Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Toronto 2012. Mostrar todas las entradas
    Festival de Toronto 2012
    Festival de Toronto 2012

    Azul oscuro casi carcelario

    crítica de Blackbird | de Jason Buxton, 2012

    Adentrarse en el complejo laberinto de la mente de un personaje es uno (si no el mejor) de los mayores placeres cinematográficos existentes. La pasión a la hora de descubrir que terrores, pecados, obsesiones y flaquezas asolan al protagonista de una película, palpar los intrincados pliegues y aristas de su mapamundi emocional para luego zambullirnos de lleno en su pellejo es una tarea que puede terminar, según que historia, en una torrencial explosión de fuegos artificiales o en un desencanto gélido y áspero. Existen personajes con los que simpatizamos, que nos atraen de una manera revolucionaria y seductora, nos aterran al descubrir personalizados nuestros peores defectos y culpas, que simbolizan nuestras propias redenciones, figuras que nos enternecen, cautivan, decepcionan o sencillamente, aburren. Referentes, polos opuestos, ídolos, héroes, rivales y almas afines nos aguardan, acompañados de su historia, al otro lado del rollo de celuloide. Y Sean Randall, el joven protagonista de Blackbird, es, sin ninguna duda, un personaje complejo y carismático al que rondan los fantasmas y peligros de un enorme conflicto: La vida de Sean experimenta un radical cambio al ser acusado de planear un ataque contra 27 personas del instituto de su ciudad; populares jugadores del equipo de hockey sobre hierba y hasta una chica con la que Sean tenía una relación especial. Interpretado por un expresivo Connor Jessup, (rostro familiar debido a su participación como Ben Manson en la serie Falling Skies), Sean es un adolescente escurridizo e introvertido, reflexivo y distante, amante de los libros de Kafka y Dostoyevski y apariencia serena, de ademanes estoicos y semblante serio. Tiene gustos marcados distintos a otros adolescentes de su edad, lleva una inseparable chupa de cuero plagada de pinchos y unos cascos que escupen todo el tiempo sucias canciones de rock´n´roll. Algunos compañeros lo tachan de bicho raro, otros lo temen y admiran a la par, y otros, sencillamente lo ignoran. Sean parece un chaval perspicaz, discreto y sensible, incapaz de dañar a una mosca, pero la proliferación de armas halladas en su domicilio (como en un amplio número de hogares estadounidenses), algún vídeo comprometido de caza con animales, un puñado de bromas macabras en su ordenador en torno a su relación hostil con los “chicos malos” y aguerridos del instituto, y el férreo control jurisdiccional americano en torno a las conspiraciones de chicos desquiciados desde las archiconocidas masacres de Virginia o Columbine, apuntan hacia lo contrario. Así, Blackbird, vigorosa y tensa ópera prima del canadiense Jason Buxton, comienza directa al corazón del problema, y al principio de todos los males de Sean, abriendo el “telón de la función” con la secuencia de una repentina investigación policial en medio de la noche.

    por Anónimo
    marzo 05, 2014

    Crítica | Blackbird

    por Anónimo | marzo 05, 2014

    Los sexoadictos

    crítica de Amor sin control | Thanks for Sharing, Stuart Blumberg, 2012

    En 2011, el polémico director Steve McQueen sorprendió a todo el mundo con Shame, el brutal y descarnado retrato de un adicto al sexo, magistralmente interpretado por Michael Fassbender. Guste más o menos, es imposible negarle a aquella película su valentía a la hora de tratar una problemática tan delicada con semejante honestidad y realismo, algo que la convirtieron en un título de referencia obligada en su género. Tan solo un año después de este éxito, el cineasta independiente Stuart Blumberg elige esta misma adicción como eje central del argumento de su debut como director, Amor sin control, pero lo hace desde una perspectiva mucho más ligera y accesible, capaz de llegar a un público más amplio que no guste de experiencias tan impresionables. De hecho, si obviamos el leitmotiv del sexo, nos encontramos con una típica comedia dramática de aires indies y protagonismo coral a cargo de un puñado de estrellas de Hollywood que se toman unas vacaciones de los habituales blockbusters en los que se suelen mover. Tim Robbins, Mark Ruffalo y Gwyneth Paltrow son los rostros más conocidos del reparto, sobre quienes descansan los personajes más dramáticos y torturados de la historia, mientras que los gags hilarantes corren a cargo de la revelación cómica de la cinta, un Josh Gad que roba todas las escenas en las que aparece. La nota exótica de la función la pone Alecia Moore –verdadero nombre de la cantante Pink– en su debut como actriz, un reto que la artista solventa con inusitada frescura y desparpajo, sin achantarse ante sus experimentados compañeros.

    Amor sin control narra las desventuras cotidianas de un grupo de adictos al sexo que asisten a una terapia de grupo para vencer esta enfermedad. Dirigidos por Mike (Tim Robbins), un padre de familia que lleva bastantes años “sobrio”, tienen que evitar día tras día las tentaciones de la carne que parecen amenazarles en cada esquina de la ciudad de Nueva York. Entre estos compañeros de charlas están Adam (Mark Ruffalo), que lleva 5 años con esta conducta sofocada, pero que ve como su mundo se pone del revés cuando se enamora de Phoebe (Gwyneth Paltrow), una mujer muy ardiente; Neil (Josh Gad), un joven médico que pierde su empleo por no saber contener su ansiedad lujuriosa y Dede (Pink), una alegre peluquera que arrastra un currículum sexual de lo más nutrido desde que acosara a su primo con sólo 5 años. Los conflictos sentimentales y familiares, así como las alianzas que se establecen entre estos personajes, apoyándose unos en otros para vencer sus momentos de debilidad (incluso recaídas), son la base sobre la que se sostiene un filme en el que predomina un tono amable y divertido, donde queda patente el cariño que el director profesa hacia sus criaturas. Personas de carne y hueso, antítesis de la perfección, cargadas de inseguridades y con serios problemas para llevar una vida ordenada y estable, pero que consiguen llegar al espectador gracias al buen trabajo de todos sus actores, sin excepción. Aun cuando caigan en más de un arquetipo y no pocos lugares comunes.

    por José Martín León
    enero 18, 2014

    Crítica | Amor sin control

    por José Martín León | enero 18, 2014
    Una canción para Marion

    LA ÚLTIMA ACTUACIÓN DE MARION

    crítica de Una canción para Marion | Song for Marion, Paul Andrew Williams, 2012

    Resulta cuanto menos curiosa la oleada de películas estrenadas en los últimos dos años sobre la vejez. Y no solo desde la perspectiva más pesimista y dramática –Amour (2012) de Michael Haneke–, ya que algunas cintas como las británicas El exótico Hotel Marigold (2011) y El cuarteto (2012) o la estadounidense Un amigo para Frank (2012) han ofrecido visiones muy optimistas y vitalistas de la tercera edad, aun cuando la enfermedad hace acto de presencia. Por otra parte, se agradece que aún se siga contando con actores tan veteranos como Maggie Smith, Judi Dench o Frank Langella para papeles protagónicos, en unos tiempos en que Hollywood parecía haberlos desterrado a personajes secundarios al considerar que un filme protagonizado por personas mayores carece de suficiente gancho comercial. En este sentido, los 134 millones de dólares recaudados por El exótico Hotel Marigold en todo el mundo, sorprendieron a propios y extraños. Una canción para Marion (2012), escrita y dirigida por Paul Andrew Williams, viene a apuntarse con éxito a esta corriente, pese a que presenta muchos paralelismos con la ópera prima de Dustin Hoffman como director, El cuarteto. En ambas, grupos de jubilados se entregaban en la última etapa de sus vidas a ensayar para darlo todo en sendas funciones de canto y esa pasión por la música les hacía evadirse de los problemas de sus vidas cotidianas.

    por José Martín León
    octubre 01, 2013

    Crítica | Una canción para Marion

    por José Martín León | octubre 01, 2013

    La salvación del emperador

    crítica de Emperador | Emperor, Peter Webber, 2012

    Hacía unos meses que la guerra en Europa había terminado. La Alemania de Hitler se había rendido ante los Aliados justo cuando las tropas soviéticas limpiaban casa por casa las calles de Berlín. Casi en la otra punta del mundo, en el frente del Pacífico, se estaban librando pírricas batallas, isla por isla, que posicionaban a Estados Unidos cada vez más cerca de las puertas de Japón. El tremendo desgaste ante el fanatismo de un enemigo dispuesto a inmolarse en nombre del Emperador, hacía que la sangría en las playas y selvas del Pacífico fuera especialmente cruenta. Okinawa fue la gota que colmó el vaso. Mientras, en el nuevo continente, el ejército norteamericano ultimaba un arma con una capacidad de destrucción jamás conocida por la humanidad. Se vendió como último recurso, obligado por las circunstancias, algo que haría hincar de rodillas a Japón sin condiciones y detener el vertido de sangre en las islas del Pacífico. Pero dentro de aquel mortífero artefacto, acumuladas durante todos esos años, había también toneladas de rencor, odio y un sentimiento de venganza por aquel 7 de diciembre de 1941 y las miles de muertes de soldados estadounidenses que vendrían en los meses y años posteriores a aquel raid japonés sobre la base naval de Pearl Harbor, que iba a subir el listón, una vez más, del nivel de crueldad contra el prójimo al que puede llegar el hombre. Un listón que se superó demasiadas veces en una contienda mundial cuyo nivel de barbarie pocas veces se ha repetido de manera tan concentrada. Eran las 08:15 del 6 de agosto de 1945 cuando el Enola Gay, el primero de los B-29 que despegaban de Tinian con la primera de las bombas atómicas que se lanzarían sobre Japón, arrojaba toda esa furia de fuego y destrucción sobre la cabeza de miles de civiles japoneses que en ese momento trajinaban sus rutinas diarias en el centro de Hiroshima. No sería la última. A día de hoy todavía se debate sobre la vendida necesidad de demostrar al mundo aquella exhibición de aniquilación y, aunque Emperador (Emperor), la nueva película de Peter Webber, no va a entrar en ese terreno, el tono y el discurso del film parece resultar irremediablemente condicionado por las supurantes imágenes de archivo sobre aquel primer horror atómico con las que abre la película.

    por Anónimo
    septiembre 10, 2013

    Crítica | Emperador

    por Anónimo | septiembre 10, 2013
    What Maisie Knew

    VÍCTIMAS INOCENTES

    crítica de What Maisie Knew | Scott McGehee, David Siegel, 2012

    En 1979 la Academia de Hollywood premió con 5 Oscar –mejores película, director (Robert Benton), actor (Dustin Hoffman), actriz secundaria (Meryl Streep) y guión adaptado– a Kramer contra Kramer, un pequeño drama que removió conciencias sobre las consecuencias que tenía en un pequeño niño el divorcio de sus padres, enzarzados en una feroz guerra judicial por conseguir su custodia, sin parar a preguntarse qué es lo mejor para el menor. Más de 100 millones de recaudación terminaron de redondear su status de hito del cine moderno, aunque el paso del tiempo no le esté sentando precisamente bien y vista hoy, no se diferencia demasiado de los típicos telefilmes de sobremesa. Su calidad cinematográfica vuelve a ponerse de nuevo en duda si la comparamos con esta What Maisie Knew (2012) que aborda de nuevo el mismo tema, desde la óptica de una niña pequeña, relegando a los adultos a meras presencias secundarias. Si en 2013, la joven protagonista de Bestias del sur salvaje Quvenzhané Wallis sorprendió a propios y extraños colándose, con solo 9 años, entre las cinco nominadas al Oscar a la mejor actriz, en 2014 no resultaría extraño que Onata Aprile repitiera esa hazaña por su excelente trabajo en esta película.

    por José Martín León
    septiembre 03, 2013

    Crítica | ¿Qué hacemos con Maisie?

    por José Martín León | septiembre 03, 2013
    The Act of Killing

    EL INFIERNO, TAN DEVASTADOR COMO DESCONOCIDO

    crítica de The Act of Killing | Joshua Oppenheimer, 2012

    Bien es cierto que la historia se escribe a gusto de los vencedores, siendo la Historia un gran libro en blanco a examinar con lupa. Algunos pasajes, también es verdad, son especialmente proclives a la fabulación: el victorioso puede corregir, reescribir y borrar sin esfuerzo las líneas más comprometedoras, para invertir —valga ese bucle interminable— su propio discurso anterior. Todo ello sin dejar huella. O sí, aunque da igual. Están en una posición ventajosa porque la narración es suya, les pertenece no solo por haber derramado ríos enteros de sangre sino por estar ahí, por valentía y por honor y por resistencia (esas estupideces que señalas cuando no te queda ni dignidad, ni humanidad), para dejar constancia del enorgullecedor hito. Una costura irreversible en el alma de millones de víctimas, tanto mortales como generacionales; familias enteras arrojadas por la borda en nombre del volátil bien común, reducido siempre a los intereses de un grupo que dice algo sobre el pueblo y la nación, habitualmente amenazada por otro núcleo que también le ha contado a su parroquia los peligros secesionistas a que se enfrentan. Todos son buenos mientras dura la mentira. Nadie miente, y nadie dice la verdad. Las ratas abandonaron el barco mucho antes del primer fuego, y el enemigo se multiplica. Y entonces sólo quedas tú, campesino o simple espectador entre dos tierras carbonizadas, sin respuesta ni asidero. Con principios que fugan hacia aquella época de bonanza inalcanzable, con la única certeza del segundo por respirar y la sinrazón asfixiando lentamente. A veces, eso sí, sobreviene como un tsunami. Es el golpe más aterrador, rápido y eficaz. La locura en estado puro. Un imperativo segregacionista que, ya en 1957, se antojaba devastador en cierta latitud asiática. Por entonces el PKI (Partido Comunista de Indonesia) vivía su mejor momento, con el colchón electoral que le otorgaban sus 3,5 millones de afiliados y sus más de 10 millones de simpatizantes: la primera fuerza política del país, supeditada a la férrea dictadura que había impuesto allá por 1945, un 17 de agosto, el líder nacionalista Sukarno.

    por Anónimo
    agosto 29, 2013

    Crítica | The Act of Killing

    por Anónimo | agosto 29, 2013

    SÓFOCLES, EURÍPIDES Y SU SÍNTESIS

    crítica de Cruce de caminos | The Place Beyond the Pines, Derek Cianfrance, 2012

    Al hablar de cultura y de relaciones sociales, a menudo se afirma que los griegos ya lo inventaron todo. Cuando los americanos declararon su independencia a finales del siglo XVIII y decidieron construir las instituciones que dieran forma a un nuevo Estado, mandaron emisarios a tierras helenas para reproducir las ruinas de sus edificios más antiguos y simbólicos. En ellos la ciudadanía se congregaba para resolver los asuntos de la ciudad, aunque esa vida pública estaba también muy ligada al arte, por lo que al día siguiente podían perfectamente volver a reunirse y sentarse, ya no para dialogar sino para observar y escuchar, al menos durante el tiempo que durase el espectáculo que se representaba ante ellos. Ya no hablamos de política sino de las famosas tragedias griegas, de Antígona, Edipo rey o Las Troyanas, obras que según sus reglas más clásicas transcurrían de sol a sol y que luego Aristóteles estudiaría bajo sus tres unidades dramáticas. Vemos enseguida cómo lo anterior también ha pervivido hasta la actualidad, encontrando su plasmación quizás más reconocible en el cine: en su origen teatral, en su estructura en varios actos y en los personajes que nos da a conocer y cuya vulnerabilidad nos conmueve sin remedio. Y, nuevamente, es en el contexto estadounidense donde encontramos sus ejemplos más célebres: en el gran cine americano, desde Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941) hasta la trilogía de El padrino (Francis Ford Coppola, 1972, 1974 & 1990), incluyendo obras maestras más recientes como Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007) o La red social (David Fincher, 2010). En ellas todos los elementos de la película se unen en asombrosa armonía, desde la fotografía hasta la música, pasando por el guión y la puesta en escena, para extraer toda la potencia y la energía que laten en las venas de unos personajes profunda y fatalmente humanos.

    En Cruce de caminos (The Place Beyond the Pines, Estados Unidos, 2012), con todo, la historia no tiene las connotaciones megalómanas de aquellas. La misma transcurre en Schenectady, una población aparentemente apacible sita en medio de la naturaleza frondosa del estado de Nueva York. Nos situamos además en la década de los ochenta, algo que nunca se expresa directamente pero que deducimos de la vestimenta, los vehículos y la música. Incluso de la fotografía. En cualquier caso, como hemos adelantado, estos elementos deben estar al servicio de los personajes que pueblan el relato. El que conocemos primero es Luke, un motorista rubio y rebelde, lleno de tatuajes y de melancolía, que encuentra en Ryan Gosling una encarnación tan idónea como reveladora. Pues, pese a sus parcas palabras y background casi inexistente, logra dotar a este personaje de un calado dramático tan sutil como poderoso. Enseguida se nos revela que tuvo un hijo con un ligue fugaz, Romina, interpretada con un cúmulo de emociones por Eva Mendes, que ahora se reencuentra con él y le impulsa a dejar su trabajo y cuidar del bebé, al que ha llamado Jason. Pero la decisión no proviene de Romina, que en principio ya no quiere saber nada de Luke y vive ahora con otro hombre. Es Luke el que opta por cambiar el rumbo de su vida, aunque para eso tenga que robar el dinero con el que pueda mantenerlos, una medida extrema justificada por una sola escena (Luke llorando en la iglesia mientras bautizan a Jason) y una sola frase (cuando dice que no quiere abandonarlo, pues él no estaba nunca con su padre y no quiere que Jason acabe igual.) Sin embargo, no todo será tan fácil, ya que en su camino se cruzará un policía aun joven e íntegro, Avery, al que Bradley Cooper dota de un poderío equiparable al de Gosling aunque con pensamientos y resultados antitéticos.

    por Ignacio Navarro
    agosto 22, 2013

    Crítica | Cruce de caminos

    por Ignacio Navarro | agosto 22, 2013
    El último concierto

    CUERDA (MAL) PERCUTIDA

    crítica de El último concierto | A Late Quartet, Yaron Zilberman, 2012

    La música clásica siempre ha sido parte indisoluble de la poesía. Una no puede existir sin la otra porque son iguales en esencia: nutren (o eso dicen) el alma de quien se deja llevar por su influjo, abriendo nuevos y radiantes caminos en el inconsciente emocional, que radica en el pecho y sube hasta la cabeza. Sin parar en intersecciones y sin pausas; el trayecto es corto pero inolvidable, como el primer colocón (o eso dicen) que no deja secuelas en la historia de la humanidad. Si la poesía es música y la historia parte de la música —que es poesía también—, nada mejor que arrancar con unos versos en off, mientras un pesado y reconocible albino practica footing junto a un lago en el otoño que termina o en el invierno que acaba de congelar el agua de Central Park. Suena Beethoven, y por encima de éste el portentoso timbre del Actor, Christopher Walken, que hace alusión a T.S. Eliot, concretamente a las disertaciones temporales que llevó a cabo el artista en su obra Cuatro Cuartetos. Y más concretamente, en el poema Burnt Norton. “El tiempo presente y el tiempo pasado / Están quizás en el futuro / Y el futuro en el pasado. / Si todo es un eterno presente / Todo tiempo es irredimible”. Casi nada. ¿Querían cuerda? ¿Algo de lírica? En realidad, el vetusto actor nos está hablando de cierto crepúsculo que dio comienzo tiempo atrás, cuando ya no había razones para demostrar el talento, ni para excusarse por las meteduras de pata (Tipos legales). Alcanzado ese punto de relatividad —intrínseca o no a la cronología— que se les presupone a los dinosaurios del Hollywood moderno, sólo queda encomendarse ¿a qué? Pues a la poesía. Y a la música. Y a ese cuarteto que, sorprendentemente, tiene cuerda para rato. Tras décadas de tours y concesiones creativas y suaves coloquios sobre, por ejemplo, la musical sepultura de Schubert, quien en su lecho de muerte y a modo de última voluntad, pidió el Opus 131 de Beethoven, pieza elegida para despedir a la formación original en el concierto que da título a la película de Yaron Zilberman, apenas un neófito (es su primer largometraje) y autor único del libreto.

    por Anónimo
    agosto 21, 2013

    Crítica | El último concierto

    por Anónimo | agosto 21, 2013
    Byzantium

    16 AÑOS PARA SIEMPRE

    crítica de Byzantium | Neil Jordan, 2012

    Desde los mismos inicios del cine, el tema del vampirismo ha sido uno de los más recurrentes dentro, sobre todo, del género del terror. Nosferatu (1922), de F.W. Murnau, puede considerarse el primer gran éxito del subgénero, estableciendo muchos de los tópicos que se irían repitiendo en multitud de películas a lo largo de las décadas siguientes. Exceptuando las distintas versiones que conoció la novela de Bram Stoker Drácula y alguna cinta a contracorriente –la estimable El ansia (1983) de Tony Scott–, pocos títulos han sabido explotar con rigurosidad y elegancia el enorme potencial de la figura de estos melancólicos seres condenados a una inmortalidad tormentosa. El director irlandés Neil Jordan, que en ya había ofrecido una auténtica joya al cine fantástico con la reivindicable En compañía de lobos (1984), logró adaptar con gran éxito una popular obra de Anne Rice en la notable Entrevista con el vampiro (1994). Aquel título supo aunar el afán comercial de cualquier trabajo protagonizado por Tom Cruise o Brad Pitt, con ciertas ambiciones artísticas. Jordan realizó una elegante y magnífica revisión del mito, mostrando a unas criaturas más dignas de lástima que de terror, una suerte de héroes románticos que no entendían de sexos. En los últimos años, extraños (que no desdeñables) híbridos como 30 días de oscuridad (2007) o Daybreakers (2009) han explotado la faceta más espectacular del asunto, mientras que las adaptaciones de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer han arrasado entre el público juvenil, a la vez que han servido para darle un tono demasiado ligero y cursi a la figura de los chupasangres que flaco favor le hace al subgénero. El antídoto contra tal desprestigio llegó en 2008 desde Suecia con la magnífica Déjame entrar de Tomas Alfredson (y su posterior remake americano), que mostraba el tierno (y a la vez macabro) romance entre un introvertido niño víctima del bullying y una misteriosa vecina que resultaba ser una vampiresa. Ha tenido que volver Neil Jordan para devolver al cine vampírico todo el esplendor perdido con Byzantium, filme que recupera el mejor pulso del realizador, últimamente no muy acertado con sus proyectos.

    por José Martín León
    agosto 21, 2013

    Crítica | Byzantium

    por José Martín León | agosto 21, 2013
    El cuarteto, de Dustin Hoffman

    NO HAY EDAD PARA LA MÚSICA

    crítica de El cuarteto | Quartet, Dustin Hoffman, 2012

    Está ampliamente constatado que los grandes actores que terminan dando el salto a la dirección saben cómo conseguir sacar lo mejor de los intérpretes que se ponen bajo sus órdenes. Paul Newman, Robert Redford, Clint Eastwood o George Clooney han conseguido, en mayor o menor medida, labrarse unas interesantes carreras como realizadores. A este club se vendría a unir el genial Dustin Hoffman que, a sus 75 años, demuestra que nunca es tarde para explorar nuevos terrenos. El inolvidable protagonista de cintas tan míticas como El graduado (1967), Cowboy de medianoche (1969) o Rain Man (1988) realiza con El cuarteto (2012) un divertido y agridulce homenaje a la tercera edad y, a la postre, el mundo de la ópera. En unos tiempos en que los actores más veteranos de Hollywood se quejan de que los papeles más interesantes dejan de llegar después de los 40, parece que están empezando a aparecer estupendas ofertas protagonizadas por estrellas que superan con creces los 70 años. Tal es el caso de la británica El exótico Hotel Marigold (2011), de John Madden, amable comedia sobre un grupo de jubilados ingleses de vacaciones en la India. Aquella modesta producción logró recaudar en todo el mundo la friolera de más de 130 millones de dólares, haciendo ver a los grandes estudios que también hay un público que quiere ver cercanas historias sobre la vejez. La ópera prima de Hoffman guarda no pocas similitudes con aquel éxito tanto en el tono como en el retrato vitalista y positivo de nuestros mayores. Comparten, incluso, a una de sus actrices, la siempre enorme Maggie Smith.

    El cuarteto es una obra de carácter casi teatral, que se desarrolla entre las paredes de la Beecham House, una residencia de ancianos exclusivamente destinada para que viejas glorias del mundo de la ópera vivan relajadamente los últimos años de sus existencias. Dentro de su plácido día a día, lo más emocionante que les suele ocurrir es la celebración anual del aniversario de Giuseppe Verdi, para la cual organizan un concierto con el que se recaudan los fondos necesarios para seguir manteniendo abierto el centro. Entre los residentes de esta variopinta fauna humana están el deslenguado Wilf Bond (hilarante Billy Connolly), que desde que sufrió un ictus tomó la decisión de decir siempre lo que piensa por muy políticamente incorrecto que pueda sonar; la ingenua Cissy Robson (encantadora Pauline Collins), que comienza a sufrir las primeras lagunas mentales propias del Alzheimer; y el orgulloso Reginald Paget (Tom Courtenay), que vive anclado en el recuerdo de un fugaz matrimonio –solo estuvieron casados unas horas– con una gran diva muchas décadas atrás. Cuando esta mujer, Jean Horton (magnífica Maggie Smith), llegue nueva a vivir a la residencia, las viejas rencillas, envidias y choques de egos volverán a la vida de todos. Pese a que en los primeros días, parece imposible que Reginald y Jean puedan ser capaces de compartir techo, rápidamente comienzan a florecer tiernos sentimientos entre el ex matrimonio, que se verán agudizados gracias al proyecto de realizar un cuarteto para el concierto junto a Wilf y Cissy.

    por José Martín León
    agosto 14, 2013

    Crítica | El cuarteto

    por José Martín León | agosto 14, 2013
    Mud

    LA PIEL DEL COCODRILO

    crítica de Mud | Jeff Nichols, 2012

    Él fue quien descubrió la mirada más perturbadora de los últimos tiempos. A un tipo que se comunica verbalmente sin apenas mover los labios, incapaz de desenredar ese nudo de sentimientos o saliva pastosa que se acumula en su garganta, con una frente de martillo y unos ojos de pez burlón. Electricidad pura en todas sus manifestaciones. Aún sin patentar, a la espera del escultor idóneo. 2007 disponía del mejor signo para el nacimiento de una colaboración brillante entre Michael Shannon y Jeff Nichols, actor y director respectivamente, dispuestos a dejar huella dentro del circuito norteamericano: Shotgun Stories mostró con solvencia no pocas de las condiciones de un narrador que retrata con madurez a la familia y su combustible, a hombres dolidos que sienten mucho pero callan más. Espectadores en primera línea de fuego con vocación de prófugos. Siempre alarmados, cubriendo su propia retaguardia física y psicológica. Todo ello resumido finalmente en un solo plano en el que un padre de familia contempla el cielo, desde donde una oscura nube promete devastar el mundo desde aquella insignificante porción de tierra, en Ohio. Más febril que real, la visión se convertiría poco a poco en una especie de estática dramática sin paliativos. El protagonista, obrero amenazado por la herencia de la enfermedad, se decide a construir un refugio anti-hecatombes o anti-tornados, el imprescindible búnker familiar, aunque ello se traduzca en la ruina económica y en la pérdida del seguro médico que cubre el tratamiento de su hija sorda y que asegura también la bella sonrisa y, por tanto, la felicidad de esa amable mujer costurera a la que da vida Jessica Chastain. El cielo trasunta catástrofe. Sólo queda refugiarse ante el Apocalipsis: nadie sobrevivirá; y sin embargo, el “loco” sí. O no. Todo es imprevisible, áspero, depresivo, subyugante, incierto, dudas y más dudas gravitando alrededor de un satélite distópico que lanza destellos de empatía. El presagio que genera angustia y no poco desasosiego, mientras Nichols sitúa la cámara en el lugar justo. Mientras, Take Shelter se corona como la mejor de ciencia-ficción y drama que ha dado el cine del actual siglo.

    por Anónimo
    agosto 03, 2013

    Crítica | Mud

    por Anónimo | agosto 03, 2013
    A Hijacking

    REALISMO EN ALTAMAR

    crítica de A Hijacking | Kapringen, Tobias Lindholm, 2012

    El ser humano es desconfiado por naturaleza y se lo debe a su instinto de supervivencia, una especie de escudo protector ante posibles engaños o trampas. Es por ese motivo que cuando a uno le hablan de una película de secuestros se pone a la defensiva y piensa en Hollywood, pero en el Hollywood más trasnochado, pobre, convencional e inverosímil; y se le vienen a la cabeza bazofias como Air Force One en lugar de otras con una factura más loable como Adiós pequeña, adiós, o Fargo. Si a mayores añadimos un protagonista cocinero, el esperpento puede ser terrible. Me asalta la figura de Steven Seagal, en Alerta máxima, en su papel de ex marine y chef oportunista, que siempre se encuentra en el lugar adecuado para salvar al mundo, véase América, con sus habilidades y destrezas en las artes marciales, que no solo le permiten ejercer ese rol de defensor de la seguridad nacional sino que también le valen para no transpirar ni despeinarse en toda la película. En resumidas cuentas, un combinado primitivo y cargado de testosterona barata. Nada más lejos de la realidad se encuentra A Hijacking (Kapringen), de factura danesa, aderezada con los mismos ingredientes que el cóctel arriba citado, está concebida y forjada en base a otra tradición y otra manera de hacer cine, algo más sofisticado. De corte europeo, sus anhelos van por otras lides, sus ansias tienen mucho que ver con la recreación de una atmósfera que transmita verosimilitud, huyendo del exhibicionismo barato y artificioso, sin tomarse licencias. Lo cual exige reconocimiento por ser un tema que estuvo muy en boga hasta hace año y medio: los secuestros de barcos mercantes y pesqueros a manos de los piratas somalíes.

    por Anónimo
    junio 18, 2013

    Crítica | A Hijacking

    por Anónimo | junio 18, 2013
    Hyde Park on Hudson

    UN PEDAZO DE HISTORIA

    crítica de Hyde Park on Hudson | Roger Michell, 2012

    Roger Michell pertenece a una ola de cineastas británicos que ponen en práctica un enfoque líquido en cuanto a su filmografía se refiere. Directores, también, como Danny Boyle o Michael Winterbottom que se distinguen porque cada nueva película que ofrecen es distinta a la anterior. Son autores cuyo discurso está en la mutabilidad, en la capacidad de pasar de un género a otro, de una mirada a otra, demostrando, ante todo, que puede ser un efectivo multiusos en el seno de la industria. Alguien capaz de sobrevivir a modas y tendencias. Michell dirige en Estados Unidos y en Reino Unido con facilidad, encadena proyectos distintos y adapta su mirada a las demandas de cada película. En Hyde Park on Hudson demuestra un mimo por la composición del encuadre -a destacar un par de travellings circulares estupendos- y la elección de planos inéditos hasta ahora en sus trabajos previos. Desde Persuasión (1995) hasta la cinta que nos ocupa, Michell ha puesto siempre su cámara al servicio de la historia, sin alardes ni pirotecnias. En esta ocasión centra su mirada en la especial relación entre el presidente Roosevelt y su prima lejana Margaret "Daisy" Suckley. O al menos así lo hace durante la primera parte de la película, antes de traicionar su punto de vista para narrar el decisivo fin de semana de 1939 en el que los Reyes de Inglaterra visitaron el pequeño paraíso terrenal que Roosevelt tenía -el Hyde Park en Hudson que da título al filme- para discutir el apoyo o no de EE.UU. en la 2º Guerra Mundial. El principal problema de la película es que empieza como una comedia ligera y simpática para tornarse en una reconstrucción histórica de tan importante momento, sin abandonar la ligereza. Narrar con levedad algo tan fundamental es una operación complicada que no todo el mundo puede sacar adelante. Se necesita tenerlo todo muy claro dentro y fuera de pantalla, y Hyde Park on Hudson transmite esa indecisión.

    por Anónimo
    mayo 12, 2013

    Crítica | Hyde Park on Hudson

    por Anónimo | mayo 12, 2013
    Ginger & Rosa

    ADIÓS A LA INOCENCIA

    crítica de Ginger & Rosa | Sally Potter, 2012

    La adolescencia es una de las etapas más difíciles que todo ser humano debemos pasar. Dejar atrás la inocencia propia de la niñez para descubrir la cara menos amable de la vida, puede llegar a generar trastornos o traumas que marcarán nuestra conducta de adulto. Sally Potter, la interesante realizadora británica de la laureada Orlando (1992), nos trae con esta Ginger & Rosa, una interesante mirada al universo femenino, muy en la línea de los trabajos de Sofía Coppola, especialmente de su ópera prima, Las vírgenes suicidas (1999). Ambas películas comparten un gusto exquisito –bordeando peligrosamente la frontera de la pedantería– a la hora de mostrar la amistad entre las jóvenes protagonistas. Sus emociones más íntimas, sus miedos y sueños, son retratadas a través de una elaborada puesta en escena, donde la ensoñadora fotografía saca el máximo esplendor de la belleza de estas delicadas ninfas. En este caso, el protagonismo recae sobre los hombros de la canadiense Alice Englert y Elle Fanning, que luce en esta ocasión una llamativa melena pelirroja, tan encendida como la personalidad de su personaje.

    por José Martín León
    mayo 04, 2013

    Crítica | Ginger & Rosa

    por José Martín León | mayo 04, 2013
    Byzantium
    Reino Unido, 2012
    Demarest Films / Lipsync Productions / Number 9 Films.
    información actualizada a miércoles 17 de abril.

    fecha de estreno | 28 de junio en Estados Unidos.

    director | Neil Jordan

    intérpretes | Saoirse Ronan, Gemma Arterton, Sam Riley, Jonny Lee Miller, Caleb Landry Jones, Tom Hollander, Daniel Mays, Thure Lindhardt, Warren Brown, Glenn Doherty, Gabriela Marcinkova.

    por Emilio M. Luna
    abril 17, 2013

    TRÁILER | BYZANTIUM, DE NEIL JORDAN

    por Emilio M. Luna | abril 17, 2013
    To the Wonder
    RETÓRICA VISUAL
    crítica de To the Wonder | Terrence Malick, 2012

    Ante la posible lluvia de dardos envenenados y alguna que otra lindeza (no se corte, Anónimo, es usted parte del juego), he creído oportuno aclarar someramente mi opinión acerca de El árbol de la vida, una de las películas más polémicas y extraordinarias de los últimos tiempos. Atención… Voy… Sucede que…desde mi punto de vista… ejem… es una película magistral. Me gusta, sí. Y cada vez que la revisito me gusta más, y sospecho que me gustará hasta el día en que me introduzcan en el horno. En contra de la denuncia popular, ya sea de tuiteros catódicos, o de ciertos sabios con carné de “crítico de cine”, o de cinéfilos de fin de semana, o de simples kamikazes de la cartelera, yo no fui a ver una película protagonizada por Brad Pitt, sino la última obra de Terrence Malick. Aquello sería necesariamente complejo, quizá críptico, pero apoteósico. Un poema sobre la Creación, salpimentado con la fábula de esa familia que perderá a uno de los suyos; expresivo, pretencioso pero deslumbrante, un lienzo con infinitas gamas de colores, a disposición de su no poco dotado autor. Tengo un amigo (no me pregunten por qué continúa siéndolo) que va por ahí opinando que El árbol de la vida “es una mierda”. Así, con énfasis. La disfrutó en su casa, en una calidad lamentable —ts-screener, para más señas—, pero insiste en que está autorizado a hablar del asunto. Con un par.

    por Anónimo
    abril 11, 2013

    CRÍTICA | TO THE WONDER

    por Anónimo | abril 11, 2013
    Call Girl
    TODOS LOS HOMBRES DE DAGMAR
    crítica de Call Girl | Mikael Marcimain, 2012

    sección atlas | Atlántida Film Fest

       Los años setenta fueron años de cambio; de peinados largos, pantalones campana, blusas coloridas, resaca hippie y música popular; pero también de guerras periféricas y de progreso del Estado de Bienestar. Fueron en definitiva años de liberalización: en la década anterior se había producido la explosión y ahora se intentaban consolidar los derechos adquiridos y hacer madurar la sociedad. Aunque ello no evitaba que hubiese otro tipo de censura, más burocrática y racional, cuando se trataba de desnudar por completo el sistema. La total transparencia era (y sigue siendo) impracticable, pero la voluntad y el desparpajo de unos individuos que ahora sabían lo que hacían terminaba por destapar distintos escándalos políticos y tramas de corrupción. Pues bien, el cine americano de la época fue idóneo para retratar esta lucha: no hacía mucho que se había abolido el código Hays y varios cineastas concienciados aprovecharon tanto las circunstancias como su formación para dar forma a la intriga y a la agitación que se respiraban en el ambiente, aunque ello se siguiera haciendo en el marco de una industria sólida y respetada. El ejemplo paradigmático que enseguida viene a la cabeza es Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), y la cinta que nos ocupa retoma en efecto muchos de sus elementos, aunque el pasado televisivo de su director sigue más bien la estela de Sidney Lumet, cuyos thrillers setenteros Serpico (1973) o Network, un mundo implacable (1976) también servirían aquí de referencia.

    por Ignacio Navarro
    marzo 25, 2013

    CRÍTICA | CALL GIRL

    por Ignacio Navarro | marzo 25, 2013
    To the Wonder tráiler
    'el amor no es sólo un sentimiento...'

    estreno en Estados Unidos: 12 de abril.

    estreno en España: 12 de abril.

    notas: fantástico nuevo tráiler de la nueva película de Terrence Malick. 'To the Wonder', que fue presentada con acogida irregular tanto en la Mostra de Venecia como en Toronto, es el primero de las cuatro trabajos que tiene programados el director tejano. Ben Affleck -que se quejó amargamente de su recorte en post-producción -, Olga Kurylenko -el verdadero descubrimiento del filme -, Rachel McAdams y Javier Bardem son los protagonistas. A continuación, el tráiler.

    por Emilio M. Luna
    marzo 19, 2013

    TRÁILER | TO THE WONDER, DE TERRENCE MALICK

    por Emilio M. Luna | marzo 19, 2013
    Tocando fondo (Smashed)
    DÍAS DE VINO Y ROSAS
    crítica de Tocando fondo | Smashed, James Ponsoldt, 2012

        El tema de las adicciones, en concreto, del alcoholismo, ha sido tratado con mayor o menor rigor desde los tiempos del Hollywood dorado, con títulos tan representativos como Días sin huella (1945) de Billy Wilder y Días de vino y rosas (1962) de Blake Edwards. Curiosamente, en los últimos años, pocas películas se han logrado a acercar a la veracidad y crudeza que desprendían aquellas obras maestras, unas veces banalizando el tema –28 días (2000) de Betty Thomas, en la que Sandra Bullock intentó, sin éxito, desprenderse de su encasillamiento en la comedia romántica– y otras cayendo en el drama familiar más convencional –Cuando un hombre ama a una mujer (1994) de Luis Mandoki, con una Meg Ryan con claras aspiraciones de lograr una candidatura al Óscar que nunca llegó–. En 1995, Mike Figgis sorprendió a todos con un sórdido y magnífico retrato sobre el descenso a los infiernos de un alcohólico (Nicolas Cage en el papel de su vida, que le otorgó su único Óscar). Leaving Las Vegas se alejaba de las concesiones del cine comercial, mostrando sin tapujos las consecuencias más devastadoras de tan terrible enfermedad. Tocando fondo (Smashed, EE.UU, 2012), sin llegar a su altura, puede considerarse una notable y honesta aproximación a esta problemática. Enmarcada dentro del cada día más interesante cine independiente americano, la película obtuvo muy buena acogida en Sundance y le supuso a su actriz protagonista, Mary Elizabeth Winstead, las mejores críticas de su (aún incipiente) carrera, logrando una nominación en los Independent Spirit Awards.

    por José Martín León
    marzo 13, 2013

    CRÍTICA | TOCANDO FONDO

    por José Martín León | marzo 13, 2013
    Frances Ha
    fecha de estreno| 17 de mayo en Estados Unidos.

    director| Noah Baumbach.

    intérpretes| Greta Gerwig, Adam Driver, Grace Gummer .

    notas| unos de los estrenos más esperados del año dentro del círculo independiente. Séptimo largometraje de Noah Baumbach con brillante paso por Telluride, Toronto y el pasado mes en Berlín. La crítica la asocia con ‘Annie Hall’, de Woody Allen. Puede ser la confirmación tanto de su autor como de Greta Gerwig, presente en los premios de varias asociaciones estadounidense en la carrera al Oscar 2012.

    por Emilio M. Luna
    marzo 07, 2013

    TRÁILER | FRANCES HA, DE NOAH BAUMBACH

    por Emilio M. Luna | marzo 07, 2013

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción