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    LOOPER | CRÍTICA

    Crítica de Looper - Looper review
    CARA Y CRUZ
    Looper (Rian Johnson, 2012)

    Hay una idea que se mantiene intacta después de ver Looper (Rian Johnson, 2012): la superioridad de Joseph Gordon-Levitt. Un actor que en apenas cuatro años ha pasado de ser una promesa a uno de los intérpretes más requeridos en Hollywood. Lo que se dice una estrella fulgurante, pues a sus treintaiún años ya ha trabajado a las órdenes de cineastas como Christopher Nolan y Steven Spielberg, quien le ofreció un papel en su nuevo proyecto sobre la vida de Abraham Lincoln. Lejos quedan los días en que ese joven californiano de rasgos orientales y andares desgarbados, triunfaba en la pequeña pantalla con la sit-com 3rd Rock From The Sun (en España Cosas de marcianos), que contaba las disparatadas aventuras de un grupo de extraterrestres muy excéntrico que se hacían pasar por terrícolas con la intención de estudiarnos detenidamente. Por aquel entonces una larga melena caía sobre los hombros de ese risueño chaval que ahora reclama su hueco entre los grandes. Borda todos los registros, desde la comedia romántica (500 días juntos) hasta la apolínea ciencia-ficción de Origen, pasando por la existencia perturbadora del enamorado de Brick. El punto de encuentro con su amigo y realizador, Rian Johnson, quien tras cosechar notables críticas en el Festival de Sundance gracias a dicha obra, hizo de Gordon-Levitt su actor fetiche. Era impensable que para su bautismo de fuego en el mainstream, el director prescindiera de un talento con relieve, lleno de matices y, sobre todo, carisma. Un aura de genio que se filtra en cada una de sus intervenciones. De una clase que aúna personalidad y rectitud, algo que evidencia en la escena más premonitoria de Looper, cuya trama se desarrolla en 2048, en un mundo donde existen asesinos que eliminan a personas enviadas desde el futuro para hacerlas desaparecer sin dejar rastro. Los brazos ejecutores de una banda criminal que afianza su imperio a pesar de la restrictiva ley: los viajes en el tiempo están prohibidos en 2072.

    Y esa escena sitúa al protagonista frente al espejo, mientras se acicala antes de salir a la calle. Se mira confiado, casi exultante. Se peina meticulosamente y se coloca una corbata de tonos grisáceos. Es un Terminator presumido, que observa sus crecientes entradas y cómo le clarea el pelo. Circunstancia que dibuja un gesto apesadumbrado en su rostro, sabedor de que su alopecia es irreversible. Su yo del futuro, el detonante de la historia, dará fe de ello. Durante uno de sus habituales trabajos junto a los campos de trigo, descubre que su siguiente víctima es él treinta años más tarde, que ese hampa caricaturesco y liderado por un inconsistente Jeff Daniels ha decidido prescindir de sus servicios a cambio de unos cuantos lingotes de oro, la divisa más preciada por esos killers del espacio–tiempo que matan a golpe de trabuco. Y los trigales se extienden a ambos lados de una carretera tan silenciosa como abrupta, donde sólo hay un restaurante y una de esas gasolineras genuinamente americanas. El asesino, protagonista en circunstancias indeseables, convincente en todos sus movimientos, no piensa en su inminente calvicie. Sólo consulta un reloj de bolsillo. Tictac. La víctima se retrasa. El trabuco se eleva a media altura, como un revólver de diez kilos que podría partirte en dos con medio proyectil. Tictac. No hay nadie. Desierto. Y entonces, ahí está su futuro: un fino labio superior y una nariz ancha que hacen del gesto de ese hombre una amenaza permanente. La suplantación del mito: Joseph Gordon-Levittt tomando el relevo de Bruce Willis.

    Rian Johnson compone una película que funde los delirios del género de acción con la pausa nerviosa de la ciencia–ficción moderna. Pero sin necesidad de recurrir a presupuestos desorbitados (véase el cine de Christopher Nolan), ya que la dirección artística muestra un catálogo de ambientes estrictamente reconocibles. No es Looper una película de exceso visual. Tampoco dos horas de tiros y golpes a un ritmo frenético. Hay que hablar de un argumento que podría haber cristalizado en un producto que concitara a público y crítica en un disfrute más o menos perdurable. Y, sin embargo, conviene administrar la euforia para analizar pormenorizadamente los frutos del hype. Durante el pasado Festival de Toronto, leímos decenas de crónicas que la situaban como una de las grandes del año. Y, por supuesto, Looper ha sacado unos beneficios extraordinarios de ese aluvión de buenas críticas. Sobran los argumentos para intentar refutar ciertas teorías.

    Bruce Willis en 'Looper' (2012), de Rian Johnson

    Empieza de manera atractiva, y a continuación se produce un salto temporal que hilvana una secuencia resumen (la del “¿Y si…?”) con una muy inteligente reiteración en el montaje. Pero la acción no carbura en el tercer acto, parece como si Rian Johnson –director y guionista– no encontrara respuestas a sus propias cuestiones. Y resuelve mal. O no todo lo bien que hubiéramos querido. El casting es irreprochable, con un actor superdotado que no sufre las inclemencias de su prótesis facial (un acierto que aporta verosimilitud al personaje con respecto a su versión ulterior, es decir, Bruce Willis); con una secundaria y granjera que sostiene firmemente el rifle, cubriendo a su pequeño hijo, un talento precoz que esconde maneras de veterano. Emily Blunt es esa madre solitaria en el Medio Oeste. Paul Dano, en cambio, escenifica sin gracia a un llorón sobrepasado por su actividad de looper.

    Al final tengo serias dudas acerca del peso de este filme. El tiempo calculará su auténtico valor. Percibo, no obstante, a un Rian Johnson más errático que en sus incursiones televisivas en la excelente Breaking Bad. Allí todo funciona sin fallos, es tan perfecto que cabe preguntarse si los tipos que hacen la serie son realmente imperfectos. Esta vez, la planificación de cámara pasa factura en el montaje: se suceden los saltos en pantalla y observo que la escala de los planos es, en demasiadas ocasiones, imprecisa. No exprime su potencial narrativo. Quizá sea hora de repartir méritos. El director –en términos generales– nunca ha sido el dios que han querido vendernos.

    Juan José Ontiveros.

    Ficha técnica:

    Estados Unidos, 2012. Título original: ‘Looper’. Director: Rian Johnson. Guión: Rian Johnson. Productora: Sony / TriStar Pictures / MG Entertainment / Endgame Entertainment / FilmDistrict. Presupuesto: 30.000.000 dólares. Localizaciones principales: Louisiana, Shanghai. Cámara: Panavision Panaflex Gold II, Panavision C-, E-, G-Series, ATZ and AWZ2 Lenses & Panavision Panaflex Millennium XL2, Panavision C-, E-, G-Series, ATZ and AWZ2 Lenses. Fotografía: Steve Yedlin. Música: Nathan Johnson. Montaje: Bob Ducsay. Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Paul Dano, Piper Perabo, Jeff Daniels, Garret Dillahunt, Tracie Thoms.

    "Looper poster"

    4 comentarios:

    1. Prometedora entonces, amigo Ontiveros. Ya tenía ganas de verla (seguro que esta semana cae), ya que, con sus defectos, parece ser una de las citas obligadas para los amantes del cine fantástico de este año. Coincido contigo en que Gordon-Levitt es un todoterreno que puede con lo que le echen. Un saludo y felicidades.

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    2. Já o vi aqui em Portugal e garanto ser um dos filmes mais surpreendentes do ano. Não é tanto sobre ficção científica nem viagens no tempo mas antes sobre a própria naturez humana, sobre aquilo que somos capazes de fazer em nome do outro, do mais próximo, sobre auilo que amamos e sobre aquilo pelo qual podemos dar a nossa vida.
      Expectacular mesmo!

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    3. A mí, particularmente, me ha dejado frío. La primera parte es muy buena y huele a clásico, pero a mitad de metraje cambia el rumbo narrativo y se me vuelve convencional. Me pregunté si habían cambiado de película y estaba viendo otra distinta. Curiosamente, esto hizo que me olvidara por completo de la caracterización de Gordon-Levitt. Muchos han visto un clásico y una obra de culto. Yo no lo he visto, pero el tiempo pondrá las cosas en su sitio.

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    4. A mí me ha gustado, sobretodo porque las pelis que tratan viajes en el tiempo terminan enrollándose en su propia lógica. Aquí el final es muy ordenado.

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