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    Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

    Top 10 del gran maestro japonés por José Luis Forte.

    De nuevo el juego está en marcha, como diría nuestro adorado Sherlock Holmes: destacar las diez mejores obras de un director de cine. En esta ocasión es el gran Akira Kurosawa el elegido, quizá el autor japonés más popular y con más merecido prestigio de la lejana isla. Y otra vez nos encontramos con la habitual problemática: dejar fuera películas que deberían incluirse en la lista. Así, solo por su primera secuencia, una operación quirúrgica en una tienda de campaña bajo la lluvia en plena guerra mundial, una de las mejores y más brillantes jamás rodadas por Kurosawa, Duelo silencioso (Shizukanaru kettô, 静かなる決闘, 1949) ya estaría dentro. O Ran (, 1985) por sus impresionantes escenas de batallas, Yojimbo (Yôjinbô, 用心棒, 1961) por su modernidad inquebrantable o Barbarroja (Akahige, 赤ひげ, 1965) por su retrato perfecto de un individuo, su filosofía y su época, que deviene un retablo que resume el carácter humanista de su autor en el que el hombre, tanto en su capacidad de hacer el bien como en su debilidad para hacer el mal, está reflejado con una delicadeza y una precisión inigualables.

    Director riguroso y amante del detalle, minucioso hasta la extenuación y entregado a su obra, es a partir de finales de la década de los 40 cuando comienza a perfeccionar su estilo, llevándolo a su máxima expresión a lo largo de los 50. Kurosawa, lejos ya entonces de las presiones del gobierno japonés que imponía a los cineastas un agobiante control en la inclusión de temáticas nacionalistas en sus películas, desata su imaginación y sus tramas son más personales, permitiéndole esta nueva situación de libertad encauzar su cine hacia tramas que muestran una concepción universal del hombre, ese reconocido humanismo en el que siempre se definirán sus personajes enfrentados a dilemas morales, a sí mismos y a su entorno, mostrando por igual cuándo aciertan en sus decisiones, sin que hacer lo correcto suponga para ellos por fuerza recompensa alguna, o cuándo, cegados por la senda del mal, se precipitan por ella sin que esto implique de forma inamovible que reciban su correspondiente castigo. Con el convencimiento sincero de que nadie compartirá la escogida en último lugar, se considerará esta posición como una casilla vacía en la cual, quien así lo desee, podrá sustituir la seleccionada y añadir la que considere que bajo ningún concepto habría que dejar a un lado. Juguemos pues.

    por José Luis Forte
    julio 18, 2020

    Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

    por José Luis Forte | julio 18, 2020

    Las 10 mejores películas de 2018

    La redacción de EAM elige los mejores filmes del año estrenados en España.

    Cerramos las publicaciones de 2018 como es ya tradición –desde 2010— con nuestra selección de las mejores películas estrenadas en España durante estos doce meses. El equipo de El antepenúltimo mohicano vota sus títulos predilectos dentro de una cosecha, por qué no decirlo, bastante fructífera en cuanto a calidad. Hablar a estas alturas de obras maestras está más relacionado a los recursos publicitarios que al análisis cinematográfico; lo mismo ocurre con las teorías negativas y negacionistas sobre el momento artístico del cine. No hay año que no termine con un buen puñado de trabajos que revisitar en el futuro. Y esta es quizás la misión de este listado: servir de guía no solo como mirada retrospectiva, sino también como herramienta para reivindicar propuestas cuya vigencia, en su amplia mayoría, la determinará ese juez implacable llamado tiempo. Echando un vistazo a los filmes referidos –incluyendo las menciones especiales—, las factorías estadounidense –con 7— y francesa –4— dominan una relación que dialoga con el 2017. Es el resultado de la convivencia de los aspirantes a los Oscars estrenados en nuestro país a principios de año con la élite del cine europeo, sudamericano y asiático presentada en los principales festivales del mundo. A continuación, las 10 mejores películas del año para la redacción de EAM que abre un anuario que tendrá como siguientes episodios «Las 10 mejores películas inéditas de 2018» y «Los 10 mejores trabajos fotográficos del 2018». Muchas gracias por su fidelidad y por ser parte de esta comunidad. Feliz 2019.

    Menciones de honor:

    20| Ready player one (Steven Spielberg, EE.UU., 2018), 61 puntos.
    19| Viaje al cuarto de una madre (Celia Rico Clavellino, España, 2018), 62 puntos.
    18| Caras y lugares (Visages, Villages, Agnès Varda & JR, Francia, 2017), 62 puntos.
    17| Western (Valeska Grisebach, Alemania, 2017), 66 puntos.
    16| Un sol interior (Un beau soleil intérieur, Claire Denis, Francia, 2017), 68 puntos.
    15| Amante por un día (L'amant d'un jour, Philippe Garrel, Francia, 2017), 70 puntos.
    14| Lady Bird (Greta Gerwig, EE.UU., 2017), 70 puntos.
    13| Dogman (Matteo Garrone, Italia, 2018), 77 puntos.
    12| The Rider (Chloé Zhao, EE.UU., 2017), 83 puntos.
    11| Burning (버닝, Lee Chang-dong, Corea del Sur, 2018), 92 puntos.

    por EAM
    diciembre 30, 2018

    Las 10 mejores películas de 2018

    por EAM | diciembre 30, 2018

    Las 10 mejores películas de Tony Scott

    Clasificamos la filmografía de uno de los mejores directores de cine de acción.

    No tuvo las cosas fáciles el británico Tony Scott (1944) para hacerse un hueco como director dentro de la competitiva maquinaria de Hollywood. Las comparaciones son odiosas y, para cuando Scott consiguió debutar con la cinta de terror El ansia (1983), su hermano Ridley ya se había consolidado como brillante realizador gracias a tres obras tan importantes como Los duelistas (1977), Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982). Formado en el London Royal College Of Art y con una amplia trayectoria en anuncios publicitarios, Tony Scott supo sobreponerse al fracaso de su ópera prima (hoy convertida en título de culto) gracias a la oportunidad brindada por los exitosos productores Jerry Bruckheimer y Don Simpson para ponerse al frente de dos triunfos comerciales de la talla de Top Gun (1986) y Superdetective en Hollywood 2 (1987), que posicionaron al director como un valor seguro de cara a la taquilla. Él fue uno de los mejores artesanos del denominado blockbuster, poseedor de un estilo muy pronunciado (estética de videoclip, montaje rápido, fotografía saturada y mucha parafernalia visual, algo así como un antecedente de Michael Bay), criticado por muchos pero siempre cumplidor. Tras el fiasco de Revenge (1990), su violento acercamiento al thriller romántico, intentó repetir la fórmula del éxito de Top Gun en Días de trueno (1990), nuevo vehículo de lucimiento para Tom Cruise en el que este cambiaba los aviones por las carreras de coches. Los resultados no fueron los esperados pero, después de apuntarse un buen tanto con la cinta de acción El último Boy Scout (1991), protagonizada por Bruce Willis, Scott dirigió su mejor película, Amor a quemarropa (1993), sobre un guion de Quentin Tarantino.

    A partir de ahí, Tony Scott entró en una etapa aún más comercial, que coincide con su primera colaboración son su actor fetiche, Denzel Washington. Juntos rodarían cinco títulos a cuál más taquillero: Marea roja (1995), El fuego de la venganza (2004), Déjà Vu (2006), Asalto al tren Pelham 123 (2009) –remake del clásico Pelham 1,2,3 (Joseph Sargent, 1974), coprotagonizado por John Travolta– e Imparable (2010), última película del cineasta. No fue la única estrella con la que trabajó. Tuvo a sus órdenes a Robert de Niro y Wesley Snipes en el rutinario thriller psicológico Fanático (1996), a Will Smith en la aventura de acción tecnológica Enemigo público (1998), a Brad Pitt y Robert Redford viviendo un tenso duelo interpretativo en la cinta de espionaje Spy Game (2001) y a Keira Knightley en uno de sus proyectos más personales, Domino (2005), donde llevó al cine la turbulenta vida de Domino Harvey, hija del actor Laurence Harvey y amiga personal del propio Tony Scott. La joven, perteneciente a la alta sociedad, había abandonado su prometedora carrera de modelo para dedicarse al peligroso oficio de cazarrecompensas, antes de morir a los 35 años, justo cuando Scott rodaba su película. Triste final para la que el realizador consideraba un "espíritu libre". También él abandonó este mundo de manera prematura, quitándose la vida en 2012, a la edad de 68 años. No fue un hombre que ambicionara entrar en la Historia del Cine como sí lo hizo su hermano mayor con un puñado de títulos, pero sí un más que competente artesano que sabía perfectamente lo que su audiencia esperaba de él y lo entregaba con absoluta profesionalidad. El cine de Tony Scott era sinónimo de entretenimiento bien facturado y casi siempre rentable. Dejó una carrera no demasiado extensa pero sí lo suficientemente interesante como para que merezca un repaso por las 10 obras más destacadas de su filmografía.

    por José Martín León
    diciembre 07, 2018

    Las 10 mejores películas de Tony Scott

    por José Martín León | diciembre 07, 2018

    Las 10 mejores películas del Festival Black Nights de Tallin

    Balance del último certamen de categoría A del año.

    Iniciado en 1997 con apenas 4.500 asistentes, el Black Nights Film Festival se originó en la bella Tallin para dar voz al muy personal cine nórdico, pero fue poco a poco expandiendo su alcance hasta convertirse en uno de los principales certámenes internacionales del momento. En sus 22 ediciones, múltiples han sido los cineastas procedentes de todos los rincones del mundo que han presentado sus películas allí, superándose el certamen cada año en riesgo y alcance. Se trata de un festival de clase A, pero su emplazamiento al final del ciclo anual y su escasa fama más allá del circuito crítico todavía le impiden contar con estrenos de auténtico renombre, lo que no quita que tanto su Sección Oficial como el resto de apartados presenten un gran interés que bien merece más titulares. Al menos, ese ha sido el caso de la 22ª edición, la cual ha llevado a esta publicación hasta la capital estonia por primera —que seguramente no última— vez. De entre todas sus variopintas secciones, y tratando de contar con un poco de todo, ha surgido el —confiemos— sugerente top 10 que nos ocupa.

    por Juan Roures
    diciembre 07, 2018

    Las 10 mejores películas del 22º Festival Black Nights de Tallin

    por Juan Roures | diciembre 07, 2018

    Las 10 mejores películas de la 56ª edición del Festival de Gijón

    Balance de la última entrega del certamen asturiano.

    La 56ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón se ha caracterizado por un nivel medio impecable, constituyendo su entera Sección Oficial un maravilloso despliegue de narrativas diversas procedentes de todos los rincones del planeta. Se nos prometió cine de alto voltaje y eso hemos recibido. Quizá hayan faltado, no obstante, trabajos memorables, pero, considerando que se trata del último gran festival español del año, sólo cabe aplaudir ante su esfuerzo y logro a la hora de traer a la ciudad asturiana, y por ende a España, un trocito de Sundance, Cannes, Berlín, Locarno, Karlovy Vary y Venecia. Además, poniendo así su granito de arena a la no siempre fácil amistad entre festivales patrios, este año el que nos ocupa ha apostado por un ciclo especial donde han podido verse algunos de los trabajos más destacadas del pasado Festival de San Sebastián. Con variadas secciones que van desde la simpática Enfants Terribles hasta la complicada Llendes, el Festival de Gijón tiene oferta para todos los gustos, una que, de hecho, supera con creces a la albergada por la ciudad a lo largo de todo el año. Y es que, como también pasa en San Sebastián y Sevilla, lamentablemente no se ha generado un hábito de cine arriesgado en versión original lo bastante fuerte para hacerse notar durante los 356 días restantes del ciclo anual. Dicho esto, y confiando en que poco a poco la situación cambie, demos paso a los 10 mejores títulos del 56º Festival de Gijón.

    por Juan Roures
    noviembre 27, 2018

    Las 10 mejores películas de la 56ª edición del Festival de Gijón

    por Juan Roures | noviembre 27, 2018

    Especial SEFF 2018

    Las 10 mejores películas.

    Celebrado anualmente en noviembre desde el 2004, el Festival de Cine Europeo de Sevilla constituye el evento más importante en lo que a la cinematografía del viejo continente respecta, si bien sigue tratándose de un certamen humilde por el que pasan pocas obras maestras pero sí innumerables trabajos de innegable interés. La Sección Oficial de la 15ª edición ha contado con algunos de los nombres más emblemáticos del cine europeo contemporáneo, pero por lo general con trabajos tremendamente divisorios. Hablamos de Olivier Assayas (Non-Fiction), Nuri Bilge Ceylan (El peral salvaje), Florian Henckel von Donnersmarck (Obra sin autor), Mia Hansen-Løve (Maya), László Nemes (Atardecer ), Christoph Honoré (Vivir deprisa, amar despacio) y Abdellatif Kechike (Mektoub, My Love: canto uno). Ninguno de ellos ha convencido unánimemente, si bien todos se han mantenido fieles al estilo que les dio el nombre. Entretanto, películas a priori menos llamativas como Donbass, de Sergei Loznitsa; Joy, de Sudabeh Mortezai; M, de Yolande Zauberman; Ray & Liz, de Richard Billingham, o Ruben Brandt, Collector, de Miolroad Krstic, han generado un soplo de aire fresco no necesariamente relegado al apartado de Las Nuevas Olas. De este último, destinado al talento revelación, han brotado las mayores sorpresas del festival, aunque no siempre para bien. Jumpman, de Ivan I. Tverdovsky; Shéhérazade, de Jean-Bernard Marlin; Something Is Happening, de Anne Alix, o Sauvage, de Camille Vidal-Naquet, entre otras, instan a seguir la pista a sus creadores. Por su parte, el popular apartado de Selección EFA ha albergado dos de las películas finalmente nominadas en la categoría principal de los Premios de Cine Europeo (la sorprendente Border, de Ali Abbasi, y la devastadora Girl, de Lukas Dhont, esta última fuera de concurso y del top que nos ocupa por haber sido ya estrenada en cines), así como otros trabajos cuyo público quizá sea demasiado reducido para la temporada de premios, a destacar Beast, de Michael Pearce; La casa de Jack, de Lars von Trier; Diamantino, de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt, o Buenos vecinos, de Hafsteinn Gunnar Sigurðsson, las cuales podrán gustar más o menos pero cumplen sin duda con los objetivos que se proponen. Como todo certamen cinematográfico de renombre, el Festival de Sevilla es inabarcable, lo que supone que de forma inevitable muchas joyas terminen pasando desapercibidas. Por no hablar de la difícil tarea de comparar producciones tan variopintas en fondo, forma y contexto, nada más haberlas digerido, para terminar quedándose sólo con una decena. No es por tanto tan importante qué no ha pasado el corte del listado que nos ocupa, como qué lo ha hecho. Sin más dilación, demos paso a las diez mejores películas del gratificante 15º Festival de Cine Europeo Sevilla, confiando en que todas ellas lleguen antes o después a las salas comerciales.

    por Juan Roures
    noviembre 20, 2018

    Las 10 mejores películas del 15º Festival de Cine Europeo de Sevilla

    por Juan Roures | noviembre 20, 2018

    Especial LesGaiCineMad 2018

    Las 10 mejores películas.

    Conforme la “normalización” llega al mundo occidental, la comunidad LGTBIQ+ busca nuevas formas de presentarse a sí misma en el séptimo arte, sea con historias rara vez contadas antes (ancianos homosexuales, jóvenes no binarios, niños transexuales, etc.), sea a través de innovadoras puestas en escena donde el propio arte cinematográfico tiene más relevancia que la reivindicación social. Y es que, aunque todavía sea habitual entre crítica y público relacionar cada nuevo estreno de temática LGTBIQ+ con clásicos como Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), lo cierto es que no hablamos de un género cinematográfico, siquiera un subgénero, sino meramente de un abanico de posibilidades identitarias que siempre se han desaprovechado tanto fuera como dentro de la pantalla. Los programadores del LesGaiCineMad, el festival de cine LGTBIQ+ más importante de los países de lengua española, dan año tras año muestra de ello, trayendo a Madrid películas de todo tipo de nacionalidades, temáticas y estilos que, lamentablemente, pasan desapercibidas durante el resto de la temporada incluso entre la crítica especializada. La 23ª edición, además, está protagonizada por las mujeres mayores, estrellas tanto del maravilloso cartel oficial, como de la aclamada película de apertura: la paraguaya Las herederas, que ya pasó por Berlín y San Sebastián y terminó alzándose como la mejor película del más humilde certamen que nos ocupa (al menos, según el jurado). La ópera prima de Marcelo Martinessi es, por cierto, uno de las nueve largometrajes de ficción latinoamericanos presentados en este LesGaiCineMad, un número extraordinario considerando que hablamos de un cómputo de veintiún obras venidas de todos los rincones del mundo (sumando documentales y cortometrajes, área clave para las nuevas voces, se alcanza el centenar). Números aparte, el alto grado de presencia latinoamericana es de vital importancia considerando la espantosa LGTBIQfobia que sigue invadiendo países donde, al igual que en África y Oriente Medio, basta no ser heterosexual y/o cisgénero para que la vida corra peligro. Si algo piden los habitantes de Chile, Colombia o Perú es respeto, y para ello hay que empezar por la propia identidad. A continuación, los diez títulos más interesantes de una selección prácticamente recomendable en su totalidad.

    por Juan Roures
    noviembre 20, 2018

    Especial LesGaiCineMad 2018: las 10 mejores películas

    por Juan Roures | noviembre 20, 2018

    Las 10 mejores películas del Festival de San Sebastián

    El equipo de EAM selecciona los mejores filmes de esta edición

    Como siempre, valorar en conjunto la programación de un festival es un desempeño algo injusto. Frente a los criterios (subjetivos, por supuesto) de calidad con la que tratamos de despacharla desde nuestra posición hay una estrategia mucho más amplia de diversificación que trata de llenar las distintas necesidades del certamen y en eso, si dejamos de lado nuestra propia satisfacción con el nivel cinematográfico, el Zinemaldia ha cumplido con nota este año. Por un lado, no hay que olvidar que hablamos de un evento que tiene una dimensión paralela en los gentíos agolpados contra la alfombra roja del Kursaal o la entrada del hotel María Cristina. En este sentido, la edición ha sido una de las mejores que se recuerdan, como testimonian los chillidos que se oían casi en el otro extremo de Ondarreta ante los desfiles de algunos famosos. Los más buscados para el selfie o el autógrafo: Robert Pattinson, Chris Hemsworth, Bradley Cooper, Ryan Gosling, Timothée Chalamet, Danny De Vito, Judy Dench o Juliette Binoche. Por otro, San Sebastián ha hecho fortaleza de la debilidad del cine español en festivales internacionales. Uno de sus puntos fuertes suele ser acaparar los títulos que a posteriori compiten en los Goya, y las cuatro cintas nacionales presentadas en esta edición (El reino, Yuli, Entre dos aguas y Quién te cantará) tienen todas las papeletas para estar en las nominaciones de peso. Otro minipunto. Por otra parte, y atendiendo a las palabras de José Luis Rebordinos, San Sebastián tiende más a las programaciones de confrontación que a las líneas editoriales coherentes con una idea sobre el cine. Esto es, a la polémica de la recepción más que a la puesta en valor del trabajo de creación. A uno le puede parecer mejor o peor, pero lo cierto es que esta programación ha tenido pocas propuestas de consenso (limitado casi a la representación española) y muchas de división. Ha habido una cierta apertura al cine de género en películas muy separadoras como High Life o In Fabric junto a la presencia de cintas cuya provocación, más que en los resultados, resulta obvia en la intención (en realidad, obras como Angelo o The Innocent también han logrado un consenso amplio, pero en este caso negativo). Como sea, las pequeñas discusiones han avivado el ambiente. En definitiva, detectamos una solvencia programática a la que es inevitable que añadamos nuestra valoración habitual: que aunque el nivel general no convenza, a la historia no pasan los programas sino las películas. Y de esas, como siempre, hay un puñado a las que hay que animar a descubrir en cuanto se pueda. Con la esperanza de compartir los hallazgos, por tanto, cerramos un año más nuestras andanzas donostiarras.

    por EAM
    septiembre 30, 2018

    Las 10 mejores películas de la 66ª edición del Festival de San Sebastián

    por EAM | septiembre 30, 2018

    Las 10 mejores películas de Brian De Palma

    Clasificamos la filmografía de uno de los genios del género.

    Confeccionar un top 10 con los mejores trabajos de un director de la altura de Brian De Palma (Nueva Jersey, 1940) no es tarea fácil. Títulos excelentes no faltan en su filmografía e incluso sus cintas menos inspiradas siempre contienen, como mínimo, una secuencia brillante que delata el genio del hombre que se encuentra detrás de las cámaras. Durante años fue saludado como un discípulo aventajado del maestro Alfred Hitchcock, a quien se encargaría de, más que plagiar, homenajear en un grupo de formidables (a veces excesivas, pero forma parte de su particular encanto) películas de suspense que cimentaron su fama, en las que dejó su inequívoco sello como uno de los cineastas más capacitados para construir virtuosos espectáculos visuales, repletos de movimientos de cámara elegantísimos y espectaculares planos que no necesitan de palabras, dado su enorme poder expresivo, recurriendo a técnicas como la split screen (la pantalla partida, que manejaba como nadie) o esa cámara lenta con la que dilataba las escenas hasta lo imposible. Entre su primer largometraje, estrenado en 1968, Murder à la Mod, y la pendiente de estreno Domino (2018), De Palma ha dejado un puñado de fascinantes filmes que, finalmente, han quedado fuera de la lista de diez elegidos, pero que merecen ser citados como buenos ejemplos de ese saber hacer que nos ha regalado durante las últimas cinco décadas y que le encumbraron como uno de los realizadores indispensables a la hora de entender el cine moderno. La comedia Saludos (1968), protagonizada por Robert De Niro -actor que repetiría a sus órdenes en dos ocasiones más- y ganadora del Oso De Plata en Berlín; sus ejercicios de suspense Hermanas (1973), En nombre de Caín (1992), Ojos de serpiente (1998) -que, pese a su irregularidad, se abría con uno de los planos secuencia más aplaudidos de la Historia del Cine-, Femme Fatale (2002) o Passion (2012); o su (exitoso) coqueteo con el cine más comercial en la fantástica primera entrega de Misión imposible (1996), aglutinan valores cinematográficos suficientes como para merecer su presencia en cualquier lista y hacer que le perdonemos tropiezos tan sonados como La hoguera de las vanidades (1990), Misión a Marte (2000) o La dalia negra (2006). A continuación EAM destaca los 10 títulos del gran Brian De Palma que, por unas u otras razones, han dejado más huella en el colectivo cinéfilo.

    por José Martín León
    septiembre 21, 2018

    Las 10 mejores películas de Brian De Palma

    por José Martín León | septiembre 21, 2018

    La despedida tiene la magia de un vals

    Las 10 mejores películas de la 71ª edición del Festival de Cannes.

    Ha sido un bonito baile. La 71ª entrega del Festival de Cannes ha concluido dejando un gran sabor de boca. Primero, por la experiencia, primeriza para el que escribe estas palabras; no existe comparación posible con otro evento en el mundo; por organización, por acogida y, por supuesto, por el nivel de las películas participantes. Siempre ha sido así, Cannes es el termómetro de la producción cinematográfica anual. Esto nos lleva a la segunda razón: una competición excelente ha dado lustre a esta edición, con un puñado de buenos filmes que, sin llegar a la cumbre, nos han entregado bastantes horas de lucidez. El giro programático que Thierry Frémaux y su equipo ha dado sus frutos. Este será el Cannes de Lee Chang-dong, el de Alice Rohrwacher, el de Kiril Serebrennikov, el de Lukas Dhont; también el de la confirmación de Bi Gan, como uno de las buenas noticias para la factoría autoral dentro de los próximos años; o el de una nueva reivindicación femenina por una industria más igualitaria liderada desde el jurado –con Cate Blanchett como maestra de ceremonias— y extendida al cuadro de honor. Probablemente, esto es lo único que perdure en los libros de la Historia del cine, los vencedores, la Palma de Oro… Pero no se queden con eso. No significan nada. Les podemos garantizar que hay mucho y bueno que ver. Lo harán durante este 2018. A propósito de ello, les dejamos nuestra selección de lo más destacado a ojos de Alberto Sáez Villarino, Víctor Blanes Picó, Ignacio Navarro Mejía y Emilio M. Luna. À bientôt, Cannes!

    Menciones especiales: Dogman (17 puntos), The Wild Pear Tree (12), Three Faces (10), El ángel (9), Under the Silver Lake (8), The dead and the others (6), Petra (5), Wildlife (2) y Mandy (1).

    por EAM
    mayo 20, 2018

    Las 10 mejores películas de la 71ª edición del Festival de Cannes

    por EAM | mayo 20, 2018

    La ironía y Woody Allen

    Las 10 mejores películas de Woody Allen.

    ¿Es Woody Allen un genio? Para un hombre que ha dedicado la mayor parte de su vida y la totalidad de su carrera al análisis interpretativo de grandes ídolos literarios e intelectuales, podríamos considerar que no es tanto un genio como un modesto artista con propensión a la búsqueda compulsiva de trascendentales respuestas a sus desasosiegos existenciales en teorías filosóficas. Sin embargo, en esa neurótica humildad, el realizador no sólo adapta sino que se cuestiona todas esas hipótesis modernas que han sido axiomáticamente aceptadas desde su misma concepción como verdad absoluta y unificada del ser humano; y ahí es donde se encuentra la genialidad de Allen, en el escepticismo inconformista que convierte su obra en un caótico manifiesto cómico-pesimista de la vida, en el que no encontraremos respuestas, sino más bien todo lo contrario, nuevas dudas que se implantarán en nuestra conciencia con la fuerza de un “como si alguna vez me hubiera importado”. Todo es contradictorio en el cine de Woody Allen, desde lo más básico de su enrevesado romanticismo, hasta la propia posición política de su mensaje. Esta discordancia narrativa será distinguible en temas como el feminismo, una de las preocupaciones mejor encaradas por el director; al identificarnos con la seguridad o la rebeldía de un personaje femenino dibujado por Allen estamos, de manera inconsciente, aceptando unos códigos que responden a algunas de las normas más reaccionarias de la tradición patriarcal. La construcción del personaje nos enfrenta a una cosmovisión que, pese a denunciar la posición de inferioridad de la mujer, no defiende una auténtica emancipación intelectual, emocional y profesional de ésta, sino que acepta la existencia de un sistema jerárquico machista en su reparto de roles sociales. De esta forma, en su nueva película, Wonder Wheel, se aprecia cómo la mujer, pese a disponer de una posición de aparente libre elección, será en última instancia la que pague las consecuencias más dramáticas por su intento de escapar de un destino continuista; la salvación de la relación romántica entre el hombre y la mujer, y por extensión, la salvación de la propia protagonista, pasa por la sumisión y la obediencia.

    Pero si el posicionamiento feminista de Allen no queda nada claro, menos aún lo hará el relativo al sexo, y esa obsesiva necesidad de equipararlo con la muerte, como en las grandes tragedias clásicas. La principal conjetura argumental de sus comedias reside en la aparición de uno o varios sujetos que despiertan el interés sexual de cualquier protagonista, relacionado por lo general con otro personaje, con quien mantendría un vínculo sentimental. De este modo, es de destacar que, pese a que la balanza porcentual de la población alleniana que comete adulterio tiende a inclinarse hacia el lado femenino, la infidelidad de la mujer suele estar ligada a la insatisfacción marital y a un claro deseo de libertad: busca una vida mejor que se contraponga a lo malo conocido. Sin embargo, en el caso del hombre, con la infidelidad sólo buscará saciar algún tipo de fantasía sexual con una mujer, por lo general, más joven que su pareja, un affaire rápido y sin consecuencias; algo tan improbable que tiende a ser el origen de la infelicidad individual de cada personaje y cuya responsabilidad recae de manera explícita en la actuación irreflexiva del hombre, aunque será la mujer quien sea culpada por ello, como ocurre en el caso específico de Annie Hall, quien es diagnosticada por su psicoanalista de padecer “envidia del pene”. La adicción a los psiquiatras o a los antidepresivos será otro de los temas constantes en todas las películas de Allen. De no aparecer o hacerse mención a la visita terapéutica con un profesional, como es el caso de Manhattan, Annie Hall o Maridos y mujeres, entre muchos otros, el guion siempre recurrirá a la ingesta de fármacos como forma de aliviar cualquier tipo de padecimiento. En este sentido, hallamos en Sueños de un seductor (Play It Again, Sam, 1972) uno de los diálogos más hilarantes acerca de la neurosis por la medicación. Sin ser una película dirigida por Allen –Herbert Ross se encarga de esta tarea–, es inconfundible la firma del realizador neoyorkino en un guion plagado de conversaciones tan extravagantes como la siguiente:

    — LINDA: ¿Tienes una aspirina? Me está empezando a doler un poco la cabeza.
    — DICK: Se está derrumbando, y va y te pones enferma.
    — LINDA: Bueno, no te pongas tú nervioso.
    — DICK: No me pongo nervioso. He tenido un día muy difícil.
    — ALLAN: ¿Tú también quieres una aspirina?
    — DICK: No.
    — ALLAN: Me tomé todas las aspirinas. ¿Quieres un Darvon?
    — LINDA: Bueno. Mi psicoanalista me sugirió una vez Darvon, cuando tenía migrañas.
    — ALLAN: Yo solía tener migrañas, pero mi psicoanalista me curó. Ahora, me salen unos sabañones espantosos.
    — LINDA: Yo sigo con las migrañas, pero es debido a la tensión.
    — ALLAN: Según mi psiquiatra, para curarme del todo necesito una lobotomía.
    — LINDA: Cuando el mío está de vacaciones, me encuentro paralizada.
    — DICK: Deberíais casaros el uno con el otro e iros a vivir a un hospital.
    — ALLAN: ¿Quieres una tónica con tu Darvon?
    — LINDA: Si no tienes zumo de manzana.
    — ALLAN: Oh, zumo de manzana y Darvon, ¡estupenda combinación!
    — LINDA: ¿Has probado el Ixium con zumo de tomate?
    — ALLAN: La verdad es que no, pero otro neurótico me ha dicho que es algo increíble.
    — DICK: ¿Puedo tomar una Coca-Cola sin nada dentro?

    Esta combinación de sexo, drogas y Jazz suele dirigir a los personajes a un estado de preocupación desorbitado por la muerte, ya sea por el sentimiento de irremediable cercanía de la misma, con un memento mori pesimista que olvida por completo el regocijo inmediato del carpe diem, para adentrarse en un estado depresivo de insatisfacción inconsolable, por la aparición de un suceso violento o la irrefrenable necesidad de cometer un acto de crueldad homicida. En este caso, Allen hará uso de las teorías dostoievskianas acerca de la ausencia de castigo como la tortura real del criminal. Los asesinos dibujados por el realizador, tras perpetrar con éxito el crimen y eludir la justicia, sufrirán un período de insatisfacción, una decepción originada por el desencanto ante la perspectiva de un mundo sin justicia alguna en el que el delincuente actuará con ciega temeridad, alardeando de sus acciones y buscando así, sin ser consciente de ello, el castigo que merece para no perder la esperanza de un orden justo, tal como le ocurre al narrador de El corazón delator, de Poe, que actuará de forma arrogante e imprudente hasta ser descubierto. De no ser así, el asesino quedaría condenado a la incertidumbre de esperar un castigo divino inminente, o a la certidumbre de un mundo desprovisto de ninguna fuerza extraterrenal y, por lo tanto, la desposesión definitiva de la fe y, como Stavroguín (Los endemoniados, 1872), incurrirá de nuevo en la maldad con el objetivo de buscar esa intervención celestial que nunca llegará. Éste sería el caso de Chris Wilton y Judah (Match Point, 2005 y Delitos y faltas, 1989), quienes, pese a salir indemnes de sus crímenes, se encontrarán inmersos en una desesperada crisis al ver sus pecados libres de todo castigo: “Le dije que era una historia espeluznante”. Desde una multitud variopinta de escenarios, aunque con la ciudad de Nueva York como elemento icónico de su cine y el único de los componentes del relato que siempre se conserva imperturbable, romántico, nostálgico y lleno de optimismo en contraposición a la desdicha sufrida por sus ciudadanos, Woody Allen examina compulsivamente la posible aparición de una estructura moral superior en un entorno desprovisto de valores. ¿Quién lleva razón, el Iván Karamázov de Dostoievski al afirmar que todo está permitido, o Albert Camus al opinar todo lo contrario? Esperamos que en el siguiente Top 10 encuentren su respuesta o, al menos, un buen plan para una tarde lluviosa.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 03, 2018

    Las 10 mejores películas de Woody Allen

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 03, 2018

    Las 10 mejores películas de 2017

    Anuario EAM: Los tesoros que nos deja el año.

    El 2017 se nos ha hecho viejo y, como cada año, toca volver la vista atrás y echar un vistazo a todo lo que nos ha regalado desde un punto de vista cinematográfico. Es el momento de las siempre controvertidas listas de lo mejor del año. Controvertidas porque nunca llueve a gusto de todos, pero también porque, al fin y al cabo, estamos hablando de consideraciones que, aunque no lo parezcan, se hacen en caliente, bajo el influjo del calor cercano de la sala de cine y las sensaciones que nos ha producido. Así, lanzarse a ordenar todos los estrenos de las últimas 52 semanas sin la perspectiva que da el paso de los años siempre es algo, cuanto menos, atrevido. Sin embargo, si lo pensamos detenidamente, ¿alguien duda acaso de que no recordaremos en un futuro el revulsivo que ha supuesto la mano de Damien Chazelle y su La La Land para el siempre denostado género musical? ¿O que un cineasta como David Lowery no continuará desarrollando su carrera siempre desde el portentoso cimiento que ha supuesto A ghost story? ¿Y qué me dicen de Z, la ciudad perdida? Una película que, sin duda, ha pasado más desapercibida de lo que debería, pero que no tardaremos en recuperar para entender y analizar a un cineasta tan completo como James Gray. Y si miramos al cine patrio, ¿cuántos serían capaces de poner en duda que un debut como el de Carla Simón en Estiu 1993 no nos hará pensar en un cine más personal y sensible que es capaz de llegar al público y triunfar en festivales? ¿O el salto al vacío de Darren Aronofsky y madre!, la que podríamos bautizar como la controversia del año? Por no hablar de Moonlight. ¿Cuánto tardaremos en olvidar el dichoso asunto de los Oscar, que siempre nos llevará a recordar la delicada obra de Barry Jenkins? Ya sea por uno u otro motivo, lo cierto es que 2017 nos deja un buen puñado de excelentes películas que pasan a partir de este preciso momento a formar parte de la historia del séptimo arte. El tiempo, como siempre, será el que se encargará de poner a cada una en el lugar que le corresponde dentro del Olimpo fílmico. Aunque, si nos lo permiten, nos aventuramos a pensar que los dioses del celuloide ya están haciendo hueco a muchas de las películas que aparecen un poco más abajo. Y prepárense porque el año que acabamos de empezar también se antoja lleno de grandes títulos: Call me by your name, Tres anuncios en las afueras, Zama, El hilo invisible, Thelma… En fin, sigamos disfrutando.

    Menciones de honor:

    20| En realidad, nunca estuviste aquí (You were never really here, Lynne Ramsey, Reino Unido, 2017), 83 puntos.
    19| Los demonios (Les démons, Philippe Lesage, Canadá, 2015), 83 puntos.
    18| Loving (Jeff Nichols, Estados Unidos, 2016), 85 puntos.
    17| Detroit (Kathryn Bigelow, Estados Unidos, 2017), 85 puntos.
    16| Le fils de Joseph (Eugène Green, Francia, 2016), 88 puntos.
    15| The Square (Ruben Östlund, Suecia, 2017), 114 puntos.
    14| Lady Macbeth (William Oldroyd, Reino Unido, 2016), 118 puntos.
    13| Mánchester frente al mar (Manchester by the sea, Kenneth Lonergan, Estados Unidos, 2016), 118 puntos.
    12| Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, Estados Unidos, 2017), 120 puntos.
    11| El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, Reino Unido, 2017), 124 puntos.

    por EAM
    enero 08, 2018

    Las 10 mejores películas de 2017

    por EAM | enero 08, 2018

    Las 10 mejores películas inéditas de 2017

    Anuario EAM: The new (and the old) lights.

    Con la consolidación del modelo Netflix en las pequeñas pantallas españolas, va a ser cada vez más habitual que grandes películas vean acotado su estreno comercial a este medio. ¿Se acerca el final del cine en salas? Ni mucho menos, solo que se expanden las opciones, y, por ello, llegarán de forma legal producciones que no suelen pasar la frontera de los certámenes. Aun así, por modelo mercantil o, simplemente, por ceguera, las distribuidoras, por norma general, siguen dejando a un lado filmes arriesgados o con un target inespecífico. Es difícil asumir que largometrajes como Certain Women –el número uno del listado homólogo de esta publicación del pasado año— o Wind River –que saldrá a la venta este mes de enero— hayan llegado o llegarán a las manos del público a través del mercado doméstico. Algo que le ha podido ocurrir a A ghost story de David Lowery, salvado in extremis y de forma silenciosa por un estreno técnico en cuatro salas. Claro está, que hablamos de cintas adquiridas por majors tras su paso por el Festival de Sundance que no supieron, viendo que su exiguo protagonismo en la Oscar Race, encontrarle un hueco adecentado en este cada vez más celérico torbellino de novedades de cartelera. Películas como Mr. Long, Brigsby Bear –que también tendrá su vía de escape a través del digital—, Beach Rats o As boas maneiras, por otro lado, dentro de una tipología de propuesta de autor, tienen un perfil comercial que bien les podría haber procurado una exhibición durante este 2017 dominado por blockbusters y el cine de animación. Mucho más complicado lo tienen obras tan sugerentes como la turca More, la georgiana Dede y la checa Little Crusader, proyectadas en el Festival de Karlovy Vary; o la portuguesa Colo, la brasileña Rifle y el documental El mar la mar, que abrieron sus dilatados recorridos en la Berlinale. Pero no solo los jóvenes realizadores se encuentran con este obstáculo que saltar; grandes autores como Terrence Malick –cuyas tres últimas películas no han sido estrenadas en nuestro país—, Andrew Haigh y los hermanos Safdie no han podido estrenar en salas sus últimos trabajos. Especialmente llamativo es este último caso. Netflix estrenará el 11 de enero Good Time, sin publicidad alguna y para rellenar el fondo de armario de la parrilla. Un dato que resulta grotesco, ya que estamos ante una de las apuestas visuales y narrativas más potentes del pasado curso. Aun con casos tan flagrantes, hay motivos para la esperanza. La aparición de pequeñas compañías de distribución como Compacto o Versus Entertainment que le ofrecen al público la posibilidad de ver joyas como Los demonios –número uno, una vez más, de este top hace un par de años— y Columbus –estrenada hace un par de semanas— siempre es motivo de celebración. Al igual que la consolidación este año de La Aventura, que será la responsable de estrenar en Españas filmes como Western, Under the Tree, El Cairo Confidencial, Jeune Femme, Amante por un día y, sobre todo, el cine de Hong Sang-soo, un clásico inédito al que por suerte veremos en pantalla el año que viene con, al menos, dos películas. Les dejamos con nuestro top 10 de largometrajes no estrenados en España y que, esperemos, tenga su pequeño espacio de gloria durante este 2018 que acaba de comenzar.

    por EAM
    enero 02, 2018

    Las 10 mejores películas inéditas de 2017

    por EAM | enero 02, 2018

    Las 25 mejores películas de 2017 según Sight & Sound


    ¿Merece Déjame salir tanta loa? Lo cierto es que este otoño se ha multiplicado un efecto que esperaba disiparse tras el verano. Déjame salir es considerada por unanimidad como una de las mejores películas del año y ya nadie duda que copará las principales categorías de los Oscars. El magazine británico Sight & Sound la ha colocado en lo más alto de su listado anual. Justo por delante de una serie de televisión, la vuelta de Twin Peaks. Por suerte la cordura llega con la aparición ulterior de Call me by your name, Zama, Western y Good Time, películas en los tres últimos casos que tienen poco que decir a nivel de galardones. A continuación, la relación completa.

    1. Déjame salir, de Jordan Peele.
    2. Twin Peaks: El retorno, de David Lynch.
    3. Call Me by Your Name, de Luca Guadagnino.
    4. Zama, de Lucrecia Martel.
    5. Western, de Valeska Grisebach.
    6. Caras, lugares, de Agnès Varda y JR.
    7. Good Time, de Josh & Benny Safdie.
    8. Sin amor, de Andréi Zvyagintsev.
    9. Dunkerque, de Christopher Nolan.
    9. The Florida Project, de Sean Baker.
    11. A Ghost Story, de David Lowery.
    12. Lady Macbeth, de William Oldroyd.
    12. 120 pulsaciones por minuto, de Robin Campillo.
    12. En realidad, nunca estuviste aquí, de Lynne Ramsey.
    15. Tierra de Dios, de Francis Lee.
    16. Personal Shopper, de Olivier Assayas.
    16. La forma del agua, de Guillermo Del Toro.
    16. Strong Island, de Yance Ford.
    19. I Am Not Your Negro, de Raoul Peck.
    19. Lady Bird, de Greta Gerwig.
    19. Un sol interior, de Claire Denis.
    19. Moonlight, de Barry Jenkins.
    19. Mother!, de Darren Aronofsky.
    19. Mudbound, de Dee Rees.
    25. El otro lado de la esperanza, de Aki Kaurismäki.
    25. Silencio, de Martin Scorsese.
    por EAM
    diciembre 08, 2017

    Las 25 mejores películas de 2017 según Sight & Sound

    por EAM | diciembre 08, 2017

    Las 10 mejores películas de 2017 según el American Film Institute


    Ya inmersos en la Oscar Race, como es habitual a estas alturas de diciembre, el American Film Institute (AFI) ha publicado su top 10 anual, que suele tener un elevado número de equivalencias con respecto a la categoría reina de los Oscars. Precisamente, el año pasado solo dos películas candidatas al Óscar a mejor película, Lion y Figuras ocultas, no aparecieron en la relación del AFI. En su clasificación 2017 aparecen propuestas cuestionables como Wonder Woman y The Big Sick, y también las clásicas de este inicio de carrera. Filmes como Mudbound o El hilo invisible se han quedado fuera.

    Largometrajes

    The Big Sick, Michael Showalter.
    Call Me by Your Name, Luca Guadagnino
    Dunkerque, Christopher Nolan
    The Florida Project, Sean Baker.
    Déjame salir, Jordan Peele.
    Lady Bird, Greta Gerwig.
    Los archivos del Pentágono, Steven Spielberg.
    La forma del agua, Guillermo Del Toro.
    Tres anuncios en las afueras, Martin McDonagh.
    Wonder Woman, Patty Jenkins.

    Series de televisión

    Big Little Lies
    The Crown
    Feud: Bette and Joan'
    Game of Thrones
    The Good Place
    The Handmaid’s Tale
    Insecure
    Master of None
    Stranger Things 2
    This Is Us

    Premio especial

    The Vietnam War, Ken Burns.

    por EAM
    diciembre 08, 2017

    Las 10 mejores películas de 2017 según el American Film Institute

    por EAM | diciembre 08, 2017

    Las 10 mejores películas de 2017 según Cahiers du Cinéma

    David Lynch encabeza el listado.

    No será la primera ni tampoco la última publicación que coloque en lo más alto de los listados de cada anuario cinematográfico la segunda entrega de Twin Peaks. Lo ha hecho la británica Sight & Sound y, también, para su tradicional número de diciembre, la francesa Cahiers du Cinéma. La vuelta de David Lynch a la pequeña pantalla encabeza una relación notable, de marcado tono norteamericano, con algunas de las mejores películas que han pasado por festivales este curso y también con algún guiño al cine comercial, como son las presencias de Ang Lee y M. Night Shyamalan.

    1. Twin Peaks II, de David Lynch (EE.UU.).
    2. Jeannette, l'enfance de Jeanne d'Arc, de Bruno Dumont (Francia).
    3. Certain Women, de Kelly Reichardt (EE.UU.).
    4. Déjame salir, de Jordan Peele (EE.UU.).
    5. The day after, de Hong Sang-soo (Corea del Sur).
    6. Amante por un día, de Philippe Garrel (Francia).
    7. Good Time, de Benny & Josh Safdie (EE.UU.).
    8. Múltiple, de M. Night Shyamalan (EE.UU.).
    9. Jackie, de Pablo Larraín (EE.UU.).
    10. Billy Lynn, de Ang Lee (EE.UU.).
    por EAM
    diciembre 06, 2017

    Las 10 mejores películas de 2017 según Cahiers du Cinéma

    por EAM | diciembre 06, 2017

    Olor a verano

    Las 10 mejores películas de la 65ª edición del Festival de San Sebastián.

    Un año más llegamos al final del Festival de San Sebastián, ya en su edición número 65, dejando constancia de que su Sección Oficial, el de las películas en concurso, no ha sido tan brillante como fuera deseable. Como siempre, y con ese afán planteamos la selección aquí presente, nos vamos con un puñado de películas en el zurrón que rescatar y animarles a descubrir más allá del panorama general de normalidad festivalera, de obras que no nos pueden hacer esperar grandes cosas de sus artífices. Se percibe una clara apuesta por el cine de autor de contenido social, si bien recurrente en lo formal y poco original en su traslación visual. La sección dedicada a los Nuevos Directores ha resultado tan radical en su planteamiento como gris en su alcance cinematográfico. Y la sección Perlas, dedicada a filmes premiados en otros certámenes, ha mostrado un nivel muy irregular. Pero no todo es oscuridad: muchas de las secciones del Festival han tenido su momento de excelente cine, magníficos títulos que quizá puedan quedar ocultos ante tal maraña de horarios y proyecciones. Por eso desde El Antepenúltimo Mohicano queremos rescatar lo que nos ha parecido lo mejor de esta edición. Pese a las quejas habituales y necesarias, cabe decir que hemos disfrutado como locos viviendo estas jornadas intensas de cine, respirando el celuloide en cada sala, sintiendo siempre vivas nuestra pasión y nuestro amor por el cine.

    por EAM
    octubre 01, 2017

    Las 10 mejores películas de la 65ª edición del Festival de San Sebastián

    por EAM | octubre 01, 2017

    Aunque este verano cinematográfico algo escaso de interés le ha restado resonancia, de nuevo, la BBC ha caldeado el ambiente con un nuevo listado. En esta oportunidad, compilador de las mejores comedias de la Historia del Cine. Por supuesto, la polémica está servida aunque la presencia de muchos títulos y directores es incuestionable: Billy Wilder (un más que merecido número uno y tres largometrajes en la relación), Stanley Kubrick, Luis Buñuel, Buster Keaton, Woody Allen, Jacques Tati, Terry Gilliam & Terry Jones, Charles Chaplin, Howard Hawks, Ernest Lubistch, Frank Capra o, entre otros muchos, los hermanos Coen, por no dejar a un lado la contemporaneidad. Más allá de cuerpos extraños –Zoolander, Resacón en Las Vegas, South Park o Arma fatal—, la cuestión que se eleva es si todas las integrantes pertenecen al género, ya que muchas apuestan por el drama o la tragedia. Sea como fuere, estas son las 100 elegidas según 253 críticos encuestados para el canal emblema de las artes audiovisuales británicas.

    100. [empate] El rey de la comedia (The King of Comedy, Martin Scorsese, 1982).
    100. El terror de las chicas (The Ladies Man, Jerry Lewis, 1961).
    99. Un loco anda suelto (The Jerk, Carl Reiner, 1979).
    98. Resacón en Las Vegas (The Hangover, Todd Phillips, 2009).
    97. The Music Box (James Parrott, 1932).
    96. Nacida ayer (Born Yesterday, George Cukor, 1950).
    95. Cazafantasmas (Ghostbusters, Ivan Reitman, 1984).
    94. Academia Rushmore (Rushmore, Wes Anderson, 1998).
    93. South Park: Más grande, más largo y sin cortes (South Park: Bigger, Longer & Uncut, Trey Parker, 1999).
    92. El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962).
    91. ¿Qué me pasa, Doctor? (What’s Up, Doc?, Peter Bogdanovich, 1972).
    90. A New Leaf (Elaine May, 1971).
    89. Las margaritas (Sedmikrásky, Vera Chytilová, 1966).
    88. Zoolander (Ben Stiller, 2001).
    87. Los caballeros las prefieres rubias (Gentlemen Prefer Blondes, Howard Hawks, 1953).
    86. Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets, Robert Hamer, 1949).
    85. Amarcord (Federico Fellini, 1973).
    84. Waiting for Guffman (Christopher Guest, 1996).
    83. El hombre mosca (Safety Last!, Fred C Newmeyer and Sam Taylor, 1923).
    82. Top Secret! (Jim Abrahams, David Zucker and Jerry Zucker, 1984).
    81. Algo pasa con Mary (There’s Something About Mary, Bobby and Peter Farrelly, 1998).
    80. Trabajo basura (Office Space, Mike Judge, 1999).
    79. La cena de los idiotas (Le dîner de cons, Francis Veber, 1998).
    78. La princesa prometida (The Princess Bride, Rob Reiner, 1987).
    77. Divorcio a la italiana (Divorzio all’italiana, Pietro Germi, 1961).
    76. Una mujer para dos (Design for Living, Ernst Lubitsch, 1933).
    75. Un marido rico (The Palm Beach Story, Preston Sturges, 1942).
    74. Entre pillos anda el juego (Trading Places, John Landis, 1983).
    73. El profesor chiflado (The Nutty Professor, Jerry Lewis, 1963).
    72. Agárralo como puedas (The Naked Gun: From the Files of Police Squad!, David Zucker, 1988).
    71. Los Tennenbaum (The Royal Tenenbaums, Wes Anderson, 2001).
    70. In the Loop (Armando Iannucci, 2009).
    69. La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975).
    68. Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939).
    67. Compañeros de juerga (Sons of the Desert, William A Seiter, 1933).
    66. Arma fatal (Hot Fuzz, Edgar Wright, 2007).
    65. El club de los chalados (Caddyshack, Harold Ramis, 1980).
    64. Hermanos por pelotas (Step Brothers, Adam McKay, 2008).
    63. Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace, Frank Capra, 1944).
    62. Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows, Jemaine Clement y Taika Waititi, 2014).
    61. Team America: La policía del mundo (Team America: World Police, Trey Parker, 2004).
    60. Zombis Party (Shaun of the Dead, Edgar Wright, 2004).
    59. Toni Erdmann (Maren Ade, 2016).
    58. Zelig (Woody Allen, 1983).
    57. Chicas malas (Mean Girls, Mark Waters, 2004).
    56. Al filo de la noticia (Broadcast News, James L Brooks, 1987).
    55. Best in Show (Christopher Guest, 2000).
    54. Harold y Maude (Harold and Maude, Hal Ashby, 1971).
    53. Granujas a todo ritmo (The Blues Brothers, John Landis, 1980).
    52. Al servicio de las damas (My Man Godfrey, Gregory La Cava, 1936).
    51. Siete ocasiones (Seven Chances, Buster Keaton, 1925).
    50. Mujeres al borde de un ataque de nervios (Women on the Verge of a Nervous Breakdown, Pedro Almodóvar, 1988).
    49. El discreto encanto de la burguesía (The Discreet Charm of the Bourgeoisie, Luis Buñuel, 1972).
    48. Un ladrón en la alcoba (Trouble in Paradise, Ernst Lubitsch, 1932).
    47. Desmadre a la americana (Animal House, John Landis, 1978).
    46. Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994).
    45. Rufufú (I soliti ignoti, 1958).
    44. La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, Paul Feig, 2011).
    43. M*A*S*H (Robert Altman, 1970).
    42. La pícara puritana (The Awful Truth, Leo McCarey, 1937).
    41. Borat (Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan, Larry Charles, 2006).
    40. Los productores (The Producers, Mel Brooks, 1967).
    39. Una noche en la ópera (A Night at the Opera, Sam Wood y Edmund Goulding, 1935).
    38. Historias de Filadelfia (The Philadelphia Story, George Cukor, 1940).
    37. Los viajes de Sullivan (Sullivan’s Travels, Preston Sturges, 1941).
    36. Un pez llamado Wanda (A Fish Called Wanda, Charles Crichton y John Cleese, 1988).
    35. Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, Stanley Donen y Gene Kelly, 1952).
    34. Clueless (Fuera de onda) (Amy Heckerling, 1995).
    33. El reportero (Anchorman: The Legend of Ron Burgundy, Adam McKay, 2004).
    32. Arizona Baby (Raising Arizona, Joel y Ethan Coen, 1987).
    31. Tootsie (Sydney Pollack, 1982).
    30. Las vacaciones del señor Hulot (Les vacances de M. Hulot, Jacques Tati, 1953).
    29. Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally…, Rob Reiner, 1989).
    28. Sucedió una noche (It Happened One Night, Frank Capra, 1934).
    27. El apartamento (The Apartment, Billy Wilder, 1960).
    26. Mi tío (Mon Oncle, Jacques Tati, 1958).
    25. La quimera del oro (The Gold Rush, Charles Chaplin, 1925).
    24. Withnail y yo (Withnail and I, Bruce Robinson, 1987).
    23. El guateque (The Party, Blake Edwards, 1968).
    22. El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, Mel Brooks, 1974).
    21. Luces de ciudad (City Lights, Charles Chaplin, 1931).
    20. Sillas de montar calientes (Blazing Saddles, Mel Brooks, 1974).
    19. Las tres noches de Eva (The Lady Eve, Preston Sturges, 1941).
    18. El moderno Sherlock Holmes (Sherlock Jr, Buster Keaton, 1924).
    17. La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, Howard Hawks, 1938).
    16. El gran dictador (The Great Dictator, Charles Chaplin, 1940).
    15. Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Monty Python and the Holy Grail, Terry Gilliam and Terry Jones, 1975).
    14. Luna nueva (His Girl Friday, Howard Hawks, 1940).
    13. Ser o no ser (To Be or Not To Be, Ernst Lubitsch, 1942).
    12. Tiempos modernos (Modern Times, Charles Chaplin, 1936).
    11. El gran Lebowsky (The Big Lebowski, Joel and Ethan Coen, 1998).
    10. El maquinista de la General (The General, Clyde Bruckman and Buster Keaton, 1926).
    9. This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984).
    8. Playtime (Jacques Tati, 1967).
    7. Aterriza como puedas (Airplane!, Jim Abrahams, David Zucker and Jerry Zucker, 1980).
    6. La vida de Brian (Life of Brian, Terry Jones, 1979).
    5. Sopa de ganso (Duck Soup, Leo McCarey, 1933).
    4. Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993).
    3. Annie Hall (Woody Allen, 1977).
    2. Teléfono rojo: Volamos hacia Moscú (Dr Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, Stanley Kubrick, 1964).
    1. Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, Billy Wilder, 1959).

    Fuente: BBC
    por EAM
    agosto 23, 2017

    Las 100 mejores comedias de la Historia del Cine según la BBC

    por EAM | agosto 23, 2017

    La caméra de Claire, de Hong Sang-soo.

    Como ya es habitual, la comunicación del palmarés del festival de cine de Cannes suele estar marcada por la división de opiniones. No obstante, parece que la Palma de Oro obtenida por el director sueco Ruben Östlund ha sido uno de los veredictos más unificadores que se recuerdan en mucho tiempo. Su película, The Square, se presenta como una voraz crítica al esnobismo y a las sociedades jerarquizadas, donde las metáforas con un entorno animalizado son constantes en su proceso de derribo de los estatutos clasistas más arraigados. Al margen de los abucheos y presuntas teorías de la conspiración hacia Netflix, que ha demostrado saber muy bien dónde está el negocio y cómo sacar el mayor beneficio posible con dos películas en sección oficial que combinan a la perfección autoría y comercialización, la septuagésima edición del certamen galo ha dado para mucho. En primer lugar, ha servido para asentar en el trono del cine de autor a directores consagrados, como Michael Haneke o Yorgos Lanthimos, quienes presentaron dos trabajos llenos de potencia visual y violencia descarnada, dentro de un entorno de máxima preocupación estética que, pese a despertar suspicacias y recelos en buena parte de crítica y público, constituyen dos obras de inapelable talento y erudición. Además, ya en los compases finales de festival, hemos podido asistir a dos de los trabajos independientes más frescos e irreverentes, que sitúan a sus realizadores en el punto de mira de la cinematografía mundial. Lynne Ramsay y los hermanos Ben y Joshua Safdie lograron dos de las mayores ovaciones de la competición con sus trabajos, You Were Never Really Here y Good Time, que además contaban con las mejores interpretaciones masculinas que hemos podido ver: Joaquin Phoenix y Robert Pattinson respectivamente. Dentro de la competición paralela, Una cierta mirada, caben destacar algunos excelentes trabajos de gran personalidad como son La cordillera de Santiago Mitre, Directions de Stephan Komandarev, y Wind River, que vuelve a sacar a relucir el nombre de Taylor Sheridan, después de que el año pasado, en este mismo certamen, cautivara a propios y a extraños con el guion de Comanchería. Tras una concienzuda deliberación y consenso entre los redactores presentes en el festival: Víctor Blanes y Alberto Sáez Villarino, éstas han sido las películas que representan el Top 10 de El antepenúltimo mohicano.

    10. THE SQUARE

    Ruben Ostlünd, Suecia | COMPETICIÓN.

    Por Alberto Sáez Villarino

    Existe una reacción casi unánime de indignación, dentro de la sociedad occidental, cuando en un debate o charla coloquial surge el tema de los sistemas de castas existentes, por ejemplo, en India. Lo curioso es que en pocas ocasiones nos paramos a pensar que esos sistemas no distan mucho del libre albedrío político-social del que disfrutamos en nuestra sociedad. Los ricos se casan con los ricos, los famosos con los famosos y los pobres con los pobres. Salvo en contadas excepciones esto es así, porque cada uno de nosotros hemos sido educados en un restringido círculo fuera del cual no tenemos cabida. ¿Por qué jóvenes e inexpertos empleados pasan a ocupar puestos de mayor categoría y responsabilidad que trabajadores mucho más experimentados y preparados? The Square, la última película de Ruben Östlund, incide sobre el dominio y evolución establecidos por los líderes de cada uno de esos grupos sociales, o castas, que se dan en la civilización moderna, mientras los “invisibles” continúan aplaudiendo la gracia de los “intocables” y contribuyen a que puedan mantener su posición elitista frente al resto.

    Con este propósito, el cineasta nos presenta al conservador de un museo de arte contemporáneo que se prepara para una nueva exposición: The Square. A la espera de desentrañar los derroteros que tomará el principal esquema argumental de la película, el espectador asiste a una serie de historias secundarias que abrirán nuevos frentes al protagonista, como ser víctima de un robo, una campaña de marketing para el nuevo show, la relación con sus dos hijas o una tumultuosa aventura con una compañera del trabajo. En todas las situaciones se aprecia una excesiva teatralidad en las acciones o actuaciones y una clara posición de superioridad de Christian frente a todos los que lo rodean. El robo, por ejemplo, es perpetrado simulando una escena dramática fingida por los atracadores, lo que nos lleva a pensar que el protagonista ha sido derrotado en su propio terreno: mediante una performance. Con el avance del metraje, vemos que esas historias secundarias se prolongan con tremenda hilaridad hasta componer la totalidad de la película que, desposeída de una narración al uso, adquiere una fuerza metafórica extraordinaria y una ironía procaz muy elocuente: toda la película puede ser leída en clave animal. El museo y sus empleados son comparados constantemente con una jungla y sus fieras. Esta idea alcanzará una significación absoluta en una de las escenas más impresionantes de la película: la gran actuación del hombre-simio, quien dará una lección magistral de territorialidad y sumisión aunque, eso sí, terminará por irse un poco de las manos. De hecho, casi todas las situaciones del filme comienzan de forma natural y espontánea y finalizan con una imposición jerárquica del poderoso al débil, de lo gracioso a lo violento, en todos los ámbitos posibles: el trabajo, la familia, los amigos, el sexo… El director exhibe ante el público una lucha territorial en la que el líder —conservador o macho alfa— necesita establecer una clara situación de respeto y autoridad indiscutible. Como telón de fondo a todo el entramado animalizado, podemos entrever una sagaz crítica al esnobismo artístico lleno de absurdas pretensiones y chabacanería.

    9. CLAIRE'S CAMERA

    클레어의 카메라, La caméra de Claire, Hong Sang-soo, Francia | FUERA DE COMPETICIÓN.

    Por Alberto Sáez Villarino

    Michel, el personaje principal del cuento de Cortázar, Las babas del diablo, usaba su cámara de fotos para ofrecer una segunda oportunidad a un joven en apuros. En el momento en el que el fotógrafo apretaba el disparador, una especie de universo paralelo aparecía como subterfugio definitivo del muchacho. Claire, la protagonista de Claire’s Camera, también utiliza su polaroid como una herramienta ontológica que cambia a las personas en el momento en que se imprime su retrato. Hong Sang-soo sitúa en el propio Cannes el contexto de su relato, y muestra a una empleada de marketing promocional en el momento que es despedida, en mitad del festival, sin un motivo aparente. Pronto entendemos que todo se trata de un lío amoroso-decadente desencadenado por el director de la película publicitada; al parecer, estando borracho, el realizador mantuvo relaciones con la muchacha y, por este motivo, la jefa de ventas, que resulta ser la pareja actual del personaje, toma la decisión de despedirla, poniendo como excusa una supuesta falta de honestidad de su empleada.

    Sang-soo continua con su particular estilo naíf y espontáneo, en el que se aprecia una polisemia dialógica entre los mismos comentarios dichos en momentos diferentes. Así, cuando en Hill of Freedom un hombre con traje de chaqueta le decía al protagonista que “parecía un artista”, el sentido de esa apreciación era claramente peyorativo, al contrario de lo que sucede ahora cuando una fotógrafa repite esa misma frase a un director de cine. Artista, como cualquier palabra y expresión, puede ser enunciada como elogio y como insulto, todo depende de la intencionalidad y el contexto. Esta estrategia no es sino otro de los astutos trucos que el director usa en su representación de la deficiencia comunicativa. Sus personajes son sujetos que se comunican en una lengua prestada, que utilizan idiomas neutrales para la formulación de sus ideas y pensamientos, lo que los lleva a una honestidad —otro de los conceptos clave del filme— absoluta. Por este motivo también aparecen en escena, de manera reiterada, los hombres con intoxicaciones etílicas, pues, como los hablantes de una lengua adoptada, son incapaces de mentir. Recurriendo a su habitual montaje minimalista, lleno de aperturas y cierres de zoom para encuadrar determinados momentos dialogados, Hong Sang-soo presenta otra de sus grandes piezas de análisis deductivo en entornos paralelos, con reacciones desordenadas y sentimientos cruzados que terminarán por confirmar la premisa inicial sobre el cambio de personalidad en los sujetos fotografiados gracias a una profecía autorrealizable. Claire, al plantear su hipótesis sobre la metamorfosis fotográfica, otorga a sus modelos un anhelo incontrolable por encontrar el cambio necesario para no caer en la ordinaria mediocridad que los condene a un insoportable fracaso.

    8. THE FLORIDA PROJECT

    Sean Baker, Estados Unidos | QUINCENA DE REALIZADORES.

    Por Alberto Sáez Villarino

    Sean Baker presenta a la gran promesa de la Quincena de realizadores: The Florida Project. Un maravilloso retrato pueril sobre la situación social de un grupo de familias en una zona residencial de albergues lowcost. Moonee es una niña de seis años que vive con su madre adolescente en los suburbios de Florida, junto a ese mundo de fantasía e ilusión infantil que compone el parque de atracciones Disney World. La niña vive cada día como si estuviera de vacaciones, siempre acompañada por su inseparable amigo Scooty, y el resto de la pandilla de pícaros traviesos que corretean por los alrededores haciendo diabluras y causando el caos entre los vecinos. Para mantener un poco el orden está Bobby, el encargado del recinto de viviendas que, pese a su fuerte temperamento, tiene un gran apego hacia sus huéspedes, a quienes protege de manera incondicional, como si fuera el líder de una manada —de nuevo la jungla y el sistema jerárquico tan recurrente en esta edición del festival—, frente a los extraños personajes que puedan rondar los alrededores de su jurisdicción. Siniestras figuras que representan el constante peligro que se cierne sobre la clase marginada y desprotegida por el gobierno.

    Baker vuelve a recurrir a una estética muy dinámica y luminosa, aprovechando la cercanía con Disney World para establecer un paralelismo antitético entre el concepto de felicidad de los niños primer mundo, rodeados de castillos, princesas y melódicas carrozas fantásticas, y el de los inadaptados y excluidos sociales, que recrean todo ese universo a partir de ruinosas casas abandonadas, prostitutas, decadentes transexuales exhibicionistas y ruidosas peleas sangrientas. Halley, la madre de Moonee, vive trampeando el sueño de toda redneck adolescente, sin preocupaciones, sin responsabilidades y sin educación. Mientra ella se hace cargo de “cuidar” a Skooty, la madre de éste, que trabaja en un restaurante de comida rápida, le proporciona alimento para ella y los chicos a diario. Todo funciona como un arcaico sistema de trueque muy pragmático y bien definido hasta que, tras una discusión, Halley y Ashley rompen su acuerdo, y la madre de la protagonista se ve obligada a recurrir a formas más sórdidas y efectivas de conseguir el dinero para el alquiler y la comida. Entonces la película nos introduce de lleno en el ambiente pernicioso de la marginalidad, donde no existe mayor sentimiento que el odio insano e irracional, que actúa como un arma de doble filo, tan nociva como autodestructiva.

    7. CARRÉ 35

    Eric Caravaca, Francia | SECCIÓN OFICIAL (FUERA DE COMPETICIÓN).

    Por Víctor Blanes Picó

    En estos momentos, en gran parte de los países europeos la cultura del olvido es la estrategia imperante de las sociedades para enfrentarse a los errores del pasado. Una especie de borrón y cuenta nueva que en lugares con tanta diversidad racial y cultural como Francia podrían estar detrás de la causa de numerosos conflictos del presente. Cuando se habla de este asunto siempre se recurre a lo colectivo, a la ceguera de un pueblo que prefiere mirar adelante y no encuentra la razón para girar la cabeza frente a las pocas voces que reclaman un alto en el camino para reflexionar. El debut en el largometraje de Eric Caravaca (reconocido actor de la escena de autor gala) explora este aspecto desde un acontecimiento personal. El director descubre que, antes de que nacieran él y su hermano, sus padres perdieron a una niña con tan solo tres años. No conocían nada de ella ni de su historia. No hay fotos ni vídeos, ni tampoco se ha construido un espacio familiar donde se haya tratado el tema de una manera abierta. Caravaca se ve obligado a restituir el recuerdo de su hermana no como acto de homenaje, sino como proceso de entendimiento y liberación para entender mejor su propia existencia. Y la única manera que encuentra es a través de la imagen, esa que le fue robada al recuerdo de la pequeña Christine.

    Carré 35 no es una película fácil de digerir, ni tampoco dejará indiferente a cualquiera que se adentra en una historia llena de secretos. Abrir el cerrojo del baúl familiar de los recuerdos es adentrarse en una oscuridad a la que nadie ha querido poner luz. Y así, ante la falta de material gráfico sobre una corta vida (como apunta la madre, lo quemó todo después de su fallecimiento), Caravaca recurre a las pocas grabaciones domésticas de esa época y las analiza una y otra vez hasta encontrar su reverberación en otros sucesos dolorosos del siglo XX. Y es a través de este paralelismo en el que su historia se convierte en nuestra, en el que consigue que un drama personal y con un trasfondo muy controvertido se convierta en una reflexión sobre el conjunto de una sociedad y sobre la capacidad del cine y la imagen para representarla. La historia de Christine y de cómo su entorno se enfrentó a su muerte permite hablar de tres temas sobre los que se concentra el filme. Por un lado, esa cultura del olvido representada en las guerras de independencia que Francia vivió con Argelia y Marruecos (lugar de residencia de la familia y escenario de gran parte de la narración). Por otro, el estudio y análisis de la imagen como vehículo de la memoria, como única arma frente al olvido, siendo muy fácil de destruir y extremadamente complicada de recuperar. Y finalmente, el miedo a lo desconocido fruto de la ignorancia de la sociedad, representado en la discapacidad como otra capa más de olvido y rechazo. Quizás este tercer elemento sea el que esté hilado de manera más vaga con sus tesis desde un punto de vista narrativo y en el que más se deja llevar por el impacto visual, pero lo cierto es que la concreción de su dispositivo juega a favor de una película cuyo mayor logro es conseguir ejemplificar un mal de nuestro tiempo partiendo de un suceso demoledor, tanto en el hecho como en sus posteriores reflexiones.

    6. LA CORDILLERA

    Santiago Mitre, Argentina, España, Francia | UN CERTAIN REGARD.

    Por Víctor Blanes Picó

    La nueva película del argentino Santiago Mitre se inicia con un plano que bien podría funcionar como metáfora visual de una tendencia política que se está repitiendo en los últimos años. A las puertas de la Casa Rosada, un trabajador intenta acceder con su furgoneta cuando hay un problema con su identificación. A partir de aquí, iremos pasando de este al conserje, al guarda, al cocinero… y así hasta llegar al mismísimo despacho presidencial. El viaje del currante de a pie al lugar donde trabaja la persona más importante de un país. En una sociedad hastiada por una clase política elitista, burguesa y ladrona, gran parte de la nueva política ha promocionado su origen humilde como la gran baza de su honestidad. Mitre se propone desmitificar esta percepción a través de una película inteligente y profundamente pesimista en su conclusión. En La cordillera, el presidente Hernán Blanco (excelente, como siempre, Ricardo Darín) asiste a una cumbre de países sudamericanos para crear una empresa petrolera transnacional con Brasil presionando por llevarse el papel más jugoso del acuerdo. Mientras, la sombra de un caso de corrupción planea sobre su gobierno e implica directamente a un miembro de su familia.

    La reunión se celebra en plena cordillera de los Andes, a más de 3000 metros de altura. Los picos y las montañas nevadas proporcionan a Mitre el escenario perfecto para transmitir ese vértigo al que se enfrenta cualquier político en la cúspide de su carrera cuando todo está en juego. Blanco está a punto de caer por el precipicio a nivel tanto político como personal. El director de Paulina construye un análisis de la personalidad del presidente a través de cuatro tramas que suceden paralelamente en un mismo espacio: la política internacional, con la cumbre de presidentes en la que Blanco parece funcionar como marioneta de todos pero que terminará siendo quien decante la balanza del acuerdo con sus intereses personales; las relaciones dentro de su círculo de colaboradores más cercano, que parece manipularle y gobernar en su sombra pero que terminará por domesticar y silenciar; su hija Marina, traumatizada por el pasado y que intenta desenterrar los fantasmas del pasado a través de la hipnosis (un movimiento inesperado en la trama que recuerda al cine de Hitchcock); por último, una periodista entrevista a los presidentes y es en sus conversaciones donde salen a relucir las reflexiones y contradicciones de estos mandatarios. En todos y cada uno de estos hilos, que funcionan como la precisión de un reloj, Mitre empieza presentando a Blanco como alguien ajeno a la triquiñuela y a la confrontación política: parece que todos toman decisiones por él, que es simplemente un espectador al que el resto le soluciona unos problemas que le vienen grandes. El «hombre del pueblo» parece desbordado; a primera vista, su campechanía no es suficiente para ostentar tanta responsabilidad. Sin embargo, es en el desarrollo narrativo donde poco a poco y de manera muy inteligente se nos va derrumbando en cada frente la visión de quien creíamos limpio e inmaculado, de una persona que parecía no esconder ningún cadáver en el armario. La cordillera es el fiel reflejo de lo que ocurre en los tiempos que corren: políticos que aprovechan un mensaje para colocarse una máscara y subir al poder. Pero el resultado es el mismo: Mitre no reivindica los caducos modos de hacer política, simplemente ejemplifica en Blanco que bajo la piel de estos nuevos y esperanzadores corderos se esconde un lobo de la misma especie que los anteriores. De este modo, dándole la forma de un thriller entre lo político y lo psicológico, el argentino construye un relato pesimista y perverso en el que el presidente Blanco empieza a mostrar su cara más negra.

    5. LOVELESS

    Нелюбовь, Nelyubov, Andréi Zviáguintsev, Rusia | COMPETICIÓN.

    Por Alberto Sáez Villarino

    El abigarrado tenebrismo rústico de los inhóspitos bosques soviéticos emerge como la gran amenaza natural de un país corrompido por su exacerbada frialdad temperamental. La sutil imagen expresionista de nevados y moribundos árboles presente al comienzo de Loveless se complementa, en un astuto paralelismo, con la personalidad apática y carente de afecto mostrada por los personajes de la nueva película de Andrey Zvyagintsev. El cineasta ruso construye una demoledora crítica a la activa clase media soviética, seres sin escrúpulos que se esfuerzan por alimentar la única fuente de energía que parece mantenerlos socialmente atareados: el odio. En concreto nos encontramos con Zhenya y Boris, un matrimonio en proceso de separación cuya relación y la escasa interacción comunicativa que se produce entre ambos nos impiden concebir la idea de que, en un pasado no muy lejano, pudo existir entre ambos algo parecido al amor. Sin embargo, el realizador no se centrará en la desgastada situación marital, sino en los vínculos afectivos de cada uno de los cónyuges por separado; encontrando como nexo inexcusable al hijo que tienen en común.

    En el momento que el niño, atormentado por la falta de cariño, comprensión o cualquier muestra posible de dilección, se escape de casa, comenzará para sus progenitores un proceso de toma de conciencia tan extenuante como doloroso. Cuando Zhenya y Boris son obligados a salir de su mundo de ritualidad afectiva, en el que buscan a toda costa construir un apasionado idilio amoroso por separado, para paliar la decadente coyuntura vital que conforman de manera conjunta, se encontrarán con una inesperada y desagradable sorpresa. La policía, completamente incompetente en lo relacionado a desapariciones de niños, les aconseja contactar con un grupo organizado de civiles voluntarios que parece ser la mejor opción para terminar con el inconveniente que supone tener que localizar a su hijo. Con el paso de los días, tanto los esfuerzos como la preocupación irán en aumento. El director plantea una paradójica visión de la paternidad en familias desestructuradas; si hasta la fecha de su desaparición, ambos padres peleaban por deshacerse de la custodia del niño, o deshacerse del propio niño directamente, mandándolo a un internado, una vez que éste se escapa, su presencia resulta imprescindible. Los adultos son despojados de cualquier atisbo de madurez o responsabilidad y presentados como desalmados egoístas que sólo piensan en su comodidad, creyendo que una nueva pareja podrá reparar una vida llena de infelicidad, sin darse cuenta de que lo que realmente no funciona se encuentra dentro de ellos mismos. Así, un montaje en paralelo de sendas parejas teniendo relaciones sexuales, completamente despreocupadas y haciendo falsas promesas que suenan a repetición de un pacto original hecho añicos —“Seguro que a tu mujer le decías lo mismo que a mí”—, en el preciso momento en el que su hijo se lanza aterrorizado a las heladas calles, termina por consolidar una crítica tan desoladora como la propia película. Una cinta que dedicará casi la mitad de su metraje a la recreación de un proceso de búsqueda absolutamente agotador y desmoralizador.

    4. THE KILLING OF A SACRED DEER

    Yorgos Lanthimos, Grecia | COMPETICIÓN.

    Por Alberto Sáez Villarino

    El discurso freudiano referente al trauma señala al esfuerzo consciente y antinatural de interiorizar la tristeza como la principal causa de la manifestación posterior del odio y el rencor malsano. El momento traumático original quedará desdibujado y reducido a una serie de vagos recuerdos y recreaciones residuales imprecisas que, debido a la inicial represión emocional y al forzado interés de hacer olvidar el origen del dolor, terminará por reaparecer magnificado en un episodio de violencia autodestructiva o dirigida. The Killing of a Sacred Deer funciona como un relato acerca de la venganza, estéticamente sublime y desgarradoramente violento. La trama gira en torno a un neurólogo que observa desesperado cómo sus hijos contraen una enfermedad que él es incapaz de explicar. Pronto entenderemos que esta dolencia parece ser el resultado de una de las explosiones vengativas que comentábamos, siendo el neurólogo el objeto traumático inicial. La primera de las incógnitas será averiguar el tipo de relación que el protagonista tiene con un adolescente, Martin, cuyo extraño vínculo supondrá el primero de los golpes caricaturescos del filme.

    El guion va dejando pistas sobre el proceso mutable al que el protagonista está sujeto. Se aprecia un arrepentimiento en algunas de sus acciones; como la abstención al alcohol o el fraternal amparo de Martin. Una oscura personalidad, evidente en sus enfermizos gustos sexuales, parece contenida bajo una apariencia idealizada. El espectador dilucidará entonces que fue, justamente, la intoxicación etílica la causante de ese suceso penoso, transformado ahora en una respuesta retributiva muy fiel al código de Hammurabi. Yorgos Lanthimos compone una historia de venganza retorcida y, como hiciera Park Chan-wook con su obra maestra: Oldboy, su intención reside en la justificación definitiva de una violencia que inicialmente condenábamos de manera taxativa. Recurriendo a una sucesión de planos abigarrados y delirantes diálogos, a partir de una solemnidad escénica de gran dramatismo y complejidad, el director plantea un acercamiento al absurdo y lo aleatorio —algo que cobrará una importancia primordial en el desenlace—. El guion juega a confundir al espectador de forma constante con respecto a las intenciones del protagonista y su protegido. En un principio todo parece indicar que Martin no busca sino una figura paterna con la que compensar su falta de cariño y protección, pero con el transcurso del metraje y la actitud cada vez más obsesiva del muchacho, nos daremos cuenta de que la intencionalidad es muy diferente de lo que parecía a simple vista. El desmesurado ritmo y volumen musical, la brusquedad de los movimientos de cámara, o la exagerada gesticulación de los personajes completarán el resto de indicadores satíricos de un relato que, por momentos, empieza a tomar el camino de lo fantástico y lo paranormal. Cuando el protagonista descubre el que parece el único remedio posible para la salvación de su familia, basado en una condición que poco tiene que ver con la práctica médica —vemos el concepto del perdedor derrotado en su propio terreno—, el filme se adentrará en una trama cabalística de difícil explicación, aunque no imposible, si bien podemos aceptar la aparición de síntomas como una respuesta psicológica del organismo, algo parecido a un síndrome de Munchausen extremo. En cualquier caso, el daño ya estará hecho en la desfragmentación del núcleo familiar, que trae como respuesta estremecedora la reacción fría y egoísta de una madre hacia sus propios hijos.

    3. HAPPY END

    Michael Haneke, Francia | COMPETICIÓN.

    Por Alberto Sáez Villarino

    Happy End comienza con 6 fragmentos de una cronología del azar, o quizá con uno de los vídeos caseros de Benny, en cualquier caso, lo primero que vemos en pantalla es un smartphone emitiendo en directo el asesinato de un pequeño hámster. Surgen entonces las primeras risas nerviosas de un público que, inconscientemente, recuerda otros ejemplos de crueldad animal en el director y, de manera refleja, su cuerpo desencadena los ajustes necesarios para la preparación al estrés; el sistema defensivo se pone en guardia para una dura batalla contra la tolerancia a la crueldad. Michael Haneke erige su dramaturgia sobre la estética del sufrimiento desde una posición totalmente antagónica respecto del espectador. El director austríaco no protegerá a su público, sino que lo someterá a un largo proceso de padecimiento psicosomático, en el cual, una de las herramientas más efectivas para generar esta respuesta defensiva instantánea será el uso del silencio, la pausa y lo invisible. La potencia de su mensaje radica en los espacios vacíos, en las miradas de comprensión y los pactos tácitos que conectan a los personajes sin necesidad de mediar palabra. La presente película vuelve a teorizar sobre el derecho a la vida y a la muerte; el libre albedrío de las acciones como única forma posible de existencia, y la senectud como elemento discordante que derriba cualquier convicción previamente asumida al respecto.

    El cine de Haneke supone el elemento audiovisual más cercano a la poesía; una lírica brutal e inhumana que se desarrolla sobre una serie de tropos desasosegantes. Happy End compone su puesta en escena por medio de un dispositivo de ensamblaje y derribo de la sociedad burguesa, tan extensamente estudiada por el realizador. Oculta tras una fachada impecable, protocolaria y exquisita, surge la alta sociedad francesa escondida a su vez tras una máscara esperpéntica. La cinta mostrará a estos sujetos en su hábitat natural, sin ningún tipo de filtro o ambages sino dinamitados por una cámara acusadora dispuesta a sortear cualquier intento de hipocresía. El planteamiento inicial nos sitúa en la propiedad de la acomodada familia Laurent, que reacciona con estupor ante la hospitalización inesperada de una de las hermanas, cuya joven hija, Eve, tendrá que mudarse a vivir con su padre a la mansión de su abuelo Georges. Será en ese momento cuando comiencen a desvelarse los grandes secretos de los Laurent. Secretos, obsesiones y oscuros episodios del pasado que surgirán ininterrumpidamente con el fin de representar la justificación a ese rechazo burgués y capitalista. El espectador tendrá que ir desentrañando diferentes pistas, recurrir a escenas pasadas y buscar en esos trascendentales silencios y diálogos implícitos en un proceso de diégesis peliagudo y agotador que, no obstante, tendrá su recompensa cuando compruebe que todos los elementos de la sublime narrativa se acoplan en un fantástico desenlace de ambigüedad turbadora. Lo realmente escandaloso de Happy End radica en el naturalismo de su contenido, la sencillez de los sucesos y las acciones, que originan un encuentro con la justicia arbitrario e inconcluso.

    2. TESNOTA

    Kantemir Balagov, Rusia | UN CERTAIN REGARD.

    Por Víctor Blanes Picó

    Los cabardianos son un grupo étnico del norte de la región del Cáucaso en Rusia. Dentro de la República de Kabardia-Balkaria conviven con otras comunidades a las que les une la desconfianza y una larga historia de enfrentamientos con los rusos. En este pequeño lugar olvidado por el mundo abrió hace unos años Alexander Sokurov una escuela de cine. Y de ella ha salido la mejor ópera prima que hemos visto en Cannes. Kantemir Balagov construye una película sobre el odio marcado por las tradiciones en una ciudad, Nalchik, donde la vida pasa por no salirse de tu entorno. En una noche de 1998, Illana y su familia se reúnen para celebrar el encale de su hermano menor David con otra joven judía. Esa noche, ambos son secuestrados y los criminales piden un elevado rescate. Con sus propias reglas y estructuras, la comunidad decide no recurrir a la policía e intentar recabar el dinero por ellos mismos. Así, Illana (Darya Zhovner, en una de esas interpretaciones que te deja helado, no hay palabras para describir el crudo sufrimiento que se refleja en su rostro) se situará en el centro de un conflicto familiar y social en el que todos tomarán decisiones por ella, a quien solo le queda tratar de rebelarse e intentar no ser devorada por la espiral.

    Balagov rueda Testnota (que se podría traducir por cercanía) en formato 4:3. La estrechez del cuadro subraya el carácter cerrado del entorno de la joven. La comunidad vive encerrada en sí misma, con sus costumbres y maneras de actuar. Frente ellos, lo cabardianos operan con otros códigos, en una especie de convivencia que se rige por el fino hilo de la existencia paralela que nunca se debe cruzar. Pero Illana la cruza: la relación que mantiene con un joven cabardiano complica las cosas. La riqueza de la película reside en su perfecto engranaje a varios niveles. Por una parte, el personaje de Illana funciona como la representación de una joven que quiere romper moldes, que no se conforma con lo establecido y quiere experimentar, vivir en libertad sin depender de los estúpidos lastres del pasado. Por otra, el calvario que sufre ella y su familia y cómo llega a romper todos los vínculos afectivos que había entre ellos es el reflejo de toda una sociedad partida por el miedo al diferente, que crea una atmósfera de continuo peligro y desconfianza, donde el odio se alimenta en cada acto. Este tipo de secuestros eran una práctica habitual en la región a finales de la década de los años 90 y Balagov utiliza lo que conoce de esta historia para construir un retrato histórico, social y personal de uno de los episodios más oscuros y desconocidos de la convulsa Europa del este, con la Guerra de Chechenia como telón de fondo (esas imágenes que ven los adolescentes de las matanzas del conflicto, tan difíciles de soportar, son parte de la experiencia personal del director). Es en la honesta manera que tiene de presentar y culminar su película, introduciendo en primera persona sus motivaciones para escoger el punto de inicio y de final, en la que Testnota se reivindica como una película honesta y transparente en su construcción, pero que no renuncia a transmitir ese dolor fruto del odio, la violencia y la intransigencia a través de una puesta en escena claustrofóbica, que atrapa en el plano a sus personajes golpeados por la expresividad del color y los confines del cuadro.

    1. YOU WERE NEVER REALLY HERE

    Lynne Ramsay, Estados Unidos | COMPETICIÓN.

    Por Alberto Sáez Villarino

    A comienzos de siglo, la violencia comienza a separarse del contenido argumental para posicionarse como un nuevo elemento narrativo independiente. Existe, sobre todo en el género thriller, una tendencia muy recurrente que consiste en hacer de la crueldad, no ya la consecuencia de una acción previa, sino el propio motivo definitorio de la ficción, acomodando todos los elementos del relato al servicio de una vehemencia tan explícita como estética. Lynne Ramsay pone a prueba, a medias, este dogma posmoderno. Si bien la violencia también aparece como una pieza narrativa autónoma y autojustificable, en esta cinta, es la perspectiva lo que cambia por completo con respecto a sus predecesoras, y así, aunque la violencia sigue siendo desmesurada, se hace invisible, siempre oculta fuera de plano ya que, en esencia, es una violencia que realmente nunca estuvo aquí. La directora presenta a un hombre atormentado por los fantasmas de su pasado, un siniestro aprendiz de Norman Bates —referencia textual—, completamente traumatizado por uno hechos pretéritos que desconocemos aunque, gracias a los flashbacks introducidos de forma reiterada, seremos capaces de intuir. Uno de los aspectos más sorprendentes de este inicio de metraje reside en la concepción de que Joe, el protagonista interpretado por el siempre apoteósico Joaquin Phoenix, representa al bando de los buenos pues, basándonos en la imagen obtenida de él durante los primeros compases, presagiamos todo lo contrario. La apatía de su mirada, la desconexión con la realidad y su lacerante misantropía condicionaban nuestra mirada y lo posicionamos, por pura preconcepción, dentro de una atmósfera de criminalidad inexorable. En cierto modo, es verdad que este sicario hace mucho tiempo que vive al margen de conceptos tan categóricos como el bien o el mal. Otra de las historias analépticas presentes en la cinta es la evolución del personaje hasta convertirse en el brutal detective más infame del gremio. Una evolución degenerativa y muy marcada por la constante exposición al trauma violento. Este héroe trágico salido de un híbrido genérico entre el hard boiled y el thriller asiático, recibe el encargo de rescatar a la hija secuestrada de un senador. El entramado argumental, oscuro por naturaleza, se adentrará en lo más sórdido de los suburbios neoyorquinos para seguir el rastro de depravación y perversión presente, tanto en los orquestadores del secuestro, como en el propio escenario de interacción dramática, a través del cual el protagonista se abrirá paso a golpe de martillo hasta lograr alcanzar una merecida serenidad redentora que lo concilie consigo mismo.

    Pueden consultar nuestra cobertura de 70º Festival de Cannes en el siguiente enlace.
    por EAM
    mayo 30, 2017

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    por EAM | mayo 30, 2017

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