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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Ulrich Köhler
    Ulrich Köhler

    La huida y la resaca

    A Voluntary Year (Das freiwillige Jahr, Henner Winckler y Ulrich Köhler, 2019)


    Especial | Cine alemán Siglo XXI*

    Arranca A Voluntary Year a la manera típica de Ulrich Köhler. La cámara se sitúa entre los dos asientos delanteros de un coche, y presenta la conversación entre Urs (padre) y Jette (hija) cortando entre planos cercanos a sus espaldas: sendas vistas oblicuas que van variando noventa grados sobre el eje de la imagen. Visualmente, el conflicto queda expuesto. ¿Por qué el corte en lugar de la vista trasera conjunta? Porque los dos se conducen hacia un destino que asoma por el parabrisas —el año de voluntariado de Jette que anuncia el título—, pero cada uno de ellos lo contempla desde una perspectiva muy diferente. Una serie de pequeños gestos del padre realzados por el seguimiento de la cámara sugieren su carácter controlador. Las cartas quedan a la vista: el año de voluntariado tiene poco de voluntario para la muchacha.Como en Bungalow (2002) de Köhler, la tensión por la situación impuesta estalla en un arrebato de huida de la protagonista adolescente. En el instante decisivo de bajar del coche para entrar al aeropuerto, Jette vuelve a subir e improvisa con su novio una huida a ninguna parte. Entonces, el coche como motor del relato se reconfigura. Frente a la rigidez de los planos iniciales, los directores ensayan perspectivas y desplazamientos de cámara que lo redescubren como el espacio donde se desarrolla la pequeña revolución de los amantes. Emerge así el estado de excepción de las responsabilidades vitales y su subsiguiente euforia que el cine de Köhler suele explorar.

    Ahora bien, estamos ante una película codirigida que introduce variaciones sobre este universo autoral. En especial, Köhler y Winckler se interesan por la resaca tras la espantada. Deshaciendo el carácter anti-psicologista de la primera mitad, el relato vuelve sobre las bases del desequilibrio entre padre e hija, abriéndose a una comprensión libre de juicios y a un detenimiento que contrasta con la precipitación de los acontecimientos iniciales. A la par que la película problematiza la relación paternofilial, concede uno de los mayores elementos de simpatía con Urs justo cuando este más evidencia su personalidad abusiva. Ocurre en una de las escenas cumbre: el padre persigue a Jette por las calles nocturnas hasta que irrumpen dos jóvenes que lo confunden con un agresor sexual y lo reducen a golpes. Al giro inesperado se le une una mezcla indiscernible entre patetismo y comedia cuando Urs se levanta y les agradece su conciencia cívica. En la misma línea ambigua, el espacio que se nos deja para comprender a los dos protagonistas se resuelve en un final abierto de par en par, suspendido entre la posible catarsis del padre y el amago de una nueva huida hacia delante de la hija.

    Versión en alemán


    Miguel Muñoz Garnica |
    © Revista EAM / Madrid



    * | Una sección auspiciada por el Goethe-Institut Madrid, institución pública cuya misión es promover, divulgar y promocionar el conocimiento de la lengua alemana y su cultura. |

    por Miguel Muñoz Garnica
    febrero 24, 2021

    A Voluntary Year (Henner Winckler y Ulrich Köhler, 2019)

    por Miguel Muñoz Garnica | febrero 24, 2021

    Vehículos sin rumbo

    Sobre el cine de Ulrich Köhler


    Especial | Cine alemán Siglo XXI*

    BBungalow (2002), debut en el largometraje de Ulrich Köhler, se abre con el primer plano del rostro de Paul, un jovencísimo soldado. Por la trepidación y el sonido adivinamos que viaja en un vehículo y, para confirmarlo, la cámara panea para mostrarnos la fila de soldados en un camión y la carretera que se escapa por el fondo. Enseguida veremos que el adolescente abandona la formación, se sube a un coche con un desconocido y toma después un tren. Sabremos que está desertando para volver a la casa de sus padres, pero no la razón de ese arrebato. En estos pocos minutos, Paul ya ha condensado los parámetros esenciales de Köhler, que lo conectan nítidamente con los rasgos de la Escuela de Berlín. El carácter observacional y liberado de psicologismos: en su cine, las cosas pasan porque pasan —y qué mejor ejemplo que el repentino e inexplicado giro apocalíptico que da In My Room (2018)—. La búsqueda impulsiva de un futuro nuevo, cualquier futuro. Y, sobre todo, el estado de tránsito de sus protagonistas.

    En este sentido, el plano citado tiene algo de fundacional en el cine de Köhler. En sus películas abundan tomas del estilo, con la cámara situada en el interior de un vehículo, desplegando los caminos posibles que se suceden tras el parabrisas. El vehículo se iguala a la cámara en su función de dispositivo de mirada. En Windows on Monday (Montag kommen die Fenster, 2006), un plano sostenido desde la delantera de un coche nos lleva de las calles nocturnas a una casucha en el monte sin que apenas percibamos solución de continuidad. El desplazamiento pone imágenes al volantazo vital que la protagonista acaba de dar, y que la empuja a una continua y misteriosa huida hacia adelante. Del mismo modo, serán los planos en el interior de un todoterreno los que nos lleven a la mutación del relato en una suerte de viaje conradiano en El mal del sueño (Schlafkrankheit, 2011); o el plano subjetivo de un deportivo, que atraviesa a toda velocidad las calles desiertas, el que nos transmite la nueva aceptación de su rol de «último hombre» que realiza el protagonista de In My Room.

    Las películas de Köhler, así, se pueden definir como vehículos sin destino predefinido, y de huida del prefijado, sea este la adultez o el compromiso —resulta significativo que solo el protagonista de In My Room deje de moverse y eche raíces, y lo haga una vez ha desaparecido la humanidad—. En palabras del propio cineasta, sus películas tratan de «especulación», de «recorrer posibilidades». Tomemos otra imagen recurrente en su obra, siempre situada en los comienzos: la puerta de su casa familiar que, de un golpe, resquebraja el protagonista de Bungalow o directamente rompe el de In My Room; las viejas ventanas que vemos ser derribadas en Windows on Monday. El primer paso es echar abajo las barreras del hogar para dejar que por ellas se escape la familiaridad. En adelante, estaremos listos para ese tránsito perenne en el que se sitúa el cine de Köhler, esa búsqueda de cualquier futuro posible, sin lastres que arrastrar ni refugios a los que volver.

    Versión en alemán


    Miguel Muñoz Garnica |
    © Revista EAM / Madrid



    * | Una sección auspiciada por el Goethe-Institut Madrid, institución pública cuya misión es promover, divulgar y promocionar el conocimiento de la lengua alemana y su cultura. |

    por Miguel Muñoz Garnica
    enero 28, 2021

    Vehículos sin rumbo: el cine de Ulrich Köhler

    por Miguel Muñoz Garnica | enero 28, 2021

    Deluxe

    Crónica de la novena jornada de la 71ª edición del Festival de Cannes.

    La 71ª edición del festival de Cannes va llegando a su fin. Mucha gente ya se ha marchado, la ciudad está menos ajetreada, la programación se vuelve más escasa. Queda solo un día de sección oficial, por lo que ya se han visto la mayoría de sus películas y los pronósticos sobre el palmarés empiezan a cobrar más sentido. Ayer se proyectó una de sus grandes contendientes, Burning, que ha gozado de un favor casi unánime entre la crítica. Se sumaría entonces a otras favoritas como Shoplifters o Lazzaro felice. Esta, junto a la también bien recibida Dogman, confirma que la cinematografía italiana ha tratado de compartir protagonismo en esta edición con la asiática. Sería pues de extrañar que entre los premios no figurasen producciones de estas geografías. En cambio la norteamericana podría ser relegada a un papel secundario, por no mencionar la sudamericana que brilla por su ausencia. Algunas de sus cintas sí se han podido ver en la sección paralela Un Certain Regard. Teniendo en cuenta la conocida reticencia de Frémaux hacia el cine hispano, esto vendría a corroborar lo que comentábamos el otro día, sobre lo inclinado de la balanza hacia la sección de competición este año. En cualquier caso su calidad está siendo manifiesta, y salvo incidente de última hora garantizará que el cine, y no otros elementos exógenos como la acrecentada seguridad o la polémica de algunos invitados y censuras, sea lo que más se recuerde de esta edición.

    Prólogo: Ignacio Navarro Mejía.
    Críticas de Dogman y Capernaum: Alberto Sáez Villarino.
    Críticas de In my room y Sauvage: Víctor Blanes Picó.

    por EAM
    mayo 18, 2018

    Festival de Cannes 2018 | Día 9. Críticas: Dogman, Capernaum, Sauvage e In my room

    por EAM | mayo 18, 2018
    Schlafkrankheit

    Epidemias invisibles

    crítica de La enfermedad del sueño | Schlafkrankheit, de Ulrich Köhler, 2011

    Una se pregunta cuál fue el propósito que impulsó a Ulrich Köhler a crear y dirigir esta impronunciable Schlafkrankheit, presentada hace un par de años en la Sección oficial de largometrajes del popular Festival de Berlín. ¿El interés por mostrarle al mundo las condiciones sanitarias, precarias en la mayoría de ocasiones, de Yaondé, una comunidad de expatriados, situada en el continente africano asolada por enfermedades, a través de un prisma cercano al docudrama? ¿Una crítica encubierta a la gestión de recursos económicos para este tipo de proyectos de ayuda por parte de Europa? ¿Las trabas y ángulos muertos de un sistema burocrático proclive al fraude y que desaprovecha las posibilidades de desarrollo? O tal vez, ¿la paradójica historia de un hombre que decide separarse de su familia para “salvar vidas” y se encuentra con una serie de dilemas éticos que resolver? Sea cual fuere el enfoque que justifique la razón del filme, o el fin último que Köhler se propuso para rellenar las páginas de su guión, se quedó a medio camino, obteniendo como resultado esta desangelada historia, que trastabilla entre un drama sin profundidad psicológica y un documental que no acierta a ahondar en sus principales diatribas.

    La enfermedad del sueño, título que a mi parecer anticipa quizás otra clase de película o está dotado de un cierto magnetismo para ocupar butaca y llenar un plato de palomitas, comienza con una cuestión de índole familiar. El matrimonio formado por Ebbo y Vera lleva viviendo en diversos países africanos durante las últimas dos décadas, puesto que el dirige un programa sanitario dedicado a la erradicación de la enfermedad del sueño, considerada una importante y peligrosa epidemia desde los organismos del Viejo Continente. Mientras tanto, Helen, su hija adolescente, está como interna e un colegio alemán, y Vera se siente oprimida e incómoda en una comunidad que no es la suya y pretende regresar a Alemania, sumiendo a Ebbo en un dilema. Tres años más tarde, desde los organismos de los que emergen las partidas presupuestarias para los proyectos destinados a acabar con las malarias, envían a un supervisor para que realice una evaluación del proyecto comenzado por Ebbo y emita así un informe.

    por Anónimo
    noviembre 20, 2013

    Crítica | La enfermedad del sueño

    por Anónimo | noviembre 20, 2013

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