Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Málaga 2014. Mostrar todas las entradas
    Málaga 2014
    Málaga 2014
    Todos están muertos

    Breve manual para un costumbrismo arrebatado

    crítica de Todos están muertos | Beatriz Sanchís, 2014

    Un chalet luminoso, antiguo, tiempos mejores guardados bajo llave. El fantasma acude sin saber por qué; se aparece en el umbral de la puerta. Hola, soy yo. Lo pienso. No digo nada. Para qué. No te desmayes aún. Te brillan los ojos. Cocinas tartas por encargo, tartas de manzana con un aspecto inmejorable. Disculpa si no hago referencia a su sabor, ni al dulce humillo tras su no tan breve estancia en el horno. Yo estoy muerto y no tengo pies y soy tu hermano. ¿Me recuerdas? ¿Te acuerdas de qué morí? Tú ibas al volante con unas copas de más; yo dormía plácidamente en el asiento del copiloto. Yo ni me enteré. Mejor. Un chasquido y, voilà, al escondite-inglés-sin-mover-las-manos-ni-los-pies-ni-respirar. Game Over. Insert Coin, y mis huérfanos bolsillos que tiritan ante el horror de saberse insolventes. Así, un parpadeo perpetuo y la música by mi siempre fiel socio Casiotone. ¡Pii-pii-pii-pi! ¡Crash! Después, cristales sobre una alfombra de alquitrán. Las lunas del coche reflejando un satélite extremadamente níveo y con acné juvenil o mordiscos de viruela. Viaje sin retorno: no podrás (ni querrás) volver. O casi. Pues aquí estoy, en términos ectoplásmicos. Y no te culpo. Aquí estoy, aquí me materializo: más flaco que nunca. Y eso que las personas, dicen, sólo adelgazan veintiún gramos al morir. Y precisamente esa minucia, veintiún gramos intangibles, es lo que ves ahora. Soy tan leve que ni soy; o quizá un holograma en HD. Los muertos no guardamos rencor, es inútil, no sirve, hay tanto por hacer; allí arriba —¿o era Allí, con mayúscula, sin cartas de navegación ni GPS?— nos enseñan a no tener lo que se dice un "pensamiento mágico". No te desmayes aún. No me mires así; soy yo, así soy yo. Recién caído como un ángel del punk-rock: pantalón de cuero negro, camisa polícroma con estampado imposible y un corte de pelo a lo Magua, el cruel y sanguinario indio al que interpretaba Wes Studi en El último mohicano. Un rostro marcial, monolítico; piedra y carne, nariz arcana y sonrisa oblicua. ¿Sabías que Wes Studi siempre ha sido viejo? Como, quizá lo leyera en algún libro, paso a ampliar la enumeración, Walter Brennan o Burgess Meredith o Max von Sydow o Ian McKellen o Harry Dean Stanton o Maggie Smith o Martin Landau o Brenda Fricker, la intimidante y harapienta pero muy cariñosa pigeon lady o dama de las palomas de Solo en casa 2: Perdido en Nueva York, y Óscar a mejor actriz secundaria por Mi pie izquierdo; añejos y lijosos cuando todavía se chupaban el dedo pulgar. Para ellos la pregunta "¿qué quieres ser de mayor?" carecía totalmente de sentido, de lógica, de fuerza visionaria. Ya eran mayores a sus diez años. Tengo memoria, ya ves, no olvido esos detalles. Por mí no pasa el tiempo.

    ¿Qué es un fantasma sino un recuerdo elástico? ¿Qué se pregunta Beatriz Sanchís cuando su protagonista, Lupe, le calza las botas de cowboy a su hermano recién aparecido ante ella tras la sacrílega petición de su madre, mexicana hasta las cachas, el mismo Día de los Muertos? O, más aún, ¿qué nos ofrece a nosotros al centrifugar una suerte de realismo mágico cuyo backstage amplía horizontes a partir de una historia que juega en el filo no ya de la navaja sino de una tan posible como temible sensiblería por (de)efecto? Lupe, otrora estrella del synthpop —vestigio y alma en penumbra de la Movida madrileña, se intuye— hoy recluida con su madre (Angélica Aragón) y un hijo pre-adolescente incapaz de enfrentar sus propios miedos, muestra claros signos de agorafobia y una depresión no ya imbatible sino más bien fruto de una cierta melancolía post-traumática, ya que se siente culpable por la temprana desaparición de su hermano, y ese crío que pulula a su alrededor con las hormonas a cien es lo más parecido a un grano en el trasero de la oreja; zombi políticamente prematuro en un capítulo de Cuéntame cómo pasó versión indie (no le faltan ni los jerseys demodé o, mejor dicho, vintage); o Cuéntame cómo sucediste, a años luz de un sónar in y con un nuevo y oportunista —y malote al tran-tran; un Kurt Cobain de Inditex, aun en 1996, conseguido aceptablemente por Patrick Criado, el riff seminal con piernas de líbero— amigo cada vez más pegajoso según transcurren los minutos. Apenas un fogonazo que, no sin espíritu alegórico, conduce luminosamente hacia aguas turbias. Aquí el muerto se limita a expresar incertidumbres; calla pero no otorga, y entre tanto claroscuro se convierte en un muerto reafirmándose como pretérito definitivo: ya da igual, ya pasó, ya sólo queda Lupe para echarse sobre sí toda duda existencial.

    por Anónimo
    mayo 28, 2014

    Crítica | Todos están muertos

    por Anónimo | mayo 28, 2014
    10.000 Km, premio a las mejores interpretaciones en Austin

    El noviazgo en tiempos del 'low cost'

    crítica de 10.000 km | Carlos Marques-Marcet, 2014

    1


    Solidez estética


    «Nunca nadie le ha puesto estrellitas al amor. Nunca nadie... ¿En serio?». — Anónimo

    Voy. Empiezo. Uno-dos, uno-dos, uno-dos. Heyy, sí; heyy, sí. Repito, subo el fader: ¡voy! ¿Me leen bien los goonies, y los trols, y la pareja acaramelada de la antepenúltima fila? Empiezo así: sin agobios pero sin pausa. Recién nacido un día más, contando los minutos para la extinción de esta y todas las críticas cinematográficas que alguna vez fueron sprints interminables, insolubles, fastuosos, cuculiformes; (dis)tensión muscular y psicológica en slow motion, y no simples postas en la carrera del llamado social media marketing. Y justo ahí —plano máster, perfil en horizontal— me dejo caer, la dejo a ella sobre mí, deshecho yo hasta el clímax. No en primera sino en tercera persona del singular. Él y ella, el uno a breves e intermitentes risotadas y la otra inventando nuevos modelos de ergonomía sexual y sentimental para un mundo que ya no importa o tal vez simboliza, como dice la canción de María Teresa Vera Veinte años, a ese pasado que no se debe recordar. Recién hechos los dos, en la cresta de la ola, todo inmovilismo y movimiento y fricción, y ay-ahí-así-no-jo-ja-que-me-que-me. Alcance con escuchar un diálogo, el primer diálogo, para alcanzar un éxtasis mañanero. Mientras la chica articula (tal vez por determinación artística, o por mala captura del sonido) un fuck me casi inaudible, una especie de gemido pre-orgásmico que resta tensión al día por venir, cualquier lunes o miércoles con doce horas por robarle al reloj. Ya entonces nos olemos la tostada y, también, nos la comemos con mantequilla y confitura de frambuesa porque la de melocotón sólo es recomendable para esos desayunos específicamente raros y enrarecidos: pura transgresión que nos retrotrae —una vez más, ya van ciento y la mami— al Tropiezo; aquel tropiezo que supuso varios centenares de preguntas sin contestación, y la subsiguiente terapia que jamás supo al color que debía saber. Y sigo, aún es pronto. La cámara apenas se mueve, y no importa que así sea. Al fin y al cabo están viviendo su privacidad interrumpida y nosotros, voyeurs invitados a mirar a través del objetivo, hacemos eso y mucho más: observar con el rigor morboso del que anhela la catarsis definitiva y la ranura transformada en abismo sin fin ni reset. Y los novios son felices, y él estudia para unas oposiciones ("opos, tú") y ella (british radicada en Barcelona) da clases de inglés aunque en realidad quiere con toda su alma dedicarse a lo suyo, que es la fotografía. Así pues, tras el polvo toca desempolvar el quid de esta película sobre el amor no ya "a distancia" sino más bien distante, con la barrera de una pantalla LCD transmitiendo un frío virtual en tanto que los dos altavoces del portátil modulan un paisaje íntimo que, poro a poro, erosiona a los protagonistas de 10.000 km.

    por Anónimo
    mayo 16, 2014

    Crítica | 10.000 km

    por Anónimo | mayo 16, 2014
    Purgatorio, de Pau Teixidor, 2014

    Sola en la oscuridad

    crítica de Purgatorio | Pau Teixidor, 2014

    Llama la atención como en España –un país donde durante muchos años se tuvo la errónea opinión de que solo se hacían películas de destape y la Guerra Civil–, el género fantástico o de terror sea el elegido por las nuevas generaciones de cineastas para su puesta de largo. Alejandro Amenábar –Tesis (1996)–, Jaume Balagueró –Los sin nombre (1999)–, Juan Carlos Fresnadillo –Intacto (2001)–, Juan Antonio Bayona –El orfanato (2008)–, Paco Cabezas –Aparecidos (2007)–, Gabe Ibáñez –(2009, Hierro)– o Norberto López Amado –Nos miran (2002)– son algunos de estos jóvenes directores que han contribuido a sacar el cine español del ostracismo al que parecía condenado, con propuestas inquietantes que no tienen nada que envidiar técnicamente a las grandes producciones llegadas de Hollywood. El catalán Pau Teixidor es el último nombre en sumarse a esta lista. Ayudante de dirección en títulos como Eva (2011, Kike Maíllo) o Los últimos días (2013, David y Álex Pastor), vio cómo su corto Leyenda (2011) conseguía una gran reputación a nivel internacional, haciéndose con varios galardones importantes –entre ellos, el Premio del Público al Mejor Cortometraje Español en la Semana De Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián 2011 y el Premio del Jurado del Fantasía International Film Festival (Canadá) 2012–. Con Purgatorio (2014), Teixidor debuta en el formato largometraje, alargando la misma historia que estrena simultáneamente en internet dividida en 4 cortos de 5 minutos cada uno, bautizada con el título de Purgatorio Redux. Con esta maniobra se corre el riesgo de que el resultado final delate en exceso sus verdaderos orígenes, dando la sensación de estar ante un cortometraje innecesariamente engordado, cuya historia funcionaba mucho mejor en su versión reducida. Afortunadamente, el reto ha sido superado con muy buena nota.

    Marta es una joven a la que la vida ha golpeado muy duramente arrebatándole a su hijo de corta edad. Decidida a iniciar una nueva etapa, se instala junto a su marido en un edificio escasamente habitado en el que una noche, mientras el esposo se encuentra trabajando, una vecina toca a la puerta de Marta y le pide el favor de que cuide durante un rato de su hijo. Lo que comienza como un improvisado trabajo de canguro se irá transformando, con el paso de los minutos, en una auténtica pesadilla. El chico, no solo comienza a comportarse de manera insolente y progresivamente violenta, sino que se empeña en decir que en la casa hay otro niño al que Marta no puede ver. Se está convirtiendo en algo habitual en las películas de terror rodadas en nuestro país que las protagonistas de sus historias sean personajes femeninos de gran fortaleza pero puestos a prueba por traumáticas experiencias de la vida –casi siempre relacionadas con la pérdida de los hijos–. Ahí están las antes mencionadas Los sin nombre y El orfanato, a las que podría añadirse la excepcional Los otros (2001, Alejandro Amenábar). En Purgatorio se vuelve a repetir esta extendida corriente y el protagonismo absoluto recae sobre los frágiles hombros de Oona Chaplin, hija de la gran Geraldine, que vive las mieles de la popularidad gracias a su trágico personaje de Talisa Maegyr en Juego de tronos. Teixidor le ofrece a la actriz su primera gran oportunidad con un personaje protagónico, a la que Chaplin responde entregando una interpretación intensa y de lo más convincente. Sin duda, a Belén Rueda le ha surgido una digna sucesora para la corona de reina del grito patrio. Gracias a la generosidad de esta actuación, el espectador logra identificarse rápidamente con el sufrimiento de esta mujer, padeciendo como propio todo el horror del que es víctima. El resto del reparto, configurado únicamente por otros cuatro actores, también está muy bien, especialmente el joven Sergi Méndez, capaz de crear auténtico desconcierto con los giros de su perturbado rol, llegando incluso a tener una más que evidente tensión sexual con su cuidadora.

    por José Martín León
    mayo 07, 2014

    Crítica | Purgatorio

    por José Martín León | mayo 07, 2014
    Carmina y amén

    El salto de gigante de Paco León

    crítica de Carmina y amén, de Paco León, 2014
    Este artículo contiene spoilers

    En 2012, el actor Paco León sorprendió muy gratamente con su personalísima ópera prima como director, la fantástica Carmina o revienta, proyecto construido a mayor gloria de su madre, la inimitable Carmina Barrios en un tardío pero sobresaliente debut como actriz. La película presentaba a un carismático y poderoso personaje femenino, la Carmina del título, una madre de familia sevillana de 58 años, casada con un borrachín encantador y acuciada por las deudas que es capaz de superar las dificultades del día a día utilizando la picaresca. Sus divertidas peripecias, sus memorables frases lapidarias y su sinvergonzonería conquistaron a todo el mundo en un filme que consiguió sendas nominaciones a los Goya –mejor director novel, actriz revelación (Carmina Barrios) y actriz de reparto (María León)–. Paco León, además, probó una innovadora manera de hacer llegar su trabajo al mayor número de espectadores posible, estrenándolo simultáneamente en salas de cine e internet, el mismo día que salían a la venta sus copias digitales. La jugada le salió a pedir de boca y Carmina o revienta fue un éxito gracias al favorecedor boca-oreja de un público que cayó rendido a la valentía y sinceridad de una de las comedias más originales del cine español de los últimos años. No es extraño que León quisiera seguir explotando este inagotable filón, expandiendo el universo de Carmina en una segunda parte, donde repite la mayoría de personajes que conformaron la fauna de la anterior, pero añadiendo algunas agradecidas incorporaciones.

    por José Martín León
    mayo 04, 2014

    Crítica | Carmina y amén

    por José Martín León | mayo 04, 2014
    No llores, vuela

    Poesía mecanizada

    crítica de No llores, vuela | Aloft, de Claudia Llosa, 2014

    Cuando No llores, vuela se estrenó en Berlín, antecedida por la curiosidad y las expectativas, pocos imaginábamos la indiferencia que despertaría. Había curiosidad por ver de que manera la directora había amoldado su discurso al cambio idiomático, comprobando hasta qué punto el filme afianzaba la narrativa de una cineasta en ascenso, con unos intereses temáticos hasta ahora muy anclados al folklore. Claudia Llosa aterrizaba en Berlín tras el éxito de su última cinta en el certamen, La teta asustada, con la que se llevó el Oso de Oro y el Premio FIPRESCI de la crítica internacional, entregando la historia de una madre y un hijo que, a raíz de un accidente trágico, ven separar sus caminos radicalmente. Años más tarde, él es cetrero, y ella una afamada curandera. Hace años que ninguno de los dos tiene noticias del otro. Su hijo le guarda un resentimiento del que el espectador desconoce su origen, y es ahí donde radica parte de la clave de un guion que se mueve entre el drama y la road movie de manera algo dubitativa, sin terminar de arriesgarse del todo. Y aunque la cinta abre con un secuencia poderosa, de una fisicidad bastante desagradable y un contraste de situaciones muy bien montadas en las que tan pronto vemos a Connelly metiendo la mano en el ano de un cerdo para, mediante un corte seco, verla haciendo el amor en las maquinas del trabajo, esta apariencia de obra brutal se desvanece pronto. Llosa centra demasiado su atención en el núcleo de un drama familiar que en última instancia no ofrece nada que otros muchos telefilmes no nos hayan contado ya, retrotrayendo a la memoria las edulcoradas tragedias materno-filiales de filmes como Mi mapa del mundo o similares.

    Las virtudes de No llores, vuela, no cabe encontrarlas sus diálogos, o en el dibujo de unos personajes algo antipáticos, especialmente la madre, encarnada con una dignidad intachable por una Jennifer Connelly esforzada en su trabajo. En su lugar, Llosa ofrece una atmósfera gélida muy trabajada mediante el sonido. El viento es algo constante, y el quebrar del hielo, una amenaza a cada paso. El ruido del agua, de los animales, el de las maquinas y los cerdos en la apertura del filme. La contextualización de la historia está mejor trabajada que la historia en sí, y aunque eso no solventa una película en sí misma, es algo a reconocer. También es cierto que no es fácil contar algo en lo que realmente crees, aunque, como bien decía la cineasta, te interese explorar en la fuerza que esas tradiciones tienen sobre las personas. Es una idea interesante, pero no es la principal de este filme. El hecho de que ella sea curandera, y el poder de la fe sea algo que sobrevuela las decisiones de los personajes dota cierta particularidad al contenido, pero no está lo suficientemente definido como para despertar interés o empatía. Uno observa a Connelly balancearse reflexivamente en un columpio casero que, según la creencia, ayudará a curar ciertos males. Y Llosa se regodea en el momento. Pero no conecta. Acerca su cámara a los rostros de los personajes, buscando una verdad que no encuentra, aún a pesar del buen trabajo de sus interpretes, con mención destacada a Cillian Murphy, que parecía no levantar cabeza tras unos personajes que no han sabido aprovechar el talento del actor.

    por Unknown
    abril 09, 2014

    Crítica | No llores, vuela

    por Unknown | abril 09, 2014
    El oro del tiempo

    En un lugar de España…

    crítica de El oro del tiempo | O ouro do tempo, Xavier Bermúdez, 2013

    Hay películas cuyos visionado y recuerdo trascienden su marco habitual, pues se relacionan con circunstancias ajenas a la propia película. Tuve la ocasión de asistir al pase de El oro del tiempo (O ouro do tempo, 2013) en el festival de Karlovy Vary del año pasado, en el que se presentó internacionalmente. Era la única propuesta española en la selección competitiva principal, y nosotros éramos el único medio español acreditado en el certamen checo. Las condiciones eran pues propicias a darle una importancia considerable, quizás excesiva, a la última película de Xavier Bermúdez, cineasta gallego con pocos títulos en su haber pero con una experiencia contrastada y polifacética, no sólo en los varios departamentos cinematográficos de la dirección, el guion o la producción, sino también por su trabajo en radio y prensa. Incluso la solidaridad entre compañeros de profesión podría entonces distorsionar la valoración de un filme cuya calidad, lo adelantamos ya, es innegable, pero cuyos fondo y alcance son muy limitados, en contraste con la repercusión que gustaría darle. Antes de analizar el por qué, conviene con todo aclarar que el texto anterior no pretende ser, o al menos no sólo, una muestra de cómo los elementos extraños a una película pueden determinar la impresión que nos deje, pues siempre hay que evitar que se produzca este efecto, y más aún al tratar de comentar o analizar con un mínimo de criterio la película en cuestión, que es lo que debe hacer toda crítica. La intención de la reflexión precedente es más bien la contraria: destacar tales circunstancias para a continuación ignorarlas.

    Y es que El oro del tiempo invita a una contemplación ausente de datos y referencias previas. Aquella, como han destacado otros, parece seguir la tradición de un cine entre naturalista y surrealista que puede remontarse en nuestro país a Luis Buñuel, nada más y nada menos. La del maestro aragonés es una influencia admitida por el propio Bermúdez, pero rebajada en cuanto a su incidencia en el metraje. Y es que en su recorrido pueden en efecto apreciarse algunos detalles aquí y allá que nos traigan a la memoria escenas de la etapa tardía de Buñuel, pero en su conjunto no se parece a nada que se haya visto antes. Es una película difusa en cuanto a su género y discurso, ecléctica en las emociones que transmite y ambigua en sus acciones y su mensaje, pero a la vez la trama es muy concreta, la localización casi única y los personajes escasos, de pasado incierto pero de presente definido. De forma escueta pero resolutiva. Más precisamente, la historia transcurre en una casa de campo aislada en la fronda gallega, un lugar bucólico y apacible en el que un hombre mayor y viudo (Ernesto Chao) ve pasar las horas, los días y los meses (la narración discurre imperceptiblemente por varias estaciones del año) a la espera de poder resucitar a su esposa. Conserva su cuerpo criogenizado en el sótano de la casa, confiado tanto en los avances de la ciencia como en los milagros divinos para que su mujer a la que perdió hace décadas pueda volver a ser esa radiante persona que él y nosotros sólo podemos ver en unos contados flashbacks.

    por Ignacio Navarro
    abril 09, 2014

    Crítica | El oro del tiempo

    por Ignacio Navarro | abril 09, 2014
    Anochece en la India

    Una industria segura es una industria feliz

    crítica de Anochece en la India | de Chema Rodríguez, 2014

    Parece norma común que cineastas que han empezado desarrollando el género documental acaben probando suerte tarde o temprano con la ficción. El caso de Chema Rodríguez llama la atención poderosamente cuando reparamos en los importantes logros cosechados por sus dos primeros trabajos, especialmente por su debut Las estrellas de La Línea (2006), retrato en torno a un grupo de prostitutas guatemaltecas que formaron su propio equipo de fútbol y se llevó el Mención Especial del Jurado en Málaga, además del segundo Premio de la Audiencia en la Berlinale, y el Sebastiene en el Festival de Donosti. Posteriormente, Coyote (2009) y El abrazo de los peces (2011) asentarían su nombre, ésta última sobre todo. Una obra tremendamente personal en torno a su hija de 18 años, nacida sordociega, y sus dificultades para integrarse en la sociedad. Así, su primer largo en la ficción se evidencia como una continuación de un discurso que, de nuevo, tiende al compromiso. El de un señor entrado en años, postrado en silla de ruedas, de carácter arisco y racista en apariencia, que convive con una mujer rumana más joven que él, que es quién le mantiene, le limpia, le lava e, intuimos, incluso le masturba. Ella, Dana, está enamorada de él, y él, Ricardo, se niega a aceptar que la necesita más de lo que cree. Tenemos lo necesario. El enfrentamiento con uno mismo no tardará en llegar, a través de un viaje en carretera (oh, sorpresa) que les llevará de España a Rumanía, pasando por Estambul, hasta llegar finalmente a la India. Las intenciones quedan ocultas hasta mitad de metraje, aunque no es difícil adivinarlas. Las encontramos rápidamente en unas bonitas grabaciones en blanco y negro filmadas en Super 8 (faltaba más, ya se sabe que la nostalgia tiene esa textura). De ahí a la carretera sólo van unos pocos planos.

    En el guión aparecen acreditados el propio cineasta, y otro guionista con un gran recorrido en televisión y un largo dirigido por él mismo, David Planell. Entre sus mayores créditos encontramos numerosos capítulos de Hospital Central, otros tantos de El comisario, la miniserie Un burka por amor y el filme Siete mesas de billar francés (2007). La experiencia es evidente, pero el guión no parece contenerla. A pesar de una aparente corrección en la idea y los elementos —ya saben, las paradas que van sacando a la luz las intimidades de los personajes en conversaciones nocturnas dichas en voz baja, las tensiones, la aceptación, el cariño provocado por el roce— no hay, de nuevo, frescura en el planteamiento. De hecho, cuesta entrar en él. Incluso aunque la primera parte pueda resultar aceptable y podamos creernos las motivaciones de Ricardo, o las entrevistas a desconocidos para encontrar a un sustituto de Dana (la aparición en este punto de Javier Pereira coincide con los primeros malos augurios de la cinta), las concesiones se van agotando en la segunda parte, aquella en la que, ya en plena carretera, la película renquea a raíz de la llegada de Ricardo y Dana al hogar de ésta última en Rumanía y, repentinamente, las decisiones de guión para con ella provocan un alejamiento brutal por parte del espectador. Cuesta creerse la situación que la película propone. Uno sale disparado hacia afuera, huyendo de ese detestable regustillo que casi siempre dejan los discursos interraciales mal tratados, o tratados con poco gusto. El de la baratija televisiva. No sabemos exactamente si el director busca un retrato consciente de ciertos sectores de nuestro país, o simplemente quería dejar constancia de esta multiculturalidad que es una realidad evidente (con el cameo de una joven sueca de Göteborg que causa poco menos que sonrojo en su inutilidad), pero en cualquier caso, se agradece que deposite su atención en Ricardo.

    por Unknown
    abril 09, 2014

    Crítica | Anochece en la India

    por Unknown | abril 09, 2014
    10.000 Km

    Málaga premia el riesgo argumental

    Palmarés 17ª edición del Festival de Málaga

    La 17ª edición del Festival de Cine Español de Málaga ha concluido con un palmarés concentrado en tres de las propuestas mejor recibidas por público y crítica: la flamante ganadora de la Biznaga de Oro y de hasta cuatro galardones más ha sido 10.000 Km, del debutante Carlos Marqués-Marcet (Mejor dirección y Guión novel también). Una propuesta especial, con dos intérpretes (David Verdaguer y la premiada ex aequo Natalia Tena) reflejando las dificultades de una relación a distancia. El uso de las nuevas tecnologías es clave en la cinta, que desde su presentación sonaba como favorita tras su exitoso paso por Austin donde obtuvo el premio interpretativo del SXSW. La esperada secuela de Carmina o revienta ha repetido en el palmarés dos años después de su puesta de largo. La cinta de Paco León consigue el premio a Mejor guión y mejor actriz de reparto para Yolanda Ramos, haciendo que el cercano estreno de Carmina y amén crezca aún más en expectación. La tercera propuesta que concentró varios premios ha sido Todos están muertos, de la también debutante Beatriz Sanchís, drama sobre cómo superar un trauma. Elena Anaya ha sido la otra cara del galardón a la Mejor actriz en una cinta que el Jurado (formado por Manuel Gómez Pereira (presidente), Ernesto Alterio, Jocelyne Faessel, José Antonio Garriga Vela, María Barranco, Najwa Nimri y Xavi Puebla) ha querido reconocer con su Premio, además del galardón del Jurado Joven y la Mejor banda sonora.

    El gran Juan Diego ha sido recompensado por su interpretación de hombre que solo quiere ser feliz en la India en la road movie Anochece en la India, y Salva Reina & Héctor Medina han sido los Mejores actores de reparto por 321 días en Michigan, que ha conquistado al público lo suficiente como para recibir su galardón. Algunas de las grandes apuestas del festival, como La vida inesperada, Por un puñado de besos o No llores, vuela se han ido de vacío. Málaga demuestra que hay de todo en nuestro cine, combinando propuestas abiertamente comerciales con películas de corte intimista. Tras 17 años, es una cita ineludible de la que saldrán, o eso esperamos, aunque de los mejores títulos de este 2014. 

    Sección Oficial

    Biznaga de oro a la mejor película: 10.000 km de Carlos Marques-Marcet.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado: Todos están muertos de Beatriz Sanchís.
    Biznaga de plata a la mejor dirección: Carlos Marques-Marcet por 10.000 km.
    Biznaga de plata al mejor actor: Juan Diego por Anochece en la India.
    Biznaga de plata a la mejor actriz: Natalia Tena por 10.000 km y Elena Anaya por Todos están muertos.
    Biznaga de plata al mejor actor de reparto: Salva Reina y Héctor Medina por 321 días en Michigan.
    Biznaga de plata a la mejor actriz de reparto: Yolanda Ramos por Carmina y Amén.
    Biznaga de plata al mejor guión: Carmina y Amén de Paco León.
    Biznaga de plata al mejor guión novel: 10.000 km de Carlos Marques-Marcet y Clara Roquet.
    Biznaga de plata a la mejor banda sonora: Todos están muertos de Akrobats.
    Biznaga de plata a mejor fotografía: No llores, vuela de Nicolás Bolduc.
    Biznaga de plata al mejor montaje: Anochece en la India de José Manuel García Moyano.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado joven: Todos están muertos de Beatriz Sanchís.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado de la crítica: 10.000 km de Carlos Marques-Marcet.
    Biznaga de plata. Premio del público: 321 días en Michigan de Enrique García.

    Documentales

    Biznaga de plata al mejor documental: Ciutad Morta de de Xavier Artigas y Xapo Ortega.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado: Equipo verde de Alejandra Almirón.
    Biznaga de de Plata a la mejor dirección: Sabastián Alfie por Gabor.
    Premio del público: Gabor.

    Territorio Latinoamericano

    Biznaga de plata a la mejor película: Conducta de Ernesto Daranas.
    Biznaga de plata. Premio especial del jurado: Rincón de Darwin de Diego Fernández Pujol.
    Biznaga de plata a la mejor dirección: Ernesto Daranas por Conducta.
    Biznaga de plata al mejor actor: Carlos Frasca por Rincón de Darwin.
    Biznaga de plata a la mejor actriz: Alina Rodríguez por Conducta.
    Biznaga de plata. Premio del público: Conducta de Ernesto Daranas.

    Zonazine

    Biznaga de plata a la mejor película: La cueva de Alfredo Montero.
    Biznaga de plata a la mejor dirección: Eric Boadella por Toastmaster (El maestro del brindis).
    Biznaga de plata al mejor actor: Marcos Ortiz por La cueva.
    Biznaga de plata a la mejor actriz: Eva García por La cueva.
    Biznaga de plata al mejor guión: Toastmaster (El maestro del brindis).
    Biznaga de plata. Premio del público: The extraordinary tale (Of the times table) de José F. Ortuño y Laura Alvea.
    Premio a la mejor película de Zonazine otorgado por el Jurado de Escuelas de Cine: The extraordinary tale (Of the times table).

    por Anónimo
    marzo 29, 2014

    Málaga 2014 | Palmarés

    por Anónimo | marzo 29, 2014
    Kamikaze

    Kamikaze el que (no) lo lea

    crítica de Kamikaze, de Álex Pina, 2014

    Leo información sobre Kamikaze que altera en grado sumo mis expectativas respecto a su calidad. Su presencia en el Festival de Málaga, alfombra roja de un cine coproducido por grandes grupos mediáticos y cristal irrepetible a propuestas más o menos insólitas, ha cosechado opiniones templadas entre los plumillas allí presentes. En cambio, otros sectores menos proclives a la euforia me advierten de que la ópera prima de este autor que solo cuenta dos títulos como coguionista (Fuga de cerebros y su continuación), ni innova ni aporta nada perdurable. Lo cual es mucho y a la vez muy insuficiente para emitir un juicio acerca de su figura, o del talento que abriga su debut en formato largometraje escrito al alimón con Iván Escobar. No conocía yo su larga carrera en la industria catódica autóctona. "Desconocía" el nombre del cerebro audiovisual tras algunos títulos exitosos y supuestamente emblemáticos, llámense Los Serrano o Los hombres de Paco o la aún más reciente —disculpen la cacofonía— El barco. Los equivalentes españoles, precursoras —no se rían— en algunos casos, de series americanas como Cheers, The Shield y Perdidos. Aunque evocaran potencial y no tan puntualmente a otras sitcoms del calibre de Family Matters (la de Steve Urkel) o El príncipe de Bel-Air, pero sin Carlton Banks bailando sinuosamente con una vela blanca por micrófono It's Not Unusual, del siempre disfrutable y muy ballbreaker Tom Jones. Así pues, la línea entre cultura pop noventera y cultura tardofranquista queda bien delimitada. Jamón presunto, como las patatas chip. Tampoco pienso recuperar ese lúcido e intrigante final con Resines despertándose de la siesta, o lo que fuere. Culpa mía por mear fuera del tiesto: ¿a quién se le ocurre informarse para escribir una crítica de cine? Supongo que ya me he descubierto: yo había leído algunos tuits, alguna opinión trasnochada y, también, algún retuit desconsoladamente exitoso firmado por los mismos cronistas-Dodot de siempre. En realidad asistí al pase en pelota picada, intelectualmente hablando. "Allá voy", me dije. Y allí, el chiste en expansión, casi fui. A menudo con la mosca tras la oreja. Creyéndome, o no, al no ruso. Al karadjistaní —no busquen este topónimo— medio español, o al revés.

    por Anónimo
    marzo 27, 2014

    Crítica | Kamikaze

    por Anónimo | marzo 27, 2014

    Nuevas y viejas Españas

    crítica de 2 francos, 40 pesetas, de Carlos Iglesias, 2014

    Un franco, 14 pesetas quizá sea, por el momento, la obra que más lustre ha aportado a la trayectoria de Carlos Iglesias. Porque con ella, el actor “condenado” al sambenito del inventor del gotelé en este país logró sacar adelante un proyecto donde ponía mucha carne propia en el asador: la historia de su familia escrita, dirigida y protagonizada por él mismo. Es decir, con toda la responsabilidad creativa. Lo que le salió fue una película rebosante de autenticidad, donde entregaba una parte de su intimidad y sus recuerdos. Y la taquilla le respaldó con creces. El filme ha quedado como uno de los homenajes más auténticos a la ola de emigrantes españoles de los sesenta. Aquellos que, con lo puesto, se lanzaron a buscar trabajo en la Europa más próspera (Suiza, en este caso). La mezcla de nostalgia, admiración y un humor genuinamente español formó un cóctel perfecto. En 2 francos, 40 pesetas, que ocho años después retoma la historia, hay mucho más del tercer ingrediente y casi nada de los otros dos. Una vez vaciados sus sentimientos de tierna añoranza en Un franco, 14 pesetas, Iglesias ha optado por una continuación que lo es por trama, pero no por tono. Porque supone un volantazo hacia la comedia pura, de corte neorrealista inspirado en Rafael Azcona y reparto coral. Orientándose hacia ese humor sobre españoles y para españoles, retratando un país que a ratos se antoja demasiado lejano para el espectador actual, y a ratos demasiado familiar. El español de hoy quizá no se reconozca en el lenguaje y los modismos de sus personajes, pero sí en muchas de sus conductas.

    por Miguel Muñoz Garnica
    marzo 27, 2014

    Crítica | 2 francos, 40 pesetas

    por Miguel Muñoz Garnica | marzo 27, 2014

    La primera fiesta del cine español

    Programa oficial de la 17ª edición del Festival de Málaga

    Mañana comienza la 17ª edición del Festival de Málaga, el primer gran evento de la temporada cinematográfica en España. Un certamen orientado al cine de habla hispana que presenta una Sección Oficial de auténtico lujo. Mañana viernes, No llores, vuela –que ya estuvo en competición en la Berlinale–, de Claudia Llosa, abre una lucha por la Biznaga de Oro que contará con autores como Carlos Marques-Marcet –con la aclamada en el SXSW 10.000 km), Paco León, Xavier Bermúdez –cuya cinta pudimos ver en Karlovy Vary— , Jorge Torregrossa, Emilio Aragón y Beatriz Sanchís. Recordar que la pasada entrega del festival andaluz dejó algunas de las protagonistas del año: la polémica elección de España para el Óscar (15 años y un día), la cinta indie del año (Stockholm) o la popular Hijo de Caín. Por tanto, estamos ante una temprana estimación de la cosecha española de 2014. Se lo contaremos en EAM.

    SECCIÓN OFICIAL

    No llores, vuela, de Claudia Llosa (Inauguración)
    10.000 km, de Carlos Marques-Marcet
    321 días en Michigan, de Enrique García
    A escondidas, de Mike Rueda
    Amor en su punto, de Teresa de Pelegri y Dominic Harari
    Anochece en la Indía, de Chema Rodríguez
    Carmina y amén, de Paco León
    Dioses y perros, de David Marques
    El oro del tiempo, de Xavier Bermúdez
    Kamikaze, de Álex Pina
    La vida inesperada, de Jorge Torregrossa
    Los fenómenos, de Alfonso Arauza
    Por un puñado de besos, de David Menkes
    Purgatorio, de Pau Teixedor
    Todos están muertos, de Beatriz Sanchís
    Una noche en el viejo México, de Emilio Aragón (Clausura)

    DOCUMENTAL

    Al fin del mundo, de Franca González (Argentina)
    Cesar’s Grill, de Darío Aguirre (Alemania)
    Ciudad muerte, de Xavier Artigas
    De cometas y fronteras, de Yolanda Pividal
    Desierto verde, de Ulises de la Orden (Argentina)
    El cuarto desnudo, de Nuria Ibáñez (México)
    El inventor de la selva, de Jordi Morató
    El silencio de las moscas, de Eliezer Arias
    Els anys salvatges, de Ventura Durall (Etiopía)
    Equipo verde, de Alejandra Almirón (Argentina)
    Escocia, de Jorge Peña
    Gabor, de Sebastián Alfie
    Kuntskammer, de Carlos Escolano García
    Mapamundi, de Javier Zoro (Chile)
    Mar de fons, de Bruno López Aretio-Aurtena, Florencia Luna
    Mataron a mi hermano, de Cristiano Burlán (Brasil)
    Natalia Nikolaevna, de Adrián Silvestre
    Ocupy the Imagination, de Rodrigo Dorfman (Chile)
    Pettring, de Eloy Domínguez Serén
    Tubarâo, de Leo Tabosa
    Un gran desorden bajo el cielo, de Iván García
    Un sitio donde quedarse, de Marta Arribas, Ana Pérez De La Fuente
    Y en el centro de la Tierra había fuego, de Bernhard Hetzenauer (Ecuador)

    MÁLAGA PREMIERE

    Congreso, de Luis Fontal
    El culo del mundo, de Andreu Buenafuente
    Linko, de Rafael Calvo, David Valero y Xosé Zapata
    Pancho, el perro millonario, de Tom Fernández

    TERRITORIO LATINOAMERICANO

    Besos de azúcar, de Carlos Cuarón (México)
    Conducta, de Ernesto Daranas (Cuba)
    El bumbún, de Fernando Bermúdez (Argentina)
    La vida después, de David Pablo (México)
    María y el Araña, de María Victoria Menis (Ecuador)
    Nena, salúdame al Diego, de Andrea Herrera Catalá (Venezuela)
    Princesas rojas, de Laura Astorga (Costa Rica)
    Rincón de Darwin, de Diego Fernández Pujol (Uruguay)

    ZONAZINE

    La cueva, de Alfredo Montero
    La maniobra de Heimlich, de Manolo Vázquez
    Paradiso, de Omar A. Razzak
    The Extraordinary Tale (of the Times Table), de Laura Alvea y José F. Ortuño
    Toastmaster, de Eric Boadella
    Todo parecía perfecto, de Alejo Levis

    ANIMAZINE

    El último mago o Bilembambudín, de Diego Rodríguez (Argentina)
    Fernanda y el extraño caso del Doctor X y Mr. Jai, de Mario Rivas (Cuba)
    Historias de Cronopios y de famas, de Julio Ludueña (Argentina)
    La tropa del trapo en la selva del arcoíris, de Álex Colls
    Selkirk, El verdadero Robinson Crusoe, de Walter Tournier (Uruguay)

    por Emilio M. Luna
    marzo 20, 2014

    Málaga 2014 | Programación Oficial

    por Emilio M. Luna | marzo 20, 2014

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción