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    Homosexualidad
    Homosexualidad

    Si tuvieran que elegir un filme de temática homosexual, ¿con cuál se quedarían? ¿Con las contemporáneas Carol y Brokeback Mountain? ¿O quizá con clásicos como Las amargas lágrimas de Petra von Kant o Pink Narcissus? El BFI, el British Film Institute, aprovechando la celebración de la 30ª edición del London LGBT Film Festival, ha publicado un listado con sus 30 filmes LGTB predilectos. Por supuesto, no deja indiferente. Por lo pronto, sus miembros se dejan llevar por la actualidad y han elegido en primer lugar a la maravillosa cinta de Todd Haynes Carol. ¿Es el mejor filme gay de todos los tiempos la adaptación de la novela homónima de Patricia Highsmith? Uno de los mejores, sin duda, pero tendrían mucho que decir los seguidores de autores como Ang Lee, Stephen Frears, Pedro Almodóvar, Chantal Akerman o Xavier Dolan, el gran olvidado de esta relación.

    1. Carol (Todd Haynes, USA, 2015).
    2. Weekend (Andrew Haigh, UK, 2011).
    3. Happy Together (Wong Kar-wai, Hong Kong, 1997).
    4. Brokeback Mountain (Ang Lee, USA, 2005).
    5. Paris Is Burning (Jennie Livingston, USA, 1990)
    6. Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, Tailandia, 2004).
    7. Mi hermosa lavandería (Stephen Frears, UK, 1985).
    8. Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, España, 1999).
    9. Un Chant d’Amour (Jean Genet, Francia, 1950).
    10. Mi Idaho privado (Gus Van Sant, USA, 1991).
    11. (empate) Tangerine (Sean Baker, USA, 2015).
    11. (empate) Las amargas lágrimas de Petra von Kant (Rainer Werner Fassbinder, Alemania, 1972).
    11. (empate) La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, Francia, 2013).
    14. (empate) Muchachas de uniforme (Leontine Sagan & Carl Froelich, Alemania,1931).
    14. (empate) Fucking Åmål (Lukas Moodysson, Suecia, 1998).
    14. (empate) Orlando (Sally Potter, UK, 1992).
    17. Víctima (Basil Dearden, UK, 1961).
    18. Je, tu, il, elle (Chantal Akerman, Francia, 1974).
    19. Looking for Langston (Isaac Julien, UK, 1989).
    20. (empate) Beau Travail (Claire Denis, Francia, 1999).
    20. (empate) Beautiful Thing (Hettie Macdonald, UK, 1996).
    22. (empate) El desconocido del lago (Alain Guiraudie, Francia, 2013).
    22. (empate) Teorema (Pier Paolo Pasolini, Italia, 1968).
    22. (empate) The Watermelon Woman (Cheryl Dunye, USA, 1996).
    22. (empate) Pariah (Dee Rees, USA, 2011).
    22. (empate) Mulholland Drive (David Lynch, Francia, 2001).
    27. (empate) Portrait of Jason (Shirley Clarke, USA, 1967).
    27. (empate) Tarde de perros (Sidney Lumet, USA 1975).
    27. (empate) Muerte en Venecia (Luchino Visconti, Italia, 1971).
    27. (empate) Pink Narcissus (James Bidgood, USA, 1971).
    27. (empate) Domingo, maldito domingo (John Schlesinger, UK, 1971).
    27. (empate) Tomboy (Céline Sciamma, Francia, 2011).
    27. (empate) Funeral Parade of Roses (Toshio Matsumoto, Japón 1969).
    por EAM
    marzo 15, 2016

    El British Film Institute elige los 30 mejores filmes de temática LGTB de la historia

    por EAM | marzo 15, 2016
    Something Must Break

    El poder de la atracción y la conquista de la identidad

    crítica a Something Must Break (Nånting måste gå sönder, Ester Martin Bergsmark, 2014) / ★★★

    Something must break, título que ha recibido esta adaptación del libro sueco Du är rötterna som sover vid mina fötter och håller jorden på plats (“Eres las raíces que duermen bajo mis pies y mantienen en órbita la Tierra”), supone el debut en el terreno de la ficción de Ester Martin Bergsmark tras dos películas documentales. Bergsmark y el autor del libro Eli Levén han llevado a formato guión la novela, que narra la historia de autodescubrimiento y (re)afirmación de Sebastian/Ellie, que va a vivir una intensa historia de amor con el atribulado Andreas. La película se inscribe de pleno en la vertiente del cine que documenta la intensidad de la juventud y el amor juvenil, donde se ama, se folla y se siente todo a flor de piel. Lo más refrescante de todo el asunto es el clima de normalización de conductas sexuales y amorosas no convencionales para muchos, expuestas sin moralinas ni dando etiquetas, con la ocasional explicitud pero también sensibilidad. Tras el rescate de una agresión homófoba en unos baños públicos, Sebastian concentra su agradecimiento y efervescente sexualidad en Andreas, chico que exuda hombría. Su vida es monótona (trabajo mecánico, casi exiguo círculo social, turbiedades internas), y la descontextualización de su entorno y de dónde proviene añade un aura de misterio a su persona. Es por tanto tarea del espectador construir el puzle que es nuestro/a protagonista, ayudándose de lo que nos dicen sus pocas interacciones con otros personajes y, sobre todo, por la manera en que gestiona su tiempo. Ahora, su parte más introspectiva, y es éste un gran problema de la cinta, se resuelve con una voz en off que no tiene nada de novedosa, no solo porque subraya innecesariamente una oscuridad inherente en Sebastian/Ellie que sus actitudes ya apuntaban, sino porque la pedantería de sus pensamientos no casan con lo que vemos en el resto de momentos, y parecen más los intentos de los guionistas de escribir una prosa profunda y sin sentido del ridículo.

    Se entiende la dedicación a descifrar un poco la psique del joven, porque está claro que lo que más le importa a Bergsmark es el proceso de transformación anímica de su fascinante protagonista –interpretado/a con arrojo por el debutante Saga Becker, plenamente identificado/a con su personaje según ha relatado el cineasta–, una presencia arrolladora que solo quiere una gran historia de amor que le saque de la mediocridad del mundo. En pleno proceso de autodescubrimiento y a la caza siempre de una sensación, cualquiera que sea, para despertar de su mundo adormilado, Sebastian/Ellie se mueve por la vida casi por impulsos. A través de su fijación con lo mundano (lo sucio y orgánico es de suma importancia en la cinta y ayuda a sacarla de los cauces de lo previsible en este tipo de historias de vehemente cariño juvenil), su enigmática personalidad se va desenrollando hasta alcanzar un cambio radical de humor. Y su voraz sexualidad, vivida sin remordimientos ni moraleja y como demostración, para las audiencias del siglo XXI, de que sexo y amor en cine no tienen por qué ir juntos.

    por Anónimo
    enero 21, 2015

    Crítica | Something Must Break

    por Anónimo | enero 21, 2015
    El amor es extraño

    Amor incondicional

    crítica a El amor es extraño (Love is Strange, 2014), dirigida por Ira Sachs.

    Si algo hay que agradecer a Ira Sachs con El amor es extraño (2014) es que, por una vez, una relación homosexual no se caricaturice hasta el extremo, amparándose en una naturalidad admirable. Por un lado, la de un esbozo de personajes que respiran cotidianeidad, sin necesidad alguna de dar concesiones a un público que, tal vez, pueda sentirse incomodo escuchando a un hombre de 60 años decir que echa de menos el cuerpo de su pareja a su lado, mientras duerme en la habitación de un adolescente. Por otro, la de dos actores que ofrecen una dignidad a prueba de todo insulto, dando vida a esta pareja, obligada a abandonar su casa cuando el anuncio de su matrimonio se salda con el despido de uno de ellos, profesor de canto en una parroquia, debido a la “mala imagen” que promueve. Solapada crítica social que, a diferencia de lo que uno cree esperar, no es lo que el filme promueve. En su lugar, se aborda con una ternura no exenta de cierto conservadurismo, las dificultades para asentarse en una ciudad como Nueva York, poniendo el foco en una clase media alta, burgueses en toda regla, que ven mermada su calidad de vida debido a estas cuestiones sociales que aparecen en segundo plano.

    Love is Strange es una película de contrastes, pues huye de extremos, tanto en el dibujo de personajes como en el desarrollo del libreto, al tiempo que se adhiere, de forma casi inherente, debido a sus elecciones, a un tipo de historia que entraña cierto riesgo, abordando el día a día de dos personas de poder adquisitivo, homosexuales y católicos, mediante una narración muy sutil y alejada de aspavientos. El aporte más valioso de Sachs es el casting. Alfred Molina y John Lithgow, dos intérpretes que han forjado una imagen intimidatoria a través de roles muy eclécticos, con una clara tendencia hacia el tenebrismo en el caso de éste último, impresionan en un filme como éste. Y no es de extrañar que, en su paso por la última edición de la Berlinale, una de las primeras motivaciones que se escuchaban entre el público, más allá de ver la visión de su director, eran las ganas de comprobar cómo estos dos titanes se manejaban entre tanta ternura. Es la brillantez de elegir a un actor que ha compuesto uno de los villanos más escalofriantes de toda la serie Dexter, para introducirlo en una relación con el Doctor Octopus.

    por Unknown
    noviembre 15, 2014

    Crítica | El amor es extraño

    por Unknown | noviembre 15, 2014
    Plynace Wiezowce (Floating Skyscrapers)

    Deseos reprimidos

    crítica de Floating Skyscrapers | Płynące wieżowce, de Tomasz Wasilewski, 2013

    El realizador polaco Tomasz Wasilewski ha logrado captar la atención de la crítica en su peregrinaje por diversos festivales –entre ellos Gijón 2013– con Plynace wiezowce, su segundo trabajo tras las cámaras tras la inédita en España In the Bedroom (2012). El cine de temática gay ha continuado visitando en los últimos años, cada vez con más asiduidad, las carteleras cinematográficas, con los moderados éxitos de Weekend (2011, Andrew Haigh), Keep the Lights On (2012, Ira Sachs) o El desconocido del lago (2013, Alain Guiraude) como principales abanderados. La normalización de este tipo de obras es, a priori, una feliz noticia para los aficionados al subgénero, pero también se corre el peligro de caer en la repetición de los mismos esquemas ante la avalancha de títulos que cuentan, con leves modificaciones, las mismas (o sospechosamente similares) historias. Plynace Wiezowce, a pesar de su buen puñado de aciertos, no escapa, desgraciadamente, a esa incómoda sensación de déjà vu que parece embargar al espectador con demasiada frecuencia cuando asiste a este tipo de narraciones sobre descubrimientos sexuales repletos de complicaciones.

    La cinta nos presenta a Kuba, un atractivo joven que tiene ante sí un brillante porvenir en el mundo de la natación. Lleva dos años de relación con su novia, Sylwia, con la que convive bajo el mismo techo en la casa de su madre, una mujer castradora y autoritaria que solo desea que la chica abandone el hogar para así tener a su hijo para ella sola. Pese a que la relación de la pareja parece, aparentemente, feliz y normal, Kuba se siente frustrado e insatisfecho con su vida, por lo que suple sus carencias sexuales manteniendo esporádicos encuentros con otros chicos en las duchas. Cuando durante una fiesta, Kuba conoce a Michal, un muchacho homosexual que vive su condición abiertamente, descubrirá por fin lo que es enamorarse de verdad, pero no le será tan fácil que Sylwia renuncie a lo que tienen, por lo que el triángulo amoroso se tornará, inevitablemente, en tragedia. Una vez más, la homosexualidad está reflejada de modo tortuoso y conflictivo, con el personaje protagonista consumiéndose por no poder mostrarse al mundo como en realidad es, dejando que en la intimidad otros hombres le practiquen sexo oral, pero no permitiendo que le besen en la boca, como si esto le hiciera perder su virilidad. El personaje de Kuba, cómo no, mantiene esa lucha interior entre continuar con la estabilidad que le da su relación con su novia y el estar volcado en el deporte o romper con toda esa quimera y gritar a los cuatro vientos su amor por Michal, al que se presenta como un joven cuya sexualidad ha sido, más o menos, bien asumida por su familia, pero que supone un motivo de alejamiento con la figura paterna –no faltan las típicas conversaciones sobre fútbol entre el padre y el hermano heterosexual durante la comida en la mesa, mientras que a Michal se le hace un poco el vacío–. El tercer vértice del triángulo, Sylwia, es el más interesante por encontrarse en el puesto de víctima colateral de ese amor prohibido, pero aun así termina resultando irritante y antipático por la poca dignidad de la que hace gala en los momentos más decisivos.

    por José Martín León
    mayo 29, 2014

    Crítica | Plynace Wiezowce (Floating Skyscrapers)

    por José Martín León | mayo 29, 2014
    Tom en la granja

    Les enfants terribles de Dolan

    crítica de Tom en la granja | Tom à la ferme, de Xavier Dolan-Tadros, 2013

    Xavier Dolan se ha atrevido, en el cuarto filme de su prematura carrera cinematográfica de inconfundible sello, a virar el timón de sus cámaras y embarcarse en una propuesta de cine negro. Tom à la ferme, ambientada en una siniestra granja de ambiente estático donde el aire se podría cortar con cuchillos, adolece de ciertas incongruencias y excentricidades que limitan el resultado final, pero sin duda hace gala de una estética magnética y claustrofóbica y de sobrias actuaciones interpretativas capaces de transmitir los deseos y pulsiones de sus personajes, furiosos y desequilibrados. En esta obra, ganadora del premio FIPRESCI del Festival de Venecia del presente año, el director canadiense es deudor de los grandes maestros del género más oscuro, con referencias a Alfred Hitchcock en los pasajes más tensos y violentos, y a David Lynch en los más oníricos y surrealistas, formando parte de una atmósfera nerviosa y electrizante donde los peores enemigos de los personajes, como en muchos ocasiones de la vida real, son ellos mismos.

    Para realizar este guión Dolan realizó una adaptación de la obra de teatro homónima de Michel Marc Bouchard, y para comenzar, la trama tiene su punto de inicio en un suceso trágico: Tom es un muchacho joven y amable de Montreal que trabaja como creativo publicitario y que se halla deprimido tras el fallecimiento de su novio a causa de un aparatoso accidente. Interpretado de manera genial por el propio Dolan, Tom acude a la casa familiar situada en el Quebec profundo, para asistir al funeral del fallecido Guillaume. Allí se encuentra una madre, apesadumbrada y de talante bipolar entre la calma y la agresividad, que parece desconocer por completo las relaciones homosexuales de su hijo y a su autoritario y morboso hermano, que lo obliga a participar en la farsa de inventar una “novia ficticia” para cubrir la verdadera identidad de Guillaume. El hermano, gracias a una interpretación con mucha garra y rabia por parte de Pierre-Yves Cardinal comienza un tira y afloja con Tom, que se debate entre la el duelo de su pérdida, sus instintos más animales y la mentira conformista que se le impone con respecto a su vida anterior. El protagonista se queda perplejo de que ninguna persona del pueblo le dirija la palabra al hermano de Guillaume y decide, todavía en shock emocional, quedarse algunos días más en la granja para ayudar a la familia, en un paisaje de tenebrismo donde los terrores parecen amplificarse por las noches, los secretos aguardar trémulos en campos de máiz turbulentos que podrían haber sido imaginados por Van Gogh, y donde cada rincón de la casa parece contener la huella de heridas sin cicatrizar y sucios secretos irresolutos.

    por Anónimo
    noviembre 17, 2013

    Crítica | Tom en la granja

    por Anónimo | noviembre 17, 2013
    El desconocido del lago (L'inconnu du lac)

    ATADURAS Y ESPOSAS INVISIBLES

    crítica de El desconocido del lago | L’inconnu du lac, Alain Guiraudie, 2013

    Muchas veces el cine se crece cuando debe luchar contra determinadas limitaciones o adaptarse a ciertas imposiciones. No es casualidad, por tomar un ejemplo cercano, que las comedias más logradas en su acidez y crítica social se produjeran en nuestro país durante el franquismo, sorteando la censura mediante el subtexto, las elipsis, el simbolismo u otro tipo de habilidades cinematográficas. La censura también existía por aquel entonces en Hollywood, y con ella tuvo que enfrentarse de una forma patente Alfred Hitchcock. Su forma de entender el cine le empujaba a realizar películas caracterizadas por una alta dosis de suspense e intriga pero también una pequeña dosis de erotismo, la cual debía sin embargo ocultarse o plasmarse con cuentagotas. Con la abolición del código Hays tuvo lugar cierta liberación al respecto, aunque naturalmente las constricciones no han desaparecido, ya sean impuestas por productoras o por otros medios, por mucho que ya no se encuentren catalogadas en un listado de reglas. De hecho, a veces son los propios cineastas los que optan por trabajar bajo un contexto estricto de restricciones, precisamente para estimular su creatividad y superar un desafío concreto. Las cosas pues no han cambiado tanto y la sombra de Hitchcock es alargada. Si El desconocido del lago (L’inconnu du lac, 2013) muestra en unos parámetros que no pueden ser más explícitos lo que el maestro del suspense a menudo se veía forzado a dejar turbadoramente implícito, su director Alain Guiraudie se autoimpone por otro lado una serie de condiciones en lo que respecta a sus actores, su historia y la localización en que la misma transcurre.

    En efecto, estamos ante un relato homosexual en el que todos los personajes son masculinos, reunidos todos ellos en un lago por lo demás desierto y en sus boscosos alrededores. En ellos es donde toma cuerpo un drama que nuevamente mezcla el thriller y la sexualidad, con el protagonismo de un joven llamado Franck que se enamora de ese desconocido del título, Michel. Éste último tiene ya un amante, pero una noche en la que cree estar solo con él y ambos están nadando en el lago, Michel lo asesina ahogándolo en el agua. Y la fijación que Franck siente por él le conduce a presenciar el crimen escondido entre los árboles cerca de la playa. El acontecimiento marca pues el gran punto de inflexión de una historia que hasta entonces evocaba cierta capacidad intimidatoria por la presencia de unos hombres anhelantes aunque pasivos, pero que se centraba más bien en el comportamiento despreocupado de Franck y en sus conversaciones amistosas con el menos agraciado Henri, el único hombre de la función que no se desnuda. A partir de entonces, por tanto, se introduce más claramente el género policiaco con algunos de sus elementos típicos, como la llegada de un sereno y encorvado detective y las preguntas que va formulando a Franck y Henri, principales sospechosos del fallecimiento no resuelto. Y con ello la inquietante intensidad de la narrativa va en aumento, aunque la misma es intencionadamente básica, no solo por sus reducidos personajes y su decorado único, sino por las simples motivaciones que empujan a aquellos, los diálogos casuales y tranquilos que intercambian y la progresión dramática que dibuja, hacia un provocador desenlace que mezcla el deseo y la muerte.

    por Ignacio Navarro
    septiembre 18, 2013

    Crítica | El desconocido del lago (L'inconnu du lac)

    por Ignacio Navarro | septiembre 18, 2013
    Romeos, de Sabine Bernardi

    ROMEO Y ROMEO

    crítica de Romeos | Sabine Bernardi, 2011

    Dentro del cine de temática gay, uno de los conflictos que han sido tratados más tímidamente ha sido el de la transexualidad. En la mayoría de los casos, las películas que han osado acercarse al tema lo han hecho desde el punto de vista del transexual femenino, es decir, una persona que ha nacido con órganos genitales masculinos pero que se siente mujer. Títulos como Juego de lágrimas (1992) o Transamérica (2006) pueden considerarse algunos de los más representativos. Sin embargo, el caso inverso, el de la transexualidad masculina, ha tenido menos oportunidades de ser plasmado en el cine, pese a contar con una cinta tan popular y emblemática como Boys Don´t Cry (1999), de Kimberly Peirce, como máxima representante. Basada en unos escalofriantes hechos reales, narraba la historia de Brandon Teena, que se sentía y vestía como un chico y fue brutalmente violado y asesinado por sus propios amigos cuando descubrían que tenía genitales femeninos. Hilary Swank logró un merecidísimo Oscar por aquella conmovedora actuación. En el caso de Romeos, curiosamente también dirigida por una mujer, Sabine Bernardi, la propuesta va un paso más allá en cuanto a veracidad de la temática tratada, al contar con un verdadero transexual masculino como protagonista. Rick Okon se encontraba en pleno proceso de reasignación de sexo cuando intervino en esta película, mostrando con toda naturalidad unos senos aún de mujer que contrastaban con un físico masculino.

    Okon da vida a Lukas, nacido mujer pero que se encuentra en la fase intermedia de su cambio de género. Tan solo su familia y su mejor amiga conocen su condición, ya que su actitud y apariencia son las propias de cualquier chico. Los conflictos surgirán cuando Lukas conozca a Fabio, un gay con fama de promiscuo y que de cara a su familia es heterosexual. En un principio envidia la perfección física del muchacho, con una musculatura bien definida que es la que aspira conseguir para sí mismo. Pero esta admiración da paso a una atracción irrefrenable que será correspondida por Fabio. El miedo a que éste descubra su transexualidad, hace que Lukas viva este romance de una manera tan complicada como tormentosa. A este conflicto romántico se unen las difíciles circunstancias laborales en las que se encuentra a causa de los injustos trámites burocráticos. En su nuevo trabajo para el servicio comunitario, Lukas es asentado en el ala de la residencia destinada a las mujeres, por lo que se ve obligado a emprender una particular lucha por ser admitido junto al resto de los compañeros masculinos.

    por Emilio M. Luna
    agosto 02, 2013

    Crítica | Romeos

    por Emilio M. Luna | agosto 02, 2013
    Freier Fall

    PONZOÑA

    crítica de Caída libre | Freier Fall, Stephan Lacant, 2013

    15º Festival de Cine Alemán.

    Varios policías corren en grupo a lo largo de una pista de atletismo. Dos van a la cabeza. El primero respira pausadamente, sin esfuerzo. El segundo, en cambio, pide oxígeno como un fumador sin fondo. Intenta adelantar a su rival por ambos lados de la curva, pero le falla el tren inferior. Sus músculos bombean ácido láctico, casi lo escupen. Y bufa, no puede más. Veinte segundos más tarde está recuperando el aliento en mitad de la pista. Quieto pero nervioso. Su mundo hecho trizas. Nuevas y oscuras sensaciones por explorar se entremezclan con una especie de resistencia atávica. Odia a ese tío de mirada engreída. Le odia con todas sus fuerzas. Y le pone impúdicamente cachondo. Se acabó. Piensa en su mujer, en esa modélica familia que se desmorona por culpa de la naturaleza. ¿Quién soy? Mientras, una nube de cuerpos negros con camisetas que dicen Polizei toma ventaja sin mirar atrás. Un mediocre destacamento de policías que se entrenan para formar parte del cuerpo de antidisturbios. Machos alfa empapados de sudor, compartiendo duchas como los buenos soldados: la guerra, ay, siempre fue una cosa de hombres. No hay espacio para las mariconadas. Supuran testosterona. Y machismo. En la segunda escena (así, rápido, de sopetón), vemos que ese atrevido rubio —y vencedor de la prueba de resistencia— es homosexual, y que el derrotado se muestra levemente violento porque, a lo peor, todo lo que ha vivido hasta entonces ha sido una farsa; y es que tras flirtear con numerosas mujeres y enamorarse de su cariñosa Bettina y compartir con ella grandes noches de amor y sexo, ahora resulta que es gay. Y ambos esperan un angelical retoño, él va a ser papá, y por nada del mundo quiere perder lo que ha construido, aunque, irónicamente, esa felicidad está en ruinas.

    por Anónimo
    junio 17, 2013

    Crítica | Caída libre

    por Anónimo | junio 17, 2013
    Brotherhood

    ENTRE EL ODIO, NACIÓ EL AMOR

    crítica de Brotherhood | Broderskab, Nicolo Donato, 2009

    sección atlas | Atlántida Film Fest.

    En las últimas décadas, varias han sido las películas que se han acercado a un tema tan espinoso como el movimiento neonazi, teniendo el ejemplo más reciente en el personaje de Javier Bardem en Alacrán enamorado (2013). Con títulos tan ilustres como American History X (1998), de Tony Kaye –por la que Edward Norton fue candidato a un Óscar–, o The Believer (2001), de Henry Bean –ganadora en Sundance, puso en el disparadero de la fama a un jovencísimo Ryan Gosling–, el cine ha mostrado la barbarie de estos grupos que continúan manteniendo, después de la Segunda Guerra Mundial, las ideas del nazismo, ejerciendo una violencia racista y homófoba. Brotherhood, producción danesa dirigida por Nicolo Donato, se acerca a esta temática desde una óptica diferente e interesante, proponiendo una historia de amor homosexual entre dos miembros de uno de estos grupos. Al igual que en la laureada Brokeback Mountain (2005) de Ang Lee, donde el romance gay entre dos vaqueros en la década de los 60 rompía todos los esquemas, aquí tenemos un nuevo ejemplo de que el amor puede emerger en medio de las circunstancias más radicales y adversas posibles. Hasta la persona más monstruosa es capaz de enamorarse, en contra de sus principios e ideales, como demostró también el Amon Leopold Goeth interpretado por Ralph Fiennes en La lista de Schindler (1993), fascinado por una prisionera judía.

    por José Martín León
    abril 20, 2013

    Crítica | Brotherhood

    por José Martín León | abril 20, 2013

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