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    Crítica | My Dog Killer (Môj pes killer)

    My Dog Killer (Môj pes killer)

    Mordiscos de odio a la raza

    crítica de My Dog Killer | Môj pes killer, de Mira Fornay, 2013

    En estos años de crisis económica, anomia generalizada y fuertes inseguridades sociales, muchos países europeos viven sumidos en una epidemia xenófoba, traducida en el alza del denominado neofascismo y la proliferación de formaciones ultraderechistas, de las que en el mosaico global ya se computan más de 1.500 diferentes. La corriente neofascista explota la idea de rechazo al extranjero a través de una falsa ecuación, conocida como la tetralogía de la xenofobia, que establece la identidad "inmigración=desempleo=delincuencia=inseguridad ciudadana". Y es en países balcánicos como Eslovaquia, lugar que sirve de escenario a esta humilde propuesta cinematográfica titulada Môj pes killer, donde hallamos mayor crecimiento en los índices de racismo y grupúsculos neonazis existentes, en el seno de una zona del Viejo Continente que no ha cicatrizado sus heridas tras la caída del Telón de Acero, convertida así en cuna idónea para nacionalismos excluyentes y agresivos. Algunos jóvenes, como Marek, el adolescente que protagoniza este filme, buscan colectivos a los que expulsar, agredir, despreciar o culpabilizar, dinamizando así la fobia y el odio que sienten hacia dicha minoría. Tanto en Eslovaquia como en la República Checa, el esfuerzo neofascista centra su penoso esfuerzo en la persecución de la comunidad gitana.

    My Dog Killer (Môj pes killer)

    Môj pes killer aborda la cruda realidad social eslovaca: la integración intercultural nula y las bajezas que provoca la crisis económica, en un país donde los gitanos tienen prohibido el acceso a lugares de ocio como cafeterías y discotecas, donde son repudiados, asqueados e incluso se ven relegado a ciertos guetos o zonas urbanas excluyentes para no ser atacado por los grupos neonazis. Marek (Adam Mihál) es un chico de 18 años que vive con su padre, alcohólico y enfermo, un hombre gris y abúlico que intenta salvar su viñedo. Este chico pertenece a un grupo hooligan de skins, rasgo visible en su indumentaria de cabeza rapada y abundantes tatuajes, y su mejor amigo es su musculoso perro Killer, al que entrena para obedecer sus mandatos violentos en un terreno próximo a su casa. Todo transcurre en su vida con un cierto aburrimiento, hasta que entra en juego el papel de su madre ausente. Por casualidad, a causa de la firma de unos papeles, Marek se entera de que tiene un hermanastro gitano, de escasos años de edad, y esto, desata el engranaje de su ira irracional. Marika, su madre ausente, había intentado ocultar el secreto al conocer las ideas xenófobas de su hijo. La película transcurre de manera irregular, resultando excesivamente lenta alargando escenas sin importancia argumental, como los eternos paseos en moto de Marek, o las caminatas campo a través para el entrenamiento del perro, que son catálisis completamente pasivas y vacuas en la busca de los núcleos de acción de la película. La cámara persigue y se centra en Marek y en sus perturbadas reacciones acerca de su realidad familiar recién descubierta, pero no rebusca en su profundidad psicológica ni aporta ninguna pista sobre las razones estructurales de este problema, que podían haber recaído en otros secundarios que apenas aparecen como arquetipos pasajeros, sin que tengamos tiempo para pararnos a pensar.

    A mi parecer, el filme es, en definitiva, flojo e insuficiente, y a pesar de que su trasfondo crítico y documental tenga una base claramente interesante, los cimientos son débiles para construir una trama con peso y dibujar unos personajes capaces de reflejar ese odio visceral hacia otra raza. La escasa calidad técnica de la imagen recae sobre unos planos tediosos por su injustificada duración, razón por la cual, un mediometraje o corto hubiesen sido formatos más adecuados para expresar la idea de su directora. Falta acción en los nudos, concreción en las secuencias, vivacidad en los actores e intensidad en los diálogos, una lástima dado que Môj pes killer podía haber sido un fantástico vehículo para reflejar la triste realidad de las tendencias racistas en alza que constituyen, en la actualidad, una espantosa fiebre que carcome a los países de la vieja dama. ★★★★★

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Galicia | enviada especial al Festival Cineuropa de Santiago de Compostela.

    Eslovaquia, 2013, Môj pes killer (My Dog Killer). Director: Mira Fornay. Guión: Mira Fornay. Productora: Mirafox. Fotografía: Tomás Sysel. Reparto: Adam Mihál, Marián Kuruc, Irena Bendová, Libor Filo. Presentación oficial: 2013: Festival de Rotterdam: Tiger Award.

    My Dog Killer (Môj pes killer) póster
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