Cuando el espectador se enfrenta a
She Monkeys (Apflickorna, 2011), una vez más, sorprendente propuesta de la cinematografía escandinava, puede atisbar ciertas resemblanzas con el más retorcido Haneke o con la extrañeza en el cine de Giorgos Lanthimos, pues asistimos una vez más a un viaje a los recovecos más intricados del alma humana. No es un viaje fácil, pues el espectador se encontrará con una tensión
“sosegada” en una película contemplativa y ambigua.