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    La paternidad de los fantasmas.
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    Escapando de la prisión burguesa: una retrospectiva dedicada a Jacques Becker en el 64 Festival de Cine de San Sebastián

    Le trou

    A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo. Se detiene un instante, se lleva una mano a la frente sudorosa, se limpia y sin transición cede las herramientas a otro compañero de encierro que presto le sustituye y sigue golpeando y golpeando abriendo la brecha a sus pies. Observamos absortos lo que creemos que no lograrán, pero poco a poco el suelo cede. Pasan los minutos y nuestro estupor se convierte en convencimiento: ¡lo conseguirán! Y así la emoción de esos prisioneros se traslada al espectador, haciéndole partícipe del trabajo, del esfuerzo, de la lucha por la libertad que comparten quienes así luchan por ganársela. El tono frío y documental de la escena se transforma románticamente en toda una metáfora de la pelea contra las fuerzas que los mantienen encerrados. Así el director Jacques Becker en su película La evasión (Le trou, 1960) convierte en exaltación pura los minutos que se nos pudieran antojar interminables de esa escena que consiste en mostrarnos unas manos golpeando sin descanso un trozo de cemento. Este tono documental es el que sustenta todo el filme, el cual hace creíble cada paso, cada acción, cada decisión y tarea del grupo de presos en su camino hacia la liberación. Y al mismo tiempo que se torna verídico y real a nuestros ojos nos obliga a compartir sus esfuerzos y sus ilusiones, a sufrir los momentos de peligro y a anticipar el aire limpio de la madrugada en una calle desierta de la ciudad cuando comienzan a atisbar que alcanzarán su objetivo. La evasión es sin duda una de las más apasionantes cintas de fugas jamás rodada, modélica e imitada hasta la saciedad, a la vez única y solitaria en su forma de narrarnos el esfuerzo colectivo en busca de un bien común. Perfecta en su desenlace en el cual una sola frase formada por dos palabras resume el espíritu de quienes mantienen todo su orgullo intacto e indestructible hasta en los peores momentos pues se ha trabajado y peleado con honor. No por menos tan pocas y austeras sílabas se han convertido en historia del cine, una secuencia mítica e inolvidable que culmina la obra maestra de Jacques Becker. Su última película: la muerte no le permitió ni tan siquiera asistir a su estreno.

    Jacques Becker inicia su carrera como ayudante de dirección trabajando para Jean Renoir. El profundo humanismo y el deseo de captar la realidad en todo su detalle de este serán reconocibles en su labor posterior de dirección que comienza con dos cortometrajes, su participación en un documental colectivo financiado por el partido comunista y un largometraje que no terminó (otro director completaría el trabajo). Su primer filme en solitario sería Dernier atout (1942), un relato detectivesco enmarcado en la clásica trama de descubrir al culpable, un whodunit (¿quién lo hizo?) tradicional que ya marcaría la forma de trabajar de Becker: historias de género a las que el brillante autor haría romper sus barreras gracias a su lúcida mirada. No menos curiosas y atípicas son sus otras incursiones en el género negro: Goupi mains rouges (1943) o la sensacional No tocar la pasta (Touchez pas au grisbi, 1954), sin olvidar su memorable retrato del mundo de los apaches, como se denominaba a los criminales franceses de finales del siglo XIX, en la romántica y esplendorosa París, bajos fondos (Casque d’or, 1952), o su liviana pero elegante adaptación de las andanzas del ladrón de guante blanco Arsenio Lupin, la maravillosa creación del escritor Maurice Leblanc, en Las aventuras de Arsenio Lupin (Les aventures d’Arsène Lupin, 1957). En la retrospectiva que rendirá homenaje a Jacques Becker dentro del próximo Festival de Cine de San Sebastián, su edición número 64, podremos ver toda su filmografía, trece películas entre las que además de las citadas se exhibirán las comedias dramáticas de esquiva adscripción genérica, muchas de ellas inéditas en nuestro país, cuya evolución lleva del clasicismo de los años cuarenta a la anticipación en sus filmes finales del movimiento que revolucionaría el cine francés en los años 60: la nouvelle vague. Falbalas (1945), cuyo corazón gira en el exuberante mundo de la moda, Se escapó la suerte (Antoine et Antoinette, 1947), Rendez-vous de juillet (1949), esta todo un soplo de vida y juventud ambientado en los antros de jazz parisienses, Édouard et Caroline (1951), Rue de l’Estrapade (1953), las coloristas aventuras protagonizadas por el popular cómico Fernandel de Alí Babá y los cuarenta ladrones (Ali Baba et les 40 voleurs, 1954) y el melodrama centrado en los últimos días de vida del pintor Amedeo Modigliani Los amantes de Montparnasse (Les amants de Montparnasse, 1958). Una oportunidad irrepetible de admirar la obra de Jacques Becker en pantalla grande en un paseo fascinante por su legado.

    Retrospectiva

    Le commissaire est bon enfant, le gendarme est sans pitié (1935).
    La vie est à nous (1936).
    Dernier atout (1942).
    Goupi mains rouge (1943).
    Falbalas (1945).
    Se escapó la suerte (1946).
    Rendez-vous de Juillet (1949).
    Édouard et Caroline (1950).
    París bajos fondos (1952).
    Alí Baba y los cuarenta ladrones (1953).
    Rue de L'estrapade (1953).
    Touchez pas au grisbi (1954).
    Las aventuras de Arsenio Lupin (1956).
    Los amantes de Montparnasse (1958).
    La evasión (1960).



    Retrospectiva Jacques Becker
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