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    A través del espejo

    crítica ★★★★★ de la primera temporada de Legión.

    Estados Unidos, 2017. Título original: Legion. Creador: Noah Hawley. Episodios: 11. Duración: 60 min. Directores: Michael Uppendahl, Dennie Gordon, Noah Hawley, Larysa Kondracki, Tim Mielants y Hiro Murai. Guion: Noah Hawley, Peter Calloway, Nathaniel Halpern y Jennifer Yale, basado en el cómic de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz. Fotografía: Dana Gonzales y Craig Wrobleski. Música: Jeff Russo. Producción: Seymour Nebenzal. Productora y distribuidora: FX Productions / Marvel Television / 26 Keys Productions / 20th Television. Diseño de producción: Michael Wylie. Productores: Brian Leslie Parker, John Cameron, Noah Hawley, Simon y Nishika Kumble, Jim Chory, Stan Lee, Jeph Loeb, Joe Quesada, Bryan Singer, Jason Taylor, Michael Uppendahl et alia. Montaje: Regis Kimble, Chris A. Peterson y Curtis Thurber. Dirección artística: Michael Corrado y John Álvarez. Intérpretes: Dan Stevens, Rachel Keller, Aubrey Plaza, Jean Smart, Jemaine Clement, Bill Irwin, Amber Midthunder, Jeremie Harris, Katie Aselton, Mackenzie Gray, Quinton Boisclair, Ellie Araiza, Brad Mann, Scott Lawrence, Hamish Linklater.

    Con motivo de la promoción de El puente de los espías (2015), Steven Spielberg comentó que el género de los superhéroes, tan en boga en el terreno del cine popular durante los últimos años, acabaría agotándose tarde o temprano, igual que le había acontecido anteriormente, por poner un ejemplo muy ilustrador, al Western. «Lo que no significa», matizaba el realizador americano, siempre tan diplomático, «que algún día no se den las condiciones para que el Western regrese; o para que también lo haga el género de los superhéroes». No puede decirse que la observación de Spielberg no fuera certera, si bien es verdad que tampoco era menester contar con el don de la profecía para llegar a semejante conclusión. Tengamos en cuenta, por un lado, que las producciones comerciales raramente parten de una idea aislada y genial, y que una masiva recaudación en taquilla de una pieza adscrita a un género en concreto siempre implica nuevas creaciones dentro de dicho género, lanzadas con la esperanza de obtener análogos réditos a rebufo del éxito de la original. Por esa razón, suelen ser obras que, con independencia de la calidad del «producto» final, tienden a imitar o a repetir una colección de códigos que parecen ser la garantía de que el capital invertido en ellas se recuperará. Por otro lado, el comentario de Spielberg venía cuando la industria de Hollywood ya llevaba aproximadamente unos diez años destinando la cartelera de primavera y verano al estreno de blockbusters con justicieros súper poderosos como protagonistas, con lo que no resultaba especialmente complicado prever que el filón se iba a agotar en algún momento; sobre todo, cuando se trata de filmes que buscan contentar a todo el mundo, hasta al espectador al que jamás se le hubiera ocurrido tomarse medianamente en serio a unos tipos vestidos con mayas y dueños de habilidades tan imposibles como trepar por los edificios, controlar el magnetismo o volar.

    Ello explica que, en la actualidad, junto a cintas que repiten los hallazgos de las precedentes de forma mecánica, sin aportar nada digno que destacar, ni siquiera negativamente –véase Thor: El mundo oscuro (2013) de Alan Taylor; Capitán América: El soldado de invierno (2014) de Anthony y Joe Russo; X-Men: Apocalipsis (2016) de Bryan Singer, etc.–, empiezan a aparecer otras que, conscientes de dicha sobresaturación, intentan ofrecer una nueva perspectiva con el afán de demostrar que todavía queda mucho camino por transitar en un terreno que, a pesar de que a simple vista pueda parecer lo contrario, ha ofrecido un puñado de obras de indiscutible calidad –citemos aquí a las ineludibles El protegido (2000) de M. Night Shyamalan y El caballero oscuro (2008) de Christopher Nolan–. Propuestas como Guardianes de la Galaxia (2014) de James Gunn, Deadpool (2016) de Tim Miller o Logan (2017) de James Mangold intentan, cada una a su manera –mediante el humor, la reducción al absurdo o el pesimismo–, darle una nueva vuelta de tuerca al género y, sobre todo, alejarse de los tópicos del mismo. Teniendo en cuenta la edad de oro que hoy en día está viviendo la ficción televisiva, no debería asombrarle a nadie, en esta línea, que, como el siguiente paso lógico desde el punto de vista no solo económico sino creativo, y ante el éxito obtenido por los filmes de superhéroes, en el año 2012, The CW (canal integrado, entre otros, por la CBS y Warner Bros., esta última dueña de los derechos de la editorial DC) apostara por llevar a la pequeña pantalla al superhéroe Flecha Verde, con la serie Arrow, a la que se sumaría dos años después, y dentro del mismo universo, The Flash, seguida por Supergirl (2015-…) y Legends of Tomorrow (2016-…). Por su parte, en 2013, ABC lanzaría la primera serie inspirada en los personajes de Marvel: Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D., estrechamente vinculada a las adaptaciones cinematográficas de esta editorial, entre otros motivos porque cuenta con los hermanos Joss y Jed Whedon al frente, pero también porque la cadena en cuestión, igual que la propia Marvel Studios, forma parte de la omnipresente Disney. Sin embargo, pareció repetirse la historia de la plasmación en el medio fílmico de los universos de Marvel y de DC, con lo que la segunda disfrutó pronto del éxito de las series de The CW (igual que ya lo había hecho en la gran pantalla de forma bastante precoz con las películas centradas en Superman y Batman), mientras la primera no pareció alcanzarlo hasta bastante después, cuando Netflix estrenase Daredevil en 2015. Desde entonces, la Marvel ha forjado una fructífera colaboración con esta entidad, y sus proyectos en común suman la friolera de cuatro series emitidas, más una quinta en ciernes, aparte de haber disfrutado, incluso, de reconocimiento crítico, como lo prueba el Premio Peabody obtenido por Jessica Jones en el año 2016.

    por Elisenda N. Frisach
    junio 06, 2017

    Crítica | Legión (1ª temporada)

    por Elisenda N. Frisach | junio 06, 2017
    American Crime Story: The People v. O.J. Simpson

    La histeria llama a la histeria

    crítica de American Crime Story: The People v. O.J. Simpson / Primera temporada.

    FX / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creadores: Scott Alexander & Larry Karaszewski, basados en el libro The Run of His Life: The People v. O.J. Simpson, de Jeffrey Toobin. Directores: Anthony Hemingway, Ryan Murphy, John Singleton. Guionistas: Scott Alexander, Larry Karaszewski, D.V. DeVicentis, Joe Robert Cole, Maya Forbes, Wally Wolodarsky. Reparto: Sterling K. Brown, Cuba Gooding Jr., Bruce Greenwood, Sarah Paulson, David Schwimmer, John Travolta, Courtney B. Vance, Nathan Lane, Kenneth Choi, Christian Clemenson, Chris Bauer, Selma Blair, Jordana Brewster, Garrett M. Brown, Dale Godboldo, Jessica Blair Herman, Evan Handler, Cheryl Ladd, Rob Morrow, Robert Morse, Steven Pasquale, Leonard Roberts, Malcolm-Jamal Warner, Connie Britton, Bonita Friedericy. Fotografía: Nelson Cragg. Música: Mac Quayle.

    Pocos proyectos televisivos han despertado tanta curiosidad en los últimos años. Cuando se supo que el dúo Scott Alexander & Larry Karaszewski (firmantes de auténticas maravillas en el mundo del biopic poco ortodoxo como Ed Wood (Tim Burton, 1994), El escándalo de Larry Flynt (The People vs. Larry Flynt, Milos Forman, 1996) o Man on the Moon (Milos Forman, 1999) y también de algunas películas más discretas) iban a llevar el juicio de O.J. Simpson al formato miniserie en FX bajo la producción de Ryan Murphy y Brad Falchuk, las alarmas de cinéfilos y seriéfilos saltaron para tratar de procesar la información, que chocaba como agua y aceite. El fichaje de John Travolta o David Schwimmer –regresos triunfales a la pequeña pantalla en distinto grado– terminó de alzar las expectativas. Vista la primera temporada de esta serie limitada, hay bastante más Murphy que Alexander & Karaszewski, pero el resultado no es nada desdeñable. Desde la noche en que los agentes de policía descubren los cadáveres de Nicole Simpson y Ronald Goldman hasta los días posteriores a la absolución de O.J. Simpson tras un juicio increíble, esta decena de episodios ha querido funcionar –y a ratos lo ha conseguido– como metáfora racial, testimonio de la disparidad de tratamiento de género y crítica a los imperios mediáticos que algunas personas construyen alrededor de su propia vida, amén de una triste crónica de una desgracia anunciada (Simpson cumple condena desde 2008 por otro crimen).

    De entrada, digámoslo ya, lo mejor de American Crime Story: The People v. OJ Simpson es una de las marcas de la casa: el gran trabajo interpretativo que contiene. No todos están igual de bien, algo inevitable con una propuesta tan coral, pero los trabajos de Sterling K. Brown, Sarah Paulson, John Travolta, Courtney B. Vance, Nathan Lane y Kenneth Choi son sobresalientes, perfectos, cargados de humor e intensidad cuando toca cada cosa. Creíbles, en definitiva, algo que a veces le falta al previsto plato fuerte de la propuesta, el oscarizado Cuba Gooding Jr. como O.J. Simpson, en una interpretación que peca de excesiva. Veremos a este elenco en las nominaciones de los Emmy de este año y puede que recogiendo algún que otro galardón, seguro. Respecto al estilo, el cuidado por el detalle y las fabulosas ideas coloridas aquí no pueden tener cabida, pero sí la cámara ingrávida que recorre los espacios y la imagen rodada al hombro para recoger el nervio de todo lo que pasa. Estamos aquí ante un grupo de personajes en constante estado de crispación, y la pauta visual que Murphy establece desde el primer capítulo y que siguen los otros directores Anthony Hemingway y John Singleton, sirve para reflejarla, aunque también se esté convirtiendo en un lugar común dentro de sus producciones.

    por Anónimo
    abril 10, 2016

    Crítica en serie | American Crime Story: The People v. O.J. Simpson

    por Anónimo | abril 10, 2016
    American Horror Story: Hotel

    La vida eterna era esto

    crítica de American Horror Story: Hotel | Quinta temporada.

    FX / 5ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2015, 2016. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Directores: Bradley Buecker, Loni Peristere, Michael Goi, Michael Uppendahl, Ryan Murphy. Guionistas: Ryan Murphy, Brad Falcuk, James Wong, Ned Martel, John J. Gray, Tim Minear, Jennifer Salt, Crytal Liu. Reparto: Lady Gaga, Chloë Sevigny, Wes Bentley, Denis O`Hare, Kathy Bates, Evan Peters, Matt Bomer, Cheyenne Jackson, Sarah Paulson, Angela Bassett, Finn Wittrock, Mare Winningham, Richard T. Jones, Shree Croks, Lennon Henry, Lyric Lennon, Helena Mattsson, Kamila Alves, Christine Estabrook. Fotografía: Michael Goi, Chris Manley. Música: Mac Quayle.

    El mal sabor de boca que dejó American horror story: Freak show, que empezó bien y desbarró hasta límites insospechados, ponía a la franquicia en una posición peliaguda. Las audiencias eran espectaculares y la recepción en el circuito de premios también, aunque ya se convirtió en la primera temporada que no ganaba un Emmy interpretativo y además era la despedida de Jessica Lange, que ha prestado su gigantesco talento a cuatro personajes de distinta procedencia y similar desarrollo. Así, Hotel tenía varios frentes de presión, y no es difícil imaginar a sus creadores mapeando la temporada con la firme intención de que no se derrumbara en la última parte, como les venía pasando. ¿Lo han logrado? Pues sí, aunque la serie está tocada de muerte en algunos aspectos (el desaprovechamiento de intérpretes, el encaje de bolillos de subtramas) y no parece que haya vuelta atrás. Pero lo importante es que, aún con sus arritmias y pasos en falso, Hotel es la mejor temporada de la saga desde Asylum, y eso es decir bastante.

    En esta ocasión, Ryan Murphy y Brad Falchuk tocan la temática de los vampiros pero desde una óptica no habitual. Aquí el vampirismo es un virus que detiene el envejecimiento, pero no da la inmortalidad, y esto convive con el tratamiento de los lugares encantados que la serie exploró en su carta de presentación, la notable Murder House. De hecho, y tras lo dicho y demostrado en Freak show, las entregas de la saga están empezando a colisionar con cada vez más frecuencia, de ahí que Hotel y Murder House estén situadas en la misma ciudad y cronología, y que hasta tres personajes de la primera temporada, más uno de la tercera, pasen por el Hotel Cortez en esta docena de episodios. Para terminar de hacer apetecible la tanda o al menos despertar la curiosidad de la audiencia, hemos asistido al debut en televisión de la popular cantante Lady Gaga, en un rol perfilado expresamente para ella y que le ha reportado un Globo de Oro nada merecido. Su interpretación es estólida en exceso, y lo curioso es que parece que viene por la propia composición del personaje, ya que en los escasos momentos en que La Condesa se mostraba vulnerable –en el estudio de grabación, sangrando en el colchón con Sally o en la última discusión con Donovan–, la actriz ganaba enteros. Eso sí, el tango con la cámara y la importancia de su potencial icónico lo tiene dominado, pero eso ya se sabía por su trabajo en los escenarios.

    por Anónimo
    enero 24, 2016

    Crítica en serie | American Horror Story: Hotel

    por Anónimo | enero 24, 2016
    Fargo

    Cómo hacer un cóctel multirreferencial y sobrevivir en el intento

    crítica de Fargo (2014-) | Segunda temporada.

    FX / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Noah Hawley. Directores: Michael Uppendahl, Jeffrey Reiner, Keith Gordon, Adam Arkin, Randall Einhorn, Noah Hawley. Guionistas: Noah Hawley, Bob DeLaurentis, Steve Blackman, Matt Wolpert, Ben Nedivi. Reparto: Patrick Wilson, Kirsten Dunst, Jesse Plemons, Ted Danson, Bokeem Woodbine, Zahn McClarnon, Cristin Milioti, Jean Smart, Jeffrey Donovan, Rachel Keller, Nick Offerman, Angus Sampson, Keir O'Donnell, Michael Hogan, Elizabeth Marvel, Allan Dobrescu, Raven Stewart, Brad Mann, Todd Mann, Brad Garrett. Fotografía: Dana Gonzales, Craig Wrobleski. Música: Jeff Russo.

    Esta es la historia de una tragedia americana. Una que aconteció en 1979, en un momento donde los hombres y las mujeres experimentaban cambios. Ellos volvían de la Guerra de Vietnam, y ellas querían una autonomía que era suya por derecho. Y en ese periodo ha decidido ambientar Noah Hawley la segunda temporada de Fargo, y la gran noticia, la que todos esperábamos, es que lo ha vuelto a hacer. La temporada, que se puede ver como una gigantesca precuela de la primera, es estupenda. Un prodigio de estilo, humor, violencia y originalidad. Un alarde constante de ingenio y carisma, que solo se puede hacer desde la mayor de las seguridades pero también con un impulso algo suicida. Si su predecesora se inspiraba fundamentalmente del film homónimo de 1996, en esta ocasión el creador ha decidido canalizar el espíritu del cine de Joel & Ethan Coen en una trama que no solo sigue homenajeando la película Fargo, sino también Muerte entre las flores (Miller`s Crossing, 1990), El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn`t There, 2001), No es país para viejos (No Country For Old Men, 2007) o Quemar después de leer (Burn After Reading, 2008), solo por decir los referentes más obvios. La trama nos lleva esta vez al desarrollo de la llamada Masacre de Sioux Falls, donde el enfrentamiento entre la familia Gerhardt y la mafia de Kansas City tuvo en su centro al peculiar matrimonio Bloomquist y a las apariciones de algunos objetos voladores no identificados, dejando un considerable reguero de cuerpos y manchas de sangre. En medio de todo y en el lado de la ley está la familia Solverson, nuestro nexo más directo con la primera temporada, y que por jurisdicción e instinto va a ser parte investigadora del caso. A Lou le da vida en su juventud un estupendo Patrick Wilson, nominado al Globo de Oro, y conoceremos a su esposa Betsy, madre de Molly y enferma de cáncer, y a su suegro Hank, de quién pudo haber aprendido sus estupendas dotes de policía.

    El mayor mérito de Hawley y su equipo es el de crear vida y una historia factible cuando su construcción es tan artificial, cuando los referentes importan tanto a la hora de componer los episodios. Requiere un talento especial como narrador el hacer esto, y está claro que Hawley lo tiene, de ahí que todo tenga cabida en su Fargo (desde una narración omnisciente a cargo de Martin Freeman hasta una premonición certera de Betsy que se materializa para deleite de la audiencia fiel). Todo este artificio para hablar en realidad de temas eternos, de hombres y mujeres diseccionados hasta los sentimientos más elementales y de la idiosincrasia de un país y en concreto de una región que parece regirse por reglas muy particulares. La gran novedad de estas entregas es la apuesta por la coralidad de una historia que sucede en múltiples frentes, más o menos conectados pero tocados todos por el carisma de unos diálogos para enmarcar y unas interpretaciones sensacionales. Humor y gravedad que bailan con una facilidad pasmosa escena tras escena, en una operación donde no sobra nada y todos los elementos están bien usados. Y como ya ha pasado, existe algún que otro personaje que acaba destacando casi por méritos propios, al producirse la acertada simbiosis entre un gran intérprete y un material de altura. Si de la primera temporada es difícil olvidar a Lorne Malvo o Molly Solverson, aquí son Peggy Bloomquist o Mike Milligan los que dejan un mejor recuerdo, debido en gran parte al talento de la también nominada al Globo de Oro Kirsten Dunst –que está sensacional en un personaje nada fácil, que le pide actuar con cada célula de su ser– y de Bokeem Woodbine, en auténtico estado de gracia. Pero nadie desmerece en un desfile de criaturas algo tocadas que dejan una impresión, como mínimo, a recordar. También se puede apuntar, aunque sucede muy poco, que en ese querer cimentar el carisma se cae en la verbosidad más redundante, y pasamos de estar en el mundo de los Coen a estar, digamos, en una cinta de Quentin Tarantino. No es que sea algo malo de por sí, pero si sucede varias veces en un mismo episodio el espectador puede acabar más harto que encantado. Peccata minuta en realidad, pero arruina lo cerca que está la serie de la perfección.

    por Anónimo
    enero 09, 2016

    Crítica en serie | Fargo (T2)

    por Anónimo | enero 09, 2016
    The bastard executioner

    Excéntrico juguetito

    crítica de The Bastard Executioner (2015) | Primera y última temporada.

    FX / 1 temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Kurt Sutter. Directores: Paris Barclay, Ciaran Donnelly, Kari Skogland, Billy Gierhart, Ashley Way. Guionistas: Kurt Sutter, Charles Murray, Nichole Beattie, Curtis Gwinn, Roberto Patino, John Barcheski, Carly Wray, Ryan Scott. Reparto: Lee Jones, Stephen Moyer, Katey Sagal, Flora Spencer-Longhurst, Sam Spruell, Timothy V. Murphy, Sarah White, Sarah Sweeney, Ethan Griffiths, Darren Evans, Danny Sapani, Kurt Sutter, Elen Rhys, Alec Newman, Ross O'Hennessy, Kyle Rees, Sophie Lovell Anderson, Trevor Sellers, James Rousseau, Eloise Lovell Anderson, Francis Magee, Matthieu Charneau, Tim McDonnell, Llew Davies, Ed Sheeran, Matthew Rhys, Tom Forbes. Fotografía: Mike Sprag, Henry Braham, Denis Crossan, Sam McCurdy. Música: Bob Thiele Jr.

    A veces sucede en el mundo del entretenimiento que si uno ha hecho un trabajo de resonancias tanto críticas como de público, tiene algo de cancha para afrontar su siguiente proyecto. La primera vez que oímos hablar de The Bastard Executioner, Kurt Sutter no había terminado todavía con Hijos de la Anarquía (2008-2014), pero no le faltaba mucho. Se unió entonces la buena relación que tiene con FX (una cadena que cuida muy bien a los suyos) desde 2002 y que el renombrado productor de cine Brian Grazer escuchó su idea y mostró interés. Menos de seis meses después del final de su drama motero se estaba rodando el piloto de la serie que nos ocupa, que recibió la luz verde casi automáticamente y ha estrenado su primera temporada en la misma franja que Hijos de la Anarquía, exactamente un año después. Y deberíamos decir ya que esa primera temporada será también la única, ya que “el capricho” de Sutter le ha salido caro a la cadena, y esto, unido a unos índices de audiencia más bien discretos y a que a grandes rasgos se han cerrado muchas tramas, ha hecho que la serie se convierta en un proyecto cancelado. Una pena, aunque a su vez es entendible. En la crítica del piloto de la serie ya dijimos que al creador no se le daban especialmente bien los episodios de arranque y que su talento se podía ver mejor a largo plazo. Que cuanto más tiempo tuviera, la cosa mejoraría bastante.

    Ese largo plazo han sido finalmente ocho entregas más, que los responsables han aprovechado exhaustivamente para contar esta extraña historia de religión, sangre, política y venganza. A grandes rasgos y simplificando un poco, la premisa nos lleva al siglo XIV y a Gales, cuando el catolicismo castigaba con fuerza y el duro sistema de diezmos tenía a los pueblos en una difícil situación. Bajo el reinado de Eduardo II, la tensa situación entre galeses e ingleses se filtra a través de ataques a cosechas y poblados. Nuestro protagonista es ese verdugo por accidente del título (el casi debutante e imponente Lee Jones), un antiguo soldado que pierde a su familia en un ataque del Barón de Ventriss, y que para beneficio del chambelán de la corte (un Stephen Moyer que se debe haber divertido mucho con el rol) sustituirá al verdugo, metiéndose en una peligrosa nueva vida. Pero no es solo es quien experimenta estos cambios en el mundo, ya que la serie tiene hasta trece personajes fijos y unos cuantos más semiregulares, de manera que los guionistas tienen muchas subtramas que ofrecer y diferentes situaciones que equilibrar. Los episodios duran 55/60 minutos, y aunque no todas las historias están bien desarrolladas y su interés es intermitente (Petra no existe como personaje, los intrigantes desmembramientos se abandonan y retoman a capricho), uno no puede decir que The Bastard Executioner no entretenga.

    por Anónimo
    diciembre 05, 2015

    Crítica en serie | The bastard executioner

    por Anónimo | diciembre 05, 2015
    The Strain. Season 2

    El ser humano lucha y resiste

    crítica de The Strain (2014-) | Segunda temporada.

    FX / 2ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Guillermo del Toro & Chuck Hogan. Directores: Guy Ferland, Phil Abraham, J. Miles Dale, Howard Deutch, Kevin Dowling, Vincenzo Natali, Gregory Hoblit, TJ Scott, Guillermo Del Toro. Guionistas: Chuck Hogan, Carlton Cuse, David Weddle, Bradley Thompson, Regina Corrado, Justin Britt-Gibson, Liz Phang. Reparto: Corey Stoll, David Bradley, Mia Maestro, Kevin Durand, Richard Sammel, Jonathan Hyde, Max Charles, Ruta Gedmintas, Miguel Gomez, Natalie Brown, Jack Kesy, Robin Atkin Downes, Lizzie Brocheré, Joaquín Cosio, Rupert Penry-Jones, Samantha Mathis, Ron Canada, Jamie Hector, Nicola Correia-Damude. Fotografía: Colin Hoult, Miroslaw Baszak. Música: Ramin Djawadi.

    Aunque han mantenido la mejor esencia de la serie y a grandes rasgos no ha habido ningún elemento perjudicial para el conjunto, la segunda temporada de The Strain es inferior a la primera. Quizá el problema recaiga, como pueden haberse dado cuenta sus responsables, en que 13 capítulos son demasiados para lo que quieren contar (según cuentan ellos mismos tienen desde el principio la serie dividida argumentalmente en cinco tandas), así que los episodios que retrasan el avance de la historia general están presentes, aunque sabiamente usados para profundizar en el pasado a través de flashbacks, como sucede con el carismático Eichorst y su pasado pre-nazismo, la primera vez que Eph y Nora se conocieron o el momento en que Setrakian y Palmer eligieron caminos opuestos en la búsqueda del Occido Lumen, gran artefacto narrativo que puede ser la solución al problema vampírico. Quizá el problema sea otro, como la intermitente presencia de algunos personajes o el directamente mal uso de otros, lamentablemente los femeninos en concreto (Nora ha perdido tridimensionalidad a pesar del gran talento de Mía Maestro, Coco ha sido puramente instrumental en última instancia). Quizá sea otra cosa, pero lo único que está claro es que cuando el eficaz y desolador final de temporada llega, uno se da cuenta del todo de que algo se ha perdido respecto a lo ya visto.

    La temporada comienza y los personajes reagrupan fuerzas tras los eventos que cerraron la primera, con el parcialmente fallido ataque contra el Maestro y los Ancianos organizados con Gus y Vaun para atacar a Palmer y cortar el suministro de dinero del vampiro. A pesar de los desvíos ya nombrados en forma de viajes al pasado, The Strain sigue una estructura bastante lineal y clásica, alternando sus diferentes grandes puntos narrativos y gestionando el uso de los secundarios (ya sabemos la razón por la que Bolivar/Jack Kesy estaba fijo en los créditos) con sabiduría, como el poderoso pandillero Alonso Creem o Barnes, el jefe de Eph antes de la catástrofe. Ben Hyland ha sido sustituido por Max Charles en el papel de Zach, algo que sucede en ocasiones con los menores de edad en televisión, pero el público ha salido perdiendo por el camino, ya que Charles es peor actor y el personaje tenía un arco más complejo esta temporada, así que se han unido ambos elementos y la mezcla no sale especialmente bien. Lo que sí ha funcionado mejor es la idea de ampliar el campo de acción de los personajes y mostrarnos un poco cómo la esfera política y poderosa está tratando el mortal problema, especialmente con la creación de un personaje estupendo, la concejala Justine Ferraldo, a la que da magnífica vida Samantha Mathis. Ferraldo plantea la idea de enfrentarse de manera práctica y de frente, y supone un poco de oxígeno a la habitual descripción simplona de los poderes fácticos en dramas así.

    por Anónimo
    octubre 16, 2015

    Crítica en serie | The Strain (T2)

    por Anónimo | octubre 16, 2015
    The bastard executioner

    Verdugo por accidente

    crítica de The bastard executioner (2015-) | Episodio piloto.

    FX | EEUU, 2015. Director: Paris Barclay. Guión: Kurt Sutter. Reparto: Lee Jones, Stephen Moyer, Katey Sagal, Flora Spencer-Longhurst, Sam Spruell, Darren Evans, Danny Sapani, Timothy V. Murphy, Sarah White, Sarah Sweeney, Elen Rhys, Ethan Griffiths, Kurt Sutter, Brían F. O`Byrne, Matthew Rhys, Martin McCann, Felix Scott, Kyle Rees, Alec Newman, Richard Brake. Fotografía: Henry Braham. Música: Bob Thiele.

    A Kurt Sutter no se le dan muy bien los episodios piloto, algo que ya se podía sospechar en Hijos de la Anarquía (2008-2014) y que se confirma con esta The Bastard Executioner, proyecto extravagante que el hombre se ha podido permitir tras sostener con mucha consistencia 92 capítulos de su drama motero, y despedirlo de manera contundente el pasado diciembre. A Sutter, cuyo talento nadie puede poner en duda, se le da bien la narrativa seriada en el tiempo. El trabajo a largo plazo, se podría decir. Me atrevería a decir desde ya que cuando la primera temporada de The Bastard Executioner termine a mediados de noviembre estaremos ante una serie a la que no se le debe perder la pista. Hasta entonces, basándonos en este capítulo doble que suma 90 minutos, la sensación es agridulce. Hay algo de rutina en el desarrollo de la acción, en la manera en que las subtramas se están empezando a desenvolver y los personajes van definiéndose con sus gestos y palabras. Pero eso no se debe a torpezas ni comportamientos de guionista novel, sino a que el creador está tomándose el tiempo que cree necesario para presentar a sus personajes. Estamos ante una serie con 13 personajes fijos en diferentes niveles de importancia y presencia, pero que si son fijos es por algo (esa criada de nombre Isabel, ese pastor de ovejas acusado de zoofilia), así que la valoración que aquí se ofrece debe tomarse con precaución.

    La historia nos lleva a pleno siglo XIV y a Gales, en un momento donde el catolicismo castigaba con fuerza y el duro sistema de diezmos tenía a los pueblos en una difícil situación. Bajo el reinado de Eduardo II, la tensa situación entre galeses e ingleses llega a un máximo que en este capítulo se filtra a través de los ataques encapuchados de un grupo de campesinos para evitar la abusiva recolección sobre su hogar. Un ataque que, como descubrimos en el ecuador del episodio –o el final de la primera parte si se prefiere–, va a costarles un gran precio. Lo admirable de este capítulo y de Sutter como narrador es que no le asusta ir a los extremos. Cuando uno piensa que la venganza puede ser el motor que mueva toda la serie, un par de escenas más tarde se soluciona el conflicto. Muchos de los personajes tienen intenciones ambiguas (se salva si acaso nuestro sufriente protagonista) y es en esa zona gris en la que nos vamos a mover. Unas aguas turbulentas capaces de aunar brutalidad y ternura, casi la marca de la casa.

    Nuestro protagonista es ese verdugo del título, casi verdugo por accidente cuando interviene en su destino –y más de lo piensa– una misteriosa sanadora de nombre Annora (la estupenda Katey Sagal), y se pone en funcionamiento un plan en el que parece que Dios tiene algo que decir. O quizá su fuerza contraria. La visión de la religión y la fe en Sutter siempre viene cargada de símbolos. Y de sangre. Los límites de lo que se puede representar en una cadena de basic cable como FX son de nuevo probados por el guionista, y como siempre hay mayor permisividad con la violencia (la ejecución que cierra el episodio) que con el sexo, aunque también hay de eso en este piloto. Del amplio reparto no da tiempo a que nadie deje una especial impresión, si acaso un Stephen Moyer recién salido de True blood (2008-2014) y que se puede ver que disfruta de la picaresca de su personaje. Todo muy presentado aunque no deje especial huella, pero lo suficientemente interesante como para querer volver al resto de la temporada. Sutter –y su habitual colaborador Paris Barclay, director/productor de gran talento– han demostrado que son capaces de cosas estupendas, y que la paciencia acaba pagando muy bien en su cuerpo de trabajo. [70/100]


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Anónimo
    octubre 07, 2015

    TV Review | The bastard executioner (FX)

    por Anónimo | octubre 07, 2015

    Juguetón ensayo sobre la Comedia

    crítica a The Comedians (2015-) | Primera temporada.

    FX / 1ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2015. Creadores: Ben Wexler & Matt Nix & Larry Charles & Billy Crystal. Directores: Larry Charles, Richie Keen, David Mandel. Guionistas: Ben Wexler, Matt Nix, Larry Charles, Billy Crystal, Eric Ledgin, Andrew Secunda, Laura Krittell, Laura Kraft, Doug Mand, Dan Gregor. Reparto: Billy Crystal, Josh Gad, Stephnie Weir, Matt Oberg, Megan Ferguson, Denis O`Hare, Clayton Early, Dana Delany, Andrew Secunda, Olivia Taylor Dudley. Fotografía: Anthony Hardwick.

    El punto de partida de The Comedians era demasiado goloso como para resistirse, al menos de entrada. Billy Crystal (y todo lo que representa) y Josh Gad (y todo lo que representa) se ven obligados a trabajar juntos en un programa de sketches para FX, un proceso que va a quedar documentado como gigantesco detrás-de-las-cámaras desde que Crystal recibe la noticia de que debe trabajar con Gad hasta la grabación del último programa de la temporada. El aspecto meta no solo está claro sino que es usado profusamente por los creadores, que hacen equilibrios con múltiples frentes (las sangrantes autoparodias del dúo, el vistazo a los entresijos de producción, la dura tarea y frecuente desprecio del oficio de guionista de comedia y el mundo del espectáculo en general) con bastante acierto. Aunque la gran apuesta, lo que da las mayores cargas de sentido al proyecto, es la relación y dinámica entre los dos protagonistas. Interpretados con carisma y mucha gracia por Crystal y Gad, que no se han cortado a la hora de exponer inseguridades, miedos y vergüenzas en un trabajo que transpira honestidad. El camino hacia el compañerismo de Billy y Josh está plagado de divertidos infortunios (las escenas del colocón en el supermercado son oro puro), y el séquito de secundarios (no muy explorados, todo hay que decirlo) es testigo con mayor o menor grado de los choques y momentos de unión.

    Un proceso muy bien graduado, que arranca como el mayor de los malentendidos y culmina en un cambio, en una suerte de transformación de la que ambos personajes salen tocados. Los guionistas contraponen concepciones del humor, el peso de la experiencia y la importancia del talento innato, y lo que diferencia The Comedians de otras comedias de corte similar que miran hacia la industria es que ésta quiere hablar sobre el género, quiere reflexionar sobre la Comedia. Y lo hace, y lo mejor es que lo hace con tanta brillantez como sutileza, delimitando las diferencias generacionales y convocando múltiples estilos y perspectivas (los impagables cameos de Mel Brooks o Rob Reiner frente a los de Rick Glassman, Kate Micucci o Rory Scovel). No es una lección ni un panfleto al final del día, sino una hilarante mirada a las entrañas de una profesión dura, satisfactoria a la par que frustrante. Y aunque pueda parecer que sea Billy quien gana la cuestión, existen suficientes argumentos a favor de Josh también, y la audiencia quien decide qué pensar (o no hacerlo), sin que su decision pueda estar del todo equivocada.

    por Anónimo
    julio 16, 2015

    Crítica en serie | The Comedians [1 temporada]

    por Anónimo | julio 16, 2015

    Impecable tercer acto

    crítica a The Americans (2013-) | Tercera temporada.

    FX | 3ª temporada, 13 episodios, EE. UU., 2015. Creador: Joseph Weisberg. Directores: Daniel Sackheim, Thomas Schlamme, Kevin Dowling, Noah Emmerich, Dan Attias, Stephen Williams, Larysa Kondracki, Andrew Bernstein, Christopher Misiano. Guionistas: Joel Fields, Joe Weisberg, Joshua Brand, Stuart Zicherman, Peter Ackerman, Stephen Schiff, Tracey Scott, Lara Shapiro. Reparto: Keri Russell, Matthew Rhys, Holly Taylor, Keidrich Sellati, Noah Emmerich, Susan Misner, Annet Mahendru, Richard Thomas, Alison Wright, Lev Gorn, Costa Ronin, Margo Martindale, Daniel Flaherty, Kelly AuCoin, Frank Langella, Brandon J. Dirden, Julia Garner, Vera Cherny, Rahul Khanna, Svetlana Efremova, Jefferson Mays, Michael Aronov, Lois Smith, Will Pullen, Peter Mark Kendall. Fotografía: Richard Rutkowski. Música: Nathan Barr.

    Para empezar el análisis de la tercera temporada de The Americans, previamente hay que señalar que el punto de partida de la serie creada por Joseph Weisberg no se inspira en la realidad, por lo exagerado y radical de su planteamiento, sino en las narraciones ficcionales, tanto fílmicas como novelescas, sobre la Guerra Fría. Ello instaura al espectador en un universo reconocible y acotado, algo que propicia una mirada extrínseca, casi metalingüística, de dicho universo, lo que fuerza al máximo la suspensión de incredulidad del público y aleja a su sector menos paciente y/o avezado. Y es una verdadera lástima porque, superado este escollo inicial, The Americans se revela como un producto televisivo muy superior a la media, tan impecable en su factura visual como elaborado argumentalmente y, sobre todo, muy ambicioso desde el punto de vista temático. En realidad, se trata de una serie que bajo su convencional envoltorio de thriller –el género por excelencia de la evasión para adultos– atesora reflexiones de todo tipo (psicológicas, sociales, políticas...), cuyo peso conforme avanza la historia es cada vez mayor, gracias a la sutileza e inteligencia de sus guiones y a una realización precisa y sobria, casi quirúrgica, que evita subrayar el tono paulatinamente más denso, pesimista y asfixiante del serial.

    En este sentido, el potencial dramático que ya se intuía en la primera tongada de episodios, y que contrastaba con la estructura intensamente climática de la siguiente temporada, en esta tercera parte ha eclosionado con tanta elegancia como contundencia. Los giros sorpresivos –al límite de lo verosímil– de las anteriores entregas han dejado paso a una narrativa pausada y lineal, en la que los hechos se suceden de manera orgánica, a menudo aglutinados de forma impresionista alrededor de los personajes o de los lugares. Ello se debe, básicamente, al hecho de que el foco de interés de la historia se ha ido deslizando inadvertidamente desde el lado más intrigante de la trama hacia el más íntimo. O dicho de otro modo: claramente enmarcada como está la acción dentro del relato de espías, este componente ha devenido, a la postre, el telón de fondo sobre el que resaltar con intensidad el cariz triste y dramático de la narración. Sin duda, los responsables The Americans conocen de cerca a los maestros literarios del género (Graham Greene, John le Carré, Robert Ludlum...), cuyas novelas están plagadas de seres humanos complejos y ambivalentes, y donde no son las personas, sino los intereses creados y el sistema que los sustenta (estados, agencias gubernamentales, partidos...) lo que verdaderamente instaura la maldad en el mundo. No en vano, la mayoría de los autores mencionados desempeñaron tareas de espionaje en su vida real o formaron parte de los cuerpos militares de su país, igual que Weisberg fue agente de la CIA. The Americans, por tanto, no oculta su condición de heredera de dichos clásicos y, como ellos, su propósito de fondo se encuentra más vinculado a una reflexión social e histórica, y aún ontológica, que al mero entretenimiento de masas pasado por el tamiz, siempre popular, de las historias de misterio.

    por Elisenda N. Frisach
    junio 08, 2015

    Crítica en serie | The Americans (Temporada 3)

    por Elisenda N. Frisach | junio 08, 2015
    Louie (Temporada 5)

    La magia del autor total

    crítica a Louie (2010-) | Quinta temporada.

    FX / 5ª temporada: 8 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Louis C.K. Director: Louis C.K. Guionistas: Louis C.K., con Pamela Adlon, Robert Smigel y Steven Wright como argumentistas. Reparto: Louis C.K., Ursula Parker, Hadley Delany, Pamela Adlon, Robert Kelly. Fotografía: Paul Koestner. Música: Matt Kilmer & Sweetpro.

    Las expectativas alrededor de la quinta temporada de Louie eran muy altas. Tras la ambiciosa cuarta entrega, compuesta de múltiples historias en partes y donde el creador/director/montador/protagonista experimentó con el formato y el tono, los espectadores no sabíamos qué esperar de la nueva tanda, la más corta hasta la fecha (se reveló hace poco que esto se debe a que C.K. había decidido retrasar del rodaje pero en el último momento cambió de opinión, lo que le costó un buen pellizco en el presupuesto). El resultado se puede considerar una mezcla entre el tono más episódico y fraccionado de los orígenes de la serie y un paso más adelante en la confianza de un hombre que definitivamente está en su mejor momento creativo. 61 episodios después, la imprevisibilidad sigue reinando en Louie, dicho esto como el mayor de los cumplidos y como prueba de la madurez en la mirada cómica al mundo de un humorista de profesión y padre de corazón, que solo trata de navegar por la vida y a cada paso lidia con las cosas que van surgiendo. Estamos ante una serie capaz de hacer que un ataque de diarrea sea una épica carrera contra el tiempo y que la muerte más estúpida nos deje indiferentes. Y eso tiene mucho mérito.

    La continuidad siempre ha sido algo con lo que C.K. juega abiertamente si por el camino es capaz de ofrecer algo interesante, sin importar que el resultado sea contradictorio al aplicar la lógica. La temporada anterior se despidió con Louie y Pamela como pareja, y esa decisión sí se respeta y avanza, así como la presencia en el edificio donde el protagonista vive del doctor Bigelow (un extraordinario Charles Godrin). Pero con la misma se recupera a la figura de Bobby como hermano de Louie, algo que llevaba temporadas sin usarse, a pesar de que Robert Kelly ha seguido interviniendo en la serie. Lo mejor de esta opción narrativa, que comprensiblemente frustra a algunos espectadores, es que hace que todo tenga cabida en Louie pero sin que se pueda acusar de capricho injustificado. Esta temporada ha tratado sobre las inseguridades de las mujeres embarazadas, las responsabilidades de los padres (separados o juntos), la vida de un cómico en plena gira, las cargas extrafamiliares, la dificultad de estar en una relación o los trastornos del sueño. Temas dispares pero que a través de la mirada del hombre-orquesta y sus guionistas/asesores (no solo Adlon, sino esta vez Robert Smigel –que experimentó la infernal noche con policía desastre que aquí se recoge en Cop story (5.3)– o Steven Wright) da lugar a puro oro televisivo. No necesariamente cómico, pero sí trascendental, y lo mejor es que esto se logra sin pretensiones desmedidas. La sencillez, que no simpleza, con la que las ideas –algunas muy complejas– son expuestas en este impecable producto hace que la audiencia entre en una suerte de hipnosis ante la que uno se maravilla por lo visto.

    por Anónimo
    junio 02, 2015

    Crítica en serie | Louie (Temporada 5)

    por Anónimo | junio 02, 2015
    Justified (2010-2015)

    La placa marca la diferencia

    análisis final de Justified (2010-2015)

    FX / Justified / 6 temporadas: 78 capítulos | EE.UU, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015. Creador: Graham Yost, basado en el relato de Elmore Leonard “Fire in the hole”. Directores: Adam Arkin, Jon Avnet, Peter Werner, Michael Dinner, John Dahl, Bill Johnson, Michael W. Watkins, Gwyneth Horder-Payton, Don Kurt, Dean Parisot, Tony Goldwyn, Michael Pressman, otros. Guionistas: Graham Yost, Benjamin Cavell, Fred Golan, Dave Andron, Chris Provenzano, Taylor Elmore, Ingrid Escajeda, VJ Boyd, Leonard Chang, Keith Schreier, Elmore Leonard como argumentista, otros. Reparto: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jacob Pitts, Erica Tazel, Jere Burns, Natalie Zea, David Meunier, Jonathan Kowalsky, Rick Gomez, Raymond J. Barry, Jesse Lunken, Damon Herriman, Jeremy Davies, Mykelti Williamson, Kaitlyn Dever, Abby Miller, Jim Beaver, Demetrius Goose, Linda Gehringer, Sam Anderson, Kevin Rankin, otros. Fotografía: Francis Kenny, Stefan Von Bjorn, Richard Crudo, otros. Música: Steve Porcaro.

    ¿Qué diferencia a veces a un criminal de un policía? En un clima como el actual, donde nos llegan noticias cada día de cómo agentes de la ley –en muchos casos estadounidenses– matan gente en servicio, presos de las circunstancias, el fin de una serie como Justified: la ley de Raylan es de lo más oportuno. Una serie que arranca con un agente de la ley que mata a sangre fría a un criminal tras crear las circunstancias que le podrían salvar posteriormente de la situación y que termina, 78 capítulos y más de cinco después, con una situación que funciona como espejo de ese arranque, donde el agente de la ley no dispara. Porque ha cambiado, porque varios años de vuelta en su ciudad natal y todo lo que ha visto, hecho y experimentado le han hecho crecer. Y en eso consiste muchas veces una serie, si se hacen bien las cosas. Es mostrar que los seres humanos crecen, maduran –aunque puede que en lo esencial no cambien– y que en el tiempo que hemos pasado a su lado hemos sido testigos de algo especial. Justified: la ley de Raylan es una de esas series hechas desde la autoconsciencia de lo que se está haciendo, donde cada parte parece minuciosamente conectada con las otras y la idea de un plan final sobrevuela cada segundo de metraje. Ni decisiones baladí ni pasos en falso, al menos fuera de lo que se puede prever, claro. La cada vez más constante actividad como director de Adam Arkin hizo imposible que Theo Tonin fuera el gran malvado que estaba previsto, y la salida como fija de Natalie Zea limitó las tramas de Winona hasta el punto de ser más que nada la sufriente madre de la hija del protagonista, pero vista la serie entera se puede observar que estos imprevistos fueron salvados con más o menos pericia y que, lo más importante, las seis temporadas de duración funcionan como un Todo compacto.

    por Anónimo
    mayo 03, 2015

    Crítica en serie | Justified (2010-2015). Final

    por Anónimo | mayo 03, 2015
    The Comedians

    Sangrante y divertida autoparodia

    crítica a The Comedians (2015-) | Episodio piloto

    FX | EE.UU, 2015. Director: Larry Charles. Guión: Ben Wexler & Matt Nix & Larry Charles & Billy Crystal. Reparto: Billy Crystal, Josh Gad, Stephnie Weir, Matt Oberg, Megan Ferguson, Denis O`Hare, Andrew Secunda, Steven Weber, Larry Charles. Fotografía: Anthony Hardwick.

    FX ha sido muy astuta a la hora de poner en pie este apetecible proyecto, ya que ha ocultado lo más posible –algo milagroso en un momento como el actual, donde casi todo se filtra– el aspecto directamente meta de su nueva comedia. Basada en la serie sueca Ulveson & Herngren (2005), The Comedians se había vendido como la historia de un cómico consagrado que debía unir fuerzas profesionales con una estrella emergente, un contraste de generaciones que se las prometía muy divertida. Y tenemos eso, sí, pero lo que no sabíamos es que Billy Crystal y Josh Gad iban a entrar en un lúdico juego al interpretarse a sí mismos como parte de un programa de sketches para ¡FX!, dirigido –brevemente– por el célebre Larry Charles (guionista de Seinfeld (1989-1998) y director de las tres comedias americanos ideadas por Sacha Baron Cohen), que hace también de sí mismo. Charles es co-creador y director/productor de The Comedians, junto al propio Crystal, Ben Wexler y Matt Nix, todos con algún papel en este estupendo episodio piloto. Un trabajo que usa a conciencia sus 23 minutos para ponernos en situación, ya que la serie en sí es un falso documental sobre el proceso que lleva a Crystal a trabajar con Gad y poner en pie un programa donde el protagonismo tiene una proporción del 50%.

    El capítulo va hacia delante y hacia detrás en el tiempo tres meses antes de la grabación del primer programa, cuando –empieza la ficción– FX se reunió con Crystal para decirle que solo iban a financiar la temporada de su programa de sketches “The Billy & Billy show” (el clip que se nos muestra es genial) si accedía a unirse con Gad frente a la cámara. Veremos su primera cena de negocios y la dinámica de celos y lucha territorial que cada uno trata de imponer, con ambos actores humillándose gustosamente. Es la marca del buen cómico, y el juego con dónde empieza la realidad y acaba el aspecto paródico, algo con que cuentan y explotan para provocar la risa. Pero la serie no solo se nutre de ellos, sino del circo alrededor del mundo del espectáculo, aquí centrado en ejecutivos que doran la píldora, agentes que cuentan medias verdades y, a tenor del hecho de que los intérpretes están fijos en la serie, jóvenes asistentes de las estrellas y el guionista jefe del programa, cuyo trabajo se prevee complicado para nuestro deleite.

    Como en los mejores pilotos, la presentación de la historia no abarca todo el metraje sino que las subtramas ya comienzan y los resortes cómicos de lo que vamos a ver durante 12 capítulos más se empiezan a desplegar. El contraste entre generaciones de cómicos, el ego de las estrellas, la importancia del chiste frente a la gracieta barata, el ansia de ser el más gracioso (aquí Josh la pifia siempre porque se acaba pasando) y el humor incómodo como seña de identidad general, a tenor de lo visto en el capítulo y el personaje de Kristen, todo nervios y problemas de colon. El formato de falso documental permite jugar también con la doble perspectiva y el contraste a través del montaje (esas llamadas desde el coche a los agentes tras la cena), y también vemos directamente algunos hilarantes sketches de “The Billy & Josh show”. Está claro que The Comedians busca ante todo hacernos reír, ofrecer una vitriólica visión de la vida profesional en Los Ángeles y que no teme tocar temas espinosos, como el que introduce el personaje de Steven Weber como punto intermedio entre lo que Josh y Billy buscaban en el nuevo director/a del programa. Es una premisa muy jugosa, que promete mucho y que esperemos no se despeñe por el camino del autorretrato exagerado. 80/100.

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    por Anónimo
    abril 13, 2015

    Reseña TV | The Comedians (FX)

    por Anónimo | abril 13, 2015
    Man seeking woman

    El, literalmente surrealista, mundo de las relaciones

    crítica a Man seeking woman (2015-) | Primera temporada

    FX / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Simon Rich, basado en su propio libro. Directores: Jonathan Krisel, Ben Berman, Tim Kirkby. Guionistas: Simon Rich, Robert Padnick, Dan Mirk, Sofia Alvarez, Ian Maxtone-Graham. Reparto: Jay Baruchel, Eric André, Britt Lower, Maya Erskine, Robin Duke, Ennis Esmer, Mark McKinney, Jeff Pangman, Vanessa Bayer, Miles Fisher. Fotografía: Bobby Shore, Christian Sprenger.

    La apuesta de Simon Rich es su primera creación para televisión es a la vez sencilla y complicada. El punto de partida de la historia es el que sigue: Maggie deja a Josh tras seis años juntos, y éste trata de conocer a una chica con la que empezar una relación, aconsejado por su amigo Mike y su hermana Liz pero sin olvidar del todo a su ex. Cada entrega documentará los intentos del protagonista, así como la dificultad de no pensar en Maggie y hasta en un capítulo especial es su hermana la que debe pasar por lo que él pasa (el estupendo Teacup (1.9), donde se luce la maravillosa Britt Lower). Lo complicado está en que Rich, que está adaptando su propio libro de relatos cortos humorísticos, decide jugar la carta cómica de la extravagancia. Con todo lo que eso conlleva. El creador y sus guionistas optan por una efectiva mezcla de exageración, absurdo, literalidad y surrealismo para configurar una mirada cómica fresquísima al mundo de las relaciones y las citas en la actualidad, aunque lo dicho tiene mucho de atemporal. Es un tono difícil de acuñar, pero que queda bastante bien resumido ya desde la cabecera de la serie.

    Lo que pasa entonces en cada capítulo es que Josh se las verá con alguna nueva opción para el mundo del soltero que no quiere serlo. Situaciones arquetípicas y plenamente reconocibles que los guionistas retuercen en busca de una risa que, en caso del que abajo firma, se logra siempre. Sin embargo, siendo una apuesta tan particular es evidente que muchos espectadores la recibirán con un alto grado de rechazo, y quizá algunas de sus críticas tengan algo de razón. Es cierto que la serie se ve ligeramente perjudicada por su mirada marcadamente masculina, que se extiende desde la presencia de un reparto femenino de gran belleza (aunque también talentoso, todo hay que decirlo) hasta una casi malsana fijación con redundante chistes de sexo y escatología. Por otro lado, esto se equilibra por la saña y honestidad que con que reflejan la constante humillación masculina, usando a un voluntarioso y notable Jay Baruchel como el centro de todo tipo de perrerías. Perrerías por la que pasa el personaje voluntariamente, y que van desde una terrible cita a ciegas a meterse en una relación con una chica mucho más atractiva –con los consiguientes celos y desconfianza– o sentar la cabeza demasiado rápido con otra mujer. Suena a mil veces visto, y sobre el papel es así, pero ahí es donde entra en juego la originalidad de Man seeking woman.

    por Anónimo
    marzo 24, 2015

    Crítica en serie | Man seeking woman / Temporada 1

    por Anónimo | marzo 24, 2015
    Curtain Call (4x13)

    Decepcionante conclusión

    crítica a Curtain Call (4x13) | American Horror Story: Freak Show / ★★

    FX | EE.UU, 2015. Director: Bradley Buecker. Guión: John J. Gray. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Reparto: Sarah Paulson, Evan Peters, Finn Wittrock, Angela Bassett, Kathy Bates, Jessica Lange, John Carroll Lynch, Wes Bentley, Chrissy Metz, Danny Huston, Grace Gummer, David Burtka, Malcolm-Jamal Warner, Jyoti Amge, Erika Ervin, Mat Fraser, Rose Siggins, Ben Woolf. Fotografía: Michael Goi. Música: Mac Quayle.

    Las dos primeras escenas de este capítulo, la despedida de Freak show, resumen sin saberlo la esencia argumental de una serie cada vez peor escrita. A saber, el episodio se abre con Eve, Paul, Barbara y Penny colocando carteles que anuncian el nuevo número estrella del espectáculo: Dandy Mott, propietario y cantante con conocimientos de danza. Ante las quejas de las mujeres sobre el comportamiento del joven, Paul lo defiende argumentando que es mejor eso que vivir en la calle, que mientras Dandy tenga dinero, seguirán obedeciéndole. La siguiente escena recoge las constantes críticas del chico ante el sistema de iluminación y una diatriba de insultos contra los que acaban de poner el cartel. La escena se va haciendo cada vez más intensa, hasta que Eve derriba al chico de un puñetazo y los trabajadores, a los que se ha añadido Suzi, anuncian su dimisión. Paul, en particular, recula la sólida posición que ha mantenido tres minutos antes y acaba escupiendo al chico en la cara. Ese brusco cambio de actitud en el Hombre Foca y la rapidez con la que la serie llega al conflicto, a la violencia, son la prueba definitiva de la falta de sutileza e, incluso, lógica de una serie que ha derrapado a lo grande en su más reciente tanda. Todo lo prometedor de los primeros capítulos, que lo había, pareció irse con la muerte de Twisty, posiblemente el personaje más perdurable de Freak show.

    Tras ganar su sorprendente pero merecido Emmy a Mejor actriz en una miniserie por su trabajo en Coven, Jessica Lange se reunió con la prensa en el backstage para responder algunas preguntas. Cuando llegó la cuestión de rigor sobre Freak show, que todavía estaba a cinco semanas de estrenarse, la actriz respondió que si la serie seguía como hasta ese momento, podía ser la mejor de las cuatro temporadas. Sería interesante saber qué opina ahora la actriz realmente sobre la temporada, porque llegó un momento, a mediados de la entrega, donde está claro que no se mantuvo como estaba hasta el momento. Nuevas subtramas, bruscos giros, contradicciones entre los personajes, recursos baratos de guión (si no sabes como resolver un conflicto, mata a los personajes), escaso desarrollo dramático de los personajes y, ante todo, la osadía de asumir que el espectador lo va a perdonar todo. La serie entretetiene como pocas, sí, su envoltorio técnico roza lo sublime en cada plano y la entrega del reparto para dar algo de profundidad a sus redundantes personajes es encomiable. Además, la serie homenajea a los grandes y se sirve de todo tipo de recursos para convidar una suerte de experiencia sensorial de lo que está contando, pero al final importa menos cuando las preguntas sin respuesta y las incongruencias se acumulan de tal forma.

    Pero había cierta esperanza respecto al final, porque los guionistas de American horror story suelen lucirse con las despedidas de temporada, que son al fin y al cabo las despedidas de las tramas. Adiós a Freak show, y de qué forma más débil. 52 minutos dividos en dos grandes secciones y que se usan mecánicamente para resolver el conflicto inmediato y darle un final feliz a los supervivientes. Equivocada redención para algunos, injusta muerte para otros y casi algo de nepotismo (¿hubieran tenido esos finales Desiree y Elsa de no estar interpretadas por Angela Bassett y la gran favorita de Ryan Murphy, Jessica Lange?) en la descripción de algunos cierres. Se intenta resolver el amago de tesis con unas líneas de diálogo sobre la Otredad en boca de Desiree y Jimmy mientras el tanque de agua donde Dandy va a ahogarse se llena, pero es inútil. Eso sí, como siempre en esta serie, no se puede decir que sea todo terrible. La venganza de Dandy ante la humillación, que consiste en matar a todos los trabajadores del espectáculo, es emocionante. Uno lo siente por muchos de los muertos y se sobresalta ante la escena en la caravana de Desiree, aunque esto también se resuelve pobremente. Es insultantemente sencillo cómo los supervivientes y las siamesas se la devuelven al asesino en serie más rico de Jupiter. Y así Desiree puede vivir su existencia de ensueño como la señora y madre de los hijos de Angus T. Jefferson e, increíble pero cierto, Jimmy y las Tatler hacen también vida juntos y conciben progenie.

    Y respecto a Elsa (una espléndida Lange), su trayectoria es igualmente vaga desde el punto de vista de la narración. Tras semanas tratando de conseguir una reunión con un magnate televisivo, su mal genio llama la atención de un vicepresidente junior (interpretado por David Burtka, casado con Neil Patrick Harris), casualmente de origen alemán, y más casualmente aún sumiso crónico en el dormitorio. La mujer vuelve a su posición de dómina y así consigue un programa que le da años de éxito. Lo que siempre quiso. Y, por supuesto, esto no le llena el alma. Unido a que octubre 1960 será el momento en que los negativos de la película snuff donde Elsa pierde las piernas es descubierto, la alemana actúa en Halloween para llamar a Edward Mordrake y su grupo de muertos (¡incluido Twisty!) y que se la lleve con él. Pero no lo hace. Por alguna razón que solo el guionista John J. Gray y sus jefes saben, la asesina de Ethel y egoísta crónica es enviada por el fantasma a una realidad paralela donde siempre pueda brillar, con sus monstruos todos vivos y a su servicio y Ethel como telonera. Solo ver a Jessica Lange cantando “Heroes”, de David Bowie, y el pequeño documental que documenta sus ocho años de éxito anima un poco la segunda parte del episodio, pero no es suficiente. Freak show es sin duda la peor temporada de la franquicia. La quinta, anunciada desde octubre, debería ser más concisa, quizá hasta más corta en episodios para que el descenso de la calidad no continúe. A veces todo son fuegos artificiales y arranques potentes, pero no saben mantenerlo. Por el bien de la antología, deberían repasar lo que han hecho. Sería una pena que el legado que dejó la extraordinaria Asylum se diluya, presa de siguientes entregas cada vez peores. Aunque mientras togo siga siendo tan bonito y placentero para el espectador juguetón, ahí seguiremos. Los fans somos legión, aunque estemos contemplando un naufragio. | ★★ |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    por Anónimo
    enero 25, 2015

    Recap | American horror story: Freak show (4x13). Final

    por Anónimo | enero 25, 2015
    Man Seeking Woman

    Original vuelta de tuerca

    crítica al episodio piloto de Man Seeking Woman | por Adrián González Viña.

    FX | EE.UU, 2015. Director: Jonathan Krisel. Guión: Simon Rich Reparto: Jay Baruchel, Eric André, Britt Lower, Maya Erskine, Vanessa Bayer, Bill Hader, Raeanna Guitard. Fotografía: Christian Sprenger.

    Es muy, pero que muy difícil que empezando 2015 llegue una serie que pueda sorprender genuinamente, que no despliegue sus armas en un primer episodio y el espectador más avispado no sepa apuntar que están haciendo los responsables, qué están preparando para la audiencia. Man seeking Woman, nueva muestra de que FX es la cadena por cable con el catálogo más variado e interesante, logra partir de la situación más común imaginable (un joven decide volver a salir con mujeres meses después de una dolorosa ruptura) y orquestar algo novedoso, original y, lo más importante para el género aquí tratado, muy divertido. Josh, clásico veinteañero enclenque perdido en la vida, decide sumergirse de nuevo en el mundo de las citas por las presiones de su mejor amigo y su hermana. A lo largo de la noche que cubre el piloto, será emparejado inadecuadamente, (auto)humillado en una fiesta que su ex-novia y su nuevo chico celebran y jaleado por atreverse a tontear con una chica que conoce esperando el metro. Dicho así no parece gran cosa, pero es que es mejor no conocer la arriesgada e ingeniosa estrategia del creador Simon Rich, que parte de su propio libro como fuente de material. Basta decir que se juega con una mezcla de exageración, literalidad y surrealismo para configurar una mirada cómica fresquísima.

    Con Lorne Michaels –legendario productor de Saturday Night Live– y Jonathan Krisel –director y co-creador de Portlandia (2011-)– apadrinando el proyecto y el protagonismo de Jay Baruchel como cara más visible de la serie, Rich habla con sorna de las nuevas formas de ligue, del resentimiento que trae una ruptura o de las presiones del entorno para salir del estancamiento vital, aunque sea tomando decisiones equivocadas. El impagable cameo de Bill Hader enterrado bajo capas de maquillaje y dando vida a un polémico personaje evidencia la apuesta de la serie por hacer reír al espectador con inteligencia pero también de manera instantánea. Poco más debe decirse de Man seeking Woman, aparte de alabar su existencia y desear que el tono se mantenga durante los nueve episodios restantes que componen la primera temporada. Y, por supuesto, que encuentre a su público perfecto, ya que la propuesta de entrada no es para todos y puede resentirse en los números. Pero algo así es necesario en televisión. Y cada vez extraña menos que sea FX quien ofrezca este tipo de cosas. 90|100.


    por Anónimo
    enero 21, 2015

    Reseña TV | Man Seeking Woman

    por Anónimo | enero 21, 2015
    American horror story: Freak show (4x12)

    Sígannos la corriente

    crítica a Show Stoppers (4x12) | American Horror Story: Freak Show / ★★

    FX | EE.UU, 2015. Director: Loni Peristere. Guión: Jessica Sharzer. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Reparto: Sarah Paulson, Evan Peters, Denis O´Hare, Emma Roberts, Finn Wittrock, Angela Bassett, Kathy Bates, Jessica Lange, Chrissy Metz, Neil Patrick Harris, Jamie Brewer, Angela Sarafyan, Shauna Rappold, Danny Huston, Celia Weston, Grace Gummer, John Cromwell, Erika Ervin, Mat Fraser, Rose Siggins. Fotografía: Michael Goi. Música: Mac Quayle.

    Desde siempre, uno de los elementos más disfrutables de la franquicia American horror story ha sido la avalancha de referencias cinematográficas y más o menos populares –visuales y textuales– que ayudaban a componer los episodios. La gracia era que la mayoría no se explicitaban, que se proponía un juego al espectador para identificar las que veía. Otras veces, sin embargo, quizá la referencia era tan evidente que era mejor decirlo en el guión, y así evitar acusaciones de plagio. Cuando se supo el argumento de Freak show, todos nos imaginamos que la extraordinaria La parada de los monstruos (Freaks, Tod Browning, 1931) sería una de las películas de referencia obligada para los respondables. Pues bien, en este episodio, el penúltimo de la serie, se ha hecho alusión directa a la impactante cinta porque se iba a recrear una de sus escenas climáticas bajo la lluvia, sustituyendo el género del personaje acorralado. Aquí es Stanley, cuya coartada se ha destapado y que debe responder a sus maldades con la justicia de los monstruos. Aunque no le pase lo que esperamos que le pasa en realidad. Ahí sí que nos ha cogido por sorpresa el episodio. Y en otra cosa, la horripilanre muerte de Maggie a manos de Chester, que la corta por la mitad practicando un truco de magia y en pleno ataque de locura. Chester no está cortando a Maggie en su mente, sino a su mujer Lucy, a la amante de ésta Angela y hasta a Marjorie. La momentánea felicidad que el mago vive por su relación con las siamesas dispara su mente a un nuevo nivel de psicosis, y es la ayudante de Stanley la que paga las consecuencias.

    Es un momento brutal, que deja al espectador impotente y le crea un conflicto. ¿Lo merecía?, como apunta Desiree sin pensarlo un segundo. Ayudó bastante a su compañero, pero su confesión, resultado de la culpa, permitió a Elsa y su gente vengarse con placer del hombre. A eso se dedica muchas veces la serie, a humanizar villanos que acaban muriendo y, con suerte, desatando un debate sobre si merecía ese destino o no. Para más inri, Maggie se presentó voluntaria para hacer el truco con Chester, en un intento de acercarse más a los trabajadores del espectáculo y empezar a ganarse de nuevo el amor de Jimmy, recordemos mutilado y a salvo de los policías. La lógica ha abandonado Freak show ya por completo, hasta el punto de que cada escena conduce a una nueva inconsistencia que despierta preguntas airadas en el público. Tantas, que parece imposible que los responsables de la serie no lo sepan. Así que la conclusión más razonable es que los guionistas nos están pidiendo que les sígamos la corriente, que aparquemos el sentido común y obviemos las incongruencias porque queda poco para que acabe el show. Que disfrutemos del desbarre, con su estupendo diseño de producción, fotografía e interpretaciones. El abajo firmante no puede hacer eso. Show stoppers es un disparate de los malos, de precioso envoltorio y voluntad de entretener pero un desastre que hace aguas.

    Elsa se va sin que nadie se entere; Penny aparece y desaperece a voluntad; las personas mueren y nadie se preocupa por ellos; nadie detiene a Chester tras matar a Maggie; todos aceptan a Dandy como nuevo jefe porque sí; Massimo no puede amar a nadie más excepto a Elsa... una ristra de despropósitos. Como detalle impagable queda, eso sí, el nuevo cruce entre las tramas de Freak show y Asylum, ésta vez al recuperar al personaje de Hans Gruper, que más tarde huiría a Estados Unidos bajo el nombre de Arthur Arden. John Cromwell, hijo del ganador del Emmy por Asylum James Cromwell, da vida de nuevo al personaje de su padre en un flashback de los años 30 donde se descubre que el médico estaba detrás de las películas snuff donde mujeres eran mutiladas. Elsa perdió así sus piernas, y ahora Jimmy va a tener unas perfectas manos prostéticas gracias al talento de Massimo. Su plano final es conmovedor.

    En el próximo capítulo, la despedida de Freak show, hay mucho que resolver. Dandy como dueño todopoderoso del espectáculo promete ser aterrador, así como la confesión de Chester tras destrozar a Marjorie, harto de sus reproches. Además, la anunciada intervención de David Burtka, el regreso de Twisty y Edward Mordrake del que habló Ryan Murphy unas semanas y la idea de que, en 1958, Elsa será una gran estrella de televisión. Con eso en mente, y sabiendo que los finales de temporada de American horror story suelen dar saltos temporales para atar los cabos, uno puede esperar en el mejor de los casos una resolución adecuada para los personajes. Ahora a esperar y confiar. | ★★ |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    por Anónimo
    enero 19, 2015

    Recap | American horror story: Freak show (4x12)

    por Anónimo | enero 19, 2015
    American horror story: Freak show (4x11)

    Magia demente

    crítica a Magical Thinking (4x11) | American Horror Story: Freak Show / ★★★.

    FX | EE.UU, 2015. Director: Michael Goi. Guión: Jennifer Salt. Creadores: Ryan Murphy & Brad Falchuk. Reparto: Sarah Paulson, Evan Peters, Michael Chiklis, Denis O´Hare, Emma Roberts, Finn Wittrock, Angela Bassett, Jessica Lange, Chrissy Metz, Neil Patrick Harris, Jamie Brewer, Angela Sarafyan, Erika Ervin, Mat Fraser, Rose Siggins. Música: Mac Quayle.

    Uno de los problemas que a veces se presenta en American horror story deviene de la buena mano de su co-creador Ryan Murphy a la hora de promocionar la serie y su forma de implicarse directamente con los fans a través de las redes sociales. Es un problema porque a veces el hombre hace promesas para conseguir titulares y retweets y después, evidentemente, debe cumplirlas. Aunque no lo hace siempre. Javier Bardem, Anne Hathaway o Bette Midler fueron nombres que salieron de su boca como posibles estrellas invitadas en Glee (2009-2015), algo que nunca acabó sucediendo. En el panel del Paley Center sobre Coven hecho en verano, Murphy y el otro creador Brad Falchuk aprovecharon la ocasión para dar algunos detalles sobre lo que sería Freak show, además de presentar el fichaje de Michael Chiklis y hacer algunas promesas. Por ejemplo, Murphy alabó tanto el reparto femenino de Coven que se comprometió a sacar a todas las actrices presentes en el panel en Freak show, en un momento en que sólo se sabía con seguridad que Jessica Lange, Kathy Bates y Angela Bassett iban a repetir, y que Sarah Paulson probablemente también. Después se supo que Emma Roberts y Frances Conroy serían fijas en la temporada, y solo faltaba saber en calidad de qué aparecerían Gabourey Sidibe y Jamie Brewer. Recién estrenada la cuarta temporada, Neil Patrick Harris pidió a través de Twitter un papel en la serie al creador, otra cosa a la que éste se comprometió. Pues bien, Harris y Brewer han hecho su aparición de forma bastante forzada en Magical thinking, episodio que sigue espesando la mezcla argumental de la serie y eliminando personajes con apenas dos capítulos hasta su fin, y que confirma la ausencia de un plan estable y conciso detrás de la temporada. Tras el prometedor inicio, ya solo queda un desbarre cada vez mayor. Eso sí, técnicamente impecable y preciosamente fotografiado.

    Y no es que Neil Patrick Harris no esté muy bien en su encarnación de Chester ni que la sorprendente intervención de Jamie Brewer no sea una delicia bizarra para la audiencia, pero es que sacudir así la trama tan cerca del final para satisfacer un elemento externo a la narrativa hace un flaco favor a la historia, ya de por sí débil. Chester es un vendedor ambulante que llega al espectáculo con la idea de tratar de vender unos camaleones y tres escenas después ha comprado el circo a Elsa por 1.000 dólares. Por supuesto, tiene una muy malsana relación con su muñeca de ventriloquismo, Marjorie. Es otro demente más para una larga galería de monstruos de toda condición, y a través de estilosos flashbacks –marca de la casa de la franquicia– sabremos exactamente qué trauma tiene en su pasado. También es, convenientemente, la persona elegida por Bette y Dot para perder la virginidad, en un momento donde las siamesas deciden rendirse al placer por el placer que los miembros del espectáculo se profesan, como ya vimos en la orgía recogida en vídeo en el arranque de temporada. Adiós a su diario y hola a su despertar carnal. Con la escena de sexo entre el mago y las siamesas, FX demuestra una vez más que el basic cable puede llegar lejísimos.

    El resto del episodio se dedica a avanzar con torpeza entre las tramas restantes. Se revela que, efectivamente, eran las manos de Jimmy lo que vimos en el museo. Stanley le convence para cortárselas y usar el dinero que pueden sacar por ellas para contratar el mejor abogado posible. Da mucha pena ver al chico en tal estado, y tiene una conversación con su padre donde Dell podrá al fin confesar las razones definitivas de su abandono. Desde hace tiempo los diálogos y giros de la historia son tan rutinarios, predecibles y mecánicos que solo la labor del reparto es capaz de salvar el asunto. Evan Peters, Denis O´Hare o Michael Chiklis están espléndidos, y la apuesta estilística de hacer conversar a los dos primeros con planos directos a la cámara es un acierto. El capítulo supone el debut en la dirección de la serie de alguien fundamental en su intrahistoria: Michael Goi, el director de fotografía más habitual de American horror story. El director de fotografía de una serie, normalmente el mismo o parte de un grupo recurrente, es el que establece las reglas en una producción en constante movimiento. Así que tiene sentido que Goi haya acabado dirigiendo un episodio, aunque sea éste de los más dispersos. Eso sí, rueda los trucos de magia con pericia y crea un suspense clásico pero efectivo con las inquietantes apariciones de Marjorie/Brewer.

    Tras tres semanas de ausencia, la serie no ha vuelto por todo lo alto, sino que prosigue cansada lo poco que le queda de andadura. Dandy sigue con la policía en el bolsillo y enamorado de Bette, Elsa planea su ida a Hollywood y Maggie y Desiree regresan de su viaje con noticias que cambiarán la vida de los trabajadores del espectáculo para siempre. Cuando llega el final del episodio y está clara la locura de Chester y la verdadera cara de Stanley, un disparo mortal termina de encarrilar la trama en una clara dirección: venganza. Y muerte, que no paren las muertes. | |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla



    por Anónimo
    enero 14, 2015

    Recap | American horror story: Freak show (4x11)

    por Anónimo | enero 14, 2015

    Aclaraciones sobre los spoilers. 

    ¿Quién puede leer este artículo? El seguimiento que se ha realizado sobre Otto nos ha llevado a desvelar detalles comprometedores de la trama hasta el comienzo de la sexta temporada. Todos los lectores que ya hayan visto lo sucedido hasta ese punto, están a salvo de leer el artículo sin riesgo de sufrir un trauma post-spoiler. Las conclusiones obtenidas sobre la séptima y última temporada se detallarán respetando la integridad de los contenidos susceptibles de causar sorpresa en el lector.

    Una trama shakesperiana. 

    El sacrificio personal es uno de los métodos más arcaicos que tiene la ficción para llevar a cabo la justicia retributiva, usado como medio de expiar los pecados o reconciliarnos con nuestra conciencia por algún incidente del que no se está especialmente orgulloso. Algo que el cine nos ha dejado muy claro es que, cuanto mayor es el poder del sujeto, ese sacrificio resulta más difícil de asumir y así, aunque siga siendo personal, perderá la voluntariedad dejando de ser auto-inducido, para ser más bien asistido. Se buscará algún cabeza de turco que pagará por los errores de un líder demasiado acomodado en su trono. Hijos de la anarquía representa claramente la corrupción causada por el poder y la pérdida de los valores principales que se defendían antes de alcanzarlo. La avaricia y la insaciable sed de dominio son los factores principales que llevan a cualquier ideología a la podredumbre. La serie actúa por lo tanto como crítica a los partidos políticos y a cualquier sistema jerárquico en general. El objetivo del presente artículo es analizar ese sacrificio personal en función de los que lo aceptan y lo sufren por un bien mayor (antihéroe), y los que lo evitan o dan la orden en beneficio propio, aunque escudándose en el bien común (héroe). Para ello nos centraremos en la figura de Otto como paradigma de la lealtad y el sufrimiento, uno de los personajes principales de la serie, aunque su figura haya permanecido en todo momento oculta tras las rejas de la prisión de Stockton.

    Es un hecho probado que con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo. Hamlet (Circa 1599).

    El rey Hamlet fue asesinado por su hermano Claudio, quien se alzó con el trono de Dinamarca y contrajo matrimonio con la reina madre, Gertrudis. Vemos cómo la base de la trama de una de las obras capitales de Shakespeare resulta muy similar a la de Hijos de la anarquía, al igual que el nombre de los protagonistas: Claudio y Clay, Gertrudis y Gemma, y el personaje principal, Jax, al que se le denomina “el príncipe” en varias ocasiones. Mientras en el drama del bardo de Avon el fantasma del rey Hamlet aparece para pedir venganza a su hijo, en la serie de Kurt Sutter esas manifestaciones espirituales llegan en forma epistolar, gracias a un diario en el que John Teller explica el complot que hubo en su contra, hecho que lleva al joven a buscar la muerte de Clay. Por otra parte, la constante lucha entre sexos deja un claro bando vencedor, el de las mujeres. Su condición les impide entrar a formar parte activa del club, pero sí se les concede la posibilidad de aconsejar a los miembros de la banda en las tareas más delicadas. Aquí puede apreciarse hasta qué punto, la inteligencia femenina las llevará a convertirse, una vez asumida su inferioridad jerárquica, en las auténticas líderes. Gemma es uno de los mayores ejemplos de mente fría y manipuladora que ha dado la pantalla pequeña. Sus movimientos, calculados hasta el extremo, convierten a los hombres en marionetas que actúan a su antojo. Su poder sólo se verá interrumpido por la presencia de otra mujer, la aspirante al trono, Tara, prometida de Jax.

    En cuanto a los miembros masculinos se distinguen dos tipos de figuras: el héroe, y el antihéroe. El héroe, es el líder, Jax y Clay serían los ejemplos más claros. Sus decisiones son respaldadas por el resto y siempre parecen acertadas, producto de la delegación de las tareas más comprometidas a miembros inferiores. Siempre consigue salvar a “la chica en apuros”, ganándose de esta forma la confianza y el favor del espectador. Su afán de supervivencia puede llevarle a convertirse en antihéroe, siempre que se enfrente directamente con otro igual, aunque terminará por recuperar su estatus original en algún momento, mediante un acto de redención. El antihéroe, por el contrario, pese a estar sus acciones destinadas a conseguir el bien común y el orden general, no dudará en sacrificar a la chica (daños colaterales) o a él mismo en favor del héroe. No busca la condescendencia, ni la obtendrá de un público que, pese a simpatizar ocasionalmente con él, tendrá muy clara su función de soldado, eterno sufridor. Su perfil es muy similar en todos los casos, inteligentemente inferior aunque con un sentido de la lealtad muy desarrollado. Mientras que los héroes no dudan en traicionarse constantemente por su egoísmo, personajes como Opie, Tig u Otto, siempre permanecerán fieles a su jefe, al que consideran un amigo que haría lo mismo por ellos. Sin embargo, pagarán cara su lealtad.

    por Alberto Sáez Villarino
    diciembre 21, 2014

    El sufrimiento y el precio de la lealtad. Apuntes finales de Hijos de la anarquía a través del personaje de Otto

    por Alberto Sáez Villarino | diciembre 21, 2014
    Sons of Anarchy (2008-2014)

    Familia y legado escritos con sangre

    análisis final de Hijos de la anarquía (2008-2014).

    FX / Sons of Anarchy / 7 temporadas: 92 capítulos | EE.UU, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014. Creador: Kurt Sutter. Directores: Paris Barclay, Guy Ferland, Gwyneth Horder-Payton, Peter Weller, Billy Gierhart, Kurt Sutter, Stephen Kay, Adam Arkin, Terrence O´Hara, Paul Maibaum, Phil Abraham, otros. Guionistas: Kurt Sutter, Chris Collins, Charles Murray, Kem Nunn, Roberto Patino, Mike Daniels, Dave Erickson, Liz Sagal, Regina Corrado, Gladys Rodriguez, Jack LoGiudice, otros. Reparto: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Kim Coates, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Mark Boone Junior, Dayton Callie, Maggie Siff, Ron Perlman, David Labrava, Ryan Hurst, Drea de Matteo, Michael Ornstein, Winter Ave Zoli, William Lucking, Jimmy Smits, Kurt Sutter, McNally Sagal, Niko Nicotera, Jeff Kober, Robin Weigert, Kenneth Choi, Michael Beach. Fotografía: Paul Maibaum, David Boyd, John C. Flinn III, otros. Música: Bob Thiele.

    Cuando una serie muestra desde su primer capítulo como una yonqui embarazada de nueve meses se inyecta hasta la inconsciencia, con la subsecuente operación a corazón abierto para salvar al bebé, uno sabe que está viendo algo fuera de la norma. Algo especial, capaz de conciliar brutalidad con sensibilidad. Como carta de presentación, el piloto de Hijos de la anarquía fue imponente, estableciendo las relaciones de un grupo de moteros que viven al margen de la ley y su entorno familiar. 91 capítulos más tarde, la despedida de la serie ha logrado establecer una poderosa conexión con la idea inicial, lo cual revela que Kurt Sutter, creador/director/actor de la serie, tenía un plan desde el comienzo. Es de vital importancia tener las cosas claras cuando se empieza una serie, porque entonces la experiencia de verla entera a lo largo de los años adquiere un nuevo nivel de significado. Hijos de la anarquía ha sido, dicho sin segundas intenciones, todo un viaje. Un viaje violento, existencial, corrompido con manipulaciones, mentiras y amor. Amor de madre, de padre, de hermanos, de hijos. Amor a la tragedia clásica, con el Hamlet de William Shakespeare como referencia constante desde el principio, y hasta el final. Y del amor a odio, como se dice, hay un paso. Y la serie está repleta de odio, de decisiones que enemistan para siempre, pecados imperdonables y una atmósfera de muerte sobrevolando cada fotograma. Esa es la parte buena de la serie, porque también ha estado vertebrada por una opción narrativa que presentaba conflictos no especialmente interesantes. Con decenas de persecuciones en moto, charlas explicativas donde los moteros discuten sus opciones, violentas tramas autoconclusivas, maquinaciones y más maquinaciones de los personajes. El tapiz de relaciones personales era tan tupido que se necesitaban momentos donde los personajes se sentaran a hablar de lo que les estaba pasando, y en esas escenas es donde la serie perdía más. Quizá eran necesarias, pero también creaban una rutina impropia del convulso ADN de una serie donde la barbarie dolía. Cuando la violencia es a veces tan exagerada que anestesia al espectador, aquí cada herida sangrante, cada brutal agresión, hacía que el espectador se viera afectado casi físicamente. El via crucis de los personajes tenía que ser tortuoso, porque nadie está limpio en este mundo.

    A nivel argumental, la serie se ha regido por tramas que el creador ha cultivado durante años, y cuyo centro de atracción es el club que da título a la serie. Latinos, nazis, negros, irlandeses y asiáticos, todos en facciones criminales que han cruzado caminos con limpieza en las siete temporadas, sin que los guiones fuercen sus encuentros. Una vez Jax se quiera cortar todos los lazos ilegítimos y sacar dinero de forma legal, entrará también en escena el negocio del porno y una casa de citas. Esto le ha dado a la serie una idea global muy lograda, perfecta para transmitir la sensación de Charming como ciudad sin ley tradicionalmente hablando, donde el más astuto era el ganador. En las primeras temporadas se podía ver una corriente de idealismo en lo que SAMCRO hacía para mejorar la vida de los ciudadanos, pero el desarrollo de la serie trajo una pérdida de la inocencia como consecuencia de la inmersión de Jax en la gestión del club.

    por Anónimo
    diciembre 21, 2014

    Crítica en serie | Hijos de la anarquía (2008-2014). Análisis final

    por Anónimo | diciembre 21, 2014

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