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    Primer

    VIAJES (EN EL TIEMPO) LOW COST

    crítica de Primer | Shane Carruth, 2004

    En 2004 irrumpía en el Festival de Sundance un ingeniero y graduado en matemáticas llamado Shane Carruth. Lo hacía ganando el Premio del Jurado con Primer (2004), su ópera prima y su primer acercamiento al mundo cinematográfico. Una cinta de escasísimo presupuesto –unos 7000 dólares– rodada durante cinco semanas y con una tortuosa postproducción de dos años. Cine independiente en el sentido más estricto del término; en cada decisión pesaba más el abaratamiento de costes que cualquier otro criterio. Dan fe de ello su escaso personal –cinco personas– y reparto, la participación de amigos y familiares así como la polifacética labor llevada a cabo por parte del padre de la criatura haciendo las veces de director, fotógrafo, guionista, productor, músico y actor. Con ese risible margen (económico) de maniobra el director americano logró, por encima de otras sensaciones, sorprender y confundir al público. Decir que se entiende al completo la película sería una boutade, una provocación. Siendo reduccionistas se puede clasificar Primer como un film de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo, aunque también tontea con el thriller. Pero que nadie se lleve a engaño, poco tiene que ver con los clásicos del género, lo que ocurre en Primer escaparía a la comprensión de Doc y Marty MacFly. Doce monos (1995), Looper (2012), la trilogía de Regreso al futuro o Efecto mariposa (2004) parecen juegos de críos al lado del texto encriptado cortesía de Shane Carruth.

    Ambientada en Texas. Dos ingenieros –en un principio cuatro– trabajan en una corporación por el día. Por las noches y en sus ratos libres lo hacen en el garaje, tienen una pequeña empresa con la que buscan conseguir financiación para sus proyectos personales. Uno de ellos es una máquina reductora de masa, que permite restarle peso a los objetos. Funciona perfectamente hasta que uno de los dos –Abe– descubre que tiene un efecto secundario, la máquina es capaz de alterar el espacio-tiempo, capaz de retroceder al pasado. El guion, con una jerga científica al alcance de muy pocos, juega con las paradojas de los viajes temporales, hasta el punto de sumergir al espectador en un galimatías científico-técnico en el que sólo hallará confusión. Premeditadamente incomprensible, el director rehúye cualquier escena explicativa, está todo al servicio del desconcierto. Algo así como meter en una coctelera “low cost” Regreso al futuro (1985) y Carretera Perdida. Un dispendio neuronal del que posiblemente no se obtenga recompensa alguna. No obstante, en medio del farragoso juego temporal, se pueden sacar un par de lecturas al alcance de todos; Carruth, por encima de la pedantería de laboratorio, reflexiona sobre el valor del tiempo, el deterioro de las amistades en régimen de competencia profesional y las implicaciones éticas de los hallazgos que pueden trastornar la realidad conocida. El realizador americano habla, antes de la crisis, de jornadas laborales extensas en las que el tiempo escasea y se convierte en uno de los grandes problemas de la sociedad actual. No hay tiempo para el ocio, solo para el trabajo. Los protagonistas verán la posibilidad de tener días de 36 horas, de alargar artificialmente la vida del minutero con el afán de recuperar el tiempo robado. Una novedad que revolucionaría el mundo y que repercutirá en su relación o en la de sus “yo paralelos”, ya que se termina por perder la noción de la identidad de los que aparecen en pantalla. Lo que está claro es que sus vidas se solapan hasta el punto de confundirse. El relato multilineal, la falta de un hilo conductor más sólido, una voz en off que no aclara nada y la ausencia de pericia narrativa hacen que la película se pierda en sus peripecias jeroglíficas. Pero ahí reside su originalidad, en parecerse más a un tratado científico que a un relato convencional. Si Carruth nos hubiese contado la historia de forma convenida perdería su carácter hipnótico y su condición de excepcional.

    por Anónimo
    agosto 05, 2013

    Crítica | Primer

    por Anónimo | agosto 05, 2013
    Tombstone: la leyenda de Wyatt Earp - Tombstone
    VUELVE EL WESTERN DE ACCIÓN
    Tombstone: la leyenda de Wyatt Earp (Tombstone, George Pan Cosmatos, 1993)

    A principios de la década de los 90, dos nombres que han demostrado tener cosas más interesantes que contar como realizadores que como intérpretes, Kevin Costner y Clint Eastwood, insuflaron nueva vida a un género que parecía muerto y enterrado: el western. Los éxitos de taquilla de Bailando con lobos (1990) y Sin perdón (1992), avalados por los Óscar a mejor película y director en ambos casos, envalentonaron a los grandes estudios para producir una nueva oleada de filmes del oeste. En este período destacó un particular duelo entre dos filmes que contaban la historia del famoso tiroteo en OK Corral entre los hermanos Earp y la banda de los Clanton/McLaury. Dos obras con estilos, ambiciones y resultados bien distintos, ya puestos a compararlas. El Wyatt Earp de Lawrence Kasdan fue una superproducción de 63 millones de dólares, con un metraje de más de tres horas, a mayor gloria de Kevin Costner que pecaba de exceso de ambición a la hora de querer ser un meticuloso recorrido por la vida del personaje, distrayendo al espectador de la acción. Un filme muy interesante, por otra parte, que vio como la crítica lo masacraba sin piedad y el público le daba la espalda con una recaudación de 25 millones de dólares. Los mismos que costó el Tombstone: la leyenda de Wyatt Earp de George P. Cosmatos que hoy abre nuestra Sesión Doble de la semana. El propio Kevin Costner intentó por todos los medios evitar la distribución de un proyecto que Hollywood Pictures (Disney) producía bajo la dirección del director de títulos tan potentes como Rambo 2 (1985) y Cobra, el brazo fuerte de la ley (1986), al coincidir su estreno en fechas cercanas al de su película. Finalmente, Tombstone no sólo se estrenó, sino que fue mucho mejor recibida por la crítica y triplicó en taquilla la inversión realizada.

    por José Martín León
    octubre 21, 2012

    TOMBSTONE (GEORGE PAN COSMATOS, 1993)

    por José Martín León | octubre 21, 2012
    Fantômas contre Fantômas poster affiche
    El cuarto episodio del serial Fantomas (Fantômas, 1913-14) es el titulado Fantomas contra Fantomas (Fantômas contre Fantômas, 1914). Como los dos primeros, comienza con un plano medio del actor René Navarre encadenando toda la colección de disfraces que su papel del terrible criminal le hará llevar en esta ocasión. En este episodio recuperamos el protagonismo del inspector Juve, el cual en el anterior apenas si aparecía pues el peso de la acción recaía casi en su totalidad en su compañero el periodista Fandor (George Melchior). Se agradece, pues el actor Edmond Bréon impone una gran fuerza a su personaje, el policía que persigue de manera incansable a Fantomas, y se nota su peso y su presencia en esta aventura.

    Y eso que en esta ocasión Juve lo va a pasar mal de verdad. Como no es capaz de atrapar a Fantomas, la prensa y la opinión pública lo acusan de ser él mismo Fantomas. Tal es así que lo encierran en la cárcel. Será Fandor entonces quien investigue por su cuenta para ayudar a su amigo, demostrar su inocencia e intentar descubrir la verdadera identidad del despiadado criminal.

    En este episodio se entremezclan el tono de aventura trepidante del magnífico segundo episodio (Juve contra Fantomas) con el detallismo y cuidado de una trama criminal al uso (al uso ahora, se entiende, que en aquella época, no nos cansaremos de decirlo, el lenguaje del cine se estaba inventando) del tercero (El muerto que mata). Eso sí, este Fantomas contra Fantomas es el que ofrece una trama más enloquecida. Louis Feuillade se muestra brillante en la dirección, pero la historia que nos cuenta aquí es toda una locura genial que deviene en todo un juego de confusiones divertidas y delirantes con detalles de desarmante violencia. Nada más empezar, por ejemplo, los malvados ya se están quitando de en medio a un mensajero bancario… ¡a martillazos! Su desaparición iniciará la aventura, un guion como siempre escrito por el propio Feuillade adaptando una novela de la serie Fantomas obra de Pierre Souvestre y Marcel Allain.

    por José Luis Forte
    mayo 27, 2012

    FANTOMAS - FANTOMAS CONTRA FANTOMAS (1914)

    por José Luis Forte | mayo 27, 2012
    De dødes tjern poster
    Probablemente si nos preguntaran así, de repente y sin poder mirar por internet, que si dijéramos el nombre de tres directores de cine noruegos ganaríamos cincuenta mil millones de euros, lo normal es que gruesas lágrimas de pena y frustración cayeran por nuestras mejillas y nuestra expresión fuera inundada por el dolor más lacerante. Porque no podríamos decir ni uno, y esa visión de tantos millones rebosando nuestros bolsillos se alejaría de nosotros tan rápido que cualquiera pensaría que se tratara de un pájaro, un avión o hasta puede que Supermán.

    Con suerte se nos iluminaría un poco la bombilla y acudiría a nuestros labios el nombre salvador de Liv Ullmann. Vale, actriz, pero como también escribió y dirigió alguna peliculilla podría valer. Aunque nos reconcomería por dentro la eterna pregunta: ¿pero es sueca o noruega? Vamos, al menos a mí esta pregunta me acude a la cabeza al menos un par de veces al día. Y después tendríamos al listo, aquel que ante tal pregunta nos diría de corrido lo que cualquiera podemos saber a un clic de ratón. Pero ojo, que nadie reste méritos, que no todos tenemos ese dichoso clic a mano. El problema sería entonces que a este seguro que no le preguntarían nada por la calle ni le ofrecerían esos ansiados millones. ¿Por qué? Pues porque así es la vida, amigas y amigos.

    El lago de los muertos (De dødes tjern) es una película dirigida en el año 1958 por el noruego Kåre Bergstrøm. ¡Ya conocemos a otro! Utilizo para el comentario la traducción literal del título que aparece en los subtítulos pues nunca llegó a estrenarse en España. Es esta una película de espectros que sorprende por su sencillez. Claro, esta misma carencia de pretensiones juega de igual manera en contra, pues cuando parece que la historia va a despegar al fin y dejarnos alelados en el sillón de nuestra mansión mientras al fondo arde la chimenea, todo se resuelve con una broma del escritor protagonista y la tensión se rebaja a niveles normales. Una pena, sí, pero cuidado: si la película genera expectativas según avanza el metraje es porque tiene momentos excelentes. A mi gusto, todas las secuencias nocturnas en el lago son de una belleza soberbia, rodadas de manera magnífica, con un gran sentido de lo fantástico y la maravilla. Resultan misteriosas y siempre hipnóticas. Lástima que la historia se empeñe en negarnos la visión de esos anhelados muertos vagando por las aguas, pero admito que ya esto es un desmedido gusto por lo fantasmal del que aquí os cuenta. Si las historias fantásticas no os gustan tanto y preferís lo criminal, os encantará esta película.

    De dødes tjern still
    Escena en El lago de los muertos (De dodes tjern, 1958)
    Porque bueno, vale, la trama deja en demasiados momentos lo espectral a un lado, pero está repleta de detalles propios del mejor cine fantástico y de terror: premoniciones inexplicables entre hermanos, comunicación telepática al estilo del clásico relato de fantasmas Los amigos de los amigos (1896) de Henry James, leyendas macabras de asesinatos y apariciones en el lago, posesiones espirituales… En fin, toda una colección de macabridades que se suceden con el consabido contrapunto de los momentos más amables entre los protagonistas para hacer el conjunto menos terrible.

    Porque también hay que reconocer que si no fuera por esto estaríamos hablando quizá de un clásico que utiliza como armas todos, pero todos los trucos, todos los recursos si preferís, que han sido de uso común en el género, todos muy cuidados y realizados con una elegancia que se agradece de continuo: sueños siniestros que desvelan algunas preguntas de la trama y que generan nuevas tensiones, la utilización del sonido distorsionado como motor de la inquietud, noches de tormenta con sus consabidos rayos y truenos (el sonido de nuevo como motor de la tensión y los fogonazos de luz para mostrar y ocultar lo que interesa en el momento que conviene), una bonita y excelente secuencia rodada en stop-motion, por desgracia muy breve, puertas que chirrían, picaportes que se mueven cuando no hay nadie al otro lado de la puerta (nadie vivo, se entiende)… En fin, el catálogo completo, si bien como he dicho utilizado de forma muy inteligente y con enorme efectividad.

    El lago de los muertos de Kare Bergstrom
    Una de las secuencias más celebradas de la cinematografía noruega
    Cada uno de los personajes representa una postura ante lo fantasmal: la psicológica (el psicólogo interpretado por Erling Lindahl), la científica (Georg Richter), la del hombre común (el escritor de novelas de crímenes y su valiente esposa interpretados por Henki Kolstad y Bjørg Engh respectivamente) y la del creyente absoluto en lo fantasmal (interpretado por el escritor real de la novela en la cual se basa la película, guionizada por el mismo Bergstrøm, André Bjerke, el cual se reserva, en un genial detalle de sano humor, el que sin duda es el personaje más antipático del grupo: un crítico literario). Como epicentros de toda la historia, los dos hermanos y su tan turbia como fascinante relación. La acosada hermana está interpretada por Henny Moan, que goza de la suerte de protagonizar una escena tan celebrada como clásica en la cinematografía noruega, a mi gusto una de las más bellas de la película: su paseo nocturno y espectral hacia el lago. Todos ellos encerrados en una casa junto al misterioso lago de marras, otro lugar común del género aquí también utilizado con buen gusto y con un sabio aprovechamiento de los espacios que ofrece tanto el interior como los exteriores.

    De dødes tjern scene
    Henny Moan & Georg Richter en El lago de los muertos (Kare Bergstrom, 1958)
    La falta de pretensiones y su planteamiento de película de género de principio a fin no deja de lado que la explicación final guarde sus sorpresas, así como tampoco obvie ofrecernos una generosa ración de citas cultas. Así, no han pasado ni once minutos de película y ya se nos ha citado a Henrik Ibsen, a Oscar Wilde, a August Strindberg y se ha hecho una broma a costa de Sherlock Holmes.

    Con una cita de Ibsen se abre la historia, sirviendo de fondo a otra de las secuencias más fascinantes de esta película, la cual en sus mejores momentos sabe recrear un paisaje de ensoñación espectral en verdad sobrecogedor: “Ten cuidado con las corrientes del lago. Soñar es peligroso. Quédate despierto. Las ninfas fingen estar dormidas. Sobre ellas se mecen las lilas.” Flores que flotan bajo la luz de la luna de un siniestro y hermoso lago, dedos que asoman entre las aguas clamando por la venganza y el perdón.

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    Imdb De dodes tjernPor José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    arthurmachen [@] hotmail.com
    La décima víctima

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    por José Luis Forte
    marzo 24, 2012

    EL LAGO DE LOS MUERTOS (KÅRE BERGSTRØM, 1958)

    por José Luis Forte | marzo 24, 2012
    Earth vs. the Flying Saucers, 1956Hay muchas películas de extraterrestres llegando a la Tierra en sus artefactos voladores. Las hubo antes de esta y ha habido muchas después. Pero para mí, y disculpad si hago ley general de algo que tal vez solo sea una triste apreciación particular, La Tierra contra los platillos volantes (Earth vs. the Flying Saucers, 1956) es LA película de platillos volantes por excelencia. Nunca se han visto como se ven aquí, nunca nos han parecido tan reales, y sobre todo nunca hubiéramos podido creer que los alienígenas pudieran venir desde la galaxia más lejana imaginable montados en semejantes trastos si de niños no hubiéramos visto esta película. O de no tan niños, porque la fascinación no tiene edad.

    Esta película tiene la fama de ser brillante en las escenas de los efectos especiales y muy aburrida en las restantes. Lo primero es incontestable, obra del maestro de la stop-motion (técnica consistente en la animación fotograma a fotograma) Ray Harryhausen en una de sus primeras películas, la segunda que hizo para la Columbia a las órdenes del productor Charles H. Schneer. Harryhausen contó para esta película con una serie de platillos de diferentes tamaños construidos por él y su padre en su estudio, un edificio que antes había alojado un mercado. El mayor de los platillos tenía treinta centímetros de diámetro y los tres más pequeños ocho centímetros. Dispuso de otros tres para los primeros planos. En total, un mini escuadrón de siete platillos volantes que en la pantalla bastarían para conquistar el planeta entero. O intentarlo, al menos. Lo segundo, que Sears estuvo poco inspirado en la dirección, no lo comparto. Al contrario: para lo que era habitual en los departamentos de serie b, las películas de bajo presupuesto tanto de las grandes productoras como de las pequeñas que nunca hicieron otro tipo de películas, La Tierra contra los platillos volantes está rodada con eficacia, goza de unas muy buenas actuaciones gracias a un grupo de actores más que solvente (la pareja protagonista, Hugh Marlowe y Joan Taylor, de manera especial, pero también los secundarios, destacando los habituales Donald Curtis y Morris Ankrum) y hasta en algún momento resulta emocionante, aunque bien es cierto que en cuanto los platillos se adueñan de la pantalla la película se inunda de maravilla y parecen apagar al resto. Hay secuencias inolvidables en ella, desde la primera aparición de un platillo en mitad del desierto tras el coche de la pareja protagonista hasta la mítica secuencia final, con los platillos destrozando los edificios emblemáticos de Washington D. C. y después abatidos sobre sus ruinas, pasando por la impresionante aparición de uno de ellos tras los ventanales de una torre de control o las de otro entre el bosque. Visualmente, y esto es lo que al final permanece de una película, contiene algunas de las imágenes más fantásticas y hermosas de todo el cine de ciencia ficción.

    La Tierra contra los platillos volantes, 1956
    Earth vs the Flying Saucers, 1956.
    Y eso que hay momentos en que la pobreza de medios clama al cielo: ese ataque a la base de lanzamientos de cohetes Sky Hook, con cuatro soldados tirados en el suelo y otros cuatro en un jeep defendiéndola de los extraterrestres, podría ser uno de los muchos ejemplos. Pero Sears y su equipo sacan oro de donde no hay, sobre todo en la utilización de los stock shots (planos de archivo, imágenes de documentales o bien metraje sobrante de otras pelis, cuando no directamente extraídos de ellas): explosiones, incendios, cohetes despegando, un plano de un edificio explotando tomado de La guerra de los mundos (The War of the Worlds, Byron Haskin, 1953)… Harryhausen utiliza algunos de ellos como fondo para sus platillos y el resultado es espectacular, en especial en los del incendio del bosque.

    Hugh Marlowe and Joan Taylor, The Earth vs. the flying saucers
    La Tierra contra los platillos volantes (Fred F. Sears, 1956).
    Basado en un libro de Donald E. Keyhoe, el guion del escritor Curt Siodmak, un autor bien curtido en las revistas pulp y hermano del gran director Robert Siodmak, no convenció a Schneer, que enseguida contrató a George Worthing Yates y a Bernard Gordon, este último no acreditado hasta una reciente edición en dvd de la película con su versión en color (al genial Harryhausen le dio por querer colorear todas sus viejas películas en blanco y negro y se puso de manera entusiasta manos a la obra con ello, cosas de la edad, imagino). Muchos eran, pero si debían de ser tantos para darnos un concepto tan abrumador como el de Banco de Memoria Infinitamente Indexado, bienvenidos sean. ¿Que no sabes qué es este Banco? Pues como todos este también roba, pero si quieres saber qué exactamente, tendrás que ver la película y esperar a que nuestros protagonistas estén dentro de uno de los platillos viendo descender una rosa gigante del techo.

    platillos volantes
    Todo un clásico de la ciencia-ficción.
    Cuarenta años después La Tierra contra los platillos volantes inspiraría Mars Attack! (1996) de Tim Burton, una película que me gusta, lo reconozco, pero de la que no consigo recordar ni un solo plano con la misma fuerza con que sí recuerdo muchos de la primera.

    De Fred F. Sears no he visto muchas más películas: la muy entretenida serie b del oeste Utah Blaine (1957) y la tan desastrosa como por esto mismo simpática The Giant Claw (1957). Ray Harryhausen, sin embargo, se dedicó a hacer una obra maestra tras otra, a maravillarnos para siempre con toda una serie de películas fantásticas ya hoy impensables de hacer. Quedan como un gigantesco y mágico ejemplo de que hubo un tiempo en el cual el cine podía ser descomunal sin tener que gastarse en él ni el dinero para los bocadillos de cualquier Transformers (o Mars Attack!) de la vida.

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    Imdb Earth vs. the Flying SaucersPor José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    arthurmachen [@] hotmail.com
    La décima víctima

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    por José Luis Forte
    marzo 08, 2012

    LA TIERRA CONTRA LOS PLATILLOS VOLANTES (1956)

    por José Luis Forte | marzo 08, 2012
    Kashchey bessmertnyy posterKaschéi el Inmortal (Kashchey bessmertnyy, 1945), voy a aclararlo ya, no se trata de una obra maestra o de una joya por descubrir. Si me apuráis, hasta os diré que ni me parece una buena película en su conjunto. Pero lo maravilloso del cine es que en ocasiones una película llama poderosamente nuestra atención, deseamos verla, lo conseguimos y resulta que no, no es para nada lo que esperábamos, pero aún así la hemos disfrutado. Todos los amantes de la serie b sabréis a qué me refiero si digo que uno puede amar malas películas.

    Kaschéi el Inmortal es un ejemplo de ese cine fantástico europeo tan ignorado ante la fascinación y el encanto indudable que provocan en nosotros las películas norteamericanas. Hay excepciones, claro: las películas de la Hammer, el giallo italiano… Pero vayamos más atrás en el tiempo, retrocedamos a la década de los años 40 y quizá ya no seamos capaces de nombrar tantas películas como desearíamos. Por eso es una buena ocasión el acercarse a esta película y ver otras maneras de narrar, otras formas de contar, porque si bien el lenguaje del cine es universal, cada país impone su impronta particular.

    Dirigida por Aleksandr Rou (el cual, si miramos su filmografía, debió de ser todo un especialista en este tipo de cine) en 1945, estamos aquí ante una película que bebe en las fuentes de la fantasía más tradicional, la de la fábula o el cuento, entreverada esta por un encendido canto a la tierra natal y los valores del pueblo ruso. La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar y el mensaje stalinista es obvio. De hecho, los primeros quince minutos de la película suponen una auténtica prueba de fuego para el espectador menos curtido: pueblerinos vestidos de día fiesta cantando por las calles, hermosas jóvenes asomadas a las ventanas soltando palomas al cielo, más canciones, bailes tradicionales, un joven cortejando a una bella dama, más canciones… En fin, todo un paseo por los valores tradicionales del pueblo ruso ensalzados en un festín de cartón piedra, el alma del campesino como epítome de los valores de una nación, pero lejos aquí de la visión industrial y proletaria de gigantes como Eisenstein o Pudovkin.

    Kashchey bessmertnyy, Aleksandr Rou, 1945
    Hasta que las hordas del temible Kaschéi irrumpen en tan idílico paisaje y le prenden fuego hasta a la última brizna de hierba. Confieso, ay, que este momento lo disfruté de manera especial pese a su brevedad. Y a partir de aquí la película, sin abandonar del todo cierto tono elegíaco, se convierte en un viaje algo alocado por la fantasía más desbordada: árboles que se inclinan ante la muerte de un héroe o estatuas de madera que lloran la desgracia que ha caído sobre la tierra de quienes las guardaban, alfombras voladoras, caperuzas que proporcionan la invisibilidad, setas que hablan… El relato adquiere de repente tintes de fantasía oriental y un humor algo chusco se apodera de la narración. Y es que el tono varía sin ton ni son de lo poético a lo delirante, pasando por lo grotesco, a cada instante. De ideas tan decididamente acertadas como la de que Kaschéi es inmortal porque su corazón se oculta en una montaña oculta y recóndita y por eso nadie puede matarlo, a momentos tan bufos como la huida de la ciudad oriental.

    Kashchei El Inmortal
    Adolece de una falta de ritmo importante: en la misma secuencia, puede suceder que una acción se demore hasta la exasperación (el juicio a Bulat Balagur, el compañero de aventuras del protagonista) y la siguiente se liquide en cuestión de segundos.

    Los mejores momentos quizá se encuentren en el viaje en la alfombra voladora a través de las montañas de camino al reino del malvado Kaschéi y la llegada a este y lo que allí acontece, aunque de nuevo todo resulta demasiado irregular. La película avanza a trompicones y se confunden escenas de gran belleza plástica con otras algo torpes, siempre todo acrecentado por las exageradísimas actuaciones de los actores, que parecen no apercibirse de que están en un film sonoro. Aunque teniendo en cuenta que no hay un solo plano con sonido directo y que todas las voces que podemos escuchar parecen grabadas en la misma habitación (da igual que estén en lo alto de una montaña que en el interior de una cueva: todo suena con ese eco molesto de habitación vacía), igual no habría que culparlos solo a ellos.

    Kashchey bessmertnyy
    Kaschéi, en su figura tan terrible como ridícula al tiempo, señor del mal y la oscuridad, podría interpretarse como ese Hitler y el nazismo al que Rusia se acababa de enfrentar: de ahí su afán por ridiculizarlo de continuo. Y de ahí esos planos finales que son un canto a la antigüedad del pueblo ruso y a su alma inmortal (esta sí): “¡Después de la tempestad, Rus prospera!”, cantarán nuestros héroes. No se puede manifestar de manera más clara.

    Toda una curiosidad cinematográfica que merece nuestra atención. Dura poco más de una hora, así que tampoco estaréis perdiendo mucho tiempo de vuestras vidas.

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    Imdb Kashchey bessmertnyyPor José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    arthurmachen [@] hotmail.com
    La décima víctima

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    por José Luis Forte
    diciembre 21, 2011

    KASCHÉI EL INMORTAL (ALEKSANDR ROU, 1945)

    por José Luis Forte | diciembre 21, 2011
    Blade Runner Fan Art PosterNumerosas versiones pero idéntica esencia. Blade Runner es uno de los grandes clásicos de la historia de la ciencia-ficción. Ridley Scott adaptó la novela de Philip K. Dick en una de las películas icono del género. Cómo muchas obras de arte vivió la indefensión e incomprensión de su tiempo. Justamente éste le ha otorgado el estatus que merece y que la situa junto a obras cómo 2001: Una Odisea del Espacio (2001: Space Odissey, Stanley Kubrick, 1968). Scott, cineasta británico que había maravillado con Los Duelistas (The Duellist, 1977) y con otra joya del género, Alien, El Octavo Pasajero (Alien, 1979), sorprendió con este relato ambientado en un futuro próximo (“a comienzos del siglo XXI”). La caza del replicante, una figura robótica que se rebela contra su creador y vaga desterrado por la Tierra. El agente Rick Deckard (Harrison Ford) será uno de los encargados de llevar a cabo la misión de “retirar” las últimas unidades.

    Con una atmósfera opresiva y lúgubre (impresionante la música de Vangelis), Blade Runner es todo un prodigio lleno de efectismo, misterio e, incluso romanticismo. Su influencia en el género durante las décadas posteriores ha sido evidente. Grandes autores del momento cómo Christopher Nolan ha declarado sentir un enorme magnetismo por la cinta de Ridley Scott. Un Scott que pese a una filmografía llena de títulos excelentes jamás recuperó el nivel de sus tres primeras obras. En los últimos años, con el auge del formato digital, numerosas ediciones con diferentes montajes se han comercializado. Incluso en 1992 el filme se re-estrenó en la cartelera mundial con su director´s cut. Con o sin añadiduras, Blade Runner permanecerá en el olimpo de las más grandes y en nuestra imaginación el destino de Deckard.

    Rick Deckard in Blade RunnerA continuación, en Escenas de Cine, el momento más representativo de Blade Runner: el monólogo de Roy Batty (Rutger Hauer).



    "He visto cosas que vosotros no creeriais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir...".
    por Emilio M. Luna
    octubre 10, 2011

    ESCENAS DE CINE: BLADE RUNNER (R. SCOTT, 1982)

    por Emilio M. Luna | octubre 10, 2011
    TERIANTROPÍA

    A finales de los años setenta y principios de los ochenta el cine de terror tomó un nuevo y revitalizante giro. Nuevo autores aportaron aire fresco a un género perdido y con olor a naftalina. Jóvenes cineastas cómo Steven Spielberg (Tiburón, Jaws, 1975); Wes Craven (Las Colinas Tienen Ojos, The Hill Have Eyes, 1977); Ridley Scott (Alien, el Octavo Pasajero, Alien, 1979); y, David Cronenberg (La Mosca, The Fly, 1986), cambiaron las reglas y atrajeron al público a las salas. Junto a ellos, un realizador neoyorquino muy particular, director de culto y todo un símbolo del género, hablamos de John Carpenter. Desde su primer largometraje, Estrella Oscura (Dark Star, 1974), Carpenter demostró un nuevo tipo de cine, detallista, autorreferencial y de gusto pulp. Prueba de ello son pequeñas joyas cómo Asalto a la Comisaría del Distrito 13 (Assault on Precint 13, 1976); Golpe en la Pequeña China (Big Trouble in Little China, 1986); o Rescate en Los Ángeles (Escape from L.A, 1996). Una filmografía llena de incomprensión y admiración, ambas separadas por una fina línea cercana a la nostálgica serie B.

    Una de sus creaciones más exitosas fue el filme que hoy nos ocupa, The Thing (La Cosa, 1982). Adaptación del relato de John W. Campbell, Who Goes There? (1948), que tuvo un paso previo por la gran pantalla en 1951 a cargo de Christian Nyby con guión de Charles Lederer y la música de Dimitri Tiomkin. Ambas películas han sabido convivir a lo largo de las décadas siendo consideradas obras claves del género y objeto de estudio por sus numerosos seguidores. Algo que no ha pasado desapercibido para los grandes estudios que veintinueve años después del filme de Carpenter pusieron en marcha un proyecto de precuela dirigida por Matthijs van Heijningen Jr e interpretada por Joel Edgerton y Mary Elizabeth Winstead que verá la luz este curso. Una vuelta a la enigmática Antártida donde les espera el más terrible de los secretos.

    La Cosa de John Carpenter creó escuela y ha sido una referencia para películas posteriores cómo Abyss (James Cameron, 1989), Smilla, Misterio en la Nieve (Smilla’s Sense of Snow, 1997) o la más reciente Sunshine (Danny Boyle, 2007). Un éxito que se basa en un magnético inicio lleno de zozobra y suspense. Una sensación de desasosiego que no abandonara el metraje del filme hasta su epílogo. La nieve, la aridez glacial y unos personajes equidistantes entre el asombro y la demencia conforman una trama tan simple como adictiva. Todo complementado con un gran nivel técnico, una estupenda dirección y la sobresaliente banda sonora de Ennio Morricone. Sin duda, La Cosa (The Thing) es todo un ejemplo del mejor cine de género de los fructíferos años ochenta. Una pesadilla espeluznante que deja huella en el espectador.

    MACREADY, EL HÉROE INESPERADO

    Carpenter contó para el filme con su actor fetiche, Kurt Russell cómo el aventurero R.J. MacReady en una fantástica elección de casting. En esta agobiante cueva de ignorancia e incomprensión en la que se convierte la estación antártica, el personaje interpretado por Russell representa una loca cordura que debe convivir entre el enemigo potencial con forma de compañero. Un terror de cuerpo horroroso y sangriento que sólo encuentra réplica en la tenacidad de este cowboy de la tundra. Lejos de la esperanza y la placidez, MacReady es el único y sólido nexo entre los hechos y el público. La tranquilidad de éste depende sobremanera de un héroe inesperado que con fuego y pólvora intentará dar respuestas a sus propias preguntas. Al igual que el largometraje, un personaje fascinante que habita en un universo sólo existente en los sueños.

    Momentos inolvidables cómo el prólogo con persecución canina, la escena en la jaula con los perros o ese cadalso de extracción sanguínea demuestran el inconfundible estilo de Carpenter. Un Carpenter que saca enorme partido a un enclave inhóspito de minimalista colorimetría y el habitual uso de la steadycam. Señas de identidad de un maestro del terror que nos aborda y atrapa con un relato tan sobrecogedor cómo gratificante. Es probable que MacReady jamás volviera al polo. The Thing (La Cosa, 1982) siempre será la excusa perfecta para repetir una estancia que se graba en la retina para siempre.

    “Sé que yo soy humano. Y si todos vosotros fuerais una de esas cosas, me atacaríais todos juntos ahora mismo, por lo que algunos aún sois humanos. Esa cosa no quiere mostrarse a sí misma. Quiere ocultarse dentro de una imitación. Luchará si tiene que hacerlo, pero es vulnerable al descubierto. Si nos captura, no tendrá más enemigos, no quedará nadie para matarla. Y entonces habrá vencido.”
    MacReady (Kurt Russell)

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    Con The Thing (La Cosa, 1982) abrimos esta nueva sección (CINE CULT) dedicada a clásicos de culto o películas incomprendidas en su época que encontraron en el paso de las hojas del calendario el lugar que siempre merecieron.

    Puntuación: 78/100 CINE CULT/PELÍCULA DE CULTO/CIENCIA FICCIÓN.
    por Emilio M. Luna
    agosto 21, 2011

    LA COSA (THE THING, JOHN CARPENTER, 1982)

    por Emilio M. Luna | agosto 21, 2011

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