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    El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)

    FAY WRAY ENTRE LA JUNGLA

    El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932).

    El primer lustro de los años 30 del siglo pasado fue generoso en películas de terror con el cine norteamericano. Estados Unidos acababa de sufrir el crack del 29, la gran debacle económica del gigante, King Kong derribado desde su alta torre, y el cine mostraba la situación en la que se encontraban los ciudadanos y la sociedad en la que vivían. Monstruos ficticios que reflejaban horrores reales. Una pantalla espectral que alojaba entre sombras expresionistas los miedos que todos dejaban por un momento en las salas de cine liberando así sus vidas de pesar. Por supuesto no fue solo el cine de terror el que reflejó la grave crisis sufrida: el cine de gángsters o, de manera especial y quizá la más virulenta, el cine musical también dejaron para nosotros clarísimas claves de ello. En verdad, cualquier película norteamericana de la época, sea cual sea el género al que se adscriba, reflejará, aunque sea de forma no premeditada, pistas sobre la sociedad en la que se gestó. Pero sí que algunos géneros fueron más explícitos en mostrar la realidad. Y, cómo no, fueron los géneros más alejados de ella los que mejor lo hicieron.

    De aquellos años, cualquier amante del cine recordará las películas de terror de la productora Universal como obras de arte míticas y de profundo calado en la imaginería popular: Drácula, Frankenstein, el hombre lobo, la momia… Todos los monstruos que en el cine después nos han aterrado tuvieron allí su visión canónica (que no primera, pero sí la fundacional para un género: el Frankenstein de Searle Dawley es del año 1910, por poner un ejemplo, pero no creó mucha escuela que digamos), refinada esta por el filtro de las obras maestras del expresionismo alemán. El éxito de las películas de la Universal llevó a otras productoras a atreverse con el cine de terror. Y así la modesta RKO produjo y realizó en el año 1932 la prodigiosa y siempre sorprendente El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game). La primera sorpresa de esta película genial es que no nos ofrece un monstruo como en las otras, o al menos no un monstruo como tal en su aspecto físico: aquí el monstruo adquiere rasgos humanos, es un hombre elegante, educado y refinado, de modales exquisitos y un definido gusto por el arte. El actor inglés Leslie Banks dio vida de forma magistral a este conde ruso, Zaroff, del que enseguida comenzaremos a sospechar que oculta demasiados secretos. Pero intentaré no adelantarme. Y en la medida de lo posible, evitaré en todo momento desvelar demasiado de la trama de la película. Está un tanto difícil comentar sin decir nada de la historia que nos cuenta, pero creedme que me limitaré a lo más general. Por esto mismo no queráis saber hasta verla por qué el famoso cazador Bob Rainsford ha ido a parar a la fortaleza portuguesa transformada en la mansión gótica de nuestro conde favorito. Un cazador interpretado por Joel McCrea, con esa fuerza impregnada de delicadeza tan propia de él, al que hemos oído hablar de su trabajo, la caza, la cual defiende como deporte en una discusión con un doctor que le increpa con respeto pero sin sensiblerías: “A la bestia de la jungla, que solo mata para comer, la llaman salvaje. Y al hombre, que caza por deporte, lo llaman civilizado.” Rainsford es un cazador, y como él mismo afirma, “jamás va a cambiar.” Todos estos apuntes magistralmente instalados al principio de la película ayudan no solo a conocer de manera rápida a cada uno de los personajes, sino que nos muestran de manera directa el problema moral al cual deberá enfrentarse Rainsford. El guionista James Ashmore, basándose en un relato de Richard Connell, da ejemplos de su maestría a lo largo de toda la película, pero empieza ya desde los primeros minutos preparando la ironía dramática posterior y la consecuente evolución del protagonista.

    El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)

    «El subyugante tramo final, que se ve con el corazón en un puño, es un prodigio absoluto. La música de Max Steiner acompaña a las imágenes de forma trepidante. El enfrentamiento a vida o muerte entre los protagonistas es de una fuerza arrolladora, entremezclando inteligencia y los más salvajes instintos primarios en un todo convulso».


    Enfrentado Rainsford a Zaroff, otro cazador por naturaleza, pronto observaremos las diferencias que hay entre ambos. El temible Zaroff mantiene como invitados forzosos en su fortaleza, sita en una isla perdida como está mandado, a dos hermanos: el borrachín Martin (Robert Armstrong) y a la hermosa e inteligente Eve (Fay Wray). Enseguida Zaroff dará muestras de su personalidad desequilibrada, de su sexualidad enfermiza y de su verdadera pasión. Porque sí, su pasión es la caza, pero no la aburrida caza normal: su pasión es la caza humana, y sus invitados son presas que pronto serán liberadas para su disfrute personal. Una cacería humana que, teniendo como rival a un cazador con el prestigio y las probadas capacidades de Rainsford, será una auténtica “partida de ajedrez” en la mente degenerada pero culta de Zaroff. Tras media hora (la mitad de la película: su corta duración no solo se debe a que no era algo anormal en aquella época, sino a que una secuencia que transcurría en el siniestro “salón de los trofeos” de Zaroff fue eliminada tras ser considerada en exceso macabra), lo que hasta entonces ha sido de verdad una partida de ajedrez se convierte en una película de acción trepidante donde el horror se da la mano con la aventura misteriosa. La belleza de los planos de la isla y la huida de nuestros héroes a través de ella perseguidos por el enloquecido Zaroff resultan inolvidables. ¡Tanta belleza para mostrarnos todo el horror del que es capaz la crueldad humana! La jungla a través de la cual nuestros héroes intentarán escapar del pérfido conde recuerda en muchos momentos a la de la película King Kong, estrenada un año después. No es extraño pues Ernest B. Schoedsack la estaba rodando al tiempo que El malvado Zaroff, utilizando esos mismos escenarios, casi los mismos actores (repetían Robert Armstrong y la fascinante Fay Wray) y acompañado en la dirección no por Irving Pichel sino por el productor asociado de esta y afamado director de documentales exóticos Merian C. Cooper.

    El subyugante tramo final, que se ve con el corazón en un puño, es un prodigio absoluto. La música de Max Steiner acompaña a las imágenes de forma trepidante. El enfrentamiento a vida o muerte entre los protagonistas es de una fuerza arrolladora, entremezclando inteligencia y los más salvajes instintos primarios en un todo convulso. Furiosos travellings entre la espesura transmiten toda la locura homicida de la caza, el horror de ser perseguido hasta la muerte. Y Rainsford, que sintiéndose acosado, aún encontrará tiempo para razonar: “Esos animales que yo cacé, ahora sé cómo se sentían.” La jungla, los pantanos, el enfrentamiento entre el noble Rainsford y el enfermo Zaroff, este acariciándose la cicatriz que tiene en la sien cada vez que está excitado, la inteligencia de Eve que se muestra siempre valiente e intrépida, los esclavos cosacos de Zaroff… Todo se une en esta película fantástica para arraigar de manera indeleble en nuestra mente. De lo más grande, de cómo la civilización y el salvajismo son fáciles de confundir, de cómo nuestra percepción de la verdad es solo una cuestión de puntos de vista, a lo más pequeño, a Eve mirando a Rainsford con una expresión que lo dice todo acerca de su terrible situación bajo el dominio de Zaroff. Pero claro, son los ojos de Fay Wray. Por ellos un año después un simio gigante luchará hasta la muerte enfrentado a la civilización. Una civilización que, una vez más, demostrará ser más salvaje que la bestia.

    José Luis Forte
    © Revista EAM / Cáceres

    Ficha técnica
    USA, 1932. Título original: The Most Dangerous Game. Directores: Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel. Guion: James Ashmore Creelman, basado en el relato de Richard Connell. Productora: RKO Radio Pictures. Productor ejecutivo: David O. Selznick. Productor asociado: Merian C. Cooper. Estreno: 16 de septiembre de 1932. Fotografía: Henry W. Gerrard. Música: Max Steiner. Montaje: Archie Marshek. Dirección artística: Carroll Clark. Decorados: Thomas Little. Fotografía efectos especiales: Lloyd Knechtel y Vernon L. Walker. Efectos especiales: Harry Redmond Jr. Intérpretes: Joel McCrea, Fay Wray, Leslie Banks, Robert Armstrong, Noble Johnson, Steve Clemente, William B. Davidson, Buster Crabbe (y doble de McCrea).

    Póster: El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)
    por José Luis Forte
    agosto 31, 2015

    Cineclub | El malvado Zaroff (Ernest B. Schoedsack, 1932)

    por José Luis Forte | agosto 31, 2015
    39 escalones
    crítica de 39 escalones | The 39 Steps, Alfred Hitchcock, Reino Unido, 1935.

    Tras el éxito de la excelente El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1934), a mi gusto muy superior a la versión de 1956, Alfred Hitchcock decide adaptar una novela de un autor al que admiraba: Los 39 escalones (1915) de John Buchan. Charles Bennett, que acababa de colaborar con Hitchcock en la película citada y que ya lo había hecho con anterioridad en La muchacha de Londres (Blackmail, 1929), se encargó de escribir el guion con la colaboración habitual de Alma Reville y la ayuda de Ian Hay en los diálogos. En su trabajo introdujeron multitud de cambios con respecto a la obra original, incluyendo una compañera para el protagonista y la consabida historia de amor, haciendo de esta convención una virtud manteniendo todo el espíritu de aventura intrigante y sumamente divertida de la novela de Buchan. 39 escalones (The 39 Steps, 1935) sería otro éxito en la carrera de Hitchcock, y a día de hoy una de sus mejores películas no solo teniendo en consideración su etapa inglesa, sino toda su carrera.

    por José Luis Forte
    abril 25, 2013

    Cine Club | 39 escalones (1935)

    por José Luis Forte | abril 25, 2013
    Alarma en el expreso    Alarma en el expreso (The Lady Vanishes, 1938) es la penúltima película que rodó Alfred Hitchcock en Inglaterra antes de partir hacia los Estados Unidos para trabajar a las órdenes del productor David O. Selznick en Rebeca (Rebecca, 1940). En un principio había sido contratado para rodar una película sobre el Titanic, pero al final fue la adaptación cinematográfica de la famosa novela de Daphne du Maurier la elegida. Una película sobria y elegante que contrasta con esta locura desaforada y genial que es Alarma en el expreso, todo un ejemplo magistral de cómo resultar delirante manteniendo en todo momento el interés y la atención haciéndonos creíble este trepidante viaje en tren que supone la parte principal de la película, un tren abarrotado de espías, mentirosos, asesinos, doctores maléficos, damas bonachonas, baronesas siniestras, magos venales, héroes enamorados y heroínas intrépidas unidos en un cóctel maravilloso y emocionante que nos mantiene durante hora y media sin aliento. Sin duda, una de las mejores películas del director inglés.

    por José Luis Forte
    marzo 17, 2013

    CINE CLUB | ALARMA EN EL EXPRESO (1938)

    por José Luis Forte | marzo 17, 2013
    Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, 1955)

    "He estado esperando todo el día a que mencione usted el beso que le di anoche."

        Utilizando como fondo el escaparate de una agencia de viajes, se van desgranando los títulos de crédito de Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, Alfred Hitchcock, 1955). Nada más terminar, la cámara hace un pequeño travelling hacia uno de los carteles colocados tras el cristal. Es un anuncio en el cual se invita con una frase a visitar Francia: “Si ama la vida se enamorará de Francia.” Acompañado de un dibujo en el que se pueden apreciar las mesas de un café junto a un paseo con palmeras iluminado por un mar azul intenso, y una música de orquesta almibarada que invita a citas sin cuento y placeres elegantes, la oferta se presenta irresistible. Y justo cuando empezamos a pensar que ya va siendo hora de largarnos pitando a ese paraíso francés, hay un corte brusco a un primer plano de una señora gritando aterrorizada. Otro corte y vemos un joyero vacío. Uno más y la señora gritando que le han robado las joyas deja más claro aún al espectador qué es lo que está pasando. La señora corre gritando por la habitación y sale al balcón de su apartamento. Grita desde el mismo a una avenida con palmeras, y allí descubrimos que estamos en ese paseo paradisíaco que se nos mostraba en el escaparate de la agencia de viajes. Corte a un gato negro caminando sigiloso, no de otra manera puede caminar un gato, sobre un tejado y más gritos denunciando robos en ese lugar del que te enamorarás si amas la vida. Así Hitchcock marca a la perfección el tono socarrón y divertido de toda la película que se desarrollará a continuación. Con todo el humor negro del mundo, pero al tiempo dejando claro que aquí el drama nos hará reír, que el misterio estará marcado por la sonrisa de una comedia de enredo.

    por José Luis Forte
    marzo 11, 2013

    CINE CLUB | ATRAPA A UN LADRÓN (1955)

    por José Luis Forte | marzo 11, 2013
    El demonio de las armas - Gun Crazy
         Al término de la Segunda Guerra Mundial el cine norteamericano se inflamó de oscuridad. De manera especial el género negro, el cual si ya de por sí reflejaba lo más sórdido y siniestro del género humano, en ese segundo lustro de los años 40 vio cómo se apagaban definitivamente todas las luces que permitían la esperanza de vivir en un mundo mejor. En estas películas veremos desfilar soldados retornados de la guerra incapaces de encontrar su lugar en lo que antaño fuera su hogar, personajes sin entrañas capaces de todo por conseguir vivir lo más rápido y mejor posible, mujeres más malvadas que nunca, hampones sin escrúpulos, hombres desesperados que no ven ningún futuro posible y se lanzan en brazos de la delincuencia como único modo de vida… En fin, todo un plantel de películas protagonizadas por personajes que se movían en un contrastado juego de sombras y luces en blanco y negro que no era sino su forma de ver el mundo. Lo dicho: había llegado la hora de la oscuridad y la desesperanza. Los finales felices eran una imposición de las productoras. Pocos guionistas y directores se preocuparon por ocultar su carácter de impostura. Había caído la noche y sus sombras eran profundas.

    por José Luis Forte
    febrero 08, 2013

    CINE CLUB | EL DEMONIO DE LAS ARMAS (1949)

    por José Luis Forte | febrero 08, 2013
    La maldición de la calavera, de Freddie Francis (1965)
    A finales de los años 50 del siglo pasado una modesta productora cinematográfica inglesa, Hammer Films, decidió apostar por la revisión de viejos mitos del terror, clásicos que en la lejana época de los 30 de manos de la Universal habían vivido su momento de gloria. Estas películas se habían reestrenado en salas de cine en los años 40 con bastante éxito, lo cual dio pie a una nueva tanda de películas por parte de la Universal, sombras ya de los clásicos que habían forjado una década antes. Películas en las que se juntaban en un pastiche formidable a Drácula con el monstruo de Frankenstein o a la momia con el hijo del hombre lobo. Lejos de sus hermanas mayores de los 30 pero que suponen todo un disfrute sincero y apasionado verlas hoy día. La Hammer inglesa pensó revitalizar estos clásicos contando con varias bazas a su favor que a priori podían funcionar insuflando nueva vida a estos muertos ilustres: el uso del color, la libertad de poder ir un poco más lejos en lo que a mostrar sangre se refería, abordar más abiertamente la temática sexual (siempre latente, en especial en la temática vampírica) y una nueva imagen para los iconos imperecederos de la Universal.

    El éxito en el año 1955 de la tan modesta económicamente como excelente en su resultado El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, dirigida por Val Guest siguiendo el éxito televisivo de la serie creada por Nigel Kneale) fue la llamada de atención que puso en guardia a los jerifaltes de la Hammer. Anthony Hinds y Michael Carreras, viendo la popularidad alcanzada por su pequeña producción de ciencia ficción y las posibilidades de una resurrección del género fantástico en su vertiente más clásica, se lanzaron a producir toda una serie de películas que hoy son historia del cine. La primera de ellas, la magistral La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) de Terence Fisher, fue el primer triunfo que les permitió arrancar con fuerza esta nueva etapa y seguir adelante para nuestro infinito deleite.

    por José Luis Forte
    octubre 04, 2012

    LA MALDICIÓN DE LA CALAVERA (THE SKULL, 1965)

    por José Luis Forte | octubre 04, 2012
    Crítica de La Profecía, 1976 The Omen review

    EL ANGELICAL ROSTRO DEL MAL
    La profecía (The Omen, Richard Donner, 1976)

    Terror en estado puro. Eso es lo que proponemos en nuestra sesión doble de hoy. La profecía (The Omen, Richard Donner, 1976) no necesita defensa alguna como uno de los referentes obligados en el género fantástico, ya que tiene todos los ingredientes que consiguen que una película adquiera la categoría de título de culto. Analizamos las claves de su éxito y su efectividad para seguir aterrorizando al espectador más de treinta y cinco años después de su estreno. En 1968, Roman Polanski cambió el género de terror para siempre gracias a su exitosa y perturbadora La semilla del diablo, aquella película donde Mia Farrow sospechaba que su embarazo no era precisamente normal. Una historia de sectas satánicas que inauguró todo un subgénero sobre temática demoníaca y tuvo sus exponentes más exitosos durante la década de los 70 con El Exorcista (1973) de William Friedklin y el filme que nos ocupa.

    La profecía no las tenía todas consigo para ser un triunfo. En aquellos momentos la Warner estaba gestando la secuela de su gran éxito El Exorcista, con un presupuesto cinco veces superior al suyo y la dirección de John Boorman, un realizador que había adquirido gran prestigio con Infierno en el Pacífico (1968) y Deliverance (1972). Para el director Richard Donner, La profecía sería su primera obra importante tras un par de títulos poco destacables y mucha televisión, y la Fox le confió un modesto presupuesto de 3 millones de dólares para sacar adelante la empresa. Si algo tenía a su favor, era el impresionante guión de David Seltzer (sobre una idea del productor Harvey Bernhard) que tenía entre manos, capaz de convencer a una estrella del calibre de Gregory Peck para encabezar su reparto, a cambio de 250.000 dólares y un 10% de los posibles beneficios en taquilla. El acierto fue total: la película ganó muchos enteros gracias a la poderosa interpretación de Peck y éste hizo uno de los negocios de su vida, ya que el filme recaudó 60 millones de dólares en todo el mundo (el doble que El Hereje, la muy fallida continuación de El Exorcista). 

    por José Martín León
    septiembre 21, 2012

    LA PROFECIA (RICHARD DONNER, 1976)

    por José Martín León | septiembre 21, 2012
    Mary Poppins
    LA NIÑERA MÁGICA DE DISNEY
    Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964)

    En una sección donde tratamos de recuperar las películas de entretenimiento de nuestra vida era obligado hacer una parada, tarde o temprano, en la fábrica de sueños más famosa de la Historia del Cine: Disney. Y si hay un título que ha divertido y fascinado durante casi cinco décadas con la misma fuerza del primer día, ese es Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964). Prepárense para entrar en un mundo de magia y color en el que todo es posible.

    Un año después de su genial Merlín el Encantador (1963), la productora de Walt Disney llevó a la gran pantalla la adaptación de una serie de libros de la escritora P.L. Travers. La película cuenta cómo en el Londres de 1910, dos hermanos crecen infelices en una familia donde el padre banquero no les demuestra su cariño y la madre pasa los días más preocupada de sus andanzas como defensora de los derechos de la mujer que en pasar tiempo con sus retoños. La rebeldía de los niños hace que las institutrices salgan huyendo una tras otra, hasta que la llegada de una niñera con poderes extraordinarios trae la felicidad y la magia a la vida de todos.

    por José Martín León
    septiembre 16, 2012

    MARY POPPINS (ROBERT STEVENSON, 1964)

    por José Martín León | septiembre 16, 2012
    Alice in den Städten Alicia en las ciudades Wim Wenders

    El último instante de libertad

    Alicia en las ciudades (Alice in den Städten, Wim Wenders, 1973).

    En una playa solitaria un hombre hace una fotografía con una cámara Polaroid. Espera a que se revele entre sus manos. Compara el resultado con la realidad y no parece satisfecho. Coloca en el suelo unas cuantas fotografías más, las mira y las recoge. No encuentra en ellas lo que busca. El escritor Philip Winter sufre una crisis creativa y vital y vaga como un fantasma por las carreteras solitarias de Estados Unidos. Tiene el encargo de escribir un artículo sobre este viaje, pero le resulta imposible. Busca en sus fotografías captar algo de la realidad que vive y se le escapa, pero lamentará en más de una ocasión que no muestran lo que él ve, la realidad según pasa ante sus ojos. Incapaz de cumplir con su encargo y ante la negativa del editor de adelantarle más dinero, opta por volver a Alemania, su país natal. En el aeropuerto se encontrará con que no puede volver por una huelga de controladores aéreos. Deberá esperar al día siguiente y si quiere volar, la única opción es ir a Ámsterdam. En este viaje demorado conocerá a una joven alemana, Lisa, y a su hija que tampoco pueden retornar a Berlín. Así Phil conocerá a la niña Alicia y para nosotros dará comienzo una hermosa historia de amistad, quizá la más gélidamente narrada de la historia del cine, pero sin duda una de las más emocionantes y profundas que nos pueda ser dado admirar.

    por José Luis Forte
    agosto 29, 2012

    Cineclub | Alicia en las ciudades (Wim Wenders, 1973)

    por José Luis Forte | agosto 29, 2012
    Crítica de 'Los pájaros', de Alfred Hitchcock The Birds Review
    CUANDO LAS AVES DOMINEN LA TIERRA
    Los pájaros (The Birds, Alfred Hitchcock, 1963)

    Hoy tengo el gusto de recomendar una de mis diez películas favoritas. Que mi director clásico preferido sea Alfred Hitchcock tiene mucho que ver. También influyó que Los pájaros fuera su incursión más pura en el género fantástico tras sus coqueteos con lo fantasmagórico en Rebeca (1940) y Vértigo (1958) o el terror psicológico de Psicosis (1960).

    En realidad, Hitchcock tenía proyectado dirigir Marnie la ladrona (1964) tras el éxito comercial de Psicosis, pero este rodaje fue postergado a causa de la boda de la que iba a ser su protagonista inicialmente, Grace Kelly. Fue una feliz circunstancia que hizo que el maestro del suspense desempolvara otro proyecto que tenía guardado en el cajón: la traslación al cine de un relato de Daphne du Maurier (a la que ya había adaptado en Posada Jamaica y Rebeca) titulado Los pájaros (The Birds, 1963). La historia narraba la odisea de un granjero y su familia, atrincherados en una casa después de que las aves empezaran a atacar a la gente. Para la película, Hitchcock cambió los personajes, dándole el protagonismo Melanie Daniels, una altiva joven de la alta sociedad que llega al pequeño pueblo costero de Bahía Bodega. Va detrás de un seductor abogado, Mitch Brenner, del que se ha encaprichado y lo que encuentra es el inexplicable fenómeno de los pájaros rebelándose contra el ser humano.

    por José Martín León
    agosto 26, 2012

    LOS PÁJAROS (THE BIRDS, ALFRED HITCHCOCK, 1963)

    por José Martín León | agosto 26, 2012

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