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    Sitges 2013
    Sitges 2013
    Patrick (2013)

    Pesadilla en el hospital

    crítica de Patrick | Mark Hartley, 2013

    En 1976, el cine de terror dio la bienvenida a uno de sus mayores hitos, la adaptación cinematográfica de la novela de Stephen King (la primera que conoció una traslación al medio) Carrie, que mostraba la terrible venganza que se cobraba una adolescente dotada de un descontrolado poder telequinético contra el entorno que la ridiculizaba. Brian De Palma supo imprimirle su innegable talento visual a un clásico imperecedero del género, cuyo éxito posibilitó el rodaje de una serie de títulos que trataron el mismo tema de la telequinesis, como La furia (1978), también realizada por De Palma, aunque con resultados más irregulares, y la australiana Patrick (1978), por la que Richard Franklin –cineasta que se atrevió a rodar la primera y reivindicable continuación del clásico de Hitchcock Psicósis II: El regreso de Norman (1983)– obtuvo el premio al mejor director en el Festival de Sitges. Patrick mostró la enfermiza relación que se establece entre un asesino con poderes telequinéticos que permanece postrado en la cama de un hospital en estado de coma y la guapa enfermera que le cuida. Sin duda, una historia de amor obsesivo en la que el profundo sueño en el que se encuentra el paciente no le supone un inconveniente para aterrorizar a todo un hospital y acabar con todo aquel que se interponga entre él y su cuidadora. La película se convirtió con los años en un pequeño título de culto para los amantes del cine fantástico y, como era de esperar, era solo cuestión de tiempo que se fijaran en ella para convertirla en objeto del tan temible remake.

    Mark Hartley debuta en la dirección de largometraje convencional tras haber entregado dos estupendos documentales sobre el cine dentro del cine, más concretamente el cine "exploitation" de los 70 –aquel que destacó por el exceso de sangre, abundantes desnudos femeninos y mucho humor desprejuiciado–: Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation! (2008) y Machete Maidens Unleashed! (2010). Su revisión de Patrick (2013) resulta, al menos en su primera mitad, tremendamente fiel a la historia original, conservando todos los ingredientes que hicieron de aquella una experiencia ciertamente inquietante. Hartley acierta de lleno en el apartado visual de su película, gracias a una estupenda dirección artística que consigue que el hospital en donde sucede la mayor parte de la acción resulte de lo más siniestro. La lluvia, casi omnipresente, ayuda muy bien a la ambientación, redondeada con un notable trabajo de Garry Richards en la fotografía. Jackson Gallagher pone su inquietante e inexpresiva mirada al servicio del personaje de Patrick, mientras que Sharni Vinson –especialmente recordada por su papel protagonista en la sorprendente Tú eres el siguiente (2011, Adam Wingard)– está más que correcta en su rol de la enfermera objeto del deseo de Patrick, en una nueva oportunidad para ser coronada como una de las reinas del grito aventajadas del cine actual. Los veteranos Charles Dance y Rachel Griffiths ponen la nota de calidad en dos papeles secundarios (pero claves en la trama) que ambos defienden con su ya constatada profesionalidad.

    por José Martín León
    junio 11, 2014

    Crítica | Patrick (2013)

    por José Martín León | junio 11, 2014
    The Machine, de Caradog W. James, 2013

    El androide que no quería morir

    crítica de The Machine | Caradog W. James, 2013

    Desde los mismos orígenes del cine, la ciencia ficción se ha dedicado a fantasear sobre los peligros y dilemas morales que rodearían los avances tecnológicos de la robótica para los seres humanos. Máquinas que pueden volverse demasiado inteligentes y rebelarse contra sus creadores, dando lugar a una nueva civilización dominada por unos androides que, en principio, serían creados para servirnos y mejorar nuestro mundo. Fritz Lang ya lo adelantó en la fundamental Metrópolis (1927), con el inolvidable personaje de aquella mecánica María, de cuya estética beberían cientos de obras posteriores. Desde entonces hemos asistido a rebeliones de ordenadores contra la realidad humana –cortesía de la trilogía Matrix de Andy Wachowski y Lana Wachowski–, legiones de robots intentando esclavizar a la especie humana –Yo, robot (2004, Alex Proyas)– o, directamente, aniquilarla –Terminator (1984, James Cameron)–, pero si hay una obra cumbre dentro del género que aún sigue sin ser superada (con tardía secuela en el horizonte, Dios nos pille confesados), esa es la referencial Blade Runner (1982, Ridley Scott). Aquel filme, adaptación de un relato del especialista en futurismos distópicos Philip K. Dick, triunfó en su reflejo de los androides Nexus 6, no presentándolos como villanos al uso, sino como unos seres que luchan por su derecho a la “vida”. Rutger Hauer humanizó hasta límites infinitos su encarnación del replicante Roy Batty, demostrando que estas máquinas son capaces de amar –la impotencia por la “muerte” de su compañera Pris (Daryl Hannah) fueron la prueba palpable– y llegar a sentir cosas tan humanas como la compasión. Muy en esta tónica se presenta The Machine (2013), curiosa cinta británica de bajo presupuesto que ha sido recibida con encendidos elogios a su paso por diferentes festivales –entre ellos Sitges 2013–, en los cuales ha acaparado hasta casi una decena de premios hasta la fecha.

    por José Martín León
    mayo 12, 2014

    Crítica | The Machine

    por José Martín León | mayo 12, 2014
    Tumba abierta (Open Grave)

    La reválida americana de López-Gallego

    crítica de Tumba abierta | Open Grave, de Gonzalo López Gallego, 2013

    No deja de sorprenderme el imparable desembarco de jóvenes y talentosos realizadores españoles en Hollywood, sin duda, una fuga de cerebros en toda regla. Y lo que resulta más curioso es que prácticamente todos lo han hecho cultivando un impecable cine de género (fantástico), con unas formas que en nada tienen que envidiar a los directores norteamericanos más comerciales. Juan Carlos Fresnadillo -28 semanas después (2007)–, Álex y David Pastor –Infectados (2009)–, Jaume Collet-Serra –La huérfana (2009)– o, próximamente, Juan Antonio Bayona –Guerra Mundial Z 2 (2014)– han demostrado con creces estar sobradamente preparados para jugar en primera división, más aún cuando disponen de los presupuestos adecuados para plasmar sus historias con mayor brillantez técnica. Gonzalo López-Gallego dio lo mejor de sí en su tercera película rodada en España, El rey de la montaña (2007), un angustioso vehículo de suspense rodado casi íntegramente en escenarios naturales. Ya en aquella obra protagonizada por Leonardo Sbaraglia y María Valverde, el director hizo gala de una gran sabiduría para jugar con su público, gracias a un virtuosismo técnico poco común y un ritmo narrativo intachable. Era solo cuestión de tiempo que se fijaran en López-Gallego desde el otro lado del charco. Su debut americano con Apollo 18 (2011), aventura de ciencia ficción que se apuntaba al carro de la moda sobre material encontrado que últimamente inunda las pantallas, pasó con más pena que gloria a su paso por los cines, además de cosechar unas críticas unánimemente nefastas. Open Grave (2013) supone su segunda oportunidad para demostrar su talento y, ciertamente, ha sido mucho mejor aprovechada que la anterior.

    Ya desde la primera (y magnífica) escena, aquella en que un desconcertado Sharlto Copley se despierta en una enorme fosa común, rodeado de multitud de cadáveres, sin recordar quién es o cómo ha llegado hasta allí, López-Gallego agarra al espectador por el cuello para no soltarlo durante la siguiente hora y media de metraje. A continuación, comienza un inquietante juego en el que distintas personas sin aparentes lazos de unión entre sí tienen que averiguar qué les ha llevado a despertarse en una casa en medio del bosque, sin memoria –apenas recuerdan sus propios nombres– y con unos extraños trastornos de comportamiento. Cuatro hombres y dos mujeres (una de las cuales es una enigmática asiática que no puede hablar) puestos al límite en unas circunstancias bastante similares a las vistas en otros pasatiempos del estilo de Cube (Vincenzo Natali, 1997), Identidad (2003), Saw (James Wan, 2004), Exam (Stuart Hazeldine, 2009) o la popularísima serie de televisión Perdidos, con la que guarda no pocas similitudes en la dosificación de las pistas que van desgranando poco a poco el rompecabezas. El cada día más en alza Sharlto Copley, que parece haberse especializado en cine fantástico tras sus intervenciones en District 9 (2009) y Elysium (2013), ambas de Neill Blomkamp o Europa One (2013) de Sebastián Cordero, encabeza el reparto del filme, ofreciendo una lograda interpretación. Del resto de actores, menos conocidos, destaca el trabajo de Josie Ho, capaz de transmitir muchísimas emociones únicamente con la mirada.

    por José Martín León
    diciembre 21, 2013

    Crítica | Tumba abierta (Open Grave)

    por José Martín León | diciembre 21, 2013
    Gente en sitios, de Juan Cavestany

    Francotirador de la (en) crisis

    crítica de Gente en sitios | Juan Cavestany, 2013

    El mundo se reduce a un simulacro interrumpido por lo vagamente factible. Ese mundo, anónimo y mínimo y convencional, ha dejado de existir. Y nosotros, ya sin estímulos reales desde la primera zancada que nos impulsó, con él. Hemos desaprendido a beber, a dormir, a empatizar con el compañero de turno, a sonreír aleatoriamente y a sufrir con elegancia; a reaccionar ante la acción hecha jirones y sin respiro, e incluso a ser "alguien en esta puta vida". Sin tener que arrojar pedruscos sobre aquel tejado con goteras que aún resiste la fina lluvia de cualquier mes básicamente húmedo. Por no tener, no tenemos ni para pan; ni para ensoñaciones en oferta 2x1 fosforescente con tipografía adusta pero muy legible. Y, para colmo, no hay nadie. Sólo un señor con bigote que mira a su alrededor en busca de algún signo de vida humano. Alguna persona a quien mirar mientras vuelve a casa. Un sonido. Un rumor de fondo. Una interferencia proveniente de una parabólica inabarcable y fuera de nuestro espectro visible. Lo que sea, ya, ahora. Pero no. Aquí, el show no es reality ni de Truman. Las calles están vacías o abandonadas y, tras una elipsis, el señor con bigote (Julián Villagrán) observa la intensa quietud desde la ventana de su dormitorio y le dice a su aún adormecida novia: "No hay nadie". Afirmación verbal sobre reafirmación visual: no hay un cristo. O sí. "Ah, sí", señala enseguida, "hay alguien". Y se calla. Y desparece por corte. Y la soledad más atemorizante trasunta humor negro. Terror onírico-lynchiano. Feísmo dadaísta. Absurdez. La mayor sinrazón dentro de una gran infrarrealidad mórbida. Con matices imposibles: licor agridulce, pero sin dulzura. Y con pausa. Láaanguidamente. Y entonces, en el mismo instante en que tú, reflejo material en la sala oscura, decides reír demasiado pronto y a voz en grito cuando deberías estar barriendo tus miserias, el antes periodista y ahora —desde 1999— cineasta Juan Cavestany reitera su atracción por la terapia a través de una catarsis silente y, sin embargo, sufrida como el peor antibiótico.

    Cavestany se rodea así de una pléyade actoral primorosa, cuya presencia en este filme podría identificarse en distintos planos. El más obvio, al menos por lógica artística, responde —quiero pensar— a la identificación con esos grandes actores, llámense Maribel Verdú o Eduard Fernández o Alberto San Juan, o incluso el aquí caricaturesco Coque Malla, a quien el encuadre parte en dos el rostro, enseñando a duras penas boca y nariz, con el remanente de ciertos docudramas. Una decisión, la del casting, motivada no sólo por las filias profesionales sino por algo aún más intangible. Es decir, la conexión con el público y su monótona realidad. Un público que, intuyo, sumará fieles gracias al soporte doméstico (VOD y DVD), donde Cavestany y sus (des)humanizados podrían completar todo un ciclo perdurable, obteniendo ya —al fin— el aplauso nervioso de un sector que vive por y para el eslogan, para los tres o cuatro títulos que, al final, figuran entre "¡lo mejor del año!". Porque generan ruido y su eco los beneficia en esa carrera de "lobos feroces". Y después, qué más da. Al fin y al cabo, el cine también es y será siempre la mejor medicina contra la amnesia. Hoy, un ideario inflamable y una cámara-bisturí. El cadalso de la modernidad alejándose en el horizonte, en la carretera de Toledo. O tal vez en un bazar chino a donde ir a comprar huchas de Hello Kitty; también palas y fregonas y figuras decorativas y marcos de foto y cualquier mierda más o menos imaginable. Hasta un martillo para crujir este plano existencial. Pidan por esa boca y escuchen la Interferencia. Apunten la barbilla hacia el cielo, como el abstraído y catatónico Santiago Segura, mochila —y martillo— en mano, en aquella gasolinera atestada de coches. No hay vuelta atrás. Esto se acaba y, después, se reinicia. Debes prestar atención y cerrar esa boca entreabierta y babeante. La gente es gris, es idiota, es vulgar, es triste, es... Vital, claro . Tú, yo, tu vecino, todos sin distinción pero con privilegios que marcan la diferencia. La gente es decadente y somos siete mil millones a lo largo y ancho del mapamundi. La gente, esa gente que está ahí sin saber por qué (aunque dan asco y amenazan nuestra confortable rutina), cubre además una cuota ineludible: la del adobo. A saber, ropa vieja y bocatas de sardinas y café en termos. Hay gente por todas partes, llenando vacíos inservibles, y nunca sabrán quién eres. Ellos juzgan, tú te doblegas. Y, así, aturdidos como moscas bañadas en insecticida, pasamos el tiempo. En la zona gris que anhela todo zapador falto de historias, Gente en sitios tiene la convicción de que no hay convenciones si el fondo rescata diversas partes entumecidas. Porque, he aquí un dolor agudo, podemos no cambiar nunca o cambiar ochenta veces sin importarle al resto, como esa mujer que se sienta frente a su hastiado marido y le dice: "Me he hecho un trasplante de cara. (...) Ya no sé qué hacer para llamar tu atención". Sic.
    Menuda época.
    Qué aborto social.
    Qué circo de pulgones, Cavestany.
    ★★★

    Juan José Ontiveros
    Madrid.

    [+] Entrevista a Juan Cavestany, director de Gente en sitios.
    [+] Reseña de Gente en sitios, por Álvaro Martín (Seminci 2013).
    [+] Reseña de Gente en sitios, por Ginebra Bricollé (Sitges 2013).

    España, 2013. Guión, dirección y fotografía: Juan Cavestany. Reparto: Maribel Verdú, Adriana Ugarte, Alberto San Juan, Antonio de la Torre, Santiago Segura, Coque Malla, Ernesto Alterio, Javier Gutiérrez, Carlos Areces, Irene Escolar, Julián Villagrán, Raúl Arévalo, Roberto Álamo, Eva Llorach, Eduard Fernández, Javier Botet, Tristán Ulloa, Diego Martín.

    Gente en sitios cartel
    por Anónimo
    diciembre 19, 2013

    Crítica | Gente en sitios

    por Anónimo | diciembre 19, 2013
    Cheap Thrills

    Noches de juegos cáusticos

    crítica de Cheap Thrills | de E.L. Katz, 2013

    ¿Qué serías capaz de hacer por dinero? Si un acto humano, por macabro, absurdo o ruin que parezca, fuese de la mano de un suculento manojo de billetes, ¿qué parte de tu integridad sacrificarías para obtenerlo? ¿Pondrías precio a una diversión perversa y se lo ofrecerías a otro? ¿Hasta que punto te denigrarías para ganar una sucia apuesta? ¿Cuánto pesa el fracaso en la vida de uno? Estas y otras muchas cuestiones son preguntas formuladas a lo largo de esta corta, intensa y brillante comedia negra titulada Cheap Thrills, ya presentada en el reciente Festival de Sitges, y esta semana, convertida en la Película sorpresa del Festival Cineuropa de Santiago. Procedente de Estados Unidos, este delicioso manjar está cocinado con montañas de dólares y codiciosas depravaciones, sueños húmedos y violencia encarnizada que seduce, espanta y hace reír a carcajadas al espectador, sumergido en una noche de juegos sexy y sádica. Cheap thrills parte de la historia de Craig (Pat Healy), un apocado y tranquilo padre de familia, que tras ser despedido de su empleo en un taller y recibir un aviso de desahucio, se reencuentra con un viejo amigo del instituto (Ethan Embry) en un bar donde ahoga sus penas al fondo de una cerveza. Ambos conocen allí a una pareja de gustos opulentos, formada por una rubia despampanante y gélida pegada a su móvil de última generación, y su despilfarrador marido, un empedernido consumidor de coca y alcohol ataviado con camisa y bombín. Ambos parecen disfrutar apostando billetes por meras trivialidades con el propósito de reírse. Tras apurar una costosa botella de tequila y visitar un local de striptease con algún que otro imprevisto, ambos amigos acuden a la ostentosa vivienda del matrimonio, para comenzar una noche de juegos viciosos y delirantes cuyo peligro, morbo y salvajismo irán progresivamente in crescendo a fin de lograr mayores sumas de dinero a cambio. La pareja de amigos, polos opuestos desde la adolescencia; uno golfo, perspicaz y sin estudios y el otro dedicado, tímido y blanco fácil de bromas, empiezan a perder el norte y a dejar de lado valores fundamentales en pos de llenar el vacío de sus carteras. Mientras el matrimonio disfruta perversamente con el afán de los concursantes de su pequeño reality personal, las atrocidades se suceden una tras otra reflejando y parodiando las consecuencias de la crisis económica en los individuos, y la obsesión enfermiza que provoca el deseo de acumular más y más.

    por Emilio M. Luna
    diciembre 08, 2013

    Crítica | Cheap Thrills

    por Emilio M. Luna | diciembre 08, 2013
    Somos lo que hay (We Are What We Are)

    El día del cordero se acerca

    crítica de Somos lo que somos (We are what we are, Jim Mickle, Estados Unidos 2013)

    En 2010, el director mexicano Jorge Michel Grau presentó en el Festival de Sitges una curiosa película sobre una familia de caníbales que rompía con la imagen salvaje y deshumanizada que sobre este tipo de personajes se había creado desde los tiempos de clásicos del terror como La matanza de Texas (1974) o Las colinas tienen ojos (1977). Su título era Somos lo que hay y su éxito fue suficiente para que la industria norteamericana se fijara en este realizador y lo llamara a filas para el filme de episodios The ABCs of Death (2012) –en donde compartía créditos con otros autores consagrados del género–, además de comprar los derechos de Somos lo que hay para un inevitable remake que se titularía We Are What We Are (2013). Pese a que este tipo de maniobras comerciales suele despertar la suspicacia del espectador sobre la necesidad de retomar una historia que ya ha sido bien contada en un espacio de tiempo tan corto, por una vez (y sin que sirva de precedente) el remake atesora elementos de calidad más que suficientes como para que merezca la pena pagar una entrada. El primer acierto reside claramente en el fichaje de Jim Mickle como director. Con solo dos títulos en su haber –la poco conocida Mulberry Street (2006) y, sobre todo, la notable Stake Land (2010), una de las aproximaciones al género vampírico más atractivas de los últimos años–, Mickle ha conseguido hacerse un nombre a tener en cuenta dentro del cine fantástico actual. Como en Stake Land, el realizador vuelve a contar con la algo olvidada Kelly McGillis, despojada de cualquier atisbo de la belleza que nos deslumbrara en Top Gun (1986), como rostro más conocido de un reparto en donde todos los actores están impecables, especialmente las caras más jóvenes.

    La historia de We Are What We Are presenta leves cambios respecto al modelo original, siendo el más importante el cambio de roles entre los padres de familia. En la versión americana es la matriarca la que fallece en extrañas circunstancias en medio de la calle –secuencia de gran impacto con la que se abre la cinta–, dejando desamparados a los miembros de una familia formada por el padre y los tres hijos –dos chicas adolescentes y un niño de corta edad–. Tan fatídico acontecimiento tiene lugar tan sólo dos días antes de que se celebre el misterioso “día del cordero”, una tradición que la familia Parker viene siguiendo desde hace más de 300 años y que, tras la muerte de la madre, deberá tener como organizadora a la hija mayor. A pesar del carácter huraño del patriarca, los Parker son muy respetados en la pequeña comunidad donde viven, un lugar azotado por sucesivas desapariciones de personas durante los últimos años. No hay que ser muy inteligente para unir todas las piezas del misterio y tampoco la película pretende ofrecer esos giros sorprendentes o efectistas tan de moda en el cine de terror de hoy. A los pocos minutos de metraje ya se desvela el cobertizo que la familia tiene cerrado con candados a cal y canto, al mismo tiempo que la policía pone en marcha la búsqueda de una chica del pueblo que ha desaparecido. We Are What We Are funciona más como un enfermizo drama rural que como película de horror o de intriga. La descripción que hace de los miembros de esta particular familia, las relaciones entre ellos y con los demás vecinos (la incipiente historia de amor de la hija mayor con el joven policía, la vecina solterona y solidaria que tanto les apoya en los malos momentos) y, sobre todo, los peligros que conlleva el fanatismo religioso llevado a sus últimas consecuencias, son los pilares principales sobre los que se sostiene el filme. Por otra parte, cabe destacar la elegancia extrema de la puesta en escena, con una magnífica fotografía de Ryan Samul que sabe sacar todo el provecho posible a los hermosos rostros de las rubias Ambyr Childers y Julia Garner, casi dos vírgenes suicidas como las de Sofia Coppola cuya luminosidad contrasta con la vida oculta y tenebrosa que les ha tocado sufrir (aún en contra de su voluntad).

    por José Martín León
    noviembre 24, 2013

    Crítica | Somos lo que somos

    por José Martín León | noviembre 24, 2013
    Jodorowsky's Dune

    La frustrada epopeya de Jodorowsky

    crítica de Jodorowsky’s Dune | de Frank Pavich, 2013

    Hay películas que triunfan y se convierten en símbolos e iconos, ya sea de un género minoritario o grandes superproducciones; otra como La puerta del cielo o Waterworld que se convierten en sonados fracasos con una leyenda negra a su alrededor. Y después están miles de obras que se intentan tirar hacia adelante con el gran entusiasmo de director y productor pero que finalmente chocan con las duras exigencias de las majors, las grandes distribuidoras americanas; o de las pequeñas distribuidoras que no les ofrecen ni estrenar en condiciones su obra en su país de origen. Jodorowsky’s Dune nos habla precisamente este último caso; es decir, como Alejandro Jodorowsky después de haber conseguido tener un equipo técnico solvente y un reparto esperpéntico y espectacular a partes iguales, poco antes de empezar a rodar les cerraron el grifo. Alejandro Jodorowsky, tras el éxito de El topo y La montaña mágica, decidió adaptar la novela de Frank Herbert, Dune, a su particular imaginario creativo después de recibir carta blanca de su productor francés. Todo se quedó, tristemente, en nada. Por talento no sería. Una máxima que muestra el documental de Frank Pavich estructurado bajo una puesta en escena clásica con entrevistas a casi todos los participantes de una de las producciones jamás realizada más interesantes de la historia el cine.

    Jodorowsky’s Dune es Jodorowsky y Dune a partes iguales. Con eso queremos decir que un elemento sin el otro no hubiera hecho del documental un producto tan curioso, divertido e imprescindible para todo cinéfilo. Dune es una obra magna y consagrada de la ciencia ficción americana con toda su riqueza de personajes y elementos. Y, por otro lado, está Alejandro Jodorowsky. El polifacético director y artista chileno nos muestra su cara más entusiasta con sus comentarios en primera persona y sin pelos en la lengua de todo lo que recuerda del proceso: detalles, conflictos y encuentros extraños. Vemos a un hombre con un objetivo, que esquiva todos los obstáculos como buenamente puede. Las circunstancias en las que se desarrolló el proyecto hace que los encuentros surrealistas con la gente con la que deseaba trabajar Jodorowsky contengan grandes dosis de humor y hasta un punto de tragicomedia que hace que el espectador se plantee de forma divertida si realmente es verdad todo lo que le cuentan. Aunque en el fondo no importa, simplemente hay que dejarse llevar por el ritmo ágil y ligero del documental con ganas de saber hasta el mínimo detalle.

    por Unknown
    noviembre 20, 2013

    Crítica | Jodorowsky's Dune

    por Unknown | noviembre 20, 2013
    For Those In Peril

    Los sueños del joven pescador

    crítica de For Those in Peril | de Paul Wright, 2013

    Después de tres cortometrajes (Believe, Photos of God y Until the river runs red), el jovencísimo Paul Wright (31) dio el paso lógico en su carrera con su primer largo, titulado For Those in Peril. Y la jugada le salió bastante redonda, ya que su obra se coló en diversos certámenes de nivel como la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, cosechando críticas excelentes. Basándose en sus recuerdos de la infancia, su debut nos sitúa en un pequeño pueblo costero de Escocia. Allí el foco centra en Aaron, un joven que después de sufrir un naufragio se convierte en el único superviviente. En dicho accidente muere su hermano y otros cuaro pescadores. Poco a poco los habitantes del pequeño pueblo empezarán a aislarlo, culpándole del suceso, mientras él se sumergirá en su propio interior donde intentará de alguna manera sobrellevar el sentimiento de culpa.

    Es muy interesante la importancia y el sentido metafórico que imprime Paul Wright al océano. El mar siempre ha sido un elemento fascinante para el hombre. Por mucho que lo haya inspeccionado siempre hay lugar para la sorpresa. La eterna misteriosa. Un jeroglífico sin aparente solución. El peligro oculto bajo esa amable apariencia. Peligro sobre lo desconocido, una limitación inherente al ser humano. Curiosidad no saciada. El protagonista de For Those in Peril se encuentra ahí en medio. Entre agua y tierra. Ha experimentado la parte más peligrosa, dejándolo sin su mano derecha y habiendo sobrevivido a un naufragio, del que no le quedan secuelas físicas, pero sí psicológicas. Pero no puede evitar soñar con la vertiente más evocadora y mágica que recuerda de los cuentos infantiles de su madre que escuchaba atentamente al lado de su hermano.

    por Unknown
    noviembre 20, 2013

    Crítica | For Those In Peril

    por Unknown | noviembre 20, 2013
    Los retornados

    Revisionismo zombie

    crítica de Retornados | The Returned, de Manuel Carballo, 2013

    De un tiempo a esta parte nos encontramos zombis hasta en la sopa. Empiezan a perder fuelle, pero siguen en la cresta de la ola. Copan estantes de librerías. Se pasean por la cartelera. La posibilidad de un limbo putrefacto cautiva. Los editores, escritores, guionistas, productores y realizadores lo saben. Abusan de ello. Hacen dinero. No les culpo. Tienen su mercado, hay una demanda. La serie de la AMC The Walking Dead, la reciente Guerra Mundial Z (2013) o la española [REC] (2007) son un claro ejemplo. El género de los muertos vivientes, ahora en boga, siempre ha existido. Irá desfalleciendo, pero volverá. Ley de vida. Ocurre también, pues todavía no se ha finiquitado, con los vampiros. Por ello estoy expectante al comienzo del bombardeo de historias sobre científicos, con más arrojo que juicio, incapaces de controlar a sus “creaciones”; ya saben, una hornada de obras sobre “Frankensteins”. Los no muertos, pero tampoco vivos, dan miedo y fascinan. Ese es su principal secreto. Imagínense, alguien les toca el hombro, se giran –a cámara lenta, con naturalidad inconsciente, melena al viento (si se tercia)– y se encuentran a una pútrida aberración antropófaga dispuesta a devorarle. Se le ponen a uno los pelos como escarpias. Monstruosidades recurrentes en el cine y la literatura que por ¿azar? alcanzan picos de forma. Puede que la casualidad tenga poco que ver. Algunos filmes sobre zombis tienen cierta vocación notarial, dan fe de manera más o menos manifiesta de las turbaciones de la sociedad del momento. Prueba de ello son las cintas de George A. Romero –principal revitalizador de la temática zombie– como su ópera prima La noche de los muertos vivientes (1968) o su secuela Zombie, el amanecer de los muertos vivientes (1978). No obstante, este subgénero es esclavo de sus convenciones y además existe una crisis creativa para ofrecer propuestas diferentes, como ocurre con todo. De ahí el interesantísimo punto de partida de Retornados (2013), presentada en el pasado Festival de Sitges. Una producción peregrinamente española, de habla inglesa y rodada en Canadá. Su director, Manuel Carballo, juega con el concepto zombie –no son muertos vivientes, sino personas infectadas por un virus– y muestra la cara más amarga de una sociedad paranoica y temerosa de las epidemias –¿nadie se acuerda del revuelo causado por la gripe aviar?–.

    por Anónimo
    noviembre 14, 2013

    Crítica | Retornados

    por Anónimo | noviembre 14, 2013

    Piso bonito sin amueblar

    crítica de Prince Avalanche | de David Gordon Green, 2013

    Thoreau. Ese loco. Se propuso experimentar la vida en naturaleza. Construyó una cabaña con sus propias manos. Pasó dos años, dos meses y dos días viviendo en medio de ninguna parte. Pretendía, grosso modo, manifestar la necesidad intrínseca del ser humano de vivir en el entorno natural. Única manera de prescindir de las comodidades de la vida y esquivar los “impedimentos para la elevación de la humanidad”. Era un hombre cansado, en ese momento, de las cosas artificiales e innecesarias. Esta “Thoreau way of life” cristalizó en un ensayo –Walden–. La obra del escritor americano ha sido sometida a constantes revisiones. Es como las modas –sin banalizar–, siempre vuelve. Su última popularización se produjo tras el éxito de Into the Wild (2007), basada en el best-seller homónimo, que relata la vida de un joven estadounidense que lo abandona todo para vivir en la naturaleza, al margen de la sociedad. Con esto de la crisis, Thoreau vuelve a estar en boga. Al menos sus planteamientos básicos –tanto los que se refieren al ámbito de la desobediencia civil, como los naturalistas–. Aderezado con un toque tragicómico, ochentero y ridículo, Thoreau está presente también en Prince Avalanche (2013), película por la que David Gordon Green fue galardonado con el Oso de Plata a la mejor dirección en el pasado Festival de Berlín.

    Si Thoreau fuese un paleto de Texas, de los ochenta y se llamase Alvin –Paul Rudd–, sería de esos tipos genuinos que van pintando las líneas discontinuas de la carretera. Viviría en una tienda de campaña, como los nómadas, y cazaría para alimentarse. Sería un hombre que anhelase experimentar lo que el escritor norteamericano llamó los “hechos esenciales de la vida”; un espécimen que sólo “quiere escuchar el silencio”. Por supuesto, tendría pupilo, un tal Lance –Emile Hirsch–. Sería el contrapunto. Un hedonista provinciano (si es que existe tal cosa en Estados Unidos, entendámonos), un pre Ni-Ni. Uno cuya autoestima varía en función de su capacidad de almibarar (permítaseme la expresión) las bragas ajenas. Un filósofo alfa de vida licenciosa. Un urbanita de discoteca, picos pardos, romances sórdidos y propulsiones primarias. Los Luigi y Mario de los bosques colindantes al asfalto. Es menester, obviamente, la presencia de una Princesa Peach –hermana de Lance, novia de Alvin–. Un cuadro insólito. Fruto del paso por la batidora del director de Superfumados (2008), Thoreau y Á annan veg (2011) –película islandesa objeto del remake–.

    por Anónimo
    noviembre 04, 2013

    Crítica | Prince Avalanche

    por Anónimo | noviembre 04, 2013

    Las infinitas posibilidades están a la vuelta de la esquina

    crítica de Coherence | de James Ward Byrkit, 2013

    El personaje encarnado por Kirsten Durst en Melancholia (Lars von Trier, 2011) sufrió, de la noche a la mañana, un cambio de humor que la dejó en un extraño estado de apatía (o más bien de melancolía). El motivo era de carácter cósmico: un planeta venido de no sé sabe dónde se acercaba peligrosamente a la Tierra. Por supuesto, desconocemos la razón. Lo que es seguro es que se trata de una fuerza incontrolable, impredecible, capaz de dominar el destino de los hombres. El misterio cósmico que se cierne sobre la debilidad y la pequeñez humana. Algo parecido ocurre en la película Coherence, presentada en el Festival de Sitges, que se llevó uno de los mayores elogios recibidos en este certamen (finalmente ha conseguido el Premio al mejor guión para su director). Cualquier rastro, por tanto, de coherencia en la historia es pura casualidad. Ya lo advirtió el director James Ward Byrkit, que se dirigió al público previamente a la proyección para, entre otras cosas, advertir que el título era irónico. El motivo que supuestamente provoca los extraños acontecimientos que sufren los ocho personajes de la narración es un cometa que cruza el cielo nocturno. Lo vemos como contraplano a sus miradas, un bello y misterioso objeto que se despedaza a sus ojos. Las cuatro parejas se reúnen para cenar y divertirse en la casa de uno de ellos, ante la excusa de aquel acontecimiento que no se repetía desde 1927 y donde ocurrieron ciertos fenómenos, como la mujer que no era capaz de reconocer a su marido después del paso del asteroide.

    Sin embargo, el meteorito es algo anecdótico, casi podríamos hablar de un mero recurso para incrustarnos de lleno en lo desconocido, preparar el terreno para lo absurdo. Ante un corte de luz en la casa, los huéspedes advierten que sólo una vivienda en todo el vecindario conserva electricidad. Dos de los hombres salen al exterior para comprobar el motivo y hablar con los vecinos. A la vuelta, comienza la confusión. Uno de ellos ha traído consigo una caja que ha sustraído a los otros inquilinos, mientras que su compañero aparece aterrado: dice haber visto a ellos mismos en la otra casa. Este es el inicio de las teorías y la búsqueda de explicaciones para este hecho. Así, hablan de la decoherencia cuántica y del experimento del gato de Schrödinger. Es decir, plantean la posibilidad de que ambas realidades (los dos grupos de amigos en uno y otro lado) existan simultáneamente, después de haber desechado posibilidades como el uso de drogas. La caja que cogieron resulta tener fotos de ellos mismos señalados con números. Todas las pistas que van surgiendo plantean interrogantes y cada personaje desarrolla un comportamiento según su carácter: hay quienes permanecen en la casa, otros que prefieren actuar por su cuenta… Los problemas crecen, pues las pistas de las que disponen se mezclan y dan respuestas discordantes. Establecen puntos de partida para no perder el rumbo: mientras que unos utilizan palos de luz fluorescente de color azul, los otros utilizan el rojo. Además, algunos de los móviles se habían roto y les sirve como referencia. Son algunas de las pistas que permiten crear la duda entre los personajes, pues tras las idas y venidas esos elementos se mezclan y no vuelven a ser los mismos. 

    por Unknown
    noviembre 02, 2013

    Crítica | Coherence

    por Unknown | noviembre 02, 2013
    Lesson of the Evil

    Let the show begin!

    crítica de Lesson of the Evil | Aku no kyôten, de Takashi Miike, 2012

    Lesson of the Evil empieza con la elipsis de un asesinato al ritmo del “Die Moritat von Mackie Messer”, la pieza original en alemán de la ópera escrita por Bertolt Brecht. La música guía los pasos de un adolescente desnudo dispuesto a dar fin a un matrimonio que se lamenta en la habitación contigua. El diálogo que mantienen parece arrojar algo de luz al tortuoso pasado de ese presunto agresor al que no le vemos el rostro. Se abre una puerta e inmediatamente se corta el plano hacia el contrapicado de una antena sobrevolada por dos cuervos. De vuelta al presente Miike nos emplaza a un instituto donde unos profesores debaten acerca del mejor modo de combatir las “chuletas” del siglo XXI durante los exámenes, gracias a las nuevas tecnologías y posibilidades que proporcionan los móviles personales. Capitalizando la atención de la reunión se encuentra Hasumi Seiji (Hideaki Itô), un joven y admirado profesor de inglés de misterioso pasado el cual parece convertirse en el eje del relato. A su alrededor, unos adolescentes con las hormonas revolucionadas.

    La sobriedad formal expuesta en los primeros minutos de este trabajo de Takashi Miike, sin embargo, aparece contrapuesta al desarrollo de acontecimientos que desemboca en su delirante final. Pero para llegar ahí existe un camino, y es aquí donde reside el verdadero interés de la propuesta del prolífico director japonés. Miike raciona la información sobre el personaje del profesor, su personalidad y utiliza el espacio como elemento definitorio del personaje. Poco a poco Seiji va revelándose ante el espectador como un ser cada vez más oscuro, ambiguo y manipulador, siendo su casa, un edificio vacío, gris y ruinoso, el lugar donde la naturaleza del personaje se manifiesta en toda su inquietante magnitud. Cuando la situación explota y los acontecimientos se descontrolan por una serie de hechos encadenados, explota también tanto la naturaleza de su personaje como las verdaderas posibilidades e intenciones que Miike otorga al relato. En este sentido, no es casual que Lesson of the Evil sea una película llena de anglicismos. No tanto porque se justifique en el hecho de que Seiji sea un profesor de inglés (algo que tampoco es casual, como tampoco lo es el flashback que repasa la estancia del personaje en los Estados Unidos), como por acentuar parte del discurso que subyace bajo las imágenes de la película. De hecho, Miike no tarda en desvelar la verdadera identidad de aquel adolescente del prólogo, porque el juego planteado por el director está lejos de seguir por ese sendero. Primero con la ópera de Bertolt Brecht, en forma de música extradiegética o propiamente tarareada por el propio Seiji antes del estallido final. Segundo por la presencia de los dos cuervos que también veíamos en el prólogo y que el personaje atribuye a las figuras de Hugin y Mugin, los cuervos consejeros de Odin. Y tercero por la cada vez más inquietante personalidad del profesor.

    por Anónimo
    octubre 29, 2013

    Crítica | Lesson of the Evil

    por Anónimo | octubre 29, 2013
    Haunter

    Los Otros según Vincenzo Natali

    crítica de Haunter | de Vincenzo Natali, 2013

    El caso del canadiense Vincenzo Natali viene siendo algo habitual en el cine, el de un director que rompe todos los esquemas con una película brillante pero que no consigue estar a la altura en sus siguientes trabajos. Debutar con un peliculón como Cube (1997) fue un arma de doble filo, ya que su éxito le puso en el punto de mira de todo el mundo, creando unas expectativas sobre sus obras posteriores que difícilmente se podrían cumplir. De todos modos, Cypher (2002), Nothing (2003) o Splice (2009) no son títulos precisamente desdeñables, por lo que su director continúa labrándose una interesante (y cómoda) trayectoria dentro del género fantástico. Con Haunter (2013), presentada en Sitges con una fría acogida, Natali se desliza hacia unos derroteros más convencionales y comerciales de lo que nos tiene acostumbrados, por lo que estaríamos hablando de su película menos personal y el punto más bajo de su carrera hasta la fecha. Sin miedo a cometer spoiler, se la vendió como un filme de casas encantadas narrada desde la perspectiva de los fantasmas. Lamentablemente, el resultado final dista bastante de ser todo lo original que prometía, ofreciendo un batiburrillo de elementos de otras películas de éxito.

    La historia empieza con la adolescente Lisa despertándose en su cama la mañana del día anterior de su 16 cumpleaños. La jornada transcurre de manera normal. Su hermano menor sentado frente al televisor jugando al Pacman, la madre pasándose las horas entre fogones en la cocina y el padre encerrado en el garaje intentando arreglar la avería del coche. La anomalía aparece cuando a la mañana siguiente se vuelve a repetir la misma rutina, como si estuviéramos en aquel mítico Día de la Marmota de Atrapado en el tiempo (1993) y Lisa parece ser el único miembro de la familia que se percata de que algo no anda bien: están muertos. La sorpresa argumental para la que Alejandro Amenábar empleó casi dos horas en Los Otros (2001) queda aquí desvelada en el primer cuarto de hora. Hay además ciertos detalles que nos recuerdan a aquella desde la puesta en escena, como la espesa niebla que rodea amenazante a la casa. ¿Qué es entonces lo que realmente piensa ofrecernos el bueno de Natali que no hayamos visto antes? Pues lo cierto es que más bien poco, porque lo que continúa como un entretenido capítulo alargado de En los límites de la realidad pronto va destapando sus cartas para adentrarse en los terrenos de The Lovely Bones (2009), con psicópata asesino incluido. Quienes esperen encontrase con una película de terror pueden verse seriamente estafados. Pese a que emplea numerosos ingredientes del género –una vez más con Insidious (2010) y sus juegos entre el mundo de los vivos y el de los muertos como referente más claro–, Haunter se muestra extrañamente cautelosa en no trascender del edulcorado cuento de fantasmas. Nada queda del gusto por lo sórdido y oscuro de su director, que había alcanzado su cota más alta en la escena sexual de Splice. Eso sí, Stephen McHattie pone todo de su parte para resultar inquietante en su papel de villano, pero Natali se muestra más preocupado en la odisea que debe emprender el personaje de Lisa (una Abigail Breslin que tras The Call parece haberse aficionado a pasarlo mal en la pantalla) hasta aceptar su nueva condición de fantasma, culminada con un desenlace de lo más new age.

    por José Martín León
    octubre 29, 2013

    Crítica | Haunter

    por José Martín León | octubre 29, 2013
    Borgman, de Alex van Warmerdam

    BORGMAN CONQUISTA SITGES

    palmarés y Top 10 de la 46ª edición del Festival de Cine Fantástico y de Terror de Cataluña

    Esta mañana el director del certamen, Ángel Sala, ha puesto punto y final a esta 46 edición del Festival de Sitges con el anuncio del palmarés. La película holandesa Borgman ha sido la gran triunfadora de esta entrega. Dirigida por Alex van Warmerdam, esta sátira sobre la burguesía del país del Benelux ha completado un año de ensueño: Sección Oficial de Cannes, ganadora de los premios de la academia holandesa de cine, seleccionada por el país orange como representante en los Oscar y, ahora, el máximo galardón en Sitges, el gran referente del cine de género. El jurado conformado por Fede Álvarez, Aina Clotet, Christian Hallman, Marcelo Panozzo y Miguel Ángel Vivas lo ha tenido claro. La frescura y originalidad de Borgman ya había unido a la crítica durante la semana siendo considerada como una de las obras más acertadas de la Secció Oficial Fantàstic Competició. Del resto de ganadores destacan los nombres de Juno Temple (mejor actriz por Magic, Magic), Andy Lau (mejor actor por Blind Detective) y los laureles especiales otorgados por el jurado: Jodorowsky’s Dune y Only Left Lovers Alive. Con el listado de triunfadores termina Sitges y también nuestra cobertura. Muchas gracias a Ginebra Bricollé Nadal por su trabajo. Hasta el próximo año. A continuación, el palmarés oficial.

    por Emilio M. Luna
    octubre 19, 2013

    Sitges 2013 | Palmarés & Top 10: 'Borgman', premio a la mejor película

    por Emilio M. Luna | octubre 19, 2013
    PRINCE AVALANCHE

    DESPARPAJO DE MATT JOHNSON CON THE DIRTIES

    crónicas de Sitges 2013 | críticas de The Dirties, The Returned (Retornados) y Prince Avalanche

    Último día en Sitges con un poco de todo. Cine español de género, comedia inteligente americana y una de las anónimas sensaciones de este año. Un buen broche para esta edición que ya nos ha dicho adiós con el anuncio del palmarés que ha dejado a Borgman como la gran ganadora. Un merecido premio porque ha sido de las cintas más destacadas de esta entrega. Del listado de ganadores y el balance final os hablaremos en el próximo artículo. Ahora turno de este viernes de cine en Sitges.

    por Unknown
    octubre 19, 2013

    Crónicas de Sitges 2013 (V) | 'Prince Avalanche', 'The Dirties' y 'The Returned (Retornados)'

    por Unknown | octubre 19, 2013
    Jodorowsky’s Dune

    JODOROWSKY MONOPOLIZA SITGES

    crónicas de Sitges 2013 | críticas de La danza de la realidad, Jodorowky's Dune, Only Lovers Left Alive, The Rambler, The Philosophers y Dark Touch.

    Hoy ha sido una jornada intensa. A la misma hora se presentaban la nueva película de Takashi Miike, Shield of Straw y la de Jim Jarmusch, Only Lovers Left Alive, una difícil elección de la que salió victorioso el cineasta estadounidense. Por la tarde, Alejandro Jodorowsky ha monopolizado Sitges, primero con la presentación del documental Jodorowsky’s Dune y, segundo, con su propio filme La danza de la realidad, una cinta parcialmente biográfica que supone su vuelta después de 23 años de ausencia.

    por Unknown
    octubre 18, 2013

    Crónicas de Sitges 2013 (IV) | 'La danza de la realidad', 'Jodorowsky's Dune', 'Only Lovers Left Alive', 'Dark Touch', 'The Philosophers' y 'The Rambler'

    por Unknown | octubre 18, 2013
    Diablo, de Nicanor Loreti

    El Diablo se viste de sangre

    crítica de Diablo | de Nicanor Loreti, 2011

    Al igual que sucedió en España, los años 90 fueron testigos en Argentina de la aparición de una nueva camada de directores cuya formación radicaba más en los videoclubes que en las academias; nuevos valores cuya verdadera escuela práctica estaba en sus cortos de guerrilla. Todo el cine deglutido durante los años dorados del VHS germinó en una corriente que se mostraba orgullosa de sus referentes y que, lejos de intentar disimularla o enmascararla detrás de convenciones intelectuales o compromisos sociales, celebraba sin cortapisas la innegable influencia de autores (por entonces) tan viscerales como Sam Raimi, Peter Jackson o George A. Romero. Un cine rodado en vídeo, libre, sin censura y extremo del cual incluso pudimos ver un par de muestras durante la eclosión del gore que ensució nuestros cabezales hace unos lustros: Plaga Zombie (Pablo Parés, Hernán Sáez, 1997) y Plaga Zombie: Zona Mutante (Pablo Parés, Hernán Sáez, 2001), los primeros capítulos de una trilogía que culminaría con Plaga Zombie: Zona Mutante: Revolución Tóxica (Pablo Parés, Hernán Sáez, Paulo Soria, 2011). A pesar de lo que pudiéramos pensar, no eran casos aislados. Es más, algunos teóricos hablan sobre una corriente que sigue en boga todavía hoy: en 2010 se presentaba el libro “Guerreros del cine: Argentino, Fantástico e Independiente”, escrito por Matías Raña, un volumen que pretendía recoger las claves de lo que el cineasta Esteban Rojas (Post: La aventura completa, Cichonga) ha denominado Cine Independiente Fantástico Argentino (CIFA).

    Ganadora del premio al Mejor Largometraje en la Competencia Argentina del Festival de Mar del Plata de 2011, Diablo (Nicanor Loreti, 2011) viene a servirnos como un pequeño alivio a nuestra reconocida ignorancia sobre el CIFA. Contada con nervio y cada vez más interesante a medida que transcurre el metraje, Diablo narra la historia de Marcos (Juan Palomino), un famoso ex campeón de boxeo que tiene que lidiar con los remordimientos (y la mala prensa) de haber matado a su último contrincante sobre el ring. Cuando parece que su vida va a encarrilarse de nuevo, que va a poder reconciliarse con su ex y que van a publicar su biografía, aparece en su casa su primo Huguito (Sergio Boris) y con él llegan los problemas: las buenas vibraciones se transforman entonces en una creciente espiral de violencia que salpica a todos los personajes implicados… y al propio espectador.

    por Unknown
    octubre 17, 2013

    Crítica | Diablo

    por Unknown | octubre 17, 2013
    Les rencontres d’après minuit

    LA INTENSIDAD DE LA MEDIANOCHE DE YAN GONZALEZ

    crónicas de Sitges 2013 | críticas de Les rencontres d’après minuit, Possession (Sapi), Real, Nos héros sont mort ce soir y The Congress

    Hemos pasado el ecuador del festival de Sitges, y por fin hemos visto una película que no sólo ha gustado, sino que también ha impresionado. Hablamos de Les rencontres d’après minuit, que se ha estrenado a las 8:30, en una sesión despertador, en el Prado, mientras el Auditori acogía el estreno de The Congress de Ari Folman. Los que han madrugado han visto su esfuerzo recompensado con creces. Era el comienzo de una jornada donde se han proyectado Open Graves, de Gonzalo López-Gallego, Europa resort, de Sebastián Cordero, Dark Touch, de Marina de Van o Computer Chess, de Alex Lipschultz, como cintas más destacadas. Aparte de la nombrada cinta de Yann González, hemos visionado Nos héros sont morts ce soir, de David Perrault, Possession (Sapi), de Brillante Mendoza, Real, de Kiyoshi Kurosawa y The Congress, de Ari Folman.

    por Unknown
    octubre 17, 2013

    Crónicas de Sitges 2013 (III) | 'Les rencontres d’après minuit', 'Sapi', 'Real', 'Nos héros sont mort ce soir' y 'The Congress'

    por Unknown | octubre 17, 2013
    The Battery, de Jeremy Gardner

    La invasión zombie más indie

    crítica de The Battery | Jeremy Gardner, 2012

    Poco podría imaginar el maestro George A. Romero allá por 1968, cuando sorprendiera al mundo con la mítica La noche de los muertos vivientes, que 45 años después los zombis continuarían dando guerra en las pantallas de cine (con más intensidad que el primer día), desde los más diversos géneros. Divertidas comedias como Zombies Party (2004) o Bienvenidos a Zombieland (2009), diferentes y lucrativas sagas como las de Resident Evil, 28 días después o nuestra REC e incluso alguna película de animación como Paranorman (2012), son buen ejemplo de que el subgénero sigue gozando de buena salud comercial. ¿Qué aporta una obra tan modesta e indie como The Battery a estas alturas al cine sobre no-muertos? Siendo objetivos, no demasiado. Su responsable Jeremy Gardner, demuestra mucho morro escribiendo, dirigiendo y protagonizando una suerte de road movie ambientada en un futuro postapocalíptico donde la sociedad ha sucumbido ante la invasión de estos seres, dejando pocos supervivientes que tienen que ingeniárselas para mantenerse con vida. Ante la falta de presupuesto, la cinta está rodada con un estilo semi-documental cercano al de aquella ya indispensable miniserie británica titulada Dead Set (2008), pero sin su inteligente carga satírica. De hecho, cuesta distinguir si estamos ante una historia dramática protagonizada por dos frikis a lo Jay y Bob el silencioso de Kevin Smith o ante una comedia negrísima.

    Ben y Mickey son dos tipos de personalidades completamente opuestas. Mientras el primero es sarcástico, realista y egocéntrico, el segundo parece no haber asimilado que la humanidad tal y como la conocíamos ha llegado a su fin. Mickey es un soñador capaz de enamorarse de la voz femenina que habla desde la radio o de excitarse sexualmente con una voluptuosa zombi que se restriega contra el cristal del coche donde se encuentra resguardado –en una de las escenas más surrealistas y controvertidas de la película–. Lo único que les une es su pasión por el beisbol y la necesidad de llegar vivos al final de cada jornada. Solo se tienen el uno al otro y pasan los días viajando en una búsqueda interminable de otros vivos. El filme carece de una historia verdaderamente sólida, ya que únicamente se muestra la cotidianidad de las vidas de estos dos personajes, cayendo en el tedio en más de un pasaje. Los diálogos de besugo, la poca presencia de los zombis en la narración (relegados a un incomprensible segundo plano) y la falta de momentos terroríficos, lastran el resultado final de la cinta como obra de terror propiamente dicha. Seguramente, Jeremy Gardner quiso rodar una historia de amistad puesta a prueba ante las condiciones más adversas, cuando las personas somos capaces de sacar lo peor que llevamos dentro. De hecho, hay mucho de ello en The Battery. Que se preste más importancia a los conflictos humanos que al terror no es algo novedoso tampoco. La magnífica The Road (2009) o la exitosa serie The Walking Dead han obtenido estupendos resultados con esa fórmula.

    Por desgracia, los personajes de The Battery no logran ganarse mi empatía en ningún momento, a pesar de que tanto Gardner como Adam Cronheim logren unas actuaciones muy naturales, con una química que desborda autenticidad. El director es consciente de que su apuesta arriesgada y a contracorriente despertará odios y adhesiones a partes iguales, por lo que deja para el recuerdo un valiente último acto en donde la “acción” se reduce al interior de un coche con Ben y Mickey totalmente rodeados por los muertos vivientes. Casi media hora, tensa y claustrofóbica como pocas –me viene a la mente Buried (2010) de Rodrigo Cortés–, en la que por fin se materializa esa sensación de peligro que parecía ausente en el resto del metraje, tal vez por desarrollarse en espacios abiertos. The Battery, pese a sus serios problemas de ritmo, termina desmarcándose de la vulgaridad característica en la mayoría de este tipo de productos para ofrecer una experiencia única, irritante y atractiva a partes iguales. Sin duda, tenemos a un interesante realizador en ciernes con ganas de no dejar indiferente a nadie con sus próximos trabajos. ★★★★

    José Antonio Martín.
    Redacción Canarias.

    Estados Unidos. 2012. Título original: The Battery. Director: Jeremy Gardner. Guión: Jeremy Gardner. Productora: O. Hannah Films. Fotografía: Christian Stella. Música: Ryan Winford. Montaje: Michael Katzman, Alicia Stella. Intérpretes: Jeremy Gardner, Adam Cronheim, Niels Bolle, Alana O´Brien, Jamie Pantanella, Larry Fassenden.

    por José Martín León
    octubre 16, 2013

    Crítica | The Battery

    por José Martín León | octubre 16, 2013
    Only God Forgives

    DESCONCIERTO EN SITGES CON ONLY GOD FORGIVES Y BORGMAN

    crónicas de Sitges 2013 | críticas de Wrong Cops, Only God Forgives, Vic + Flo ont vu un ours, Gente en sitios y Borgman 

    Continúa el pase de grandes y pequeñas películas en Sitges. En el Auditori han destacado la proyección de Wrong Cops la nueva película del siempre irreverente Quentin Dupieux, Only God Forgives, de Nicolas Winding Refn y Real de Kiyoshi Kurosawa. Paralelamente en los cines más céntricos y más pequeños de la ciudad, se proyectaban rarezas como Vic+Flo, de Denis Côte, Gente en sitios, de Juan Cavestany o Borgman, de Alex van Warmerdam. Jornada agridulce, espesa, y que deja al espectador aturdido, y reflexivo ante películas tan diferentes. Como colofón a este martes, una masterclass de Álex de la Iglesia.

    por Unknown
    octubre 16, 2013

    Crónicas de Sitges 2013 (II) | 'Sólo Dios perdona', 'Borgman', 'Gente en sitios', 'Vic+Flo' y 'Wrong Cops'

    por Unknown | octubre 16, 2013

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