A través del espejo
crítica ★★★★★ de la primera temporada de Legión.
Estados Unidos, 2017. Título original: Legion. Creador: Noah Hawley. Episodios: 11. Duración: 60 min. Directores: Michael Uppendahl, Dennie Gordon, Noah Hawley, Larysa Kondracki, Tim Mielants y Hiro Murai. Guion: Noah Hawley, Peter Calloway, Nathaniel Halpern y Jennifer Yale, basado en el cómic de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz. Fotografía: Dana Gonzales y Craig Wrobleski. Música: Jeff Russo. Producción: Seymour Nebenzal. Productora y distribuidora: FX Productions / Marvel Television / 26 Keys Productions / 20th Television. Diseño de producción: Michael Wylie. Productores: Brian Leslie Parker, John Cameron, Noah Hawley, Simon y Nishika Kumble, Jim Chory, Stan Lee, Jeph Loeb, Joe Quesada, Bryan Singer, Jason Taylor, Michael Uppendahl et alia. Montaje: Regis Kimble, Chris A. Peterson y Curtis Thurber. Dirección artística: Michael Corrado y John Álvarez. Intérpretes: Dan Stevens, Rachel Keller, Aubrey Plaza, Jean Smart, Jemaine Clement, Bill Irwin, Amber Midthunder, Jeremie Harris, Katie Aselton, Mackenzie Gray, Quinton Boisclair, Ellie Araiza, Brad Mann, Scott Lawrence, Hamish Linklater.
Con motivo de la promoción de
El puente de los espías (2015), Steven Spielberg comentó que el género de los superhéroes, tan en boga en el terreno del cine popular durante los últimos años, acabaría agotándose tarde o temprano, igual que le había acontecido anteriormente, por poner un ejemplo muy ilustrador, al Western. «Lo que no significa», matizaba el realizador americano, siempre tan diplomático, «que algún día no se den las condiciones para que el Western regrese; o para que también lo haga el género de los superhéroes». No puede decirse que la observación de Spielberg no fuera certera, si bien es verdad que tampoco era menester contar con el don de la profecía para llegar a semejante conclusión. Tengamos en cuenta, por un lado, que las producciones comerciales raramente parten de una idea aislada y genial, y que una masiva recaudación en taquilla de una pieza adscrita a un género en concreto siempre implica nuevas creaciones dentro de dicho género, lanzadas con la esperanza de obtener análogos réditos a rebufo del éxito de la original. Por esa razón, suelen ser obras que, con independencia de la calidad del «producto» final, tienden a imitar o a repetir una colección de códigos que parecen ser la garantía de que el capital invertido en ellas se recuperará. Por otro lado, el comentario de Spielberg venía cuando la industria de Hollywood ya llevaba aproximadamente unos diez años destinando la cartelera de primavera y verano al estreno de blockbusters con justicieros súper poderosos como protagonistas, con lo que no resultaba especialmente complicado prever que el filón se iba a agotar en algún momento; sobre todo, cuando se trata de filmes que buscan contentar a todo el mundo, hasta al espectador al que jamás se le hubiera ocurrido tomarse medianamente en serio a unos tipos vestidos con mayas y dueños de habilidades tan imposibles como trepar por los edificios, controlar el magnetismo o volar.
Ello explica que, en la actualidad, junto a cintas que repiten los hallazgos de las precedentes de forma mecánica, sin aportar nada digno que destacar, ni siquiera negativamente –véase
Thor: El mundo oscuro (2013) de Alan Taylor;
Capitán América: El soldado de invierno (2014) de Anthony y Joe Russo;
X-Men: Apocalipsis (2016) de Bryan Singer, etc.–, empiezan a aparecer otras que, conscientes de dicha sobresaturación, intentan ofrecer una nueva perspectiva con el afán de demostrar que todavía queda mucho camino por transitar en un terreno que, a pesar de que a simple vista pueda parecer lo contrario, ha ofrecido un puñado de obras de indiscutible calidad –citemos aquí a las ineludibles
El protegido (2000) de M. Night Shyamalan y
El caballero oscuro (2008) de Christopher Nolan–. Propuestas como
Guardianes de la Galaxia (2014) de James Gunn,
Deadpool (2016) de Tim Miller o
Logan (2017) de James Mangold intentan, cada una a su manera –mediante el humor, la reducción al absurdo o el pesimismo–, darle una nueva vuelta de tuerca al género y, sobre todo, alejarse de los tópicos del mismo. Teniendo en cuenta la edad de oro que hoy en día está viviendo la ficción televisiva, no debería asombrarle a nadie, en esta línea, que, como el siguiente paso lógico desde el punto de vista no solo económico sino creativo, y ante el éxito obtenido por los filmes de superhéroes, en el año 2012, The CW (canal integrado, entre otros, por la CBS y Warner Bros., esta última dueña de los derechos de la editorial DC) apostara por llevar a la pequeña pantalla al superhéroe Flecha Verde, con la serie
Arrow, a la que se sumaría dos años después, y dentro del mismo universo,
The Flash, seguida por
Supergirl (2015-…) y
Legends of Tomorrow (2016-…). Por su parte, en 2013, ABC lanzaría la primera serie inspirada en los personajes de Marvel: Marvel’s
Agents of S.H.I.E.L.D., estrechamente vinculada a las adaptaciones cinematográficas de esta editorial, entre otros motivos porque cuenta con los hermanos Joss y Jed Whedon al frente, pero también porque la cadena en cuestión, igual que la propia Marvel Studios, forma parte de la omnipresente Disney. Sin embargo, pareció repetirse la historia de la plasmación en el medio fílmico de los universos de Marvel y de DC, con lo que la segunda disfrutó pronto del éxito de las series de The CW (igual que ya lo había hecho en la gran pantalla de forma bastante precoz con las películas centradas en Superman y Batman), mientras la primera no pareció alcanzarlo hasta bastante después, cuando Netflix estrenase
Daredevil en 2015. Desde entonces, la Marvel ha forjado una fructífera colaboración con esta entidad, y sus proyectos en común suman la friolera de cuatro series emitidas, más una quinta en ciernes, aparte de haber disfrutado, incluso, de reconocimiento crítico, como lo prueba el Premio Peabody obtenido por
Jessica Jones en el año 2016.