la Palma de Oro? Apuesta para el Palmarés de la 69ª edición del Festival de Cannes

    por EAM | mayo 22, 2016

    Gran broche

    Crónica de la undécima jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Cannes cierra sus puertas un año más al evento cinematográfico más importante de Europa y, para celebrarlo, no podríamos haber pedido una película mejor con la que clausurar la sección oficial. Paul Verhoeven lograba la ovación casi unánime con su última y magnífica obra: Elle, con una Isabel Huppert simplemente espectacular. El realizador presenta un trabajo incómodo y visceral que ahonda en algunos de los temas más delicados de nuestros días, y lo hace con esa sencilla indiferencia por el qué dirán y su indiscutible maestría narrativa. A continuación, asistíamos a la italiana Fai bei sogni, del veterano Marco Bellocchio, un relato episódico sobre el crecimiento de un niño enfrentado a una pérdida dramática que lo ha coartado en todas las facetas de su edad adulta. Tras ella decidimos asistir a la proyección de la ganadora del premio Label Europa Cinemas, de la Quincena de Realizadores: Mercenaire, ya que no tuvimos oportunidad de ver, el día de su estreno, este drama deportivo-social que sigue los pasos de un guerrero maorí atemporal. Con esta película nos despedimos del festival un año más, con la noticia de que, la ya comentada en esta revista, The Happiest Day in the Life of Olli Mäki se alzó con el gran premio en la sección Una cierta mirada. Mañana saldremos de dudas con respecto a la sección oficial.

    A modo personal, destacar el gran placer que ha supuesto la oportunidad de asistir a un evento tan apasionante y lleno de emociones como es el festival de Cannes, y agradecer a todos los lectores su fiel seguimiento. Esperamos haber podido satisfacer las dudas iniciales sobre las películas que ya empiezan a colmar las listas de los estrenos más esperados. Unas cintas a las que, a lo largo del año, les dedicaremos un análisis más exhaustivo y unas letras en profundidad, ya alejados del ajetreo y la vivacidad que imperan en la Croisette. Como recomendación, completamente subjetiva, y dirigida a los admiradores de la experimentación, la trasgresión del lenguaje cinematográfico, la renovación conceptual de la forma fílmica y, sobre todo, a los fans de Nicolas Winding Refn: no se pierdan esa maravilla llamada The Neon Demon, disfruten de ella con calma y con la paciencia de un buen observador pues, en su entregada contemplación sosegada, hallarán ese adictivo regalo sensorial que Refn nos tenía preparados.

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 22, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 11. Críticas: Elle / Fai bei sogni / Mercenaire

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 22, 2016

    La segunda sección en importancia del Festival de Cannes ya tiene ganadora. Si el año pasado el honor fue a parar a una cinta islandesa (Rams, el valle de los carneros), este el entorchado marcha camino a Finlandia con el triunfo de The happiest day in the life of Olli Mäki, ópera prima de Juho Kuosmanen, probablemente, junto a Captain Fantastic (premio al mejor director), la película con más posibilidades comerciales de la selección. El Premio Un Certain Regard, como sucediera con el filme de Grímur Hákonarson, puede ser el comienzo de un gran recorrido internacional con meta en Los Ángeles el próximo febrero. The happiest day in the life of Olli Mäki, rodada en un maravilloso blanco y negro, es un retrato muy original sobre un púgil finés, Olli Mäki, que aspira a hacerse con el cinturón de campeón del mundo del peso pluma; sin embargo, el amor se interpone y pospondrá este sueño marcado por el sacrificio. Nuestro compañero Alberto Saéz le dedicó estas palabras tras su proyección: «Con un estilo minimalista y elegante, el director nos presenta un gran trabajo muy cuidado y detallista». En cuanto al resto de vencedores, destaca el laurel que obtiene una de las propuestas más mediáticas del apartado: La tortuga roja, cinta animada que supone el debut en el largo de de Michael Dudok de Wit auspiciado por Studio Ghibli, en la que es su primera producción foránea. Fuera del palmarés se han quedado obras como After the storm, de Hirokazu Koreeda, La larga noche de Francisco Sanctis, premiada en Buenos Aires, y la egipcia Eshtebak, apertura de esta entrega. La decisión ha corrido a cargo de un jurado presidido por la actriz Marthe Keller y completado por Jessica Hausner, Diego Luna, Ruben Östlund y Céline Sallette.

    Premio Un Certain Regard: HYMYILEVÄ MIES (THE HAPPIEST DAY IN THE LIFE OF OLLI MÄKI) de Juho Kuosmanen (Finlandia).
    Premio del Jurado: FUCHI NI TATSU (HARMONIUM) de Kôji Fukada (Japón).
    Premio al mejor director: Matt Ross por CAPTAIN FANTASTIC (Estados Unidos).
    Premio al mejor guion: Delphine Coulin & Muriel Coulin por VOIR DU PAYS (Francia)
    Premio Especial Un Certain Regard: LA TORTUE ROUGE de Michael Dudok de Wit (Francia).



    «The jury was honored and delighted to have been charged with a delicate task, given the level of work in the Selection 2016. Every film turned out to be rich in cinematic discoveries and insights into our world, addressing themes of family, politics and cultural differences».
    por EAM
    mayo 21, 2016

    Palmarés Un Certain Regard 2016: la finesa 'The happiest day in the life of Olli Mäki', premio a la mejor película

    por EAM | mayo 21, 2016

    En menos de 24 horas conoceremos quién obtiene la preciada Palma de Oro. Hipótesis y cábalas rellenarán las tertulias cinéfilas durante la mañana de domingo; unidas a los clásicos rumores que amenizarán los instantes previos. Como antesala, hoy el jurado de la crítica, FIPRESCI, ha anunciado las películas vencedoras. Si por la prensa fuera, la cinta germana Toni Erdmann, dirigida por Maren Ade, se llevaría la Palma de Oro. No será fácil que el jurado de la competición oficial premie a una comedia que, por otro lado, ha sido una de las obras mejor valoradas en Cannes en los últimos tiempos. Una acogida que, sin embargo, difiere de la opinión (55/100) de nuestro compañero Alberto Sáez, enviado especial a la riviera francesa: «Durante las más de dos horas y media de metraje, el filme no deja de incrementar su dosis de delirio absoluto a través de unas situaciones que pasan por lo absurdo y paródico para terminar siendo un conjunto de escenas surrealistas hasta decir basta. Todo será parte de una terapia de choque que lleve a ambos protagonistas al extremo y a la desinhibición absoluta de su ser para, entonces, abrazar sus verdaderos yo por primera vez». La tercera película de Ade, que releva a El hijo de Saúl en el palmarés, será distribuida en Europa por Match Factory y en Estados Unidos por Sony Pictures Classics.

    FIPRESCI además ha elegido a los mejores trabajos presentados en las secciones paralelas. En Un Certain Regard el triunfo ha ido a parar a la rumana Câini, de Bogdan Mirica, un noir atmósferico que Alberto Sáez analizó (70/100) de la siguiente forma: «... Mientras los minutos pasan con la sobriedad reflexiva tan frecuente en las producciones de esta nacionalidad, nuestra concepción va cambiando gradualmente; acontece un giro progresivo de aceptación que desconcierta al espectador y lo deja en un estado de alerta continuo mientras permite que su mirada discurra a través de los maravillosos espacios naturales planteados por el director. Así, de una simple e imaginada historia de violencia retributiva, pasamos a otra, no menos simple, de rutinaria contención y desconfianzas». La cinta elegida de la dupla Semana de la Crítica / Quincena de Realizadores fue Grave, de Julia Ducornau, propuesta de suspense que nos sitúa en la disyuntiva de una adolescente que vive un hogar de cultura vegetariana y que no puede reprimir su particular naturaleza. El debut en la gran pantalla de Ducornau, exhibido en la Semana, ha sido una de las películas más destacadas de su sección. Esta tarde, a su vez, se ha entregado el Premio Ecuménico a Xavier Dolan por Sólo el fin del mundo, proyectada en la sección oficial. En el 50 aniversario de FIPRESCI, la asociación ha entregado un galardón a Thierry Frémaux por su compromiso con la prensa internacional.

    Extracto subtitulado en francés de Toni Erdmann

    por EAM
    mayo 21, 2016

    Festival de Cannes 2016 | 'Toni Erdmann', de Maren Ade, Premio FIPRESCI

    por EAM | mayo 21, 2016
    Nicolas Winding Refn y Elle Fanning en Cannes

    Playing Arthur Miller

    Crónica de la décima jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Penúltima jornada de festival que comenzábamos asistiendo al estreno de la nueva película de Paul Schrader junto a Nicolas Cage. Dog Eat Dog es una divertida parodia de acción delirante con un Cage todavía más consciente de su condición de “meme”. Posteriormente se presentaba la argentina La larga noche de Francisco Sanctis, un ejercicio minimalista muy bien narrado y que mantiene en todo momento la sensación de terror e inseguridad producida por un régimen dictatorial. A las 15:30, después de haber aplazado la cita todo lo posible, nos enfrentábamos a la película más temida del festival. Sin poder retrasar por más tiempo lo inevitable, nos zambullíamos en las dos horas de metraje que componen The Last Face, de Sean Penn, que se saldaron con uno de los despropósitos más pretenciosos y con ínfulas que hemos visto en bastante tiempo. Por suerte, para cerrar la jornada aparecía el iraní Asghar Farhadi con su drama social, The Salesman, que combina con acierto la crítica social, religiosa y política de su país al tiempo que lo contextualiza todo en un ambiente metateatral muy evocador.

    DOG EAT DOG

    Paul Schrader, Estados Unidos, 2016 / QUINCENA DE REALIZADORES.

    Paul Schrader, tras atravesar una fase de experimentación y asentamiento de su propia personalidad como realizador cinematográfico, alcanzó la cima estilística y formal de su obra de manera muy poco usual: mediante la elaboración de un biopic sobre la vida del autor japonés Yukio Mishima. Aquella película se erigió, por su poca convencionalidad, como uno de los mejores dramas biográficos que se han visto. El director, en un estado de inspiración como no ha vuelto a demostrar, llevó a un nivel sublime el uso de la construcción y la escritura concisa, como si la adquiriera a través del espíritu del escritor de culto sobre quien construyó su filme. A Dog Eat Dog poco le queda de aquella fascinante mirada; aunque las pretensiones de Schrader, para ser justos, no parecen dirigidas hacia la obtención de una interpretación rigurosa de esta parodia autoconsciente de sus limitaciones y satírica desde la propia construcción narrativa. Sí deja algunos detalles de romántica reminiscencia pretérita, como los contrastes entre el blanco y negro, el color digitalizado y el color realista, destinados a propiciar diferentes maneras de absorción e interpretación diegética en función de la intensidad cromática y visual de las escenas. 

    En su nueva película, el realizador nos obliga a reír y a horrorizarnos al mismo tiempo, debido a las histéricas acciones que un grupo de criminales psicóticos ejecuta sin ningún tipo de escrúpulos, remordimientos, piedad, o rastro alguno de empatía o humanidad. Troy es el líder de este trío de delincuentes homicidas, la única persona con la suficiente enajenación contenida para poder lidiar con dos bombas de relojería como son Mad Dog y Diesel. El tratamiento del guion propone niveles discursivos muy diferentes que se encuentran en constante colisión. Por un lado encontramos la narración en primera persona, tendente a romper la cuarta pared con miradas a cámara y afirmaciones dirigidas al espectador, por el otro, aparecen las acciones ultraviolentas de los personajes, que contradicen todo lo dicho previamente en esa narración, que se establece pues, como un conductor del mensaje poco fiable e hipócrita. No tardamos en darnos cuenta de que la intención principal de Schrader, al representar ese universo de sangre y vísceras, es la de parodiarse a sí mismo y al elenco de actores que ya han pasado a formar un cliché de sí mismos, tomando a Nicolas Cage como ejemplo antonomásico. Así, mientras la banda planea su último y definitivo golpe, con el que espera salir victoriosa para poder encaminar sus pasos hacia una vida mejor —y se preguntarán… ¿haciendo qué?—, el director insiste en el extremismo visceral y no da tregua a ninguno de sus integrantes en una frenética espiral de malas decisiones. La esperanza de conseguir el objetivo propuesto y la lucha por alcanzar el ansiado éxito serán destruidas desde el mismo inicio de la misión, en uno de los ejemplos de ironía decepcionante más histriónicos y cómicos del thriller de acción. (55 de 100)

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 21, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 10. Críticas: The salesman (Forushande) / The last face / La larga noche de Francisco Sanctis / Dog eat dog

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 21, 2016
    Wolf and sheep

    Echando de nuevo un vistazo a la programación de la 48ª edición de la Quincena de Realizadores y la acogida de sus propuestas, no parece que haya sido la mejor entrega para una de las secciones paralelas de mayor prestigio en Cannes. Tan solo la apertura, Fai bei sogni, del inefable Marco Bellocchio, y Neruda, el biográfico liberado de Pablo Larraín, han generado una atención por encima de la media. Filmes de veteranos como Alejandro Jodorowsky, Joachim Lafosse o Paolo Virzi, o autores consagrados como Claudio Giovanessi, Laura Poitras, Anuraq Kashyap o Kim Nguyen no han calado entre la crítica. Una circunstancia refrendada por un palmarés repleto de apellidos desconocidos. El coming of age Wolf and sheep, del persa Shahrbanoo Sadat, ha obtenido el máximo galardón, el Art Cinema Award, relevando a la excelente El abrazo de la serpiente, triunfadora el pasado año. La película nos acerca las vivencias de varios adolescentes afganos en una zona rural. Nuevo retrato documentalista sobre el arraigo tan en boga en la cinematografía continental en los últimos años. El premio SACD, que en la entrega de 2015 tuvo como ganadora a la estupenda Mustang de Denis Gamze Ergüven, este curso ha ido a parar a L'effet aquatique, coproducción francoislandesa que representa una historia de amor a la escandinava protagonizada por Didda Jónsdóttir. El galardón tiene sabor a homenaje, ya que su directora, Solveig Anspach, falleció el año pasado. A continuación, el cuadro de honor.

    Art Cinema Award: WOLF AND SHEEP de Shahrbanoo Sadat (Dinamarca).
    Prix SACD: L’EFFET AQUATIQUE de Solveig Anspach (Francia, Islandia).
    Mención especial: DIVINES de Houda Benyamina (Francia, Israel).
    Label Europa Cinemas: MERCENAIRES de Sacha Wolff (Francia).
    Premio al mejor cortometraje: CHASSE ROYALE Lise Akoka y Romane Gueret.

    por EAM
    mayo 20, 2016

    Palmarés de la 48ª Quincena de Realizadores de Cannes: victoria de 'Wolf and sheep' de Shahrbanoo Sadat

    por EAM | mayo 20, 2016
    Léa Seydoux en Cannes

    Keeping it Surreal

    Crónica de la novena jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Comenzaba una de las jornadas más polémicas del festival con el regreso del hombre que nos trajo la gloriosa Drive, Premio a la mejor dirección en 2011. Primero, Cristian Mungiu lanzaba un dardo envenenado contra la necesidad de ciertas personas de planificar el futuro de terceros con su certera Bacalaureat. Posteriormente, mientras el ambiente empezaba a caldearse ante la proximidad de la hora señalada para el estreno más esperado, nos presentábamos en la sección Una cierta mirada con el fin de asistir a las dos películas que hoy se estrenaban. La primera de ellas, The Happiest Day in the Life of Olli Mäki, ofrecía una singular mirada en blanco y negro sobre el mundo del boxeo. La segunda, Pericle Il Nero, construía una singular parodia dramática al género mafioso. Entonces daban las 19:00, la hora de Nicolas Winding Refn había llegado. Los abucheos para The Neon Demon se venían escuchando desde que se estrenara Only God Forgives y Refn diera un golpe de autoridad y autoría al dejar al público con la miel en los labios ante una segunda Drive que nunca llegaría. Sin perder un ápice de esperanza, ni dejarnos intimidar ante habladurías, entramos en la sala y, tras la primera escena introductoria de los títulos de crédito, Refn ya nos había conquistado. Estaba claro que había vuelto para, como dijera Frank Ocean, “Keeping it Surreal”. The Neon Demon supone un cambio definitivo en la lectura e interpretación del lenguaje cinematográfico post posmoderno. Una obra milimetrada hasta el más pequeño detalle escondido entre las luces de neón que se asfixian con el denso humo.

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 20, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 9. Críticas: The neon demon / Bacalaureat (Graduation) / The happiest day in the life of Olli Mäki / Pericle il nero

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 20, 2016

    Love Will Tear Us Apart

    Crónica de la octava jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Entramos ya en la recta final de un festival que sigue aportando dosis imprevistas de originalidad y calidad cinematográfica en los escenarios más inesperados. En la presente jornada, que empezaba con un trabajo muy al uso de los hermanos Dardenne, La fille inconnue, llegaba la gran revelación con la proyección fuera de competición: The Wailing, que mostraba un universo terrorífico en el que se mezclaban el humor y las historias orientales de fantasmas en un envoltorio plagado de acción e histrionismo. Xavier Dolan, por su parte, presentaba un relato muy consistente sobre la necesidad de la sociedad de tomar conciencia del prójimo. A última hora, arribaba el veterano Hirokazu Koreeda con una película que, pese a ser muy correcta y entrañable, peca de una reiteración excesiva en este género sobreexplotado por el cineasta.

    LA FILLE INCONNUE

    Jean-Pierre & Luc Dardenne, Bélgica, 2016 / COMPETICIÓN.

    La filmografía de los Dardenne se acerca, con cada nueva entrega, un poco más a esa perfecta rigurosidad cinematográfica descrita y estudiada por los eruditos del séptimo arte quienes, mezclando con astuta armonía las mayores virtudes de cada director, se asoman con gloriosa curiosidad a la pureza absoluta del cine. Empero, el mayor mérito del trabajo de estos hermanos consiste en la irónica simplicidad con que abastecen cada secuencia, enfrentando así su admirado trabajo con la grandilocuencia preeminente en todos los aspectos que rodean al mundo del cine y su análisis. La constante preocupación por el desamparo que sufre la juventud en nuestra sociedad moderna, les ha llevado a explorar temas tales como la avaricia, la depredación laboral, la incomprensión, la ausencia de empatía, el arrepentimiento o la redención, siempre desde una óptica secular y respetuosa. En esa misma línea argumental transcurre La fille inconnue, un filme que trata de evidenciar, además de lo expuesto, la distinción de clases sociales y las consecuencias de la arrogancia, mientras toma como referencia el mercado sexual de menores y un agudo proceso de toma de conciencia.

    Si quedaba alguna duda sobre la maestría literaria de los realizadores belgas, se ha disipado completamente con esta película. Los Dardenne saben escribir y, lo que es más importante, saben hacerlo con diferentes voces independientes que se acoplan a sus personajes de manera natural y espontánea, como si de un diálogo improvisadamente estudiado se tratara. El desarrollo narrativo se fundamenta en la verosimilitud con la que enriquecen el relato razonada mediante situaciones conocidas. El realismo cotidiano es la principal baza argumentativa pese a que, en varios momentos de esparcimiento social, no dudan en adornar determinados momentos con afortunadas coincidencias que restan algo de ese realismo para construir una mayor base retórico-dramática. Con aproximadamente una película cada tres años, es de agradecer que los realizadores sigan respetando los principios probabilísticos de conjetura y certidumbre que dejan al descubierto, y sin ningún tipo de lacras, una sintaxis impecable alejada de excesivos artificios visuales o morales, con el aliciente principal de contextualizar esta nueva trama bajo un escenario que bebe de los principales esquemas policiales. La protagonista de la película, doctora en una pequeña localidad belga, se involucra, por un profundo sentimiento de culpa, en una investigación personal sobre la muerte de una mujer que, minutos antes de fallecer, había intentado solicitar auxilio en el consultorio donde trabaja. El filme presenta a la médica como única posibilidad para esclarecer lo sucedido frente a una población egoísta, sin el más mínimo interés por los problemas ajenos y unas fuerzas del orden completamente ineficaces y casi invisibles. La condescendiente decisión de cerrar por completo la intriga principal, contrasta con la deliberada ambigüedad final respecto al futuro inmediato de sus protagonistas, buscando así un desenlace parcialmente abierto a la interpretación, como estrategia para plasmar lo inevitable del azar y lo imposible de escribir el guion de nuestras vidas, al menos dentro de una clase media que no dispone del dinero necesario para comprarse un “happy ending”. (65 de 100)

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 19, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 8. Críticas: Sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde) / La fille inconnue (The unknown girl) / After the storm / The wailing (Goksung)

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 19, 2016

    A Hard Day’s Night

    Crónica de la séptima jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Llegaba Almodóvar a La Croisette arropado por los aplausos incansables de un público que lo acoge como el ídolo de masas en el que se ha convertido. Su película, Julieta, pese a ser la menos almodovariana de las que ha realizado nunca, ha despertado un gran interés en el público francés que aceptaba el encanto del manchego y lo premiaba con un respaldo absoluto. Mimosas, de otro realizador español, aunque éste prefiera responder al cosmopolitismo, nos introducía en un relato esotérico sobre las poblaciones norafricanas que sorprendía por su laicismo y su asombrosa puesta en escena. Y de un trabajo de elevada complejidad diegética a otro completamente antagónico en ese aspecto, aunque muy entretenido: Captain Fantastic resolvía con mucho oficio una crítica a los extremos ideológicos y a la sobreprotección infantil. De ahí nos marchábamos a Aquarius, una de esas cintas que alcanzan una importancia preponderante debido a su inmediatez y a la rabia con la que entonan un grito de protesta necesario. Cerrábamos la jornada con Brillante Mendoza y su Ma’Rosa, un filme que resulta algo convencional en el contenido, aunque muy bien ejecutado en base a la perfecta definición de la violencia institucional de un gobierno brutalizado.

    JULIETA

    Pedro Almodóvar, España, 2016 / COMPETICIÓN.

    Poco queda de aquel Almodóvar contestatario que se rebelaba contra los cánones de petulancia formal allá por los albores de los años 80. El manchego, en plena movida, era capaz de romper los esquemas clásicos del cine español a golpe de iconoclastia erótico-psicótica. Hoy, con el estreno de Julieta, deja claro que él ya no forma parte de la cultura rupturista a la que se unen las nuevas generaciones; el agotamiento y el paso del tiempo le han hecho asentarse en un estilo mucho más narrativo y pausado que evita el azoramiento histérico de antaño. El libreto que el realizador adapta de un relato de Alice Munro incide en sus obsesiones, u obsesión, perenne: la perturbadora relación freudiana maternofilial. Sin embargo, Almodóvar la aborda ahora desde una óptica completamente externa, sin implicarse, sin dejar entrever por ningún lado la desolación de sus inquietudes como artista y como reflejo de su obra. No aparece el desencanto de una época, ni la malicia sibilina de sus personajes. Por momentos vislumbramos una chispa de aquello personalizada en la inigualable Rossy de Palma, pero no es más que un espejismo, pues ni la soberbia actriz es capaz de devolver la agudeza a un cine que se pierde en la vaguedad de la medianía; no deja de ser una obra más del montón, incapaz de destacar por algo que no sea el nombre del autor.

    Lenta en un exceso prosaico, la trama se mantiene con vida gracias a un astuto truco de identidades, al representar a la misma persona por medio de dos actrices diferentes. No obstante, una vez que ese truco se ha afianzado y el proceso mutacional ha sido acertadamente colocado y contextualizado en un momento determinado del metraje, como indicador del fin y el comienzo de una etapa tan importante que adquiere un sentido absoluto, la película pierde entonces gran parte de su fuerza y se deja arrastrar a la deriva impulsada por la dramática historia de una familia cuyos lazos han sido arrancados con la fuerza de una tormenta salvaje. El director resuelve el entuerto con oficio pero sin despeinarse. Echamos en falta alguna vuelta de tuerca más sorprendente que premie nuestra paciencia pero, en su lugar, nos encontramos al amparo de un narrador empecinado que sigue con el ciego objetivo de aportar lirismo a un discurso cuya mayor, y puede que única, fuerza reside en la extremada gravedad dramática. (60 de 100)

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 18, 2016

    Festival de Cannes 2016. Día 7. Críticas: Aquarius / Ma'Rosa / Mimosas / Captain Fantastic / Julieta

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 18, 2016
    Joel Edgerton en Cannes

    El Western gana el sexto duelo

    Crónica de la sexta jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Llegamos al ecuador del festival en un día que será recordado como una de las decepciones más sonadas desde The See of Trees. Comenzábamos con Loving, en la que no apareció el mejor Jeff Nichols pero pudimos ser testigos de una cinta muy bien filmada y con un argumento de una calidad incontestable. Posteriormente nos lanzábamos a la piscina con Apprentice, de la que poco esperábamos y salimos con un buen sabor de boca al presenciar la desenvoltura de su director, Boo Junfeng, para crear una sensación asfixiante de tensión contenida en un escenario rodeado de muerte e identidades perdidas. A continuación llegaba lo mejor del día, un fantástico western modernizado provisto de un endiablado ritmo narrativo, un montaje audiovisual impecable, una banda sonora acertadísima y unas interpretaciones estelares: Hell or High Water, de David Mackenzie, lograba la ovación unánime del respetable que agradecía su dinamismo. Cerraba la noche todo un fracaso que destrozaba las grandes aspiraciones que teníamos por conocer lo nuevo de Olivier Assayas. Personal Shopper partía de una gran idea y terminaba como una de las cintas más fallidas del año. Poco destacable en una película que, sin duda, desaprovechaba una idea original y la llevaba a un terreno de clichés desidiosos.

    LOVING

    Jeff Nichols, Estados Unidos, 2016 / COMPETICIÓN.

    "Virginia hasn't always been for lovers.” En efecto, como bien escribió —y tituló— Phyl Newbeck en su novela publicada en 2005, hubo un tiempo en el que el estado de Virginia no era el lugar idóneo para presumir de un idilio amoroso, sobre todo si existía una discrepancia racial —o relación interracial— entre los enamorados. Jeff Nichols recupera en su nueva película, Loving, algunas de las obsesiones más recurrentes que han definido su línea filmográfica a lo largo de la última década. El director, muy concienciado con el estatus social de los excluidos en su país, siempre se ha mostrado bastante susceptible a los mecanismos marginales de una Norteamérica asombrosamente diligente en sus tareas de categorización y etiquetado de la ciudadanía. Su denuncia al desamparo político sufrido por los desfavorecidos y su insistencia para evidenciar la necesidad de la clase alta de establecer una polaridad topográfica constante, alcanza ahora un grado de significación absoluto al incluir, en ese escenario segregacionista, el componente etnográfico y discriminatorio que forjó el odio institucional estadounidense por antonomasia y desde sus pilares fundacionales. No podía pasar por alto para un realizador como Nichols la historia del señor y la señora Loving: una narración llena de prejuicios, dolor, sufrimiento y, sobre todo, un sentimiento genuino de amor y perseverancia; más aún si tenemos en cuenta que dicho suceso, aunque algo más al norte de lo acostumbrado, ocurrió en ese espectro sureño por el que este cineasta siente tanta predilección.

    Si en su anterior película, Midnight Special, el director llevó su analogía del marginado a un contexto de extremismo ficcional, al comparar a un niño inadaptado con un extraterrestre de poderes sobrenaturales, en esta ocasión Nichols no necesita de más artefactos discriminatorios que la propia pigmentación de la piel de su afroamericana protagonista: Mildred Loving. Existe un poso de ingenua incomprensión y de incontrolable rencor durante todo el metraje, movido por esa denuncia inicial que desencadena la persecución del amor entre dos ciudadanos; un concepto que pierde deliberadamente romanticismo en pro de un significado mucho más cercano al de libertad. El espectador es incapaz de comprender por qué, en una sociedad que comparte los mismos estigmas sociales, se produce ese malsano comportamiento irracional de destruir a cualquiera que evidencie la más mínima estabilidad. El amor no es concebible en las familias de marginados, pues les han dicho que su comportamiento ha de responder a una ilógica perversa y execrable. Porque lo importante de esta historia no radica tanto en el término amor, un cliché demasiado manido por el melodrama caucásico, como en el de prohibición, esa lacra tan arraigada a las minorías oprimidas por una privación absoluta del libre albedrío. Al igual que ocurría en Mud, el castigo del marginado se presenta en forma de civilización forzada, es obligado a emigrar hacia territorios no rurales y aprender a convivir bajo unas normas sociales muy diferentes. Nichols juega bien sus cartas en cuanto a que no trata de buscar venganzas ni cerrar pequeñas rencillas, como hacía en Shotgun Stories, sino que pretende certificar que lo único que prevalece frente al odio inherente al ser humano, viene explícitamente representado desde su título: Loving. (70 de 100)

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 17, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 6. Críticas: Loving / Personal shopper / Hell or high water / Apprentice

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 17, 2016
    Marion Cotillard en Cannes

    Las calles de Paterson

    Crónica de la quinta jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    No sentó muy bien el Mal de Piedras sufrido de buena mañana por todos los asistentes a la primera proyección de la quinta jornada de festival, donde Nicole Garcia presentaba su última creación bajo la incredulidad del respetable que no daba crédito a que semejante película hubiera llegado a sección oficial. Afortunadamente, la sección Una cierta mirada era más complaciente con nosotros y nos deleitó con Caini, una obra rumana, interpretada por el sensacional Vlad Ivanov que añadía la sobriedad y la crudeza dramática que necesitábamos. Por su parte, Nathan Morlando, ya en Quincena de Realizadores, llegaba con Mean Dreams, un drama infantil que, pese a su correcta puesta en escena y su acertada fotografía, peca de un efectismo formal muy poco agradecido. La tarde, no hay lugar a dudas, la salvaba el genio Jim Jarmusch con Paterson; interpretada por un magnífico Adam Driver en el rol principal que, haciendo honor a su apellido, se ponía tras el volante de un autobús para recorrer las calles de Paterson e impregnarse con la esencia de las almas que vagan diariamente por su oficina móvil. Una comedia muy estimulante y ejemplarmente dirigida con la que dábamos por finalizado un día más con un buen sabor de boca.

    MAL DE PIERRES

    Nicole Garcia, Francia, 2016 / COMPETICIÓN.

    Piedras en el riñón, o mal de piedras, fue la causa principal de que Gabrielle no pudiera tener un hijo y sufriera un aborto en el intento. Nicole Garcia presenta con Mal de Pierres, la historia de una mujer frustrada consigo misma, por ser incapaz de encontrar una vía de escape al tedio y la frustración que le provoca la vida en su opresivo régimen familiar. La soledad de quien actúa en virtud de los convencionalismos sociales arcaicos en lugar de hacer uso de su razón o, en el caso de esta película, su corazón, es narrada a través de un ser inestable y sentimentalmente volátil. La directora utiliza con gran maestría la secuenciación y la fotografía para evitar que la narración caiga en cambios innecesarios de ritmo, ya que el equilibrio formal es la mayor baza para evidenciar la inestabilidad de la protagonista, una siempre excelente Marion Cotillard.

    Historia de amor extramarital que incide con delicadeza y honestidad en las arengas hegemónicas peroradas por los hipócritas de la igualdad quienes, con tremendo aplomo, se atrevían a henchir sus discursos con la palabra libertad, tan gastada y disonante ya en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, para tratar de encubrir la vejatoria situación que, convirtiendo a la mujer en objeto, la obligaba a contraer matrimonio antes de una cierta edad para evitar ser considerada un desecho social. La vida de Gabrielle estuvo marcada por dos accidentes sentimentales: un matrimonio adúltero e impostado, y un amor platónico, tardío y maltrecho, del que se abasteció en su soledad autárquica con recuerdos y aderezos que fueron asentándose en su memoria como la mayor de sus convicciones existenciales. A la larga lista de incertidumbres y reveses qu sufre la protagonista, se añade la posibilidad de un embarazo que podría poner en tela de juicio el propio linaje y la progenie de su hijo. A excepción de un final algo precipitado, marcado por unos cuestionables recursos de cohesión y verosimilitud, la cinta funciona con depurada elegancia… si nos encontrásemos en casa de nuestra abuela un domingo de sobremesa. Mal de Pierres pasa como entretenimiento y estímulo para una placentera siesta, pero desde luego se queda muy pequeña en un festival como Cannes, donde parece imposible justificar, a excepción de por su nacionalidad, cómo una película tan llana, tan simple y tan efectista ha logrado entrar en la sección oficial; pues no ha acertado ni tan siquiera a mostrar un poco de valentía en sus decisiones. Uno de los grandes fracasos hasta el momento. (50 de 100)

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 16, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 5. Críticas: Paterson / Mal de pierres / Câini / Mean Dreams

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 16, 2016

    Segundo, tercer y cuarto acto

    Editorial sobre la tercera, cuarta y quinta jornada del 69º Festival de Cannes.

    Inicio extraño en el Festival de Cannes. La prensa no se pone de acuerdo; división de opiniones, casi todas categóricas, faltaría más, que ha provocado una neblina informativa que se entremezcla con una gran saturación de titulares. Lo que sí parece claro que es el Cannes de la comedia. Tras la excelente apertura de Woody Allen, han llegado propuestas como la alemana Toni Erdmann, por el momento la película que mejores críticas ha aglutinado, o la gala Ma loute, que buscan la complicidad con el espectador a golpe de sonrisa o carcajada. Eso sí, con metrajes excesivos y un toque histriónico no apto para todos los públicos. El humor, por tanto, se está imponiendo a los temas clásicos del certamen, que han llegado con veteranos como Ken Loach, que provocó algo más que bostezos, o Andrea Arnold, cuya American Honey se le ha atragantado a la prensa europea, no, en cambio, a la anglosajona. Aun así, otras tres horas de hip-hop y retrato adolescente en Norteamérica que se antojan excesivos. Y, hablando de excesos, ayer los fantasmas de La vida de Adèle se asomaron con el nuevo trabajo de Park Chan-wook, The Handmaiden, repleto de escenas subidas de tono que alguna úlcera provocaron a los integrantes de la platea. Con todo, este es hasta el momento el Festival de Cannes más indescifrable, aunque sí que podemos tildarlo como uno de los valientes de los últimos años. En la jornada de hoy, la número cinco, seguirá el eclepticismo. Primero con más humor, ya que se presenta Dos buenos tipos (The nice guys) de Shane Black, una aparente continuación de Kiss Kiss Bang Bang a mayor gloria de sus protagonistas: Russell Crowe y Ryan Gosling. La química entre ambos es el aspecto más valorado tras el primer screening del día. No erraremos si auguramos una recepción mixta para esta comedia made in Hollywood. Mucho menos simpática será Mal de pierres, octava película de Nicole Garcia y tercera participación en la sección oficial (El adversario -2002- y Selon Charlie -2006-). Un melodrama que adapta la novela homónima de Milena Agus y que tiene en Marion Cotillard su gran valor. Los primeros pases no han podido ser más negativos. Por la tarde, un sospechoso habitual: Jim Jarmusch. Con Paterson será la séptima vez que busque la Palma de Oro. Algo que solo ha podido conseguir con un cortometraje en 1993 (Coffee and cigarettes). Con su nuevo filme espera dar giro a una carrera algo aletargada precisamente tras su último gran éxito en la riviera: Las flores rotas, Gran Premio del Jurado en 2005. Mucho nos tememos que el hito del día llegará fuera de concurso y con dos detectives bastante patosos.



    por EAM
    mayo 15, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Dos buenos tipos en la Croisette

    por EAM | mayo 15, 2016
    Park Chan-wook en Cannes

    Make the Road Your Oyster

    Crónica de la cuarta jornada de la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Vuelve a descender Eros de su olimpo para dejar en la cuarta jornada de Cannes el sello de su banquete de tentaciones. Park Chan-wook presentaba una de las películas más limpias y sublimes de su carrera y, además, una de las más ejemplares en cuanto al uso de la semántica y la narrativa lírica. The Handmaiden era recibida, no obstante, con una gran división de opiniones que evidenciaban lo difícil que es para el público olvidar los primeros trabajos del director. Posteriormente aparecía Alejandro Jodorowsky con su nuevo drama autobiográfico. Poesía sin fin relata los comienzos en la poesía del polifacético artista. Si bien ayer hablábamos de Nicanor Parra a colación del filme, Neruda, hoy, como si de una licencia poética se tratara, aparece el antipoeta chileno como una de las principales referencias en los inicios de la carrera artística de Jodorowsky. Por la tarde llegaron The Transfiguration, una cinta independiente de terror que, pese a tener buenas intenciones, resulta demasiado vetusta; y por último, American Honey, una de las grandes apuestas de este festival que, pese a su gran puesta en escena y una muy interesante historia que contar, por desgracia no tarda en caer en trivialidades nimias, unidas a un formato adolescente que no es muy adecuado para un metraje de 3 horas.

    THE HANDMAIDEN

    Agassi, 아가씨, Park Chan-wook, Corea del Sur, 2016 / COMPETICIÓN.

    Conocimos a Park Chan-wook, por tierras occidentales, cuando ya era todo un autor consagrado, con su magnum opus, Oldboy, 2003. Para el director coreano, una de las características imprescindibles de su cine reside en su versatilidad dramatúrgica. Chan-wook siempre se esforzó para que la única marca representativa de sus películas fuera su propia firma. Sobra añadir que para lograr dicho propósito su cine siempre ha estado sujeto a una evolución expresiva y narrativa. No obstante, las similitudes entre sus películas son evidentes e inevitables, similitudes que vienen quizá más de cómo enfoca los temas que de los propios temas que enfoca. Permítannos expresarnos con mayor claridad: Chan-wook es un filósofo violento, su representación de la vehemencia y del comportamiento atrabiliario siempre ha estado ligada a la expresión, directa o indirecta, de temas existenciales y complejos que juegan con el estado anímico del espectador en sublimes ejercicios de concesión cinematográfica. The Handmaiden supone un paso adelante en ambas facetas del director; por un lado, ofrece una clara distinción formal con el resto de su filmografía, acercando la evidente concepción victoriana a un nivel pictórico nunca antes visto en sus obras; por otro, los fundamentos de su estilo surrealista siguen inalterables, el barroquismo narrativo se agudiza en los silencios al tiempo que mantiene la espectacularidad de los planos abigarrados, cargados de ángulos inverosímiles y movimientos de cámara frenéticos, aunque también existe mucho estatismo y plano fijo, debido a ese componente pictórico del que hablábamos. Todo se conjura para ofrecer un espectáculo audiovisual extraordinario fundamentado en una sucesión de planos que, en su inquieto dinamismo conjunto, tienden a la eternización estática individualizada gracias a las miles de capturas inmóviles que se almacenarán en nuestra retina y compondrán, por lo efectivo de sus juegos de claroscuros y la asombrosa utilización del color a altas intensidades cromáticas, una galería tenebrista de planos que resulta merecedora de los pinceles de Caravaggio.

    Utilizando la novela Fingersmith, de Sarah Waters, el realizador coreano se reivindica en su estatus trasgresor al adaptar a una de las escritoras contemporáneas más representativas de la ficción homosexual. El estilo de Waters, cercano por ineludible influencia al de James e incluso al de Goethe, se aprecia con facilidad en las relaciones entre los protagonistas y las exageradas manifestaciones sentimentales que se producen entre ellos. Park trata de desnudar a sus personajes de manera alegórica mediante el estudio del rostro y sus variaciones al enfrentarse a diferentes situaciones; con un estilo analítico similar al usado en 1688 por Jean de La Bruyère en su obra Les Caracteres ou les Moeurs de ce siècle, el coreano se acerca a la fisiognomía de sus protagonistas y los lleva al extremo de su resistencia psíquica y física por medio de una trama brutal que no da lugar a treguas, un romance que dejará al descubierto, no sólo el desnudo alegórico que comentábamos, sino también el físico y glorioso de sus protagonistas en un acercamiento a esa “pequeña muerte” que comentaba Bataille en su obra, Las lágrimas de Eros. Estructurada en tres partes, la cinta avanza sustentada por las diferentes perspectivas cambiantes de las dos protagonistas principales, quienes juntarán sus voces para componer una narración, que pasará de la objetividad inicial a la completa omnisciencia conforme nos acerquemos al final. Sin miedo a recrearse en los detalles, el ritmo será tranquilo en todo momento mientras va desenmascarando las claves de una trama que utiliza las analepsis de un modo francamente asombroso. De los flashbacks introspectivos de las protagonistas volveremos al presente fílmico, y de éste retrocederemos hasta el principio de la historia para, entonces, volver a contarla de nuevo desde otra óptica mucho más abierta. Las transiciones entre escenas se realizan con la misma delicadeza con la que las protagonistas acarician sus apolíneos cuerpos inmaculados. se alcanza, a partir de la segunda parte, un paroxismo apasionado inigualable, la pantalla es una fuente de erotismo y sensualidad fundamentada en lo detallista y sensual de la violencia carnal. El hombre, despiadado, lascivo, sexualmente corrupto y disfuncional, sólo busca el estudio de la estimulación concupiscente y su comercialización provechosa; la mujer, representación de la belleza perfecta, la pura voluptuosidad y la irresistible sexualidad, perseguidora incansable del sentimiento placentero y la estimulación sensorial; ambos bandos quedarán enfrentados en un violento juego de traiciones lujurioso, grotesco y extremadamente sensual. Las escenas de sexo, como no podría ser de otra manera, son rodadas con perfecta naturalidad y desinhibición carnal absoluta, una maravillosa forma de expresión erótica que nos conduce a un desenlace perfecto en el que el director fundirá, con una brillantez inenarrable, placer y dolor en un volcán de pasión, un yin yang homogéneo que absorbe la causa de la violencia para transformarla en una explosión de gozo. (90 de 100)

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 15, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Día 4. Críticas: The Handmaiden / American Honey / Poesía sin fin / The transfiguration

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 15, 2016

    Excentricidad e irregularidad. Estos son los dos calificativos más empleados de los dos últimos días en la Sección Oficial de Cannes. Unos altibajos que se reflejan en las opiniones, segmentadas desde la admiración hasta la decepción. De las cinco últimas aspirantes a la Palma de Oro exhibidas, solo la germana Toni Erdmann ha unido a gran parte (que no toda, como pueden leer en el texto de Alberto Sáez Villarino) de la prensa. La cinta de Maren Ade, autora de las muy interesantes Los árboles no dejan ver el bosque (2003) y Entre nosotros (2009), ha convencido por su mezcla de humor y profundidad para retratar la paternidad. Según los especialistas, nos encontramos ante la primera gran favorita. Un honor que parece descartado para los últimos trabajos de los británicos Ken Loach y Andrea Arnold. El primero, vuelve con otro alegato trotskista que ha sido acogido con tibieza: el mensaje importa, las formas no tanto. Por otro lado, Andrea Arnold ha sido la gran decepción del día de hoy (y puede que del festival) con su mirada sesgada y tópica de la juventud estadounidense en American Honey. Las primeras reacciones (mañana será su presentación oficial) han sido negativamente clarificadoras. A todo esto, se ha unido del barroquismo malintepretado de Bruno Dumont y Park Chan-wook. El cineasta francés ha sobresaltado a la platea con la fresca Ma Loute, extensión del discurso que ya presentó en la miniserie P'tit Quinquin. Un carnaval de excesos algo estomagante que hallará a su público pero no el aplauso. Caso más complejo presenta The Handmaiden, probablemente la obra más polémica del certamen por los temas presentados: sexo, masoquismo, machismo... Park Chan-wook, sin embargo, se muestra irregular e incapaz de sostener un guion deslavazado. Pese a ello, nuestro compañero Alberto Sáez ya nos ha adelantado que estamos ante un filme soberbio. Mañana tendrán su crítica a primera hora de la mañana. A continuación, les dejamos con la primeras notas de los filmes mentados.

    Reacciones a 'I, Daniel Blake'








    Reacciones a 'Toni Erdmann'









    Reacciones a 'The Handmaiden'








    Reacciones a 'Ma loute'








    Reacciones a 'American Honey'








    por EAM
    mayo 15, 2016

    Festival de Cannes 2016 | Park Chan-wook, Bruno Dumont, Andrea Arnold y Ken Loach decepcionan; Maren Ade divierte

    por EAM | mayo 15, 2016

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción