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    Cine Europeo 2012
    Cine Europeo 2012

    Mar. Libertad. Desesperación

    crítica de Metéora | de Spiros Stathoulopoulos, 2012

    En el norte de Grecia, en la llanura de Tesalia, cerca de la ciudad de Kambalaka, se alzan dos formaciones rocosas de gran altura, una justo frente a la otra. En cada una de ellas se asienta un monasterio cristiano ortodoxo que establece una separación entre hombres y mujeres. En uno vive Theodoro, y en el otro, Urania. Justo a mitad de trayecto, en mitad del valle, se alza una pequeña colina coronada por un árbol en el que ambos se reunirán entre silencios. Pertenecen al mismo mundo, pero su aislamiento es demoledor. La comunicación que establecen es parca en palabras. No las necesitan. Él cogerá el relieve metálico de su repisa; una placa con motivos religiosos que utilizará para hacer señales lumínicas a Urania a través de su ventana, mientras ella se quedará tendida en la cama, acariciándose el cuerpo. Theo tal vez intente olvidarla, redirigiendo un amor terrenal y cuestionable hacia algo más divino, exento de las pasiones más superficiales. Y si a ella le asaltan pensamientos impuros, ahí estará el infierno cristiano para recordarle su culpa, y el necesario castigo del dolor físico: quemarse la palma de la mano con la llama de una lampara de aceite. Nunca se dirán un te quiero. No serán capaces. Las acciones serán puramente físicas, pero no por ello dejaran de ser reales.

    La segunda película del director griego crecido en Bogotá, Spiros Stathoulopoulos, debutó positivamente en el Festival de Berlin del 2012 y ganó el Premio al mejor director en el Festival de Cartagena de este año. Su Metéora es la historia de una pasión. De una leyenda grabada en un retablo, en algún monasterio olvidado. Un cuadro de tres paneles con el valle de Metéora en el centro y los retratos de Theo y Urania enmarcándolo. Es la primera imagen del largometraje que ya establece el tono minimalista y su espíritu cercano al relato. Pocos filmes son tan acertados en su equilibrio al situar con tanta exactitud la línea entre el exceso y el vacío en una obra que establece un discurso de la relación entre el compromiso religioso y el amor humano. Una dicotomía explorada en profundidad por Terrence Malick en su filmografía, especialmente en sus dos últimas obras, aunque en el caso del director neoyorquino con un enfoque muchísimo más preciosista, tendente al esteticismo de los cuerpos enmarcados en un atardecer. De una cámara que flota alrededor de los actores arropándolos en su observación. La visión de Spiros es muchísimo más analítica a la par que curiosa. Metéora es una cinta de planos fijos, de grandes paisajes enmarcados entre brumas y bosques, con una composición de planos más pictórica y un tratamiento lumínico que recuerda con insistencia a los cuadros de George de la Tour. El mismo pintor en el que Stanley Kubrick establecería la base para la fotografía de Barry Lindon.

    por Unknown
    junio 05, 2014

    Crítica | Metéora

    por Unknown | junio 05, 2014
    Main dans la main

    ¿Quieres bailar conmigo?

    crítica de Main dans la main (De la mano) | de Valérie Donzelli, 2012

    Lo confieso a voz en grito: Me encanta Valérie Donzelli. Sus apuestas de colorido frenético, canciones de punk y electrónica junto a piezas clásicas, historias vitalistas y enérgicas plagadas de bifurcaciones y planos de elegante trazado consiguen que se me haga boca agua ante la pantalla sin necesidad de poner palomitas a calentar en el microondas. Valérie es valentía cromática, puro realismo mágico a golpe de pop. Con los filmes de esta mujer me sucede algo parejo a los de Bertolucci, y es que sin conocer previamente su argumento, solamente su estética logra pincharme al comienzo esa droga que el cupido cinematográfico inyecta en las venas de sus enamoradizos espectadores, (aunque sea obvio que sin una trama decente, cualquier imagen se queda en agua de borrajas, pero nada de esto les sucede a las brillantes propuestas de Valerie ni del veterano cineasta italiano). En esta ocasión la perspicaz directora regresa de la mano de una comedia musical e hilarante; romanticona a más no poder, de inverosímiles giros y sobre todo, mucho baile. Un baile poco comedido, encandilador que cose el guión desde los pies de sus personajes. Pies que danzan, se arquean y se retuercen dominados por la música; piernas que sucumben al encanto ineludible del ballet, cuerpos amateurs rendidos al ritmo, niñas acompasando el vaivén de sus tutús. Es este filme, bautizado Main dans la main, por encima de todo una historia de amor imposible, un romance intenso, peculiar y extravagante, tan indigno de la pobre realidad cotidiana como digno del cine francés; un encuentro fortuito entre dos bailarines bajo una atmósfera de cuento de hadas, tensiones sexuales y escenarios luminosos. ¿Cuántas historias de amor originales despuntan cada año en el mundo del celuloide? Desde luego, pocas, y ésta desde luego no responde a los cánones de un romance cualquiera al uso. En este tercer proyecto cinematográfico tras su ópera prima La reina de corazones (2009) y la unánimemente aplaudida por la crítica Declaración de guerra (2011), co-escrita con Jérémie Elkaïm y basada en sus propias vivencias, su autora repite sus evidentes señas de identidad: dirige, escribe y se pone en la piel de un protagonista (aunque por vez primera, con un rol secundario) para contarnos un flechazo y sus controversias en clave musical.

    por Anónimo
    abril 06, 2014

    Crítica | De la mano (Main dans la main), de Valérie Donzelli

    por Anónimo | abril 06, 2014
    Jackie

    Progres de mercadillo

    crítica de Jackie | de Antoinette Beumer, 2012

    Decía Jan Ole Gerster, director de Oh Boy (2013), en una entrevista, que uno debía tener cuidado con las moralejas. Que las intenciones aleccionadoras eran peligrosas en una película y que, por su parte, era algo que siempre intentaba evitar. A colación de esta reflexión, uno llega a los primeros minutos de Jackie con una nociva sensación de que algo se cierne. Una extraña sensación ahoga las escenas. Ya no solo la del punto de partida común y rápidamente reconocible: dos hermanas, una volcada en su trabajo, disfrutando de un éxito profesional que la ha llevado a sacrificar sus relaciones personales. La otra, inmersa en un matrimonio ridículo en el que el marido olvida que su mujer está en el coche cuando ambos han ido juntos al supermercado. Ambas son adoptadas. Su madre es una yonki perdida en el desierto americano. Pero ellas, como buenas europeas progresistas, gozan de una educación abiertamente idealista. La de unos padres homosexuales septuagenarios que llevan 20 juntos. Imagen poco menos que imposible. Y sí, en apenas quince minutos, las tendremos a ambas en la carretera. Ya lo hemos dicho. Esto asusta. Aterroriza y aturde en sus motivaciones, pero las disimula con un rostro inmaculado. El de una Carice Van Houten aún con el perfume de Melisandre en el ambiente. No podemos culparla de una elección como ésta. La actriz ya trabajó con la directora, Antoinette Beumer, en su primer filme, The Happy Housewifes (2010). Una cineasta de origen holandés, hermana mayor de Famke Janssen y habitual de la televisión de su país, donde ha colaborado en gran parte de los capítulos de algunas series de renombre, la última de ellas, la versión nacional de la conocida En terapia (2008).

    De propina, aparece Jelka Van Houten, hermana en la ficción y en la realidad; cruce de rasgos holandeses entre una Toni Collette y una Scarlett Johansson cuarentona, que además es buena cantante. Jackie ofrece todo lo que una road movie europea emitida a las 16:00 de la tarde en Antena 3 hace 10 años puede ofrecer. Jelka, la abnegada esposa a la que su marido prohibe conducir, y controla a cada minuto pero nunca escucha. Esa mujer que no replica en su inocencia e ingenuidad, tiene un don, un talento que no se atreve a explotar por falta de autoestima y de valor. Y como cisne, la joven cuarentona se alzará en mitad de un pub de carretera cantando una cancioncilla de amor cualquiera, mientras la audiencia sonríe y aplaude, y la madre coja y arisca, se reblandece rompiendo su burbuja. Pero es demasiado intenso. La madre desaparecerá en la trastienda, ocultando su emoción, mientras sus dos hijas, a las que no ve en 30 años y a las que apenas recuerda, viven la inconsciencia de encontrarse a sí mismas a través de esos pequeños momentos que tanto llenan el alma. Como la sonrisa de una señora de 60 años que posiblemente ha entrado al cine por lo inofensivo de la propuesta, y sonríe viendo a Van Houten sudorosa en mitad del desierto evitando a un toro que le dobla el tamaño, mientras se afana en la búsqueda de una gasolinera que nunca aparece. El tono es de una ligereza que nunca molesta en exceso. La dirección inocua, con poco que destacar. Beumer tampoco tiene un gran don para mostrar la comedia. La película nunca hace reír demasiado y le cuesta horrores crear empatía.

    por Unknown
    abril 03, 2014

    Crítica | Jackie

    por Unknown | abril 03, 2014

    Esto no es una crítica

    crítica de ¿Qué nos queda? | Was bleibt, de Hans-Christian Schmid, 2012

    El director alemán Hans-Christian Schmid, tras las premiadas en el Festival de Berlín Storm (2009) y Réquiem (El exorcismo de Micaela, 2006), nos sorprende en esta ocasión con un drama familiar de gran sencillez. ¿Qué nos queda? produce en el espectador de hoy en día el mismo efecto que en 1929 podía provocar el cuadro Ceci n'est pas une pipe (Esto no es una pipa) del pintor surrealista René Magritte. Una contradicción, un deseo irrealizable de autenticidad en el que las apariencias cuentan más que los hechos. La trama se desarrolla durante un fin de semana cuando los cuatro miembros principales de una familia de clase media alemana, padres e hijos; junto a la novia de uno de ellos y el hijo del otro, deciden juntarse para pasar unos días. Es entonces cuando las bases que se creían sólidas entre ellos saltan por los aires dejando a la vista a cuatro desconocidos que apenas se soportan. Tras el anuncio de la madre (desde hace años maníaco-depresiva) de no tomar por más tiempo la medicación, se esconde un primer anhelo de ser tratada como un miembro de pleno derecho en todo lo relativo a la vida familiar. No obstante, con este movimiento se abrirá una grotesca caja de Pandora en la que las vergüenzas y derrotas que hacen de toda familia una familia ejemplar saldrán a la luz sin anestesia.

    Jakob (Sebastian Zimmler) no le perdona a su hermano pequeño Marko (Lars Eidinger) el irse a vivir a Berlín lejos de sus padres, el alejarse del sufrimiento de su madre, su facilidad para dar la espalda. Ambos actores se desenvuelven en la piel de sus personajes con una naturalidad que impresiona; más en el caso de Sebastian Zimmler quien debuta con esta película en la gran pantalla después de su larga carrera teatral. Una vez más, ¿Qué significa ser hermanos?, ¿Qué nos queda detrás de la impostura? Pero hay más. No solo este sino que todos los pilares en los que se sustenta su cómoda realidad se tambalean como nunca. Por una vez padres e hijos parecen dispuestos a conocer la verdad. Éxitos profesionales que significan fracasos, la dura paternidad del divorciado, (in)fidelidad con uno mismo y con el otro, dependencia económica de quien ya vive peor que sus padres. Zarpazos hirientes que sobre todo dejan herida a ojos del pequeño Zowie. Hijo de Marko, este niño de unos cinco años aparecerá durante gran parte de la película refugiado tras un antifaz de tigre. La desmembración de su propia familia, y ahora también la de sus abuelos, le obligarán a enfrentarse al mundo como alguien o algo más fuerte de lo que es en realidad.

    por Unknown
    febrero 25, 2014

    Crítica | ¿Qué nos queda?

    por Unknown | febrero 25, 2014
    Dos vidas (Zwei Leben)

    Los otros escombros del muro

    crítica de Dos vidas | Zwei Leben (Two Lives), de Georg Maas & Judith Kaufmann, 2012

    El drama histórico y el thriller de intriga son los dos ingredientes fundamentales a la hora de cocinar Zwei Leben (Dos vidas), un filme germano basado en la existencia de dos mujeres vinculadas a la República Democrática Alemana y asociadas a una intrincada investigación del Tribunal de Estrasburgo en torno a un pasado turbio. Inspirada en los escritos de Hannelore Hippe, y repleta de giros rocambolescos a lo largo de una pertinaz investigación judicial, la película nos traslada a la atmósfera gélida de los resquicios posteriores a la Caída del Muro de Berlín, los peliagudos años noventa. Un período de cicatrización lenta y angustiosa, de redenciones póstumas y reconciliaciones complejas, de puzles que cambiaron de piezas, de familias quebradas por las pérdidas y retornos al hogar, en un país donde había demasiados rotos para tan pocos descosidos, demasiadas luchas internas y un conflicto de identidad que siguió, años después, partiendo en dos la espina dorsal alemana y calando en la médula de su población. Zwei Leben cuenta una historia basada en hechos reales y protagonizada por Liv Ullman y Juliane Kohler, en la piel de dos mujeres de vida nada sencilla; existencias marcadas por su relación con la STASI, o policía secreta del gobierno comunista que regía la zona oriental, vidas cuyos secretos serán sacados del fango del olvido para abrir una escabrosa investigación sobre violaciones de derechos humanos y brutalidades cometidas a causa del férreo espionaje y control de disidentes. Penetramos así, desde el minuto uno del filme, en un juego de tensiones, vueltas de tuerca, y por supuesto, mentiras enterradas que ya tienen un pie y medio afuera de sus tumbas.

    Como todo drama histórico de cualquier época o lugar, Zwei Leben cuenta vivencias que abren heridas, e injusticias irreversibles, y que nos adoctrinan, desde los ambiciosos terrenos de la ficción, sobre las consecuencias y factores de las circunstancias que otros vivieron. Desde el hogar de una tranquila familia noruega de clase media, comenzamos a vislumbrar las pistas, elementos y claves de una investigación de la audiencia de Estrasburgo destinada a destapar crímenes y atrocidades cometidos por los servicios secretos de la RDA, y vinculados a Noruega: Durante la ocupación nazi, numerosos soldados alemanes y mujeres noruegas (aquellas apodadas como «las alemanas tristes») mantuvieron relaciones fruto de las cuales nacieron niños, percibidos como arios y supuestamente destinados a la mejora y el rejuvenecimiento de la sangre del imperio hitleriano. Por ello se abrieron hospitales y clínicas de natalidad, y desde el gobierno nazi las esperanzas se depositaban en la nueva hornada de pequeñas criaturas, que tras la enorme derrota bélica fueron despreciadas y relegadas a olvido. La injusticia se perpetró a través de aquellos denominados “hijos de la vergüenza”, y una vez estuvo Alemania fraccionada en sus dos mitades antagónicas, el régimen de la STASI se encargó impetuosamente de controlar a sus partidarios y disidentes, regulando las entradas y salidas geográficas con meticuloso cuidado y medidas poco ortodoxas. Una chica cualquiera lo tenía bastante complicado en este entorno hostil a la hora de cruzar las fronteras a su antojo o recuperar a una familia perdida, así como ponerse en contacto con ciertos seres queridos.

    por Anónimo
    febrero 25, 2014

    Crítica | Dos vidas (Zwei Leben)

    por Anónimo | febrero 25, 2014

    Teselas sin hueco

    crítica de La segunda mujer | Kuma, de Umut Dağ, 2012

    «...Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, casaos con la que os guste de las mujeres, dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así evitaréis mejor obrar mal…»*. Es la justificación legal del Corán sobre la poligamia. Es la heredera de una serie de costumbres casi ancestrales que provienen del Islam primigenio. Una perspectiva que situaba a la mujer con el eslabón más débil de la civilización, por su capacidad emocional, irracional, impredecible e irresponsable. Si bien, y como el resto de culturas tanto occidentales como orientales, el progreso ha erosionado y limado las costumbres, muchos de esos trazos siguen aún vigentes hoy en día. El papel de la mujer va adquiriendo más relevancia a medida que los países árabes abren sus puertas a la occidentalización. El mestizaje cultural e ideológico va moldeando pensamientos y cada paso es un pequeño triunfo. Triunfos que desde la perspectiva del Primer Mundo resultan nimios e intrascendentes. Mandan las ideas férreas de un contexto extremadamente machista, donde la mujer no deja de ser un triunfo o herramienta que sirve como propósito. Uno de los hilos narrativos del hito reciente La bicicleta verde (Wadja, 2012), nos mostraba a grandes rasgos la idiosincrasia árabe, incluso en una familia acomodada. La mujer como generadora de vástagos. Como capitán sin rueda de timón de un hogar preparado para satisfacer al cabeza de familia. Como un ente invisible que, bajo la seda, deambula por portales y pasillos. Con el añadido, además, de que la persona a la que ama puede elegir a otras homólogas con la que compartir su felicidad. Esta es una interpretación, por otra parte, sesgada y desde la mirada catedrática del libertino europeo, pero no deja de ser curioso, e incluso doloroso, que una cultura de tal riqueza avance de forma tan parsimoniosa. Como siempre, la justificación está en la raíz, en la propia sociedad musulmana. El cambio es sólo para proscritos.

    por Emilio M. Luna
    febrero 14, 2014

    Crítica | La segunda mujer

    por Emilio M. Luna | febrero 14, 2014
    Celebración en familia

    Si mamá levantase la cabeza

    crítica de Celebración en familia | Leg ihn um! Ein Familienfest, de Jan Schütte, 2012

    Decía Ana Karenina aquello de que todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. La misma premisa es aplicable a las caracterizadas por la locura colectiva y presididas por un padre tarado y despótico: August Manzl es un patriarca viejo y dictatorial, rico empresario al que le diagnostican una enfermedad terminal sin posibilidades de cura. Ante la realidad de contar con sólo unos meses de tiempo por delante, August convoca a todos sus hijos, a los que lleva toda la vida humillando y despreciando por no considerar que puedan equipararse a su figura y sus logros, para una macabra reunión. Con desorbitado cinismo, el patriarca comenta impasible que el descendiente que lo mate, será el poseedor exclusivo de su patrimonio; la compañía entera, terrenos y cuentas bancarias. Si nadie es capaz de acabar con él, el legado se perderá para siempre.

    Esta tétrica y absurda convocatoria abre paso al cáustico juego familiar en el que se convertirá Celebración en familia, una comedia negra inteligente y divertida que llega desde tierras germánicas de la mano de Jan Schütte para deleitarnos con dosis de sadismo, rencillas del pasado, rencores y tórridas depravaciones sexuales. El aura de aparente normalidad que rodea a los personajes se desploma dando lugar a una codiciosa disputa por hacerse con los bienes de su necio padrastro, que disfruta el espectáculo de sus intentos de asesinato como si de un vulgar reality-show se tratase, mientras el tiempo apremia y los maquiavélicos planes de sus hijos van cayendo como contagiosas fichas de dominó. Celebración en familia es mordaz, crítica y violenta, como una sacudida al hipotálamo o un baile ácido entre pistolas, trampas y billetes. La interpretación de Hans-Michael Rehberg en la piel del sarcástico y prepotente patriarca es sólida y contundente, y los vicios, disputas y sucias pasiones del resto de la trastornada familia nos arrancarán muchas carcajadas, condimentadas por el misterio del destinatario de la herencia. | ★★★

    Alemania, 2012, Leg ihn um! Ein Familienfest. Director: Jan Schütte. Guión: Jan Schütte. Productora: Riva Filmproduktion. Reparto: Hans-Michael Rehberg, Pheline Roggan, Stephan Schad, André Kaczmarczyk. Presentación oficial: Streams Festival 2013.

    por Anónimo
    enero 06, 2014

    Cine alemán | «Celebración en familia» y «Small Crime»

    por Anónimo | enero 06, 2014
    Tim Robinson: Connemara

    La mágica Irlanda rural

    crítica de Tim Robinson: Connemara | Pat Collins, 2011

    Ya decía Oscar Wilde que Connemara es un lugar “de belleza salvaje”. Paisajes accidentados y agrestes, ventisca gaélica, montañas verdosas y lagos brillantes componen el escenario de un lugar lleno de vida y espiritualidad, una zona inspiradora de cuentos, leyendas y canciones (como Les lacs de Connemara, una oda a la naturaleza del lugar, compuesta por el francés Michel Shardu). El escritor inglés Tim Robinson lleva toda la vida dedicado a la producción de mapas, que más tarde son publicados con formato de paisaje plegable, y la salvaje Connemara ha sido durante estos años el objeto de estudio de sus última trilogía: Escuchando el viento, Un poco gaélico Unido, y El último de la piscina de la oscuridad. La avanzada edad de Robinson, que ya sobrepasa la barrera de los 70 años, no ha sido un impedimento para que se haya apretado los cordones de las botas y aventurado a descubrir los paraísos vegetales de sus bosques, el esplendor de las costas atlánticas y sus precipicios o el esplendor azulado de las lagunas. Y a esta experiencia de carácter casi meta-artístico se ha querido sumar el director irlandés Pat Collins, para reflejar en formato documental las peripecias de Robinson en su ahínco por retratar el corazón de Connemara y sus lugares emblemáticos.

    Tim Robinson: Connemara es el nombre de este trabajo audiovisual, que en algo menos de una hora traslada al espectador a Connemara, intercalando imágenes de sus diferentes zonas con fragmentos de entrevista; es la grave voz en off de Robinson la que va desvelándonos curiosidades, personajes y misterios sobre este enigmático rincón de la Irlanda rural. Los travellings y las panorámicas abundan a lo largo de la grabación, haciendo de la alta calidad de imagen lo más destacado de este trabajo, que por momentos es lento y tedioso, pero que merecerá la pena para los amantes de los parajes hermosos, el turismo en zonas anteriormente desconocidas o los interesados en la cultura popular irlandesa. Algunos planos son de una insólita belleza, la fotografía es brillante, y las tierras de Connemara dan, sin lugar a dudas, ganas al espectador de subirse a un avión y aterrizar en su tierra poblada de viento, secretos y magia. | ★★★

    Irlanda, 2011, Tim Robinson: Connemara. Director: Pat Collins. Guión: Tim Robinson. Reparto: Tim Robinson. Productora: Harvest Films.

    por Anónimo
    enero 06, 2014

    Cine irlandés | «Tim Robinson: Connemara» y «Silence»

    por Anónimo | enero 06, 2014
    The Deep

    Horror en un mar poco profundo

    crítica de The Deep (Lo profundo) | Djúpið, de Baltasar Kormákur, 2012

    La enésima producción sobre la supervivencia tiene origen islandés y se titula The deep, una obra sencilla sobre la batalla que un sujeto muy especial, víctima del hundimiento de su barco pesquero, libra contra las adversas condiciones meteorológicas y contra un mar helado y despiadado. El "cine de supervivientes" va ganando peso con el paso del tiempo y cuenta con un número de ejemplares que va acrecentándose año tras año. En la actualidad, es común que se proyecten simultáneamente dos producciones sobre hombres que se enfrentan al peligro contra su voluntad, por obra del destino y la fatalidad. También es común que prestigiosos directores, como Danny Boyle (para mencionar la popular 127 horas), lleven adelante proyectos de estas características. Es un tipo de producción que da al cine una nueva función: la de servir al espectador como una religión, como algo en lo que se puede creer o no. Cuando los personajes se enfrentan con la muerte, y sobre todas las cosas cuando consiguen esquivarla, burlarla o postergarla, los espectadores (testigos) comienzan a analizar el acontecimiento en función de lo que consideran o no real. Algunos se dejarán llevar por la fe, elogiarán una experiencia religiosa y determinarán que lo ocurrido es, en efecto, real. Otros escépticos, por el contrario, pensarán que hay en la leyenda una dosis bastante grande de exageración, propia de toda anécdota protagonizada por un hombre que se codea con los héroes por sus virtudes. Lo cierto, es que The deep da inicio a su propia historia con la advertencia de que ese personaje, en realidad, está inspirado en otro que ha existido. Por ello, la veracidad (o no) de lo que se narra adquiere cierto “protagonismo”, acaba volviéndose un punto de apoyo para el filme, y quizá el único.

    Pero si de sobrevivir se trata, más allá de toda discrepancia que la crítica pueda llegar a tener alrededor de numerosas cuestiones, es difícil que no esté de acuerdo en que una película no puede sostenerse únicamente como leyenda destinada a ser aceptada o rechazada por los espectadores. Sería tonto pensar que hay artistas que esbozan una obra con el propósito de dividir a la audiencia. Mucho más tonto es que los artistas efectivamente lo hagan. Toda obra de arte, desde el momento en que se hace pública, queda sujeta a la interpretación de quienes la contemplan. Y de esta interpretación se sobreentiende, claro, la negación y el rechazo producto de la falta de credibilidad, entre otras cosas. Pero esas obras de arte tienen, además, otro fin. No importa cual sea, pero sí importa que exista. La deliberada finalidad es la que puede convertir una expresión ininteligible en un gesto milagroso. Y aun cuando esa finalidad sea el mero entretenimiento, al modo que lo presenta la industria cinematográfica de países como Estados Unidos, basta para no enterrar al filme en tierra de nadie.

    por Anónimo
    diciembre 21, 2013

    Crítica | The Deep (Djúpið)

    por Anónimo | diciembre 21, 2013
    Cherchez Hortense

    De familias disfuncionales y otros conflictos

    crítica de Cherchez Hortense | de Pascal Bonitzer, 2012

    El francés Pascal Bonitzer es uno de esos artistas que han tocado prácticamente todos los palos en esto del cine. Libretista, actor y guionista, dio el salto a la dirección en 1996 con Encore, comedia dramática que le colocó en la terna de nominados al César a Mejor ópera prima. A pesar de este prometedor inicio, su carrera posterior tras las cámaras no se ha caracterizado precisamente por su brillantez, con una sucesión de títulos fácilmente prescindibles entre los que destacaría Rien sur Robert (1999), otra comedia que le reportaría a Valentina Cervi una candidatura al César como Mejor actriz revelación. Cherchez Hortense (2012), su último trabajo hasta la fecha, tampoco está destinado a colocarle entre los realizadores franceses a seguir, pese a contar con una estrella tan internacional como Kristin Scott Thomas –con la que ya había contado en Pequeñas heridas (2003)– en uno de los papeles principales. Ella no es, sin embargo, el plato fuerte de la función desde el apartado interpretativo, ya que es sobre el experimentado Jean-Pierre Braci –César al Mejor actor de reparto por On connaît la chanson (1997) y ganador de hasta cuatro premios más en la categoría de guionista– donde recae la mayor parte de su presumible eficacia.

    Cherchez Hortense

    Cherchez Hortense es, como suele ser habitual en Bonitzer, una comedia dramática que presenta una radiografía bastante incisiva de una familia totalmente disfuncional, en la que todos y cada uno de sus miembros tiene una doble vida o algún secreto que ocultar. Damien, el patriarca, enseña cultura asiática a empresarios que quieren trabajar en China y ha comenzado a ilusionarse con una joven que le pide poder asistir a sus clases. Su esposa Iva es una ocupada directora teatral que comienza una relación adúltera con uno de los actores de su compañía. Ambos son padre de un adolescente que pasa por una etapa algo conflictiva, donde miente, roba y descuida su higiene personal, en un afán de acaparar la atención de sus progenitores. Luego está el padre de Damien, un abuelo de lo más atípico, ya que es Consejero de Estado y siempre tiene la agenda demasiado ocupada para atender a la familia aunque, eso sí, vive con normalidad una sexualidad de lo más abierta. Semejante fauna de desastrosos seres humanos conforman la apuesta de una película que tiene serios problemas para encontrar el tono adecuado entre dramatismo –en la trama se tocan temas controvertidos como la inmigración ilegal, la bisexualidad, el adulterio y hasta el suicidio– y comedia (lo cierto es que gracia, la cinta tiene bien poca). Pese al esforzado trabajo de todos sus actores (Bacri y Claude Rich optaron a los César como actor protagonista y secundario, respectivamente), el realizador no consigue en ningún momento que el espectador se solidarice con los problemas de sus personajes, demasiado antipáticos y lejanos como para sentir empatía hacia ellos. Todo en el filme es un quiero y no puedo, una sucesión de conflictos y personajes que prometen algo más interesante en la siguiente escena, pero que nunca terminan de cumplir tales expectativas.

    por José Martín León
    diciembre 15, 2013

    Crítica | Cherchez Hortense

    por José Martín León | diciembre 15, 2013
    All that Remains

    Que el sur cicatrice mi herida

    crítica de All that Remains | de Pierre-Adrian Irle & Valentin Rotelli, 2012

    Dicen que una vez has tocado fondo, lo único que puedes hacer es levantarte, y volver a encontrarte a ti mismo. El viaje físico pero también simbólico es el leitmotiv común de All that remains, un bello filme suizo estrenado el año pasado y presente en las Secciones Oficiales de festivales como Raindance, Munich o Nueva York, que Streams rescata con la premisa de sumergirnos en la pérdida y revolución personal de sus cuatro protagonistas. Ellen, una joven que debe someterse a tratamiento para curar su cáncer sube al coche de Nakata, un hombre japonés que regresa a Tokio, y que inmortaliza momentos a través del objetivo de su Nikon, mientras el autostop que Sara hace para visitar a su marido condenado a una década de cárcel, encuentra auxilio en el automóvil del misterioso y reservado Ben. Todos ellos parecen enseñarnos que no hay nadie que camine sin cargar con su lastre.

    All that remains es una historia hermosa, delicada y bien contada, una fábula sobre el viaje y la superación, la redención que hallamos en los lugares mágicos, y la gestión humana del propio dolor, que nos mete de lleno en un momento clave de estos cuatro personajes asfixiados por el pasado, la infancia o el desamor. Mediante el hilo conductor de la carretera como vía de huida y recuperación, el tratamiento documental que hace que la película asemeje un de diario audiovisual de sus vivencias. Guiados por una exquisita y banda sonora de pop, rock y folk, Ben, Sara, Ellen y Nakata emprenden su odisea personal, no exenta de traumas, furia y tristezas arraigadas en el alma de cada uno. Una canción de la radio, bailes y lugares que resucitan las ganas de vivir o el popular libro de un escritor maldito estadounidense son elementos que nos ayudarán a llegar al fondo de los integrantes y cuestionarnos a nosotros mismos el verdadero valor de las cosas. En definitiva, una obra que personifica la pena, el amor y la catarsis. No dejen de verla. ★★★★

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Santiago de Compostela

    Suiza, 2012, All that Remains. Director: Pierre-Adrian Irle, Valentin Rotelli. Guión: Pierre-Adrian Irle, Valentin Rotelli. Productora: Reparto: Isabelle Caillat, Travis Shakespeare, Toshi Toda, Olga Rosin. Presentación oficial: 2012, Sección oficial Festival de Raindance. Sección oficial Festival de Munich, Sección oficial New York Film Festival

    por Anónimo
    diciembre 14, 2013

    Cine suizo | Críticas: «All that remains» y «Mary & Johnny»

    por Anónimo | diciembre 14, 2013

    Caninos marinos

    crítica de Alí ojos azules | Alì ha gli occhi azzurri, Claudio Giovannesi, 2012

    Este segundo largometraje del realizador italiano Claudio Giovannesi fue presentado con cierto éxito en el festival de Roma del año pasado, alzándose con un premio especial del jurado y el premio principal de su categoría específica de primeras y segundas películas. Y es que tanto su estética como su narrativa se insertan claramente en el tipo de neorrealismo que últimamente suele gustar mucho en casi todos los certámenes cinematográficos. Historias dramáticas con actores semi o no profesionales que transcurren en decorados naturales y sobrios, poblados por personajes trágicamente deprimidos o conflictivos y fotografiados de manera áspera y a menudo desesperanzada, aunque en este caso particular un bonito y esperanzador detalle es el de los ojos azules del protagonista que dan título a la película. En realidad tienen ese color porque lleva lentillas, pues dado su origen árabe no era de esperar que fuesen naturalmente azules, y no está de más entretenerse en esta ocurrencia porque con muy poco dice mucho y deja muy claro el mensaje de la película: la buena voluntad pero a la vez las dificultades de integración con las que se encuentran los inmigrantes en sociedades como la nuestra. En este caso un joven que quiere ser uno más entre sus compañeros, aunque para ello recurra a un engaño innecesario, ya que precisamente entre los latinos tampoco abundan los ojos claros.

    Queda claro: los ojos azules de Nader (pues así se llama el protagonista, no Alì, nombre genérico que pretende generalizar su suerte a casi toda la población inmigrante) dan mucha información, y como Giovannesi es consciente de ello, así titula su película. Pero esto también puede ser fuente de recelo, ya que si este ingenioso punto de caracterización del personaje debe explicitarse para que no se pase por alto, anticipa que el resto del metraje no rebosa de ingenio precisamente. En otras palabras, no hay que rascar mucho por debajo de su oportunamente prestigiosa superficie neorrealista para darse cuenta de que la trama de la cinta es bastante hueca, y que en el fondo la película no resulta especialmente memorable ni por su narrativa ni por su estética, pues tantas otras cintas con similares pretensiones, dirigidas a un público “serio” y la vez “moderno”, ya lo han hecho antes y mejor. La crítica por tanto es la siguiente: que un director con poco bagaje, rodeado de unos actores con aún menos experiencia, decida rodar de la manera más competente posible una historia que sabe que va a tener el beneplácito de su limitado público, y el consecuente elogio por ser capaz de rodar, pese a su falta de madurez, de esta manera tan prestigiosa y tan seria. En realidad, esto supone una falta de riesgo y de inventiva mayor, y por consiguiente menos elogiable, que la de un director joven que intenta hacer algo nuevo y que se estrella en algunas partes pero consigue sacarle jugo a otras: que realiza un producto irregular pero estimulante.

    por Ignacio Navarro
    diciembre 12, 2013

    Crítica | Alí ojos azules

    por Ignacio Navarro | diciembre 12, 2013
    Clip, de Maja Milos

    La adolescencia salvaje

    crítica de Clip | Klip, de Maja Milos, 2012

    En los sórdidos suburbios de Belgrado, Jasna (Isidora Simijonovic) y sus amigos ponen kilómetros de distancia entre los problemas y sus cuerpos a base de litros de alcohol, puñados de drogas y sexo sin tapujos, en fiestas donde la rebeldía le gana a los límites y donde ellos crecen rápido por encima de una sociedad que les aprieta. Jasna vive en la capital de Serbia y Montenegro, antigua Yugoslavia, en el seno de una familia triste, con un padre enfermo y una madre que hace oídos sordos a la realidad cambiante de su hija. Su tío, residente en Qatar, le envía por correo un teléfono móvil, elemento que se convierte en indispensable para su jornada cotidiana, pues comienza a mostrarse a si misma y a su entorno mediante la cámara, dotando por lo tanto al filme de una interesante particularidad de formato, siempre vistosa en una primera toma de contacto con el espectador. De esa forma, con la óptica de una adolescente deseosa de descubrir su identidad, catalizar sus fracturas sociales, su exploración sexual y sus mecanismos de evasión mediante las imágenes de su teléfono móvil comienza Klip, un drama facturado por la joven directora Maja Milos, decidida a dar el salto al mundo de los largometrajes tras la creación anterior de diversos cortos (como Interval (2003), Les Cousins (2006) y Dust (2008), entre otros). Esta ópera prima pretende focalizar en Jasna una doble problemática; por una parte, las obsesiones de siempre inherentes a todo adolescente; la violencia, el amor, la líbido, el placer, el dolor y el autodescubrimiento, y por otra banda, reflejar la inestabilidad social y el desamparo en el que vive una gran parte de jóvenes de Europa del Este, ya que países como Serbia se recuperan, todavía lentamente, de su posguerra y sus consecuencias. Amén de captar un naturalismo más directo, la directora otorgó libertad de improvisación a los actores en la recreación de las secuencias violentas e íntimas. (Obviamente, los menores no participaron en las recreaciones sexuales explícitas, dado que por ejemplo Isidora Simijonovic sólo contaba catorce años durante el rodaje de la obra.)

    por Emilio M. Luna
    diciembre 07, 2013

    Crítica | Clip

    por Emilio M. Luna | diciembre 07, 2013
    Alabama Monroe

    Mostrando jovialidad donde sólo cabe la desolación

    crítica de Alabama Monroe | The Broken Circle Breakdown, Felix Van Groeningen, 2012

    Hace un par de años se estrenaba Declaración de guerra (Valérie Donzelli, 2011), una excelente película heredera de la Nouvelle vague francesa que seguía la mezcla de tormento y esperanza que provocaba en una joven pareja el cáncer de su bebé. La tragedia era pues retratada antes de forma luminosa y excitante que apagada y pesarosa, apoyándose en una cámara dinámica, un montaje alegre, una música heterogénea, unos diálogos chispeantes y unos actores muy expresivos. Una serie de elementos, en definitiva, unidos en una sola dirección, cual es la de contagiar al espectador de la vitalidad que a duras penas pero con plena entrega y franqueza muestran los protagonistas de una historia tan dramática. Pues bien, Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown, 2012), llamativa película belga que ha pasado con éxito por festivales como el de Tribeca, sigue la estela y los mencionados atributos de su vecina francesa, en este caso para narrarnos la lucha de dos padres contra el cáncer de su hija.

    Con todo, en este caso el enfrentamiento contra el arbitrio genético y médico conforma aproximadamente sólo la mitad del metraje, pues una segunda parte del mismo nos muestra las consecuencias que dicho trauma deja en la pareja. La cinta de Van Groeningen es por tanto más decididamente romántica y pasional que la de Donzelli, pero también más oscura y adulta. Si en la película francesa el comportamiento optimista de los padres reflejaba su propia naturaleza juvenil y deshinibida, en la belga lo juvenil y deshinibido (desnudos de ambos actores incluidos) no se deriva de un natural optimismo de sus personajes sino de las exigencias de las circunstancias, o como mucho de su rudeza y rebeldía. Los dos se enfrentan además no sólo con la enfermedad de su hija sino con su contradictoria visión de la vida: entre la atea y pesimista del marido y la devota pero en el fondo también melancólica de su mujer. Las mariposas tatuadas en su cuerpo, la bucólica cabaña en la que vive la familia o sus interacciones tan infantiles como salvajes acaban construyendo por tanto un paisaje más perturbador que idílico.

    por Ignacio Navarro
    noviembre 05, 2013

    Crítica | Alabama Monroe

    por Ignacio Navarro | noviembre 05, 2013
    Atmen (Breathing)

    Memorias de la asfixia

    crítica de Atmen (Breathing) | de Karl Markovics, 2011

    La duplicación de esencias que da orden a la vida de los mortales alcanza su máxima representación con el nacimiento y el deceso, pues ambas constituyen un ciclo vital y se basan en experiencias indescriptibles para la humanidad. Pero, claro está, puede manifestarse en las más pequeñas cosas del mundo, incluso de índole material. Karl Markovics presenta, en su ópera prima Atmen, una paradoja sobre la repetición de estas pequeñas esencias a la luz de la necesidad de cerrar un ciclo e iniciar uno diferente. La existencia es lo bastante complicada como para dejar abiertas esas heridas que azotan y debilitan irreversiblemente el alma. Entonces es necesario cerrarlas cuanto antes, y a Roman Kogler, el antihéroe de esta tragicomedia fúnebre, le ha llegado el momento de poner las cosas en orden. Con dieciocho años de edad, ha hecho de su existencia un viaje atroz, cuyas únicas estaciones han sido un orfanato, un centro de detención juvenil y una funeraria. El abandono y el crimen, el odio y la falta de información, son claves para el desarrollo del filme. En otras palabras, Atmen se erige sobre dos grandes enigmas. El primero, es el tema de la identidad. ¿De dónde proviene este Moisés marcado por las tragedias y adversidades? Y el segundo, aunque se trata de un enigma exclusivamente para el público (los personajes están al tanto de todo), es el tema del crimen. ¿Cuáles han sido los móviles que han conducido a Roman a matar a un joven de su edad?

    Esta producción austriaca obedece a los principios del cine europeo independiente, aunque los estiliza. Markovics, incuestionablemente concesivo, flexibiliza todos los elementos del filme, los eleva a la ruta de la distribución internacional (o al menos, eso intenta). Cualquier otro director habría optado por hacer callar a sus personajes, y dejar que los cadáveres putrefactos y los fantasmagóricos seres humanos que los rodean se expresaran con un simple movimiento o una simple mirada. En Atmen, si bien lo sombrío y lo sereno se complementan en variados episodios, se presta un lugar muy importante al diálogo. Y además, Roman, aun siendo un solitario y problemático joven, es bastante expresivo. No cae en el lugar común de los grandes androides del cine europeo, y su conducta esquiva toda tendencia suicida. Es un sujeto angustiado y confundido, busca ante todo saber de dónde proviene, y si no se esfuerza por alcanzar la libertad condicional, es pura y exclusivamente porque prioriza sus orígenes. ¿Cómo avanzar hacia el futuro si el pasado aún lo asfixia? Siguiendo esa lógica, no puede afirmarse que Roman sea un personaje apático, y esto posibilita un vínculo muy especial entre él y el espectador. Si hubiese sido más turbio, la audiencia difícilmente lo habría aceptado. Tranquilamente puede hacerse un paralelismo con el protagonista de Michael, película austriaca del mismo año estrenada en el Festival de Cannes: ¿alguien siente piedad alguna por ese solitario pedófilo en cuyo sótano mantiene privado de su libertad a un joven?

    por Anónimo
    octubre 27, 2013

    Crítica | Atmen (Breathing)

    por Anónimo | octubre 27, 2013
    Florbela

    Fantasmas y flores marchitas

    crítica de Florbela | de Alvés do Ó, 2012

    El primer largometraje del director luso Vicente Alvés do Ó, Florbela, no constituye estrictamente un biopic (género tan presente hoy en día en las salas de cine) pese a situar su foco en la hipnótica figura de la poetisa Florbela Espanca. ¿Por qué? Porque más que narrarnos los hechos vitales de su vida nos evoca su forma de entender la existencia humana, sus miedos y su mágica aureola capaz de levantar a partes iguales brotes de pasión y de desesperación a quienes la rodean. Y es que Florbela, más que una vida concreta, es un espejismo, un anhelo de cambio: una frágil revolución.

    La película empieza fuerte, con una escena de sexo tan visual que sin duda busca la provocación. La confusión es reinante. Hacer el amor solo puede surgir de un acuerdo tácito, lo que lo convierte en una experiencia lícita y desde luego, placentera. Pero en esta escena el sexo es pelea. Se convierte en un tira y afloja, en un agarrón de cuello, en una posesión inhumana. Como testigos, no estamos seguros del significado de lo que estamos viendo hasta el plano final, donde las dudas se disipan de una forma tan rotunda como el portazo del protagonista. Florbela, encarnada casi a la perfección por la actriz Dalila Carmo, no disfruta de esta relación agresiva (carcelaria) y se divorcia, por segunda vez, en el seno de una sociedad conservadora como es la portuguesa en los años 20. Las paredes hablan. Así, intenta comenzar una vez más junto a su nuevo marido, Mário, lejos de Lisboa, y por tanto, también lejos de su único hermano con el que mantiene una relación muy especial. No obstante, su personalidad disoluta y libertina le impedirá convertirse en la esposa discreta que la época demanda lo que le ocasionará muchos problemas.

    por Unknown
    octubre 27, 2013

    Crítica | Florbela

    por Unknown | octubre 27, 2013
    Come, duerme, muere | Eat, Sleep, Die, de Gabriela Pichler

    EL ESPEJO DE SUECIA

    crítica de Come, duerme, muere | Äta sova dö (Eat Sleep Die), de Gabriela Pichler, 2012

    Suecia es un país del que conocemos poco. Un territorio que no llama la atención en Europa más allá de determinados ámbitos culturales. Abba forma de la historia de la música, Camilla Läckberg es una de las escritoras de novela criminal sueca más vendidas de la actualidad, y Tomas Alfredson es posiblemente uno de los estandartes cinéfilos más “ilustres” del país hoy en día, amén de pasados clásicos siempre presentes como Ingmar Bergman o promesas ya en decadencia como Lukas Moodysson hace unos años. A esta cantera de artistas se acaba de sumar la directora Gabriela Pichler. Una recién llegada con una visión muy clara sobre la realidad de su país. Su opera prima, Come, duerme, muere es toda una declaración de intenciones. Una película que llega avalada por la Academia de Cine Sueco (Guldbagge) con los cuatro premios más importantes (película, actriz, guión y director) y con el Giraldillo de Oro del Festival de Sevilla 2012. A través del enfoque de una joven trabajadora en una fábrica de envasado de lechuga, Pichler dibuja la realidad social de su país con un personaje que se intuye representante de gran parte del mismo. Rasa es impulsiva, deslenguada, directa, con poco tiempo para pensar en si misma. Cuida de un padre en paro, con dolores de espalda y dependencia económica. Se encarga de las facturas y lleva trabajando desde los 16 años en el mismo lugar. La vida no es fácil para ella, pero la película tampoco la trata con paternalismo.

    Hablamos de una realidad social que en los tiempos que corren está en boca de todos. No es algo que nos resulte ajeno. La situación de Rasa no es extraordinaria. Ni aquí ni en Suecia. La directora deja claro que su país no es ni mucho el ejemplo de Europa. Moodysson ya lanzó la piedra con la extraordinaria Fucking Åmål, y Pichler lo subraya en su película: Suecia es un país celoso de sí mismo, poco amigo de los extraños. Pero aunque el filme opte por una imagen descarnada, granulada, de eminentes colores tristes y melancólicos, con parques abandonados y planos medios de su protagonista, lo cierto es que no llega al pesimismo absoluto. La directora se permite numerosas licencias poéticas. Momentos suspendidos en el metraje que reflejan simplemente un instante, una emoción. La idea de que estas personas sienten y a pesar de todo tienen sus momentos de felicidad. Un abrazo, un paseo en bicicleta, jugar a la pelea tirado en el suelo, un cumpleaños, o poner en marcha el vagón oxidado de una atracción vieja. El contraste funciona porque resta tremendismo a la situación. Y eso es importante ya que suele ser un mal común en películas como estas, que buscan concienciar al espectador, aleccionándole o, en ocasiones, incluso juzgando en cierta manera su pasividad ante las situaciones reflejadas. Una cuestión delicada en el cine de temática social.

    por Unknown
    octubre 24, 2013

    Crítica | Come, duerme, muere

    por Unknown | octubre 24, 2013
    Kon-Tiki

    HAZAÑAS DE OTRO TIEMPO

    crítica de Kon-Tiki | Joachim Rønning, Espen Sandberg, 2012

    Hubo un tiempo en el que los locos se jugaban la vida, no por un subidón de adrenalina, sino por algo tan erudito como probar o refutar una tesis, ver lo que nadie había visto, llegar a donde nadie había llegado, comunicarse con quien nadie se había comunicado. La curiosidad, ambición y ganas de aprender del ser humano no tienen límite. Ese era la fuerza. La reformulación del concepto de frontera, el cambio de mentalidad de los hombres en los siglos XV y XVI, así como las características del mercantilismo influyeron de manera determinante en las expediciones ultramarinas y en los descubrimientos que se hicieron durante aquellas centurias. Éstos fueron el germen de los que vendría después, con voluntad más acreditada. La figura del explorador a la antigua usanza, cargado de un aura romántica, ese estereotipo que ha desaparecido. Todavía quedan zoólogos, antropólogos, arqueólogos, fotógrafos y una retahíla de profesiones singulares que aún tienen, en esencia, motivaciones y metas similares. Pero no tienen la magia que otorga la inocencia. En la actualidad la gente está de vuelta y media de todo, es difícil sorprender. Pero hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los testimonios eran confundidos con fantasías. En esa época nacieron exploradores, que movidos por la sed de aventuras y el afán de gloria, se recorrieron lugares ignotos. Fueron héroes de su tiempo. Su legado, más allá del rigor científico, constituye materia prima para los contadores de historias. De hecho, los filmes de aventuras son un género con vida propia en el séptimo arte. Sus años de gloria se sitúan en el ecuador del siglo pasado, pero iconos como Indiana Jones pertenecen a décadas posteriores.

    Después de la II Guerra Mundial, allá por 1947, un noruego de alma aventurera, Thor Heyerdahl, quiso cruzar el Pacífico en una balsa –bautizada como Kon-Tiki–. Desde Perú hasta la Polinesia. Para ello construyó una embarcación con nueve troncos unidos entre sí por un cordaje de cáñamo. El objetivo de Thor era demostrar su tesis: que los primeros pobladores de la Polinesia llegaron por vía marítima, desde Sudamérica, en embarcaciones iguales a la utilizada durante la expedición y cuya fuerza motora eran las corrientes, las mareas y la fuerza del viento. Un suicidio, a ojos de la comunidad científica de aquel tiempo. Una locura de la que nació un documental ganador de un Oscar –Kon-Tiki (1950)– y un libro que vendió más de 40 millones de ejemplares y que fue traducido a más de 60 idiomas –Kon Tiki–. Ambos con la firma de Thor Heyerdahl. Una epopeya que Joachim Rønning y Espen Sandberg –amigos de la infancia y vecinos de la localidad natal del protagonista de la historia– decidieron llevar a la gran pantalla con el previsible título de Kon-Tiki (2012). Ambos tuvieron un debut poco halagüeño, Bandidas (2006). Rodaron en Hollywood y tras el despropósito decidieron volver a su tierra natal, con el rabo entre las piernas. A su vuelta filmaron Max Manus (2008), cuyo éxito les permitió embarcarse, nunca mejor dicho, en la película noruega más cara de la historia –alrededor de 16 millones de dólares–. No les fue mal. Tuvo muy buena acogida entre el público y fue nominada al Oscar como Mejor película de habla no inglesa. Un éxito incontestable.

    por Anónimo
    septiembre 30, 2013

    Crítica | Kon-Tiki

    por Anónimo | septiembre 30, 2013
    El desconocido del lago (L'inconnu du lac)

    ATADURAS Y ESPOSAS INVISIBLES

    crítica de El desconocido del lago | L’inconnu du lac, Alain Guiraudie, 2013

    Muchas veces el cine se crece cuando debe luchar contra determinadas limitaciones o adaptarse a ciertas imposiciones. No es casualidad, por tomar un ejemplo cercano, que las comedias más logradas en su acidez y crítica social se produjeran en nuestro país durante el franquismo, sorteando la censura mediante el subtexto, las elipsis, el simbolismo u otro tipo de habilidades cinematográficas. La censura también existía por aquel entonces en Hollywood, y con ella tuvo que enfrentarse de una forma patente Alfred Hitchcock. Su forma de entender el cine le empujaba a realizar películas caracterizadas por una alta dosis de suspense e intriga pero también una pequeña dosis de erotismo, la cual debía sin embargo ocultarse o plasmarse con cuentagotas. Con la abolición del código Hays tuvo lugar cierta liberación al respecto, aunque naturalmente las constricciones no han desaparecido, ya sean impuestas por productoras o por otros medios, por mucho que ya no se encuentren catalogadas en un listado de reglas. De hecho, a veces son los propios cineastas los que optan por trabajar bajo un contexto estricto de restricciones, precisamente para estimular su creatividad y superar un desafío concreto. Las cosas pues no han cambiado tanto y la sombra de Hitchcock es alargada. Si El desconocido del lago (L’inconnu du lac, 2013) muestra en unos parámetros que no pueden ser más explícitos lo que el maestro del suspense a menudo se veía forzado a dejar turbadoramente implícito, su director Alain Guiraudie se autoimpone por otro lado una serie de condiciones en lo que respecta a sus actores, su historia y la localización en que la misma transcurre.

    En efecto, estamos ante un relato homosexual en el que todos los personajes son masculinos, reunidos todos ellos en un lago por lo demás desierto y en sus boscosos alrededores. En ellos es donde toma cuerpo un drama que nuevamente mezcla el thriller y la sexualidad, con el protagonismo de un joven llamado Franck que se enamora de ese desconocido del título, Michel. Éste último tiene ya un amante, pero una noche en la que cree estar solo con él y ambos están nadando en el lago, Michel lo asesina ahogándolo en el agua. Y la fijación que Franck siente por él le conduce a presenciar el crimen escondido entre los árboles cerca de la playa. El acontecimiento marca pues el gran punto de inflexión de una historia que hasta entonces evocaba cierta capacidad intimidatoria por la presencia de unos hombres anhelantes aunque pasivos, pero que se centraba más bien en el comportamiento despreocupado de Franck y en sus conversaciones amistosas con el menos agraciado Henri, el único hombre de la función que no se desnuda. A partir de entonces, por tanto, se introduce más claramente el género policiaco con algunos de sus elementos típicos, como la llegada de un sereno y encorvado detective y las preguntas que va formulando a Franck y Henri, principales sospechosos del fallecimiento no resuelto. Y con ello la inquietante intensidad de la narrativa va en aumento, aunque la misma es intencionadamente básica, no solo por sus reducidos personajes y su decorado único, sino por las simples motivaciones que empujan a aquellos, los diálogos casuales y tranquilos que intercambian y la progresión dramática que dibuja, hacia un provocador desenlace que mezcla el deseo y la muerte.

    por Ignacio Navarro
    septiembre 18, 2013

    Crítica | El desconocido del lago (L'inconnu du lac)

    por Ignacio Navarro | septiembre 18, 2013
    Solo el viento

    LA CICUTA DEL ODIO

    crítica de Solo el viento | Csak a szél (Just The Wind), Benedek Fliegauf, 2012

    En la Italia de entreguerras, sin tener una censura excesivamente opresiva, y con un carácter no exorbitantemente propagandístico, el cine estuvo empañado por las doctrinas fascistas de Mussolini. Al igual que sucedió en otros países con condiciones similares, los realizadores se vieron en la obligación de buscar nuevos patrones expresivos. Estos cambios provocaron un nuevo lenguaje cinematográfico, que junto con la reacción de los directores tras el desastre provocado por la II Guerra Mundial –que trataron de abrir nuevas vías, salieron a la calle con sus cámaras y filmaron todo aquello que veían sus ojos–, así como la imposición de nuevos modos de producción dieron lugar a un conjunto de películas, comprendidas entre Roma cittá aperta (1945) y Umberto D (1952), que se desentendían de todo lo hecho anteriormente. Eran una respuesta a las constantes de ese momento. Se produjo un cambio entre la relación del artista y la sociedad en la que vivía. Fue una corriente de presupuestos morales y estéticos. Sus dos principales innovaciones fueron tanto una nueva noción del tiempo como del melodrama. En líneas generales era un cine con una mayor conciencia social, empeñado en retratar la vida misma, tal como pasaba. Se consideraba la realidad como una autenticidad con la que debía estar comprometido el cineasta. Se empleaba, más que nunca, la ficción fílmica, para evidenciar la presencia histórica. Un cine que daba prioridad a lo cotidiano, abordado con un talante de crónica social, de documental que demostraba su carácter comprometido. Se le dio el nombre de neorrealismo, y su influencia es significativa en el cine latinoamericano y todavía resuenan sus ecos en el cine europeo actual. Aunque sus logros no resultaron, a ojos de muchos especialistas, esencialmente originales.

    Esa idea de autores comprometidos con los acontecimientos sigue vigente en directores como el húngaro Benedek Fliegauf. Un poco en la línea del Nuevo Cine Rumano. Una economía de medios perceptible y una producción austera escoltan su última película, la ganadora del Oso de Plata del Festival de Berlín de 2012: Solo el viento (2012). En ella se nos cuenta al detalle, cámara en mano y con un abuso intencionado de primeros planos, un día, en un contexto de ataques racistas, en la vida de una familia húngara de etnia gitana. Con trasfondo de documental –con prólogo explicativo mediante, para evitar la confusión, un reconocimiento de sus limitaciones–. No es una cinta social bienintencionada, sin más. El problema gitano –por su representatividad demográfica y por ciertas particularidades de la historia magiar– es de una singularidad paradójica en la sociedad húngara.

    por Anónimo
    septiembre 16, 2013

    Crítica | Solo el viento

    por Anónimo | septiembre 16, 2013

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