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    Cannes 2010
    Cannes 2010
    Los amores imaginarios

    AMORES NO CORRESPONDIDOS

    crítica de Los amores imaginarios | Les amours imaginaires (Heartbeats), Xavier Dolan-Tadros, 2010

    Xavier Dolan-Tadros es, indudablemente, un chico con talento. Actor desde los cinco años, escribió su primer guión con dieciséis y en 2009 se convirtió en la sensación de Cannes con su ópera prima, J’ai tué ma mère, que le hizo ganar tres galardones. Con 20 años, logró que su película fuera elegida para representar a Canadá en los Oscar y la crítica lo saludó como un alumno aventajado del mismísimo Pedro Almodóvar. Las expectativas estaban altas sobre su siguiente trabajo. No defraudó y Los amores imaginarios supuso un nuevo paso adelante en la carrera de uno de los realizadores más personales e interesantes del cine actual. Como ya lo hiciera en su aclamado debut, Dolan vuelve a demostrar ser un auténtico hombre orquesta, haciéndose cargo, no solo de la dirección y el guión de su película, sino también del montaje y uno de los papeles protagonistas. Como bien indica su muy almodovariano título, Los amores imaginarios habla del dolor que supone el amor no correspondido. Francis es un joven homosexual que comparte sus días de fiesta y confidencias con su mejor amiga, Marie. Su amistad, aparentemente inquebrantable, será puesta a prueba cuando en sus vidas aparece Nick, un carismático y atractivo muchacho que rápidamente acapara el interés de ambos amigos. Francis y Marie comienzan, casi sin querer, una particular competición por lograr las atenciones del rubio objeto de deseo, pero sus esfuerzos parecen no llegar a ninguna parte. Como viene siendo una constante en el cine de Dolan, el tema de la homosexualidad vuelve a estar presente en el personaje de Francis –interpretado con acierto y naturalidad por él mismo–, aunque en esta ocasión como algo más bien anecdótico. Los amores imaginarios habla del amor universal, independientemente del sexo que sea. De hecho, el personaje de Nick –correcto Niels Schneider, más desde su presencia física que en lo estrictamente interpretativo– hace gala a lo largo de la historia de una gran ambigüedad sexual, haciendo que Francis y Marie (y con ellos, el espectador) duden continuamente de sus verdaderas inclinaciones. Marie, el tercer vértice de este triángulo, es el personaje con más matices del filme. Monia Chokri está espléndida en su antipático rol de una chica cargada de inseguridades, que viste de manera anacrónica y que va adquiriendo unos enfermizos sentimientos de envidia y celos hacia su amigo gay, al que ve como un estorbo para sus planes con Nick.

    por José Martín León
    junio 19, 2013

    Crítica | Los amores imaginarios

    por José Martín León | junio 19, 2013
    Crítica de Caza a la espía - Fair Game
    DEFCON CUATRO
    Caza a la espía | Fair Game, Doug Liman, 2010

    "Correcto thriller de agencias, bien dirigido e interpretado y cuyo ritmo atonal se convierte en defecto debido a la falta de aristas de un guión donde el clímax solo es un párrafo más."

    La alianza de las Azores de 2003 unió a las dos grandes potencias mundiales con una tercera, ávida de un protagonismo perdido siglos atrás, contra el terrorismo internacional. Una cínica cumbre que demostró una realidad incómoda: la farsa y la mentira cómo instrumentos políticos. Algo inherente a los poderes ejecutivos y legislativos en lo largo de la historia de la humanidad pero oculto por el miedo o la indiferencia. En pleno nuevo milenio, ya no existe llave que esconda la vergüenza de unos dirigentes corruptos que permiten que multinacionales y entidades bancarias dominen a sus ciudadanos con tiranía. Tiempos oscuros para el honor y el respeto, donde un simple interés mueve una guerra, donde absolutistas destrozan a su pueblo, donde una treta es la excusa para invadir pueblos inocentes. La tristeza es que todos esos valientes que acuden al rescate son callados con la misma herramienta. El concepto justicia reajustado de manera inmisericorde.

    El armamento de destrucción masiva sólo hallado en novelas de John Le Carré o Robert Ludlum pasará a los anales como otra embarrada muestra que la inteligencia es el rasgo menos desarrollado de todos esos políticos en la cúspide. Por suerte para el ser humano siempre existirán defensores de la verdad. Esa que permite creer, educando a las nuevas generaciones. Este es el caso de Valerie Plame, agente de la CIA que luchó contra un sistema que buscaba un chivo expiatorio. Su nombre, es probable, que no figure en las grandes recopilaciones históricas y se desgaste con el paso inexorable del tiempo, sin embargo, provocó el derrumbe de un castillo de naipes cimentado en subterfugios. El cine americano, de nuevo, es el encargado de dar notoriedad a una mujer que se vio acorralada por la nación a la que servía.

    Green Zone: Distrito Protegido (Paul Greengrass, 2010), llevó en forma de cinta de acción, al espectador las capas de maquillaje que el gobierno americano había esparcido con torpeza para esconder el fraude. El filme de Greengrass era el remate a cintas bélicas sobre la realidad iraquí que predominaron en los últimos ocho años. Fue el director y productor americano, Doug Liman, el que puso el primer nombre real sobre la mesa. Fair Game (en España, Caza a la espía) es más que una cinta de intriga, un documento periodístico que saca a la luz las vergüenzas de los regímenes occidentales. Quizás esta virtud supone una rémora a medio plazo para el filme. Los hechos narrados en Fair Game seducen pero no atrapan cómo si de un simple reporte se tratara. Sólo el interés informativo y la labor de sus intérpretes mantienen la conexión con el público. Algo meritorio pero insuficiente.

    Fair Game
    Sean Penn en 'Caza a la espía', de Doug Liman

    Caza a la espía, séptima película de Liman, fue presentada en el Festival de Cannes de 2010. En la ciudad gala fue acogida con tibieza pero se le auguró un buen recorrido comercial y mediático. Siete meses después paso de manera silenciosa por la cartelera mundial pese a sus buenas críticas. Poco importó la presencia de unos excelentes Sean Penn y Naomi Watts, así cómo la buena factura de un cineasta cómo Liman. Amparado en el crédito de la primera entrega del agente amnésico Jason Bourne, El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), Liman no ha confirmado la etiqueta de promesa que siempre le ha acompañado desde el comienzo de su carrera. Formado en el mundo del videoclip y la televisión (creador de One Tree Hill), sus últimas creaciones, El señor y la señora Smith (Mr. & Mrs. Smith, 2005) y Jumper (2008) le han apartado de la primera línea a la que estaba destinado.

    Fair Game (Caza a la Espía, 2010), demuestra las virtudes de un cineasta que, sin embargo, no puede relanzar un guión plano y carente de tensión. La humana caracterización de Watts mereció un mejor resultado. Por suerte, Plame si lo obtuvo, junto al respeto de un país avergonzado por sus dirigentes.

    Emilio Luna.
    crítico de cine.

    Lo mejor: Naomi Watts y Sean Penn.

    Lo peor: Guión poco profundo y superficial.

    Puntuación: 5.5 | 10

    Fair Game Poster
    por Emilio M. Luna
    agosto 02, 2011

    FAIR GAME (CAZA A LA ESPÍA, DOUG LIMAN, 2010)

    por Emilio M. Luna | agosto 02, 2011
    Blue Valentine, Derek Cianfrance
    DIME QUE ME QUIERES
    Blue Valentine, de Derek Cianfrance, 2010

    "Sólido y evocador melodrama amparado en unos excepcionales Ryan Gosling y Michelle Williams que retratan con realismo el nacimiento y ocaso de las relaciones amorosas."

         El desamor como factor inherente en los sentimientos humanos se desligó en el cine, hace unos años, del clásico género del melodrama. La adaptación cinematográfica de la novela homónima de Richard Yates, Revolutionary Road, supuso el renacer de un subgénero que ya tuvo en autores cómo Joseph L. Mankiewicz, George Stevens o Woody Allen a sus clásicos exponentes. Revolutionary Road (2008) desgranaba con tino y realismo las diferentes fases vitales de un joven matrimonio. El filme dirigido por Sam Mendes era una radiografía cruel sobre la fina línea que separa el amor de la dependencia y tras ésta, el odio. En diferentes vertientes llegaron creaciones posteriores. En clave optimista y juvenil, 500 Days of Summer (Marc Webb, 2009) y Like Crazy (Drake Doremus, 2011) y de forma adulta y dolorosa, Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010), y la película que hoy nos ocupa, Blue Valentine (2010) de Derek Cianfrance. 

    Acometido como un proyecto basado en vivencias personales, Cianfrance fecundó Blue Valentine durante diez años. Para el que sería su segundo largometraje, tras la desconocida Brother Tied (1998), eligió a dos prometedores intérpretes que caracterizaran las vivencias plasmadas en su guión: Michelle Williams & Ryan Gosling. Esta elección se vuelve básica, ya que actriz y actor se convierten en piedra angular, reportando brío, credibilidad y, ante todo humanidad. Ambos se muestran ejemplares ofreciendo toda una exhibición de recursos, aportando vida y esquivando estereotipos. Al igual que su autor, valientes y llenos de coraje ante el lado menos lúdico y edulcorado del amor. Ese lugar donde la razón sujeta las riendas y despide de manera paulatina cualquier poso sentimental. 

    Blue Valentine, Derek Cianfrance

          "I feel like men are more romantic than women. When we get married we marry, like, one girl, 'cause we're resistant the whole way until we meet one girl and we think I'd be an idiot if I didn't marry this girl she's so great. But it seems like girls get to a place where they just kinda pick the best option... 'Oh he's got a good job.' I mean they spend their whole life looking for Prince Charming and then they marry the guy who's got a good job and is gonna stick around".

         Blue Valentine esta articulada a través de una narración dicotómica dibujada con flashbacks que nos acerca a los momentos mágicos de la pareja y la senectud de ésta. Un lienzo de contrastes, una trama de excesos que conforman un irónico paralelismo con los habituales sentimientos humanos, ante el amor y la ruptura. Pese a su crudeza y el amargo sedimento que desprenden algunas escenas, el sinónimo de Blue Valentine es la belleza. Tanto en los sensibles momentos iniciales, donde la pareja muestra lo mejor de sí mismos, como en los aleteos finales, donde todo es profundamente desagradable, el filme está cargado de lirismo y beldad. El espectador se introduce en la historia a base de recuerdos, es inevitable la empatía con los personajes en una terapéutica revisión de uno de los momentos claves de la vida.

    Michelle Williams es el eje expositivo del trabajo de Cianfrance. Ella marca las decisiones y las diferentes bifurcaciones narrativas. Transmite su sufrimiento de manera loable y su entrega al papel es completa. Impresionante la dignidad mostrada en, con probabilidad, la mejor interpretación del año pasado. Su compañero, Ryan Gosling, le da una brillante replica cómo lado más maleable de la relación. Toda una exhibición del joven actor canadiense que demuestra su madurez interpretativa y que mereció mayor consideración en la pasada temporada de premios. La química entre ambos es digna de mención. Tanto en los momentos de ternura cómo en los de furia y rabia. Todo un triunfo para una actriz y un actor que elevan la cinta de Cianfrance y dan cuerpo a una historia tan personal cómo universal. 

    Exenta de cualquier grandilocuencia, es una obra de emociones contenidas. Éstas se conectan con los corazones y las vivencias de cada espectador. Allí la transferencia es completa, negativismo y positivismo, fiel reflejo de nuestra propia existencia. Cine honesto, sin tapujos ni filtros, llenos de instantes brillantes descritos con realismo y sensibilidad. Blue Valentine hace honor a su título en una hermosa elegía donde todos, alguna vez, fuimos protagonistas.

    Emilio Luna.

    Lo mejor: Ryan Gosling & Michelle Williams.

    Lo peor: Su nula distribución europea pese al marchamo de clásico atemporal.

    Puntuación | 9/10.

    Artículos relacionados | Crítica de Rabbit Hole; Crítica de Revolutionary Road; Crítica de 500 días juntos; Crítica de Like Crazy.
     
    Blue Valentine poster

    Blue Valentine poster

    Blue Valentine, Derek Cianfrance
    por Emilio M. Luna
    mayo 04, 2011

    CRÍTICA | BLUE VALENTINE

    por Emilio M. Luna | mayo 04, 2011
    "Monsters", de Gareth Edwards
    UN BESO A MEDIANOCHE
    Monsters, de Gareth Edwards

    "Modesto e interesante drama romántico en plena infección alienígena, repleto de tensión y momentos brillantes en una de las propuestas más originales de la temporada."

    El eco de una cinta británica sobre una invasión extraterrestre llevaba varios meses errante por la red. Un eco de volumen más alto, a medida, que se va estrenando en diversos países y festivales de género (Sitges). Hablamos de Monsters (2010), una modesta ópera prima a cargo de Gareth Edwards. Una campaña silenciosa y efectiva, similar a la que tuvo District 9 de Neil Blomkamp el año pasado y que contrasta con el marketing de viral de Cloverfield (2008) de Matt Reeves, cintas con las que se ha comparado la película de Edwards. Comparaciones que se difuminan durante la proyección de Monsters, donde tan sólo el trasfondo político-social la emparentan levemente con la cinta de Blomkamp. Monsters juega con las apariencias y sorprende por su temática, su estilo y, sobre todo, su historia.

    Edwards, afamado técnico de efectos especiales en producciones británicas, se ha declarado un seguidor acérrimo del género. Con Monsters, quería llevar este tipo de temática a otro nivel. Monsters narra el encuentro de una pareja de jóvenes con vidas llenas de dudas y cuestiones, que deben afrontar la vuelta a casa en plena infección de seres extraterrestres. La acción se desarrolla en una zona entre México y Estados Unidos, plagada de grandes criaturas muy agresivas con el ser humano. Es inevitable el mensaje político y social que desprende la película de Gareth Edwards. Pero lo importante en Monsters es la historia romántica entre Andrew (Scott McNairy) y Samantha (Whitney Able). Monsters no es una cinta de acción es una tragedia amorosa, rodada y mostrada con mucha elegancia.

    Las criaturas son el fondo, el sonido y la atmósfera del film. La tensión es latente de principio a fin. Edwards aborda con maestría la narración, donde es tan importante lo que visionamos cómo lo que está oculto. Edwards juega con el espectador inyectando un halo de incertidumbre de la que Monsters jamás se desprende. Tensión y suspense contenido que acompaña el caminar de dos personas tan diferentes cómo similares en mundo devastado. Un hombre de vuelta de todo y una chica de camino incierto conectan entre la desesperanza y el dolor. Un sutil retrato romántico presentado con pausa y sensibilidad. La modestia de esta cinta independiente tiene, quizás, como gran acierto el toque intimista con el que está rodada, empático con el espectador ávido de conocer más información sobre este mágico cuento de hadas y bestias.

    Monsters posterMonsters comparada de manera errónea con cintas nombradas anteriormente, tiene un pariente más cercano, salvando la distancias, en La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds, 2005). La epopeya familiar dirigida por Steven Spielberg, alternaba la espectacularidad con una historia sobre la paternidad que le daba credibilidad a la trama. Eliminando el gran presupuesto y las poderosas escenas de acción, Monsters se acerca al concepto de la película de Spielberg. Carente de acción, Monsters es el Lost In Translation del género. Una visión que provocará la sorpresa en el espectador predispuesto a aventuras estereotipadas. Un film donde los momentos engullen a los diálogos, donde los desconocidos protagonistas pudieran ser nosotros mismos. Una historia que remarca la significancia de los sentimientos tan poderosos cómo frágil es su mundo.

    Técnicamente el largometraje de Edwards roza el sobresaliente. La breve presencia de las criaturas está resuelto de manera excelente. Efectos elaborados por su director también creador del guión y director de fotografía. Un uso de luces espectacular que casa por completo con el aire íntimo del film, al igual que la banda sonora de Jon Hopkins. Todo cobra una básica importancia en su final, un clímax lleno de lírica que sobrecoge y aturde dando pleno significado a la trama. El lienzo final nos deja atónitos y sorprendidos ante una historia donde el amor supera las circunstancias. Un concepto eterno que fluye y permanece dando sentido a (su) nuestra existencia.
     
    Whitney Able

    Lo Mejor: La pareja protagonista. La dirección de Gareth Edwards. El planteamiento y la originalidad de la propuesta

    Lo Peor: Su falta de espectacularidad y las inevitables comparaciones pueden decepcionar a un público ávido de otro tipo de cine.

    Puntuación: 8/10

    Emilio Luna.
    crítico de cine.

    por Emilio M. Luna
    octubre 21, 2010

    MONSTERS (GARETH EDWARDS, 2010)

    por Emilio M. Luna | octubre 21, 2010

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