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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Berlinale 2011
    Berlinale 2011
    Schlafkrankheit

    Epidemias invisibles

    crítica de La enfermedad del sueño | Schlafkrankheit, de Ulrich Köhler, 2011

    Una se pregunta cuál fue el propósito que impulsó a Ulrich Köhler a crear y dirigir esta impronunciable Schlafkrankheit, presentada hace un par de años en la Sección oficial de largometrajes del popular Festival de Berlín. ¿El interés por mostrarle al mundo las condiciones sanitarias, precarias en la mayoría de ocasiones, de Yaondé, una comunidad de expatriados, situada en el continente africano asolada por enfermedades, a través de un prisma cercano al docudrama? ¿Una crítica encubierta a la gestión de recursos económicos para este tipo de proyectos de ayuda por parte de Europa? ¿Las trabas y ángulos muertos de un sistema burocrático proclive al fraude y que desaprovecha las posibilidades de desarrollo? O tal vez, ¿la paradójica historia de un hombre que decide separarse de su familia para “salvar vidas” y se encuentra con una serie de dilemas éticos que resolver? Sea cual fuere el enfoque que justifique la razón del filme, o el fin último que Köhler se propuso para rellenar las páginas de su guión, se quedó a medio camino, obteniendo como resultado esta desangelada historia, que trastabilla entre un drama sin profundidad psicológica y un documental que no acierta a ahondar en sus principales diatribas.

    La enfermedad del sueño, título que a mi parecer anticipa quizás otra clase de película o está dotado de un cierto magnetismo para ocupar butaca y llenar un plato de palomitas, comienza con una cuestión de índole familiar. El matrimonio formado por Ebbo y Vera lleva viviendo en diversos países africanos durante las últimas dos décadas, puesto que el dirige un programa sanitario dedicado a la erradicación de la enfermedad del sueño, considerada una importante y peligrosa epidemia desde los organismos del Viejo Continente. Mientras tanto, Helen, su hija adolescente, está como interna e un colegio alemán, y Vera se siente oprimida e incómoda en una comunidad que no es la suya y pretende regresar a Alemania, sumiendo a Ebbo en un dilema. Tres años más tarde, desde los organismos de los que emergen las partidas presupuestarias para los proyectos destinados a acabar con las malarias, envían a un supervisor para que realice una evaluación del proyecto comenzado por Ebbo y emita así un informe.

    por Anónimo
    noviembre 20, 2013

    Crítica | La enfermedad del sueño

    por Anónimo | noviembre 20, 2013
    Romeos, de Sabine Bernardi

    ROMEO Y ROMEO

    crítica de Romeos | Sabine Bernardi, 2011

    Dentro del cine de temática gay, uno de los conflictos que han sido tratados más tímidamente ha sido el de la transexualidad. En la mayoría de los casos, las películas que han osado acercarse al tema lo han hecho desde el punto de vista del transexual femenino, es decir, una persona que ha nacido con órganos genitales masculinos pero que se siente mujer. Títulos como Juego de lágrimas (1992) o Transamérica (2006) pueden considerarse algunos de los más representativos. Sin embargo, el caso inverso, el de la transexualidad masculina, ha tenido menos oportunidades de ser plasmado en el cine, pese a contar con una cinta tan popular y emblemática como Boys Don´t Cry (1999), de Kimberly Peirce, como máxima representante. Basada en unos escalofriantes hechos reales, narraba la historia de Brandon Teena, que se sentía y vestía como un chico y fue brutalmente violado y asesinado por sus propios amigos cuando descubrían que tenía genitales femeninos. Hilary Swank logró un merecidísimo Oscar por aquella conmovedora actuación. En el caso de Romeos, curiosamente también dirigida por una mujer, Sabine Bernardi, la propuesta va un paso más allá en cuanto a veracidad de la temática tratada, al contar con un verdadero transexual masculino como protagonista. Rick Okon se encontraba en pleno proceso de reasignación de sexo cuando intervino en esta película, mostrando con toda naturalidad unos senos aún de mujer que contrastaban con un físico masculino.

    Okon da vida a Lukas, nacido mujer pero que se encuentra en la fase intermedia de su cambio de género. Tan solo su familia y su mejor amiga conocen su condición, ya que su actitud y apariencia son las propias de cualquier chico. Los conflictos surgirán cuando Lukas conozca a Fabio, un gay con fama de promiscuo y que de cara a su familia es heterosexual. En un principio envidia la perfección física del muchacho, con una musculatura bien definida que es la que aspira conseguir para sí mismo. Pero esta admiración da paso a una atracción irrefrenable que será correspondida por Fabio. El miedo a que éste descubra su transexualidad, hace que Lukas viva este romance de una manera tan complicada como tormentosa. A este conflicto romántico se unen las difíciles circunstancias laborales en las que se encuentra a causa de los injustos trámites burocráticos. En su nuevo trabajo para el servicio comunitario, Lukas es asentado en el ala de la residencia destinada a las mujeres, por lo que se ve obligado a emprender una particular lucha por ser admitido junto al resto de los compañeros masculinos.

    por Emilio M. Luna
    agosto 02, 2013

    Crítica | Romeos

    por Emilio M. Luna | agosto 02, 2013
    Sound of my Voice

    SECTA DE FICCIÓN

    crítica de Sound of my Voice | Zal Batmanglij, 2011

    En el Festival de Sundance de 2011 debutaba como actriz, productora y guionista Brit Marling. Lo hacía con dos sencillas películas co-escritas, protagonizadas y producidas por ella misma: Another Earth (2011) y Sound of my Voice (2011). Se notaba en ambas su condición de hijas de la misma madre, cintas hermanas, a pesar de tener distintos directores. La primera, a mí juicio, algo más consistente y lograda, una producción indie que reivindica la solidez y proyección del tándem formado por Mike Cahill y Marling. Una revisión de la ciencia ficción, de cariz más intimista y menos enfática de lo que se acostumbra en el género. Mucho más reflexiva, en la misma línea de A man from Earth (2007). Utilizando la ciencia ficción como un vehículo difusor de ideas, no de escandalosas paranoias. Sound of my voice, la película que nos ocupa, navega por las mismas aguas en lo que a su consideración del género se refiere, pero con un halo mucho más metafísico y al abordaje de un tema más morboso: las sectas. Una irregular reflexión sobre el poder de la religión y la voluntad del ser humano de someterse a la esclavitud o liberación –todo depende del prisma desde el que se mire– de un líder espiritual.

    En Estados Unidos la religión es una parte específicamente inseparable de su cultura pretérita y actual, siendo uno de los países más devotos de los mal llamados desarrollados. Sería impensable que un ateo estuviese en la Casa Blanca. De hecho, la devoción ocupa un papel destacado en las campañas electorales; no hay más que recordar toda la parafernalia desatada con el último candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, Mitt Romney, que es mormón. Curiosamente, la religión y Dios están ausentes de la Constitución americana, pero eso no quita para que su influencia en la vida pública sea determinante. Un país en el que su moneda reza “In God we trust” y sus presidentes sustentan su mandato en la fe jurando el cargo ante la Biblia, es un país creyente, con independencia de cuál sea el color de su fe. Por todo ello no extraña que un pueblo ávido de mesianismo no opte siempre por las formas clásicas, y elija otras vertientes en las que no se hereda una identidad cultural, es decir: las sectas. En los últimos tiempos abundaron las cintas de calidad que trataron en mayor o menor medida el tema, véanse la maravillosa The Master (2012) o la hipnótica y turbadora Martha Marcy May Marlene (2011), con la que Sound of my voice tuvo la “mala fortuna” de toparse en Sundance, pues eclipsó su brillo y salió perdiendo en la comparativa. Si bien es cierto que una tiene más enjundia que otra, también lo es que la pareja profesional Marling-Zal Batmanglij –director– no podría haber hecho más con menos.

    por Anónimo
    julio 16, 2013

    Crítica | Sound of my Voice

    por Anónimo | julio 16, 2013
    Apflickorna - She Monkeys, de Lisa Aschan
    Cuando el espectador se enfrenta a She Monkeys (Apflickorna, 2011), una vez más, sorprendente propuesta de la cinematografía escandinava, puede atisbar ciertas resemblanzas con el más retorcido Haneke o con la extrañeza en el cine de Giorgos Lanthimos, pues asistimos una vez más a un viaje a los recovecos más intricados del alma humana. No es un viaje fácil, pues el espectador se encontrará con una tensión “sosegada” en una película contemplativa y ambigua.

    por Anónimo
    diciembre 26, 2012

    APFLICKORNA (SHE MONKEYS, 2011)

    por Anónimo | diciembre 26, 2012
    Crítica de Nader y Simin, una separación Jodaeiye Nader az Simin review
    IN VENERE VERITAS
    Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, Asghar Farhadi, 2011)

    Hace un par de semanas el ministerio de cultura y orientación iraní retiraba a su representante a los Oscar, ‘Ye habe ghand’ (Un bote de azúcar, Seyyed Reza Mir-Karimi, 2011), en respuesta de la presunta indignación de todos los estamentos culturales de la sociedad persa. El motivo, la sátira ‘La inocencia de los musulmanes’ (Alan Roberts, 2012), un panfleto antimusulmán que ha levantó ampollas y llevado a tomar esta drástica decisión. Combatir la controversia con controversia no es el mejor camino de un país cuyos cineastas más influyentes viven el yugo de la censura de manera constante. Autores como Jafar Panahi – que reflejaba su situación en el documental ‘Esto no es una película’ (In Film Nist, 2011) –, Mohsen Makhmalbaf, y Abbas Kiarostami han vivido en primera persona la dureza del régimen de Mahmud Ahmadineyad – en el poder desde 2005 –. Indignación, censura y crítica que definen a una nación que tiene el temor de puertas adentro e inspirador afuera como blasón definitorio. La ausencia de Irán impedirá revalidar la estatuilla lograda el año pasado por nuestra protagonista de hoy, Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, Asghar Farhadi, 2011). Una cinta que no necesita la crítica descarnada para dejarnos un clarividente retrato de un estado en eterna reconstrucción.

    por Emilio M. Luna
    octubre 13, 2012

    JODAEIYE NADER AZ SIMIN (ASGHAR FARHADI, 2011)

    por Emilio M. Luna | octubre 13, 2012

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