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    Crítica | Traición (Betrayal)

    Traición (Betrayal)

    QUÍTATE LA ROPA, VOY A ESCUCHAR TU CORAZÓN

    crítica de Traición (Betrayal) | Izmena, Kirill Serebrennikov, 2012

    El primer fotograma de la última película del director ruso Kirill Serebrennikov, Traición (Betrayal), nos sitúa en una clínica médica a la que el protagonista principal (el actor macedonio Dejan Lilic) acude para realizarse un chequeo rutinario. Un chequeo del corazón. Una vez allí, su estado de ánimo y salud se verán bruscamente alterados cuando se entere por boca de la doctora que a ambos les une una misma infidelidad conyugal: sus respectivas parejas se acuestan entre ellos. Esa traición común dará lugar a un texto fílmico carnal y pasional de un cineasta quien, consagrado internacionalmente como uno de los mejores directores de teatro ruso, alcanzó el éxito en el 2006 con su segundo largometraje, Playing the victim, galardonado con el Marco Aurelio de Oro a la mejor película en la primera edición del Festival de Roma.

    En esta ocasión, la confesión de la doctora (encarnada por Franziska Petri) a quien podríamos calificar más certeramente como ‘matasanos’ envuelta en su papel de femme fatale, cambiará al completo el destino del protagonista y le sumergirá en la misma obsesión destructiva que ella ya padece. Así, con la gran belleza estética que le caracteriza, Serebrennikov diseminará las secuelas más duras de la infidelidad en la piel de quienes se quedan fuera de ese juego vedado. Los dos protagonistas, de quienes se nos niega saber sus nombres, se ven superados por una realidad que les sobrepasa y necesitan llorar o comer tierra (como en el caso de Franziska Petri en una durísima escena en el patio de su casa) para calmar su angustia interior. Pero el cineasta va más allá del sencillo papel de víctima y con una contundente elipsis de varios años, ilustrada mediante un encabalgamiento visual en la que la protagonista huye de su vida anterior una vez muerto su marido, y aparece en su nueva vida con un segundo marido que sí que la quiere; nos abofetea con una terrible dualidad en apariencia inherente a todo ser humano: también nos gusta ser el verdugo.

    Traición (Betrayal)

    De esta forma, la que podría considerarse como la segunda parte dentro de esta película se inicia cuando los dos protagonistas coinciden una vez más y con ellos, una atracción y un deseo mutuo más fuerte que la estabilidad y el amor verdadero del que ahora gozan. Esta parte constituye quizás la más inverosímil pues ambos se convierten en aquello que odiaron, capaces de llevar a cabo un romance secreto aun conociendo las consecuencias que este tendrá en su matrimonio. Traición (Betrayal) se presenta así como una obra que retrata de forma coherente la cruda indiferencia con la que los seres humanos parecen disfrutar jugando con el dolor y los sentimientos ajenos, de una forma insensible y sin ninguna empatía. A pesar de ser seres vulnerables, fáciles de quebrar y en continuo contacto con la muerte (como ya presagia el accidente de tráfico en los primeros minutos); una y otra vez nos traicionamos a nosotros mismos y apostamos a hacernos daño.

    Por supuesto, todo ello se despliega haciendo uso de una fascinante sinfonía tanto visual (con un sobresaliente flashback del momento del crimen) como sonora, que explora los más recónditos deseos del ser humano con un gusto místico y un especial paladar para el suspense encarnado en misteriosas muertes. Son exquisitos los ecos de grandes autores como Ingmar Bergman o los guiños a Vértigo del imprescindible Alfred Hitchcock. Finalmente, la gran pregunta que de manera inevitable se alza sobre el espectador es qué valores morales quedan inquebrantables hoy en día (recalcado con numerosos planos detalle de sus manos con anillo de casados en el momento de adulterio) y, al mismo tiempo, si el amor en definitiva se encuentra o no más allá del bien y del mal; ajeno a la molesta polvareda y feliz de existir en su caluroso escondite. Una ambiciosa obra que afronta algunas de las facetas más complejas del ser humano como son el deseo, el pecado, la incomprensión, la paternidad… de la mano de un cineasta a menudo retratado como provocador pero quien considera que “la provocación por el amor a la provocación es aburrida e inútil. La provocación debe ser respaldada por el sentido”. Máxima que alcanza en esta película pues no es fácil ver a dos cadáveres sonreír en su entierro y comprender perfectamente el por qué. ★★★★★

    Patricia Martínez.
    redacción Madrid.

    Rusia, 2012. Director: Kirill Serebrennikov. Guión: Kirill Serebrennikov, Natalia Nazarova. Productora: Studio Slon. Fotografía: Oleg Lukichyov. Montaje: Sergei Ivanov. Intérpretes: Franziska Petri, Dejan Lilic, Albina Dzhanabaeva, Arturs Skrastins, Guna Zarina, Andrei Shchetinin. Presentación oficial: Mostra de Venecia 2012.

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