Hay que follarse a las mentes
Cine Club| Martín (Hache), dirigida por Adolfo Aristarain, 1997
Martín (Hache) es una historia que comienza con el pogo frenético de un adolescente porteño (un jovencísimo Juan Diego Botto) cabreado con el mundo y desilusionado con el presente, procurando curarse del amor no correspondido a base de guitarrazos hardcoretas, litros de alcohol y rayas de “merca” veloces del tabique nasal al cerebro. Y lo que, en realidad, es una sobredosis involuntaria y fortuita fruto de la frustración y el desenfreno juvenil es interpretada por su madre como un claro intento de suicidio. El joven Hache (apodo tomado para diferenciarse del nombre homónimo de su padre Martín Echenique, un director cinematográfico y guionista de renombre afincado en Madrid) se ve obligado a embarcarse desde un Buenos Aires conocido e inundado de música y silbidos hacia la capital española. Allí lo esperan su frío, terco y creativo progenitor (Federico Luppi) junto a su apasionada amante de menor edad (Cecilia Roth), y su mejor amigo, el epicúreo y mordaz Dante, vividor consumado y curioso vocacional (Eusebio Poncela). Así empezaba su brillante narración cinematográfica hace ya más de tres lustros, el argentino Adolfo Aristarain, creador de un particular universo que en dos horas descongestiona con maestría y desgarro las principales emociones humanas; porque mucho más que de drogas, sexo, incomunicación o amor, Martín (Hache) puede definirse como un tratado intimista y apasionado sobre la vida misma, y una catarsis fílmica que se mete de lleno en las pupilas del espectador, gracias a una humanidad desbordante. No precisó en su ejecución de efectos especiales ni de un apartado técnico prodigioso, puesto que su guión puede calificarse de pura literatura, sentimientos viscerales que fluyen del texto a la sangre. Pocas veces en la historia la interacción entre un elenco de lujo y su público ha sido tan intenso, tan inolvidable, y tan evocador. ¿Qué tenían, pues, de especiales los protagonistas de este drama tan vital, necesario y apasionado de finales de los noventa, y sobre todo, que representaba cada uno?
Los cuatro palos de esta baraja
El cuadrilátero esencial que compone Martín Hache bascula entre la autodestrucción y la realización propias como dos polos opuestos que ejercen una influencia magnética constante sobre sus protagonistas.
1| Hache: Sueños de juventud
Hache representa la incertidumbre y el existencialismo de su quinta (que podríamos casi identificar como un tardío segmento de la Generación X); un sector de jóvenes que se encuentran perdidos y aunque ya no son niños, todavía se hallan lejos de la edad adulta, ven absurda la esclavitud del trabajo remunerado y tampoco se sienten plenos estudiando. Su única aspiración importante es simplemente, encontrarse a sí mismos. Hache se ve como un apellido encerrado entre paréntesis, rechazado por una madre que tiene una existencia planeada sin contar con su presencia, y aprisionado por las aspiraciones y el ego de un padre que lo que menos quiere es que su hijo sea un mediocre sin trasfondo creativo. Entre ese Buenos Aires alegre y ruidoso y las nuevas calles de Madrid, Hache manifiesta vocación de cambio y encarna el optimismo juvenil de quien tiene toda la vida por delante y mucho que aprender de las experiencias, tanto de las sensoriales y perceptivas ligadas al descubrimiento de las drogas y el sexo, como de las espirituales. Interpretado por un genial Juan Diego Botto (que dos años antes ya había sido nominado al Goya de Mejor Actor Revelación por su papel de chico malo y narcisista en el largometraje español Historias del Kronen), Hache puede llegar a resultar estoico, exasperante, tierno, divertido y sensible. Experimenta una enorme empatía con Dante, el cual le incita a abrir su mente y a vivir con plenitud, escucha con atención las historias escatológicas o melancólicas de Alicia, y, sobre todo, tiene una compleja relación con su padre que evidencia las diferencias de ideario que ambos sostienen. La evolución del personaje es notable, pues los sucesos que vive en la ciudad madrileña provocan que su carácter madure incluso antes de tiempo; los choques familiares, el contacto con la muerte, el cambio de aires y la búsqueda de su identidad serán motivos que nos introducirán en transformación psicológica de este joven, protagonista absoluto de esta historia de reflexiones impagables.
2| Martín: La negación de todo
Martín Echenique no es el mejor director de cine del mundo, pero sí un gran contador de historias, íntegro, talentoso y vocacional, que desde hace dos décadas reside en Madrid. Pese a que se entrega a la perfección a su vida profesional, en el ámbito personal es un desastre absoluto debido a su carácter agrio, pesimista y obtuso. Martín es estricto e intransigente con su hijo, con el cual quiere mantener una relación unidireccional y exigente en todo momento, imponiendo un modelo de pensamiento fundamentado en el prestigio social, el aprovechamiento del talento y la autosuficiencia. Martín se jacta de ser capaz de afrontar la soledad, y de huir como de las moscas de esa “nostalgia tanguera” que le rememora a su querido Buenos Aires, ciudad de nacimiento a la que lleva años sin regresar. Su tendencia a suprimir todo tipo de vínculo emocional y su pánico a sentir dolor e implicarse en relaciones interpersonales hacen de su carácter un muro infranqueable. Entregado al jazz, a la marihuana y a la escritura de guiones, se niega a flexibilizar su personalidad y a Hosco y autoritario con Alicia, de la cual está en el fondo profundamente enamorado, también suele diferir en opinión con su fiel amigo Dante, de cariz mucho más liberal. Ante la llegada de su hijo, sus lazos afectivos se complican todavía más, y aunque exterioriza su lado más negativo y en ocasiones resulta desquiciante, Martín despierta ternura, y representa la lealtad, el amor por el trabajo propio y la contraposición de valores en torno a la educación de su hijo y a la producción de su nueva película.
3| Dante: Placer como filosofía de vida
Es posible que Dante sea uno de los personajes de reparto más genuinos y originales de la Historia del cine hispano contemporáneo. Terco, cariñoso, irónico y vividor hasta la saciedad, este cuarentón rubio platino de extravagante vestimenta estampada intenta alcanzar la felicidad y el autoconocimiento a través de todo tipo de drogas y encuentros sexuales. Dante intenta apaciguar a Martín, comprender y consolar a Alicia con humor y dulzura, y darle alas a Hache para encontrarse a si mismo, transmitiéndole su ideario enérgico, atípico e independiente. Los problemas de Dante pasan por no querer sentirse encorsetado por las normas y convenciones sociales, y por las dificultades que encuentra en su profesión de actor ante los prejuicios de determinadas compañías y directores ante su coqueteo con la química. Dante es sobre todo, un amigo fiel y una persona con unas grandes inquietudes de descubrimiento sexual, interesado tanto por los cuerpos como por las mentes. Por encima de todo, y a lo largo de la trama, este personaje subraya su deseo de vivir a todo trapo enarbolando el carpe diem por bandera y enseñándonos que más vale siempre el durante que el después, el camino que la meta, y la autenticidad que seguir los pasos del rebaño.
4| Alicia: El descontento evasivo
Alicia es una mujer guapa, impulsiva, deslenguada y alegre, con una gran capacidad para comunicar con facilidad sus emociones y que se enfrenta a la frustración diaria de mantener una relación amorosa con un hombre tan obstinado y frío como Martín Echenique, que constantemente la ridiculiza o reprende en público por sus comentarios y que no ha aprendido la manera de hacerla sentir querida, deseada, o satisfecha consigo misma. Ante su situación actual, Alicia se siente rendida y asfixiada, se evade mediante drogas recreativas, tabaco y copas, desea volver a sentirse sexualmente atractiva, que sus opiniones y criterio vuelvan a ser tenidos en cuenta, y abocada a un final trágico, se acaba desvaneciendo, a la antigua usanza de las estrellas del rock, con un cóctel de pastillas y coca. La sensación que Alicia deja ante su marcha potencia los valores de amor y energía que inculcó en los personajes, provocando una trágica conmoción, especialmente en el joven Hache, con el que sostenía una tensión sexual nunca consumada. Alicia es un personaje que valora la felicidad por encima de todo, pero que se ahoga al buscar reconocimiento y autoestima en el lugar equivocado.