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    Sitges 2014
    Sitges 2014
    Alleluia

    Criminales incomprendidos

    crítica de Alleluia (Fabrice Du Welz, 2014).

    En los años 40 unos tales Raymond Fernández y Martha Beck cometieron en Estados Unidos una serie de crímenes de sangre, apodados “de los corazones solitarios”, por los que a finales de dicha década serían condenados y ejecutados. Lo cierto es que por sus circunstancias y trasfondo los siniestros sucesos cobraron cierta fama y han sido llevados a la pantalla en varias ocasiones. Entre ellas cabe citar las películas Profundo carmesí (Arturo Ripstein, 1996), una producción española que aprovechaba el origen nacional del asesino para apropiarse sus andaduras; y Corazones solitarios (Lonely Hearts, Todd Robinson, 2006), cinta norteamericana que centraba en cambio su foco en los detectives que pudieron investigar el caso. Para más precisión el mismo giraba en torno a las muertes de unas pobres mujeres seducidas por Fernández con la complicidad de Beck, hecho insólito que demuestra el trastorno mental que ambos sufrían, plasmado a su vez en el amor incondicional que se profesaban. De hecho esta prevalencia de la pasión sobre la razón, motivada por el pasado oscuro de ambos personajes, es la que nos permite encontrar el hilo de sus desventuras, pues de lo contrario las mismas serían difíciles de entender. En otras palabras, salvo que la narrativa deje de lado esas verdaderas motivaciones y apueste por una trama más convencional, asistiremos a unas acciones erráticas e irracionales que sólo conociendo esa perturbación subyacente adquieren auténtico sentido.

    Consciente de ello, el cineasta belga Fabrice Du Welz retoma estos hechos reales pero los desarrolla con un enfoque decididamente sensorial, llevando a un segundo plano la citada narrativa que recorre los asesinatos. Antes de referirnos a aquel cabe señalar que en la película éstos se reducen a tres, aquellos por los cuales sus responsables fueron en concreto acusados, y por consiguiente el metraje está dividido en tres capítulos con el nombre de sendas víctimas. Se recogen igualmente datos veraces como las migrañas y la magia negra que caracterizaban al Fernández original, o el empleo en la morgue de la susodicha Beck. Con todo, aquel se llama ahora Michel y es francés; mientras que ella es Gloria, española, con los rasgos de una Lola Dueñas entregada a la causa que para nosotros hace algo más accesible una cinta bastante peculiar. Conocido el fondo narrativo, e incluso las causas y consecuencias de los delitos, Du Weltz y sus coguionistas reducen pues la importancia de los mismos al rodearlos de estimulaciones opacas, elipsis enigmáticas y localizaciones extrañas. La acción se sitúa en los desconocidos paisajes y viviendas del campo francés a los cuales acuden los protagonistas sin preaviso aunque a la vez con un plan aparentemente trazado. Y con el favor increíble y crédulo de sus residentes y futuras víctimas. De esta manera, se va dando por descontado, de forma progresiva y creciente en cada uno de los tres capítulos, que la pareja de psicópatas es capaz de vivir sin penurias, alojándose en lugares ajenos, gracias a su mera capacidad de seducción e ingenio sobre la gente que en ellos habitan.

    por Ignacio Navarro
    agosto 30, 2015

    Crítica | Alleluia

    por Ignacio Navarro | agosto 30, 2015
    Young Ones

    Por un puñado de agua

    crítica a Young Ones (Jake Paltrow)

    Hijo del realizador Bruce Paltrow y la veterana actriz Blythe Danner, y hermano de la famosísima Gwyneth, Jake Paltrow ha decidido seguir los pasos artísticos de su progenitor e intentar labrarse un nombre como director. Su primer intento, la comedia romántica La chica de mis sueños (2007), pasó con más pena que gloria, algo que, sin duda, influyó para que tardara siete largos años en volver a ponerse tras las cámaras en un segundo largometraje. Por fortuna, y a diferencia de su ópera prima, Young Ones (2014) atesora suficientes atractivos y aciertos para ganarse la confianza de quien pudiera dudar de los méritos propios de este cineasta en ciernes. Por lo pronto, su guion, obra del propio Paltrow, fue premiado en el Festival de Sitges, algo que hizo que muchas fueran las miradas que se posaran sobre esta pequeña película, tan imperfecta como fascinante.

    Lo primero que destaca, inevitablemente, de Young Ones es que, pese a tratarse de una historia de ciencia ficción en su variante de futuros distópicos, su estética y ritmo son más propios de los spaghetti westerns de los 60 y 70. El paisaje post-apocalíptico que retrata Paltrow en su película es el de un planeta en el que la escasez de agua ha hecho que éste sea el bien más preciado (y una moneda de cambio que sustituye al dinero), provocando una guerra por la supervivencia que ha hecho que la población se haya reducido considerablemente. Los áridos parajes y la manera en que los personajes mueren y matan impunemente por el agua son más propios del cine de Sergio Leone que de la fantástica trilogía de Mad Max, con la que pudiera guardar ciertas similitudes argumentales –especialmente con aquella joya de la corona que fue la segunda entrega, Mad Max 2, el guerrero de la carretera (George Miller, 1981)–. Al contrario que aquellas aventuras protagonizadas por Mel Gibson, Young Ones huye de la aparatosidad y el exceso de acción para entrar en unos terrenos mucho más introspectivos en donde los personajes, sus conflictos y motivaciones, se convierten en el verdadero motor de una trama cocinada a fuego lento a lo largo de tres actos. Cada uno de estos episodios está construido desde la óptica de uno de los tres personajes masculinos principales –el padre de familia, el conflictivo novio de la hija y el introvertido hijo adolescente– sobre los que se va tejiendo una historia de crimen y venganza que no sería tan original si no fuese por los anacronismos de su magnífica puesta en escena. Así, a falta de animales que ayuden a labrar la tierra, los granjeros de este western futurista utilizan una especie de mula mecánica que jugará un papel importante en la trama.

    por José Martín León
    abril 13, 2015

    Crítica | Young Ones

    por José Martín León | abril 13, 2015
    Honeymoon

    El despertar de la nueva carne

    crítica a Honeymoon (Leigh Janiak, 2014) / ★★★

    Honeymoon podría ser un ejemplo perfecto de todo lo que debería ser una ópera prima que carece del presupuesto y los medios necesarios para salirse de los parámetros de la serie B. La debutante directora Leigh Janiak sabe que, a falta de grandes efectos especiales o excesivas florituras visuales, el éxito de su empresa pasa por sorprender al espectador a través de una historia que atrape su atención desde el minuto uno y que no lo suelte hasta una vez concluidos los títulos de crédito finales. Por eso, a través de un guión coescrito junto a Phil Graziadei, Janiak sabe aprovechar muy bien los pocos elementos de los que dispone para construir una efectiva cinta de suspense psicológico, que saca un fenomenal partido de los únicos cuatro actores que aparecen en ella. El escenario en donde se enclava la trama no es nuevo, desde luego. La cabaña perdida en el bosque ya ha sido utilizada en multitud de éxitos del género, desde Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) a La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012), pasando por la imprescindible Posesión infernal (Sam Raimi, 1981), por lo que el amenazante lago cercano a la casa, los crujidos de madera a medianoche y la omnipresente sensación de los personajes de estar siendo vigilados por alguien o algo son situaciones con las que cualquier aficionado al terror ya se encuentran familiarizados.

    Janiak, sin embargo, utiliza todos esos tópicos para ofrecer algo totalmente diferente. Los primeros 20 minutos de metraje son bastante desechables y no sirven más que para mostrarnos el exceso de cursilería de los sentimientos que se profesan los recién casados desde que se instalan en la granja familiar de ella, situada en los bosques de una Canadá que continúa asentándose como destino turístico de pesadilla tras el reciente estreno de Tusk (Kevin Smith, 2014). Con este romanticismo empalagoso conocemos a Paul y Bea, la típica pareja que acaba de pasar por la vicaría y comienza a hacer planes de futuro del tipo ser padres. Una vez superada la introducción y su presentación de personajes, Honeymoon se va tornando en una experiencia bastante más oscura y climática, presentándonos a una Bea que se levanta de la cama, sonámbula, en mitad de la noche, para aparecer en medio del bosque, desnuda y confundida. Es a partir de ahí cuando comienzan los comportamientos extraños, las sospechas del marido y las incógnitas acerca de unas extrañas marcas que la muchacha presenta en sus muslos. Resulta conveniente no desvelar mucho más de la trama, pero lo cierto es que, mostrando lo mínimo posible y manteniendo un ritmo lento pero preciso, la directora consigue momentos de verdadera incomodidad. El minimalismo de la puesta en escena y el tratamiento del desequilibrio mental tan vinculado al sexo se acercan más a los territorios de la polémica Antichrist (Lars von Trier, 2009) que a los títulos de terror antes citados y, lo que es más sorprendente, el guión termina descubriendo una perturbadora relectura de aquellos clásicos de la ciencia ficción de los años 50 del tipo El enigma de otro mundo (Christian Nyby, Howard Haks, 1951) o La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956).

    por José Martín León
    febrero 24, 2015

    Crítica | Honeymoon

    por José Martín León | febrero 24, 2015
    Tusk

    De New Jersey a Canadá

    crítica a Tusk (Kevin Smith, Estados Unidos, 2014).

    20 años separan a Clerks (1994), la inmejorable ópera prima de Kevin Smith, de su última película estrenada hasta la fecha, Tusk (2014), que fue presentada en el Festival de Toronto con división de opiniones. Mucho ha llovido desde que las peripecias de aquellos dos cajeros de supermercado conquistaran a crítica y público a base de irreverencia, descacharrantes diálogos plagados de referencias cinéfilas y una frescura encantadora. El Premio de la juventud a la mejor película extranjera en Cannes y el Trofeo cineastas de Sundance pusieron el listón muy alto para Smith a la hora de estar a la altura de la genialidad de Clerks con sus siguientes trabajos. El cineasta de New Jersey se ha visto obligado a demostrar, película tras película, que aquel éxito no fue flor de un día, aunque también es cierto que, exceptuando la agridulce Persiguiendo a Amy (1997) –notable retrato de las relaciones de pareja que podría calificarse como su obra de madurez– Smith se ha prodigado demasiado en comedias que bebían del espíritu y los aciertos de su debut, incluyendo en la mayoría de ellas el cameo de los inefables Jay y Bob el Silencioso, sus personajes fetiche y toda una marca de la casa. Era necesario un cambio de aires en su carrera y ese llegó con la destacable Red State (2011), violenta visión del fanatismo religioso que sorprendió a propios y extraños, logrando el premio a la Mejor película en Sitges. Con Tusk intenta el director dar un paso más allá en el género del terror, sin desvincularse del todo de ese humor friki que siempre le ha caracterizado.

    Concebida como la primera parte de la denominada Trilogía del Verdadero Norte, compuesta por historias construidas a partir de la mitología canadiense, Tusk cuenta la historia de Wallace, el egocéntrico conductor de un programa radiofónico que, en su viaje hasta Canadá para entrevistar a un friki que arrasa con su sangriento video en Youtube, termina descubriendo la historia de Howard Howe, un tipo que fue salvado de morir en el mar por una morsa. Buscando documentarse sobre este curioso suceso, Wallace acaba prisionero del misántropo Howe, aficionado a someter a seres humanos a una serie de operaciones que les convierte en animales. Un punto de partida que, sobre el papel, recuerda demasiado al planteamiento de la violenta The Human Centipede (Tom Six, 2009), pequeño éxito proveniente de los Países Bajos, que también compartía su gusto por el humor negro y escatológico, incluyendo otro villano que también se valía de sus conocimientos de cirugía para realizar auténticas aberraciones con sus víctimas. Si el Dr. Heiter de aquel filme estaba obsesionado con diseñar un ciempiés humano, uniendo los cuerpos de varias personas, el no menos perturbado Howard Howe se dedica a convertir a sus prisioneros en morsas. La diferencia entre ambas obras reside en que Smith no se regodea en la violencia gráfica, siendo ésta mucho menos explícita que en la cinta holandesa. En su lugar, opta por no tomarse demasiado en serio la historia que está contando, dando prioridad a la sátira por encima de la sangre o las vísceras.

    por José Martín León
    diciembre 26, 2014

    Crítica | Tusk

    por José Martín León | diciembre 26, 2014

    El diablo justiciero

    crítica a Horns (ídem, 2013), dirigida por Alexandre Aja. | ★★★★ |

    De casta le viene al galgo se suele decir y al maestro de las novelas de terror Stephen King le ha salido un alumno aventajado en la figura de su hijo Joseph Hillstrom King, más conocido por el seudónimo Joe Hill, en un intento de no aprovecharse de su popular apellido para labrarse una consistente obra propia. Novelista y guionista de cómics, Hill ha sido alabado por la crítica (y reconocido con algunos premios prestigiosos) por su aportación al género de la fantasía. Era tan solo cuestión de tiempo que su trabajo fuera trasladado a la gran pantalla, del mismo modo que casi todas las obras de su padre terminan adaptadas al cine. El trabajo elegido para este debut en el medio ha sido Horns, su tercer libro tras Fantasmas y El traje del Muerto, considerado por muchos como su obra maestra hasta el momento. Lo hace, además, por todo lo alto, ya que tras las cámaras se ha puesto uno de los nombres más aclamados del género en los últimos años, Alexandre Aja, empeñado en adaptar una novela de la que había quedado prendado. El realizador de dos peliculones como Alta tensión (2003) y, sobre todo, el remake de Las colinas tienen ojos (2006) que, por una vez, supera al clásico de Wes Craven, encuentra en este material una oportunidad perfecta para recuperar el buen pulso perdido en trabajos más alimenticios (aunque nada desdeñables) como Reflejos (2008) y Piraña 3D (2010).

    Horns (Cuernos) es una historia muy en la línea de Stephen King, que repite el tema de la persona vulgar a la que una maldición le complica la vida convirtiéndola en una pesadilla –recordemos Maleficio, en la que el protagonista no podía dejar de adelgazar a gran velocidad, tras ser maldecido por un viejo gitano–. El relato transcurre, en esta ocasión, en un pequeño pueblo consternado tras la violación y asesinato de la joven Merrin, cuyo cuerpo apareció sin vida en medio del bosque. Todas las sospechas recaen sobre el novio de la chica, Ig, al haberse visto a la pareja discutir acaloradamente en un bar la misma noche del crimen. Nadie cree en la inocencia del joven, por lo que éste decide emprender su propia investigación con el fin de limpiar su nombre, contando con la inesperada ayuda de unos cuernos que comienzan a brotar de su frente y que parecen dotarle de un poder diabólico para hacer florecer el lado oscuro de la gente que le rodea. Esta hábil combinación de cine negro, fantasía, unas gotas de romance y mucho humor negro ha sido, afortunadamente, bien aprovechada por Aja para entregar la que es su mejor película en muchos años, oscura, divertida y muy rica visualmente. Si hay algo en lo que el cineasta nunca falla es en su capacidad para crear imágenes fascinantes que perduran en la retina de los amantes del género fantástico. En Horns, gracias a unos estupendos efectos especiales y al creativo trabajo de Frederick Elmes en la preciosista fotografía, podemos disfrutar de momentos tan memorables como el que tiene como protagonista a uno de los personajes, víctima de alucinaciones tras una sobredosis de drogas.

    por José Martín León
    octubre 16, 2014

    Crítica | Horns

    por José Martín León | octubre 16, 2014

    Fantasía ventrílocua

    crítica a La distancia (2014), dirigida por Sergio Caballero. | ★★★ |

    El hundimiento de la Unión Soviética como metáfora de lo que pudo ser y de lo que feneció torcido —por cuestiones no ya económicas ni ideológicas, sino mandatarias— consiste aquí en un guarda con tacones rojos que se masturba furiosamente y, muy al trantrán, acosado por el placer más solitario, grita: ¡Pluto! Dos sílabas que adquieren en el desierto nevado de Siberia nuevas dimensiones o se abren a otra dimensión aún desconocida. Los cuerpos mutantes caminan entre dos realidades, ésta irreal, y una segunda invisible. Así, el vigilante sin "dueño" vigila no se sabe bien qué, pero no rehúye un solo día su encuentro con La distancia, performance que le fue robada a su excéntrico autor, ahora recluido junto a una central térmica que dirigía en los buenos tiempos un bolchevique aficionado al esoterismo. Y todo, a los pies de una mina de carbón también huérfana, es decir, sin dueño. Porque éste murió cinco años atrás y olvidó legar sus pertenencias, y el artista/secuestrado se quedó en catre, más solo que Robinson Crusoe, con una máscara de barro medicinal y un zorro pululando a capricho por la estancia, cuya decoración es: un escritorio, dos liebres muertas colgando de un pincho y, más arriba, tres gigantescas pizarras con fórmulas y cálculos matemáticos y el susodicho colchón sobre un antiguo somier de muelles. De esos que recuerdan a los tirantes de P. Tinto, que nunca supo si lo de cumplir con Olivia era cuestión de calidad o de cantidad, aun apostando siempre en sus envites por la tenacidad romana. Ya saben: tralarí, tralarí. Nadie invoca en La distancia a la cigüeña, y la gaseosa es sustituida por ese otro licor que calienta un iceberg y es —¡nasdrovia!— vodka, chupitos ardorosos de vodka; gasolina para combatir un invierno perpetuo y que amenaza surrealismo.

    –Quiero que entres y localices la sala de las calderas.
    –¿No sería más fácil acabar con el guarda?
    –Aquí el que manda soy yo, y además tenemos un timing.
    –Tenemos un timing, tenemos un timing... Me tienes hasta los cojones. Llevo aquí tres días y aún no he matado a nadie.

    Presentada a competición en el recién clausurado Festival de Sitges y en otro relevante europeo como es el de Róterdam, esta parábola de fractales quijotescas —escrita y dirigida por Sergio Caballero— deviene película freak del año. Sin acepciones peyorativas. Pocos sabrán de su existencia, y los que gusten se interrogarán a un tiempo aturdidos y con la imaginación bailando tangos, entre cubos que exhalan blanquecino como botafumeiros nipones y casetes que aúllan penurias de mujeres ¿siendo torturadas?, mientras tres enanos asesinos con la recua al culo y que se comunican telepáticamente urden un cochambroso plan a petición del artista, que reclama su masterpiece; así lo dicen los que saben idiomas. Y este cine no es para todos porque no ha habido nunca uno para todos. Se excede Caballero, eso sí, a la hora de torturarnos con navaja e higadillos muy estéticos que, si no estuvieran, mejor y gracias. A lo largo de siete días, siete capítulos que se consagran a un humor casi imperceptible, más comedia por (d)efecto que por trayectoria argumental, los personajes se desprecian a capones dialécticos, y la prosopopeya, eso tan literario y posmoderno consistente —entre otras travesuras— en humanizar objetos inanimados, o bien funciona o bien te obliga a pensar en el género, precisamente, de animación: se intuye la sátira teledirigida contra Disney y ciertos iconos de la cultura pop (nótese la repugnante mortadela Yoko Ono), cuyas apariciones ya no confieren siquiera halos póstumos, por el qué dirán hoy, ni aristas que pulir con artículos biodegradables. Tal vez sea una vendetta personal del autor; un guiño a su vertiente musiquera.

    por Anónimo
    octubre 16, 2014

    Crítica | La distancia

    por Anónimo | octubre 16, 2014
    Under the Skin

    Hora de despertar

    Las 10 mejores películas de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Casi sin darnos cuenta Sitges 2014 ya ha llegado a su fin. Ha sido una edición intensa, la primera vivida por un servidor al otro lado de la barrera después de unos cuantos años acudiendo como espectador. Por esa misma razón, comparativamente, este texto no podrá hacer referencia a las mejoras y las deficiencias de este año respecto a pasadas ediciones del festival. Comentándolo con los compañeros de otros medios, eso sí, parece haber una opinión consensuada en que este año se han mejorado en algo los problemas organizativos que se sufrieron la pasada entrega. Experimentada en primera persona la pesadilla para adquirir las limitadas entradas de prensa a las 7 de la mañana lo cierto es que, siendo sinceros, en su balance final solo una resultó ser misión imposible. A partir de ahí, los siempre presentes retrasos en muchas de las sesiones, las obligadas carreras entre un espacio y otro fruto de los mismos retrasos, el cambio de la sesión sorpresa por la sosería de una maratón final de madrugada cuyas propuestas carecían, precisamente, de cualquier sorpresa y los preocupantes apagones experimentados en el Teatre Prado y en el Auditori han puesto las notas negativas a unos diez días de cine absolutamente inolvidables.

    La línea temática que este año, supuestamente, vertebraba el festival era el mundo onírico. Decimos supuestamente porque, en torno a esta idea solo una de las películas que vimos dentro de la Secció Oficial Fantàstic, la interesantísima Réalité de Quentin Dupieux, parecía construirse en torno a esa línea temática. El resto, básicamente, han vuelto la mirada tanto a la infancia para hablar de inocencias rotas (Goodnight Mommy) como una vuelta a las bases del género, bien sea para hablar de la imposibilidad de volver a él (The Guest, Aux Yeaux des Vivants, Young Ones), para hacer visible la pervivencia del pasado en la construcción de lo presente (It Follows, The Babadook) o, por el simple (y algo vácuo) gusto de volver a ellas (Cub). Otras han vuelto a dibujar un universos distópicos, apocalípticos y totalmente desoladores (Young Ones, The Rover, Hard to be a God) mientras que difuminar la línea entre lo real y lo ficticio ha sido el campo de trabajo de propuestas tan sorprendentes como el Over your dead body de Takashi Miike. En definitiva, de Sitges 2014 nos llevamos una buena cosecha. Siempre y cuando nadie nos recuerde el interminable palmarés final. No porque I Origins no nos haya gustado, sino porque ha habido propuestas mucho más arriesgadas y superiores al melodrama sci-fi de Mike Cahill. Nos duele en el corazón que It Follows, la que parece haber sido la película que mayor consenso ha generado en esta edición, no haya estado representada en el listado de honor. Acabamos de volver de Sitges y ya tenemos el mono. 365 días para la siguiente edición. Seremos pacientes. Mientras, a revisionar las mejoras obras presentadas. Estas son las 10 mejores películas para EAM.

    por Anónimo
    octubre 13, 2014

    Sitges 2014 | Las 10 mejores películas

    por Anónimo | octubre 13, 2014
    P’tit Quinquin

    Joe Dante cierra Sitges

    Crónica de la novena jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Desde que, dentro del marco del Festival de Sitges, se ha popularizado esto de la Zombie Walk, siempre he pensado que la organización haría bien en llevarla al último día del certamen. Sobre todo por aquello del ambiente: estarían los zombis de pacotilla (dicho desde el cariño, entiéndase), aquellos que solo acuden ese día al festival a pasárselo bien disfrazados de muertos vivientes; y luego nos encontraríamos a los zombis auténticos, aquellos que tras 30, 40, 50 o 60 películas encima del cuerpo ya están a un paso de dejar de ser personas. En nuestro caso, nos propusimos que de Sitges nos íbamos a despedir a lo grande. Nada de caras largas, fuera cansancios (algo difícil después de llevar perdidas muchas horas de sueño) y mucha energía para el Día D del festival. El día en el que nos las íbamos a ver con lo nuevo de Joe Dante, Isao Takahata, Bruno Dumont y la polémica (pero no tan radical) The Tribe, el debut en la dirección de un director ucraniano de apellido impronunciable. Casi nada. Por resumir mucho: floja la primera, hermosa la segunda, divertida bizarrada la tercera y algo decepcionante la cuarta. Nuestro último día en Sitges ha sido también el día en el que hemos conocido que I Origins, de Mike Cahill, ha acabado llevándose el gato al agua dentro de la Secció Oficial Fantàstic, la sección más importante del festival. Y aunque no nos haya convencido del todo, nada comparado al horror de los galardones concedidos a una propuesta como Cub, quizás una de las películas más flojas de un certamen cuyo palmarés se presenta anormalmente interminable.

    por Anónimo
    octubre 13, 2014

    Sitges 2014 | Día 9. Críticas: 'Burying the Ex', 'P'tit Quinquin', 'La princesa Kaguya' y 'The Tribe'

    por Anónimo | octubre 13, 2014

    La mirada de Albert

    Palmarés de la 47ª edición del Festival de Sitges

    No era la mejor película presentada. Pero, aun así, el triunfo de Orígenes (I Origins) es justo. ¿Por qué? La respuesta es porque fue el que más sorprendió al público de Sitges. Una propuesta emocional que trata en su justa medida temas como el amor a través del tiempo y las teorías einstenianas sobre la resurrección. Todo a través de algo tan simple y complejo a la vez, como el iris ocular. Sus defectos, que los tiene, se aparcan a un lado tras asistir a un final que deja huella. Así lo determinó la platea de Karlovy Vary, y Sitges no ha sido menos. Gran impulso para la cinta de Mike Cahill que llegará a nuestro país el 14 de noviembre, vía Fox Searchlight. Siguiendo con la diosa justicia, otra de las sensaciones del certamen, la aussie The Babadook, no se fue de vacío, siendo recompensada con el Gran Premio del Jurado. La cinta dirigida por Jennifer Kent debe ser uno de los hitos del género esta temporada. Su paso por la ciudad catalana le debería asegurar un holgado estreno en España. Del resto del palmarés, a destacar los triunfos de Julianne Moore, por su impagable labor en Maps to Stars, y el sorprendente entorchado al belga Jonas Govaerts como mejor director por su trabajo en Cub. Con el listado de vencedores termina la 47ª edición del Festival de Sitges. No aún para EAM, a la espera de la última crónica de nuestro compañero Daniel Jiménez Pulido y el habitual Top 10 con lo mejor del festival.

    SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC SITGES 47


    Premio a la mejor película
    ■ I ORIGINS, de Mike Cahill.

    Premio especial del jurado
    ■ THE BABADOOK, de Jennifer Kent.

    Premio a la mejor dirección
    ■ CUB, de Jonas Govaerts.

    Premio al mejor actor
    ■ Nathan Phillips por THESE FINAL HOURS, de Zak Hilditch.
    ■ Koji Yakusho por THE WORLD OF KANAKO, de Tetsuya Nakashima.

    Premio a la mejor actriz
    ■ Essie Davis por THE BABADOOK, de Jennifer Kent.
    ■ Julianne Moore por MAPS TO THE STARS, de David Cronenberg.

    Premio al mejor guión
    ■ YOUNG ONES, de Jake Paltrow.

    Premio a la mejor fotografía
    ■ JAMIE MARKS IS DEAD, de Carter Smith.

    Premio a los mejores efectos especiales
    ■ THE SIGNAL, de William Eubank.

    Premio al mejor cortometraje
    ■ OSCAR DESAFINADO, de Mikel Alvariño.

    Mención especial
    ■ POS ESO, de Sam.
    ■ WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi y Jemaine Clement.
    ■ A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT, de Ana Lily Amirpour.
    ■ SPRING, de Justin Benson y Aaron Moorhead.

    Gran Premio del Público
    ■ WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi y Jemaine Clement.

    SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC ÒRBITA 


    Premio a la mejor película
    ■ HYENA, de Gerard Johnson.

    Premio al mejor director
    ■ COLD IN JULY, de Jim Mickle.

    Mención especial
    ■ ’71, d’ Yann Demange.

    SECCIÓN FANTÀSTIC PANORAMA


    Premio al mejor largometraje
    ■ THE TREATMENT, de Hans Herbots.

    Mención especial
    ■ CREEP, de Patrick Brice.

    Premios Méliès d’Argent 


    Premio al mejor largometraje
    ■ GOODNIGHT MOMMY, de Veronika Franz y Severin Fiala.

    Premio al mejor cortometraje
    ■ AUTUMM HARVEST, de Fredrik S. Hana.

    NOVES VISIONS- NO FICCIÓ


    Premio a la mejor película de ficción
    ■ HAN GONG-JU, de Lee Su-jin.

    Premio a la mejor película de no ficción
    ■ NON-FICTION DIARY, de Jung Yoon-suk.

    Mención especial
    ■ THE DUKE OF BURGUNDY, de Peter Strickland.


    por Emilio M. Luna
    octubre 12, 2014

    Sitges 2014 | Palmarés. Orígenes, mejor película

    por Emilio M. Luna | octubre 12, 2014
    The Duke of Burgundy (Peter Strickland, 2014)

    Quebrando el género

    Crónica de la octava jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    En pleno proceso de asimilación sobre el fin de un festival que está a la vuelta de la esquina, todavía nos queda alguna pequeña joya que recuperar mientras esperamos el Día D de este Sitges 2014. Empezamos por The Duke of Burgundy, la sugerente nueva propuesta de Peter Strickland, que vuelve a los referentes para seguir expandiendo un universo propio fascinante. La belleza formal de la película de Strickland, contrasta con la sequedad expositiva de un filme como The Rover —de la que ya os hablamos tras su paso en Karlovy Vary y su estreno en Irlanda—, la violenta y brutalmente nihilista distopía futurista de David Michôd que cuenta con un Guy Pearce en estado de gracia. Mientras, It Follows también apuesta por los bastiones del género para llevarlos a una suerte de abstracción en el que el terror surge de una premisa mínima. Una verdadera joya que se ha convertido en una de las mejores obras vistas en lo que va de festival. Justo en el lado contrario, algo como Sword of Vengeance, una de las peores maneras posibles de terminar una noche.

    por Anónimo
    octubre 11, 2014

    Sitges 2014 | Día 8. Críticas: 'The Duke of Burgundy', 'It Follows' y 'Sword of Vengeance'

    por Anónimo | octubre 11, 2014

    Iconos asiáticos

    Crónica de la séptima jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Pasado el ecuador del festival, hoy quizás nos hayamos encontrado ante el día en el que el índice de la calidad de las propuestas vistas haya sido el más equilibrado. Y eso, es algo sorprendente, porque si de una no esperábamos prácticamente nada, a la otra habíamos llegado casi de rebote. Empezamos por el ejercicio de contención suicida de Over Your Dead Body, una de las últimas propuestas de Takashi Miike (aunque hablar como "última propuesta" del director japonés parece, hoy en día, una quimera), en el que plantea un ejercicio metalinguístico desde una visión tan hipnótica y sugerente como audaz. Por otra parte, Alleluia, el mejor trabajo de Fabrice du Welz, es también el más radical en cuanto a una puesta en escena que fragmenta y se pega al cuerpo y los rostros de unos personajes contaminados por el amour fou. Mientras que Faults, el primer largometraje de Riley Stearns se erige como una divertida sátira que pone en crisis nuestra supuesta capacidad de decisión y voluntad propia.

    por Anónimo
    octubre 10, 2014

    Sitges 2014 | Día 7. Críticas: 'Over your Dead Body', 'Alleluia', 'Faults' y 'One on One'

    por Anónimo | octubre 10, 2014
    Hola Luz

    Dos tráileres de parodias de terror protagonistas de la última campaña de HolaLuz.com


    Coincidiendo con el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, HolaLuz.com, la primera compañía online del Estado que ofrece energía 100% verde, vuelve a sorprender con su última campaña basada en dos vídeos de parodia de terror que pretenden ridiculizar el miedo a cambiar de compañía eléctrica.

    Bajo el título El Conde Rúcula y The Ring Ring, HolaLuz.com lanza el mensaje “Algunos miedos no asustan. Como los que tienes al cambiarte de compañía eléctrica”.

    El Conde Rúcula



    The Ring Ring



    A pesar de que desde el 1 de enero de 2003, cualquier cliente del estado español puede escoger su proveedor de electricidad, y aunque la liberalización es un hecho a nivel legal desde hace ya unos años, muchas personas aún no lo saben, y las que tienen miedo a salir de las grandes compañías de toda la vida.

    Algunos de los mensajes que HolaLuz.com quiere lanzar con un poco de humor a todos los consumidores, para quitarles el miedo a cambiar de compañía eléctrica, son:

    - No tengas miedo a estar sólo. Ya tienen más de 40.000 usuarios.
    - No temas a Goliat. Lideran la transformación del sector eléctrico en España.
    - Sin trampas ni letra pequeña. Precios justos y transparentes.
    - Sin zombis ni robots detrás del teléfono.
    - Sin papeleo del demonio ya que se encargan de todos los trámites del cambio.

    Y, sobre todo, no temas a la oscuridad, es imposible que te quedes sin luz ni un segundo por el cambio. Tanto que te ofrecen 500 € si te pasara.

    #OtraLuzEsPosible


    Porque HolaLuz.com defiende una manera diferente de hacer las cosas: apostando exclusivamente por energía verde, por un trato personalizado y cercano, sin permanencias ni gastos ocultos, por una gestión 100% online, por una App gratuita para smartphone que acaba con las lecturas estimadas... Un nuevo enfoque de compañía eléctrica cercana que lo último que hace es asustar a nadie.

    Corre hacia la luz. No tienes nada que temer.

    por Emilio M. Luna
    octubre 10, 2014

    El Conde Rúcula y The Ring Ring

    por Emilio M. Luna | octubre 10, 2014

    Género galo

    Crónica de la sexta jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Hoy limitamos el cupo a solo tres películas mientras comprobamos cómo el proyector del Auditori sigue jugando malas pasadas a los sufridos espectadores. La coreana A Hard Day nos recibe en primer lugar. Una historia algo ligera que no termina de poner toda la carne en el asador en ninguno de sus registros tonales. Eso no implica que, en su apuesta por el humor negro, la película cuente con golpes verdaderamente antológicos. Aux yeux des vivants, lo último de Julien Maury y Alexandre Bustillo, sin embargo, vuelve a la revisión de los géneros que ya habían planteado en Livide. Una cinta que adopta el imaginario escénico del slasher norteamericano de los 70 y 80 para trazar una lectura en clave metacinematográfica al estilo de la cacareada The Guest. Por último, terminamos el día corriendo hacia el Retiro para ver Colt 45, uno de los dos largometrajes de Fabrice du Welz que este año visitan Sitges (la otra, Alleluia, la tenemos marcada en rojo para el día de mañana). Un thriller de acción de encargo, con una trama brusca y algo escasa, pero que tiene en sus violentas set pieces de acción toda su razón de ser.

    por Anónimo
    octubre 09, 2014

    Sitges 2014 | Día 6. Críticas: 'Colt 45', 'A Hard Day' y 'Aux Yeux des Vivants'

    por Anónimo | octubre 09, 2014
    Jamie Marks is Dead

    El legado de Aleksei German

    Crónica de la quinta jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    El día de hoy era uno de esos marcados en rojo en nuestra agenda festivalera. Una jornada potente que empezábamos con la accidentada proyección (y van...) de Map to Stars, la satírica visión sobre la cara oculta de Hollywood de David Cronenberg cuya crítica ya pudieron leer en EAM y continuó con la polémica Goodnight Mommy, malsano relato que vuelve a intenta exorcizar los clásicos fantasmas de Austria; la desagradable y radical Hard to be a God, el testamento fílmico, brutalmente nihilista, de Aleksei German que terminó poniendo a prueba los estómagos de la platea (más de un arcada se escuchó entre las paredes del Teatre Prado); y, Jamie Marks is Dead, la romántica historia —made for Sundance— de adolescentes a la deriva entre la vida y la muerte que fue, sin duda alguna, la cenicienta del grupo. Por tanto, pocas decepciones y muchas alegrías para un festival que se encuentra ya en su ecuador, igual que nuestras fuerzas.

    por Anónimo
    octubre 08, 2014

    Sitges 2014 | Día 5. Críticas: 'Jamie Marks is Dead', 'Goodnight Mommy' y 'Hard to be a God'

    por Anónimo | octubre 08, 2014

    Dos damas y un mago

    Crónica de la cuarta jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Sin prisa pero sin pausa, el festival ya ha entrado en su última semana. Las horas de sueño perdidas, poco a poco, van cobrándose sus primeras víctimas en forma de películas a las que ya hemos tenido que decir adiós sin tan siquiera llegar conocerlas. Hoy hemos empezado el día con la nueva creación de Marjane Satrapi, The Voices, una cinta que sigue estando lejos de la calidad de su adaptación de Persépolis a la gran pantalla, pero, aun con todo, parece dibujar un camino interesante en su periplo por el cine norteamericano. Eso sin contar el mérito de sacarle partido a un Ryan Reynolds que, quizás, nunca haya estado mejor que aquí. Réalité, en cambio, sigue confirmando el talento de un director que, a partir del absurdo, sigue edificando valientes obras que bordean el suicidio. En su nuevo largometraje, a partir de un complejo entramado de sueños dentro de sueños que hace honor a la linea temática que este año propone el festival. El día lo despedimos con la ligera decepción con la que hemos acabamos A Girl Walks Home Alone at Night, una jarmuschiana (y pretenciosa) romántica historia de vampiros que condensa los males de muchos ambiciosos debuts. Producto Sundance de ruidoso séquito en forma de buenas críticas pero que, a la hora de la verdad, no es más un producto de marketing cuyo origen es su razón.

    por Anónimo
    octubre 08, 2014

    Sitges 2014 | Día 4. Críticas: 'The Voices', 'A Girl Walks Home Alone at Night' y 'Réalité'

    por Anónimo | octubre 08, 2014
    I Origins

    Miradas metafísicas

    Crónica de la tercera jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Aparte del recibimiento matutino de la lluvia, una conocida muy familiar del festival, nuestro tercer día en Sitges despierta con I Origins, la romántica incursión en el fantástico de Mike Cahill, y nos despide con la contundente y muy divertida The Guest, de Adam Wingard, una nueva vuelta a los 80, bajo el prisma de la posmodernidad, que en su resolución parece condensar y transformar unos referentes que resucitan bajo un cementerio de cartón piedra [crítica en EAM]. Entremedias, el posthumor de Taller Capuchoc, lo nuevo de Carlos Paidal y Miguel Noguera frente a la cámara nos dibuja una sonrisa para acabar abandonándonos en la nada, mientras que Montana nos sume en el más profundo de los letargos. Un poco de todo. Así es Sitges.

    por Anónimo
    octubre 07, 2014

    Sitges 2014 | Día 3. Críticas: 'I Origins', 'Taller Capuchoc', 'Montana', 'Pos eso'

    por Anónimo | octubre 07, 2014
    The Signal

    La verdad está ahí fuera

    crítica de La señal (The Signal), dirigida por William Eubank, 2014 | ★★★★ |

    William Eubank sorprendió muy gratamente en 2011 con su ópera prima Love, un drama de ciencia ficción de corte introspectivo e independiente sobre la soledad de un astronauta que se encuentra atrapado en una Estación Espacial Internacional. Los ecos de Moon (Duncan Jones, 2009) no sonaban tan lejanos, pero la cinta de Eubank logró labrarse su status de culto en un largo peregrinar por festivales de todo el mundo, entre ellos el altar del género: Sitges. Tras este éxito, todas las miradas estaban puestas en el siguiente paso del prometedor cineasta, de nuevo adscrito al género de la ciencia ficción. The Signal (2014) demuestra que, cuando hay talento y buenas ideas detrás, se pueden hacer maravillas con un escueto presupuesto de 4 millones de dólares. Como rezaba la frase promocional de la mítica serie de televisión Expediente X, “la verdad está ahí fuera” y, a lo largo de los años, numerosas películas se han nutrido de atractivas “leyendas urbanas” como el inefable área 51, las abducciones de humanos por inteligencias superiores llegadas del espacio exterior y demás sucedáneos. La fascinación del espectador por la temática extraterrestre en el cine viene de lejos, pero pocas veces se ha tocado el tema desde una perspectiva seria y sin recrearse en los aspectos espectaculares del mismo. The Signal lo hace, disfrazando la discutible falta de originalidad de su planteamiento con un atractivo envoltorio estético que hace que el filme entre por los ojos con facilidad.

    El punto de partida es sencillo: Tres jóvenes estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts emprenden un viaje al desierto de Nevada siguiendo la señal de un hacker llamado Nomad. Lo que comienza con un juego se convierte en una pesadilla para Jonah, Nick y Hailey, que acaban prisioneros en unas enigmáticas instalaciones científicas. Indefensos, confusos y con muchas preguntas sin responder (no conviene desvelar más detalles de la trama si se quiere entrar en la intriga lo más virgen posible), su único anhelo será huir de su encierro para volver a sus vulgares vidas anteriores. Se agradece que el guión se tome en serio, por una vez, a unos personajes que, por jóvenes, no necesitan ser, necesariamente, descerebrados o inmaduros. Olivia Cooke, Beau Knapp y, muy especialmente, Brenton Thwaites, conforman un apañado triángulo protagonista que hace perfectamente creíbles sus roles en una historia que incluye una trama romántica entre Nick y Haley que, lejos de resultar innecesaria o metida con calzador, logra que el espectador se involucre más emocionalmente con ellos. Ya desde sus primeras imágenes, The Signal destaca por su elegante fotografía y una climática música de Nima Fakhrara que, dado el arranque algo previsible del relato, hace temer que sus responsables se hayan decidido a primar el aspecto visual sobre el argumento. Afortunadamente, estas dudas quedan despejadas cuando el filme se va tornando poco a poco en una experiencia mucho más claustrofóbica y sugestiva desde el momento en que Nick despierta en su cautiverio y hace acto de presencia el misterioso personaje de Laurence Fishburne (perfecto en su inexpresividad y falta de empatía). Es entonces cuando la propuesta de Eubank se desliza hacia los terrenos de la conspiración paranoica de Cube (Vincenzo Natali, 1997) y encuentra una gran baza en los asépticos y blancos escenarios que sirven de prisión a unos personajes que son tratados como conejillos de indias por un personal enfundado en herméticos trajes que les aísla de posibles contaminaciones o la aparición de algún personaje excéntrico –el de la estupenda Lin Shaye, la vidente de la saga Insidious– que añade más desconcierto a la situación, si cabe.

    por José Martín León
    octubre 05, 2014

    Crítica | La señal

    por José Martín León | octubre 05, 2014

    Terror aussie

    Crónica de la segunda jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    De las seis películas vistas en nuestros primeros pasos por este Sitges 2014, sólo una permanece martilleando nuestra cabeza. Probablemente, el hipnótico y sensorial tratado sobre el cuerpo que Jonathan Glazer firma en Under the Skin [doble crítica], nos acompañará mucho más allá de las fechas de este festival. Hoy reducimos la lista y nos centramos en tan solo tres películas. Un neowestern distópico que habla de la imposibilidad de un regreso a lo clásico; una vuelta a la época más oscura de España a partir de un relato de represión y enclaustramiento; y un maravilloso cuento que se sirve del terror para recomponer las piezas de un núcleo familiar fragmentado por la tragedia. Y ojo porque ya podemos decir que The Badabook será, con toda probabilidad, una de las mejores propuestas que abran pasado por esta nueva edición del Festival de Sitges. La noruega In Order of Dissapearance, de Hans Petter Moland, hubiese sido la cuarta cinta del día si dominásemos el noruego de carrerilla. Son las consecuencias (terribles, por otra parte) de apurar demasiado la hora de llegada a una sala masificada. Por suerte, nuestro compañeros Alberto Sáez y Gonzalo Hernández ya nos hablaron de ella en su crítica y paso por la Berlinale, respectivamente. Con el poso latente del cine de Glazer y las curvas de Johansson, terror wallabee que deja huella. Estas son las señas de identidad del segundo día de un festival que sigue amaneciendo.

    por Anónimo
    octubre 05, 2014

    Sitges 2014 | Día 2. Críticas: 'Musarañas', 'The Babadook', 'Young Ones'

    por Anónimo | octubre 05, 2014
    Han Gong Ju

    Invasión asiática en el prólogo

    Crónica de la primera jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Parece mentira que, paseando por las calles de Sitges, uno pueda sentirse estresado. Sus vías serpenteantes, sus playas, su casco histórico… Todo parece puesto estratégicamente para repeler el estrés. Hasta que llega su festival de cine para cargarse todo el chiringuito. Sanamente, eso sí. Ojalá todas las preocupaciones en esta vida fuesen por intentar cuadrar, en un pobre horario personal, la espectacular tromba de películas que este año propone un Festival de Sitges más hipervitaminado que nunca. Más largometrajes, más secciones y más actividades paralelas son también más quebraderos de cabeza. Porque el público fiel de Sitges no solo es equilibrista por naturaleza, sino que también es el encargado de tomar difíciles (a veces traumáticas) decisiones. Sitges significa comidas mandadas a tomar viento porque dos o tres películas te ocupan todo un mediodía. Significa decidir entre lo último de Jean-Luc Godard o Fabrice du Welz, porque sus últimos trabajos no solo comparten mismo día y misma hora, sino que son sesiones únicas, como muchos de las propuestas que se presentan esta año. Significa que solo se va a tener una oportunidad para ver lo último de Isao Takahata, experimentar la dureza de las imágenes de The Tribe o afrontar los 200 minutos del último trabajo de Bruno Dumont. En otros festivales existirían decisiones de fácil resolución, pero en Sitges las cosas parecen funcionar de otra manera. Aquí no existe la tregua si uno quiere estar en la cresta de la ola.

    Hablar de Sitges es hablar de una eterna historia de AMOR-odio. Siempre en mayúsculas lo primero, ojo. Porque por mucho que nos peleemos con los horarios, que tengamos que decir adiós a unas películas que teníamos marcadas en rojo en la agenda mientras que en otras salgamos maldiciendo hasta la madre del apuntador, que durmamos lo justo o que en esa semana no sigamos la mejor dieta del mundo; nada en el mundo nos haría renunciar a esta semana que llevamos esperando todo un maldito año. Sitges es amor por el cine, charlas interminables, sanas discusiones y epifanías fílmicas con aquella película con la que nadie daba un duro. O, simplemente, confirmar las mejores expectativas con aquella ansiada propuesta que quizás nunca pueda verse estrenada en este país. Así que basta de drama porque, por encima de todo, adoramos este festival. Sitges 2014 ya está aquí. Nosotros ya estamos pateando las calles de esta preciosa localidad catalana, listos y con ilusión para traeros todo lo que se cuece dentro de 10 días de absoluto despiporre fílmico. Saldremos vivos de esta.

    por Anónimo
    octubre 04, 2014

    Sitges 2014 | Día 1. Críticas: 'Han Gong-ju', 'Creep', 'Cub', 'Seventh Code' & 'Pinkie'

    por Anónimo | octubre 04, 2014
    I Origins

    Falso positivo

    crítica a Orígenes (I Origins), dirigida por Mike Cahill, 2014

    Desde el punto de vista de un creyente, no hay nada mejor que un escéptico para probar la existencia de Dios, ya que éste invertirá todo el tiempo y los recursos de los que disponga en desmentir algo de cuya falsedad depende su existencia misma. Disculpe el lector que comencemos de manera tan ontológica, pero el nuevo “silogismo metafísico” de Mike Cahill, Orígenes (I Origins), parece probar con ese oxímoron científico que es la mecánica cuántica —hipotéticamente demostrable—, la existencia de la vida más allá de la muerte. Para conseguirlo, el director realiza una gran revisión bibliográfica de las teorías evolutivas de Darwin, del desarrollo del ojo, y de los pilares básicos de la ciencia que dejaron Einstein y Heisenberg, en los cuales se asienta la práctica totalidad conceptual de nuestro mundo contemporáneo. “Una partícula puede estar en un lugar, y en todos a la vez”, he ahí el concepto de omnipresencia expuesto de manera irrefutable. Obviamente, para probar de forma categórica una hipótesis de ese tipo hay que saber tergiversar ciertos postulados y dirigirlos hacia una interpretación que corrobore lo que se trata de explicar, de este modo, al igual que los creacionistas utilizaron la famosa prolepsis de Darwing concerniente a la complejidad del ojo humano para, sacándola vilmente de contexto, dar peso a su creencia espiritual, Cahill completa algunas de las nuevas conjeturas sobre la reencarnación ,con ciencia-ficción, para dar agilidad a una trama romántica que termina por ceder el rigor científico a una demagogia que, por otra parte, está bastante bien encaminada y gana enteros gracias a su originalidad y astucia.

    Para establecer la base argumental de la película, el realizador se ha servido del exitoso descubrimiento antropológico de National Geographic, en el que la famosa Afghan Girl fue encontrada, gracias a un proceso identificativo ocular, y fotografiada nuevamente 17 años después por McCurry, para protagonizar otra de las míticas portadas de la revista del marco amarillo. La trama sigue a Ian Gray, un físico estudiante de doctorado que, en una fiesta de Halloween, conoce a una misteriosa chica por la que se siente atraído instantáneamente gracias a sus ojos, que son la única parte de su cuerpo no cubierta por el disfraz que viste. Su atracción está fundamentada en la obsesión de Ian por fotografiar los ojos de desconocidos, un pasatiempo muy ligado a su trabajo como biólogo molecular especializado en el desarrollo ocular. Tras un encuentro sexual algo accidentado, la chica (cuyo nombre desconocemos hasta el momento) desaparece sin dejar rastro. Sin embargo, esos ojos tan atractivos llevarán al protagonista, por medio de un cartel publicitario, a reunirse de nuevo con la huidiza enmascarada, comenzando así una relación amorosa. Sofi, cuyo nombre se ha dado a conocer al tiempo que el resto de su rostro, dice haber mandado “psíquicamente” una serie de señales, bajo la repetición de la cifra 11, a Ian para que éste la encontrara. También asegura que ya se conocían de otra vida, por lo que de partida nos topamos con un claro ejemplo de esos polos opuestos que se atraen, mientras comienzan una cariñosa lucha por tratar de hacer entender al otro sus dispares puntos de vista sobre la existencia. El trabajo del protagonista consiste en demostrar fehacientemente la inexistencia de un ser superior. Para ello trata de desarrollar un ojo funcional en un gusano cuyo ADN sea compatible con el experimento. 

    por Alberto Sáez Villarino
    octubre 03, 2014

    Crítica | Orígenes

    por Alberto Sáez Villarino | octubre 03, 2014
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