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    D'A 2014
    D'A 2014
    Los dueños

    La rebelión silenciosa

    crítica a Los dueños | dirigida por Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, 2013

    Decía el escritor y filósofo francés Bovier de Fontenelle que cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas. En estos últimos años, en los que un cierto conformismo en el juego de clases ha mantenido funcionando al mundo en su anormal equilibrio, puede que todos nos hayamos acostumbrado un poco al orden predispuesto de las cosas, entendiendo que nuestro lugar estaba ya escrito y, ya puestos, no vamos a dar problemas a nadie. El cine, en ocasiones, se centra en aquellos osados que se atreven a moverse de su sitio justo para poder salir en la foto. Y es el cine de grandes presupuestos, que apela a un cierto espíritu de superación (pilar de la sociedad yanqui), el que exprime a los personajes que se levantan, que explotan y cuyo sufrimiento consigue cambiar el mundo. Pero si olvidamos a las Norma Rae y las Erin Brockovich que tan bien quedan en pantalla, encontramos una especie de rebelión cauta, sin alzar la voz, que poco a poco va haciendo mella hasta conseguir darle la vuelta a la tortilla y conquistar sus pequeños logros personales. Y son justo estas historias las que requieren de un cine más sensible, que poco a poco va alzando la voz y mostrando su calidad. En este sentido, la maquinaria hollywoodiense no puede acercarse a la lucha de clases del mismo modo que la emergente industria sudamericana.

    De esta reflexión nace Los dueños, que pone frente a frente al rico y al pobre, al culto frente al ignorante, y crea lazos entre ellos para mostrar un tira y afloja sutil, que subyace argumental y cinematográficamente, para retratar que las verdaderas fisuras al conformismo son aquellos actos de rebeldía que se producen en el día a día y que se convierten en nuestra rutina contestaría. Para ello, Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, el tándem que dirige la película, se trasladan al interior argentino para relatar cómo una familia de granjeros disfrutan de los placeres de la vida acomodada mientras los dueños del rancho que tienen a su cuidado se encuentran fuera. Ven la televisión, beben, fuman, duermen en buenas camas… Como escribió Sabina, «qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad». Pero tienen que volver de manera atropellada a su pequeño cuchitril cada vez que aparecen los dueños, siempre sin avisar.

    por EAM
    septiembre 30, 2014

    Crítica | Los dueños

    por EAM | septiembre 30, 2014

    La bomba de relojería social

    crítica de Luton | Michalis Konstantatos, 2013

    En paralelo a la brutal crisis que golpea Grecia se ha ido creando un cine diferente en cuyo núcleo subyace el hartazgo y la desesperación de una sociedad desestructurada que se tambalea. Cine de visionado difícil, que juega con los límites soportables por el espectador y los estira hasta producir un cúmulo de imágenes y situaciones incómodas que en su conjunto trasmiten un mensaje crítico. Estamos hablando de películas como Canino, de Yorgos Lanthimos, o Boy Eating the Bird’s Food, de Ektoras Lygizos. Puede que la conclusión a la que llega Luton, la primera película de Michalis Konstantatos, se presente de modo mucho más latente y directo tras el visionado completo de la cinta, pero su desarrollo argumentativo sigue los mismos patrones presentes en este nuevo cine griego.

    Luton está construida en dos partes diferentes a distintos niveles pero que no se entienden una sin la otra. Durante la mayor parte del filme, que se correspondería con la primera parte de este díptico, Konstantatos nos muestra a la sociedad filtrada a través de los tres personajes protagonistas en apariencia independientes, a los que se acerca de distintas maneras: ya sea desde el plano fijo que dilata el tiempo hasta hacerlo insoportable, como en el post-cumpleaños de Makis, un cincuentón abatido por el tedio a quien su mujer solo es capaz de regalarle un polvo rápido mientras retira la mesa; o a través de un zoom imposible que acaba por meterse literalmente entre el beso de Jimmy, un adolescente aburrido de la vida sin ningún tipo de aliciente, y su nuevo ligue de instituto; o bien desde un punto de vista más cercano y pegado al personaje, como cuando Mary, una treintañera con problemas para establecer una relación sana con todo lo que le rodea, consigue su momento más íntimo en el probador de una tienda de ropa interior. Sea cual sea la elección del director para acercarse a su trío protagonista, hay dos elementos en común: un ensañamiento en la escena y una cierta ridiculización del personaje y la situación. Ensañamiento porque Konstantatos nos obliga a mirar más allá de donde quisiéramos (de ahí la incomodidad que puede provocar Luton en el espectador). Ridiculización porque esta ausencia de límites se explora en algunos de los momentos más bajos y rutinarios de la vida de sus protagonistas. El director griego trata de convencernos de que la verdadera violencia subyace en la cotidianeidad de una sociedad enferma en la que germina el odio más primario. Parece que la única forma de darnos cuenta de ello sea obligarnos a apartar la mirada de una realidad insoportable para poder conocer su existencia.

    De este modo, Luton se va construyendo desde la extrañeza, el hastío y, hasta cierto punto, el fastidio del espectador. ¿No es, al fin y al cabo, una buena definición de cómo nos encontramos ahora? Los primeros de minutos de la película se construyen como el reflejo de la sensación de los protagonistas y, por extensión, de su entorno. Pero justo cuando el tono de la película está empezando a trillarse, Luton explota y su onda expansiva resulta demoledora (lo que se correspondería con la segunda parte del filme). Al igual que el huevo con la yema rota que ilustra a la película en su cartel, los tres personajes confluyen y revientan en una catarsis violenta a ritmo de planos incisivos y un montaje rápido que rompe con la estructura anterior. Makis, Jimmy y Mary se desprenden de su rutina para dar rienda suelta a sus instintos y señalar a los supuestos culpables de sus desgracias. Es en este momento cuando la película cobra significado y se coloca en un nivel mucho más crítico y analítico del que a priori se podría pensar. Konstantatos logra mostrar como el germen del estallido social se encuentra en el día a día de la persona de a pie y logra que esta idea traspase la propia trama y se instale en la forma de la cinta. Sin duda, Luton es una película que requiere de varios visionados para entender hasta dónde puede llegar el nivel de detalle y de precisión formal y temática que encierra la propuesta de Konstantatos. Y es por ello que la reflexión final que nos deja no es otra que la del miedo a nosotros mismos. El viaje desde el comentario políticamente incorrecto a media voz y en privado a la acción violenta y primaria puede que sea mucho más corto de lo que nos pensamos: del mismo modo que la mecha va prendiendo poco a poco a través de escenas largas con planos estáticos casi interminables, puede que estemos ante una sociedad cuya tranquilidad cotidiana encierra una verdadera bomba de relojería. | ★★★ |

    Víctor Blanes Picó
    redacción Barcelona

    2013, Grecia, Luton. Dirección: Michalis Konstantatos. Guión: Michalis Konstantatos, Stelios Likouresis. Reparto: Nicholas Vlachakis, Eleftheria Komi, Christos Sapountzis. Productora: Horsefly Productions / Faliro House Productions / Greek Film Center. Fotografía: Yiannis Fotou. Presentación Oficial: San Sebastián 2013.

    por EAM
    junio 12, 2014

    Crítica | Luton, de Michalis Konstantatos

    por EAM | junio 12, 2014
    Blue Ruin, de Jeremy Saulnier

    Ashes to Ashes

    crítica de Blue Ruin | Jeremy Saulnier, 2013

    Se dice que Diógenes de Sinope —ya convertido en fiel representante del idealismo—, tras ver a un niño bebiendo agua de sus propias manos, se deshizo del cuenco que utilizaba para dicha función y que constituía el 25% de sus bienes personales (junto a un manto, un zurrón y un bastón). Este desapego material, que paradójicamente contradice los síntomas (acumulación de toda clase de trastos innecesarios) de la enfermedad mental a la que da nombre el cínico —filosóficamente hablando, se entiende— “síndrome de Diógenes”, parece ser el estilo de vida adoptado por Dwight tras el traumático asesinato de sus padres a manos de un miembro de la familia vecina. No queda del todo claro si el protagonista de Blue Ruin, al igual que su predecesor, ha dedicado todo este tiempo de ascetismo a la proliferación de la mente y al estudio minucioso de teorías existencialistas. Lo que es un hecho, viendo su caótica forma de reaccionar cuando se entera de que el asesino que arruinó su vida va a salir de prisión, es que no ha invertido ni un minuto en la planificación de un astuto método de venganza.

    A Jeremy Saulnier no le interesa el duro pasado de sufrimiento que ha debido soportar su personaje, ese periodo queda sujeto a una especulación figurativa individual aunque, teniendo en cuenta el origen de su reclusión voluntaria, no parece haber sido un camino de rosas. El director nos plantea la trama, apenas sin contexto, desde el momento en el que los fantasmas de Dwight —dormidos pero no muertos— se liberan al conocer la noticia de la excarcelación del culpable de su orfandad. Desde ese momento sentimos cómo algo se rompe en el interior de ese hombre introvertido y tranquilo, su mirada revela un oscuro e inquietante resplandor que se va materializando, de forma inaudible, en una serie de rápidos, espasmódicos e impulsivos preparativos con vistas a terminar en desgracia. Pese a que la cinta bebe de las dos corrientes más importantes del género de venganza: El brutal, seco y tosco proceder de la cinematografía asiática, y la búsqueda de la justicia poética al más puro estilo del western americano, añade algunos elementos novedosos propios del cine de autor. El guion (obra del propio Saulnier) es el primero de ellos y, pese a que en él se cuenta una clásica historia de vendetta, (una de tantas que llevamos este año: Sólo Dios perdona, Out of the Furnace, remake Oldboy…), sirve, a su vez, como principal componente diferenciador del resto de competidoras. Su diálogo es escaso, es la propia ira quien lidera las conversaciones de este grupo de fieles seguidores del código de Hammurabi —o lavar los trapos sucios dentro de casa—. Otra de las piezas clave es la veracidad de las acciones; el protagonista no se convierte repentinamente en un experto y poderoso asesino pues, pese a resolver con cierta solvencia algunos trámites truculentos, podemos observar cómo se le resisten ciertos aspectos no muy agradables de la empresa que lleva entre manos. El realizador arremete contra la ingenuidad y la falta de veracidad de cintas en las que los protagonistas son capaces de, por ejemplo, realizarse una auto-intervención quirúrgica —sin noción alguna en el campo de la cirugía— mientras se extraen una bala recibida, se desinfectan y se cosen una profunda herida realizada con una hoja de puñal de 20 centímetros, o se arrancan una flecha de ballesta del hombro como si de una astilla se tratara.

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 09, 2014

    Crítica | Blue Ruin

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 09, 2014
    10.000 km

    10.000 km clausura con éxito la IV edición del D’A

    crónica de la novena y décima jornada de la IV edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    Adiós a una nueva edición del D’A. Una despedida casi perfecta con la exhibición de 10.000 km, uno de los más que probables éxitos del año en el cine español que llegó a la Ciudad Condal con la Biznaga de Oro de Málaga 2014 en el zurrón. Para recibirla, sold out dos días antes y sala hasta la bandera. Carlos R. Ríos, director y programador del festival, agradeció a los asistentes su presencia y habló sobre la completa (y evidente) consolidación del certamen en su cuarta entrega. Un discurso breve que ha ido acompañado por un video con imágenes del festival y del staff que lleva más de una semana entregado al espectador. Antes del cierre oficial, el galardón oficioso. Un entorchado denominado Nuevo Talento D’A 2014 y otorgado por el ACCEC (Asociación Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) formado por Cloe Masotta, Gerard Casau y Tony Junyent. La película ganadora: Mouton, de Marianne Pistone y Gilles Deroo.

    Tras los premios y las palabras, turno de 10.000 km [★★★], la ópera prima de Carles Marqués-Marcet que, tras su éxito por Austin y Málaga, se presentaba en su tierra con una enorme expectación. Cinta que nos traslada a la forzada separación entre Sergi y Álex, una pareja que lleva 7 años juntos, y que por motivos de trabajo tienen que vivir un año a la distancia que da título al filme, manteniendo la relación a través de videollamadas. Construida en mini-episodios nos muestra ese vínculo que mantiene la pareja delante del ordenador. Un relato agridulce como la vida misma. La virtud del trabajo de Marqués-Marcet reside en la naturalidad y la química entre los dos actores: David Verdaguer y Natalia Tena. Una propuesta pequeña y humilde que satisface a un espectador que se identifica de forma instantánea con cada una de las etapas. Su calado emocional palía algunos peros que deja un arco dramático poco pulido y que le resta algo de valor al clímax final. Aún así, muy meritorio el debut de un cineasta destinado a ser un referente en el cine del viejo continente.

    por EAM
    mayo 05, 2014

    D'A 2014 | Novena y décima jornada. Top 10 del Festival

    por EAM | mayo 05, 2014

    La verdad sobre Rodrigo Rosenberg

    crónica de la 8ª jornada de la IV edición Festival Internacional Cinema d’Autor de Barcelona

    Mucho movimiento en las tres salas del festival, el Club Aribau 1 y 2 y el Teatre CCCB durante esta octava jornada. Tarde intensa que contaba con la sesión especial de Seré asesinado, de Justin Webster, además de las más que atractivas Il sud é niente, Our Sunhi y Things People Do, exhibidas en Roma, Locarno y Berlín, respectivamente.



    Como apertura, una primicia con la proyección del documental catalán Seré asesinado [★★], de Justin Webster. El director inglés afincado en Cataluña nos cuenta la historia de un asesinato premeditado. Rodrigo Rosenberg es un prestigioso abogado guatemalteco que aparece muerto en una cuneta mientras daba un paseo en bicicleta. En su funeral se reparten unos dvds en los que hay un video del propio difunto que afirma que si están viendo eso es que está muerto y que el gobierno de Guatemala es el culpable de tal crimen. Esa pieza se filtra a todos los noticiarios del país y se destapa una revolución. El documental tiene un punto de partida muy interesante y un material muy potente (como es el propio video en sí) pero con desarrollo que no está a la altura. En ningún momento parece saber que quiere contar: ¿es una historia sobre el sicariato en Guatemala? ¿es una forma de mitificar a Rosenberg?, ¿es una forma de humanizarlo?, o ¿simplemente pretende mostrar la realidad de los hechos de forma veraz? Solo su final, que muestra ese as escondido en la manga, ata todos los cabos y le da algo de sentido. Aun así, la sensación final es que Seré asesinado es un documental con una premisa muy interesante pero que está contado a trompicones, dando información contradictoria entre sí que confunde al espectador y que en muchos casos se vuelve repetitiva.

    Tras la exclusiva, la única proyección en el festival de Il sud é niente [★★★], película de Fabio Mollo que ha pasado por diferentes festivales, entre ellos Berlín hace unos meses. La ópera prima del director italiano nos cuenta como Grazia y su padre, que viven en el sur de Italia, intentan superar la pérdida del hermano. Todo mediante cuatro fases de asimilación: la negación, la furia, negociación, depresión y por último, aceptación. Lo más interesante del filme es la acertada mezcla del día a día de la familia con aires oníricos, provocado por las evocadoras y sugestivas imágenes del mar, que simboliza esa esperanza de la joven Grazia de volver a ver a su hermano. Il sud é niente habla sobre una dura realidad con mucho tacto. Estamos ante un filme valiente, equilibrado y sincero que encuentra su mejor baza en su fotografía y en su protagonista, la joven Miriam Karlkvist.

    Más tarde llegó Hong Sang-soo y las sonrisas de la jornada con Our Sunhi [★★★] (Crítica). El largometraje coreano nos cuenta como Sunhi una joven licenciada en cine vuelve a la universidad para pedir una carta de recomendación. Durante ese día se encontrará con un profesor que siempre le tuvo mucho cariño, su exnovio que acaba de hacer un largo sobre su relación y con Jae –Hak un cineasta afianzado. Con estos cuatro personajes el director realiza un seguido de conversaciones, con mucho alcohol de por medio, que entrecruza los personajes entre sí para hacer un divertido reflejo de las relaciones humanas. Un filme con un ingenioso guión que apuesta por la austeridad en su puesta en escena y unos zooms extraños e incómodos. Our Sunhi es la demostración de que una vez más la fortaleza de una película está en el guión. Por último, acabábamos la jornada con un plato fuerte del D’A. Things People Do [] (Crítica), que ya había estado proyectada en el festival los primeros días, volvía a ocupar la pantalla del Club Aribau 1. La ópera prima de Saar Klein, montador de películas de Malick como La delgada línea roja y El nuevo mundo, nos dibuja las desventuradas soluciones de un padre de familia que se queda sin trabajo y decide delinquir a lo grande para paliar el agujero de su ficticio nivel de vida. Burda exaltación de los valores morales americanos de narración trillada y diálogos estultos. Cumple su cometido pero no aparta a la cinematografía actual.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    mayo 04, 2014

    D'A 2014 | Octava jornada

    por EAM | mayo 04, 2014
    Medeas

    A flor de piel

    crónica de la séptima jornada de la IV edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    Recta final del certamen barcelonés con un bagaje muy positivo. Muchos descubrimientos, alguna decepción y, ante todo, mucho futuro. Como el que tiene el cineasta italiano Andrea Pallaoro, que el pasado jueves presentó Medeas, una de las propuestas más sensitivas del festival.


    Medeas [★★★], ópera prima de Andrea Pallaoro, con la tragedia griega como fondo, nos ofrece un retrato íntimo de una familia que se desintegra día a día debido a la poca comprensión entre sus miembros. La madre busca refugio a manos de un amante, mientras que el padre no sabe cómo responder a eso. Obra singular que busca las sensaciones, las miradas y las texturas por encima de la narrativa convencional. En palabras de su director, no busca contar una historia, sino los silencios, los detalles, la evocación. Y para llegar a ello, altas prestaciones técnicas: bellísima fotografía, planos cortos que acarician dulcemente a sus personajes… Medeas es una propuesta fresca y alternativa no apta para todos los paladares pero que invita a reflexionar y que descubre a un cineasta muy a tener en cuenta.

    por EAM
    mayo 04, 2014

    D'A 2014 | Séptima jornada

    por EAM | mayo 04, 2014
    Stop the Pounding Heart

    Consecuencias

    crónica de la sexta jornada de la IV edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    Intensa tarde el el D’A. Dos de los platos fuertes del festival: Stop the Pounding Heart y Blue Ruin marcaban el inicio y el fin de la jornada, respectivamente. Y, entre ellas, Les Apaches y Puppylove, dos miradas muy diferentes sobre la adolescencia que conformaron las secciones paralelas de los grandes festivales de 2013.



    Stop the Pounding Heart [★★★] (Crítica) nos muestra una familia de ganaderos tejanos que forma parte de una comunidad ultra religiosa. Sara, la hija mayor de la familia, a raíz de conocer a Colby, un simpático chico que sueña con llegar al rodeo profesional, y a su llegada a la madurez se empieza a plantear todas las doctrinas adquiridas durante su niñez. Roberto Minervini plantea un documental de ficción que, como hiciera la catalana La plaga, busca la historia en su propio entorno y construye una trama sutil para convertirla en un producto 100% cinematográfico; en el que las barreras entre lo ficción y lo real se funden en una obra sólida y con carácter propio. Su neutra naturalidad supone su mayor acierto. La cámara solo pretende ser una ventana para que el espectador juzgue. Minervini, además, juega con tino con el rico imaginario del sur de Estados Unidos y la cultura texana, mimando tanto los detalles visuales como los diálogos. Estamos ante una obra cuidada que trata con mucha sensibilidad y objetividad un tema polémico en el que es muy fácil caer en el maniqueísmo y en el producto panfletario.

    A continuación, llegó el turno de Les Apaches [★★], de Thierry de Peretti, que había pasado por Cannes y Gijón con muy buena acogida. El filme aborda las terribles consecuencias después de un acto vandálico por parte de un grupo de jóvenes en una pequeña fiesta. Pese a su premisa poco original, va aumentando en intensidad e intriga descubriendo la verdadera naturaleza de los componentes de ese grupo de amigos. Sin embargo, los razonamientos clasistas de su director suponen una salida fácil, cobarde y poco arriesgada que tira por tierra la interesante evolución de esta ópera prima, a la postre, fallida. A la misma hora que la cabeza de cartel del sexto día, Blue Ruin, se proyectó Puppylove [], comedia de Delphine Lehericey que sitúa el foco en el despertar sexual de Diane, una chica de 14 años que vive con su padre y su hermano. Su monótona vida dará un vuelco de ciento ochenta grados cuando Julia, una chica de edad parecida, aparecerá en su vida. En ese momento Diane descubrirá que sus expectativas de madurez no encajan con sus deseos. Un punto de partida trillado para un filme que desprende ternura en su primera mitad, pero que poco a poco se va oscureciendo y que, como las dudas de su protagonista y los comportamientos de algunos secundarios, acaba en tierra de nadie. No hay profundidad ni sorpresa, sólo desencanto. Promesas incumplidas.

    Para cerrar el día, la citada Blue Ruin [★★★]. Apoyada en un más que fructífero palmarés en certámenes de nivel, la cinta de Jeremy Saulnier subió el nivel de expectación en las calles adyacentes a los Aribau. Historia de un don nadie llamado Dwight, un hombre que vagabundea por las calles y vive en su coche y cuya vida cambia completamente en el momento que la policía del pueblo le comenta que un tal Wade Cleland acaba de ser excarcelado. Será el comienzo de una búsqueda sin cuartel. Blue Ruin habla de venganzas, de familias y de conflictos irreparables. El filme tiene un inicio fulgurante que mantiene pegado al espectador a la butaca, pero una vez se ponen todas las cartas sobre la mesa, Jeremy Saulnier divaga indeciso entre introducirse en la psique de Dwight o continuar con la acción frenética. Todo para quedarse a medias. A pesar de ello, estamos ante un largometraje sólido que no acaba de explotar su potencial. A destacar la factura técnica y el juego de luces entre los tonos azulados que denotan los momentos más serenos y los tonos amarillos y ocres que muestran más los momentos extremos y perturbados. Posible aspirante a obra de culto.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    mayo 04, 2014

    D'A 2014 | Sexta jornada

    por EAM | mayo 04, 2014
    I corpi estranei

    Neorrealismo italiano

    crónica de la quinta jornada de la IV edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    Este pasado martes hemos podido ver el segundo trabajo de Mirko Locatelli, I corpi estranei, avalado por la gran acogida recibida en la pasada entrega del cada vez más relevante Festival de Roma. Con una entrada discreta, pero con unos espectadores entregados gracias a la presencia de su entusiasmado director, el filme tuvo su premiere en España. Apunten este nombre. Es el futuro del cine italiano.



    I corpi estranei [★★★] nos cuenta el tour de forcé de un padre que convive con su hijo pequeño en el hospital donde éste es tratado de cáncer cerebral. Allí conocerá a un chico musulmán, que visita de forma regular a un amigo ingresado, que le hará plantearse sus creencias y su tolerancia hacia lo divergente. La experiencia previa en el documental que posee el realizador italiano se muestra presente en cada fotograma de la película y supone el desencadenante de su mayor virtud: la naturalidad. En este vano a la realidad, las contenidas interpretaciones de Filippo Timi y Jaouher Brahim y los clímax espontáneos, ayudan a que la cámara y, por tanto, el espectador se deje llevar, consiguiendo una extrapolación casi inmediata. A pesar de la importancia de la enfermedad, estamos ante una obra sobre la soledad y la sensibilidad masculina. En algunos momentos, deambula entre sendos temas, cae en tópicos y es predecible; pero las ya mencionadas interpretaciones y la valentía de Locatelli a la hora de representar a esos hombres rotos son suficiente reclamo para que I corpi estranei se convierta en una propuesta más que recomendable.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    mayo 04, 2014

    D'A 2014 | Quinta jornada

    por EAM | mayo 04, 2014
    The Major, de Yuri Bykov

    Menos es más

    crítica de The Major, | Майор, de Yuri Bykov, 2013

    Hay veces que en la sencillez reside la virtud. En el caso del thriller, entiéndase este concepto como vaciar la historia de elementos superfluos, enrevesados o que intenten exponer una idea que esté por encima de la trama (elementos que se pueden identificar en una nueva hornada de series, como puede ser True Detective o The Walking Dead). La dirección opuesta, y por seguir con el referente televisivo, constituiría algo así como crear un episodio aislado autoconclusivo, con un desarrollo claro de acumulación de acontecimientos que se sostienen por un elemento interior del personaje principal que le empuja en sus actos. El director ruso Yuri Bykov, con esta última idea en la cabeza, crea un thriller sencillo, bien dirigido y que mantiene el ritmo durante sus 99 minutos. Se trata de una cinta de la acción por encima de la reflexión, directa al grano, sin dar un respiro para conclusiones o elucubraciones. En ningún caso esto último constituye algo negativo, es más, se trata de una decisión de puesta en escena: The Major se presenta como un retrato a tiempo real de un mundo corrompido en el que cada paso adelante es un avance hacia la denigración del cuerpo policial ruso en una ciudad al extrarradio de Moscú. Bykov es conciso y directo, evita dar rodeos ni coger atajos. Toma prestado lo mejor del thriller norteamericano y logra desprenderse de todo lo innecesario. Uno se pregunta qué habría hecho Hollywood en su lugar. Sin duda, la estrategia habría sido colocar a una estrella en el papel principal y habría necesitado un momento de fuga, de lucimiento y regocijo actoral, que se une a la historia de manera demasiado evidente y que resulta reiterativa. Fijémonos, por ejemplo, en Capitán Philips, un thriller notablemente dirigido pero que necesita de un resorte emocional al inicio y sobre todo al final para intentar dar empaque a la lucha del protagonista y conceder su minuto de supuesta gloria actoral a Tom Hanks (sobre todo en su epílogo, en la escena en la enfermería). En The Major, nos basta con saber que Sobolev, el capitán de la policía protagonista de la cinta, acaba de ser padre para revestir de profundidad las decisiones que toma tras atropellar a un niño en su camino al hospital para conocer a su hijo. Bykov no necesita reincidir ni subrayar en el plano personal más allá de lo necesario para elaborar un discurso sobre la honradez y la corrupción. Y menos cuando lo que pretende es crear una estampa de la realidad que, una vez digerida, nos muestre el nivel de putrefacción oficial y los límites del egoísmo personal cuando la supuesta honorabilidad está amenazada.

    por EAM
    mayo 04, 2014

    Crítica | The Major, de Yuri Bykov

    por EAM | mayo 04, 2014

    Reflejos de una identidad perdida

    crítica de Concrete Night | Betoniyö, de Pirjo Honkasalo, 2013

    Hacía 15 años que la directora finesa Pirjo Honkasalo no se adentraba de nuevo en el mundo de la ficción. Y hay que decir que vuelve por la puerta grande, mostrándonos un relato mucho más cercano que sus anteriores películas documentales y, por tanto, mucho más temible. Tremendamente dura y un tanto críptica, Concrete Night nos describe el paso a la madurez de un joven del extrarradio de Helsinki. Más que una simple historia de revelación, Honkasalo construye una película de infinidad de capas y lecturas, resquicios por los que se escapa un discurso apocalíptico en su superficie pero también en el fondo sobre el futuro de una sociedad dividida y la búsqueda de la identidad de las nuevas generaciones. El joven Simo está atrapado, se ahoga. Desde una orilla ve como un tren descarrila por un puente y cae al mar. De repente, se encuentra dentro de uno de los vagones sumergidos del tren accidentado, el agua sube dentro del vagón y poco a poco se queda sin aire, las algas le enredan, necesita salir, pero las puertas están cerradas, no se abren… El sueño del joven Simo con el que empieza la película retrata el interior de un adolescente perdido que busca su faro, su guía, que se busca en cada espejo pero que no logra encontrarse. La cinta concentra el tiempo en el fin de semana anterior a la entrada en prisión del hermano de Simo. Ambos viven en un apartamento minúsculo junto con su madre, que pasa las horas bebiendo, fumando y llevando a cabo actividades mínimas, como preparar un café o darse un baño en los pies. Con este panorama, no es de extrañar que el joven de unos 14 años fume y beba al amparo de su madre y de su hermano y se deje llevar por las reacciones y las actitudes de sus familiares. Este caldo de cultivo solo tiene como consecuencia una visión impune de la vida alimentada por las narraciones catastrofistas del hermano. Simo viaja a la deriva empujando por su propio entorno y por las diferencias con un mundo que le es ajeno. Es aquí donde Honkasalo explora también las diferencias sociales, el individuo frente al grupo, en este caso, Simo contra una sociedad en la que no se encuentra, que no sigue sus valores, que no es capaz de servirle una cerveza porque es demasiado joven. Un acto de rebeldía, pero a la vez un motivo de pérdida de identidad de una sociedad centrífuga que expulsa a los desertores de una supuesta normalidad. Desde lo alto de una noria, Simo juega con sus manos a controlar a las personas que espera abajo, como si dirigiera la cruceta de unas marionetas. La distancia y el aislamiento del joven avanzan a pasos agigantados.

    por EAM
    abril 30, 2014

    Crítica | Concrete Night, de Pirjo Honkasalo

    por EAM | abril 30, 2014
    Harmony Lessons, de Emir Baigazin

    El exilio de Norman Bates

    crónica de la cuarta jornada de la IV edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    Cuarto día en Barcelona y menú con kazaja Harmony Lessons, la española Árboles y el cortometraje brasileño Redemption. La primera forma parte de la sección À Toute Vitesse, que nos acerca obras donde se describe el siempre atractivo salto de la adolescencia a la edad adulta. Árboles y Redemption están incluidas en la sección Directores. Tres propuestas muy diferentes, también muy sugerentes. Así es el D’A.


    Harmony Lessons (Uroki Garmonii, 2013) [★★★] [Crítica] es la ópera prima de Emir Baigazin que antes de aterrizar en el D’Autor había tenido un fructífero recorrido por festivales, ganando premios en Varsovia, Tokio, Sao Paulo, Seattle, Philadephia, Gante y Berlín. Baigazin dibuja la vida de Aslan, un chico que vive en un área rural indeterminado de Kazajistán que sufre bullying por parte un clan de delincuentes. En su habitual soledad, Aslan muestra interés por la física y química, al igual que por los postulados de Darwin que aprende en el instituto. Un encuadre que esconde un alter ego que explotará cuando ya no quede salida. Cocción lenta y mucha elegancia en la semántica mostrada por el prometedor realizador de Kazajistán. La trama va adquiriendo fuerza con el paso de unos minutos que esconden una tensión silenciosa y una sensación inquietante que mantiene al espectador hipnotizado delante de la pantalla. Además, posee la fotografía y la dirección de arte más potente que hemos visto en el festival hasta ahora. En pocas palabras, un producto complejo y estimulante que llena por completo al espectador. Imprescindible.

    Tras el impactante epílogo de Harmony Lessons, llegaba la doble sesión con Árboles y Redemption. La primera está dirigida por el colectivo Los Hijos, tres realizadores audiovisuales que mezclan documental, reivindicación y videoarte en sus trabajos; la segunda está dirigida por Miguel Gomes y fue todo un éxito de crítica en la pasada Mostra de Venecia. Árboles (2013) [] es una obra episódica que pretende hacer un paralelismo entre los restos colonialistas de una región de Guinea y las actuales familias que viven en un barrio residencial casi vacío a las afueras de una ciudad en el propio país. La película es un compendio de imágenes con cámara fija, la mayoría de ellas sin diálogos; un recorrido por bosques, poblaciones abandonadas y junglas de hormigón. Un largometraje que busca extrapolar desde el planteamiento más primario y remover conciencias. Por desgracia, sólo muestra una serie de ideas inconexas y, por ende, sopor. Por suerte, después llegó el turno de Redemption (2013) [★★★], un políptico de apenas 26 minutos conformado por cuatro segmentos: el de un niño que escribe a sus padres que residen en las colonias y les explica lo triste que es Portugal; un hombre maduro italiano que se da cuenta que, a pesar de que lo ha tenido todo, siempre ha estado enamorado de su primer amor de niñez; un padre de familia francés que le cuenta a su hija que a pesar de que recibirá la mejor educación nunca tendrá un padre que juegue con ella todo el tiempo; y, por último, una chica alemana que el día de su boda con aspiraciones políticas que no puede sacarse de la cabeza a Wagner. Las historias se construyen a través de imágenes grabadas en Super 8 y monólogos interiores que hacen cómplices al espectador no solo de la personalidad, la melancolía y sinceridad de las palabras de los interlocutores, sino también de la idiosincrasia del país en el que residen. Con pocos y sencillos recursos, Gomes une personas y naciones logrando una obra de vigoroso mensaje. El descubrimiento de los protagonistas al final supone la perfecta guinda de un pastel dejó un gran sabor de boca a la platea, que se lo recompensó con una gran ovación. Perspicaz, original e ingenioso filme político.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    abril 30, 2014

    D'A 2014 | Cuarta jornada

    por EAM | abril 30, 2014

    Pollo, soju y planos fijos

    crítica de Our Sunhi | Uri Sunhi, de Hong Sang-soo, 2013

    El director surcoreano Hong Sang-soo es un artista que se nutre de pocas florituras pero que busca profundidad en el mensaje. En su nueva película, Our Sunhi, vuelve a indagar en las relaciones entre hombres y mujeres ahondando aún más en la casualidad y el azar para formar conversaciones estáticas que muestren la profunda pérdida de dirección de sus protagonistas. De este modo, vuelve a renunciar al montaje y a la artificiosidad en el plano para analizar la relación de la joven Sunhi del título con tres hombres: un compañero, un profesor y el director del departamento de su universidad. El posesivo del título (Nuestra Sunhi) refuerza la idea de definición del personaje a través de terceros. No se trata de quién es Sunhi, sino de cómo la ven estos tres amantes ocasionales y cómo se apropian de su historia. Sin contexto ni presentación, la película nos mete de lleno en la conversación para ir desgranando los detalles de una personalidad oscura, hermética, con un punto de tormento en el horizonte y tremendamente solitaria que arrastra Sunhi. La carta de recomendación que solicita a su profesor y que mueve toda la cinta constituye la definición de su personaje a través de lo que es, la primera carta, y de lo que realmente le gustaría ser, la segunda, pero también de la personalidad de los hombres, que cambian la percepción de la mujer anhelada tanto ante ella como ante sus amigos por el simple hecho de conseguir sus deseos. Sunhi (la mujer) mueve los hilos de las relaciones sigilosamente; los hombres, torpes e interesados, lo hacen todo demasiado evidente.

    El trabajo de Hong Sang-soo consiste en colocar la cámara junto a una mesa de bar, dejar sobre ella unas cuántas botellas de soju (bebida tradicional surcoreana parecida al vodka pero hecha a base de arroz) y unos platos de pollo rebozado y dejar que todo fluya. No hay corte, tan solo quedan el trabajo del actor y la palabra, amén de algunos zooms francamente irrisorios. De este modo, los actores se lanzan sin red a la aventura de la escena y consiguen sacarla de manera brillante. No hay concesión al retoque, a usar las tijeras para maquillar un gesto mal retratado. Sang-soo mete a los actores en una calmada espiral de borrachera que les empuja al retrato sincero de las interacciones, a buscar dentro de sí mismos la reflexión de quien es esta Sunhi y apoderarse de su interpretación. El resultado es una película que rezuma realismo, totalmente estática y que no intenta llevar al espectador a ningún lugar en concreto. El verdadero trabajo del director se sitúa en el momento anterior al rodaje, en la preparación de la escena y la dirección de actores. Una vez dadas las pautas, Sang-soo no tiene más que colocar la cámara y dejar que los actores hagan su trabajo. Esta obsesión por el plano fijo, obviando el plano contra plano en la conversación y cualquier tipo de elipsis o subrayado, coloca al director surcoreano a la altura del espectador. Es un mero retratista de la palabra y el gesto, del tiempo dilatado que intenta sobrepasar la frialdad de la composición para formar un discurso moderno sobre las relaciones humanas.

    por EAM
    abril 28, 2014

    Crítica | Our Sunhi, de Hong Sang-soo

    por EAM | abril 28, 2014
    La jalousie

    De celos y hombres

    crónica de la tercera jornada de la 4ª edición del Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona

    Primer sold out del festival. Ha llegado con la película catalana Tots els camins de Déu, premiere mundial en el D’A. Mucha expectación y una larga cola también para ver la nueva película de Philippe Garrel protagonizado por su hijo Louis. Por último, cerrábamos la tarde con O homen das multidões. Tres propuestas temáticas muy diferentes que experimentan con los formatos aportando al espectador nuevas miradas y encuadres. Cámara en mano y 4:3 de pantalla, blanco y negro y una nueva proporción son el legado de este tercer día en Barcelona.



    Tots els camins de Déu (España, 2014) [★★★] supone el debut en solitario de la directora Gemma Ferraté quien ya dirigió un fragmento de Puzzled Love. El filme es una visión muy particular sobre los tres días que Judas, después de traicionar a Jesús, deambuló comido por los remordimientos antes de colgarse. Fábula, por tanto, sobre la culpa, adaptada a nuestros tiempos y que, con un exiguo presupuesto, consigue convertirse en un producto sólido de gran capacidad evocadora pese a una serie de bajones narrativos en su primer tercio. Toda una sorpresa de la factoría ESCAC, financiada vía crowdfunding, que fue recibida con una gran ovación de la platea. Sin duda, habrá que apuntar el nombre de su creadora.

    Tras la esperada cuota de cine local del certamen, llegaba el turno del patriarca Garrel y sus dos hijos, Louis y Esther, quienes ya habíamos visto en el reparto de anteriores películas del festival. La jalousie (Francia, 2013) [★★] –cinta que ya reseñamos en la pasada entrega del Cineuropa de Santiago de Compostela— nos cuenta los celos y la fragilidad del amor personificado en una pareja de treintañeros. El principal aliciente del filme es su acertado reparto, conformado por Louis Garrel, Anna Mouglalis, Rebecca Covenant, Olga Milshtein y Esther Garrel. La cinta francesa, con fuertes influencias de la Nouvelle vague, presenta una trama mil veces vista pero que no deja de ser ligera y entretenida. A destacar la frescura y la naturalidad que aporta Olga Milshtein, la más joven el citado elenco.

    El día terminó con O homen das multitudões (Brasil, 2014) [★★★], película brasileña que ha pasado recientemente por la Berlinale. Marcelo Gomes y Cao Guimaraes ofrecen una adaptación libre de la obra de Edgar Allan Poe El hombre de la multitud (1840) de lo más peculiar. El argumento nos presenta a Juvenal, un conductor de tren en Brasil que vive de forma solitaria y silenciosa en una ciudad llena de ruidos y multitudes. Con una extraña proporción de pantalla que parece la estampa de instantáneas verticales, los directores buscan nuevas perspectivas y parapetos donde observar ese movimiento casi pendular de las masas que se dirigen religiosamente cada día al mismo sitio. El largometraje funciona como una elegante reflexión sobre la sociedad actual masificada y tecnológica y la falta de relaciones interpersonales auténticas. Con un ritmo pausado y entrecortado el filme resulta incomodo por momentos, pero que premia al espectador más atento. Un tipo de cine que proyecta sensaciones que perduran en la memoria. En ésta aparecerán esos dos protagonistas, tan entrañables como incapaces de decirse algo sincero.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    abril 28, 2014

    D'A 2014 | Tercera jornada

    por EAM | abril 28, 2014

    Walter White edulcorado

    crítica de After the Fall | de Saar Klein, 2014

    No es casualidad que Saar Klein coloque el nombre de Terrence Malick en la primera línea y en solitario en el apartado reservado a los agradecimientos. El montador de películas como El nuevo mundo y La delgada línea roja tiene muchos puntos en común con el director de Illinois. Sin embargo, está más cerca del Malick de las primeras películas que de la solemnidad profunda y filosófica del último Malick con El árbol de la vida y To the wonder. Klein se lanza a dirigir su primera película con las cosas muy claras a nivel formal. Desprendiéndose del excesivo artificio ceremonioso de su maestro, nos presenta una cinta mucho más digerible y cercana. La sencillez en su puesta en escena y la clara identificación del protagonista y sus medios se transmite a través de una cámara de movimientos suaves, sin estridencias ni planos extraños y que busca el encuadre sencillo para recrear una historia sencilla (y un tanto manida). Klein encuentra en el montaje el mejor aliado para dibujar el entorno cotidiano y familiar que ahoga al protagonista por el miedo a perderlo. Permite que la historia respire y esparce sus momentos malickianos por la cinta para aunar la introspección con la acción. A diferencia de lo que ocurre en To the wonder, Saar Klein parte de la acción y de una historia concreta para llegar al fondo del padre de familia protagonista y sus luchas internas. Evita partir de la abstracción pseudofilosófica que escogería Malick y realiza el viaje de fuera hacia adentro utilizando las armas que mejor conoce: la cámara, el plano y, sobre todo, el montaje. Otra cuestión más peliaguda es el argumento. Klein, con la ayuda de Joe Conway, actor y guionista con pocos títulos a sus espaldas, crea un relato en ocasiones torpe y excesivamente explícito en la transmisión de la información de la trama. Por decirlo de algún modo, al guión se le ve el plumero. El esqueleto típico en tres actos está bien construido, pero es demasiado evidente, especialmente en la presentación del personaje y, sobre todo, en cómo lo verbaliza a través del diálogo. Y eso que empieza bien, con un pequeño engaño al espectador mostrándonos una familia perfecta con un padre de familia ejemplar, pero que en realidad está ocultando que le han echado del trabajo y no sabe cómo podrá sostener a su familia. La maduración y el detalle del que hablábamos anteriormente en el montaje se echan de menos en los diálogos, realmente el talón de Aquiles de la cinta.

    por EAM
    abril 27, 2014

    Crítica | After the Fall, de Saar Klein

    por EAM | abril 27, 2014

    Metales pesados

    crónica de la segunda jornada de la 4ª edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    El protagonista con mayúsculas de esta segunda jornada del D’A ha sido el cineasta américo-germano Noaz Deshe que estuvo presente en la proyección de su ópera prima, White Shadow, proyectada en las pasadas ediciones de la Mostra y Sundance. Además, también hemos podido ver la comedia islandesa Metalhead y la nueva creación del siempre díscolo Bruce LaBruce. Todo enmarcado en un gran ambiente gracias a la notable respuesta de un público ávido de un cine tristemente no demasiado habitual en nuestro país. Comedia, queer y cine crudo y reivindicativo. Un tiro a las vísceras.


    Con una gran expectación la tarde comenzaba con Metalhead (Málmhaus, 2013) [★★★], una comedia que prometía ser bizarra como pocas y jugar con temas como tan opuestos como costumbrismo y la música metal. El filme nos cuenta como después de la muerte del hermano mayor, Hera, la menor de una familia rural islandesa, busca superarlo siguiendo el camino de su fallecido hermano y convertiéndose en una rebelde metalera. Estas pautas, que podrían ser sinónimo de un drama intenso, las aprovecha el director Ragnar Bragason para apostar por una comedia disparatada con un humor muy negro que, al principio, choca de bruces con el espectador, pero una vez entrado en su juego se disfruta como pocos. La banda sonora que mezcla clásicos del rock, rock-metal internacional y temas locales supone un perfecto acompañamiento a esta rareza de excelente factura y una narrativa que roza la brillantez en numerosos instantes. Tras el fundido a negro y los correspondientes créditos, se llevó la ovación del día. Primera gran cinta del D’A 2014.

    Tras el gran sabor de boca con regusto nórdico, turno para un cambio de tercio y de resultado. White Shadow (Tanzania, 2014) [], producida por Ryan Gosling, supone la primera obra de ficción del documentalista Noaz Deshe. El filme nos acerca de forma cuasi documental la figura de Alias, un albino negro de Tanzania que es perseguido por brujos y chamanes para vender sus órganos. Deshe pretende relatar una situación real y escalofriante, y para ello nos ofrece una mirada, explícita, fría, objetiva y cruda que hizo que alguna que otra persona se fuera de la sala a media proyección. Estamos ante una creación críptica que no aprovecha los potenciales recursos argumentales de los que dispone. Un material excesivamente fragmentado y una trama que da tumbos, articulada por tres o cuatro personajes cuya vida y pasado no conocemos y solo los vemos en acción presente. La primera impresión es que Deshe grabó muchísimas horas y el esfuerzo titánico para darle forma en la sala de montaje resultó más que fallido. Lo más enriquecedor de la sesión fue la charla posterior con el propio Deshe quien explicó de forma sincera y pasional como el proyecto empezó de un taller de cine que fue a impartir y como acabó en dos poblados de Tanzania intentando traer a Occidente un drama difícil de digerir en el Primer Mundo.

    Para cerrar el día, llegó el controvertido artista queer Bruce LaBruce, con una propuesta igual de polémica: Gerontophilia (Canadá, 2013) [★★]. Un filme que nos cuenta el fetiche de Lake, un joven que se da cuenta que le gustan los octogenarios. Cuando su madre le propone un trabajo en un asilo, Lake no se lo piensa dos veces. Allí conocerá a Melvin un viejo cascarrabias que le sacará lo mejor de sí mismo, e iniciarán una extraña relación. Una road movie de cierta simpatía, rodada con elegancia pero que no ofrece nada distinto de lo que mostró la entrañable joya de este subgénero titulada Harold and Maude (1971). Gerontophilia solo se diferencia del típico producto romántico norteamericano por el hecho de cambiar a la chica por un abuelo. Concebida como una sátira contra las prejuicios, el único objetivo que parece buscar aquí su LaBruce es la provocación más llana; y hace algo tan aséptico y anodino que solo consigue la indolencia por parte del espectador.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    abril 27, 2014

    D'A 2014 | Segunda jornada

    por EAM | abril 27, 2014
    Un castillo en Italia | Un château en Italie, de Valeria Bruni-Tedeschi

    El castillo interior

    crítica de Un castillo en Italia | Un château en Italie, de Valeria Bruni-Tedeschi, 2013

    Al igual que con su anterior cinta, Actrices, la mayor fuente de inspiración de Valeria Bruni Tedeschi es ella misma, su propia vida. Echando mano de nuevo a sus temas recurrentes, la religión como último refugio desesperado y la losa de la interpretación en la vida de una actriz, Valeria vuelve a crear en Un castillo en Italia una historia con tintes autobiográficos centrada esta vez en la crisis existencial de Louise (interpretada por la propia directora), hija de una familia adinerada que intenta encontrar un rumbo en su vida mientras lidia con su madre (Marisa Borini, madre en la vida real de la directora) y con su hermano enfermo de sida (Filippo Timi). Ahogados por las deudas, necesitan actuar y obtener liquidez mediante la venta de su ingente patrimonio (como el castillo familiar en Italia que da título a la cinta). Aquí es donde empiezan las leves disputas entre la familia: los caprichos del hijo, la manifiesta inacción de la madre, Louise completamente perdida… Este juego de tiras y aflojas constituye, sin duda, la parte más interesante del universo construido por Valeria. Pero a todas estas losas familiares en la vida de Louise se une su incapacidad para el amor y su anhelo por ser madre. Su relación con Nathan (Louis Garrel), mucho más joven que ella y nada interesado en procrear, desestabiliza aún más su existencia.

    por EAM
    abril 26, 2014

    Crítica | Un castillo en Italia

    por EAM | abril 26, 2014

    Garrel por partida doble en la jornada inaugural

    crónica de la primera jornada de la 4ª edición Festival de Cinema d’Autor de Barcelona

    Un castillo en Italia (Un château en Italie, 2013), tercera película dirigida por Valerie Bruni-Tedeschi, ha sido la encargada de abrir la cuarta edición del Cinema D’Autor de Barcelona. Lo ha hecho, además, en dos proyecciones, previendo la organización la acogida en masa de un certamen convertido ya un clásico de la cultura barcelonesa. La cinta de Bruni-Tedeschi no ha sido la única protagonista del día. Por las salas habilitadas se ha exhibido Jeunesse, la ópera prima de la hija de Louis Malle, Justine Malle. Curiosamente, las dos producciones cuentan con un miembro de la familia Garrel: Esther protagoniza Jeunesse (2013), mientras que Louis (Los soñadores) co-protagoniza el filme inaugural. Ambas obras muestran una marcada autoría y el carácter el carácter de su creador. Valerie Bruni-Tedeschi apuesta por una mezcla entre la comedia absurda y alocada con el drama familiar; mientras que Justine Malle introduce temas complejos en su fábula intimista también con el núcleo familiar como protagonista. A pesar de sus buenas maneras y sus destellos de brillantez, a las dos les perjudica esta mezcla que las convierte en obras fragmentadas y poco claras.

    Con la expectación y las colas previas al pistoletazo oficial aparecía en pantalla Jeunesse (★★). Justine Malle nos presenta la historia de una chica adolescente que vive sus primeras experiencias amorosas y sexuales; y a la vez, tiene que decidir cómo afrontar la noticia de que su padre sufre una enfermedad terminal. Relato con tintes autobiográficos, tratado con mucha delicadeza pero que, pese a este buen punto de partida y la elegancia de su directora, acaba dejándote una sensación agridulce precisamente porque esas dos tramas paralelas dejan el filme sin cohesión alguna. Dos películas diferentes en el mismo metraje y una calificación idéntica: fallida. Lo más destacado de este díptico es la interpretación de Esther Garrel, quien consigue con éxito llevar el peso de la trama. Jeunesse muestra todos los déficits de una ópera prima pero también algunas virtudes que hacen vislumbrar una directora con potencial. Estaremos atentos a lo próximo de Justine Malle. Un par de horas más tarde, Valerie-Bruni Tedeschi nos contó otra historia inspirada en sus propias experiencias en Un castillo en Italia (★★★). Relato sobre la decadencia de una familia adinerada que, agobiada por las deudas, se plantea vender una de sus más valiosas propiedades, un castillo, el último símbolo del poder y de la fortuna que amasó su recien fallecido padre. De este modo, Bruni-Tedeschi nos dibuja un lienzo con todos los variopintos componentes de este crisol familiar. La madre no sabe qué hacer para que se den cuenta que se les está acabando el dinero; el hijo mayor, mujeriego y con SIDA se aferra de forma ciega a esa gloria pasada; mientras que la hija ha abandonado su trabajo como actriz y está viendo como se hace mayor y no consigue cumplir ninguna de sus aspiraciones. Estamos, por tanto, ante una comedia absurda, irreverente y fresca con momentos absolutamente hilarantes que se gana fácilmente las carcajadas cómplices del público. Lástima que, con las cartas sobre la mesa, la cineasta transalpina se adentra en lodos dramáticos y condescendientes. Un mix que acaba por decepcionar y que dejando la sensación de una nueva oportunidad perdida para Bruni-Tedeschi. Aun así, sólo por la notable labor del reparto al completo se pasan por alto estas irregularidades.

    Ginebra Bricollé Nadal
    enviada especial al Cinéma D'Autor de Barcelona 2014

    por EAM
    abril 26, 2014

    D'A 2014 | Primera jornada

    por EAM | abril 26, 2014
    Metalhead, de Ragnar Bragason

    Hong Sang-soo y Phillippe Garrel cabezas de cartel del D’A

    Selección Oficial de la 4ª edición del Festival Internacional Cinema D’Autor de Barcelona

    Del 25 de abril al 4 de mayo de celebrará una nueva edición del Festival de Cine de Autor de Barcelona. Un evento que cumple su cuarto año y que se ha consolidado como una de las plazas preponderantes de cine de autor e independiente en España. En esta entrega se proyectarán los últimos trabajos de Miguel Gomes —su aclamado cortometraje Redemption—, Bruce LaBruce, Valeria Bruni-Tedeschi, Denis Côte –al que se le dedica una retrospectiva—, Tsai Ming-liang, Hong Sang-soo o Carlos Marques-Marcet, reciente ganador de la Biznaga de Oro en Málaga con 10.000 Km. Una parrilla de nivel notable que logrará, otro año más, que los cines Aribau Club sean el centro neurálgico de Barcelona durante diez días. Allí estarán nuestros compañeros Ginebra Bricollé Nadal y Víctor Blanes. Desde el 25 de abril, toda la información del D'A 2014 en EAM.

    INAUGURACIÓN

    Un castillo en Italia, de Valeria Bruni-Tedeschi (Francia)

    DIRECCIONS

    Árboles, de Los Hijos (España)
    Concrete Night, de Pirjo Honkasalo (Finlandia)
    E agora? Lembra-me, de Joaquim Pinto (Portugal)
    Exhibition, de Joanna Hogg (Reino Unido)
    Gerontophilia, de Bruce LaBruce (Canadá)
    La jalousie, de Phillippe Garrel (Francia)
    Metalhead, de Ragnar Bragason (Islandia)
    O homem, das multidôes, de Cao Guimarâes (Brasil)
    Our sunshi, de Hong Sang-soo (Corea del Sur)
    Stray Dogs, de Tsai Ming-liang (Taiwán)
    Redemption, de Miguel Gomes (Portugal)
    The Police Officer’s Wife, de Philip Gröning (Alemania)
    Vic+Flo, de Denis Côte (Canadá)
    When Evening Falls on Bucharest or Metabolism, de Corneliu Porumboiu (Rumanía)

    TALENTS

    Alienation, de Milko Lazarov (Bulgaria)
    El futuro, de Luis López Carrasco (España)
    I corpi stranei, de Mirko Locateli (Italia)
    Les apaches, de Thierry de Peretti (Francia)
    Los dueños, de Ezequiel Radusky y Agustín Toscano (Argentina)
    Los posibles, de Santiago Mitre y Juan Onofri Barbato (Argentina)
    Luton, de Michal Konstantatos (Grecia)
    Medeas, de Andrea Pallaoro (Italia)
    Mouton, de Marianne Pistone y Gilles Deroo (Francia)
    Stop the Pounding Heart, de Roberto Minervini (Estados Unidos)
    The Major, de Yuri Bykov (Rusia)
    Things People Do, de Saar Klein (Estados Unidos)
    White Shadow, de Noaz Deshe (Tanzania)

    CLAUSURA

    10.000 Km, de Carlos Marques-Marcet

    El resto de la programación 

    por Emilio M. Luna
    abril 01, 2014

    D'A 2014 | Programación Oficial

    por Emilio M. Luna | abril 01, 2014

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
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    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción