Prisionera de Dios
crítica de La religiosa (La Religieuse, dirigida por Guillaume Nicloux, Francia, 2013). | ★★
Publicada en 1760 y corregida en 1781, La religiosa fue una novela que conoció serios problemas con la censura de la época para ver la luz, al narrar su autor, Didier Diderot, la historia real de una joven monja a la que se procesó en París por rechazar sus votos. El libro describía, con pelos y señales, el brutal viacrucis que padeció encerrada entre las cuatro paredes de diferentes conventos, sometida a todo tipo de presiones y castigos con el afán de lavarle el cerebro y convencerla de que tenía que encontrar su “vocación”. Susanne Simonin fue el nombre elegido para el personaje tras el que se escondía una auténtica víctima del fanatismo religioso. Reivindicada con los años como un auténtico clásico de la literatura francesa, La religiosa fue una obra audaz y adelantada a su tiempo que, en contra de lo que pueda parecer, no criticaba directamente a la religión, sino a sus excesos, capaces de causar desequilibrios en personas que viven aisladas del mundo, en el enclaustramiento (elegido o no) de algunos monasterios del siglo XVIII.
En 1966, Jacques Rivette realizó una excelente adaptación de la novela, que llegó a competir por la Palma de Oro en Cannes. Por esto, podría tildarse de innecesaria esta nueva versión que nos llega de la mano del menos interesante Guillaume Nicloux, realizador de títulos como Une affaire privée (2002) o La clef (2007). Sin embargo, en unos tiempos en que el fanatismo religioso continúa siendo una de las causas principales de odios entre los seres humanos, los valores que atesora aquella vieja obra siguen resultando igual de explosivos y vigentes como el primer día, sorprendiendo por su contemporaneidad. Nicloux realiza, en esta ocasión, una adaptación académica y aséptica que hace que lamentemos que este material no cayera en las manos de alguien con la capacidad de arriesgar de Michael Haneke. Con una narración muy lineal, abusando del plano contra plano en la mayoría de las escenas de conversaciones, la cinta hace gala de una fría teatralidad en algunos momentos. Con todos estos hándicaps, solo queda confiar en la fuerza intrínseca de la historia de Susanne, tercera hija de un matrimonio que, tras quedar debilitada la economía familiar por los matrimonios de las hermanas mayores, fue forzada a entrar en un convento. La chica, lejos de haber encontrado su vocación por la llamada de Dios, en ningún momento pretendió renunciar a su libertad para enamorarse y crear una familia, por lo que se vio encarcelada, coaccionada y torturada por las diferentes madres superioras con las que llegó a toparse. Sin duda, todo un ejemplo de heroína fuerte y moderna, de ideales y dignidad inquebrantables que encuentra en los vulnerables rasgos de la joven Pauline Etienne una formidable representación por la que optó al César a la Mejor actriz revelación. Gracias a ella, el espectador es partícipe del sufrimiento de una persona cuyo único motivo para estar encerrada es haber nacido “fruto del pecado”, expiando la culpa de una madre adúltera a los ojos de Dios.