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    Christopher Nolan
    Christopher Nolan
    || Críticas | ★★★★★
    La odisea
    Christopher Nolan
    Por el placer de narrar


    Raúl Álvarez
    Madrid |

    ficha técnica:
    EE.UU. 2026. Título original: The Odyssey. Director: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Productores: Christopher Nolan, Emma Thomas, Thomas Hayslip, Zakaria Alaoui, Hjortur Gretarsson, Erik Paoletti, Kostas Raftopoulos. Productoras: Universal Pictures, Syncopy, Wildside. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Ludwig Göransson. Montaje: Jennifer Lame. Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya, Charlize Theron, Samantha Morton, Jon Bernthal, John Leguizamo, Elliot Page, Himesh Patel. Duración: 2 h 52 min.

    En apenas mes y medio los estudios Universal han estrenado sus dos «eventos cinematográficos» del verano. El primero fue El día de la revelación (Disclosure Day, 2026), que por desgracia lo que reveló es lo poco que queda de un cineasta, Steven Spielberg, que solía ser la imagen de la ambición y el vértigo cinematográficos; la película en cambio masca un chicle pegado y no se atreve a salir de los interiores. La segunda es La odisea (The Odyssey, 2026), que acaso sin pretenderlo, pero lo hace, viene a representar todo lo contrario; el éxtasis de un creador, Christopher Nolan, en la cima de su carrera. Por poder, por prestigio, por éxito de crítica y público, Nolan es en estos momentos lo que ya no puede ser Spielberg: un cineasta que afronta cada nuevo proyecto con la energía y la obsesión de quienes se sienten impelidos a contar historias. Y es precisamente este impulso, el placer de narrar, lo que hacía inevitable que un día Nolan se encontrara con Homero, el primer gran contador de historias de la literatura occidental.

    Su Odisea es ante todo eso; un fascinante ejercicio narrativo que se despliega durante tres horas sin perder ni un ápice de pulso ni tensión, y mostrando una magnitud y un colosalismo que muchos dábamos por muertos en el cine contemporáneo. En lugar de encerrarse, como tantos otros, en sets virtuales o platós ‘hipertecnificados’ con la excusa de que sus ideas son más grandes que el mundo, Nolan sí sale al mundo para convertirlo en el escenario de sus ideas. El presupuesto luce espléndido en las diversas localizaciones de Marruecos, Italia, Grecia e Islandia. Así, a la manera de su Odiseo (bien Matt Damon, generoso en matices), el director de Interstellar (2014) sabe que se hace camino al navegar, por lo que plantea su adaptación de la obra de Homero como un viaje cuya meta y desenlace –conocidos por casi cualquier espectador, aunque no haya leído el libro– son menos importantes que cada puerto donde recala su heroico protagonista. Se trata de disfrutar de esas paradas, que Nolan concibe como narraciones autónomas si bien cosidas a su principal hilo temporal, los flashbacks que median entre el regreso de Odiseo y los desvelos de Telémaco (Tom Holland) y Penélope (Anne Hathaway) en Ítaca.

    El resultado de este planteamiento es una estructura episódica que satisfará de manera imprevista tanto al público acostumbrado a la serialidad televisiva como a los amantes de los cantos homéricos. Porque la Odisea, cabe recordarlo, no es una novela lineal, sino un poema épico en verso que recopila episodios míticos compuestos para ser recitados ante públicos distintos. Una aventura aquí, otra allá… De tal manera que el viaje fantástico de Odiseo daba paso a un viaje no menos maravilloso, el de los rapsodas que cantaban las glorias del héroe durante su errar por las polis de la antigua Grecia. Nolan ha sido capaz de añadir una tercera dimensión a esta experiencia tempo-narrativa, tal es la materialización en imágenes y sonidos originals, de gran fuerza icónica y pregnancia sensorial, de un mundo mítico que muchos seguimos asociando a la creatividad de Ray Harryhausen, los logros puntuales de la moderna Ira de titanes (Wrath of the Titans, Jonathan Liebesman, 2012), las ilusiones lúbrico-estéticas de Tarsem Singh en Immortals (2011) o, por qué no decirlo, el genuino sentido de la maravilla de Ulises 31 (Ulysse 31, 1981-1982). El equipo técnico y artístico de esta Odisea ha conseguido, por fin, actualizar y colocar el imaginario griego a la altura del de la Roma imperial, mucho más frecuentado por el cine. Y lo ha hecho con una mezcla de realismo sucio y fantasía onírica que, por una parte, justifica y disculpa cualquier error histórico –una sandez, porque nos movemos en el terreno de los mitos– y, por otra, sitúa la película en un fascinante terreno liminal entre la épica, el terror y la aventura clásica del «regreso al hogar».

    Pero hablábamos de paradas, puertos y encuentros, y pocos en esta Odisea tan logrados como las escenas en Troya y en la cueva del cíclope, el enfrentamiento contra los lestrigones (gigantes carnívoros) o las apariciones, más fantasmáticas que divinas, de Atenea (Zendaya), Calypso (Charlize Theron) y Circe (Samantha Morton). Nolan ha sabido extraer de todos estos episodios los dos elementos nucleares que convierten la Odisea en una narración universal, capaz de conectar el mundo de Homero con el nuestro y el porvenir: la inutilidad de la guerra y la soledad como destino final de dioses (ideas) y hombres (pasiones). Estas consideraciones resultan al final mucho más interesantes que las posibles lecturas políticas derivadas, fundamentalmente, del personaje de Antínoo (Robert Pattinson), el líder violento y sin escrúpulos de los pretendientes de Penélope. Es fácil establecer paralelismos entre la decadencia de Ítaca y la de los actuales Estados Unidos, ambos a merced de mercaderes que aprovechan la ausencia o la inacción de hombres y mujeres con principios solidarios.

    Nolan no es un cineasta sutil a la hora de comentar el presente –ahí está su Batman como ejemplo palmario de su visión binaria de las cosas: blanco o negro, buenos o malos–, pero sí es un autor que no esconde sus preferencias ideológicas, lo cual palía de alguna manera su hasta cierto punto simplismo político. Por eso es de agradecer que su Odisea, aunque un tanto naif, más platónica que aristotélica, confirme que estamos ante un director que se gasta cientos de millones de dólares en decirnos que vamos por el mal camino y que acaso la solución sea recuperar el sentido comunitario en un mundo ferozmente individualista. Volver la vista a Grecia. A quien no vea, no esté de acuerdo o prefiera obviar este mensaje, le queda un monumento a lo que el cine fue en algún momento del pasado: la posibilidad de otra vida, la búsqueda de un sueño.♦


    por Raúl Álvarez
    julio 17, 2026

    Crítica | La odisea

    por Raúl Álvarez | julio 17, 2026
    || Críticas | ★★★★☆
    Oppenheimer
    Christopher Nolan
    JRO


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Estados Unidos y Reino Unido, 2023. Dirección: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan (basado en el libro de Kai Bird y Martin J. Sherwin). Producción: Universal Pictures / Atlas Entertainment / Gadget Films / Syncopy. Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Montaje: Jennifer Lame. Música: Ludwig Göransson. Diseño de producción: Ruth De Jong. Vestuario: Ellen Mirojnick. Reparto: Cillian Murphy, Robert Downey Jr., Matt Damon, Emily Blunt, Florence Pugh, Jason Clarke, Josh Hartnett, Benny Safdie, Alden Ehrenreich, Kenneth Branagh, David Krumholtz, Dane DeHaan, Macon Blair, Tom Conti, Rami Malek, Casey Affleck, Gary Oldman. Duración: 180 minutos.

    El nombre de Julius Robert Oppenheimer ha pasado a la historia por ser el responsable de la creación de la bomba atómica, desarrollada durante años y finalmente lanzada sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. El nombre de Lewis Lichtenstein Strauss, en cambio, es desconocido para el gran público, y solo lo recordarán hoy en día quienes estén familiarizados con el funcionamiento de la administración norteamericana en los años 40 y 50 del pasado siglo. Sin embargo, ambos hombres estuvieron más conectados de lo que parece, sobre todo cuando Strauss pasó a presidir la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos. Antes de cualquier vínculo profesional, ambos compartían religión, pues eran judíos de nacimiento, aunque no ideología, pues la de Oppenheimer era de afinidad comunista, mientras que Strauss se declaraba republicano. En esa época, pertenecer a uno u otro bando no solo condicionaba la trayectoria política, sino la personal y familiar, sobre todo una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial e iniciada la Guerra Fría, cuando la rivalidad de esta potencia con la soviética tuvo como triste repercusión interna la caza de brujas contra los presuntos comunistas, el llamado macartismo. Las audiencias a las que Oppenheimer fue sometido en 1954 para renovar su credencial de seguridad, otorgada por la mentada Comisión de Energía Atómica, eran un ejemplo de esta caza de brujas, pues la principal justificación para denegarle dicha autorización era la sospecha de que, incluso, fuera un espía de Moscú. Tales acusaciones eran absurdas para un hombre que, al margen de sus convicciones, se había limitado a formarse como físico cuántico, primero en Europa y luego en su país natal, al que demostró su mayor lealtad, precisamente, cuando pasó a liderar al equipo de científicos, en el llamado Proyecto Manhattan ubicado en el desierto de Nuevo México, que desembocó en el lanzamiento de la bomba atómica.

    Estos y otros muchos detalles de su biografía se recogen en el prolijo libro American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer, escrito por Kai Bird y Martin J. Sherwin, que Christopher Nolan ha adaptado fielmente en su última película. Titulada más sintéticamente Oppenheimer, en realidad, la misma no se limita a contarnos parte de la vida de su protagonista (encarnado con absoluta entrega por Cillian Murphy), sino que la narración se desplaza durante trechos del metraje a la perspectiva de Strauss (memorable Robert Downey Jr.). De hecho, visualmente se distinguen ambas visiones por el color de la primera, dominante, y el blanco y negro de la segunda, menos extensa. Strauss, en todo caso, es un personaje que la cinta de Nolan recrea como dependiente de Oppenheimer, al igual que los demás inspirados en personajes reales, como el general Groves (Matt Damon), a cargo del mencionado Proyecto Manhattan, y los científicos que lo acompañaron, hasta el mismísimo Albert Einstein (Tom Conti). Estamos, en suma, ante un estudio de personaje, pues todo gira en torno a Oppenheimer, aunque sean muchos los otros sujetos relevantes que aparezcan a su alrededor. Estos quedan entonces reducidos, hasta cierto punto y como es habitual en la filmografía de Nolan, a entes instrumentales, introducidos para explicar determinadas cuestiones o simplemente para apoyar u obstaculizar las acciones y motivaciones del protagonista. En este caso, sin embargo, tal estructura narrativa funciona con impresionante rigor, pues es tal la cantidad de información que se ofrece, en los planos de la física, la política, la seguridad, simplemente en lo personal o en relación con las dudas y repercusiones morales y éticas que plantea toda esta investigación, que la incidencia en los diálogos expositivos no quiebra sino que impulsa toda la fascinación del metraje.

    De hecho, este está casi estructurado, más allá de las tres líneas temporales mayoritarias (el desarrollo del proyecto, las audiencias de la Comisión y la parte en blanco y negro posterior), al margen de otros excursos, como una continua secuencia de montaje, alternando múltiples y breves escenas que van hacia atrás y hacia delante, en ocasiones separadas por meras transiciones y en otras por amplias elipsis. En cualquier caso, todo este montaje avanza con un ritmo sostenido, sin apenas dar respiro al espectador, por lo que los cambios de época o localización no traen consigo pausa o reajuste alguno, ya que la ausencia de linealidad narrativa provoca que cualquier variante de tiempo o espacio parezca conectada con una anterior o posterior. En suma, lo más llamativo de Oppenheimer es, como ya resulta también habitual con este guionista y director, la estructura formal, a gran escala, con la dificultad añadida, en este caso, de que se apoya en hechos y personajes reales, por lo que no debe tanto estructurarlos a partir de la nada sino reestructurarlos a merced de su intención última y reveladora. Para ello, al margen de la citada biografía que adapta, da la impresión de que Nolan ha contado con referentes cinematográficos consolidados, y en particular destaca la influencia de J.F.K.: Caso abierto, de Oliver Stone. Observamos cierta analogía con esta película, en efecto, desde la naturaleza primigenia del montaje, a modo de intriga acumulativa tanto para el protagonista como para el espectador, hasta su duración y efecto globales. En Oppenheimer, con todo, más allá de esta comparativa general, al nivel de cada secuencia la aceleración puede llegar a ser excesiva, pues a menudo se limita a encadenar una puesta en escena de plano/contraplano donde cada escueto diálogo es pronunciado por el referente en campo. De esta planificación se exceptúan, eso sí, los numerosos insertos, imaginados o directamente visualizados por el protagonista, de fenómenos como fisiones nucleares o explosiones astronómicas, que se plasman en pantalla con una estética asombrosa. Por tanto, Nolan incide en todo el componente de descubrimiento de esta historia, tanto el narrativo como el visual y con la espectacularidad que este conlleva. Estamos así ante una película que merece ser vista en el cine más grande posible (si está disponible, ya que en muchas ciudades no lo está), con la mejor calidad de imagen y sonido para poder disfrutar plenamente de las condiciones óptimas, a este respecto, en las que Nolan y su equipo la han rodado y editado. Sin perjuicio de ello, con su desenlace, quizá lo que el espectador más recuerde sea la manera en que se ha desarrollado la radiografía de un individuo extraordinario, hacia el final de su vida portada en la revista Time, influyente en la cúpula del poder, condecorado y admirado, aunque siempre atormentado y antes enfrentado a grandes conflictos, algunos de los cuales tuvieron como responsable en la sombra a Strauss… Lo cierto es que este también podría haber sido alguien más reconocido, en especial cuando estuvo a punto de ser elevado a Secretario de Comercio, pero en 1959 el Senado norteamericano tumbó su propuesta de nombramiento con el voto en contra de, entre otros, alguien que pronto llegaría a ser otra figura clave de la administración de este país: nada menos que John Fitzgerald Kennedy, conocido por sus siglas JFK.


    por Ignacio Navarro
    julio 22, 2023

    Crítica | Oppenheimer

    por Ignacio Navarro | julio 22, 2023

    El futuro ya pasó

    Crítica ★★★★☆ de «Tenet», de Christopher Nolan.

    Reino Unido, 2020. Título original: Tenet. Dirección: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Productores: Christopher Nolan, Emma Thomas, Andy Thompson. Productoras: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Syncopy Production, Warner Bros. Distribuidora: Warner Bros. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Ludwig Göransson. Montaje: Jennifer Lame. Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Michael Caine, Clémence Poésy, Martin Donovan. Duración: 150 minutos.

    Desde que debutara en 1998 con la obra independiente Following, la carrera de Christopher Nolan parece ser un constante «más difícil todavía» en el que cada nuevo trabajo trata de superar al anterior en ambición y capacidad de sorprender al espectador. Esta calidad de autor comercial le ha hecho ganarse una buena legión de seguidores, pero también una ruidosa corriente de detractores que atacan sin piedad la supuesta megalomanía e ínfulas de trascendencia de un director “tramposo”. Después del aplauso unánime de la crítica y las dos nominaciones a los Oscars (guion original y montaje) de la fascinante Memento (2000), Nolan pasó de rodearse de grandes estrellas –aquel duelo interpretativo de alto voltaje entre Al Pacino y Robin Williams en Insomnio–, a recibir la confianza de Warner y DC para llevar las riendas de blockbusters superheroicos –su trilogía sobre El caballero oscuro no solo llevó al género a otra dimensión jamás alcanzada por otra cinta similar, sino que convirtió las aventuras de Batman (perfecto Christian Bale, con o sin máscara de murciélago) en un apasionante thriller en tres actos, cuya apuesta por el realismo se alejaba totalmente del barroquismo ofrecido por Tim Burton o los excesos kitsch de Joel Schumacher. Tuvo tiempo de relajarse con un brillante pasatiempo de época sobre magos enfrentados, El truco final (2006), antes de entrar en esa etapa más ambiciosa y madura de su carrera (y la que más haters le granjearía) con la imprescindible Origen (2010). Aquella apasionante historia de espionaje industrial en la que sus protagonistas se adentraban en lo más profundo del subconsciente y la memoria de sus objetivos –fue magistral el dominio del tiempo (una de las constantes de su cine, donde Nolan se ha revelado como un maestro a la hora de plegarlo o dilatarlo a su antojo, siempre en beneficio de sus historias) en los distintos niveles del sueño–, supuso el inicio de una trilogía de ciencia ficción que completarían Interstellar (2014) –posiblemente, la aventura espacial más profunda que ha visto una gran pantalla desde los tiempos de 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), aunque su calado emocional sea bastante mayor que el de aquella mucho más cerebral obra maestra– y esta Tenet (2020) que nos ocupa.

    La última superproducción de Nolan, cuyo presupuesto se estima en 200 millones de dólares, llegó a las salas de cine tres años después de su aclamada incursión en el género bélico con Dunkerque (2017), en el momento más delicado que ha vivido la industria en toda su historia. El covid había cerrado los cines y nadie se atrevía a estrenar esa primera gran película que pudiera ser capaz de convencer a la aún asustada audiencia para pagar el precio de una entrada para volver a disfrutar de un espectáculo de primer orden en una gran pantalla. Finalmente, tras haber sido pospuesto su estreno varias veces, Tenet aterrizó en los cines durante el verano de 2020, siendo el primer blockbuster hollywoodiense post-pandemia, algo que fue recibido con relativo entusiasmo por el público, aunque no lo suficiente para hacer de ella el éxito comercial que, en circunstancias normales, se esperaría de su realizador. 365 millones de dólares de recaudación fueron un botín poco gratificante para Warner, aunque siempre se aplaudirá la valentía de Nolan al estrenar su filme en ese preciso momento de crisis, devolviendo la esperanza de que el cine podría volver a recuperar, poco a poco, la normalidad. Hay que avisar de que bajo su apariencia deslumbrante de artefacto altamente comercial, Tenet es, de lejos, la obra más argumentalmente confusa que su director ha entregado hasta la fecha. Más incluso que aquella compleja trama sobre agujeros negros y agujeros de gusano de Interstellar. Hay una línea de diálogo en la historia en la que un personaje secundario aconseja al protagonista (un John David Washington muy cumplidor, heredero del carisma como héroe de acción de su padre Denzel Washington) sobre cómo entender las particularísimas circunstancias en las que tiene que lidiar con un tiempo extrañamente manipulado en su lucha para evitar una fututa Tercera Guerra Mundial que desembocaría en desastre global. «No trates de entenderlo. Siéntelo» es lo que le viene a decir y también es el mejor consejo que el espectador puede tomar si quiere disfrutar al máximo del imponente espectáculo visual –asombrosa labor de Hoyte van Hoytema en la fotografía– y sonoro (los acordes de la banda sonora de Ludwig Göransson son fundamentales para hacer que vibremos en nuestras butacas) que el nuevo juguete fantástico de Nolan ofrece.

    por José Martín León
    septiembre 27, 2021

    Crítica (II) | Tenet / Movistar+

    por José Martín León | septiembre 27, 2021

    Kaloseîdoscopio

    Crítica ★★★☆☆ de Tenet, de Christopher Nolan.

    Reino Unido, Estados Unidos, 2020. Título original: Tenet. Dirección: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Compañías: Syncopy Production, Warner Bros. Producción: Christopher Nolan y Emma Thomas. Distribución: Warner Bros. Música: Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Montaje: Jennifer Lame. Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Michael Caine, Clémence Poésy, Martin Donovan, Himesh Patel, Andrew Howard, Yuri Kolokolnikov, Fiona Dourif, Jonathan Camp, Wes Chatham, Marcel Sabat, Anthony Molinari, Rich Ceraulo, Katie McCabe, Mark Krenik, Denzil Smith, Bern Collaco, Laurie Shepherd. Duración: 150 minutos.

    Ver una película de Christopher Nolan es confrontar un caleidoscopio. Literalmente del griego clásico: «instrumento para observar (-scopio) formas (eîdos) hermosas (Kalos)». Sería como mirar a través de un tubo, que en su interior tiene varios espejos inclinados y, en su extremo, dos láminas de vidrio que poseen objetos irregulares, cuyas imágenes se va multiplicando simétricamente al ir dándole vueltas. Cada imagen correspondería al reflejo de uno de los espejos, pero al moverlas se van solapando creando nuevas eîdos con total autonomía significante con respecto a las otras. El movimiento otorga un nuevo significado, de alguna manera, es lo que hace el cine, a través del movimiento, renace la quietud. La imagen fotográfica se mueve, otorga más que significación, que también, verosimilitud, parece “real” y todo gracias al efecto escópico, a la acción de mirar. Por tanto, espiemos a través del caleidoscopio Tenet (2020), puede que sea una experiencia compleja pero también fascinante.

    El primer espejo al que mirar es el inicio del relato. Nolan nunca comienza, siempre epata primero, y en este caso, lo hace con humor. La historia empieza en Ucrania en los prolegómenos de un espectáculo, un concierto de música. Como se puede comprobar, el director establece su analogía con el cine desde el mismo punto de partida. El director de orquesta manda callar a sus músicos con la batuta y, poco a poco, los diversos instrumentos se irán silenciando para que podamos oír, perfectamente, cómo el sonido de una bala, impactando en el director, irrumpe y aturde. Además de poder deslumbrar, si lo puedes hacerlo con ironía, mucho mejor. La primera víctima del relato es su propio maestro de ceremonias. Nada más iniciarse la narración y ya se ha quedado huérfana de su demiurgo, traspasándole quizá esa responsabilidad (la de construir la diégesis) al espectador. Un relato clásico es eso, alguien cuenta algo o lo lee y el depositario de esa narración se lo imagina. Continuemos. Inmediatamente, entran en escenas unos hombres armados, acompasados con la banda sonora del filme, donde prevalecen los graves, y con la banda de sonido, donde los efectos de disparos y gritos del público aterrado, nos ayudaran a impregnar de más “realismo” el “escenario”. Estos dos últimos términos podrían resumir ellos solos el devenir de toda la filmografía nolaniana, causa y efecto que en Tenet se irán contradiciendo; alterando si se quiere su orden. En esa génesis narrativa, el primer espejo sería toda esa secuencia donde, anteriormente, hemos visto cómo los espectadores van entrando en la sala y se produce un movimiento de cámara de retroceso, ligeramente escorando hacia la derecha. Antes de que exploten los fuegos artificiales, es como si el punto de vista huyese del escenario del epicentro y, al mismo tiempo, al retroceder la cámara, se confrontase con la propia estructura de la sala haciendo de telón, cayéndose, cegando la mirada del espectador. Antes de la acción su inacción. No estamos ante nada novedoso en el cine de Nolan, está mostrándonos otro ejemplo de manipulación temporal tan característico en su obra.

    El segundo espejo sería el atrevimiento de atravesarlo. Es decir, dejarnos llevar de la mano de Nolan, inmiscuirse en su desafío, por tanto ser su juguete. Como todo en su cine, resulta más acertado hablar de diégesis, ya que la multiplicación de las tramas, más digeribles que en la maravillosa matrioshka Origen (2010), se van sucediendo cronológicamente, como las sucesivas pruebas a las que tendrá que enfrentarse el héroe (John David Washington), desde escalar una torre en Bombay hasta conseguir un cuadro en un aeropuerto en Oslo, o en flashback cuando el personaje de Kat (Elizabeth Debicki) cuenta lo que sucedió en un yate y después regresará a ese mismo momento o cuando el personaje de Neil (Robert Pattinson), retrocediendo literalmente en una misma secuencia llega a un momento anterior de dicha secuencia o, rizando el rizo, existe un momento donde uno de los actantes estaría temporalmente en el pasado pero comunicándose con el futuro por un móvil. Es el más difícil todavía marca de la casa. En una misma secuencia un mismo personaje está conectado en flashback y flashforward. Queda, pues, en nuestra mano (y nuestra mente) el poder discriminar lo que acontece ante nuestros ojos.

    por José Amador Pérez Andújar
    septiembre 03, 2020

    Crítica | Tenet

    por José Amador Pérez Andújar | septiembre 03, 2020
    Dunkirk

    Loyal to the nightmare of my choice.

    Crítica ★★★★★ de Dunkerque (Dunkirk, Christopher Nolan, Estados Unidos, 2017).

    El cine bélico cuenta hoy con un reducido interés, sobre todo el destinado a la recreación de episodios de la Segunda Guerra Mundial —fuente de inspiración predeterminada para la mayoría de ficciones de la segunda mitad del siglo XX—, frente a un público cada vez más entregado al consumo de una acción dramática conscientemente demagoga y de una estudiada y ágil planificación rítmica. Christopher Nolan vuelve a recurrir a la excelencia dramatúrgica para simplificar el acto cinematográfico, consiguiendo que su última película, Dunkerque, no incurra en el encasillamiento genérico para que, lo que en un principio parecía un producto destinado a minorías, se convierta en una sublime experiencia audiovisual y narrativa sin precedentes que compone un firme manifiesto posmoderno sobre la ética y la estética de lo épico y lo heroico. La presentación del protagonista, como es habitual en el director, se realiza con una maestría apoteósica. Nolan muestra sus tres líneas narrativas sin ambages, desde el comienzo y con rótulos de crédito que ofrecen al espectador, no ya una introducción detallada del personaje, sino una contextualización perfecta de los tiempos sobre los que realizará su complejo juego sintáctico, lleno de saltos temporales, perspectivas múltiples y elipsis milimétricas que darán forma a una magistral maniobra de secuenciación sincrónica, semi-simultánea y con la yuxtaposición episódica como principal deleite sensorial en momentos puntuales de eminente gravedad. Así, entre idas y venidas, prolepsis y analepsis, el autor va elaborando con meticulosidad artesana la base diegética de su tríptico marcial: soldados atrapados en el espigón de Dunkerque durante una semana, marineros civiles en una misión de rescate de un día, cuya épica se intuye desde la misma concepción del viaje, con un simple vistazo al tamaño de las embarcaciones y la nula preparación militar de los voluntariosos navegantes, y pilotos del ejército del aire británico en su intento de efectuar un rápido ataque sobre la costa que les permita regresar en una hora, tiempo estimado de duración del combustible, a tierras inglesas. Ésta es la visión del héroe, un héroe que parte de una posición de fractura absoluta. Nolan no espera a un primer enfrentamiento con el enemigo, sino que enmarca la acción desde la desesperación y el desencanto de los vencidos y humillados. Soldados que hace tiempo renunciaron a cumplir con el propósito de su misión y ahora no pueden sino rendirse a la esperanza de un rescate milagroso y esperar, con angustia, salir con vida de esa trampa mortal en forma de playa en la que se encuentran atrapados, una perfecta emboscada cuya representación visual se intuye a la perfección con la portentosa escena de apertura. Es un héroe derrotado, que ha fracasado de forma estrepitosa en su misión de rescate; el ejército británico, de la noche a la mañana, pasó de ser la gran promesa de salvación a un nuevo problema para el viejo mundo, que aguardaba con desasosiego a que los americanos decidieran dar un paso al frente para sacarlos con vida de su martirio.

    Sin embargo, pese a lo extraordinario de esta introducción, será en la presentación y el desarrollo del antagonista donde la película alcance la sublimación. El realizador vuelve a demostrar su solvencia creativa y se reivindica en el trono del posmodernismo escénico. Siguiendo con la temporalización expositiva del villano, haciendo que su aparición se retrase de manera significativa en el filme con el objetivo de acentuar la incertidumbre, recurso adoptado por otros grandes directores de thrillers contemporáneos, como Denis Villeneuve, Nolan logrará que los nazis no aparezcan ni una sola vez en pantalla, el espectador no escuchará los jocosos gritos alemanes dando las despiadadas órdenes de destrozar al enemigo caído, tampoco verá las siniestras esvásticas inclinadas sobre un fondo blanco y rojo, ni la doble S en forma de rayo cayendo sobre los hombros de los comandantes más sanguinarios del mundo, y, pese a todo ello, la presencia hostil será protagonista en todas y cada una de las escenas, en los rostros atemorizados de los combatientes acorralados, en las mareas de cadáveres que llegan a la costa con la crecida de las asfixiantes aguas, en esa tierra firme que se ha convertido en un embudo en cuyo extremo se encuentra El Espigón, elemento narrativo de vital importancia para la maniobra de evacuación, de cuya robustez depende la salvación de 400.000 personas y que se tambalea como si fuera de papel, de ese mismo papel que cae por el aire, cuando las bombas dan una tregua, con propaganda desmotivadora impresa y cuyo objetivo es lograr la rendición aliada por medio de la instauración del miedo. Una lluvia de aterradores mensajes de sometimiento que otorga a la silenciosa quietud del momento un aire irrespirable de espanto y atrocidad. El horror le ganaba la partida a un mundo que no volvería recuperar su libertad, aunque fuera momentáneamente, hasta dos años después, cuando Eluard se apoderara de los cielos de París con su Liberté.

    por Alberto Sáez Villarino
    agosto 01, 2017

    Crítica | Dunkerque

    por Alberto Sáez Villarino | agosto 01, 2017

    El regreso del héroe

    crítica a Interstellar (2014), dirigida por Christopher Nolan. | ★★★★ |

    El lenguaje cinematográfico se caracteriza por la simultaneidad de cinco sistemas semióticos diferentes. Cuatro de ellos vendrían de la intertextualidad de otras disciplinas artísticas: la imagen (heredera de la pintura), el sonido (procedente de la música), la puesta en escena (derivada del drama teatral) y la narrativa (ligada directamente con la literatura). Por último, tendríamos el montaje, que podríamos afirmar se trata del componente menos estudiado y el más específicamente cinematográfico. Dado que nuestro compañero Juan José Ontiveros ya realizó una crítica (con la que coincido plenamente tanto en contenido como en calificación) centrada en el apartado argumental y técnico —imagen, sonido y participación científica— de Interstellar, hemos estimado oportuno, con la intención de no sonar reiterativos, focalizar nuestro objetivo en los aspectos más concernientes al montaje que, sin duda, es donde Christopher Nolan consigue el sobresaliente, tanto por el qué —contenido y utilización de diferentes líneas argumentales—, como por el cómo —vanguardismo a la hora de introducir nuevos (o renovados) elementos en el esquema narrativo—.

    El director vuelve a transgredir a la hora de presentar su historia, haciendo de ese montaje tan exclusivo del cine, su mayor aliado en la transmisión del mensaje. Así, da la vuelta al ensamblaje moderno que seguía el patrón conceptual establecido, consistente en filmar un inicio anafórico, en el que se observaran las bases de una civilización utópica “o su construcción” mediante un narrador múltiple para, posteriormente, mostrar una acción en tiempo real —pero fraccionado— que condujera a un desenlace catafórico, extendiéndose más allá del propio final hasta el punto de la relectura individual del espectador. Por lo tanto, la narrativa posmoderna de Nolan, lo mueve a acercarse más a un clasicismo “customizado”, pasando esa escena catafórica al inicio, en el que observamos un mundo distópico y tendente a su colapso, mediante una linealidad temporal mayoritaria (aunque con ciertas excepciones puntuales que ahora analizaremos), un narrador omnisciente y un final anafórico. Sin embargo, hablábamos de una alteración de este esquema clásico, una estrategia subversiva que viene de la aplicación de diligencias posmodernas tales como la hibridación genérica —y científica, ya que se basa en los principios más herméticos de la física cuántica para dar vida a una ciencia-ficción tan disparatada como perfectamente argumentada—, la intertextualidad irónica, y las diversas formas de polisemia y ambigüedad semántica.

    por Alberto Sáez Villarino
    noviembre 13, 2014

    Crítica (II) | Interstellar

    por Alberto Sáez Villarino | noviembre 13, 2014

    Horizonte de sucesos

    crítica a Interstellar (2014), dirigida por Christopher Nolan. | ★★★★ |

    Durante su breve estadía en Madrid en 2011, el cosmólogo Kip S. Thorne impartió una conferencia bajo el título El universo curvo: del Big Bang a los agujeros negros y las ondas gravitatorias. La jornada en sí no deparó grandes emociones ni hallazgos insólitos más allá de ese Power Point con esquemas que explicaban punto por punto la entropía de un agujero negro y, más extraño si cabe, un agujero de gusano que —teóricamente— podría conectar en el espacio-tiempo Washington con Carabanchel, o Júpiter con el centro mismo del universo. Y su "lado curvo", en palabras del estadounidense Kip Thorne, que acostumbra a medir su intelecto y su autoridad profesional con amigos como Stephen Hawking, al que una vez ganó apuesta de andar por NASA: este primero defendía la posible, siempre teórica existencia de la singularidad desnuda, esto es, una singularidad que no tiene por qué yacer escondida tras el horizonte de ningún agujero negro, sino que está "a la vista"; mientras que Hawking desechaba por definición cualquier posibilidad de que las singularidades pudiesen existir siquiera en alguna coordenada remota del cosmos. Imposible, venía a decir. Es absurdo. "El perdedor entregará al ganador ropa que cubra su desnudez", escribieron al fin los abajo firmantes Stephen Hawking, Kip Thorne y John Preskill. El resto es historia. Perdió Hawking y mandó a sus amigos una camisetas muy cachondas cuyo dibujo sobreimpreso mostraba a una mujer rubia tapándose con una toalla en la que se leía: "La naturaleza odia la singularidad desnuda". Sarcasmo nerd: te despistas dos minutos y cuando te das cuentas ya han echado por tierra siglos de no-progreso. Años después Thorne se convertiría en consultor de Interstellar, una película (apadrinada por Steven Spielberg, primer realizador tras la idea germinal que más tarde desarrollaron Jonathan y Christopher Nolan) de ciencia ficción donde la humanidad se muere de hambre por una plaga ya crónica y unos pocos intrépidos han de atravesar el hiperespacio, galaxias varias mediante, y también la oscuridad total que todo lo engulle en busca de un nuevo planeta-hotel.

    por Anónimo
    noviembre 06, 2014

    Crítica | Interstellar

    por Anónimo | noviembre 06, 2014
    El caballero oscuro, de Christopher Nolan

    Cine de sombras: onírico y atemporal. Acercamiento al universo de Christopher Nolan a través de sus señas de identidad.


    Aprovechando la proximidad del estreno de Interstellar, la última y una de las más esperadas películas de Christopher Nolan, desde El antepenúltimo mohicano hemos decidido hacer una aproximación al cine de este magnífico director, considerado como uno de los padres de la llamada posmodernidad —o ese período de cambio continuo en el que nos encontramos, donde no se deja de experimentar con las formas y los contenidos para contentar a un público y una crítica inconformista, mientras se busca la fórmula definitiva del nuevo cine—. En una época en la que parece que está todo dicho, la cinematografía posmoderna requiere un gran trabajo de exhumación, es el cine de las influencias y las reconstrucciones. Nos hemos dado por vencidos en cuanto a la creación de un producto completamente genuino, por lo que tendemos a premiar aquello que logre contar desde una nueva perspectiva, algo que ya fue escrito y que pasó (más o menos) inadvertido. Observando los preceptos de la política de autores establecida en los años 50 por los creadores de la Nouvelle vague, resultaría difícil premiar un trabajo que se basa en el ensamblaje de diferentes piezas ya constituidas con el objetivo de formar un producto completamente renovado. Sin embargo, eran otros tiempos, y algunos de los mejores directores contemporáneos (que pasaremos a ver a continuación en un análisis comparativo con el cine de Nolan) han mostrado que para alcanzar las cuotas de originalidad que se exigen, es necesario re-escribir los clásicos y revestirlos. El caso más evidente sería el de Quentin Tarantino, un experto del collage y el reciclaje filmográfico capaz de lograr los resultados más atractivos partiendo de ideas obsoletas que habían sido enterradas, y un director que a su vez ha inspirado a muchos de los considerados grandes autores posmodernos a experimentar con nuevas formas de expresión según imágenes que quedaron almacenadas en su retina.

    Are you watching closely?



    Christopher Nolan podría estar en la senda adecuada de este futuro y definitivo estilo cinematográfico. Sus fuentes de inspiración son tan numerosas como variadas, por lo que resulta difícil encasillarlo en un género establecido. Uno de los mayores debates que encontramos sobre las técnicas modernas de dirección se centra en la tendencia a la sobre-explicación. El espectador adulto, que parte de los cánones fílmicos clásicos, no está de acuerdo con la excesiva narración —y mucho menos con la voz en off—. Se parte de la idea de que si se es incapaz de transmitir el mensaje con la imagen, se está enfocando de manera errónea. Nolan, al igual que Paul Thomas Anderson, Scorsese o Woody Allen (genios indiscutibles del séptimo arte), es explicativo. Puede que no recurra tanto al uso del “voice over”, pero sus protagonistas muestran un constante debate interno del que el espectador podrá sacar gran parte de las conclusiones finales de la película. Ridley Scott ha sido una de las grandes víctimas de este extremismo dogmático, sufriendo la censura narrativa en su obra maestra Blade Runner (1982), reeditada en 1993 sin esa voz en off tan sugestiva que caracterizaba a Rick Deckard. Afortunadamente, y puede que gracias a la influencia neo-generacional de grandes artistas como Nolan, se conservó ese primer montaje original en la edición comercial definitiva. La prescripción facultativa de la imagen como elemento exclusivo de la narración, viene condicionada por unos factores derivados de experimentos malogrados que dieron a entender que, el espectador va al cine a ver no a leer/escuchar ya que esta tarea puede llevarle al aburrimiento o a la aprensión. También se toma como hecho que la sutileza de las imágenes está por encima de la explicitud de las palabras, y se consigue con éstas una ambigüedad susceptible de un análisis libre, mientras que la lectura del mensaje tendría un sentido mucho más autocrático. El gran impacto de cintas como Memento (2000), demuestra que ofrecer protagonismo al discurso narrativo por encima incluso de la propia historia, puede llegar a atraer al espectador tanto o más que la exclusividad visual.

    Christopher Nolan se enfrenta al conservadurismo artístico y a la transparencia narrativa mostrada por Hollywood de una manera contundente, aunque respetando esa base clásica que comentábamos anteriormente. Para ello decide arremeter contra el relato cinematográfico tradicional, como elemento dogmático y restrictivo, por medio de la incorporación de una estructura vanguardista en la que incluirá una serie de elementos personales para hacer identificable la totalidad de su trabajo.

    por Alberto Sáez Villarino
    septiembre 16, 2014

    Onírico y atemporal: El cine de Christopher Nolan

    por Alberto Sáez Villarino | septiembre 16, 2014
    El hombre de acero

    EL HOMBRE DE VITRUVIO

    crítica de El hombre de acero | Man of Steel, Zack Snyder, 2013

    Lejos, muy lejos. Donde se forjan los mitos como Superman. Allí comenzaba la poética historia de Grant Morrison acerca del héroe sempiterno. A un minuto de la extinción, contemplada por los “científicos desesperados” de un “planeta moribundo”, desde donde partiría la “última esperanza”. Kal-El, hijo de Jor-El. ¿Destino? La Tierra. Kansas, concretamente. Un imán de tornados en el cinturón agreste de Smalville, hogar de Clark Kent (nombre terrícola del mencionado Kal-El), y escondite del penúltimo vestigio del planeta Krypton. La nave superó la barrera del sonido, se tornó bola de fuego justo antes de atravesar las sucesivas capas de gases y chocar estrepitosamente contra los pastos de una granja cualquiera. Y digo “cualquiera” porque sus dueños eran dos humanos del montón, cariñosos y humildes, dentro de un paréntesis que encerraba juegos de supremacía con especies. Así, el muchacho debía crecer como uno más, aun a sabiendas de que nunca formaría parte del Grupo, o al menos no de manera natural, pasando desapercibido. Su verdadera indumentaria llevaba una “S” cosida al pecho, una mayúscula “S” mayúscula que con la que debía cambiar el mundo, quizá desde las alturas o a ras del asfalto, mediante su visión de rayos-x y su hipervelocidad y su fuerza hercúlea y su láser rojo candente. Tras concluir los años de instituto, entraría a la universidad para estudiar periodismo, con la intención de proporcionarse un álter ego medianamente creíble, y demasiado torpe, pero en posesión del inefable don de la ubicuidad: por algo casi siempre llegaba frenético a los sitios. Clark se movía por la redacción con la elegancia de un pato bisoño. Por entonces ya se había convertido en leyenda. Ninguna amenaza —antiguos golpistas krytonianos, hordas de bizarros atraídos por las fuerzas gravitatorias, devoradores de soles, fracturas en esa complejidad llamada espacio-tiempo, monstruos futuristas, Narcisos dictadores, etcétera— supo contrarrestar el elemento más desconocido de este superhéroe con mallas azules y calzón y capa rojos: su orgullo, su madera de salvador endémico. Superman era (es) insólitamente humano, porque no es inmortal. Aunque su talón de Aquiles, o sea la kriptonita, dejó de dañarle, según la argumentación del chamán Grant Morrison. ¿Cuáles son los límites del hombre de acero? ¿Acaso no tiene claroscuros? Sí, y no. Ahí reside parte de su encanto. En el espíritu libertario que sólo conceden las viñetas.

    por Anónimo
    junio 21, 2013

    Crítica | El hombre de acero

    por Anónimo | junio 21, 2013
    The Dark Knight Rises review
    'El Caballero Oscuro: la leyenda renace', cierre de la trilogía creada por Christopher Nolan
    EL CINE CLÁSICO DEL FUTURO
    El Caballero Oscuro: la leyenda renace (The Dark Knight Rises, Christopher Nolan, Estados Unidos, 2012)

    Ya está. Se acabó. Adiós al Batman de la trilogía más improbable del último decenio. Ha sido el final menos definitivo entre todos los finales. Anhelada como la obra de un visionario –Christopher Nolan–, el tercer episodio cumplió con las expectativas. Sin duda, el temido hype, inflado desde los estudios de Warner Bros., provocará sensaciones encontradas, debates de espuma y saliva, enfrentamientos entre gafapastas enardecidos por sus febriles tesis. El caballero oscuro: La leyenda renace debía ser el termómetro del periodo estival cinematográfico: en un páramo de cintas infumables, estaba llamada a eliminar todas las sospechas generadas por una industria renqueante. Con ese identificable porte que evoca a un jefe normando posmoderno, el inglés Christopher Nolan es la respuesta natural a una industria necesitada de inventiva y personalidad. Aspectos que el realizador de Memento –un soberbio ejercicio de deconstrucción narrativa en base a la antitrama–, casi siempre ataviado con su traje oscuro, supura de manera automática. Y ese maquillaje casa inmejorablemente con su psicología: es un tipo ajeno a la pose. Las inquietudes que se filtran en su mapa audiovisual podrían ser las de cualquier escritor taciturno o filósofo melancólico. Desde Following –su debut como director de un largometraje– hasta El caballero oscuro, pasando por El truco final (El prestigio) y Origen, se ha mostrado como un cineasta de fondo, un director de orquesta casi operística. Es decir: una bicoca para los grandes estudios hollywoodienses.

    Educado en el seno de una familia de raíces moderadamente anglosajonas –su padre es inglés y su madre estadounidense–, pronto comenzó a alternar sus estudios de literatura inglesa en la University College de Londres con la realización de varios cortometrajes. No obstante, con apenas siete años ya hacía sus primeras incursiones en el mundo del Súper 8. Era cuestión de tiempo –y unos gramos de suerte– que su talento comenzara a despuntar y, por ende, a llamar la atención de los productores. Y, sin embargo, tardó algunos años en cruzar la delgada línea que separa el circuito independiente del comercial. Las señas de identidad de Nolan poco tenían que ver con las de otros autores de perfil bajo: su ambición, su pretenciosidad impedían que él y su hermano, Jonathan Nolan, interpretaran el cine como un vehículo para las historias sencillas y lineales. En su mente latía esa intensidad nerviosa que hace sublimes a los aparentemente notables, el doodlebug –título de su cortometraje más famoso– infinito, el recuerdo sin memoria, el juego formal que tanto gusta a sus seguidores. En 2003, justo después de reunirse con David S.Goyer, un guionista enamorado de los cómics y voz muy autorizada en el terreno de la ciencia–ficción, la posibilidad de rescatar a Batman de las fétidas aguas en que le había sumido Joel Schumacher se hizo más sólida. Y a cuatros manos escribieron el libreto de Batman Begins, un regreso a los orígenes de la leyenda, que utilizaba sus gadgets y su firme convencimiento de héroe trágico para frenar la escalada del crimen en aquella ciudad llamada Gotham.

    por Anónimo
    julio 18, 2012

    EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE

    por Anónimo | julio 18, 2012
    Marion Cotillard, The Dark Knight Rises soundtrack
    Christian Bale & Marion Cotillard en una escena de 'El caballero oscuro, la leyenda renace'
    Hace unas horas, y por cortesía de
    Empire, ha salido a la luz uno de los primeros secretos de El caballero oscuro, la leyenda renace (The Dark Knight Rises): su banda sonora. Compuesta, como en las anteriores entregas, por Hans Zimmer, ya tenemos una de las primeras candidatas al Óscar en este categoría. Excelente. Esto se une a la brillante acogida del filme por parte del público que ha asistido a las diversas proyecciones del fin de semana. En diez días la nueva película de Christopher Nolan responderá a todas esas interrogantes que llevan rondando en la cabeza de sus seguidores estos cuatro últimos años. ¿Podrá superarse el cineasta británico? Lo que si es un hecho que Hans Zimmer si se ha superado. A continuación, la banda sonora completa de The Dark Knight Rises.

    por Emilio M. Luna
    julio 10, 2012

    THE DARK KNIGHT RISES | COMPLETE SOUNDTRACK

    por Emilio M. Luna | julio 10, 2012

    EXPRESS: IV TRAILER DE THE DARK KNIGHT RISES

    por Emilio M. Luna | junio 19, 2012
    Fotograma de El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008) la fantástica segunda parte del Batman de Christopher Nolan
    Esta madrugada se ha publicado el trailer final de El Caballero Oscuro: la leyenda renace (The Dark Knight Rises, Christopher Nolan, 2012). Esperado para el estreno americano de Los vengadores, su alumbramiento ha sido el colofón a una semana de marketing viral con diversos jeroglíficos y fotografías. El resultado, el esperado: espectacular. Estamos ante el gran estreno del año.

    Este avance definitivo nos muestra el aparente eje de la trama y protagonismo de Selina Kyle (Anne Hathaway) y John Blake (Joseph Gordon-Levitt)..."Esto...no es un coche". El 20 de Julio, estreno mundial. A continuación el trailer.

    por Emilio M. Luna
    mayo 01, 2012

    EXPRESS: TRAILER FINAL DE THE DARK KNIGHT RISES

    por Emilio M. Luna | mayo 01, 2012
    The Dark Knight Rises PosterLlega uno de los momentos más esperados de final de año: el primer trailer de The Dark Knight Rises (en España, El Caballero Oscuro: la leyenda renace). El cierre de la trilogía del hombre murciélago llegará a las pantallas americanas el 20 de Julio (26 en España) y se antoja como el gran estreno del 2012 (y puede que de la década). Christopher Nolan ha puesto el listón muy alto y será muy difícil superar a El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008). Con probabilidad, la mejor adaptación de un personaje de cómic llevada a la gran pantalla. Nolan ha contado con la carta blanca de Warner para poner fin a este mastodóntico proyecto: un reparto de altura, una producción sin precedentes y un rodaje intercontinental. Todo para mostrar la vuelta del Señor de la Noche siete años después de los hechos acaecidos en la segunda entrega.

    Un nuevo villano promete arrasar Gotham (Bane) lo que obligará el retorno del alter ego de Bruce Wayne. Una vuelta que pudiera significar la paz en la urbe o su fin. Se incorporan al elenco habitual: Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy, Anne Hathaway, Marion Cotillard y Juno Temple, entre otros muchos nombres. Al contrario que otros rodajes capitaneados por el cineasta británico, éste ha sido bastante público con numerosas fotos de rodaje. Un cambio de rumbo, propiciado por el estudio, en busca de la notoriedad que merece el filme. Si se cumplen los mejores augurios ¿será la academia americana capaz de enmendar el gran error de 2008? Es pronto para saberlo pero, sin duda alguna, El Caballero Oscuro fue la gran producción de su año (encabezada por un regio Heath Ledger), su no inclusión (aparte de polémica) llevo a un cambio en las normas de nominación. Sin más dilación, a continuación el sensacional trailer de El Caballero Oscuro: la leyenda renace.

    por Emilio M. Luna
    diciembre 19, 2011

    EXPRESS: TRAILER DE THE DARK KNIGHT RISES

    por Emilio M. Luna | diciembre 19, 2011
    La gran noticia de la pasada semana fueron, sin duda, las primeras imágenes en movimiento de la tercera entrega de Batman, The Dark Knight Rises. Una publicación que revolucionó a todos los seguidores del hombre murciélago y del director que ha sabido llevarlo con acierto a la pantalla, Christopher Nolan. Salvo el primer póster y este escueto teaser poco más se sabe del cierre de la trilogía. En pleno rodaje por diferentes urbes mundiales, nada se conoce de su guión y algunos personajes siguen siendo un enigma. El paso de los meses irá desvelando unos datos guardados bajo el hermetismo habitual del cineasta británico. Este primer avance da el pistoletazo de salida a una campaña viral que promete superar a El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008).

    En este primer teaser trailer se unen escenas de las anteriores películas junto a una de Gary Oldman con Bane en una cama de hospital y el momento final con Batman reculando exhausto ante una enorme masa corpórea. Precisamente, esta secuencia final indica los trazos de una historia de sufrimiento para el alter ego de Bruce Wayne. Numerosas teorías sobre el libreto se encuentran en la red. Cobra fuerza que el hilo argumental vuelve a Batman Begins. Con toda seguridad, estamos ante la producción de 2012 y puede que del nuevo milenio. Mientras, Christian Bale, Morgan Freeeman, Michael Caine, Tom Hardy, Anna Hathaway, Gary Oldman, Joseph Gordon-Levitt y Marion Cotillard siguen dando forma al último episodio de El Caballero Oscuro. ¿Será The Dark Knight Rises el punto de inflexión para los académicos? La nominación de Christopher Nolan puede estar más cerca.

    Estreno mundial el 20 de Julio de 2012. Dos días antes se proyectará en Italia. A continuación el primer avance (subtitulado) del resurgir de El Caballero Oscuro.

    por Emilio M. Luna
    julio 23, 2011

    EXPRESS: PRIMER TRAILER DE THE DARK KNIGHT RISES

    por Emilio M. Luna | julio 23, 2011
    El acontecimiento de lo que llevamos de año, tanto en lo cinematográfico como lo mediático. Inception (Origen) de Christopher Nolan se ha convertido en el debate cinéfilo que ha unido a crítica y público como ya lo hizo con El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008). Una cinta de ciencia-ficción sobre la redención que promete seguir siendo protagonista durante el resto de la temporada. Nolan, se consolida en lo más alto del cine actual, con esta detallista cinta que se te queda grabada tanto en mente cómo en corazón. Uno de los muchos aciertos de Inception, donde todos los aspectos técnicos sobrepasan el sobresaliente, es su banda sonora. Una partitura creada por Hans Zimmer, que ya colaboró con el director británico en su díptico sobre el hombre murciélago. Música impactante, sobrecogedora, por momentos grandilocuente, que casa con la imagen de manera espectacular. Una composición diferente, variada y arriesgada que podría dejar a Zimmer con un nuevo Óscar bajo el brazo.

    Una banda sonora, que fuera del film, gana en cada escucha y te transporta al mundo onírico y épico creado por Nolan. Piezas con cierta influencia del Blade Runner de Vangelis cómo Old Souls o The Bourne Ultimatum de John Powell en Mombasa. El corte central del film en Dream is Collapsing o Dream Within a Dream, sencillamente abrumador. La canción de Edith Piaf, Non, Jen no Regrette Rien (de gran importancia tanto en la película como en la creación de la partitura de Zimmer) yuxtapuesa en Waiting for a Train. Temás intímos y sentimentales como 528491, y sobre todo con el tema que os dejo a continuación, Time. Fragmento que cierra de manera magistral el film. Una banda sonora de 14 canciones en una de las mejores creaciones del año. Disfruten con Time de Hans Zimmer.

    por Emilio M. Luna
    septiembre 02, 2010

    SOUNDTRACK: INCEPTION DE HANS ZIMMER

    por Emilio M. Luna | septiembre 02, 2010
    JE NE REGRETTE RIEN

    “Hipnótico, original y adictivo thriller en el mundo de los sueños, interpretado de manera brillante por un ensamblado elenco y dirigido por un Christopher Nolan soberbio que nos deja un mundo sin ningún tipo de limitación, abierto a la imaginación.”

    “Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, los hombres dormidos tienen cada uno su mundo”. Esta cita de Heráclito de Mileto hace justicia a las realidades que nos ofrece un director británico que nos invita a soñar y evadirnos en cada una de sus creaciones. Christopher Nolan prosigue una carrera imparable, acercándose al altar cinematográfico con un estilo mágico que involucra al espectador llevándolo al límite de la duda y el interés. Es de agradecer la presencia de Nolan en el cine actual aportando originalidad y complejidad con una filmografía repleta de títulos sugerentes. Memento (2000), Imsomnia (2002), Batman Begins (2005), El Truco Final (The Prestige, 2006), El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008) y ahora Inception (Origen, 2010), representan esa fusión entre la espectacularidad y el clasicismo que logra la esencia del cine: vivir historias que sólo existen en la imaginación.

    Con Inception, su última película, Nolan demuestra su capacidad para narrar historias, llamar la atención del público y hacerlo partícipe durante y tras la proyección. La consecución de “El Prestigio”, esa parte final de la estructura de un truco de ilusionismo, explicado en el filme interpretado por Christian Bale y Hugh Jackman, es llevado a Inception a su máxima expresión. Al público no le impresiona la explicación de cómo se hizo el truco, si no la sensación al verlo realizado. Ese axioma de El Truco Final: El Prestigio, representa esta nueva cinta de Christopher Nolan, donde la diferencia entre lo real y lo onírico esta delimitado por una fina línea. Línea de interpretación variable, unida a la clase de relación o empatía con la narración se adopte durante la proyección. Con Origen, Nolan nos sorprende y aturde con un viaje a diferentes niveles de la mente para introducirnos una idea.

    Dom Cobb es un reputado y proscrito ladrón de secretos a través del sueño. Un encargo le permite la posibilidad de recuperar la vida familiar que el crimen le hizo perder. Para ello, deberá implantar una idea a un sujeto, próximo dueño de un emporio empresarial, que le haga cambiar su idiosincracia. El implante de esa idea se llama Origen, un viaje a las diferentes capas del subconsciente, en un paso por un laberinto onírico en la búsqueda de la libertad. Inception (Origen) no es sólo una cinta de ciencia-ficción o un thriller internacional metafísico, es una historia de amor y redención. Una historia que se sustenta en una narración brillante y por la empatía que despierta el protagonista principal, Cobb, interpretado por un excepcional Leonardo Di Caprio, que conecta y extrapola sus sentimientos al público.

    Inception es un ejercicio elegante y exigente, que pide un máximo de atención y concentración, cercano al límite del agotamiento. El ritmo de la trama va en aumento tras un atractivo comienzo. El paso por el laberinto conformado por hasta cuatro niveles de sueño se hace ameno, interesante y adictivo. Uno de los grandes aciertos, es la aparición de la personalidad proyectada de los soñadores. Trazos del estilo vital de los personajes que se convierten en antagonistas cómo ocurren en nuestros propios sueños. Nolan se convierte en Carl Gustav Jung, en un análisis psicólogico del protagonista principal a través del onirismo. En numerosos momentos, es difícil distinguir que pertenece a la realidad o la consciencia. En la confusión y la duda, el realizador británico se mueve con soltura donde otros se acercarían a lo alucinógeno. Nolan nos lo muestra desde su punto de vista realista, haciendo posible lo imposible.

    Además de la dirección y guión de Nolan, todo brilla a gran nivel en Origen. Escenas de alto voltaje mostradas con tino y nervio cómo la persecución en Mombasa, la escena de gravedad cero en el hotel (ya un icono del séptimo arte) o el desarrollo final del film; un montaje de escenas a cargo de Lee Smith sobresaliente; la banda sonora de Hans Zimmer con un tema principal tan épico como desasosegante, en una partitura grandilocuente a la altura de esta obra maestra de Nolan. Recalcar el tema final (Time) que al igual que la conclusión, queda grabada en mente y corazón en uno de los momentos históricos de esta década de cine. Los efectos sonoros y visuales, en su amplia mayoría tradicionales, marcarán tendencia en el futuro, al igual que la fotografía de Wally Pfister (ya habitual con Batman y El Truco Final: El Prestigio) con una selección de ocres y azulados que logran un brillante atmósfera que atrapa en todo momento. Inception, técnicamente perfecta además posee alma gracias a Christopher Nolan y unos estupendos actores.

    Un elenco, donde el protagonismo (salvo Cobb-Di Caprio) es comedido y limitado, planteado de manera intencionada por su director. Breves pero atinadas caracterizaciones de interesantes personajes. El equipo de Cobb nos deja a Ariadne (mismo nombre que la guía de Teseo en el laberinto del Minotauro en la mitología griega) interpretado por Ellen Page, Eames un falsificador (Tom Hardy) y, sobre todo, Arthur, el socio de Cobb, un enigmático personaje que goza de grandes momentos en el film. Arthur interpretado con firmeza por Joseph Gordon-Levitt, representa ese deseo de conocer más sobre los personajes de Origen, y que se revelan al servicio de la historia creada por Christopher Nolan. Los antagonistas del largometraje son un notable Cillian Murphy, en un papel diferente al que acostumbra, cómo objetivo (The Mark) y Mal (Marion Cotillard), esposa de Cobb, cuyas proyecciones en los sueños siembran el pánico y la incertidumbre. Ken Watanabe, Michael Caine y un recuperado Tom Berenger, completan este excelso reparto que destaca cómo conjunto por encima de las individualidades.

    Mención aparte es Leonardo Di Caprio, en una de las mejores interpretaciones de los últimos años. Representa el alma de Origen, todo importa y se hace interesante gracias a Dom Cobb. Él aleja la frialdad de este tipo de relatos con la personificación de la culpabilidad y la salvación. Un gran personaje que Di Caprio hace sentir cómo si fuéramos nosotros mismos. Una actuación que va creciendo y que tiene su punto álgido en el final de filme. Di Caprio con Inception ha escrito otra página de oro en el celuloide al igual que su compañero y director Christopher Nolan. Una cinta sobresaliente, que bebe de toda la cultura cinematográfica del siglo pasado. Se apuntan muchas influencias: 2001, Odisea en el Espacio de Stanley Kubrick; Matrix; Al Servicio de su Majestad de Peter Hunt (1969) e incluso Los Héroes del Telemark (Anthony Mann, 1965), pero Inception (Origen) ya tiene creado un hueco propio en la historia del cine reciente.


    Un final de múltiples interpretaciones, que nunca tendrá explicación, fijo en la citada línea de separación entre lo real y lo irreal. Lo que si queda claro, es que una vez más Christopher Nolan ha alcanzado El Prestigio, aplicando al público un Origen, implantando una genial semilla en nuestras mentes, un parásito poderoso y sugestivo que nos recuerda porque amamos el cine. “Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar” (Antonio Machado).

    “Los sueños nos parecen reales mientras los tenemos, sólo cuando nos despertamos nos damos cuenta de que algo no cuadra.”

    Lo Mejor: La dirección y el guión de Nolan. Un gran Leonardo Di Caprio que encabeza un casting excelente, donde también destacan Marion Cotillard, Cillian Murphy y Joseph Gordon Levitt. Grandes momentos para la historia del cine cómo el final y las escenas en el hotel.

    Lo Peor: Demasiado densa con el riesgo de (bendito) agotamiento mental.

    Puntuación: 9,5/10

    por Emilio M. Luna
    agosto 28, 2010

    INCEPTION (ORIGEN)

    por Emilio M. Luna | agosto 28, 2010
    Cercano ya el 6 de Agosto, fecha de estreno en España de Origen, este fin de semana llega a la cartelera americana, una de las producciones más esperadas del año. El nuevo film de Christopher Nolan nos traslada a lo más recóndito de nuestra mente con un thriller internacional que tiene todos los elementos para ser un éxito rotundo en todas las dimensiones. Llegaron las primeras críticas, que se convirtieron en unánimes considerando Inception (Origen) como la mejor película de Nolan y una de las mejores de la década. Prestigiosos medios o críticos cómo Variety, Hollywood Reporter, Roger Ebert o Richard Roeper, alaban esta cinta de ciencia ficción noir, con gran ritmo y excelentes interpretaciones, sobre todo, de Leonardo Di Caprio y Joseph Gordon-Levitt. Sin embargo, esa concordia inicial, ha decrecido paulatinamente con la llegada de las primeras críticas negativas. Unas reseñas de los especialistas más ortodoxos y de la prensa neoyorquina (con opiniones vehementes, también, sobre El Caballero Oscuro). Es curioso, que cineastas que asumen riesgos en sus creaciones sean analizados con una mirada tan obtusa. Michael Mann (El Último Mohicano y Enemigos Públicos), David Fincher (Zodiac) o Darren Aronofsky (aunque ha otro nivel de pretenciosidad con La Fuente de la Vida), realizadores que al igual que Nolan aúnan ambas vertientes de opinión, y que representan la calidad del cine de entretenimiento actual. Nolan es un pozo de sugestión para la cinefilia, que no sólo no decepciona, sino que eleva las esperanzas a cada nuevo reto.

    El Truco Final: El Prestigio (The Prestige, 2006) es considerada su peor película (66 en Metacritics y 75% en Rottentomatoes, las webs críticas más reputadas). Uno de las mejoras películas de misterio de la década, es señal ineludible del inmenso talento del director británico. Insomnia, Memento, Batman Begins y El Caballero Oscuro elevan a Nolan a la categoría de grande, lo que no le impide que también deje una estela de detractores. Inception (hasta la fecha 87 % en Rottentomatoes, con 8,3 de media y Metacritics con 72 de puntuación) promete ser un antes y un después en la filmografía del director, previa a su epílogo sobre el hombre murciélago que llegará en 2012. No será un filme para todos los públicos; es posible que gane en su segundo visionado, son algunas de las frases que se repiten en cada crítica. Existe la posibilidad que aquellos fans de Jerry Bruckheimer y Michael Bay, salgan del cine en busca de una tea y gasolina, desconcertados ante el visionado de Inception. Será necesario sumergirse y dejar nuestros pensamientos al señor Nolan para resolver el acertijo que nos plantea.

    Otro aspecto que se ha comentado, es la banda sonora de Hans Zimmer. Escuchada superficialmente, es algo diferente, más cercano a la neutralidad del colaborador habitual de Nolan, David Julyan que al propio Zimmer. Veremos cómo casa en el film una banda sonora con reminiscencias de Vangelis. La comparación con Blade Runner, Matrix o Dark City será ineludible e Inception marcará un probable hito en el cine de ciencia-ficción. Aspirante a cinta de culto, que tendrán un millar de seguidores y los consiguientes detractores anclados en la más absoluta ortodoxia. En realidad, todo lo aquí expuesto, son simples palabras que variarán cuando llegue su visionado, y las hipótesis no valgan. Su opinión, es siempre la más importante, recuerden.

    En la entrevista de cada jueves en El País a Carlos Boyero, se le pregunta por Inception, y él responde: “…Sólo siento ese cosquilleo especial, esa maravillosa impaciencia, cuando sé que están a punto de estrenar películas de Nolan, Michael Mann, Scorsese, Allen, cualquier cosa que venga firmada por Pixar y por HBO…” Quédense con esta frase.

    "Si las películas son sueños compartidos, entonces Christopher Nolan es, seguramente, uno de los soñadores más creativos de Hollywood, tal y como prueba su brillantísima 'Inception'" (Variety)”.

    “Inception is a masterpiece. Making a huge film with big ambitions, Christopher Nolan never missteps and manages to create a movie that, at times, feels like a miracle”. (Chud).

    por Emilio M. Luna
    julio 15, 2010

    ACTUALIDAD: UNA MIRADA A ORIGEN (INCEPTION)

    por Emilio M. Luna | julio 15, 2010

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