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    Crítica | Gloria

    Gloria, de Sebastián Lelio

    TRAGICOMEDIA DE INTIMIDAD UNIVERSAL

    crítica de Gloria | Sebastián Lelio, 2013

    48º Festival de Karlovy Vary y 19ª Festival de Sarajevo.

    El cine chileno está en auge. A principios de año se estrenaba en nuestro país la nominada al Oscar No (Pablo Larraín, 2012), un llamativo documento político sobre el referéndum contra Pinochet. Y a continuación, empezando por la Berlinale, ha pasado ya por varios festivales de esta temporada Gloria (2013), cuyo director Sebastián Lelio comentaba a la vuelta del de Sarajevo que en efecto su país está disfrutando de una repentina ebullición artística, patente por ejemplo en la multiplicación de las personas que presentan sus proyectos a concursos de cine. Su película también será proyectada en el próximo festival de San Sebastián y tiene previsto su estreno en el resto de España el 4 de octubre. Y el caso es que este último éxito merece ser compartido por la industria nacional, pues Gloria es una coproducción española y nos narra una historia que bien podría localizarse en nuestro país, o en cualquier otro. En efecto, a diferencia del filme de Larraín, el de Lelio no aprovecha ese crecimiento artístico chileno para hablar de sus problemas propios, sino que se sitúa al margen de todo contexto económico y político para mostrarnos a unos personajes de clase media alta muy cosmopolita. Por tanto esta película es un buen ejemplo de que, incluso en las circunstancias actuales y aprovechando nuevas oportunidades, el cine no tiene por qué estar politizado.

    Tal afirmación se deduce claramente de una historia que gira en torno a los problemas de una mujer, Gloria, cuya única solución debe venir de forma personal y privada. Tales infortunios son básicamente los de la soledad y la edad que afectan a esta protagonista separada y madura, pero reacia a dejar de vivir con ilusión y con pareja. Por eso la mayoría de las noches las pasa en clubes o restaurantes donde finalmente se enrolla con un hombre igualmente separado y que también parece estar buscando una relación estable. A partir de ahí la película se concentra pues en la interacción entre estos dos personajes, aunque sigue dedicándole su tiempo en solitario a Gloria: en su piso, en la calle o en su trabajo. Por otro lado se van introduciendo personajes secundarios, básicamente en torno a la familia de Gloria, que conforman otro de los temas principales de la cinta como es el de la familia y su dinámica de ataduras/desuniones. Así lo comentó el propio Lelio al introducir esta película en el reciente festival de Sarajevo, en una charla en la que indicó además que el título de la película a priori estaba pensado como referencia a la de John Cassavetes, aunque más tarde sirvió sobre todo para incorporar la canción de Umberto Tozzi del mismo nombre que caracteriza incluso mejor a esta mujer de armas tomar, y que sirve para cerrar su narrativa en un bucle engañosamente simétrico, entre fiesta y fiesta.

    Gloria, de Sebastián Lelio

    Dicha estructura sirve por lo demás para reforzar la energía de un metraje cuya fuerza ya de por sí viene dada por el personaje de Gloria, interpretado con plena confianza por Paulina García. Su trabajo fue justo merecedor del premio a la mejor actriz en la Berlinale, aunque los demás actores, y en particular Sergio Hernández a cargo de Rodolfo (el inquieto novio tardío de Gloria), se desenvuelven también con mucha naturalidad y sentimiento. Lelio confesaba igualmente que él admira la vitalidad de la gente mayor que él, y ello fue en parte lo que le permitió dirigir con eficacia a estos experimentados actores y convencerles de rodar unas escenas de sexo sorprendentemente desinhibidas pero justificadas por la intención directa y sincera que pretenden transmitir. De hecho la sorpresa es mayor al comprobar que tales momentos no rompen con el tono cálido y tierno del resto del metraje, mostrándonos de la forma más verosímil posible que estos personajes aun son capaces de vivir en plenitud. Otra de las escenas concretas en las que el director chileno demuestra su saber hacer, y que también destacó expresamente en la mencionada charla, es la de la cena entre Rodolfo, Gloria y su familia. Lelio afirmaba entonces que tales momentos le permiten dar bastante información sobre los personajes pero sin expresarla directamente, sino apoyándose en su interacción en torno a la mesa, en sus gestos y en otros diálogos falsamente triviales. Y es cierto que en tal secuencia se pone de manifiesto claramente la conflictiva diferencia entre Gloria y Rodolfo en su manera de afrontar las relaciones familiares, y con ello su propia relación.

    En cualquier caso lo que esto último nos demuestra es que otra cualidad destacable del filme es su estilo aparentemente liviano y desenfadado que por debajo nos cuenta lo que piensan y sienten estos individuos mejor de lo que podría haberlo hecho una apuesta más solemne, o al menos consiguiéndolo con mayor realismo y disfrute. Alternando de esta forma el drama y la comedia, como queda patente por ejemplo en el deprimente pero a la vez hilarante desenlace que toma la amistad de Gloria y Rodolfo, la película consigue entretenernos y a la vez hacernos reflexionar sobre unos temas espinosos y tristes bajo un prisma frescamente optimista. Por otro lado, quizás contagiada de esa meritoria animación del metraje, la cámara suele estar fuera de su trípode y moverse ligeramente incluso en planos generales donde los referentes están quietos, como en la mencionada escena de la cena. Tal opción técnica en cambio parece menos justificada, a menudo innecesaria desde un punto de vista utilitario. Lo que este comentario viene a decir es que el contenido visual de la película no es particularmente inspirado, siendo meramente competente y servicial, impidiendo dotarla de otros rasgos más memorables. Con todo, es verdad que esa ligera cámara al hombro también va en la dirección juvenil que Lelio quiere imprimir y contraponer con el protagonismo de un hombre y una mujer mayores. Pero tal juego de oposiciones no siempre está claramente establecido, por lo que este aspecto o el de los desnudos chocan con la apariencia clásica del filme. En definitiva, el mismo es recomendable sobre todo por hilvanar con soltura varias escenas diseñadas con tanta espontaneidad como sabiduría, y por componer un original y a la vez muy creíble retrato de una mujer con la que, pese a las circunstancias, resulta muy fácil simpatizar. ★★★★★

    Ignacio Navarro.
    enviado especial a la República Checa y Bosnia y Herzegovina | crítico cinematográfico.

    Chile & España, 2013. Director: Sebastián Lelio. Guion: Sebastián Lelio & Gonzalo Maza. Productora: Fabula / Nephilim Producciones. Fotografía: Benjamín Echazarreta. Montaje: Sebastián Lelio & Soledad Salfate. Intérpretes: Paulina García, Sergio Hernández, Diego Fontecilla, Fabiola Zamora, Coca Guazzini.

    Gloria póster
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