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    Mostra de Venecia 2012
    Mostra de Venecia 2012
    Cherchez Hortense

    De familias disfuncionales y otros conflictos

    crítica de Cherchez Hortense | de Pascal Bonitzer, 2012

    El francés Pascal Bonitzer es uno de esos artistas que han tocado prácticamente todos los palos en esto del cine. Libretista, actor y guionista, dio el salto a la dirección en 1996 con Encore, comedia dramática que le colocó en la terna de nominados al César a Mejor ópera prima. A pesar de este prometedor inicio, su carrera posterior tras las cámaras no se ha caracterizado precisamente por su brillantez, con una sucesión de títulos fácilmente prescindibles entre los que destacaría Rien sur Robert (1999), otra comedia que le reportaría a Valentina Cervi una candidatura al César como Mejor actriz revelación. Cherchez Hortense (2012), su último trabajo hasta la fecha, tampoco está destinado a colocarle entre los realizadores franceses a seguir, pese a contar con una estrella tan internacional como Kristin Scott Thomas –con la que ya había contado en Pequeñas heridas (2003)– en uno de los papeles principales. Ella no es, sin embargo, el plato fuerte de la función desde el apartado interpretativo, ya que es sobre el experimentado Jean-Pierre Braci –César al Mejor actor de reparto por On connaît la chanson (1997) y ganador de hasta cuatro premios más en la categoría de guionista– donde recae la mayor parte de su presumible eficacia.

    Cherchez Hortense

    Cherchez Hortense es, como suele ser habitual en Bonitzer, una comedia dramática que presenta una radiografía bastante incisiva de una familia totalmente disfuncional, en la que todos y cada uno de sus miembros tiene una doble vida o algún secreto que ocultar. Damien, el patriarca, enseña cultura asiática a empresarios que quieren trabajar en China y ha comenzado a ilusionarse con una joven que le pide poder asistir a sus clases. Su esposa Iva es una ocupada directora teatral que comienza una relación adúltera con uno de los actores de su compañía. Ambos son padre de un adolescente que pasa por una etapa algo conflictiva, donde miente, roba y descuida su higiene personal, en un afán de acaparar la atención de sus progenitores. Luego está el padre de Damien, un abuelo de lo más atípico, ya que es Consejero de Estado y siempre tiene la agenda demasiado ocupada para atender a la familia aunque, eso sí, vive con normalidad una sexualidad de lo más abierta. Semejante fauna de desastrosos seres humanos conforman la apuesta de una película que tiene serios problemas para encontrar el tono adecuado entre dramatismo –en la trama se tocan temas controvertidos como la inmigración ilegal, la bisexualidad, el adulterio y hasta el suicidio– y comedia (lo cierto es que gracia, la cinta tiene bien poca). Pese al esforzado trabajo de todos sus actores (Bacri y Claude Rich optaron a los César como actor protagonista y secundario, respectivamente), el realizador no consigue en ningún momento que el espectador se solidarice con los problemas de sus personajes, demasiado antipáticos y lejanos como para sentir empatía hacia ellos. Todo en el filme es un quiero y no puedo, una sucesión de conflictos y personajes que prometen algo más interesante en la siguiente escena, pero que nunca terminan de cumplir tales expectativas.

    por José Martín León
    diciembre 15, 2013

    Crítica | Cherchez Hortense

    por José Martín León | diciembre 15, 2013
    La bicicleta verde

    Una niña con agallas

    crítica de La bicicleta verde | Wadjda, de Haifaa Al-Mansour, 2012

    Sarcasmo, ingenio y agudeza son los pilares de la personalidad de Wadjda, la niña sobre la que gira en torno esta valiente película ambientada en el barrio de Riad, capital de Arabia Saudí. Wajdja, dueña de una contagiosa vitalidad, sueña con conseguir una bici propia, y así poder disputar carreras contra su mejor amigo, Abdullah, pero esta aspiración no sólo se halla fuera de su alcance económico, sino que las arraigadas tradiciones sauditas y sus sustanciales diferencias de género solamente consienten su uso en los varones. La madre de Wajdja, sumergida en su propio conflicto interno al tratar de evitar que su marido contraiga matrimonio con una segunda esposa, se niega en rotundo a que la niña pierda su virtud al intentar jugar a algo propio de chicos; sin embargo, estos impedimentos no merman la persistente voluntad ni cortan las alas de esta Pequeña Miss Sunshine oriental, que empieza a poner en práctica todo cuanto se le ocurre para procurarse la suma de la bicicleta. Con esta premisa comienza La bicicleta verde, una historia arriesgada, tierna y luminosa que da voz a la supervivencia y a los sueños de las mujeres y niñas sauditas. Guionizada y dirigida por Haifaa al Mansour, esta ópera prima la convierte en la primera directora de cine árabe, además de la primera persona en rodar un largometraje íntegramente un país que carece de una infraestructura acondicionada para el ejercicio cinematográfico. Haifaa se vio obligada a dirigir el rodaje desde el interior de una caravana sirviéndose de un monitor y un walkie talkie, puesto que no podía ser vista en compañía de hombres, y ahora, unos meses más tarde, su proyecto representará a Arabia Saudí en los Oscar como mejor película extranjera.

    Con un modesto presupuesto y una realización sencilla basada en planos medios y cercanos, sin juegos ni giros espectaculares de una cámara que no se despega de Wajdja y sus movimientos, el filme nos sumerge en el entorno cotidiano y costumbrista de una familia saudita corriente, mostrando la incidencia que la disciplina religiosa, los rígidos patrones de conducta social y la cultura islámica tienen sobre una niña cualquiera. A través de los diálogos, en los que recae el peso de la narración, compartimos durante cien minutos el ansia de Wajdja y nos metemos en su piel, sentimos sus varapalos, reímos con sus irreverencias y trucos en la consecución de un sueño del que todos, menos Abdullah, la intentan disuadir. La narración apunta a una concepción del mundo más libre, lejos de las imposiciones de los adultos, ya que Wajdja desoye a todos los que intentan mermarla, desde el dueño de la tienda (“800 ryales. Demasiado caro para ti”), a sus profesoras (“Tu comportamiento estúpido te perseguirá para siempre”) o a su propia madre, sabedora de que montar en bici es pisar terreno minado, pues apropiarse de hábitos convencionalmente masculinos puede acarrearle a la pequeña el sambenito de repudiada, de bicho raro, en una sociedad en la que debe ser educada acorde a la sumisión, el beneplácito y la complacencia de los hombres. Lejos de desanimarse, Wajdja comienza a maquinar todo tipo de tejemanejes para conseguir los 800 ryales.

    por Anónimo
    octubre 28, 2013

    Crítica | La bicicleta verde

    por Anónimo | octubre 28, 2013
    Come, duerme, muere | Eat, Sleep, Die, de Gabriela Pichler

    EL ESPEJO DE SUECIA

    crítica de Come, duerme, muere | Äta sova dö (Eat Sleep Die), de Gabriela Pichler, 2012

    Suecia es un país del que conocemos poco. Un territorio que no llama la atención en Europa más allá de determinados ámbitos culturales. Abba forma de la historia de la música, Camilla Läckberg es una de las escritoras de novela criminal sueca más vendidas de la actualidad, y Tomas Alfredson es posiblemente uno de los estandartes cinéfilos más “ilustres” del país hoy en día, amén de pasados clásicos siempre presentes como Ingmar Bergman o promesas ya en decadencia como Lukas Moodysson hace unos años. A esta cantera de artistas se acaba de sumar la directora Gabriela Pichler. Una recién llegada con una visión muy clara sobre la realidad de su país. Su opera prima, Come, duerme, muere es toda una declaración de intenciones. Una película que llega avalada por la Academia de Cine Sueco (Guldbagge) con los cuatro premios más importantes (película, actriz, guión y director) y con el Giraldillo de Oro del Festival de Sevilla 2012. A través del enfoque de una joven trabajadora en una fábrica de envasado de lechuga, Pichler dibuja la realidad social de su país con un personaje que se intuye representante de gran parte del mismo. Rasa es impulsiva, deslenguada, directa, con poco tiempo para pensar en si misma. Cuida de un padre en paro, con dolores de espalda y dependencia económica. Se encarga de las facturas y lleva trabajando desde los 16 años en el mismo lugar. La vida no es fácil para ella, pero la película tampoco la trata con paternalismo.

    Hablamos de una realidad social que en los tiempos que corren está en boca de todos. No es algo que nos resulte ajeno. La situación de Rasa no es extraordinaria. Ni aquí ni en Suecia. La directora deja claro que su país no es ni mucho el ejemplo de Europa. Moodysson ya lanzó la piedra con la extraordinaria Fucking Åmål, y Pichler lo subraya en su película: Suecia es un país celoso de sí mismo, poco amigo de los extraños. Pero aunque el filme opte por una imagen descarnada, granulada, de eminentes colores tristes y melancólicos, con parques abandonados y planos medios de su protagonista, lo cierto es que no llega al pesimismo absoluto. La directora se permite numerosas licencias poéticas. Momentos suspendidos en el metraje que reflejan simplemente un instante, una emoción. La idea de que estas personas sienten y a pesar de todo tienen sus momentos de felicidad. Un abrazo, un paseo en bicicleta, jugar a la pelea tirado en el suelo, un cumpleaños, o poner en marcha el vagón oxidado de una atracción vieja. El contraste funciona porque resta tremendismo a la situación. Y eso es importante ya que suele ser un mal común en películas como estas, que buscan concienciar al espectador, aleccionándole o, en ocasiones, incluso juzgando en cierta manera su pasividad ante las situaciones reflejadas. Una cuestión delicada en el cine de temática social.

    por Unknown
    octubre 24, 2013

    Crítica | Come, duerme, muere

    por Unknown | octubre 24, 2013

    LOS PELIGROS DE LA RED

    crítica de Disconnect | Henry Alex Rubin, 2012

    1993 fue el año en que el desaparecido maestro Robert Altman nos entregó la que muchos consideramos su obra maestra, Vidas cruzadas, un monumental fresco sobre la vida cotidiana de un variopinto grupo de personas que residen en Los Ángeles y cuyas vidas se entrecruzan por caprichos del destino. El éxito de aquella excepcional película dio lugar a multitud de títulos que seguían el mismo esquema de las historias cruzadas para tocar diferentes temas. El sentimiento de culpa y el perdón –Magnolia (1999), de Paul Thomas Anderson–, los conflictos raciales –Crash (2004), de Paul Haggis, ganadora del Oscar a la mejor película– o la inmigración –Territorio prohibido (2009), de Wayne Kramer son algunos ejemplos destacables a los que vendría a unirse Disconnect (2012), el interesante debut de Henry Alex Rubin en el largometraje convencional tras la generosa cosecha de premios que se llevó con su documental Murderball (2005), dirigido al alimón con Dana Adam Shapiro y que mostraba una competición de rugby entre jugadores cuadrapléjicos. Presentada en el Festival de Venecia de 2012 en la Sección oficial de largometrajes fuera de concurso, Disconnect plantea interesantes debates sobre los peligros que se esconden tras las nuevas tecnologías. Vivimos en la era de Internet. La gente está constantemente comunicada a través de los chats, las redes sociales o la telefonía móvil, sin pensar en las amenazas que se esconden en este amplio mundo cibernético, especialmente para los adolescentes, menos conscientes de que tras un perfil social puede esconderse cualquier tipo de persona y que nuestros datos personales o cuentas bancarias pueden ser fácilmente sustraídos por algún experto informático. Rubin articula, sobre un poderoso guión de Andrew Stern, un intenso caleidoscopio formado por tres historias cruzadas, con el nexo común de que sus protagonistas padecen en sus propias carnes las consecuencias de los peligros de la red.

    por José Martín León
    septiembre 10, 2013

    Crítica | Desconexión

    por José Martín León | septiembre 10, 2013
    Traición (Betrayal)

    QUÍTATE LA ROPA, VOY A ESCUCHAR TU CORAZÓN

    crítica de Traición (Betrayal) | Izmena, Kirill Serebrennikov, 2012

    El primer fotograma de la última película del director ruso Kirill Serebrennikov, Traición (Betrayal), nos sitúa en una clínica médica a la que el protagonista principal (el actor macedonio Dejan Lilic) acude para realizarse un chequeo rutinario. Un chequeo del corazón. Una vez allí, su estado de ánimo y salud se verán bruscamente alterados cuando se entere por boca de la doctora que a ambos les une una misma infidelidad conyugal: sus respectivas parejas se acuestan entre ellos. Esa traición común dará lugar a un texto fílmico carnal y pasional de un cineasta quien, consagrado internacionalmente como uno de los mejores directores de teatro ruso, alcanzó el éxito en el 2006 con su segundo largometraje, Playing the victim, galardonado con el Marco Aurelio de Oro a la mejor película en la primera edición del Festival de Roma.

    En esta ocasión, la confesión de la doctora (encarnada por Franziska Petri) a quien podríamos calificar más certeramente como ‘matasanos’ envuelta en su papel de femme fatale, cambiará al completo el destino del protagonista y le sumergirá en la misma obsesión destructiva que ella ya padece. Así, con la gran belleza estética que le caracteriza, Serebrennikov diseminará las secuelas más duras de la infidelidad en la piel de quienes se quedan fuera de ese juego vedado. Los dos protagonistas, de quienes se nos niega saber sus nombres, se ven superados por una realidad que les sobrepasa y necesitan llorar o comer tierra (como en el caso de Franziska Petri en una durísima escena en el patio de su casa) para calmar su angustia interior. Pero el cineasta va más allá del sencillo papel de víctima y con una contundente elipsis de varios años, ilustrada mediante un encabalgamiento visual en la que la protagonista huye de su vida anterior una vez muerto su marido, y aparece en su nueva vida con un segundo marido que sí que la quiere; nos abofetea con una terrible dualidad en apariencia inherente a todo ser humano: también nos gusta ser el verdugo.

    por Unknown
    septiembre 06, 2013

    Crítica | Traición (Betrayal)

    por Unknown | septiembre 06, 2013
    The Iceman

    RETRATO DE UN ASESINO EN SERIE

    crítica de The Iceman | Ariel Vromen, 2012

    La realidad, en muchas ocasiones, supera la ficción. Puede sonar a frase hecha pero si nos detenemos a revisar la biografía de Richard Kuklinsky nos daremos cuenta de que está totalmente en lo cierto. Nacido en Jersey en 1935, este hijo de inmigrantes polacos sufrió el maltrato de su padre alcohólico desde la infancia. Ya en la adolescencia mostró preocupantes síntomas de agresividad cuando tenía como principal afición torturar animales hasta la muerte, culminando cuando a la edad de 14 años asesinó a un muchacho de su edad. En 1960 conoció a Bárbara, que se convertiría en su esposa y madre de sus tres hijos. De traficar con cine porno para una de las familias criminales más importantes de Nueva York, los Gambino, pasó a prestar sus servicios como asesino a sueldo para la mafia, siendo sus principales víctimas los deudores de apuestas o algunos importantes capos. Llegó incluso a matar a Roy DeMeo, mafioso psicópata bajo cuyas órdenes perfeccionó sus métodos de asesino. Picahielos, mazos, pistolas, ballestas, cianuro y roedores, cualquier arma le venía bien para llevar a cabo sus trabajos. El célebre apodo de Iceman (hombre de hielo) le llegó a causa de uno de sus experimentos, en el que congeló a una de sus víctimas dentro de un camión de helados durante dos años. Con esto pretendía despistar a forenses y policías sobre la verdadera fecha y circunstancias de la muerte, algo que no logró. En 1986 fue finalmente detenido, para sorpresa de familiares y amigos, que desconocían la faceta criminal de Kuklinsky. Se declaró culpable de los asesinatos de más de 200 personas, por los que fue condenado a dos cadenas perpetuas en 1988, falleciendo por causas naturales en la prisión de Trenton el 5 de marzo de 2006. La controvertida existencia de este monstruo de la historia delictiva de Estados Unidos fue reflejada en un documental de la cadena de televisión HBO donde este hombre se declaraba un “asesino vocacional”. Ahora, como era de esperar, ha llegado el momento de que Hollywood ponga sus ojos sobre esta terrorífica figura para construir uno de esos biopics que parecen construidos para llevar a sus protagonistas a las puertas del Oscar. Su título, como no podía ser de otra manera: The Iceman.

    por José Martín León
    agosto 23, 2013

    Crítica | The Iceman

    por José Martín León | agosto 23, 2013

    Intrascendencia entre cultivos

    crítica de A cualquier precio | At Any Price, de Ramin Bahrani, 2012

    El director Ramin Bahrani llevó a la Mostra de Venecia de 2012 un drama rural que reactualizaba la América profunda. Lo dotó de artilugios de última tecnología, de ingenieros agrícolas, de multinacionales del cultivo que monopolizan "la vida" en forma de semillas y de grandes propietarios armados con tablet y smartphones. Un dibujo de la decadencia del granjero clásico en favor del vanguardista. Cambió la fachada, modernizó el envoltorio. Aparentemente el fondo prevalece allende del tiempo. Los fenómenos sociológicos que contextualizan la película y que rodean al hombre del medio oeste americano son los mismos de hace medio siglo. Demográficamente débil y con idéntica organización y funcionamiento de instituciones como la familia y la Iglesia rural. En torno a ellas se mueve. Una como causante del conflicto y como refugio protector a partes iguales, la otra como elemento de articulación social de las relaciones de la comunidad. El realizador americano nos acerca con A cualquier precio una América rural modernizada materialmente pero inmóvil en sus tradiciones y costumbres –pese a coletazos de cambio–. Este es el paisaje de un pequeño pueblo de Iowa, especializado en el maíz, donde una familia capitaneada por el padre –Dennis Quaid–, tratará de perpetuar en su hijo –Zac Efron– lo que construyeron sus antepasados. La necesidad de huir, las ambiciones automovilísticas, la competitividad, la estafa, el engaño o el desaliento generacional serán motivo de beligerancia y harán temblar los cimientos de unas tierras que claman continuismo.

    El hecho de reflejar una realidad que responde al tópico no es razón suficiente para plagarla de lugares comunes. Es más, debería invitar a lo contrario. No parece pensar así Bahrani, pues decide torturar al espectador durante la primera mitad de la cinta. Casi una hora en la que se hace una escenificación un tanto ordinaria de temas manidos, descoloridos por su uso y abuso, todos resueltos con la originalidad de espaldas: Rivalidad entre familias que compiten por tierras, escenificada por ridículos enfrentamientos entre los hombres de las mismas y que se trasladan en su versión juvenil al deporte; problemas padre e hijo, por un progenitor que tiene planificado el futuro de sus descendientes, mientras éstos sueñan con volar solos; hijo rebelde con tendencia a llamar la atención; y por supuesto la infidelidad de turno. Unos ingredientes que parecen más propios de una telenovela barata de sobremesa que de una película de calidad. Las malas lenguas dicen que éste es el precio a pagar por tener a la estrellita de turno –Zac Efron– en el reparto. Serían algo así como los aderezos necesarios para darle el empuje comercial que el cine de Bahrani, hasta este momento reducido al circuito indie, no tenía.

    por Anónimo
    agosto 19, 2013

    Crítica | A cualquier precio

    por Anónimo | agosto 19, 2013
    Fill the Void | Lemale et ha’halal

    FERVOR EFERVESCENTE

    crítica de Fill the Void | Lemale et ha’halal, Rama Burshtein, 2012

    48º Festival de Karlovy Vary

    Hoy en día casi todo comentario de tinte religioso viene acompañado de un subtexto, de un contraste con la otra cara de la moneda. La crítica puede estar dirigida hacia uno u otro bando y ser más dura o más blanda, pero en un mundo implacablemente secularizado las creencias dogmáticas o bien se combinan con otros aspectos igualmente dogmáticos o bien se enfrentan con ellos desde un fanatismo tan temible como martirizado. Las representaciones religiosas se ven por tanto debilitadas en su excepcionalidad pero pueden verse reforzadas en su alcance, incluso cuando su papel se vuelve más esporádico y secundario: véanse para mayor concreción las manifestaciones artísticas navideñas o las conferencias de prensa del episcopado. En otras palabras, la religión ha pasado de dominar focos cerrados, podríamos aventurar que autárquicos, a tener que convivir necesariamente con ateos o agnósticos, con paisanos infieles o con trabajadores indiferentes. Hay con todo excepciones, comunidades que con admirable estoicismo se mantienen al margen de toda costumbre, actividad o enseñanza que vaya en contra de su devoción. Los conventos y templos siguen en pie y existen incluso sociedades anacrónicas como la retratada por Carlos Reygadas en aquella obra maestra titulada Luz silenciosa (2007). Resulta oportuno traer este título a colación porque el que es ahora objeto de este texto recuerda en varias cosas a aquel, aunque en éste ya no encontramos monjes o menonitas aislados sino judíos ortodoxos que viven en el epicentro de la capital israelí.

    Lemale et ha’halal (Fill the Void, 2012) tiene pues, de partida, un interés único. Tanto su directora como parte del equipo de la película forman parte de esta dominante minoría, caracterizada livianamente con pesados y ancestrales atuendos y con rezos acalorados y profundos. La misma es aquí ilustrada por unos cuantos personajes espiritual y familiarmente unidos, recogidos sobre todo en los interiores de su casa o su iglesia pero también en lugares comunes como la calle o el supermercado. No se pretende sin embargo establecer directamente una contraposición entre su forma de ser y la de los demás, pues por un lado es como si estos no existieran y por otro la historia que nos narra Rama Burshtein se basa en emociones con las que todos nos podemos sentir identificados. Antes de entrar en dicha narrativa conviene entonces destacar ya el acierto de esta cineasta debutante al mostrarnos una superficie que para muchos resultará original y llamativa pero que para ella y otros responsables del filme es totalmente cotidiana: de esta manera Burshtein alcanza un resultado exquisito, lo menos cutre que se pueda imaginar, apoyándose con todo en una temática conocida que no exige mayor riesgo ni presupuesto.

    por Ignacio Navarro
    agosto 17, 2013

    Crítica | Fill the Void

    por Ignacio Navarro | agosto 17, 2013
    Paraíso: Fe, de Ulrich Seidl
    crítica de Paraíso: Fe | Paradies: Glaube, Ulrich Seidl, 2012.
    premio especial del jurado Venezia 69.

    Tras la escandalosa presentación de la primera entrega de trilogía Paraíso, de Ulrich Seidl, proyectada en la edición del 2012 del Festival de Cannes, llega al público su secuela (no exenta, cabe aclarar, de controversia). Se trata de Paraíso: Fe, que gira en torno a un nuevo personaje protagónico y a una nueva temática, pero que no pierde el rumbo a la hora de mostrarnos cómo el amor, o la fe en este caso, son meros medios para alcanzar una felicidad que parece ser imposible. Esa ha sido, de antemano, la hipótesis sostenida en la crítica de su predecesora, y que bien puede ratificarse tras el visionado de esta notable segunda parte. Sobre su trama, nuevamente, poco hay que decir: describe la vida de una mujer abnegada y entregada a la religión católica que da un giro de ciento ochenta grados cuando reaparece su esposo, un hombre inválido que obedece a Alá, cuya tolerancia por el cristianismo es escasa, cuando no nula. Ella tiene una misión: junto a un grupo de creyentes, pretende convertir a su país, Austria, en un país católico. No es una tarea fácil, desde luego, pero eso no la detiene. Por el contrario, parece darle las fuerzas que le faltan. Sin embargo, la situación en su hogar comienza a tornarse insostenible: las recriminaciones constantes de su marido la llevan, inconscientemente, a replantearse lo que está haciendo. ¿Este hombre es un enviado del bien o un enviado del mal? ¿Qué es lo que pretende de ella?

    El autor, fiel a su estilo impactante, no escatima en ofrecer algunas de las imágenes más fuertes que nos ha obsequiado el cine contemporáneo. Decir que merecen despertar una polémica es poco. Tal vez sea más apropiado apelar a la honestidad, y asumir que las mismas merecen (por su calidad estética y por su deliberada pobreza ética) despertar sentimientos apasionados y violentos en el público. La efervescencia de algunas secuencias se hace notar bajo el contraste buscado de éstas con un ambiente en el que no se puede respirar. Y luego están las espaldas, el eje del dolor, las que protagonizan el acto de fe. Los planos secuencia de las espaldas de sus protagonistas no son producto del fetichismo, sino de la voluntad y de la conciencia de lo que realmente significan para la fe: en ella Cristo cargó la cruz.

    por Anónimo
    julio 17, 2013

    Crítica | Paraíso: Fe

    por Anónimo | julio 17, 2013
    Pacto de silencio (The Company you Keep)

    RADICALISMO VENIDO A MENOS

    crítica de Pacto de silencio (The company you keep) | The Company You Keep, Robert Redford, 2012

    "You don't need a weatherman to know which way the wind blows."
    Bob Dylan.

    El bueno de Redford lleva décadas dejándonos bien claro lo que prima en su filmografía. Sus reivindicaciones han sido objeto de polémica para con sus compatriotas, y sin ser un far left winged en la línea de cineastas como Michael Moore, Sean Penn o Tim Robbins , este demócrata, bestia negra en muchas ocasiones de los republicanos, sí ha manifestado muchas veces su incansable lucha por los derechos civiles, su preocupación por el asunto ecológico y una feroz crítica por el mal funcionamiento de la política estadounidense. De ahí que el periodismo, la política (y su aparentemente inevitable corrupción), la búsqueda de la verdad y las relaciones paterno-filiales siempre hayan sido sus máximas. Algunos filmes en los que ha participado ya fuese como actor o director —El candidato (Michael Ritchie, 1972) , Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula 1976) , Leones por corderos (Robert Redford, 2007) o Brubaker (Stuart Rosenberg, 1980)— dan fe de ello. Esta vez, y aunque nos sitúa en el momento presente, hace una clara referencia histórica al reciente pasado de su país, citando a un movimiento de radicales anti-imperialistas de ideología marxista que nació como movimiento pro-derechos civiles y que bombardearon edificios emblemáticos del gobierno estadounidense como protesta por la radical política exterior llevada a cabo en Vietnam.

    por Anónimo
    julio 16, 2013

    Crítica | Pacto de silencio

    por Anónimo | julio 16, 2013
    Passion, de Brian De Palma

    LAS BAJAS PASIONES DE UNA ALTA EJECUTIVA

    crítica de Passion | Brian De Palma, 2012

    Nada más y nada menos que cinco largos años llevaba el controvertido Brian De Palma sin ponerse detrás de las cámaras. Algo extraño si tenemos en cuenta que con su última película, Redacted (2007), había obtenido el León de Plata al mejor director en Venecia, en un trabajo que poco tenía que ver con las constantes estilísticas y narrativas del autor de Carrie (1976). Y lo logró tras una etapa negrísima en la que probó suerte con la ciencia ficción –Misión a Marte (2000)– y el cine negro clásico –La dalia negra (2006)–, con resultados más bien desastrosos. Muy lejanos quedaban los tiempos dorados de sus trabajos sobre la mafia protagonizados por Al Pacino –Scarface (1983), Atrapado por su pasado (1993)– o sus brillantes adaptaciones de series televisivas de éxito –Los intocables de Eliot Ness (1987), Misión imposible (1996)–. Aun así, muchos somos los que sentimos verdadera debilidad por el De Palma de los inicios y sus nada disimulados homenajes al cine de Hitchcock. La última vez que nos había ofrecido una obra de este tipo fue con la incomprendida Femme Fatale (2002), que horrorizó a la crítica en su paso por el Festival de Cannes. Con Passion, su esperado regreso a las laberínticas intrigas hitchcockianas, volvió a cosechar comentarios destructivos tras su paso por el Festival de Venecia, donde fue presentada a concurso.

    por José Martín León
    julio 06, 2013

    Crítica | Passion

    por José Martín León | julio 06, 2013
    Después de mayo

    BUSCANDO Y PERDIENDO EL PROPÓSITO

    crítica de Después de mayo | Après mai, Olivier Assayas, 2012

    El mes de mayo de 1968 marcó un hito en las protestas antisistema. De repente los estudiantes se echaron a la calle y los ciudadanos se agruparon para pedir un cambio de rumbo en la forma en que se ordenaba su vida, en un contexto de Guerra Fría que parecía indefinida y de guerra de Vietnam que pronto o tarde se acabaría. Desde entonces, estos grupos adquirieron una conciencia social muy participativa, y su espíritu lo han heredado las generaciones presentes. Al fin y al cabo, el 15-M y otros movimientos análogos le deben su razón de ser a ese movimiento fundador y al choque que supuso para las élites gobernantes. En su momento las autoridades reaccionaron de forma desmedida, sin atender a estas voces alzadas, pues no compartían su lenguaje ni su contenido entraba en sus previsiones. Casi medio siglo después, aunque se respeta en mayor medida este fenómeno y se reconoce el ejercicio de sus derechos, las cosas no ha cambiado tanto. En definitiva, las razones que empujaron a los protagonistas de mayo del 68 siguen vigentes, y por ello el título de la última película de Olivier Assayas, Después de mayo (Après mai, 2012), es tan apropiado. Su historia podría en este sentido situarse casi en la actualidad, aunque desde su inicio se nos precisa que estamos en 1971. Sus protagonistas, por tanto, visten y tienen hobbies propios de la época, pero también parece claro que muchos jóvenes de hoy en día pueden identificarse con ellos, con su comportamiento, su vocabulario y sus ideales. Por tanto, esta película encontraría en este grupo a su target más idóneo: conviene analizar entonces si la misma pretende y puede efectivamente atraérselo.

    por Ignacio Navarro
    junio 18, 2013

    Crítica | Después de mayo

    por Ignacio Navarro | junio 18, 2013
    A Hijacking

    REALISMO EN ALTAMAR

    crítica de A Hijacking | Kapringen, Tobias Lindholm, 2012

    El ser humano es desconfiado por naturaleza y se lo debe a su instinto de supervivencia, una especie de escudo protector ante posibles engaños o trampas. Es por ese motivo que cuando a uno le hablan de una película de secuestros se pone a la defensiva y piensa en Hollywood, pero en el Hollywood más trasnochado, pobre, convencional e inverosímil; y se le vienen a la cabeza bazofias como Air Force One en lugar de otras con una factura más loable como Adiós pequeña, adiós, o Fargo. Si a mayores añadimos un protagonista cocinero, el esperpento puede ser terrible. Me asalta la figura de Steven Seagal, en Alerta máxima, en su papel de ex marine y chef oportunista, que siempre se encuentra en el lugar adecuado para salvar al mundo, véase América, con sus habilidades y destrezas en las artes marciales, que no solo le permiten ejercer ese rol de defensor de la seguridad nacional sino que también le valen para no transpirar ni despeinarse en toda la película. En resumidas cuentas, un combinado primitivo y cargado de testosterona barata. Nada más lejos de la realidad se encuentra A Hijacking (Kapringen), de factura danesa, aderezada con los mismos ingredientes que el cóctel arriba citado, está concebida y forjada en base a otra tradición y otra manera de hacer cine, algo más sofisticado. De corte europeo, sus anhelos van por otras lides, sus ansias tienen mucho que ver con la recreación de una atmósfera que transmita verosimilitud, huyendo del exhibicionismo barato y artificioso, sin tomarse licencias. Lo cual exige reconocimiento por ser un tema que estuvo muy en boga hasta hace año y medio: los secuestros de barcos mercantes y pesqueros a manos de los piratas somalíes.

    por Anónimo
    junio 18, 2013

    Crítica | A Hijacking

    por Anónimo | junio 18, 2013
    La Cinquième Saison
    crítica de La quinta estación | La cinquième saison, Peter Brosens y Jessica Woodworth, 2012
    sección Talents | Festival Internacional de Cinema D'Autor de Barcelona 2013.

    La primera secuencia de La quinta estación (La cinquième saison), tercer largometraje del tándem formado por Peter Brosens y Jessica Woodworth, hunden al espectador en el desconcierto. En plano general un hombre mira fijamente a un gallo que permanece, prácticamente inmóvil, encima de la mesa. Una estatua, podríamos pensar, de no ser por el humeante excremento que ha dejado sobre la mesa. El hombre habla con el gallo intentando hacer, de manera infructuosa y algo cómica, que este vuelve a cantar. El juego con el absurdo que se establece en estos primeros compases de la película revela no solo parte del negro discurso de la misma sino el paso adelantado de esta respecto al espectador. Y aunque este inicio quizás tenga algo de surrealista, lo cierto es que todo en La quinta estación acaba teniendo su conexión narrativa. Una justificación que, casi siempre, acaba resultando más incomprensible y absurda cuando aparece enmarcada y unida a su respectiva realidad fílmica. No es casual, sin embargo, que los responsables de la película abran su obra con una secuencia en que al mismo juego con el absurdo y al clima de extrañeza y tensión contenida enfatizadas por el plano fijo y la simetría del encuadre, parece querer condensar en un solo plano la esencia discursiva del filme en lo que respecta a una viciada y desapegada relación entre el ser humano y la naturaleza. Una temática de fondo, dicho sea de paso, que parece articular un lugar común en las dos películas que el tándem había facturado hasta ahora.

    por Anónimo
    junio 17, 2013

    Crítica | La quinta estación

    por Anónimo | junio 17, 2013
    Bella addormentata
    crítica de Bella addormentata | Marco Bellocchio, 2012.
    sección oficial Venezia 69.

    Este último año han coincidido dos interesantes propuestas europeas, presentadas en Cannes y en Venecia, que tratan sobre la muerte digna. Una de ellas es “Amor”, de Michael Haneke, ganadora de la Palma de Oro. La figura de una paloma y el dilema del protagonista (¿cazarla o dejarla ir?), parecen constituir una de las sutilezas más grandiosas de los últimos años, vinculada especialmente con la mencionada temática. Y la otra es “Bella addormentata”, de Marco Bellocchio, que es la que hoy nos convoca. Si bien de sutil tiene poco, uno debe admitir que el autor se arriesga de lleno a introducir sus dedos en la herida abierta de una de las más grandes controversias del mundo contemporáneo junto a la cuestión del aborto. No es fácil encarar, en principio, un drama que se tome el delicado trabajo de indagar en las emociones y acciones que atraviesan a los involucrados en este tipo de tragedias. Bellocchio se atreve, y lo hace de manera ambiciosa: si bien la obra, en su totalidad, inevitablemente obedece a un caso central (el de una muchacha, Eluana, que ha estado diecisiete años en coma), propone diversos casos para mostrar que también existen otras alternativas, otras actitudes, otros desenlaces: una muchacha que intenta suicidarse, otra joven cuyo estado vegetativo ha paralizado la carrera artística de su madre, y una mujer que conscientemente pide a su esposo que la ayude…

    por Anónimo
    junio 02, 2013

    Crítica | Bella addormentata

    por Anónimo | junio 02, 2013
    To the Wonder
    RETÓRICA VISUAL
    crítica de To the Wonder | Terrence Malick, 2012

    Ante la posible lluvia de dardos envenenados y alguna que otra lindeza (no se corte, Anónimo, es usted parte del juego), he creído oportuno aclarar someramente mi opinión acerca de El árbol de la vida, una de las películas más polémicas y extraordinarias de los últimos tiempos. Atención… Voy… Sucede que…desde mi punto de vista… ejem… es una película magistral. Me gusta, sí. Y cada vez que la revisito me gusta más, y sospecho que me gustará hasta el día en que me introduzcan en el horno. En contra de la denuncia popular, ya sea de tuiteros catódicos, o de ciertos sabios con carné de “crítico de cine”, o de cinéfilos de fin de semana, o de simples kamikazes de la cartelera, yo no fui a ver una película protagonizada por Brad Pitt, sino la última obra de Terrence Malick. Aquello sería necesariamente complejo, quizá críptico, pero apoteósico. Un poema sobre la Creación, salpimentado con la fábula de esa familia que perderá a uno de los suyos; expresivo, pretencioso pero deslumbrante, un lienzo con infinitas gamas de colores, a disposición de su no poco dotado autor. Tengo un amigo (no me pregunten por qué continúa siéndolo) que va por ahí opinando que El árbol de la vida “es una mierda”. Así, con énfasis. La disfrutó en su casa, en una calidad lamentable —ts-screener, para más señas—, pero insiste en que está autorizado a hablar del asunto. Con un par.

    por Anónimo
    abril 11, 2013

    CRÍTICA | TO THE WONDER

    por Anónimo | abril 11, 2013
    Amor es todo lo que necesitas
    EN ITALIA NACE EL AMOR
    crítica de Amor es todo lo que necesitas | Den skaldede frisør (Love Is All You Need), Susanne Bier, 2012

    Susanne Bier puede presumir de ser una triunfadora en esto del cine. Directora, guionista y productora danesa, no tiene nada que demostrar a estas alturas de la película. Desde su debut en 1991 con Freud´s Leaving Home, sus obras no han parado de recibir premios en los festivales más importantes, siendo sus mayores éxitos Hermanos (2004) –que conocería un remake hollywoodiense protagonizado por Tobey Maguire y Jake Gyllenhaal–, Después de la boda (2006) –candidata al Óscar a la mejor película de habla no inglesa–, Cosas que perdimos en el fuego (2007) –su interesante e infravalorada incursión en el cine americano, protagonizada por Halle Berry–y, especialmente, la cinta que le otorgó el Óscar y la definitiva proyección internacional, En un mundo mejor (2010). Tras ésta, con todas las miradas puestas en su próximo movimiento, Bier sorprende con Amor es todo lo que necesitas, una típica comedia romántica totalmente alejada del dramatismo de sus anteriores obras.

    por José Martín León
    abril 07, 2013

    CRÍTICA | AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS

    por José Martín León | abril 07, 2013
    Leones de Jazmín López

    sección oficial | Atlántida Film Fest.
    crítica de Leones, de Jazmín López.

        En lo más profundo del bosque una chica avanza por un sendero. La fronda se cierra a su alrededor formando un oscuro túnel por el que se abre paso sin detenerse. Mira hacia un lado, después hacia atrás, pero enseguida continúa su paso mirando hacia adelante. La cámara la sigue incansable. Vemos su espalda, su nuca, su largo cabello, sus piernas, sus pies. Caminando. Avanza y avanza entre la penumbra hasta que los árboles permiten el paso a un poco más de luz. A los cinco minutos la cámara se queda atrás y ella da la vuelta en un recodo del camino y sale de plano. La cámara continúa más despacio, con ese cabeceo tan familiar de la steadicam. Al rato, la cámara vuelve a avanzar y voltea a su vez la curva, pero la chica se ha adelantado demasiado y ya no la podemos ver. El agotado operador de cámara se ha detenido a tomar aire y ya la ha perdido. Hay un corte y en el plano siguiente vemos a la joven dormida apoyada contra el tronco de un árbol. Será uno de los breves momentos en los que podamos ver su rostro. Soy muy malo para reconocer y recordar las caras, así que cuando ella se despierta, se incorpora y de nuevo comienza a andar con la cámara detrás ya lo he olvidado. Se incorporan otros jóvenes. Cuento cinco. Hablan pero apenas logro entender qué es lo que dicen. Me fijo entonces en los subtítulos en inglés y gracias a ellos consigo entender. Están jugando. Cada uno de ellos debe decir frases que contengan seis palabras. Muestran un grave problema con este número, ya que salvo en un par de ocasiones sus frases tienen siete, ocho, cuatro… En fin, frases de seis palabras la verdad es que los pobres no son capaces de hacer. Hay alguna algo chusca, pero todos pretenden decir algo así como que suene poético, aunque se nota demasiado que no se las han aprendido muy bien y las recitan como pueden. La cámara sigue caminando detrás de ellos. Compruebo al final que los operadores de steadicam fueron dos. A uno solo lo habrían reventado. Procuro dejar de pensar en el operador, pero está difícil. Su orden es seguir a los jóvenes y estos ya irán entrando y saliendo de plano salvo algún breve momento en que se detiene más en alguno de ellos. La cosa no termina de funcionar. Los jóvenes entran y salen de cuadro y todo resulta demasiado artificial. Caminan por un bosque pero se nota que están pendientes de cuándo les llega el turno de aparecer o quedarse atrás. Hasta de espaldas se notan sus prisas por entrar y su torpe forma de salir. La sensación es que, más que caminar por un bosque y no conocer el camino, siguen una hilera de piedras marcada en el suelo, pero quien las ha colocado allí no se ha revisado el trayecto porque les resulta difícil atinar. Se siguen escuchando sus voces, así que recuerdo que tengo que leer. Da la impresión de que las frases dichas al azar en realidad pudieran delatar el carácter de cada uno de los jóvenes, pero suenan tan a recitado de obra del colegio que casi mejor ni seguir escuchando ni continuar leyendo. Si me fijo solo en la atmósfera del bosque tal vez… Pero no. La cámara se empecina en las espaldas de los jóvenes caminando y ya me sé de memoria hasta el último detalle de su ropa. A la media hora hay un cambio. Se detienen al borde de un lago. Se bañan, juegan al voleibol sin balón y uno de ellos dispara con una pistola que después esconde. Otro de los jóvenes aparecerá más tarde con ella en las manos, por lo que me pregunto cómo demonios la habrá encontrado. Me disperso y al rato vuelvo a mirar la pantalla, donde sus espaldas siguen dominando el cuadro. En el minuto 46 nos dan al fin algo de información. Ahora lo entendemos todo, pero el giro está tan manido, tanto que si al final se hubiesen despertado y hubiesen comentado que todo había sido un sueño me habría parecido hasta original, que pienso que pronto las películas con este tipo de sorpresa acabarán formando un subgénero con todas las de la ley. La joven del principio se echa a llorar tras ser consciente de la realidad y de nuevo vemos su rostro. Pero sus lágrimas nos dan igual: que un personaje al que no podríamos identificar de frente de pronto se ponga a llorar no nos emociona lo más mínimo en una película. Es más, lucho por no echarme a reír ante lo artificiosa que resulta esa cámara dando vueltas alrededor suyo. Si la cámara no es respetuosa con el dolor, imposible que yo lo comparta porque en todo momento imagino al equipo detrás mirando. Ay, me tengo que esforzar más, venga. Así que sigo mirando pero todo me distrae. Al final, la misma joven camina por una playa. Camina y camina y camina y el operador de la steadicam está echando el resto siguiéndola. Tras diez minutos de caminata vemos su destino, nunca el rostro de la joven. Y entonces se nos revela la metáfora final, aquello que inmortalizara Jorge Manrique de que nuestras vidas son ríos que van a dar a la mar, pero todo como muy new age. Es tan sonrojante que miro a un lado y a otro, y aunque estoy solo siento que mi rostro se enciende de rubor por la vergüenza ajena. La película termina y lo primero que pienso es que vaya lástima de 82 minutos perdidos. Cuando una película no tiene nada que contar, cuando el cine se convierte en algo inútil, siempre siento un poco de pena. Soy un sentimental. Aflora mi lado malvado y pienso que seguro que quien está detrás de lo que acabo de ver es alguien que se considera muy artista, muy moderno, experimental o algo, otro subgénero. Y así lo compruebo después: “artista audiovisual.” Lo segundo no sé, tampoco me importa, pero de lo primero… De lo primero ni en sus más almibarados sueños. ●

    por José Luis Forte
    marzo 25, 2013

    CRÍTICA | LEONES

    por José Luis Forte | marzo 25, 2013
    To the Wonder tráiler
    'el amor no es sólo un sentimiento...'

    estreno en Estados Unidos: 12 de abril.

    estreno en España: 12 de abril.

    notas: fantástico nuevo tráiler de la nueva película de Terrence Malick. 'To the Wonder', que fue presentada con acogida irregular tanto en la Mostra de Venecia como en Toronto, es el primero de las cuatro trabajos que tiene programados el director tejano. Ben Affleck -que se quejó amargamente de su recorte en post-producción -, Olga Kurylenko -el verdadero descubrimiento del filme -, Rachel McAdams y Javier Bardem son los protagonistas. A continuación, el tráiler.

    por Emilio M. Luna
    marzo 19, 2013

    TRÁILER | TO THE WONDER, DE TERRENCE MALICK

    por Emilio M. Luna | marzo 19, 2013
    Después de mayo
    fecha de estreno| sin fecha confirmada en España.

    director| Olivier Assayas.

    intérpretes| Lola Créton, Dolores Chaplin, Victoria Ley, India Menuez, Nathanjohn Carter, Nick Donald, Clement Metayer, Carole Combes, Felix Armand, Mathias Renou, Félix de Givry.

    por Emilio M. Luna
    marzo 19, 2013

    TRÁILER | DESPUÉS DE MAYO, DE OLIVIER ASSAYAS

    por Emilio M. Luna | marzo 19, 2013

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