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    El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)

    FAY WRAY ENTRE LA JUNGLA

    El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932).

    El primer lustro de los años 30 del siglo pasado fue generoso en películas de terror con el cine norteamericano. Estados Unidos acababa de sufrir el crack del 29, la gran debacle económica del gigante, King Kong derribado desde su alta torre, y el cine mostraba la situación en la que se encontraban los ciudadanos y la sociedad en la que vivían. Monstruos ficticios que reflejaban horrores reales. Una pantalla espectral que alojaba entre sombras expresionistas los miedos que todos dejaban por un momento en las salas de cine liberando así sus vidas de pesar. Por supuesto no fue solo el cine de terror el que reflejó la grave crisis sufrida: el cine de gángsters o, de manera especial y quizá la más virulenta, el cine musical también dejaron para nosotros clarísimas claves de ello. En verdad, cualquier película norteamericana de la época, sea cual sea el género al que se adscriba, reflejará, aunque sea de forma no premeditada, pistas sobre la sociedad en la que se gestó. Pero sí que algunos géneros fueron más explícitos en mostrar la realidad. Y, cómo no, fueron los géneros más alejados de ella los que mejor lo hicieron.

    De aquellos años, cualquier amante del cine recordará las películas de terror de la productora Universal como obras de arte míticas y de profundo calado en la imaginería popular: Drácula, Frankenstein, el hombre lobo, la momia… Todos los monstruos que en el cine después nos han aterrado tuvieron allí su visión canónica (que no primera, pero sí la fundacional para un género: el Frankenstein de Searle Dawley es del año 1910, por poner un ejemplo, pero no creó mucha escuela que digamos), refinada esta por el filtro de las obras maestras del expresionismo alemán. El éxito de las películas de la Universal llevó a otras productoras a atreverse con el cine de terror. Y así la modesta RKO produjo y realizó en el año 1932 la prodigiosa y siempre sorprendente El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game). La primera sorpresa de esta película genial es que no nos ofrece un monstruo como en las otras, o al menos no un monstruo como tal en su aspecto físico: aquí el monstruo adquiere rasgos humanos, es un hombre elegante, educado y refinado, de modales exquisitos y un definido gusto por el arte. El actor inglés Leslie Banks dio vida de forma magistral a este conde ruso, Zaroff, del que enseguida comenzaremos a sospechar que oculta demasiados secretos. Pero intentaré no adelantarme. Y en la medida de lo posible, evitaré en todo momento desvelar demasiado de la trama de la película. Está un tanto difícil comentar sin decir nada de la historia que nos cuenta, pero creedme que me limitaré a lo más general. Por esto mismo no queráis saber hasta verla por qué el famoso cazador Bob Rainsford ha ido a parar a la fortaleza portuguesa transformada en la mansión gótica de nuestro conde favorito. Un cazador interpretado por Joel McCrea, con esa fuerza impregnada de delicadeza tan propia de él, al que hemos oído hablar de su trabajo, la caza, la cual defiende como deporte en una discusión con un doctor que le increpa con respeto pero sin sensiblerías: “A la bestia de la jungla, que solo mata para comer, la llaman salvaje. Y al hombre, que caza por deporte, lo llaman civilizado.” Rainsford es un cazador, y como él mismo afirma, “jamás va a cambiar.” Todos estos apuntes magistralmente instalados al principio de la película ayudan no solo a conocer de manera rápida a cada uno de los personajes, sino que nos muestran de manera directa el problema moral al cual deberá enfrentarse Rainsford. El guionista James Ashmore, basándose en un relato de Richard Connell, da ejemplos de su maestría a lo largo de toda la película, pero empieza ya desde los primeros minutos preparando la ironía dramática posterior y la consecuente evolución del protagonista.

    El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)

    «El subyugante tramo final, que se ve con el corazón en un puño, es un prodigio absoluto. La música de Max Steiner acompaña a las imágenes de forma trepidante. El enfrentamiento a vida o muerte entre los protagonistas es de una fuerza arrolladora, entremezclando inteligencia y los más salvajes instintos primarios en un todo convulso».


    Enfrentado Rainsford a Zaroff, otro cazador por naturaleza, pronto observaremos las diferencias que hay entre ambos. El temible Zaroff mantiene como invitados forzosos en su fortaleza, sita en una isla perdida como está mandado, a dos hermanos: el borrachín Martin (Robert Armstrong) y a la hermosa e inteligente Eve (Fay Wray). Enseguida Zaroff dará muestras de su personalidad desequilibrada, de su sexualidad enfermiza y de su verdadera pasión. Porque sí, su pasión es la caza, pero no la aburrida caza normal: su pasión es la caza humana, y sus invitados son presas que pronto serán liberadas para su disfrute personal. Una cacería humana que, teniendo como rival a un cazador con el prestigio y las probadas capacidades de Rainsford, será una auténtica “partida de ajedrez” en la mente degenerada pero culta de Zaroff. Tras media hora (la mitad de la película: su corta duración no solo se debe a que no era algo anormal en aquella época, sino a que una secuencia que transcurría en el siniestro “salón de los trofeos” de Zaroff fue eliminada tras ser considerada en exceso macabra), lo que hasta entonces ha sido de verdad una partida de ajedrez se convierte en una película de acción trepidante donde el horror se da la mano con la aventura misteriosa. La belleza de los planos de la isla y la huida de nuestros héroes a través de ella perseguidos por el enloquecido Zaroff resultan inolvidables. ¡Tanta belleza para mostrarnos todo el horror del que es capaz la crueldad humana! La jungla a través de la cual nuestros héroes intentarán escapar del pérfido conde recuerda en muchos momentos a la de la película King Kong, estrenada un año después. No es extraño pues Ernest B. Schoedsack la estaba rodando al tiempo que El malvado Zaroff, utilizando esos mismos escenarios, casi los mismos actores (repetían Robert Armstrong y la fascinante Fay Wray) y acompañado en la dirección no por Irving Pichel sino por el productor asociado de esta y afamado director de documentales exóticos Merian C. Cooper.

    El subyugante tramo final, que se ve con el corazón en un puño, es un prodigio absoluto. La música de Max Steiner acompaña a las imágenes de forma trepidante. El enfrentamiento a vida o muerte entre los protagonistas es de una fuerza arrolladora, entremezclando inteligencia y los más salvajes instintos primarios en un todo convulso. Furiosos travellings entre la espesura transmiten toda la locura homicida de la caza, el horror de ser perseguido hasta la muerte. Y Rainsford, que sintiéndose acosado, aún encontrará tiempo para razonar: “Esos animales que yo cacé, ahora sé cómo se sentían.” La jungla, los pantanos, el enfrentamiento entre el noble Rainsford y el enfermo Zaroff, este acariciándose la cicatriz que tiene en la sien cada vez que está excitado, la inteligencia de Eve que se muestra siempre valiente e intrépida, los esclavos cosacos de Zaroff… Todo se une en esta película fantástica para arraigar de manera indeleble en nuestra mente. De lo más grande, de cómo la civilización y el salvajismo son fáciles de confundir, de cómo nuestra percepción de la verdad es solo una cuestión de puntos de vista, a lo más pequeño, a Eve mirando a Rainsford con una expresión que lo dice todo acerca de su terrible situación bajo el dominio de Zaroff. Pero claro, son los ojos de Fay Wray. Por ellos un año después un simio gigante luchará hasta la muerte enfrentado a la civilización. Una civilización que, una vez más, demostrará ser más salvaje que la bestia.

    José Luis Forte
    © Revista EAM / Cáceres

    Ficha técnica
    USA, 1932. Título original: The Most Dangerous Game. Directores: Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel. Guion: James Ashmore Creelman, basado en el relato de Richard Connell. Productora: RKO Radio Pictures. Productor ejecutivo: David O. Selznick. Productor asociado: Merian C. Cooper. Estreno: 16 de septiembre de 1932. Fotografía: Henry W. Gerrard. Música: Max Steiner. Montaje: Archie Marshek. Dirección artística: Carroll Clark. Decorados: Thomas Little. Fotografía efectos especiales: Lloyd Knechtel y Vernon L. Walker. Efectos especiales: Harry Redmond Jr. Intérpretes: Joel McCrea, Fay Wray, Leslie Banks, Robert Armstrong, Noble Johnson, Steve Clemente, William B. Davidson, Buster Crabbe (y doble de McCrea).

    Póster: El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)
    por José Luis Forte
    agosto 31, 2015

    Cineclub | El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)

    por José Luis Forte | agosto 31, 2015
    39 escalones
    crítica de 39 escalones | The 39 Steps, Alfred Hitchcock, Reino Unido, 1935.

    Tras el éxito de la excelente El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1934), a mi gusto muy superior a la versión de 1956, Alfred Hitchcock decide adaptar una novela de un autor al que admiraba: Los 39 escalones (1915) de John Buchan. Charles Bennett, que acababa de colaborar con Hitchcock en la película citada y que ya lo había hecho con anterioridad en La muchacha de Londres (Blackmail, 1929), se encargó de escribir el guion con la colaboración habitual de Alma Reville y la ayuda de Ian Hay en los diálogos. En su trabajo introdujeron multitud de cambios con respecto a la obra original, incluyendo una compañera para el protagonista y la consabida historia de amor, haciendo de esta convención una virtud manteniendo todo el espíritu de aventura intrigante y sumamente divertida de la novela de Buchan. 39 escalones (The 39 Steps, 1935) sería otro éxito en la carrera de Hitchcock, y a día de hoy una de sus mejores películas no solo teniendo en consideración su etapa inglesa, sino toda su carrera.

    por José Luis Forte
    abril 25, 2013

    Cine Club | 39 escalones (1935)

    por José Luis Forte | abril 25, 2013
    Alarma en el expreso    Alarma en el expreso (The Lady Vanishes, 1938) es la penúltima película que rodó Alfred Hitchcock en Inglaterra antes de partir hacia los Estados Unidos para trabajar a las órdenes del productor David O. Selznick en Rebeca (Rebecca, 1940). En un principio había sido contratado para rodar una película sobre el Titanic, pero al final fue la adaptación cinematográfica de la famosa novela de Daphne du Maurier la elegida. Una película sobria y elegante que contrasta con esta locura desaforada y genial que es Alarma en el expreso, todo un ejemplo magistral de cómo resultar delirante manteniendo en todo momento el interés y la atención haciéndonos creíble este trepidante viaje en tren que supone la parte principal de la película, un tren abarrotado de espías, mentirosos, asesinos, doctores maléficos, damas bonachonas, baronesas siniestras, magos venales, héroes enamorados y heroínas intrépidas unidos en un cóctel maravilloso y emocionante que nos mantiene durante hora y media sin aliento. Sin duda, una de las mejores películas del director inglés.

    por José Luis Forte
    marzo 17, 2013

    CINE CLUB | ALARMA EN EL EXPRESO (1938)

    por José Luis Forte | marzo 17, 2013
    Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, 1955)

    "He estado esperando todo el día a que mencione usted el beso que le di anoche."

        Utilizando como fondo el escaparate de una agencia de viajes, se van desgranando los títulos de crédito de Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, Alfred Hitchcock, 1955). Nada más terminar, la cámara hace un pequeño travelling hacia uno de los carteles colocados tras el cristal. Es un anuncio en el cual se invita con una frase a visitar Francia: “Si ama la vida se enamorará de Francia.” Acompañado de un dibujo en el que se pueden apreciar las mesas de un café junto a un paseo con palmeras iluminado por un mar azul intenso, y una música de orquesta almibarada que invita a citas sin cuento y placeres elegantes, la oferta se presenta irresistible. Y justo cuando empezamos a pensar que ya va siendo hora de largarnos pitando a ese paraíso francés, hay un corte brusco a un primer plano de una señora gritando aterrorizada. Otro corte y vemos un joyero vacío. Uno más y la señora gritando que le han robado las joyas deja más claro aún al espectador qué es lo que está pasando. La señora corre gritando por la habitación y sale al balcón de su apartamento. Grita desde el mismo a una avenida con palmeras, y allí descubrimos que estamos en ese paseo paradisíaco que se nos mostraba en el escaparate de la agencia de viajes. Corte a un gato negro caminando sigiloso, no de otra manera puede caminar un gato, sobre un tejado y más gritos denunciando robos en ese lugar del que te enamorarás si amas la vida. Así Hitchcock marca a la perfección el tono socarrón y divertido de toda la película que se desarrollará a continuación. Con todo el humor negro del mundo, pero al tiempo dejando claro que aquí el drama nos hará reír, que el misterio estará marcado por la sonrisa de una comedia de enredo.

    por José Luis Forte
    marzo 11, 2013

    CINE CLUB | ATRAPA A UN LADRÓN (1955)

    por José Luis Forte | marzo 11, 2013
    El demonio de las armas - Gun Crazy
         Al término de la Segunda Guerra Mundial el cine norteamericano se inflamó de oscuridad. De manera especial el género negro, el cual si ya de por sí reflejaba lo más sórdido y siniestro del género humano, en ese segundo lustro de los años 40 vio cómo se apagaban definitivamente todas las luces que permitían la esperanza de vivir en un mundo mejor. En estas películas veremos desfilar soldados retornados de la guerra incapaces de encontrar su lugar en lo que antaño fuera su hogar, personajes sin entrañas capaces de todo por conseguir vivir lo más rápido y mejor posible, mujeres más malvadas que nunca, hampones sin escrúpulos, hombres desesperados que no ven ningún futuro posible y se lanzan en brazos de la delincuencia como único modo de vida… En fin, todo un plantel de películas protagonizadas por personajes que se movían en un contrastado juego de sombras y luces en blanco y negro que no era sino su forma de ver el mundo. Lo dicho: había llegado la hora de la oscuridad y la desesperanza. Los finales felices eran una imposición de las productoras. Pocos guionistas y directores se preocuparon por ocultar su carácter de impostura. Había caído la noche y sus sombras eran profundas.

    por José Luis Forte
    febrero 08, 2013

    CINE CLUB | EL DEMONIO DE LAS ARMAS (1949)

    por José Luis Forte | febrero 08, 2013
    La maldición de la calavera, de Freddie Francis (1965)
    A finales de los años 50 del siglo pasado una modesta productora cinematográfica inglesa, Hammer Films, decidió apostar por la revisión de viejos mitos del terror, clásicos que en la lejana época de los 30 de manos de la Universal habían vivido su momento de gloria. Estas películas se habían reestrenado en salas de cine en los años 40 con bastante éxito, lo cual dio pie a una nueva tanda de películas por parte de la Universal, sombras ya de los clásicos que habían forjado una década antes. Películas en las que se juntaban en un pastiche formidable a Drácula con el monstruo de Frankenstein o a la momia con el hijo del hombre lobo. Lejos de sus hermanas mayores de los 30 pero que suponen todo un disfrute sincero y apasionado verlas hoy día. La Hammer inglesa pensó revitalizar estos clásicos contando con varias bazas a su favor que a priori podían funcionar insuflando nueva vida a estos muertos ilustres: el uso del color, la libertad de poder ir un poco más lejos en lo que a mostrar sangre se refería, abordar más abiertamente la temática sexual (siempre latente, en especial en la temática vampírica) y una nueva imagen para los iconos imperecederos de la Universal.

    El éxito en el año 1955 de la tan modesta económicamente como excelente en su resultado El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, dirigida por Val Guest siguiendo el éxito televisivo de la serie creada por Nigel Kneale) fue la llamada de atención que puso en guardia a los jerifaltes de la Hammer. Anthony Hinds y Michael Carreras, viendo la popularidad alcanzada por su pequeña producción de ciencia ficción y las posibilidades de una resurrección del género fantástico en su vertiente más clásica, se lanzaron a producir toda una serie de películas que hoy son historia del cine. La primera de ellas, la magistral La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) de Terence Fisher, fue el primer triunfo que les permitió arrancar con fuerza esta nueva etapa y seguir adelante para nuestro infinito deleite.

    por José Luis Forte
    octubre 04, 2012

    LA MALDICIÓN DE LA CALAVERA (THE SKULL, 1965)

    por José Luis Forte | octubre 04, 2012
    Crítica de La Profecía, 1976 The Omen review

    EL ANGELICAL ROSTRO DEL MAL
    La profecía (The Omen, Richard Donner, 1976)

    Terror en estado puro. Eso es lo que proponemos en nuestra sesión doble de hoy. La profecía (The Omen, Richard Donner, 1976) no necesita defensa alguna como uno de los referentes obligados en el género fantástico, ya que tiene todos los ingredientes que consiguen que una película adquiera la categoría de título de culto. Analizamos las claves de su éxito y su efectividad para seguir aterrorizando al espectador más de treinta y cinco años después de su estreno. En 1968, Roman Polanski cambió el género de terror para siempre gracias a su exitosa y perturbadora La semilla del diablo, aquella película donde Mia Farrow sospechaba que su embarazo no era precisamente normal. Una historia de sectas satánicas que inauguró todo un subgénero sobre temática demoníaca y tuvo sus exponentes más exitosos durante la década de los 70 con El Exorcista (1973) de William Friedklin y el filme que nos ocupa.

    La profecía no las tenía todas consigo para ser un triunfo. En aquellos momentos la Warner estaba gestando la secuela de su gran éxito El Exorcista, con un presupuesto cinco veces superior al suyo y la dirección de John Boorman, un realizador que había adquirido gran prestigio con Infierno en el Pacífico (1968) y Deliverance (1972). Para el director Richard Donner, La profecía sería su primera obra importante tras un par de títulos poco destacables y mucha televisión, y la Fox le confió un modesto presupuesto de 3 millones de dólares para sacar adelante la empresa. Si algo tenía a su favor, era el impresionante guión de David Seltzer (sobre una idea del productor Harvey Bernhard) que tenía entre manos, capaz de convencer a una estrella del calibre de Gregory Peck para encabezar su reparto, a cambio de 250.000 dólares y un 10% de los posibles beneficios en taquilla. El acierto fue total: la película ganó muchos enteros gracias a la poderosa interpretación de Peck y éste hizo uno de los negocios de su vida, ya que el filme recaudó 60 millones de dólares en todo el mundo (el doble que El Hereje, la muy fallida continuación de El Exorcista). 

    por José Martín León
    septiembre 21, 2012

    LA PROFECIA (RICHARD DONNER, 1976)

    por José Martín León | septiembre 21, 2012
    Mary Poppins
    LA NIÑERA MÁGICA DE DISNEY
    Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964)

    En una sección donde tratamos de recuperar las películas de entretenimiento de nuestra vida era obligado hacer una parada, tarde o temprano, en la fábrica de sueños más famosa de la Historia del Cine: Disney. Y si hay un título que ha divertido y fascinado durante casi cinco décadas con la misma fuerza del primer día, ese es Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964). Prepárense para entrar en un mundo de magia y color en el que todo es posible.

    Un año después de su genial Merlín el Encantador (1963), la productora de Walt Disney llevó a la gran pantalla la adaptación de una serie de libros de la escritora P.L. Travers. La película cuenta cómo en el Londres de 1910, dos hermanos crecen infelices en una familia donde el padre banquero no les demuestra su cariño y la madre pasa los días más preocupada de sus andanzas como defensora de los derechos de la mujer que en pasar tiempo con sus retoños. La rebeldía de los niños hace que las institutrices salgan huyendo una tras otra, hasta que la llegada de una niñera con poderes extraordinarios trae la felicidad y la magia a la vida de todos.

    por José Martín León
    septiembre 16, 2012

    MARY POPPINS (ROBERT STEVENSON, 1964)

    por José Martín León | septiembre 16, 2012
    Alice in den Städten Alicia en las ciudades Wim Wenders

    El último instante de libertad

    Alicia en las ciudades (Alice in den Städten, Wim Wenders, 1973).

    En una playa solitaria un hombre hace una fotografía con una cámara Polaroid. Espera a que se revele entre sus manos. Compara el resultado con la realidad y no parece satisfecho. Coloca en el suelo unas cuantas fotografías más, las mira y las recoge. No encuentra en ellas lo que busca. El escritor Philip Winter sufre una crisis creativa y vital y vaga como un fantasma por las carreteras solitarias de Estados Unidos. Tiene el encargo de escribir un artículo sobre este viaje, pero le resulta imposible. Busca en sus fotografías captar algo de la realidad que vive y se le escapa, pero lamentará en más de una ocasión que no muestran lo que él ve, la realidad según pasa ante sus ojos. Incapaz de cumplir con su encargo y ante la negativa del editor de adelantarle más dinero, opta por volver a Alemania, su país natal. En el aeropuerto se encontrará con que no puede volver por una huelga de controladores aéreos. Deberá esperar al día siguiente y si quiere volar, la única opción es ir a Ámsterdam. En este viaje demorado conocerá a una joven alemana, Lisa, y a su hija que tampoco pueden retornar a Berlín. Así Phil conocerá a la niña Alicia y para nosotros dará comienzo una hermosa historia de amistad, quizá la más gélidamente narrada de la historia del cine, pero sin duda una de las más emocionantes y profundas que nos pueda ser dado admirar.

    por José Luis Forte
    agosto 29, 2012

    Cineclub | Alicia en las ciudades (Wim Wenders, 1973)

    por José Luis Forte | agosto 29, 2012
    Crítica de 'Los pájaros', de Alfred Hitchcock The Birds Review
    CUANDO LAS AVES DOMINEN LA TIERRA
    Los pájaros (The Birds, Alfred Hitchcock, 1963)

    Hoy tengo el gusto de recomendar una de mis diez películas favoritas. Que mi director clásico preferido sea Alfred Hitchcock tiene mucho que ver. También influyó que Los pájaros fuera su incursión más pura en el género fantástico tras sus coqueteos con lo fantasmagórico en Rebeca (1940) y Vértigo (1958) o el terror psicológico de Psicosis (1960).

    En realidad, Hitchcock tenía proyectado dirigir Marnie la ladrona (1964) tras el éxito comercial de Psicosis, pero este rodaje fue postergado a causa de la boda de la que iba a ser su protagonista inicialmente, Grace Kelly. Fue una feliz circunstancia que hizo que el maestro del suspense desempolvara otro proyecto que tenía guardado en el cajón: la traslación al cine de un relato de Daphne du Maurier (a la que ya había adaptado en Posada Jamaica y Rebeca) titulado Los pájaros (The Birds, 1963). La historia narraba la odisea de un granjero y su familia, atrincherados en una casa después de que las aves empezaran a atacar a la gente. Para la película, Hitchcock cambió los personajes, dándole el protagonismo Melanie Daniels, una altiva joven de la alta sociedad que llega al pequeño pueblo costero de Bahía Bodega. Va detrás de un seductor abogado, Mitch Brenner, del que se ha encaprichado y lo que encuentra es el inexplicable fenómeno de los pájaros rebelándose contra el ser humano.

    por José Martín León
    agosto 26, 2012

    LOS PÁJAROS (THE BIRDS, ALFRED HITCHCOCK, 1963)

    por José Martín León | agosto 26, 2012
    Riffraff review Riff-Raff
    El norteamericano Ted Tetzlaff fue un prestigioso director de fotografía que inició su carrera en la época del cine mudo. La lista de directores para los que trabajó es todo un lujo, destacando en la etapa muda Frank Capra, pero hasta que decide abandonar esta labor para dedicarse exclusivamente a dirigir películas trabajaría con Gregory La Cava, Mitchell Leisen, René Clair, George Stevens, Alfred Hitchcock… En fin, lo dicho, un escándalo. Bajo las órdenes de Stevens conseguiría su única nominación al Óscar en la excelente comedia dramática del año 1942 El asunto del día (The Talk of the Town). En el año 1946 se despediría de su trabajo como director de fotografía en la película de Alfred Hitchcock Encadenados (Notorious). A lo grande. Aunque con anterioridad había dirigido dos películas, es a partir de este año cuando comienza su trabajo como director a tiempo completo, siendo su primera película (la tercera contando las dos que había dirigido en 1941) esta Riff-Raff (1947) que rescatamos hoy.

    Riff-Raff comienza de manera prodigiosa. Bajo la lluvia, elegantes movimientos de cámara nos mostrarán a quienes protagonizarán las primeras secuencias de la película. Los pasajeros de un avión esperan en un aeropuerto de Perú. Todos se vigilan, se cruzan miradas, una misteriosa llamada de teléfono cuando despega el avión… Seis minutos de silencio absoluto durante los cuales la banda sonora será tan solo la lluvia cayendo torrencial y los dos motores del avión surcando la noche. Dentro de este las sombras se harán más densas, encuadres precisos nos llevarán de un actor a otro siguiendo sus miradas y sus gestos fascinados por todo lo que se nos cuenta sin utilizar una sola palabra. Hasta el minuto doce apenas se habrán dicho cuatro o cinco líneas de texto y la atmósfera de peligro inminente resulta casi irrespirable. La acción se ha trasladado a Panamá y los planos rodados en exteriores sudamericanos aportan toda la verosimilitud necesaria frente a lo rodado en estudio. Es una producción RKO, una película de serie b que en el caso de esta productora casi supone una producción normal, y hasta aquí un ejemplo modélico de lo que el género de cine negro supuso en su década más gloriosa.

    por José Luis Forte
    agosto 23, 2012

    RIFF-RAFF (TED TETZLAFF, 1947)

    por José Luis Forte | agosto 23, 2012
    The Towering Inferno review Paul Newman
    EL TERROR A 138 PISOS DE ALTURA
    El coloso en llamas (The Towering Inferno, John Guillermin, 1974)

    La década de los 70 será recordada por un buen puñado de obras maestras, ofrecidas por una nueva generación de dotados realizadores, tales como “El Padrino” (1972) de Francis Ford Coppola, “American Graffiti” (1973) de George Lucas, “Tiburón” de Steven Spielberg o “Taxi Driver” de Martin Scorsese. Pero también lo será por un género que fue el azote de las taquillas, el catastrofista. Desastres que van desde aviones de pasajeros en peligro (la saga “Aeropuerto” inaugurada en 1970 por George Seaton), un lujoso transatlántico volcado por una ola gigante en “La aventura del Poseidón” (1972), un seísmo que asola la ciudad de Los Ángeles en “Terremoto” (1974) o una plaga de abejas asesinas que aterroriza Texas en “El enjambre” (1978), invadieron las salas de cine dejando buenos dividendos para los estudios. Su fórmula: elegir a un actor carismático (llámese Charlton Heston, Paul Newman o Gene Hackman), rodearlo de viejas glorias de Hollywood en papeles secundarios, una historia mínima, con personajes arquetípicos y, eso sí, una buena ración de efectos especiales para plasmar la catástrofe correspondiente con todo lujo de detalles. De entre todos los títulos de aquella etapa, mi favorito siempre será “El coloso en llamas” (The Towering Inferno, John Guillermin, 1974).

    Considerada desde siempre como la obra cumbre del cine de desastres, fue producida por el especialista Irwin Allen, que acababa de lograr un gran éxito con “La aventura del Poseidón”. Dos grandes compañías como la 20th Century Fox y la Warner Bros unieron sus fuerzas para sacar adelante este ambicioso proyecto de 14 millones de dólares de la época. Se encargó la dirección a John Guillermin (Londres, 1925), un realizador que luego rodaría el remake de “King Kong” (1976) o “Muerte en el Nilo” (1978), una de las más destacadas adaptaciones de Agatha Christie al cine. “El coloso en llamas” puede considerarse su mejor obra. Al menos, por la que será recordado en la posteridad. Paul Newman (Cleveland, 1925) y Steve McQueen (Indiana, 1930) eran dos de las estrellas más carismáticas de aquel entonces y su reunión como cabeza de cartel en esta película, auguraba una lucha de egos importante. Así sucedió. Newman en el papel de Doug Roberts, arquitecto del edificio y McQueen como el jefe de bomberos Michael O´Halloran, hicieron que reescribieran sus líneas de diálogo para tener el mismo número de palabras. También se repartiría el protagonismo de tal manera, que ambos aparecerían el mismo número de minutos en pantalla. Entre las dos estrellas saltaban más chispas que en la propia historia. Y lo más gracioso es que sus personajes casi no coinciden en ninguna escena. Al personaje interpretado por Paul Newman le tocó la inevitable historia romántica, en esta ocasión con la sex symbol de los 60 y 70 Faye Dunaway (Florida, 1941), famosa mundialmente por “Bonnie & Clyde” (1967) y ganadora del Óscar en 1976 por “Network”. McQueen iba a hacer el papel de Doug Roberts en un principio, pero se empeñó en dar vida al bombero, con mayor peso heroico en el argumento. El plantel de secundarios fue de ensueño, con William Holden, Fred Astaire, Jennifer Jones, Richard Chamberlain o Susan Blakely padeciendo lo indecible en el interior del rascacielos más famoso de la Historia del Cine.

    por José Martín León
    agosto 12, 2012

    EL COLOSO EN LLAMAS (JOHN GUILLERMIN, 1974)

    por José Martín León | agosto 12, 2012
    Anna Sten La muchacha de la sombrerera Devushka s korobkoy
    El director Boris Barnet es para muchos de los amantes del cine soviético el gran desconocido, el gran olvidado dentro de toda una serie fascinante de autores cinematográficos que crearon no solo una escuela y un estilo propios, sino que concibieron enormes avances para el arte cinematográfico y nos legaron una colección de películas prodigiosas. Inició su contacto con el cine en el Taller de Lev Kuleshov para pronto dar comienzo a su carrera cinematográfica como director codirigiendo, con Fyodor Otsep, una película de aventuras en tres entregas, Miss Mend (1926), a la manera de los seriales que habían triunfado en Europa y Norteamérica una década antes. La muchacha de la sombrerera (Devushka s korobkoy, 1927) sería su primera película en solitario. En ella ya daría salida de manera absoluta a su pasión por la comedia, su género predilecto. Él mismo se vanagloriaba de que nada le gustaba más que el humor y que cuando dirigía un drama le encantaba intercalar notas humorísticas en él.

    La muchacha de la sombrerera es una obra maestra de la comedia romántica con momentos esplendorosos. Y muy divertida, con un sentido tan clásico de la comedia que uno entiende a la perfección qué es clásico tal y como nos enseñó Italo Calvino en relación a los libros: es aquella obra a la que uno vuelve una y otra vez sin cansarse jamás, encontrando siempre algún detalle nuevo, sintiendo las mismas emociones, si no acrecentadas, con la intensidad de entonces. Es un ejemplo maravilloso de ese tipo de comedia romántica que en Hollywood estaba desarrollando de forma magistral Harold Lloyd en películas como El tenorio tímido (Girl Shy, dirigida por Fred C. Newmeyer y Sam Taylor en 1924), El estudiante novato (The Freshman, de nuevo Newmeyer y Taylor en 1925) o El hermanito (The Kid Brother, dirigida por Ted Wilde y J. A. Howe y los no acreditados Lewis Milestone y el propio Harold Lloyd en 1927). La muchacha de la sombrerera puede citarse sin rubor al lado de estas tres joyas del cine cómico mudo.

    por José Luis Forte
    agosto 08, 2012

    LA MUCHACHA DE LA SOMBRERERA (B. BARNET, 1927)

    por José Luis Forte | agosto 08, 2012
    Estrenada ya Prometheus, de Ridley Scott, en Estados Unidos y a pocos días de hacerlo en España, se me antoja casi una obligación el hablar de una de las mejores cintas de ciencia ficción de la historia: Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979).

    Hace cuatro décadas la 20th Century Fox tomó este proyecto concebido por los guionistas Dan O’Bannon y Ronald Shusett, pese a tener muchas reticencias iniciales por su halo de serie b que mezclaba el terror con la ciencia-ficción. Finalmente, el reciente éxito de Star Wars (1977), en la cual O’Bannon había formado parte del equipo, acabaron por convencer al gigante cinematográfico de presupuestar inicialmente el filme con unos aceptables 4.2 millones de dólares. He aquí el quid de la cuestión: ¿Cómo se pudo hacer semejante película con ese presupuesto? La respuesta es clara: no se puede. La cifra final terminó doblándose y pese a la impermeabilidad informativa hay fuentes del reparto y del equipo de rodaje que la sitúan entre 8.4 y 14 millones de dólares. El espectacular storyboard que presentó Ridley Scott hizo el resto para que un proyecto tan novedoso pudiera llevarse a cabo.

    Es a partir de aquí donde radica el mérito de la película pues, no nos engañemos, ocho millones no dan para hacer muchas florituras en este tipo de producciones y más en esa década tan inmadura en lo que a técnicas digitales se refiere. Recordemos que Star Wars contó con un presupuesto similar de once millones, y la mayoría de los efectos especiales y técnicas empleadas fueron artesanales a base de maquetas a escala. Pues bien, con Alien pasó algo parecido. Como la necesidad agudiza el ingenio, el equipo se apañó a las mil maravillas para realizar unos escenarios riquísimos en detalle como algunas salas de la nave Nostromo, hechas a raíz de chatarra diversa de un viejo bombardero y espejos para crear ilusión de espacios mucho mayores. Eso sí, el espectacular interior de la nave alienígena donde se encuentran el fósil de el piloto extraterrestre apodado “space jockey”, se llevó bastante más trabajo y recursos económicos para conseguir un resultado tan espectacular como creíble; aunque tiene truco, solamente se construyó una pared, por lo que el “space jockey” se montó en una plataforma giratoria para poder hacer tomas desde todos los ángulos posibles aprovechando la única pared construida. A todo ello, si le sumamos que artistas gráficos como Ron Cobb, H.R. Giger (rescatado para Prometheus) o el mismísimo Moebius participaron en el diseño artístico de la producción, la consecuencia es clara: éxito.

    por Unknown
    julio 31, 2012

    ALIEN (RIDLEY SCOTT, 1979)

    por Unknown | julio 31, 2012
    Carrie 1976
    'Carrie' (1976), de Brian De Palma.
    EL BAUTISMO DE SANGRE DE STEPHEN KING
    Carrie (Brian De Palma, Estados Unidos, 1976)

    1974, un joven novelista de veintisiete años llamado Stephen King, publica su primera obra, “Carrie”, la escalofriante historia de una adolescente con poderes telequinéticos, acosada por sus compañeros de instituto y sobreprotegida por su fanática madre. Hollywood detectó rápidamente a la gallina de los huevos de oro por lo que en 1976 ya tenían su versión cinematográfica, dirigida por Brian De Palma (New Jersey, 1940). La película, producida por United Artists, costó la modesta cifra de 1,8 millones de dólares. Recaudó casi 39 millones de la misma moneda en Estados Unidos, iniciándose así una rentabilísima y muy prolífica relación entre el autor y el mundo del cine, con la gran mayoría de sus obras adaptadas en las últimas tres décadas. Títulos como “El resplandor” (1980), “Cujo” (1983), “El cementerio viviente” (1989), “Misery” (1990) o “La niebla” (2007) han sido estupendas cintas de terror surgidas de sendas novelas de King.

    Pero vayamos a la película que nos ocupa, “Carrie”, que comienza como un drama en el que la protagonista, una chica tímida y con fama de “rarita” es víctima del bullying en el instituto. Sus compañeras, disfrutan atormentándola y dejándola en ridículo siempre que pueden. Para más inri, vive junto a una madre fanática religiosa, para la que cualquier manifestación de despertar sexual en su hija, implica la más grande de las vergüenzas y una tentación del Diablo.

    por José Martín León
    julio 29, 2012

    CARRIE (BRIAN DE PALMA, 1976)

    por José Martín León | julio 29, 2012
    Halloween 1978 Carpenter
    'La noche de Halloween', de John Carpenter en el segundo episodio de 'Sesión doble'
    MUCHO MÁS QUE LA MADRE DE TODOS LOS SLASHERS
    La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, Estados Unidos, 1978)

    Corría el año 1978 cuando una modesta película de terror de serie B titulada “Halloween” irrumpió en las pantallas de todo el mundo cambiando para siempre el género. Muchos la señalan como el primer slasher (película en que un asesino psicópata acaba con sus víctimas con las más variadas armas blancas, especialmente adolescentes de buen ver), olvidando que desde los tiempos de Norman Bates en “Psicosis” (1960) ya se dieron este tipo de filmes. Sin ir más lejos, en 1974, Tobe Hooper había tenido un impacto similar con “La matanza de Texas”, mucho más brutal y explícita que la de Carpenter. También de 1974 es la menos conocida “Black Christmas” de Bob Clark. Novedosa o no, “La noche de Halloween” causó sensación. Con un coste de 325.000 dólares, acabó recaudando la increíble suma de 47 millones en todo el mundo. Tuvo la friolera de siete secuelas a cuál más floja y en 2007 tuvo su remake correspondiente, dirigido por Rob Zombie. También dio lugar a una oleada de cintas (todas inferiores) de temática similar, de las que “Viernes 13” (1980) de Sean S. Cunningham, puede considerarse como la más afortunada, al menos en lo que a rentabilidad se refiere.

    La historia comienza con una secuencia tremendamente impactante e icónica dentro del género. En la noche de Halloween de 1963, el pequeño Michael Myers se enfunda una máscara y la cámara sigue, a través de sus ojos, el recorrido que realiza desde la calle hasta la habitación de su hermana, lugar donde la asesina a sangre fría con un enorme cuchillo de cocina. A continuación, es descubierto por la policía con el arma en la mano y en estado catatónico. 15 años después, Myers protagoniza una huída del sanatorio donde se encuentra recluido. Su psiquiatra, el Dr. Sam Loomis, que ya había avisado al comité médico de lo peligroso que podría llegar a ser su paciente, emprende la búsqueda del asesino. Todo apunta a que Myers ha vuelto al pueblo de Haddonfield, lugar donde empezó todo, para celebrar su Halloween particular. Sus víctimas, un grupo de niñeras encabezado por Laurie Strode.

    por José Martín León
    julio 29, 2012

    HALLOWEEN (JOHN CARPENTER, 1978)

    por José Martín León | julio 29, 2012
    Shakhmatnaya goryachka, 1925
    'La fiebre del ajedrez', de Vsevolod Pudovkin & Nikolai Shpikovsky
    La celebración del Torneo Internacional de Moscú de ajedrez en 1925 fue concebido como una manera de mostrar al mundo esa nueva Rusia, la Unión de las Repúblicas Soviéticas de Rusia, que había nacido en la revolución de octubre de 1917. El Torneo supuso un evento de repercusión mundial al que fueron invitadas las grandes figuras del ajedrez de la época, todo un acontecimiento social en un país donde el ajedrez era tan popular que, citando a Alekhine del foro Cine Clásico, “las mujeres en Georgia incluían o debían incluir entre su dote un tablero con las consabidas piezas de ajedrez”. Los Grandes Maestros del ajedrez gozaban de una popularidad semejante a la de un actor de cine o una estrella del rock actual. Al Torneo de 1925 asistió como invitado de lujo el Gran Maestro José Raúl Capablanca, sin duda una de las figuras más importantes de la historia del ajedrez, y junto a él estrellas de todo el mundo: el británico Frederik Yates, el checo Richard Reti, el estadounidense Frank J. Marshall, el mexicano Carlos Torre, el austríaco Rudolph Spielman o el ruso Efim Bogoljubow, que fue el ganador. En conjunto el Torneo supuso el triunfo de la Escuela Rusa de ajedrez, todo un éxito para el nuevo régimen bolchevique y su aparato de propaganda.

    Dentro de esta campaña de propaganda participó, cómo no, un medio tan popular como el cine. Aprovechando la visita de los famosos y aclamados jugadores extranjeros y la fuerza de los jugadores soviéticos, se realizó un cortometraje de diecinueve minutos de duración que serviría como espejo de la importancia del evento. La fiebre del ajedrez (Shakhmatnaya goryachka, 1925) hoy está considerado todo un clásico del cine cómico mudo, todo un modelo de diversión enloquecida, realización trepidante y montaje prodigioso que, dentro de su sencillez, sublima cualquier asomo de propaganda política y supone una desternillante pieza de humor en estado puro. De su realización se encargaron Vsevolod I. Pudovkin y Nikolai Shpikovsky. Esta fue la primera película de ficción de Pudovkin, uno de los grandes directores del cine soviético, del cual viendo esta locura uno no adivinaría los fabulosos dramas sociales que poco después le harían entrar en la historia del cine a lo grande. Él fue también el responsable del fantástico montaje, tarea que había aprendido trabajando en el taller de Lev Kuleshov, encargándose Shpikovsky de la escritura del guion. En pequeños papeles también aparecerían otros gigantes de la cinematografía rusa: Boris Barnet, Yakov Protazanov y Fyodor Otsep. Estos dos últimos venían de dirigir y escribir, respectivamente, el clásico de la ciencia ficción soviética de vanguardia Aelita (1924).

    por José Luis Forte
    julio 24, 2012

    LA FIEBRE DEL AJEDREZ (VSEVOLOD PUDOVKIN, 1925)

    por José Luis Forte | julio 24, 2012

    LAS EXTRAORDINARIAS AVENTURAS DE MR. WEST EN EL PAÍS DE LOS BOLCHEVIQUES (LEV KULESHOV, 1924)

    por José Luis Forte | julio 09, 2012

    Escenas de Cine | Rebecca (Alfred Hitchcock, 1940)

    por Emilio M. Luna | junio 25, 2012

    Quiero ser santa

    Madame Satán (Madam Satan, Cecil B. DeMille, 1930).

    El director de cine Cecil B. DeMille es recordado sobre todo por sus tremebundas producciones de películas bíblicas. Sobra incidir en que no suponen ni de lejos la temática mayoritaria en sus películas, pero sí desde luego han resultado las más populares. Hay un desprecio hacia su cine fomentado por diversas razones: representa el lado más descarnadamente comercial de Hollywood, la doble moral de sus películas religiosas (esa mezcla de religión exacerbada y erotismo desatado), sus mastodónticas superproducciones… En fin, no seremos nosotros quienes le quitemos la razón a sus detractores: algo de cierto tienen sus afirmaciones. Sin ir más lejos, la moralina barata de la película que vamos a comentar, Madame Satán (Madam Satan, 1930), y su trama principal de líos de cama de parejas casadas es idéntica a la de las películas que podemos ver ahora mismo en nuestras carteleras: por mucho que el marido o la esposa flirteen fuera del matrimonio, este sale invicto y victorioso, y la pareja, por descontado, siempre fiel pese a todo lo que pueda tentarlos. Y con todas las escenas picantes de parvulario y chistes burdos imaginables rellenando metraje a dolor.

    Madame Satán comienza con un plano de un pájaro encerrado en su jaula para a continuación ser atendido por la protagonista absoluta de la película, Angela Brooks (la actriz Kay Johnson, ejemplo de lo que en la época se entendía por elegancia y glamour, lo cual consistía en poner cara de desmayo a cada plano y una expresión continua de “ya nada puede dañarme”), el pajarito de carne y hueso encerrado en su prisión de oro, siendo esta la mansión gigantesca en la que vive con su marido. Marido (el actor Reginald Denny, todo un superviviente del cine) que se dedica a irse de fiesta todas las noches y pasarlo de miedo con su amigo Jimmy (interpretado por el excelente secundario Roland Young) y su locuela amante Trixie (Lillian Roth, prometedora actriz que acabó consumida por el alcohol y las drogas, aunque eso no le impidió volver tras los años con un libro en el que contaba toda su trágica historia). Durante cincuenta minutos asistiremos a una comedia de desarrollo plomizo, chistes de humor grueso, situaciones graciosas que solo dan vergüenza ajena por lo forzadas y torpes que resultan y una trama que plantea que la esposa, para mantener a su marido en el cerco del matrimonio, debe comportarse un poco en plan zorrón, porque si no se la acusará de gélida y, claro, ya sabemos que los hombres necesitan desfogarse. En fin. Angela lleva una vida de rica solitaria y se dedica a hablar con su pajarito Barbican, a ordenar copiosas comidas para el solaz de su marido, a asistir y convocar reuniones con damas de la beneficencia, a mantener la típica pelea matrimonial de enamorados en la que uno ve la pelea pero difícilmente a los enamorados… Demonios, todo es tan aburrido que hasta un par de números musicales se ofrecen en plano fijo.

    por José Luis Forte
    junio 24, 2012

    Cineclub | Madame Satán (Cecil B. DeMille, 1930)

    por José Luis Forte | junio 24, 2012

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