Crítica | Tucker & Dale contra el mal
Crítica | Super
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| Julianne Moore protagoniza La sombra de los otros (Shelter, 2010) |
(Shelter, Måns Mårlind y Björn Stein, Estados Unidos 2010) – El Periódico Extremadura
junio 01, 2012
LA SOMBRA DE LOS OTROS (SHELTER, 2010)
LA CRÓNICA DE CARONTEInvictus (2009), la adaptación al celuloide de la célebre obra de John Carlin, The Human Factor, mostraba uno de los lados menos habituales de Clint Eastwood: la falta de inspiración. Una entelequia que ya se atisbó, por momentos, en las ignoradas por la academia americana El Intercambio (The Changeling, 2008) y Gran Torino (2008). El largometraje dedicado a Nelson Mandela y la liberación social surafricana, mostró un Eastwood demasiado convencional aunque sin abandonar la factura clásica que lo ha hecho ser considerado uno de los cineastas más grandes de todos los tiempos. El guión de Invictus condenó a un filme destinado a conmover conciencias. Algo que se vuelve a repetir en su paso al género sobrenatural con Hereafter (2010), que en España se tradujo como Más Allá de la Vida.
Se esperaba con expectación la primera incursión en terrenos fantástico-quiméricos del director californiano. El resultado es un drama existencialista de estructura y ritmo monocordes que no logra arrancar en ningún momento. Hereafter narra tres historias paralelas sobre las experiencias de diversa índole de tres personas ante la muerte. Ese umbral tan enigmático cómo temible que se haya impertérrito en la subconciencia humana. Una temática más que atractiva para un Eastwood en su bis más experimental. Para ello repitió con Matt Damon al que acompañan nombres cómo Cecile de France, Bryce Dallas Howard y Jay Mohr. Con todos los detalles y con una sobria dirección nada es achacable a Hereafter, tan sólo que su modestia es tan evidente que traspasa la pantalla y se queda en el pericardio de un espectador impávido, insatisfecho y ante todo indiferente.
El espectacular prólogo del filme hacía presagiar un proceso bien diferente. Rodado con pulso, las escenas del tsunami en el sudeste asiático golpean en la retina de manera voraz. Un espectáculo tan grandilocuente cómo dantesco que sirve cómo pistoletazo de salida a una carrera que se torna en plomiza y sin alicientes. Momentos brillantes, con la marca de su autor, sirven como pequeñas aristas de esta plana creación. Destacando el maravilloso instante entre Dallas Howard y Damon en el aula de cocina, llena de una ternura y sutileza plasmada con elegancia en pantalla. Hereafter guarda en estos momentos su único incentivo que funcionan cómo recordatorio del estilo y talento de Eastwood. La muerte cómo motivo de vida, el dolor cómo alivio, todo desde una introspectiva de difícil extrapolación.
Pese al esfuerzo de Damon y De France, poco importan sus sentimientos y vivencias. Quizás, el ubicar caracteres tan específicos lastran una historia cimentada en sensaciones. Al público le cuesta conectar con un tema tan propicio. Gélido y monótono el libreto de Peter Morgan hubiera servido para cualquier producción televisiva de sobremesa. Eastwood rescata y salva los muebles convirtiendo Hereafter, al menos, en un film menor dentro de su colosal filmografía. Ojalá J. Edgar (2011) devuelva al camino al bravo cineasta norteamericano. “El último gran clásico”.Lo Mejor: El prólogo y la escena del curso de cocina.
Lo Peor: Guión monocorde. Personajes algo desdibujados pese al esfuerzo de sus intérpretes.
Puntuación: 5,5/10 CINE USA 2010/DRAMA ESPIRITUAL/CLINT EASTWOOD.
septiembre 26, 2011
HEREAFTER (CLINT EASTWOOD, 2010)
EL FIN DEL ROMANCE
A vueltas con el desamor. En la actualidad el género romántico se ha convertido en un simple recurso comercial del cine americano lejos del estilo de Richard Linklater o John Cassavettes. Una nueva corriente sobre la triste evolución del romance se ha instaurado en la industria independiente estadounidense. Una corriente que comenzó la adaptación de la cruda novela de Richard Yates, Revolutionary Road, dirigida por Sam Mendes en 2008. Le siguieron los dramas Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010), Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010) y Like Crazy (Drake Doramus, 2011) junto a la comedia 500 Days of Summer (Marc Webb, 2009). Cintas que narraban el proceso de separación física y emocional de una pareja con realismo y sensibilidad. Lejos de esa metamorfosis afectiva llega la ópera prima de Massy Tadjedin, Sólo una Noche (Last Night, 2010), cabeza de cartel del pasado Festival de Tribeca.
Tadjedin, joven realizadora de origen persa, había ocupado su corta carrera cómo guionista de filmes cómo The Jacket (John Marbury, 2005). Con Sólo una Noche da el salto detrás de la cámara adaptando un libreto que lleva su rúbrica. Sólo una Noche obvia todo el bagaje vital de una joven y acomodada pareja neoyorquina y se centra en su eterno penúltimo episodio de inseguridades, hastío y celos. El filme intenta presentar el lado realista de una relación donde la monotonía ha invadido sus vidas y todo se ha convertido en gris e insustancial. Bifurcada en dos segmentos, la cinta de Tadjedin intenta jugar con los prejuicios del espectador ofreciendo el comportamiento de cada miembro de la pareja en una noche llena de soledad y tentación.
El resultado es irregular y a medida que transcurre el metraje, al igual que la pareja, se convierte en monótono e intrascendente. Sólo una Noche es una obra de contrastes que realza por momentos la fracción narrativa que interpretan Keira Knightley y Guillaume Canet. Ella cómo una débil esposa, él como un siempre enigmático deseo pasional y ambos reencontrados por azar. Una parte interesante con cierto aire al díptico de Richard Linklater (Antes del Amanecer-Antes del Atardecer) pero que de manera idéntica al filme se pierde en su globalidad. Algo que ya ocurre de antemano con el fragmento protagonizado por Sam Worthington y Eva Mendes. Él un esclavo del trabajo, ella una tentadora alternativa amorosa que vivirán una tensión sexual no resuelta en un viaje rutinario. Todo unido por el eje del film que es el matrimonio que conforman Knightley y Worthington. Dos historias donde todo es lo que parece pero que no supone eco alguna en sus vidas y aún menos en las del espectador.
Porque pese a sus destellos Sólo una Noche no logra conectar con el público en ningún sólo momento. Aunque su narración puede provocar una fácil extrapolación a las propias vivencias, todo resulta demasiado artificial. El punto de partida falla ya que es evidente la escasa química matrimonial. Todo lo que suceda después, incluyendo su realista final lleno de acierto, no provoca ningún tipo de interés. A su favor resulta un digno entretenimiento pero que no cala o trasciende. El citado final supone una excelente reflexión fuera de sala. El tradicionalismo social puede con el amor. En ocasiones, una perversa unión en lucha con la soledad.
"Las heridas que no se ven son las más profundas".
William Shakespeare.
Lo Mejor: Guillaume Canet y Keira Knightley.
Lo Peor: El segmento Worthington-Mendes. La leve capacidad de conexión.
Puntuación: 5/10 CINE USA 2010/DRAMA ROMÁNTICO.
agosto 24, 2011
LAST NIGHT (SÓLO UNA NOCHE, M. TADJEDIN, 2010)
MERIDIANO DE SANGREHenry Hathaway, versátil artesano y uno de los emblemas del cine comercial americano de los años sesenta, fue el responsable del primer Óscar de John Wayne con su antepenúltimo filme, Valor de Ley (True Grit, 1969). Un Óscar que debió ser el último de muchos y que la academia siempre le negó a uno de los eternos iconos del séptimo arte. Wayne construyó en Valor de Ley un personaje entrañable, Rooster Cogburn, un homenaje propio a más de treinta años de caracterizaciones de vaquero, Marshall o pistolero. El filme de Hathaway sin ser un puntal del género se ganó al público gracias a su protagonista y la estupenda banda sonora de Elmer Bernstein. El galardón a Wayne sonó a honorífico; el tiempo cómo siempre sabio, demostró que pocos intérpretes cómo él existieron en el cine. Precisamente, el actor de Winterset siempre está presente en la nueva versión de Valor de Ley de Joel & Ethan Coen. Cogburn siempre mantendrá el poso de John Wayne.
Alejado del concepto de remake, Valor de Ley (True Grit, 2011) es una nueva adaptación del relato original de Charles Potis. Una traslación a la pantalla que se complementa con la cinta de Hathaway. Diferentes en estilos pero unidos en un elegante clasicismo. Los hermanos Coen han contado con el mayor presupuesto de su carrera para llevar a puerto a las aventuras de Rooster Cogburn y Mattie Ross por tierras tejanas. El resultado el mayor éxito de taquilla de su filmografía, excelentes críticas y diez nominaciones al Óscar; entre ellas, el apartado de mejor película. La confirmación cómo clásicos modernos de esta dupla con independencia de la temática y los números, siempre marcando tendencia y manteniendo esencia. Sin duda, Valor de Ley fue una de las mejores películas de la pasada temporada.
Ya el anterior triunfo reciente de los hermanos Coen se acercaba al género con ese western postmoderno llamado No es País para Viejos (No Country for Old Men, 2008). Como en todas las películas de los cineastas norteamericanos, Valor de Ley se llena de estrafalarios personajes, impregnados de un incómodo halo de ignorancia, dentro de un mundo duro, inhóspito y, por momentos, muy desagradable. La construcción de este universo hecho para hombres recios y duros, sin lugar para compasión, son los cimientos del buen funcionamiento de Valor de Ley. Una producción fantástica, complementada con la banda sonora de Carter Burwell y la fotografía de Roger Deakins crean una excelente atmósfera que atrapa al espectador y que le traslada al espectador las áridas llanuras que llevan a las naciones Indias.Si la producción conforma el esqueleto del filme, la dirección y, sobre todo, los actores le dan vida de manera inigualable. Es el caso de Jeff Bridges y su Rooster Cogburn. Brillante interpretación de este torpe, tenaz y entrañable sheriff que debe cargar con la joven Mattie Ross y consigo mismo en la caza de Tom Chaney. Bridges se viste de Wayne, desde sus pistolas a su aura y logra una fusión memorable. Si la actuación de Bridges es imponente no le va a la zaga la adolescente Hailee Steinfeld. En su primer papel de enjundia, Steinfeld es el eje de la trama y lo soporta con aplomo y talento. Sorprende que fuera valorada como actriz secundaria en la campaña de premios. Junto a ellos, un notable reparto lleno de intérpretes contrastados (Matt Damon, Barry Pepper o Josh Brolin) que funcionan como simple complemento de la narración.
Justamente, la profundidad en los actores secundarios y algunos segmentos narrativos carentes de brío alejan a Valor de Ley, al igual que la adaptación de 1969, de la primera línea de los clásicos del género. Por suerte, la parte final y el maravilloso epílogo condonan cualquier tipo de muesca. Junto a 3:10 to Yuma (James Mangold, 2007) y El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, Andrew Dominik, 2007), el gran Western del nuevo milenio. Valor de Ley, todo un tratado de estilo.Lo Mejor: Jeff Bridges y Hailee Steinfeld.
Lo Peor: Ritmo irregular a mitad de metraje.
Puntuación: 7.8/10 CINE USA 2011/WESTERN.
agosto 03, 2011
TRUE GRIT (VALOR DE LEY, JOEL & ETHAN COEN, 2010)
Caza a la espía | Fair Game, Doug Liman, 2010
"Correcto thriller de agencias, bien dirigido e interpretado y cuyo ritmo atonal se convierte en defecto debido a la falta de aristas de un guión donde el clímax solo es un párrafo más."
La alianza de las Azores de 2003 unió a las dos grandes potencias mundiales con una tercera, ávida de un protagonismo perdido siglos atrás, contra el terrorismo internacional. Una cínica cumbre que demostró una realidad incómoda: la farsa y la mentira cómo instrumentos políticos. Algo inherente a los poderes ejecutivos y legislativos en lo largo de la historia de la humanidad pero oculto por el miedo o la indiferencia. En pleno nuevo milenio, ya no existe llave que esconda la vergüenza de unos dirigentes corruptos que permiten que multinacionales y entidades bancarias dominen a sus ciudadanos con tiranía. Tiempos oscuros para el honor y el respeto, donde un simple interés mueve una guerra, donde absolutistas destrozan a su pueblo, donde una treta es la excusa para invadir pueblos inocentes. La tristeza es que todos esos valientes que acuden al rescate son callados con la misma herramienta. El concepto justicia reajustado de manera inmisericorde.
El armamento de destrucción masiva sólo hallado en novelas de John Le Carré o Robert Ludlum pasará a los anales como otra embarrada muestra que la inteligencia es el rasgo menos desarrollado de todos esos políticos en la cúspide. Por suerte para el ser humano siempre existirán defensores de la verdad. Esa que permite creer, educando a las nuevas generaciones. Este es el caso de Valerie Plame, agente de la CIA que luchó contra un sistema que buscaba un chivo expiatorio. Su nombre, es probable, que no figure en las grandes recopilaciones históricas y se desgaste con el paso inexorable del tiempo, sin embargo, provocó el derrumbe de un castillo de naipes cimentado en subterfugios. El cine americano, de nuevo, es el encargado de dar notoriedad a una mujer que se vio acorralada por la nación a la que servía.
Green Zone: Distrito Protegido (Paul Greengrass, 2010), llevó en forma de cinta de acción, al espectador las capas de maquillaje que el gobierno americano había esparcido con torpeza para esconder el fraude. El filme de Greengrass era el remate a cintas bélicas sobre la realidad iraquí que predominaron en los últimos ocho años. Fue el director y productor americano, Doug Liman, el que puso el primer nombre real sobre la mesa. Fair Game (en España, Caza a la espía) es más que una cinta de intriga, un documento periodístico que saca a la luz las vergüenzas de los regímenes occidentales. Quizás esta virtud supone una rémora a medio plazo para el filme. Los hechos narrados en Fair Game seducen pero no atrapan cómo si de un simple reporte se tratara. Sólo el interés informativo y la labor de sus intérpretes mantienen la conexión con el público. Algo meritorio pero insuficiente.
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| Sean Penn en 'Caza a la espía', de Doug Liman |
Caza a la espía, séptima película de Liman, fue presentada en el Festival de Cannes de 2010. En la ciudad gala fue acogida con tibieza pero se le auguró un buen recorrido comercial y mediático. Siete meses después paso de manera silenciosa por la cartelera mundial pese a sus buenas críticas. Poco importó la presencia de unos excelentes Sean Penn y Naomi Watts, así cómo la buena factura de un cineasta cómo Liman. Amparado en el crédito de la primera entrega del agente amnésico Jason Bourne, El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), Liman no ha confirmado la etiqueta de promesa que siempre le ha acompañado desde el comienzo de su carrera. Formado en el mundo del videoclip y la televisión (creador de One Tree Hill), sus últimas creaciones, El señor y la señora Smith (Mr. & Mrs. Smith, 2005) y Jumper (2008) le han apartado de la primera línea a la que estaba destinado.
Fair Game (Caza a la Espía, 2010), demuestra las virtudes de un cineasta que, sin embargo, no puede relanzar un guión plano y carente de tensión. La humana caracterización de Watts mereció un mejor resultado. Por suerte, Plame si lo obtuvo, junto al respeto de un país avergonzado por sus dirigentes.
Lo mejor: Naomi Watts y Sean Penn.
Lo peor: Guión poco profundo y superficial.
Puntuación: 5.5 | 10
agosto 02, 2011
FAIR GAME (CAZA A LA ESPÍA, DOUG LIMAN, 2010)
Blue Valentine, de Derek Cianfrance, 2010
El desamor como factor inherente en los sentimientos humanos se desligó en el cine, hace unos años, del clásico género del melodrama. La adaptación cinematográfica de la novela homónima de Richard Yates, Revolutionary Road, supuso el renacer de un subgénero que ya tuvo en autores cómo Joseph L. Mankiewicz, George Stevens o Woody Allen a sus clásicos exponentes. Revolutionary Road (2008) desgranaba con tino y realismo las diferentes fases vitales de un joven matrimonio. El filme dirigido por Sam Mendes era una radiografía cruel sobre la fina línea que separa el amor de la dependencia y tras ésta, el odio. En diferentes vertientes llegaron creaciones posteriores. En clave optimista y juvenil, 500 Days of Summer (Marc Webb, 2009) y Like Crazy (Drake Doremus, 2011) y de forma adulta y dolorosa, Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010), y la película que hoy nos ocupa, Blue Valentine (2010) de Derek Cianfrance.
Acometido como un proyecto basado en vivencias personales, Cianfrance fecundó Blue Valentine durante diez años. Para el que sería su segundo largometraje, tras la desconocida Brother Tied (1998), eligió a dos prometedores intérpretes que caracterizaran las vivencias plasmadas en su guión: Michelle Williams & Ryan Gosling. Esta elección se vuelve básica, ya que actriz y actor se convierten en piedra angular, reportando brío, credibilidad y, ante todo humanidad. Ambos se muestran ejemplares ofreciendo toda una exhibición de recursos, aportando vida y esquivando estereotipos. Al igual que su autor, valientes y llenos de coraje ante el lado menos lúdico y edulcorado del amor. Ese lugar donde la razón sujeta las riendas y despide de manera paulatina cualquier poso sentimental.
Michelle Williams es el eje expositivo del trabajo de Cianfrance. Ella marca las decisiones y las diferentes bifurcaciones narrativas. Transmite su sufrimiento de manera loable y su entrega al papel es completa. Impresionante la dignidad mostrada en, con probabilidad, la mejor interpretación del año pasado. Su compañero, Ryan Gosling, le da una brillante replica cómo lado más maleable de la relación. Toda una exhibición del joven actor canadiense que demuestra su madurez interpretativa y que mereció mayor consideración en la pasada temporada de premios. La química entre ambos es digna de mención. Tanto en los momentos de ternura cómo en los de furia y rabia. Todo un triunfo para una actriz y un actor que elevan la cinta de Cianfrance y dan cuerpo a una historia tan personal cómo universal.
Exenta de cualquier grandilocuencia, es una obra de emociones contenidas. Éstas se conectan con los corazones y las vivencias de cada espectador. Allí la transferencia es completa, negativismo y positivismo, fiel reflejo de nuestra propia existencia. Cine honesto, sin tapujos ni filtros, llenos de instantes brillantes descritos con realismo y sensibilidad. Blue Valentine hace honor a su título en una hermosa elegía donde todos, alguna vez, fuimos protagonistas.
Lo mejor: Ryan Gosling & Michelle Williams.
Lo peor: Su nula distribución europea pese al marchamo de clásico atemporal.
Puntuación | 9/10.
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mayo 04, 2011
CRÍTICA | BLUE VALENTINE
Este sábado maratón de cine en el Festival de Cine Fantástico de Cáceres organizado por el portal de género Abandomoviez. Cinco películas y cuatro cortometrajes que han hecho las delicias de los aficionados (y no tan aficionados) al cine de terror. Cómo el día anterior, largas colas para conseguir una butaca. Gran mérito de la organización ya que en la capital cacereña era el día de la tapa y la cerveza. Cáceres, un hervidero social con todas sus céntricas arterias abarrotadas, con ganas de diversión y cine. La tarde comenzó con la proyección de la obra gala Vertige (2009), una modesta creación de Abel Ferry que narra el drama de unos jóvenes escaladores. Suspense para adolescentes que bebe del Máximo Riesgo de Stallone. En la segunda sesión, tuvimos la oportunidad de ver la excelente Déjame Entrar (Let Me In, 2010) de la que os hablaremos ampliamente. En el tercer turno la gran sensación del cine español de esta temporada, Secuestrados (2010). La película de Miguel Ángel Vivas se presentó con mucho revuelo en Sitges 2010. Un relato de supervivencia de una familia asaltada en su domicilio rodado en pocos planos secuencia. Secuestrados está comenzando su recorrido internacional con varios premios en eventos de género norteamericanos.La cuarta película proyectada ha sido El Vagón de la Muerte (The Midnight Meat Train, 2008), producción americana dirigida por el japonés Ryuhei Kitamura. Un fotógrafo es contratado para seguir la pista de un despiadado asesino en serie que actúa en terminales de metro. Una curiosa cinta de terror interpretada por uno de los actores del momento: Bradley Cooper. Precisamente Cooper, es actualidad este fin de semana con el estreno de Sin Límites (Limitless). Para terminar el día, un largometraje cuyo nombre no se ha revelado y está dirigida para los amantes del Gore y las emociones fuertes. Mañana, una película más, dedicada al público infantil, Cómo Entrenar tu Dragón (How Train Your Dragon, 2010) junto al palmarés del concurso de cortometrajes para cerrar el festival.
Avuelapluma ha asistido a la proyección de Déjame Entrar, quizás la película de mayor calidad y repercusión del Fanter Festival. Una muy grata sorpresa que mantiene la esencia de la novela de John Ajvide Linqvist y del film original de Tomas Alfredson, Låt den rätte komma in (Let the Right One In). Poco o nada cambia con respecto a la cinta sueca. La virtud se encuentra en el modo. Elegante, sutil y respetuosa, Matt Reeves crea una notable película llena de sensibilidad. Destacar la pareja protagonista, interpretada por Kodi Smit-McPhee y, sobre todo, una espectacular Chloe Moretz que se come la pantalla a cada plano. Déjame Entrar es una de las grandes películas independientes del año pasado que mereció una mejor y mayor resonancia. Pronto la crítica completa en El Antepenúltimo Mohicano.
Destacar, para finalizar, el corto que ha abierto la segunda sesión, “Sabrina” de Sergio Colmenar. Una disparatada pieza interpretada por Jordi Vilches. Por ahora, nos seguimos quedando con “Deus Irae” de Pedro Cristiani. Mañana domingo conoceremos a los ganadores del certamen de cortos tanto amateurs como profesionales.abril 10, 2011
FANTER FILM FESTIVAL: DÉJAME ENTRAR (LET ME IN)
SEE NO EVIL, HEAR NO EVIL
Lo Mejor: El duo protagonista.
Lo Peor: Tramos de humor desdibujados e irrelevantes.
Puntuación: 5,5/10 CINE USA 2010.
abril 07, 2011
DUE DATE (SALIDOS DE CUENTAS, 2010)
EL TROPIEZO DE SUGAR RAY"Notable drama deportivo donde la dirección e intérpretes cobran vital importancia ante un guión tan esquemático cómo poco matizado."
Todo un subgénero deportivo, el boxeo, al igual que el football, representa la épica competitiva en el cine norteamericano. Desde Más Dura Será la Caída (The Harder Day Fall, 1956) hasta Cinderella Man (2005), pasando por Fat City (1972); Rocky (1976); Toro Salvaje (Raging Bull, 1980); Huracán Carter (The Hurricane, 1999) o Million Dollar Baby (2004); el mundo del boxeo ha dejado grandes clásicos en diferentes décadas de la historia del séptimo arte. Deudora del sueño americano, la lucha en el ring siempre ha significado la búsqueda de la gloria del ser humano sin importar origen o condición. El triunfo de la humildad y el trabajo para individuos cuya vida nunca fue sencilla. Un género con sabor a cine social y con el agridulce aroma de la victoria y la derrota. Ambos conceptos separados por una fina línea, una línea común en la trayectoria vitalicia de cualquier ciudadano de este mundo.
David O. Russell, rara avis en el cine americano actual, decidió dar carpetazo a un retiro filmográfico de siete años con la historia del veterano púgil Micky “Irish” Ward. Un boxeador que obtuvo un reconocimiento tardío gracias a sus enormes duelos con Arturo Gatti y que tuvo cómo enfermedad y cura a su propia familia. Con The Fighter (2010), Russell nos ofrece un dibujo descarnado del púgil, alejado de cualquier épica tan característica del género. Un biopic con tono documental, tejido con un parco y exiguo guión que los intérpretes hacen notable con personajes creíbles y carismáticos. The Fighter es, sin lugar a dudas, el triunfo de la interpretación. El paso de los años pondrá a este filme en una tópica lista de dramas deportivos, sin embargo, todos recordarán la monumental exhibición de un Christian Bale flanqueado por unos excelentes Amy Adams, Mark Wahlberg y Melissa Leo.
Christian Bale ha logrado una sólida filmografía llena de personajes atormentados y profundos. Una carrera muy regular que ha tenido cómo premio la interpretación de Richard “Dicky” Eklund, hermanastro y entrenador de Micky Ward. Un personaje en plena caída al inframundo que se convierte en el verdadero protagonista de The Fighter. Con una caracterización cercana a la sobreactuación, Bale arrebata el protagonismo del filme con esta vieja y desamparada gloria de los cuadriláteros que sirve de apoyo a la carrera de su hermano. Todo un triunfo para el actor galés que ha supuesto el Globo de Oro y el Óscar en el espaldarazo definitivo a su filmografía. Galardones que también ha disfrutado su partener Melissa Leo. Al igual que el intérprete de País de Gales, una actriz de método con un personaje tan ordinario cómo repulsivo. Entre tanto gesto y mueca, se agradece la comedida presencia de Adams y Wahlberg que dan contrapunto al histrionismo de sus compañeros.
Las idas y venidas de la familia de Ward opacan la victoria vital del veterano púgil. The Fighter se convierte en una particular historia de resurrección narrada de forma excelente por David O. Russell. El realizador neoyorquino se mueve con versatilidad en un guión hierático dándole un toque personal y original. Le saca el máximo partido a un libreto que en otras manos hubiera supuesto un más que decente telefilme. Camaradería y lazos de sangre debajo de un frío bisturí donde no hay lugar para la emoción y los sentimientos. La redención de Ward y Eklund viene envuelta en un halo cotidiano y realista. Ese es quizás el mérito de The Fighter, la ausencia de cualquier tipo de grandilocuencia. Un lienzo mundano cómo la vida misma.
Lo Mejor: Christian Bale y Amy Adams.
Lo Peor: Guión simple elevado por sus intérpretes.
Puntuación: 7/10 CINE USA 2010.
marzo 25, 2011
THE FIGHTER
WHATEVER YOU WILL GO"Íntima y reflexiva, la nueva creación de Sofía Coppola es un viaje al rincón más profundo del alma donde converge la soledad con el anhelo de ilusiones."
Tras el León de Oro en la pasada Mostra de Venecia se esperaba un mayor protagonismo del nuevo filme de Sofía Coppola. Ignorado en la campaña de premios, Somewhere ha pasado de puntillas por la cartelera americana lo que ha provocado su retraso en la distribución europea. El último proyecto de esta realizadora de culto se pierde en un inmerecido anonimato pero que le devuelve a la esencia de Lost in Translation.
Tras la tibia acogida de María Antonieta (Marie Antoinette, 2006) muchos dudaban de la evolución cómo cineasta de Sofía Coppola. Algo indudable tras su fantástica opera prima, Las Vírgenes Suicidas (The Virgin Suicides, 1999). Coppola no sólo ratifico su talento sino que consiguió la nominación al Óscar por su segundo filme interpretado por Bill Murray y Scarlett Johansson (Lost in Translation, 2003). Una nueva estrella había nacido; el pupilo que sigue los pasos del maestro. Con su peculiar estilo Sofía Coppola se separaba de su padre Francis Ford pero conteniendo un idéntico y natural sinónimo: cine de primera categoría. Generando expectativas muy altas, María Antonieta fue un moderado desliz pero que no le resto ni un ápice de interés a su interesante carrera. Por ello, su cuarta obra, Somewhere, se presentaba como un punto referente en su filmografía.
Un punto cuyo resultado puede verse mermado en el plano mediático pero no en el cinematográfico. Pese a la ausencia de bombos y platillos, de reverencias y grandes frases, Coppola demuestra su capacidad para ahondar en el alma humana desde la sutileza, desde la elegancia. Somewhere retrata de manera pausada el desencanto de un actor estrella ante la vida que muchos sueñan. Todo cambia con la presencia de su hija que le acompaña en cada promoción y evento. Somewhere es una historia sobre la vida, los sentimientos que son afines en todos los seres humanos durante diferentes momentos vitales. La cinta de Coppola significa la huida de la monotonía y la búsqueda de la ilusión.
Somewhere dibuja la cotidianeidad de un espíritu vacío entre el hastío y la superficialidad. Ese extraño sentimiento que se hace tan familiar y que no permite avanzar solo desplomarse hacía un fondo de desesperanza. El ser humano se arrincona y tan sólo pequeños aspectos materiales y superfluos lo dotan de cierto sentido. Un estilo de vida que pocos reconocen y del que sólo los valientes escapan. Entre la ansiedad y la decepción que revisten el túnel siempre existe una puerta de emergencia hacía el camino correcto. Una carretera personal e intransferible donde poco importa las tradicionales directrices sociales. Una vía de decisiones propias que hacen de nosotros quienes somos no quien esperan que seamos. En Somewhere, Johnny Marco (Stephen Dorff) es el adalid de este movimiento, la extrapolación de nuestras sensaciones de las que rescata su joven hija (Elle Fanning).
Poco debe importar su ritmo adormecido y trama contenida. La insustancial vida de Johnny Marco desemboca en un epílogo que el ser humano encauza de manera consciente o inconsciente. Es el camino de salida y también el de entrada, hacia nuestra propia vida. Una huida con la guitarra de fondo de Love Like a Sunset de Phoenix que susurra alivio, una nueva perspectiva. Somewhere puede sonar a frívola, repetitiva o intrascendente. Un filme de momentos y reflexión cómo nuestra propia existencia. La vuelta de Sofía Coppola puede que no llene demasiadas publicaciones pero nos recuerda por qué y para qué deambulamos por este extraño mundo.
Lo Mejor: La sutileza de Coppola. La pareja protagonista.
Lo Peor: Escenas redundantes y un ritmo autocomplaciente.
Puntuación: 7,5/10 CINE USA 2010.
marzo 14, 2011
SOMEWHERE
ALARMA EN EL EXPRESO"Entretenida y trepidante cinta de acción que recupera a un Tony Scott unido al destino de un género en horas bajas."
Siempre a la sombra de su hermano Ridley, Tony Scott ha logrado hacerse hueco en la industria cinematográfica cómo un clásico del género de acción. Una filmografía llena de títulos muy secundarios en lo artístico pero con una notable rentabilidad económica. Filmes cómo Top Gun (1986), El Último Boy Scout (The Last Boyscout, 1991), Amor a Quemarropa (True Romance, 1993), Spy Game (2001), El Fuego de la Venganza (Men on Fire, 2004) o Pelham 1,2.3 (2009), le han convertido en un referente de un género cuyo mejores momentos quedan lejanos. Con un estilo muy particular, donde la cámara circula a velocidades vertiginosas, Tony Scott sigue siendo punta de lanza para los grandes estudios en ejercicios de entretenimiento o baja gama. Un realizador de “arte rápido” que atrae a espectadores al cine con la simple premisa de divertir y olvidar. Lejos de la grandilocuencia de su hermano, Scott se mueve como pez en el agua en las pantanosas marismas del cine de carreras y pistolas.
Pese a su estatus de especialista en el género siempre se esperó más del realizador nacido en Stockton On Tees (Reino Unido). Unas perspectivas, que al igual que el género de acción, han ido decreciendo con el paso de los años. Salvo esporádicas apariciones de James Bond o Jason Bourne, la acción no vive, precisamente, momentos de vino y rosas. Las numerosas producciones de los noventa unidas al descenso del mercado doméstico han influido en el ocaso del género. Sólo la incursión de grandes del celuloide como Martin Scorsese o Christopher Nolan ha logrado revivir un tipo de cine que ha derivado en múltiples afluentes. Caminos a los que se acoge el propio Scott con su último filme, Imparable (Unstoppable, 2010). Adrenalina y catástrofes que adaptan a la gran pantalla un hecho real que conmocionó a la sociedad norteamericana.
En su segunda incursión en el mundo de los raíles (tras Pelham 1,2,3), Scott contó con su actor fetiche, Denzel Washington para contar la historia de dos abnegados maquinistas que deben salvar a una población de un siniestro histórico. Un deslizador (tren) vaga sin control cargado de peligroso material químico. Dos maquinistas, uno al borde del despido y otro cercano a la desesperanza deben salvar a millares de inocentes y, con ello, redimir sus vidas. Imparable, es el típico producto lleno de camaradería, heroicidad y patriotismo que ya poco abunda en las carteleras. Denostado pero necesario, este tipo de cine en las manos de Tony Scott es una garantía, al menos, de simple evasión. Con Imparable lo consigue, gracias a un atinado despliegue visual y a dos carismáticos protagonistas encarnados por el nombrado Denzel Washington y Chris Pine (Stark Trek).
Pese al empeño del director en que conozcamos las vidas de los protagonistas dándole cierto fondo, Imparable sólo cobra fuerza a medida que el tren sin dueño alcanza su máxima celeridad. Los numerosos planos montados a velocidad terminal logran involucrar al público y hacerlo partícipe del desastre en ciernes. Pese a su enorme carga de estereotipos y tópicos, Imparable no desfallece, subiendo el nivel de adversidad con el paso de metraje. En esos momentos, es donde el público se cuestiona la credibilidad de estos héroes inesperados. Pregunta que encuentra una excelente respuesta a cargo de Washington y Pine. En su quinta colaboración con Scott, Washington aporta aplomo al clásico prejubilado que tiene que soportar al novato. El novato, Pine, demuestra soltura en un papel de difícil lucimiento y demuestra porque es uno de los actores jóvenes más valorados en la actualidad.
Poco importa su epílogo naif, deudora de las típicas producciones americanas de los noventa o sus diálogos acartonados y predecibles. Imparable es un “sin sentido” bien interpretado y ejecutado que devuelve al mejor Tony Scott. Un Scott que sigue siendo una garantía década tras década y que aporta un plus a un género que necesita un rescate, vía férrea, aérea, o naval.
Lo Mejor: Denzel Washington y Chris Pine. Su ritmo de alto voltaje.
Lo Peor: Contiene todos los clichés (y elementos patrióticos) del género.
Puntuación: 6/10 CINE USA 2010.
marzo 09, 2011
IMPARABLE (UNSTOPPABLE)
VIDA EN STANDBY"Poderoso y realista retrato sobre la pérdida personificado por unos excelentes Aaron Echkart y Nicole Kidman que nos dejan uno de los mejores dramas del año."
Revolutionary Road (2008) nos ofreció una descripción anatómica del derrumbe paulatino de un joven matrimonio. El film de Sam Méndes, que adaptaba con tino la novela de Richard Yates, se convirtió en el silencioso triunfador de su curso con una realista historia espejo de las relaciones sentimentales. Una bella crudeza que paso de puntillas por la carteleras pero dejando huella en un público habituado al edulcorante. Este año se estrenan dos filmes de temática similar pero con fondos diferentes: Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010) y Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010). La primera es un lienzo independiente sobre la autodestrucción de una joven pareja (Ryan Gosling & Michelle Williams) que combina la magia con el dolor en diferentes etapas vitales. La segunda, el film que nos ocupa hoy, es la descripción del estancamiento de un matrimonio de mediana edad como consecuencia de un hecho que marca sus vidas: la pérdida.
Rabbit Hole es el tercer film de John Cameron Mitchell. Erigido como director de culto tras las notables Hedwig and the Angry Inch (2001) y Shortbus (2006), en su tercera y esperada obra adapta la novela homónima de David Lindsay-Abaire (también guionista del film) ganadora del Pullitzer. Rabbit Hole representa el lento caminar hacia la esperanza de un matrimonio que ha perdido a su joven vástago. Un sentimiento de desolación que los aparta de la realidad y los aleja el uno del otro. El gran mérito de Mitchell es una narración pausada y exquisitamente sutil que traspasa la angustia de la pareja al espectador de manera inmediata. Todo envuelto en un aura independiente y modesta donde sus actores cargan con el peso del fil
me con interpretaciones creíbles y sin estridencias. Un mérito compartido por Nicole Kidman y Aaron Eckhart que se entregan por completo en sus papeles.Aaron Eckhart, actor de carrera ecléctica e interesante confirma en The Rabbit Hole lo apuntado en Gracias por Fumar (Thank You For Smoking, 2005) y El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008). Capacidad de adaptación a cualquier tipo de papel dotándolo de presencia y carisma. Eckhart representa el arquetipo de actor clásico solvente y versátil con cualquier tipo de guión o género. En Rabbit Hole da piel a un marido que busca rescatar a su mujer de los brazos de la desesperación. Como si de un Orfeo derrotado se tratara, Howie (Eckhart) no sólo convive con el triste y latente recuerdo también con la ausencia de una Eurídice rendida en su lento descenso al infierno. Siendo Nicole Kidman la principal protagonista en Rabbit Hole, son encomiables los momentos de Eckhart. Él representa el optimismo en una situación cercana al filo. Su excelente monólogo final recoge la esencia del film. Un extracto positivo pese a su realismo y dolor.
Si Eckhart demuestra su enorme talento, Nicole Kidman vuelve a su mejor momento en Rabbit Hole. Demasiado superficial y con papeles estereotipados, Kidman había perdido el norte de su dilatada carrera con creaciones de dudoso éxito como Australia (2008) o Nine (2009). Innegable su capacidad, sólo era necesaria una mejor elección en sus proyectos para retornar a la senda correcta. Ese camino se lo muestra John Cameron Mitchell y Kidman responde con una notable interpretación que le pudiera deparar una nueva nominación al Óscar. Becca (Kidman) permanece anclada en el pasado y no logra relanzar su vida. Un vacío terrenal que no es capaz de llenar su marido, su madre (Dianne Wiest) o su hermana. Una particular Eurídice que sólo halla el consuelo en el joven culpable de la muerte de su hijo. Kidman soberbia, al igual que su partener Aaron Eckhart, trasmite con sus gestos y miradas desolación y dudas en un personaje que busca, ante todo, alivio.
Un drama elegante de desnudos sentimientos que sin el amparo de una campaña mediática de cara a la temporada de premios tendrá una inmerecida poca repercusión. Cameron Mitchell logra una excelente película articulada con dos actores sobresalientes y un sólido guión que refleja con naturalidad una de las constantes del alma del ser humano.
“Únicamente aquellos que evitan el amor, pueden evitar el dolor del duelo. Lo importante es crecer, a través del duelo, y seguir permaneciendo vulnerables al amor.”
JOHN BRANTNER
Lo Mejor: Nicole Kidman y Aaron Eckhart. El guión de David Lindsay.
Lo Peor: No tendrá la repercusión merecida.
Puntuación: 8/10 CINE USA 2010.
diciembre 29, 2010


















