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    Crítica | Cheap Thrills

    Cheap Thrills

    Noches de juegos cáusticos

    crítica de Cheap Thrills | de E.L. Katz, 2013

    ¿Qué serías capaz de hacer por dinero? Si un acto humano, por macabro, absurdo o ruin que parezca, fuese de la mano de un suculento manojo de billetes, ¿qué parte de tu integridad sacrificarías para obtenerlo? ¿Pondrías precio a una diversión perversa y se lo ofrecerías a otro? ¿Hasta que punto te denigrarías para ganar una sucia apuesta? ¿Cuánto pesa el fracaso en la vida de uno? Estas y otras muchas cuestiones son preguntas formuladas a lo largo de esta corta, intensa y brillante comedia negra titulada Cheap Thrills, ya presentada en el reciente Festival de Sitges, y esta semana, convertida en la Película sorpresa del Festival Cineuropa de Santiago. Procedente de Estados Unidos, este delicioso manjar está cocinado con montañas de dólares y codiciosas depravaciones, sueños húmedos y violencia encarnizada que seduce, espanta y hace reír a carcajadas al espectador, sumergido en una noche de juegos sexy y sádica. Cheap thrills parte de la historia de Craig (Pat Healy), un apocado y tranquilo padre de familia, que tras ser despedido de su empleo en un taller y recibir un aviso de desahucio, se reencuentra con un viejo amigo del instituto (Ethan Embry) en un bar donde ahoga sus penas al fondo de una cerveza. Ambos conocen allí a una pareja de gustos opulentos, formada por una rubia despampanante y gélida pegada a su móvil de última generación, y su despilfarrador marido, un empedernido consumidor de coca y alcohol ataviado con camisa y bombín. Ambos parecen disfrutar apostando billetes por meras trivialidades con el propósito de reírse. Tras apurar una costosa botella de tequila y visitar un local de striptease con algún que otro imprevisto, ambos amigos acuden a la ostentosa vivienda del matrimonio, para comenzar una noche de juegos viciosos y delirantes cuyo peligro, morbo y salvajismo irán progresivamente in crescendo a fin de lograr mayores sumas de dinero a cambio. La pareja de amigos, polos opuestos desde la adolescencia; uno golfo, perspicaz y sin estudios y el otro dedicado, tímido y blanco fácil de bromas, empiezan a perder el norte y a dejar de lado valores fundamentales en pos de llenar el vacío de sus carteras. Mientras el matrimonio disfruta perversamente con el afán de los concursantes de su pequeño reality personal, las atrocidades se suceden una tras otra reflejando y parodiando las consecuencias de la crisis económica en los individuos, y la obsesión enfermiza que provoca el deseo de acumular más y más.

    Cheap Thrills

    Cheap Thrills es una gozada de principio a fin, y convierte al público en espectador recíproco que juega también, que espera ávido la adrenalina de cada barbaridad, que se convierte en voyeur escopofílico de sadismo y diversión. El espectador es el inteligente cómplice, el público hambriento de dolares, una voz más tras la cuarta pared que les susurra a los dos amigos “Sigue jugando, gana, apuesta”, aun siendo consciente de la denigración palpable, y de que algunas líneas, una vez cruzadas, son irreversibles. El matrimonio personifica una ácida parodia de los realities y concursos televisivos que cada vez aumentan más sus cotas de morbo y en los que los personajes acaban siendo muñecos caricaturescos en manos de una audiencia carnívora. Los personajes logrados por los guionistas David Chirchirillo y Trent Haaga son redondos, esconden malvadas reacciones y rasgos opuestos a su perfil psicológico inicial, (ni la chica es tonta, fría y poco perceptiva, ni el padre de familia un buenazo de moral intachable, ni su amigo un granuja juerguista y sin escrúpulos), enseñándonos que nada es como parece, y que lejos del blanco y del negro, todos formamos parte de una infinita gama de grises. Con pinceladas fantásticas de chulería, venganza, sarcasmo y lujuria, estas originales figuras recuerdan a una memorable combinación de los mejores Tarantino o Guy Ritchie, y nos meterán de lleno en su espiral de codicia y sumisión; porque las normas del juego mandan, la cartera vacía grita y las trampas valen cuando todo horizonte ético se diluye en una copa de vodkatonic. Sin ser una gran devota de la comedia negra como género, Cheap Thrills debería convertirse en una joyas de culto del año, una obra agudísima e hilarante capaz de evadir y entretener, pero de constituir a la vez una fábula inmoral sobre la obsesión por el dinero, el patetismo humano, las secuelas del fracaso y los monstruos del consumismo en una sociedad donde un polvo, una paliza, o una mutilación pueden ser llevados a concurso sin que el público pestañee o apague el televisor. ★★★★

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Galicia | enviada especial al Festival Cineuropa de Santiago de Compostela.

    Estados Unidos, 2013, Cheap Thrills. Director: E.L. Katz. Guión: Trent Haaga, David Chirchirillo. Productora: Snowfort Pictures / New Artists Alliance. Música: Mads Heldtberg. Fotografía: Andrew Wheeler, Sebastian Winterø. Reparto: Pat Healy, Ethan Embry, Sara Paxton, David Koechner, Amanda Fuller. Presentación oficial: 2013: Festival de Sitges: Sección oficial largometrajes a concurso.

    Cheap Thrills poster
    Petrunya

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