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    Cineuropa 2013
    Cineuropa 2013
    Historia de mi muerte, de Albert Serra

    El siglo de las luces, las conquistas y los colmillos

    crítica de Historia de mi muerte | Història de la meva mort, de Albert Serra, 2013

    Complicado es generar filmes que constituyan una evasión absoluta de la realidad, esa clase de obras generadas con el germen auténtico de la fantasía; crisoles ficcionales que nos alejen del entorno y los problemas palpables para sumergirnos en otros mundos, sean mitológicos, mágicos, remotos o paralelos. En nuestras fronteras, uno de los máximos referentes ha sido el cineasta catalán Albert Serra, que con su tercer largometraje titulado Història de la meva mort se ha consagrado en el panorama nacional como uno de los pocos directores que apuestan por un cine de autor de estas características fantásticas. Su singular propuesta no conoce la erosión del tiempo, y en ella hallamos referencias y deconstrucciones del pasado mítico, dosis de espiritualidad y apariciones y aventuras de emblemáticos personajes como, en sus anteriores Honor de Cavallería o Cants dels Ocells unos improvisados Quijote y Sancho o el viaje espiritual de los Reyes Magos de Oriente. El cine de Serra se fundamenta en la imagen, el claroscuro, la elegancia, en una especie de revolución estética que busca extraer de la mitología y de la atmósfera fantástica un cine comprensible para todas las culturas, un arte universal de moralejas, humor y misterio.

    Así pues, Història de la meva mort nos transporta una época determinante entre el siglo XVIII y el XIX, un momento histórico donde el siglo de las luces, de la Ilustración y del racionalismo impactan con el romanticismo y la violencia. Y para trasladarnos a este universo evasivo inventa una particular narración cinematográfica basada en el sorprendente encuentro de dos personajes: El conde Drácula y Casanova, fusionando por lo tanto el plano de la ficción, de la mano de la vampírica creación literaria de Bram Stoker, con el pasado histórico verdadero del mujeriego y cultivado marqués. Empleando a Casanova como eje central que articula la narración, acompañado por su simpático sirviente de las tierras del norte, el film nos transporta al ambiente artístico, bohemio y sensual de la antigua Francia, a un pueblo agrícola pequeño y tranquilo. Allí, el marqués Casanova aumenta la cota de sus frecuentes conquistas sexuales, estudia con ahínco a filósofos y pensadores humanistas, desarrolla su firme crítica al cristianismo y disfruta de los placeres mundanos. Pero la llegada del Conde Drácula perturba la tranquilidad de las muchachas del pueblo, y el oscurantismo, la depravación y los peligros comienzan a ocultarse tras la aparente cotidianidad.

    por Anónimo
    diciembre 08, 2013

    Crítica | Historia de mi muerte

    por Anónimo | diciembre 08, 2013
    Halley

    Llagas y moscas

    crítica de Halley | de Sebastián Hofmann, 2012

    Alberto, apodado Beto, es un hombre de mediana edad que trabaja en un gimnasio como vigilante nocturno con aparente normalidad. Sin embargo, comienza a ser consciente de que se haya en un insólito estado de putrefacción progresiva, muerto en vida y con el cuerpo plagado de heridas, llagas y desperfectos propios de un cadáver y no de un varón normal. Así pues, decide ocultar a duras penas estos abandonar su puesto laboral en una semana, fracción de tiempo de la que se ocupa este filme mexicano denominado Halley, estrenado en su territorio nacional el pasado año y presentado en el actual 2013 en las filas de largometrajes del Festival de Rotterdam.

    Halley da comienzo de una manera pausada, con pretensión de encomendarse a una estética claustrofóbica y agobiante, (dado que meterla de lleno en el saco del género de terror es quizás, exagerar su atmósfera y presuponer que habrá sustos, cosa que no acontece durante la hora y media de metraje), de trasfondo supuestamente existencialista, y tensión más centrada en el silencio que en diálogo, pues la conversación abunda menos que la ausencia de ella. La temática un tanto pesada, basada fundamentalmente en la descomposición del cuerpo, la mortalidad humana o la trascendencia del alma es un reflejo de las obsesiones que asolan a su director, Sebastian Hofmann, que con voluntad de facturar una obra de cine de autor original entre el drama, el terror psicológico y la angustia existencialista, erra en la trama, el diálogo y la duración. Nos hallamos ante un filme del que poco o nada podemos extraer de positivo o novedoso, cuya extensión es excesiva si tenemos en cuenta su escaso ritmo y su falta de nudos de acción, por no mentar la nula evolución de sus dos personajes. Beto entabla amistad con Luly, la gerente de su gimnasio antes de abandonar su trabajo, y ella, aunque sospecha que tiene alguna clase de enfermedad atípica, desconoce su verdadera situación e intenta mejorar su ánimo y entablar diálogo con él. Ambos resultan personajes completamente planos cuya personalidad no llegamos a ser capaces de conocer por la ausencia de datos: él permanece impasible desde el comienzo al final de la película, con una actitud pasiva, mecánica e indolente que colma la paciencia, y la mojigatería y sobreactuación de ella acaban por resultar exasperantes.

    A lo largo del largometraje abundan escenas cuyo fin es mostrar la paulatina descomposición corporal de Beto, con planos cercanos e inquietantes que pegan al objetivo de la cámara pústulas, costras, llagas, y demás secuelas de la muerte en vida del protagonista: las labores de maquillaje si merecen ovación puesto que, aunque no se trate de una película gore, llega a resultar realmente asqueroso (a mi parecer, excesivamente) presenciar una galería de detalles tan escatológicos. El día a día de Beto, que se maquilla, perfuma e higieniza para esconder su estado de putrefacción, es aburrido por extensión al no incluir novedades interesantes, y al margen de la atmósfera opresiva no existen elementos de sorpresa o de clímax que enganchen al espectador al eje de la trama. A mi juicio, la idea inicial de Sebastian Hofmann hubiese sido mejor plasmada en un formato más breve y menos agotador para el espectador, y tanto un corto como un mediometraje hubiesen representado mejores moldes para transmitir los presuntos terrores y angustias de su director sin bostezos ni pausas. La interpretación de Alberto Trujillo y Lourdes Trueba no tiene un amplio espectro de matices, y las conversaciones carecen de subtexto, trasfondo, pecando de lineales e insustanciales. En definitiva, lo más enigmático de Halley termina por ser su título, que si obtiene explicación, y las promesas o esperanzas de hallar en ella intriga, pánico, existencialismo o repulsión se quedan en humo, dando como resultado una cinta aséptica, intrascendente y completamente prescindible. ★★★★★

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Galicia | enviada especial al Festival Cineuropa de Santiago de Compostela.

    Mexico, 2012, Halley. Director: Sebastian Hofmann. Guión. Sebastian Hofmann, Julio Chavezmontes. Productora: Mantarraya ProduccionesMúsica: Akira Rabelais. Fotografía: Matias Penachino. Reparto: Alberto Trujillo, Lourdes Trueba, Hugo Albores. Presentación oficial: 2013: Festival de Rotterdam: Sección oficial largometrajes a concurso. 

    por Emilio M. Luna
    diciembre 08, 2013

    Crítica | Halley

    por Emilio M. Luna | diciembre 08, 2013
    Night Moves

    ¿El fin justifica los medios?

    crítica de Night Moves | de Kelly Reichardt, 2013

    A las pantallas de Cineuropa llegaba esta semana Night moves, categorizada por el director del evento como “posiblemente, la mejor del festival”, y que llenó la sala en diferentes sesiones. Su sinopsis parte de la historia de tres ecologistas estadounidenses cuyo objetivo reivindicativo y transgresor es volar una presa hidroeléctrica. Antes de que este filme diese comienzo, su temática a caballo entre el drama y el thriller me pareció interesante y convincente, anticipando que en ella podríamos hallar acción trepidante y tensiones emocionales, replanteamientos de ideales y dilemas éticos entre el triángulo de protagonistas. Siempre es gratificante dejarse llevar títulos cuyo trasfondo promueve la reflexión y ahonda en los valores y vacilaciones del espectador, que en este caso dudará entre la ambivalencia del activismo, la concienciación, el criminalismo y la rebeldía. Sin embargo, el deslucido resultado final, por desgracia lejos de constituir una película redonda, brillante y con ritmo, me acabo pareciendo previsible, farragoso y aburrido.

    La primera mitad de Night moves es, sin lugar a dudas, la parte más interesante de su narración. Este dificultoso plan en el que los tres personajes principales se embarcan presenta imprevistos y complicaciones, ya que deben conseguir una barca, ciertos fertilizantes y una buena ubicación para poder realizar su acción de terrorismo ecologista, a modo de inmenso reclamo social. Ya desde los preparativos la trama aboca una cuestión importante: ¿Hasta dónde puede llegar el fanatismo por un ideal, o hasta qué punto este ideal se corrompe si la metodología empleada para llevarlo a cabo transgrede la ética individual o el derecho de otros? Por otra parte, las personalidades y ambiciones de cada uno de los integrantes del proyecto tienen colores totalmente diferentes a pesar de compartir el mismo objetivo: poco o nada tienen que ver a priori, un ex militar solitario y cabal, un joven meditabundo pero impulsivo que vive en una granja de alimentos ecológicos, o una chica rodeada de lujos que disponen totalmente del dinero de sus padres. Por tanto, la interrelación entre ellos se antoja en un comienzo, un cúmulo de contrastes, de motivaciones y desconfianzas, entusiasmos y tiranteces, y la recreación su plan en la presa hidroeléctrica cuenta con un tratamiento fotográfico impecable y unos escenarios escogidos con acierto. Además, no abundan en los últimos años los filmes que aborden conflictos ligados al deterioro medioambiental o a la necesidad o debate de emprender acciones más activas o incluso radicales para concienciar a la sociedad de los daños y mutilaciones que el paisaje sufre para alimentar el sistema capitalista.

    por Anónimo
    diciembre 08, 2013

    Crítica | Night Moves

    por Anónimo | diciembre 08, 2013
    Clip, de Maja Milos

    La adolescencia salvaje

    crítica de Clip | Klip, de Maja Milos, 2012

    En los sórdidos suburbios de Belgrado, Jasna (Isidora Simijonovic) y sus amigos ponen kilómetros de distancia entre los problemas y sus cuerpos a base de litros de alcohol, puñados de drogas y sexo sin tapujos, en fiestas donde la rebeldía le gana a los límites y donde ellos crecen rápido por encima de una sociedad que les aprieta. Jasna vive en la capital de Serbia y Montenegro, antigua Yugoslavia, en el seno de una familia triste, con un padre enfermo y una madre que hace oídos sordos a la realidad cambiante de su hija. Su tío, residente en Qatar, le envía por correo un teléfono móvil, elemento que se convierte en indispensable para su jornada cotidiana, pues comienza a mostrarse a si misma y a su entorno mediante la cámara, dotando por lo tanto al filme de una interesante particularidad de formato, siempre vistosa en una primera toma de contacto con el espectador. De esa forma, con la óptica de una adolescente deseosa de descubrir su identidad, catalizar sus fracturas sociales, su exploración sexual y sus mecanismos de evasión mediante las imágenes de su teléfono móvil comienza Klip, un drama facturado por la joven directora Maja Milos, decidida a dar el salto al mundo de los largometrajes tras la creación anterior de diversos cortos (como Interval (2003), Les Cousins (2006) y Dust (2008), entre otros). Esta ópera prima pretende focalizar en Jasna una doble problemática; por una parte, las obsesiones de siempre inherentes a todo adolescente; la violencia, el amor, la líbido, el placer, el dolor y el autodescubrimiento, y por otra banda, reflejar la inestabilidad social y el desamparo en el que vive una gran parte de jóvenes de Europa del Este, ya que países como Serbia se recuperan, todavía lentamente, de su posguerra y sus consecuencias. Amén de captar un naturalismo más directo, la directora otorgó libertad de improvisación a los actores en la recreación de las secuencias violentas e íntimas. (Obviamente, los menores no participaron en las recreaciones sexuales explícitas, dado que por ejemplo Isidora Simijonovic sólo contaba catorce años durante el rodaje de la obra.)

    por Emilio M. Luna
    diciembre 07, 2013

    Crítica | Clip

    por Emilio M. Luna | diciembre 07, 2013
    My Dog Killer (Môj pes killer)

    Mordiscos de odio a la raza

    crítica de My Dog Killer | Môj pes killer, de Mira Fornay, 2013

    En estos años de crisis económica, anomia generalizada y fuertes inseguridades sociales, muchos países europeos viven sumidos en una epidemia xenófoba, traducida en el alza del denominado neofascismo y la proliferación de formaciones ultraderechistas, de las que en el mosaico global ya se computan más de 1.500 diferentes. La corriente neofascista explota la idea de rechazo al extranjero a través de una falsa ecuación, conocida como la tetralogía de la xenofobia, que establece la identidad "inmigración=desempleo=delincuencia=inseguridad ciudadana". Y es en países balcánicos como Eslovaquia, lugar que sirve de escenario a esta humilde propuesta cinematográfica titulada Môj pes killer, donde hallamos mayor crecimiento en los índices de racismo y grupúsculos neonazis existentes, en el seno de una zona del Viejo Continente que no ha cicatrizado sus heridas tras la caída del Telón de Acero, convertida así en cuna idónea para nacionalismos excluyentes y agresivos. Algunos jóvenes, como Marek, el adolescente que protagoniza este filme, buscan colectivos a los que expulsar, agredir, despreciar o culpabilizar, dinamizando así la fobia y el odio que sienten hacia dicha minoría. Tanto en Eslovaquia como en la República Checa, el esfuerzo neofascista centra su penoso esfuerzo en la persecución de la comunidad gitana.

    por Anónimo
    diciembre 07, 2013

    Crítica | My Dog Killer (Môj pes killer)

    por Anónimo | diciembre 07, 2013
    The Unspeakable Act, de Dan Sallitt

    El último tabú

    crítica de The Unspeakable Act | de Dan Sallitt, 2012

    La sexualidad humana constituye un aspecto central de la vida y un complejo fenómeno que trasciende con creces la mera función orgánica animal. Enraizada en componentes culturale,s abarca el sexo, las identidades y papeles de género, el erotismo y el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual; y en cada sociedad cuenta con sus propios cánones y convenciones cambiantes. En la sexualidad confluyen muchos factores relativos a la biología, la psicología, la economía, la ética, la historia, la espiritualidad y la religión. Pese a ello, en todas las etnias y culturas la prohibición y la condena del incesto han sido una de las pocas constantes que perduran inamovibles hasta nuestros días; penada legalmente, estigmatizada socialmente y considerada una tipología de parafilia. La atracción, práctica o relación incestuosa de carácter consentido, es decir, el amor carnal entre miembros de una misma sangre (sin incluir por tanto, abusos o violaciones) encuentra así escasa proyección en la ficción actual, sea literatura, cine o productos teatrales o televisivos, tal vez por lo peliagudo o moralmente irritante de su temática, por la carencia de ejemplos mundanos a los que aferrarse como referente, o bien por el tabú y la censura que existen a la hora de narrar una historia de trasfondo incestuoso.

    Al festival de Cineuropa de Santiago de Compostela ha llegado The unspeakable act, un filme estadounidense independiente del pasado 2012, que desde el género dramático y con pinceladas de sarcástico humor negro y un formato estético realista, aborda el tema del incesto, esa palabra que resulta un tabú común para todos, hasta para titular una película. La premisa básica que sustenta el largometraje es sencilla: Jackie Kimball es una adolescente común, de unos 16 años, introvertida, aguda y mordaz, de hobbies normales, que lleva toda la vida enamorada de su hermano mayor Matthew, tan solo un año mayor que ella. Jackie y Matthew tienen una relación estrecha y absolutamente dependiente desde niños, plasmada en la convulsión emocional y las dificultades sociales que acarrea la llegada de la adolescencia, sobre todo para Jackie, que idolatra y adora su figura. Ambos viven en el seno de una familia americana corriente; su madre pasa el día leyendo y escribiendo, viven del subsidio gubernamental a raíz de la muerte del padre hace muchos años, Will, el mayor de los hermanos, ultima sus estudios europeos en París, y Jessie, la restante, pasa el día entretenida en su cuarto. La cinta da comienzo con una escena corriente, cuando Matthew lleva a cenar a su casa a su nueva novia, una joven dulce, alegre y charlatana que agrada a todos los miembros de la familia. A excepción de Jackie, por supuesto, la cual se encuentra absolutamente desolada ante la idea de que su hermano tenga pareja, a causa del vínculo “indestructible”, de esos cimientos secretos de “lo que no debe ser nombrado” que la atan a él de manera irremediable y enfermiza.

    por Anónimo
    noviembre 27, 2013

    Crítica | The Unspeakable Act

    por Anónimo | noviembre 27, 2013
    El Rey de Canfranc

    El desconocido Schindler pirenaico

    crítica de El Rey de Canfranc | de José Antonio Blanco, 2013

    El valor en los tiempos negros de aduana, hambre y muerte es un bien escaso, y en todas las guerras o contextos post y prebélicos hallamos a personajes singulares que pusieron en peligro sus vidas sin esperar nada a cambio para salvar a otros. Declinando medallas, rehusando ostentaciones, muriendo de viejos o de jóvenes queriendo ser anodinos y no héroes. Albert Le Lay, espía al servicio de la resistencia francesa en los años de la Segunda Guerra Mundial y jefe de la Estación Internacional de Canfranc, fue una de esas personas por las que, tras visionar esta obra, merece la pena seguir creyendo en la integridad de la raza humana. A la hora de ver El Rey de Canfranc, documental proyectado en Cineuropa, tuvimos la suerte de contar con la presencia de su director, y escuchar una charla previa y un debate a posteriori acerca de este singular personaje, que salvo a miles de judíos en las fronteras pirenaicas y pasó miles de documentos que llegaron a Londres a través de Madrid y fueron claves para derrotar a la Alemania nazi.

    El Rey de Canfranc es un documental completo y muy bien elaborado, de ritmo vigoroso y manufactura colorista, que hace una selección impecable de los múltiples materiales empleados para su consecución, en lugar de agobiar con datos excesivos que conducen al espectador al tedio. Empleando un formato híbrido bastante efectivo que escapa de la monotonía y se aproxima al docudrama, una voz en off correspondiente al personaje de Albert Le Lay nos cuenta, en orden cronológico regresivo, su historia, mostrando los paisajes bellos y agrestes de Canfranc, pueblo del pirineo aragonés, con hermosos filtros fotográficos, mediante planos panorámicos espectaculares desde las alturas. Amén de conseguir una visión multi-panorámica, el montaje alterna recreaciones de personajes, secuencias en blanco y negro, fotografías estáticas reales y, por supuesto, las entrevistas que fueron realizadas a testigos vivos a lo largo del documental; su nieto, sus hijas Pilar y Lola, un experto ferroviario o antiguos habitantes de Canfranc, dando como resultado un mosaico polifónico muy interesante para que entendamos la importancia y la valentía de Le Lay. Algunos de los entrevistados, nonagenarios, como una de sus hijas, fallecieron a lo largo de la creación de la obra, de intenso potencial emocional y que logra crear a partir de estos hechos reales, una ficción sólida.

    por Anónimo
    noviembre 25, 2013

    Crítica | El Rey de Canfranc

    por Anónimo | noviembre 25, 2013

    Eternas secuencias de una triste Taipei

    crítica de Stray Dogs | Jiaoyou, de Tsai Ming-liang, 2013

    ¿Qué se nos prometía, o anticipaba al menos, a los espectadores en torno al estreno en Compostela de Stray Dogs, en este noviembre cinéfilo de Cineuropa? Siendo uno de los filmes estrella del festival y con una elevada cantidad de proyecciones programadas, la nueva –y, según él, última en su carrera— creación del taiwanés de origen malayo Tsai Ming-liang era descrita en las sinopsis oficiales como "un Taipei apocalíptico de incierto y apasionante destino", una epopeya postmoderna sobre la soledad, el consumismo y la alienación humanas: en definitiva, un filme hermoso lleno de simbolismo y merecedor del Gran Premio del Jurado en la Mostra de Venecia de este año, o sin ir más lejos, el de mejor director en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Bien, lejos de percibir la belleza, el interés temático y la crítica social subyacente en sus personajes o saborear la estética que supuestamente brindan esos planos que duran más que un día sin pan, sólo puedo categorizar este largometraje de soporífero, innecesario, y, en algunas secuencias, completamente irritante para la inmensa mayoría de espectadores, que sólo pueden cruzar los dedos estoicamente desde sus butacas ansiando el paso del minutero. Una lástima, puesto que las ideas que esta cinta aborda tienen una perspectiva interesante.

    La trama es sencilla y se fundamenta más en la ausencia que en la presencia, más en el vacío y desolación de los paisajes urbanos y los subterfugios oscuros que en la acción activa, más en la contemplación y el silencio que en el diálogo (puesto que apenas se oyen 20 o 30 frases breves). Supuestamente situada en el presente, aunque con tintes de un cierto y deprimente furismo, los espacios que hallamos en Stray Dogs son inhóspitos y sórdidos: exteriores ruinosos que causan agorafobia, apartamentos en estado de putrefacción, vastos bosques llenos de maleza y grandes avenidas llenas de tráfico; todos ellos parecen hacer hincapié en el automatismo al que se ha visto sometido el ser humano, en su pequeñez frente a la inmensidad, y en el declive al que han arrastrado a Taipei un estilo de vida sobreexigente y explotador. En definitiva, la ambientación deshumanizada aquí es el pilar en el que sustenta y excusa el filme para erigir una paradoja del progreso, una parábola sobre el caos de la civilización moderna, protagonizada por una familia con problemas que intenta sobrevivir en la ciudad. Su padre, Lee Kang-sheng, es un poste humano que sostiene un cartel publicitario en medio de la calle durante muchas horas, encarnando así el comienzo de la crítica a la cosificación de las personas y la falta de humanidad de un sistema cruel que no para de crecer. El padre intenta ahorrar dinero y mantenerse a flote durmiendo penosamente en lugares abandonados, bebiendo y cuidando de sus hijos pequeños, que prueban muestras de comida en un gran hipermercado a diario.

    Stray Dogs (Jiaoyou)

    Filmada por entero con planos estáticos y largos, en secuencias cuyo significado de fondo es imposible de atisbar, o si lo es, no hay justificación en aguantar durante cinco minutos a un hombre comiendo un zanco de pollo o mordiendo una col cruda mientras llora durante un largo intervalo que se antoja eterno. Si la imagen tiene valor por sí misma, con sus connotaciones y simbolismos, ningún espectador precisa de un margen tan largo para desentrañarla, menos aún cuando ésta no refleja ningún conflicto nuevo, ni existe ningún tipo de interacción entre sus personajes. Aunque es innegable la calidad sobresaliente de la fotografía y de la imagen, el montaje se gana con creces el status de exasperante, ni colirios ni parpadeos, ni redbulls ni un embalse de café salvan a una ya no del bostezo, sino de las ganas de echarse una cabezadita. A lo largo de esta sesión, de aforo prácticamente completo en el teatro, hasta cuarenta personas aproximadamente desfilaron, en diferentes momentos de la película hacia la puerta, y cuando se encendieron las luces, la expresión de alivio genérico fue perceptible en la gran mayoría de los rostros. Stray dogs, como su propio nombre indica, pudo ser el vehículo de un para contar la historia de unos, metafóricamente hablando, perros abandonados, personas sin hogar ni rumbo que viven en crueles metrópolis como Taipei. Víctimas de la crudeza insostenible de un sistema que se retroalimenta a si mismo y que suprime las emociones a golpe de máquina y tecnología, una historia de pena y deshumanización, de una familia que sobrevive al límite, pero no hacía falta que tal ejercicio crítico se convirtiese en una tortura. Demasiada paciencia gastada para un mensaje tan poco profundo. ★★★★★

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Galicia | enviada especial al Festival Cineuropa de Santiago de Compostela

    Taiwan, Francia, 2013, Jiaoyou (Stray Dogs). Director: Tsai Ming-liang. Guión: Tsai Ming-liang. Productora: Homegreen Films, JBA Productions. Reparto; Lee Kang-sheng, Lu Yi-ching, Lee Yi-cheng, Lee Yi-chieh, Chen Shiang-chyi. Presentación oficial: Festival de Venecia, 2013, Gran Premio del Jurado.

    Stray Dogs (Jiaoyou)
    por Anónimo
    noviembre 25, 2013

    Crítica | Stray Dogs (Jiaoyou)

    por Anónimo | noviembre 25, 2013
    Schlafkrankheit

    Epidemias invisibles

    crítica de La enfermedad del sueño | Schlafkrankheit, de Ulrich Köhler, 2011

    Una se pregunta cuál fue el propósito que impulsó a Ulrich Köhler a crear y dirigir esta impronunciable Schlafkrankheit, presentada hace un par de años en la Sección oficial de largometrajes del popular Festival de Berlín. ¿El interés por mostrarle al mundo las condiciones sanitarias, precarias en la mayoría de ocasiones, de Yaondé, una comunidad de expatriados, situada en el continente africano asolada por enfermedades, a través de un prisma cercano al docudrama? ¿Una crítica encubierta a la gestión de recursos económicos para este tipo de proyectos de ayuda por parte de Europa? ¿Las trabas y ángulos muertos de un sistema burocrático proclive al fraude y que desaprovecha las posibilidades de desarrollo? O tal vez, ¿la paradójica historia de un hombre que decide separarse de su familia para “salvar vidas” y se encuentra con una serie de dilemas éticos que resolver? Sea cual fuere el enfoque que justifique la razón del filme, o el fin último que Köhler se propuso para rellenar las páginas de su guión, se quedó a medio camino, obteniendo como resultado esta desangelada historia, que trastabilla entre un drama sin profundidad psicológica y un documental que no acierta a ahondar en sus principales diatribas.

    La enfermedad del sueño, título que a mi parecer anticipa quizás otra clase de película o está dotado de un cierto magnetismo para ocupar butaca y llenar un plato de palomitas, comienza con una cuestión de índole familiar. El matrimonio formado por Ebbo y Vera lleva viviendo en diversos países africanos durante las últimas dos décadas, puesto que el dirige un programa sanitario dedicado a la erradicación de la enfermedad del sueño, considerada una importante y peligrosa epidemia desde los organismos del Viejo Continente. Mientras tanto, Helen, su hija adolescente, está como interna e un colegio alemán, y Vera se siente oprimida e incómoda en una comunidad que no es la suya y pretende regresar a Alemania, sumiendo a Ebbo en un dilema. Tres años más tarde, desde los organismos de los que emergen las partidas presupuestarias para los proyectos destinados a acabar con las malarias, envían a un supervisor para que realice una evaluación del proyecto comenzado por Ebbo y emita así un informe.

    por Anónimo
    noviembre 20, 2013

    Crítica | La enfermedad del sueño

    por Anónimo | noviembre 20, 2013
    Joven y alocada

    El yo y los tús

    crítica de Joven & alocada | de Marialy Rivas, 2012

    En todo adolescente lidia una ambivalencia entre los deseos más instintivos y el autocontrol que sugieren las convenciones sociales; entre su exploración personal y la vigilancia inquisitiva de los otros, entre la búsqueda sin fin de placeres nuevos y excitantes y la represión de los mismos, entre el puñado de dictados morales impresos en su conciencia desde niño y el modelado de una identidad propia frágil todavía. Esta dualidad, más libre en unas sociedades y totalmente ahogada en otras, es el contorno que define los cimientos de Joven & alocada, una propuesta desinhibida y valiente del cine chileno que se hizo el pasado 2012 con el Premio al Mejor Guion Internacional en el Festival de Sundance. Daniela (Alicia Rodríguez) busca liberarse del encorsetamiento que le impone su familia evangélica, de la vida acomodada y burguesa y la educación estricta que repudia; una familia que, a excepción de su adorada tía, divertida y menos convencional, equipara cualquier indicio de práctica sexual con un designio satánico, y que castiga y censura todo intento por ser auténtica en una sociedad caracterizada por la opresión y el conflicto con la sexualidad de los jóvenes. Su madre, recia y amargada, espía sus cartas y diarios, y hasta las Rolling Stone acaban en el cubo de la basura, mientras en la escuela pretenden que los alumnos sean clónicos vírgenes al servicio del Señor. Así, con poco aire a su alrededor para ser ella misma, el instrumento de evasión del que Daniela se sirve para dar rienda suelta a su curiosidad e interactuar con otros chicos y chicas sobre sus propias experiencias es un blog, llamado igual que el título del filme y que es también, el motor temático que canaliza las contradicciones y vivencias de su protagonista. De ese modo, el largometraje tiene una estética renovada, un punto de vista que evidencia las nuevas formas de comunicación juveniles, y una realización que a pesar de sus fallos técnicos o que no posee una manufactura perfecta, parece producto en si misma de esa visión desenfadada y adolescente a la que se subordina, enseñándonos también el poder democratizador de Internet y sus múltiples usos de evasión y diversión.

    La película, cuyo fin es mucho más didáctico-crítico que puramente provocador, muestra mucho más que sugiere y, sin pudor, las fantasías, recuerdos y andanzas sexuales de Daniela, que sueña en todos los colores y sin tapujos a pesar de con pasajes explícitos pero no gratuitos como una masturbación en un sofá finalizada una fiesta, encuentros con pinceladas de temor a lo desconocido y dosis de endorfinas, además de las charlas cibernéticas con los adolescentes asiduos de su blog, que como ella, están llenos de inquietudes y curiosidades corporales y de espíritu. Daniela constituye un personaje muy completo, enriquecedor conforme vamos conociendo sus aristas y sus perlas de humor negro y arisco, agravado por una voz monótona que complementa la frescura pseudo documental del filme, su agilidad narrativa y fiel al punto de vista subjetivo de su protagonista. En cuanto a la comicidad, esta se manifiesta especialmente en los vocablos inventados y en ocasiones sacrílegos que Daniela emplea, a lo largo de su “madurasound” personal. También es una reflexión adecuada y desenfadada, exenta de pedantería, acerca de las instancias de socialización que, poco a poco, van modelando el carácter de todo joven en su tránsito hacia la edad adulta, casi siempre borrascoso y lleno de obstáculos que sortear.

    por Anónimo
    noviembre 19, 2013

    Crítica | Joven & alocada

    por Anónimo | noviembre 19, 2013
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