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El acusado
Olga Plumas
  • Cine Alemán Siglo XXI
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    El anuncio la semana pasada del póster oficial del 69º Festival de Cannes, presidido por Jean-Luc Godard y su El desprecio, provocó un sinfín de elogios para la organización del certamen galo. Un buen sabor de boca que continúa con las elecciones de otras dos secciones de prestigio: la Quincena de Realizadores (Quinzaine des Réalisateurs) y la Semana de la Crítica. La primera, para su 48ª edición, ha trasladado una fotografía de Cécile Burban encabezada por este texto de su delegado general, Edouard Weintraub:

    «Il était une fois une rencontre,
    Une femme, un homme… Leur souvenir s’est presque effacé.
    Il reste une image… déchirée, à moitié gommée.
    Le cinéma n’est pas éternel mais survit parfois à l’oubli. Et il est possible de restaurer une image.
    Qu’y aura-t-il alors entre ces deux personnages, sortis peut-être d’une comédie anglaise ou italienne, ou d’un film d’Éric Rohmer ?
    Face à une telle affiche, l’imagination remplit les trous de la représentation, comme au cinéma.»

    Hubo una vez un reencuentro,
    Una mujer, un hombre… Su memoria casi se ha borrado.
    Hay una imagen… desgarrada, medio borrada.
    El cine no es eterno, pero a veces sobrevive al olvido. Y es posible restaurar una imagen.
    ¿Qué ocurrirá entre estos dos personajes? ¿Una comedia italiana o inglesa? ¿o tal vez un filme de Rohmer?
    Frente a este tipo de estampas, la imaginación llena los vacíos, como hace el cine.


    Reconocimiento al finés de oro.

    La concepción gráfica de Michel Welfringer homenajea a los autores neorrealistas, claves en la cinematografía gala. Mucho más evidente pero igual de bello es el cartel de la Semaine de la Critique, que para su 55ª edición ha decidido plasmar una imagen del filme ganador de 2011 Take Shelter de Jeff Nichols. En el póster aparece la imagen de una de sus protagonistas, Jessica Chastain, cuya carrera desde entonces ha crecido hasta convertirse en una de las grandes de la industria norteamericana. Símil, por tanto, de un apartado cuya selección y relevancia ha ido en aumento entrega tras entrega. El 18 de abril conoceremos su line up. Seguro que nos deparará muchas sorpresas. Algo que resultaría complicado con un cineasta como el finés Aki Kaurismäki, al que se le entregará la Carrosse D'or (Carroza de oro) por parte de la Société des Réalisateurs de Films (SRF) durante la ceremonia de inauguración de la Quincena de Realizadores. El creador de filmes como Nubes pasajeras, El hombre sin pasado o El Havre sucede en el cuadro de honor a ilustres como Jacques Rozier, Clint Eastwood, Nanni Moretti, Ousmane Sembene, David Cronenberg, Alain Cavalier, Jim Jarmusch, Naomi Kawase, Agnès Varda, Jafar Panahi, Nuri Bilge Ceylan, Jane Campion, Alain Resnais y Jia Zhangke, ganador el pasado año.
    por Emilio Luna
    marzo 31, 2016

    Festival de Cannes 2016: La Semana y la Quincena desvelan su imagen; Aki Kaurismäki, Carrosse D'or

    por Emilio Luna | marzo 31, 2016

    El director turco-alemán Fatih Akin, al igual que Ken Loach, ha sido catalogado como un autor de “cine social”, etiqueta no siempre halagüeña. Sus películas exhiben, desde luego, un marcado carácter social, sencillamente porque centra su atención en el entorno que lo rodea; expresa la problemática oculta bajo los cánones del estado del bienestar con un muy particular acercamiento al lirismo entre los perdedores, los de abajo. El drama de la renuncia a la identidad está ampliamente presente en su filmografía, con ejemplos brillantes como Contra la pared (2004), Al otro lado (2007) o la más reciente The cut (2014). Sin embargo, también ha sido capaz de ofrecer aproximaciones a las dificultades y los embates de la vida en un entorno humorístico, sin renunciar a sus principios éticos y estéticos. Ya lo demostró en la fresca y divertida Soul kitchen (2009), y en su nueva propuesta continúa con esta línea. Tschick, adaptación de la novela de culto del escritor Wolfgang Herrndorf, narra un sencillo e intenso argumento: Andre Tschichatschow “Tschick”, un adolescente ruso con dificultades para integrarse en su nuevo contexto, se presenta un día en casa de su introvertido amigo Mike con un automóvil “prestado”. Ambos se embarcarán en un viaje sin la presión de ningún elemento de autoridad o convenciones socioculturales, como metáfora del autodescubrimiento de cada uno y del paso a la edad adulta. Esta producción, una prometedora mezcla de road movie e historia de iniciación, con una fotografía que realza la belleza de lo sutil, llegará a salas alemanas en septiembre.

    Tráiler en versión original / Póster.


    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 31, 2016

    Tráiler de 'Tschick', de Fatih Akin

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 31, 2016

    El director británico Stephen Frears despuntó en 1985 con la magnífica Mi hermosa lavandería y, desde entonces, se ha forjado una muy respetable carrera cinematográfica. Más de treinta años avalan su talento y versatilidad para cualquier tipo de entorno, sea la tragicomedia (la interesante Philomena), o la adaptación literaria (obras como Las amistades peligrosas, o, más reciente, Alta fidelidad). El biopic, género que maneja con soltura y en el que imprime su muy particular aproximación a la narrativa —con ejemplos dignos de mención como Mrs. Henderson Presenta (2005), The queen (2006) o The program (2015)—, es donde se enmarca su próxima propuesta. En este caso, Frears ha tomado prestada la historia real de Florence Foster Jenkins, hija de la nobleza estadounidense que a principios del siglo XX decidió dedicarse activamente a la ópera, cantando como soprano. Muy a pesar de sus evidentes carencias artísticas y sus nulas capacidades musicales, Jenkins se hizo famosa dentro del circuito neoyorquino, generando numerosos admiradores de su cuestionable estilo de cantar, en el límite entre el ridículo total y la determinación inquebrantable. La encargada de interpretar a esta excéntrica y curiosa figura de la cultura popular norteamericana es la multipremiada Meryl Streep —Presidenta del jurado en la pasada edición de la Berlinale—, en una actuación que, como siempre, dignifica el conjunto de cualquier filme en el que participa. La acompañan Hugh Grant, Rebecca Ferguson (Cuando cae la nieve) y Simon Helberg (The big bang theory). Florence Foster Jenkins se estrena en nuestro país el 6 de mayo, distribuida por TriPictures.

    Tráiler en versión original:

    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 31, 2016

    Tráiler de 'Florence Foster Jenkins', dirigida por Stephen Frears y protagonizada por Meryl Streep, Rebecca Ferguson y Hugh Grant

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 31, 2016

    Durante las dos últimas décadas, el cine de animación ha ganado enorme relevancia dentro de la agenda de las producciones más importantes. La eclosión del interés del público mayoritario por este tipo de películas, gracias, sobre todo, a la buena mano de Dreamworks y el todopoderoso Pixar, ha permitido la diversificación de propuestas, temas y enfoques. El joven estudio Laika, responsable de tan solo tres filmes de animación: Los mundos de Coraline (Henry Selick, 2009), El alucinante mundo de Norman (Sam Fell, Chris Butler, 2012) y Los boxtrolls (Graham Annable, Anthony Stacchi, 2014), ha querido ofrecer innovaciones tanto en el apartado argumental como en los métodos de animación y uso del 3D —El alucinante mundo de Norman se sirvió de impresoras 3D a color para la animación de los rostros de cada uno de sus personajes, y Los mundos de Coraline fue la primera película en Stop-Motion en ser filmada con estereoscópico tridimensional—. Es por esto que merece la atención su nueva producción, Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the two strings, 2016). Travis Knight, cabeza de Laika, se pone al mando de la dirección de esta historia ambientada en un Japón medieval con toques fantásticos, donde el pequeño Kubo habrá de embarcarse en una peligrosa aventura, en busca de la armadura de su fallecido padre, un famoso guerrero samurái, para enfrentarse a una antigua fuerza maligna. Detrás de los personajes digitales encontramos las voces de figuras muy conocidas en la cinematografía internacional, tales como Charlize Theron, Ralph Fiennes, Rooney Mara o Matthew McConaughey. En Estados Unidos tiene previsto su estreno el 19 de agosto del presente año. Llegará a España el 26 del mismo mes gracias a Universal International Pictures Spain.

    Tráiler en castellano / Póster



    Tráiler en versión original:


    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 31, 2016

    El eterno amanecer de Laika Animation: tráiler de 'Kubo y las dos cuerdas mágicas' de Travis Knight

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 31, 2016
    Ma loute

    Regresa a la gran pantalla uno de los enfant terrible del cine galo. Tras su soberbio paso televisivo con la miniserie de cuatro episodios P'tit Quinquin, Bruno Dumont buscará sorprender a sus seguidores con Ma loute (que en los países anglosajones se titulará Slack Bay), una nueva visita al peculiar universo del director francés que narra, en clave de comedia, las pesquisas de dos inspectores Machin y Malfoy (que recuerdan a los personajes de sus anterior creación: Carpentier y Van der Weyden), cómo no, muy extravagantes, ante una serie de desapariciones en una ciudad costera del norte de Francia en 1910. Algo que dará pie que descubramos a los célebres habitantes de la zona, encabezados por la familia Bréfort. Dos tramas que unirán un festín (no desvelamos más) y una historia de amor adolescente. El filme está protagonizado por Juliette Binoche, Fabrice Luchini, Valeria Bruni Tedeschi, Angélique Vergara y Jean-Luc Vincent. Además cuenta con la labor del director de fotografía Guillaume Deffontaines, cuyo trabajo se pudo apreciar en Lejos de los hombres de David Oelhoffen. El filme es una coproducción franco-alemana (3B Productions, Arte France Cinéma, Scope Pictures, Twenty Twenty Vision Filmproduktion y con la colaboración de Rachid Bouchareb) y será distribuida en Francia por Memento Films. Su estreno está fijado para el 11 de mayo. ¿Una posible premiere en Cannes? ¿Estaremos ante uno de los primeros grandes éxitos de la temporada del país vecino? Cuenten con ello.

    Tráiler en versión original / Póster


    Fuente: The Film Stage.
    por Emilio Luna
    marzo 30, 2016

    Tráiler de 'Ma loute', la nueva película de Bruno Dumont protagonizada por Juliette Binoche

    por Emilio Luna | marzo 30, 2016
    Genius

    El pasado Festival Internacional de Cine de Berlín ofreció un muy amplio conjunto de películas que, con el avance progresivo del año, han sido ya distribuidas en salas comerciales, o bien se podrán ver próximamente. Dentro de la Sección Oficial se proyectó Genius, de Michael Grandage, que será estrenada en Estados Unidos el 10 de junio y que llegará a nuestro país seis meses más tarde (gracias a Acontracorriente films. Si el nombre de Grandage, también actor, no resulta muy conocido, esta ópera prima cuenta, eso sí, con un respaldo de Hollywood de primer nivel. El guionista John Logan, conocido por una larga y exitosa carrera, con credenciales tales como Gladiator (Ridley Scott, 2000), El aviador (Martin Scorsese, 2004) o Skyfall (Sam mendes, 2012), es el encargado de adaptar al lenguaje cinematográfico el libro de A. Scott Berg Max Perkins: Editor of genius, que rescata y dignifica al gran editor estadounidense, poco conocido en Europa, pero una figura clave para el devenir de la Literatura Universal gracias a su apuesta incondicional por F. Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway. El filme narra el encuentro de Perkins con un joven y aún desconocido Thomas Wolfe, y la honda relación de amistad y admiración que entre ambos se fraguó. Genius, recibida con una cálida acogida en la Berlinale, incluye una muestra de los más sólidos actores de la industria, tales como Colin Firth, quien brilla en su contención, y Jude Law, en un despliegue de histrionismo para la lograda caracterización del excéntrico y obsesivo Wolfe. Completan el reparto el siempre correcto Guy Pearce y una Nicole Kidman en estado de gracia.

    Tráiler en versión original



    Crítica de Genius desde la 66ª edición de la Berlinale.
    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 30, 2016

    Tráiler de 'Genius' de Michael Grandage, biopic del editor Max Perkins liderado por Colin Firth

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 30, 2016
    El olivo

    La realizadora madrileña vuelve tras cinco largos años de silencio —solo roto con el documental En tierra extraña (2014)— con un tierno relato que combinará drama familiar y algo de road movie con su habitual maestría en la dirección de actores.


    Que Icíar Bollaín es una de las realizadoras españolas más comprometidas y sinceras del panorama cinematográfico español es algo que, a estas alturas, pocas voces se atreverían a cuestionar. Tras su feliz debut con Hola, ¿estás sola? (1995), títulos como Flores de otro mundo (1999), Te doy mis ojos (2003), Mataharis (2007), También la lluvia (2010) y Katmandú, un espejo en el cielo (2011) conformaron una filmografía ejemplar a la que viene a sumarse, en breve, una última y muy esperada propuesta, El olivo (2016). Estamos ante una historia escrita por Paul Laverty (pareja de Bollaín) de amplio calado dramático en la que un anciano deja de hablar voluntariamente después de que su familia le arrebatara un olivo que significaba su vida para él. Cuando el hombre también deja de comer, su nieta, con la que siempre ha mantenido una especial relación (muy unida al antiguo árbol), decide emprender un largo viaje a Düsseldorf, destino actual del olivo, para devolverlo a las manos de su abuelo y así devolverle las ganas de luchar. En esta aventura, Alma contará con el apoyo de su tío, un compañero de trabajo y un par de amigas. A la vista de las primeras imágenes, El olivo será un filme que sabrá tocar la fibra sensible del espectador sin caer en el maniqueísmo, con excelentes actuaciones del veterano Manuel Cucala, el ubicuo Javier Gutiérrez y una Anna Castillo que, después de su trabajo en Blog (Elena Trapé, 2010), tiene todas las papeletas para convertirse en una de las grandes revelaciones del año. El estreno mundial de El olivo tendrá lugar el próximo 6 de marzo en el Festival Internacional de Cine de Miami. El 6 de mayo llegará a España.

    Tráiler / Cartel

    por José Martín León
    marzo 30, 2016

    Tráiler de 'El olivo' de Icíar Bollaín

    por José Martín León | marzo 30, 2016
    The sea of trees

    La peor película de la sección oficial del pasado Festival de Cannes. Así lo subrayó la crítica internacional en el certamen galo; entre ellos, nuestro compañero Alberto Sáez: «Van Sant tiene detrás un importante legado cultural, que no sólo se nutre del movimiento beat, sino también de la pintura, el cómic, la fotografía o la música. Prefiere componer a partir de tenues pinceladas que de secuencias minuciosas. Es una inspiración inmovilista, le gusta más el equilibrio de las imágenes que su fluidez. Cada plano tiene entidad por sí solo. Por este motivo funcionó tan bien su trilogía de la muerte y, por esta misma razón, ésta parecía una cinta perfecta para el tipo de visión del estadounidense que, desafortunadamente, queda en un errático y generalizado tropezón mayúsculo cargado de demagogia barata y descarada. Sin lugar a dudas, uno de los mayores despropósitos realizados hasta la fecha con una propuesta en principio tan sólida». De este modo, será complicado para el otrora estandarte indie Gus Van Sant encontrar una distribución más que apropiada para su nuevo filme, The sea of trees, un drama que narra el encuentro entre un estadounidense (Matthew McConaughey) y un japonés (Ken Watanabe) en el famoso bosque de Aokigahara, conocido por acoger numerosos suicidios. Tras conocerse, ambos se echarán atrás en sus tentativas y comenzarán un viaje a través de la espesura. Un punto de partida excelente —acompañado por un gran elenco completado por Naomi Watts— que parece que Van Sant ha llevado al terreno del estereotipo. Ahora le toca decidir al público. Aún pendiente su estreno en EE.UU., donde será distribuida por Roadside Attractions, el largometraje llegará en las próximas fechas a Japón y Francia, algo que ha provocado que se libere un primer tráiler.

    por Emilio Luna
    marzo 30, 2016

    Tráiler de 'The sea of trees' de Gus Van Sant

    por Emilio Luna | marzo 30, 2016

    Lejos del glamur, los flashes, los bombos y los platillos, y, por qué no decirlo, del vil metal, se sitúan en la geografía española otros eventos que año tras año van calando con fuerza, gracias, sobre todo a la fidelidad de su público. Este es el caso del Fanter Film Festival, muestra de cine fantástico y de terror —que cuenta con una sección competitiva de cortometrajes profesionales— que cada año vence a las inclemencias gubernamentales y presupuestarias con mucha imaginación. En esta sexta edición, que se desarrollará del 1 al 3 de abril, con un nuevo reto: se apartará la gratuidad y se cobrará una cantidad simbólica por entrada (un euro). Un lance de la que saldrá victoriosa si nos atenemos a la venta anticipada de tickets y bonos. Viendo la programación no es ninguna sorpresa. Dos grandes títulos tendrán su premiere extremeña tras un año lleno de premios y menciones: It follows, de David Robert Mitchell, y Bone Tomahawk, de S. Craig Zahler, dos de los filmes de culto que nos dejó el 2015. El primero, un thriller lleno de originalidad y que dejó descolocada a la platea de medio mundo; el segundo, un neowestern de terror que entusiasmó a Sitges. Sendas cabezas de cartel son reclamos ineludibles pero no los únicos. Asoman propuestas muy interesantes como Turbo Kid, la bella La canción del mar (en la sesión infantil) y, cómo no, su apertura, la versión remasterizada de un clásico: La matanza de Texas. Ingredientes de un cóctel que promete dejar un terrorífico sabor de boca al espectador cacereño.

    Viernes 1 de abril

    18:30 horas | La matanza de Texas de Tobe Hooper (1974, EE.UU., Versión remasterizada).
    21:30 horas | It follows de David Robert Mitchell (2014, EE.UU.).
    00:00 horas | Night fare de Julien Senri (2015, Francia).

    Sábado 2 de abril

    17:00 horas | Zombie camp de Christopher Landon (2015, EE.UU).
    19:30 horas | Presión de Ron Scalpello (2015, EE.UU.).
    21:45 horas | El cadáver de Anna Fritz de Héctor Fernández Vicens (2015, España).
    23:45 horas | The green inferno de Eli Roth (2014, EE.UU.).

    Domingo 3 de abril

    12:00 horas | Sesión infantil: La canción del mar de Tomm Moore. (2015, Irlanda).
    17:45 horas | Turbo Kid de Yoann-Karl Whissel (2015, Canadá).
    20:00 horas | Bone Tomahawk de S. Craig Zahler (2015, EE.UU.).

    Más información en la web oficial del festival.
    por Redacción EAM
    marzo 29, 2016

    La VI edición del Fanter Film Festival promete aterrorizar a Cáceres durante la primera semana de abril

    por Redacción EAM | marzo 29, 2016

    Casi diez años separan Miguel y William (2007) de La noche que mi madre mató a mi padre, nuevo trabajo de la cineasta Inés París, volcada desde entonces en la televisión o la escritura para otros (trabajó en la Rivales -2008- de Fernando Colomo, acreditado como colaborador a su vez en el guion de esta comedia). Su regreso se aventura cuanto menos curioso, en un registro de comedia negra que desde este avance de 82 segundos promete una gran interpretación de Belén Rueda y una historia de vodevil pasado de vueltas. El argumento nos lleva a la noche en que la actriz Isabel París, su marido Ángel (Eduard Fernández), guionista, y Susana (María Pujalte, actriz fetiche de la directora), la exmujer de Ángel, directora de cine, quieren convencer al actor argentino Diego Peretti de que protagonice una película que han escrito. En mitad de la velada se produce un acontecimiento inesperado que da un vuelco al transcurso de la cena, cuando entra en escena el ex de la anfitriona Carlos (Fele Martínez) con su nueva novia (Patricia Montero), y parece que éste último sufre un accidente mortal, quizá a manos de la propia Isabel. Producida entre Shangam Films, POST-ENG Producciones y las valencianas Rodaje Films y La Noche Movie AIE, La noche que mi madre mató a mi padre se presentará a concurso en el Festival de Málaga y se estrenará el 29 de abril en cines. Su rodaje –que transcurrió a principios de 2015– en una única localización nos recuerda al de las recientes Felices 140 (Gracia Querejeta) o El tiempo de los monstruos (Félix Sabroso, 2015) o la inminente Como la espuma (Roberto Pérez Toledo, 2016), y nos habla de la precaria situación del cine español hecho sin el apoyo de las televisiones privadas, y donde los directores se ven obligados a escribir historias así para acomodar los planes de producción. Una pena de entrada, pero si La noche que mi madre mató a mi padre logra mantener el equilibrio entre lo divertido y lo grotesco que una buena comedia negra necesita, podemos estar ante uno de los títulos más logrados de la temporada.

    por Unknown
    marzo 29, 2016

    Cena infernal con un equipo de cine: tráiler de 'La noche que mi madre mató a mi padre', de Inés París

    por Unknown | marzo 29, 2016

    Ya tenemos inaugurador oficial para la 69ª entrega del Festival de cine de Cannes. Woody Allen será el encargado, por tercera vez en su carrera, de abrir el festival galo, tras hacerlo en 2002 con Un final made in Hollywood (Hollywood Ending) y en 2011 con Midnight in Paris. Café Society se erige como la última e ineludible cita anual del realizador neoyorquino con la terapia cinematográfica, y nos traslada a los años 30 de la mano de un joven que se adentra, lleno de sueños y esperanza, en Hollywood Boulevard para tratar de triunfar en la gran industria de los sueños. Por supuesto, no tardará mucho en enamorarse de una bella dama y de una época aún más bella determinada por la romántica sociedad del café. Allen se alía, por primera vez, con nada menos que Vittorio Storaro, una eminencia en el campo de la dirección de fotografía, galardonado con tres Óscar por su trabajo, entre ellos a la magistral Apocalypse Now

    Un total de 14 participaciones fuera de competición tiene en su haber el genio de la comedia disparatada quien, por segunda vez, contará en sus filas con otro de los pesos pesados de la comedia contemporánea: Steve Carell. Junto a él, encontramos protagonizando la cinta a la pareja formada por Kristen Stewart y Jesse Eisenberg, cuya conexión quedó patente en la original American Ultra (2015). Hablando de un director como Woody Allen, siempre hay que dejar claro que los resultados pueden ser de lo más imprevisibles, sobre todo atendiendo a las últimas aportaciones a su vasta filmografía. Pero si algo ha dejado claro a lo largo de más de 50 años de carrera profesional dedicada al cine, es que sus directrices no están en venta ni su forma de entender la cinematografía tampoco. Con unas convicciones tan claras y una forma de entender las relaciones amorosas tan particular, no queda ninguna duda de que tendremos un inicio de festival tan neurótico y disparatadamente elocuente como sólo Allen podría ofrecer. La fecha de estreno de la película en Francia coincidirá con la del inicio del certamen, el miércoles 11 de mayo.
    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 29, 2016

    Café Society, de Woody Allen, abrirá la 69ª edición del Festival de Cannes

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 29, 2016

    La carrera como realizador del guionista Whit Stillman no termina de despegar. Algo impensable hace 26 años cuando estrenó su ópera prima, Metropolitan (1990), con la que consiguió una nominación al Óscar a mejor guion y obtuvo las loas unánimes del público y la crítica. A partir de ahí, tres largometrajes que pasaron sin pena ni gloria por las carteleras. El último, Damiselas en apuros (2011), al menos tuvo una distribución internacional interesante, llegando incluso a España. Su quinta película, Love & Friendship, no parece que vaya a invertir esta errática trayectoria pero sí superar las prestaciones comerciales de sus anteriores trabajos. O eso fue lo que ratificó la prensa en la pasada edición del Festival de Sundance. Principalmente por la estupenda interpretación de Kate Beckinsale, dando rienda suelta a su vis cómica. Es la segunda ocasión que la actriz británica colabora con Stillman, al igual que su partener en el reparto, Chloë Sevigny, tras The last days of Disco (1998). Love & Friendship adapta libremente el relato de Jane Austen titulado Lady Susan (1794), donde se representa a una heroína en la Inglaterra Victoriana adelantada a su tiempo; una subversión de la novela romántica habitual con una cazamaridos como protagonista en la campiña británica del siglo XIX. Junto a las mentadas Beckinsale y Sevigny, aparecen en el elenco Xavier Samuel (Dos madres perfectas), Stephen Fry (The look of love) y Emma Greenwell (Shameless). El filme será distribuido en EE.UU. por Amazon y Roadside Attractions; y exhibido el 13 de mayo.

    Tráiler en versión original:



    Cartelería:

    Love and Friendship



    por Redacción EAM
    marzo 28, 2016

    Tráiler de Love & Friendship, la adaptación de Lady Susan de Jane Austen a cargo de Whit Stillman

    por Redacción EAM | marzo 28, 2016

    Maneras de sobrevivir

    crítica de Colony | Primera temporada.

    USA Network / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creadores: Carlton Cuse & Ryan J. Condal. Directores: Juan José Campanella, Nelson McCormick, Roxann Dawson, Scott Peters, Tim Southam. Guionistas: Carlton Cuse, Ryan J. Condal, Wes Took, Daniel C. Connolly, Dre Alvarez, Anna Fishko, Sal Calleros. Reparto: Josh Holloway, Sarah Wayne Callies, Peter Jacobson, Tory Kittles, Amanda Righetti, Alex Neustaedter, Isabella Crovetti-Cramp, Paul Guilfoyle, Kathleen Rose Perkins, Carl Weathers, Gonzalo Menendez, Kim Rhodes, Cooper J. Friedman, Ally Walker, Erin Way, Adam Busch, Adrian Pasdar, Felix Solis, Kathy Baker, Charlie Bewley, Libe Barer, Kathryn Morris, Jacob Vargas, D.J. Blickenstaff. Fotografía: Jeffrey Jur, Checco Varese. Música: Clinton Shorter.

    De entrada, Colony podría sonar a más de lo mismo. La sobada premisa del futuro cercano donde un evento ha cambiado las cosas –en este caso, la variante de la invasión alienígena– y los seres humanos deben adaptarse a lo nuevo para sobrevivir. En esta serie, esos alienígenas han dividido la población en colonias, y esta primera temporada centra su acción casi todo el tiempo en la de California, en el día a día de los ciudadanos y la lucha entre la autoridad y la Resistencia, grupos subversivos que rechazan la invasión. Especialmente en eso último. Y ahí reside uno de los principales problemas de esta tanda de episodios, que empieza muy bien a la otra de presentar su clásica estructura de subtramas paralelas (cada miembro de la familia protagonista tiene su historia, por ejemplo) pero que conforme avanza decide restar dimensionalidad a varios personajes y potenciar el conflicto de Will y Katie Bowman –estupendos Josh Holloway y Sarah Wayne Callies–, ya que él entra a trabajar para dicha autoridad y ella se suma a la causa de la Resistencia con el mismo objetivo: tratar de recuperar a su hijo Charlie, separado de ellos tras la Ocupación. Ese juego de dobles verdades, excusas y sospechas está muy bien trazado, pero ahoga el potencial de otras historias y reduce al resto de personajes a figuras monocordes, además de hacer avanzar sus tramas (la curiosidad de Bram, el lavado de cerebro de Grace, la adaptabilidad de Maddie para salvar a su propio hijo) a golpe de elipsis forzadas. Es una pena, porque el mejor equilibrio hubiera dado una mejor serie, pero aun así Colony no es nada desdeñable. La manera en que gestiona su premisa, en la que entramos in media res, es muy inteligente, porque abre el camino a múltiples teorías por parte del espectador, que no puede evitar ir elucubrando sobre quiénes son los Anfitriones y cuáles son sus intenciones. En lo que acierta bastante la serie es que explorar la parte más emocional de todo este asunto, de manera que uno puede entender perfectamente las diferentes perspectivas congregadas alrededor de la problemática. Colony tiene sus conseguidas raciones de acción, intriga y momentos al límite –de hecho, dedican un episodio entero a esto, el excitante Yoknapatawpha (1.6)–, pero si funciona es porque apela a sentimientos y conflictos emocionales esenciales, y pone a los personajes en disyuntivas morales de envergadura. La forma además acompaña al fondo, con cámara al hombro y un montaje preciso y cortante para transmitir la realidad de un mundo en tensión constante. Una elección visual que sin aportar nada nuevo (cada vez más series ruedan así) es la mejor opción para el espíritu del drama.

    Otra tendencia bastante frecuente y a la que la serie se adquiere y ejercita con talento es aquélla según la cual se juega fuerte desde el principio. A saber, varios personajes relevantes mueren y los giros de guión sorprendentes son la norma, aunque no por eso dejan de funcionar. El problema de esta fórmula es que puede quemarse con rapidez, pero cuando el cimiento de los personajes está tan bien hecho como aquí, el riesgo disminuye, siempre y cuando las decisiones que toman estén motivadas por emociones, y no entren en juego como aderezo para la trama. Will y Katie se aman, tienen un buen matrimonio –gran idea la de establecer su saludable vida sexual– y están sometidos a unas circunstancias extraordinarias que ponen a prueba la fuerza de su unión, y la de su familia. Una familia que es usada con astucia por los guionistas para cubrir diferentes aspectos de la invasión, mostrarnos múltiples caras ante la misma situación. El trabajo del padre nos muestra cómo funciona en función de las órdenes que vienen de arriba esa despreciada Autoridad; la labor en la Resistencia de la madre sirve para que aprendamos poco a poco información sobre lo que sucedió en la invasión y cómo se organiza socialmente el mundo ahora; la curiosidad del hijo nos lleva a querer averiguar cómo son los alienígenas y de dónde vienen exactamente; y la inocencia de la hija usada como perfecto caldo de cultivo para introducirle ideas de carácter místico sobre los Anfitriones nos habla de la fe para lograr adhesiones a la causa. En definitiva, Colony garantiza no solo garantiza un entretenimiento de primera sino también provoca una reflexión sobre qué haríamos ante situaciones así. Su empeño en profundizar en la moralidad de sus personajes, en no tratarlos como peones sino como seres con alma, logra distinguirla de productos de corte similar, en un subgénero que tiene potencial para lo mejor y para lo peor. Sin evitar algunos lugares comunes y con la ya mentada irregularidad en el tratamiento de algunas subtramas, este drama de ciencia-ficción goza de un conseguido tratamiento realista y una puesta en escena cargada de nervio, amén de un elenco notable que suple ocasionales carencias de guión. Y todo esto apuntado en apenas diez entregas, que cierran con un cliffhanger básico (varios frentes abiertos que terminan de mostrar lo rota que está la familia Bowman) y hace que la cuenta atrás para la segunda tanda se haga desde ya algo más complicada de aguantar. | ★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Unknown
    marzo 28, 2016

    Crítica en serie: Colony (T1)

    por Unknown | marzo 28, 2016

    De dioses y hombres (otra vez)

    crítica de Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia (Batman v. Superman: Dawn of Justice, Zack Snyder, EE.UU., 2016).

    Dentro de las cada vez más amplias fronteras del fandom, siempre se ha fantaseado con la idea de enfrentar a los grandes superhéroes con el fin de saciar un deseo incontrolable de comparar el poder. La macabra curiosidad del fanático ha llevado a los creadores de historietas a engendrar duelos tan sanguinarios como delirantes —Superman contra Muhammad Ali (1978, DC Comics)—. Sin embargo, a la hora de la verdad, ningún aficionado quiere ver a sus grandes ídolos defendiendo extremos opuestos de un mismo fin, por la sencilla razón de que no soportarían la derrota y, por lo tanto, la desmitificación de cualquiera de ellos. Sólo en casos de extremismo ideológico el fanático es capaz de disfrutar con la muerte del superhéroe, como ocurría en aquella sensacional serie gráfica de Marvel Comics: Deadpool Kills The Marvel Universe, en la que la iconoclastia del personaje y la esperpéntica comicidad jugaban un papel primordial para la aceptación de los anunciados magnicidios. La premisa inicial de Batman v Superman: El amanecer de la Justicia resultaba pues muy valiente, al avisar de esa esperada gran batalla de los dos pesos pesados de DC Comics. La gran pregunta estribaba en si los estudios iban a llevar ese enfrentamiento hasta las últimas consecuencias o simplemente era un vil pretexto para inmortalizar a los defensores de la justicia juntos en un mismo plano. Y lo cierto es que tan sólo leyendo la sinopsis o echando un vistazo al tráiler promocional era suficiente para despertar del quimérico escenario: «Tranquilos ciudadanos del fanatic kingdom, la alianza está garantizada», parecían avisar los comerciales y los textos introductorios a la película que ha monopolizado las redes sociales durante las últimas semanas.

    La cinta comienza cachazuda con una voz conocida y presagiosa que augura lo que todos temíamos, «hubo una época sublime…»; el hombre murciélago no deja claro si se refiere a la ficción o a la realidad. Ese tiempo pretérito parece criticar lo que todos pensábamos, el género necesita tomar aire y que un puñado de cabezas se sienten en torno a una mesa redonda para tratar de volver a darle el enfoque novedoso que viene pidiendo a gritos desde que renaciera la leyenda del caballero oscuro. Y la verdad es que en el mundo de las producciones cinematográficas basadas en novelas gráficas hubo un tiempo sublime en el que se cambiaron los esquemas y la idiosincrasia del héroe y, por un instante, a lo largo de la primera parte de este díptico hagiográfico, la más introspectiva, hay momentos en el que soñamos con un resurgimiento del género. Los protagonistas se presentan como la cara y la cruz de la justicia que siempre han representado, aunque en esta ocasión se les ve cansados, dando por sentada su presencia entre la población tendente a la idolatría. Superman aparece con el juicio nublado por su verdadero talón de Aquiles: Lois Lane. La dureza represiva utilizada por el alter ego de Clark Kent despierta cada vez más suspicacias en torno a la permisividad con la que el tribunal de justicia —lo que quede de él— lo protege. Por otro lado Batman ha sufrido una involución similar, su crueldad y sadismo a la hora de detener a los criminales no es bien vista por los defensores de una justicia limpia. Como una epidemia se propaga un desencanto general hacia la figura del salvador. El ciudadano está descontento y eso se aprecia muy claramente en la figura de Superman, quien es elevado a la altura de una divinidad y, como tal, se cuestionará su culto y su existencia. De cualquier modo, lo que ambos héroes alcanzan a ver son los defectos y excesos de su homólogo vecino, precedente para el conflicto inicial. Y en este punto comienza lo verdaderamente interesante del filme: una lucha territorial de egos. Batman actúa influido por el miedo que le produce una figura indestructible y todopoderosa como la del hombre de acero. Salen a flote los verdaderos temores de un hombre que pensaba que ya era inmune a ellos y, en su primer enfrentamiento, será humillado y despreciado.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 26, 2016

    Crítica | Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 26, 2016
    Glassland

    Ballads Booze & Craic

    crítica de Glassland (Gerard Barrett, Irlanda, 2015).

    Sábado, dos de la mañana. En mitad de la calle, un joven esquiva el tráfico bajo la lluvia mientras ayuda a dos señoritas a subir a su coche. Por el camino, una de ellas vomita un líquido amarillento en el asiento trasero y la otra se ha dormido o, lo que es más probable, se ha desmayado. Al llegar a su destino, ninguna de las dos mujeres parece entender una sola palabra ni tener la mínima noción del tiempo y el espacio, por lo que el conductor, mayormente por decencia, aunque también aferrado a la pequeña esperanza de que alguien le pague la carrera, ayuda a las jóvenes a llegar a su casa, salvándoles así de una muerte por congelación pues la noche de Dublín había caído hasta los 3 grados y el vestido de ambas chicas había subido hasta la categoría de bufanda. Ahora se lamenta de no haber cobrado por adelantado, pero en una de las ciudades con más taxis per cápita de Europa, la competencia no permite andarse con remilgos. La vida del taxista dublinés no es nada fácil. Gerard Barrett parece decidido a forjar su autoría cinematográfica especializándose en el dibujo de retratos del irlandés solitario. Sus dos películas muestran la figura del trabajador eremita por antonomasia. Si en su ópera prima, Pilgrim Hill (2013), el director se adentró en la idiosincrasia del granjero; un hombre rural entregado a la contemplación de su cosecha con la única compañía de su ganado, en esta ocasión se introduce de lleno en la gran urbe —todo lo grande que puede ser la acogedora Dublín—, para plasmar la imagen del taxista en su multitudinaria soledad, acompañado de los mismos extraños, repitiendo las mismas conversaciones sobre el tiempo una y otra vez y recorriendo las mismas calles atrapado en el hastío del semáforo en rojo. Glassland es la mirada del conductor de taxis, cuya visión del mundo ha quedado condicionada por el filtro empañado del sucio cristal de su vehículo.

    Valiéndose del monólogo interior, Barrett, de la mano de John el taxista, nos guía a través de la introspección de las familias desestructuradas que se autodestruyen por culpa del alcohol. El realizador desmitifica la visión que teníamos del irlandés borracho y sonriente para narrar, con la inusitada madurez de un joven de 27 años con un legado cinematográfico sorprendentemente escueto, un drama social de una sobriedad y lucidez que asusta, no sólo por la presencia de grandes virtudes, sino por la ausencia de arrogancia pretenciosa que asumiríamos como inherente y ligada a una mirada con tan poca experiencia. Un noviciado que se transforma en virtuosismo cuando escuchamos el monólogo —éste ya exterior— de Jean, la madre de John, quien detalla la multitud de varapalos y desgracias que la vida tenía preparados para ella hasta que, por fin, un día encontró a un verdadero amigo. Un amigo que no la juzgaba ni le exigía sacrificios. Un amigo que nunca le dio la espalda y la reconfortaba sin importar cómo de mal se encontrase. La forma con la que Jean se refiere a los inicios de su alcoholismo es escalofriante y nos traslada a la esencia misma de la mente del adicto. Una visión que se erige con dureza como una analogía de la verdadera entrega a la fe cristiana. Alguien que mira con devoción absoluta hacia algo; un icono, una estampa o una botella de whisky, y se somete sin pensarlo y a ciegas para encontrarse, un día cualquiera, en la absoluta soledad. La comparación entre la adicción y la religión es tan sutil como certera, y encontrará el sentido absoluto en su recta final, con un mensaje desesperanzador de una elevada simbología religiosa.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 24, 2016

    Crítica | Glassland

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 24, 2016

    El pálido reflejo del mito

    crítica de Queen of the Desert (Werner Herzog, Alemania, 2015).

    Dedicado, en los últimos tiempos, en cuerpo y alma a sus excelentes documentales –Grizzly Man (2005), Encuentros en el Fin del Mundo (2007) u Ode to the Dawn of Man (2011), entre otros muchos–, con los que compensa la falta de tino en sus más recientes filmes de ficción –aun con sus aciertos, títulos como Rescate al amanecer (2007) o el remake de Teniente corrupto (2009) están muy lejos de sus mejores logros pasados–, Werner Herzog es un cineasta que jamás causa indiferencia con sus trabajos. El que fuera considerado uno de los fundadores del Nuevo cine alemán siempre mostró cierta debilidad por los personajes extremos, enfrentados al mundo y, muchas veces, bordeando peligrosamente la locura. Así lo atestiguan obras tan inolvidables como Aguirre: la cólera de Dios (1972), Nosferatu (1979), Woyzeck (1979), Fitzcarraldo (1982) o Cobra verde (1987), aquellas en las que contó con la inestimable colaboración de su actor fetiche Klaus Kinski, estrechamente ligado a la carerra del realizador a pesar de unas más que complicadas relaciones que quedaron reflejadas en el revelador documental Mi enemigo íntimo (1999). Al menos sobre el papel, un proyecto como Queen of the Desert (2015) contaba, de entrada, con una protagonista femenina inconformista, aventurera y con ese punto desquiciado que siempre caracterizó a los mejores personajes de Herzog, por lo que cabía albergar algunas esperanzas en que Herzog pudiese recuperar buena parte del crédito perdido en los últimos años fuera de los documentales.

    La historia de la polifacética Gertrude Belle –escritora, cartógrafa, científica, arqueóloga, viajera, fotógrafa, alpinista, política y espía son algunos de los adjetivos que podrían definirla en su trayectoria profesional–, considerada como una especie de versión femenina de Lawrence de Arabia que se convirtió en pieza clave para la construcción de Irak y la delimitación de sus fronteras, era merecedora de ser trasladada a la gran pantalla con rigor, pasión y, sobre todo, el mismo espíritu aventurero que fue determinante a la hora de convertir al citado protagonista de la obra de 1962 de David Lean en un auténtico clásico del cine. Aquella mujer indomable, rebelada contra la hipócrita alta sociedad inglesa en la que le tocó nacer, poseía una gran inteligencia (fue la primera en doctorarse en Historia Moderna en Oxford) y era dueña de una personalidad arrolladora, capaz de intimidar a cualquier candidato a convertirse en ese esposo que su familia esperaba para ella. Lo que para cualquier joven de la época podría ser asimilado como un drama, para Gertrude no fue más que la confirmación de que su lugar estaba en lugares exóticos y lejanos, siempre a la búsqueda de aventuras y nuevos conocimientos. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, fue enviada por su padre a la Embajada de Gran Bretaña en Teherán, donde pronto demuestró una innata facilidad para aprender las lenguas árabe, turca y persa, comenzando una serie de enriquecedoras expediciones que la llevaron por todo el ancho Imperio otomano, relacionándose en estos viajes con los líderes de las diferentes tribus de beduinos, visitando palacios y mezquitas y realizando exploraciones arqueológicas a lugares tan mágicos como la ciudad de Petra, en Jordania. Sus buenas relaciones con los pueblos del Medio Oriente y sus numerosos contactos con reyes, emires y jeques, sirvieron para que Gretrude fuera reclutada como espía militar por el Servicio de Inteligencia británica, contribuyendo a expandir sus dominios en aquel territorio y a establecer una política en una región como Irak.

    por José Martín León
    marzo 24, 2016

    Crítica | Queen of the desert

    por José Martín León | marzo 24, 2016
    Bogowie

    Un "éxito" polaco

    crítica de Dioses (Bogowie, Lukasz Palkowski, Polonia, 2014).

    La globalización y la internacionalización de la industria cinematográfica van más allá del flujo de capitales y de talentos. Las fronteras entre cine americano y europeo empiezan a difuminarse en algunos casos, no solo a nivel financiero y promocional. Empieza a ser bastante común la aparición de producciones europeas cuya identidad cultural pertenece al otro lado del charco. Películas de condiciones y recursos considerados clásicos, propios del cine Hollywood. Se emulan fórmulas tradicionalmente vinculadas al éxito. Este fenómeno no es necesariamente malo, en el caso español ha dado lugar a películas fantásticas como Grupo 7 (2012), Celda 211 (2009) o La isla mínima (2014) y otras menores pero igualmente meritorias como El desconocido (2015). Son obras que gozan de muy buena acogida por parte del público (porque emplean fórmulas y códigos que asimilan con facilidad) y no es extraño que sean premiadas por sus academias. Este es el caso de la cinta más exitosa de Polonia en 2015, la taquillera Dioses (Bogowie, 2014). Una cinta respaldada por la frase “basada en hechos reales” y que retrata la carrera de un excéntrico cirujano por hacer el primer trasplante de corazón en una nación bajo el Telón de Acero. Filmada en clave de thriller (con toques de humor) y tomándose escasas licencias argumentales, esta cinta comienza a estrenarse más allá de su país de origen, traspasando las fronteras de, entre otros, España.

    El resultado es cuando menos insatisfactorio. Sobre el elegante uso de cámara, de la acertada puesta en escena o de la verosímil recreación de las operaciones, prevalece un sentimiento de vergüenza ajena por momentos insoportable. Multitud de elementos tienen la culpa. Quizá el que más fuerte llama a la puerta del ridículo es la banda sonora, canciones alejadas contextualmente de lo que ocurre en pantalla y de lo que uno entiende por la Polonia de los 80; el único director al que siempre le funcionan esa clase de mezclas es a Tarantino, y, por supuesto, entre Lukasz Palkowski y el director de Tennessee hay una distancia insalvable. Difícil pasar por alto la banda sonora (que no se nos malinterprete, las canciones son buenas, suenan James Brown o My Sharona de The Knack, simplemente no encajan), pero si uno hace el esfuerzo de obviarla no será, sin embargo, capaz de evadir el descalabro de alguna secuencia digna de La hora de José Mota —a bote pronto se viene a la cabeza la fiesta en la clínica, de una decadencia inintencionadamente cómica, a pesar de los esfuerzos del director por parecer gracioso la carcajada acecha por cuestiones ajenas a la voluntad del Palkowski—. En esta misma línea equívoca se encuentran las temerarias conducciones del insensato galeno por pistas de la Polonia profunda, sus arrebatos etílicos y los insulsos paréntesis dramáticos. También podría ponerse en tela de juicio la dirección de actores, el sobreactuado Tomasz Kot resulta tan hipnótico como repelente. El personaje, a pesar del punto excéntrico, no deja de ser un cliché. El Dr. Religa es un visionario condenado a ser dios, un médico mesiánico, de mente abierta, occidentalizado tras una estancia en Estados Unidos (capaz de enfrentarse sin tapujos al régimen), en confrontación con una sociedad que no le entiende. Al menos no es un retrato hagiográfico. Y esa es la esencia del guion, la del cirujano arrogante desafiando la ética establecida.

    por Unknown
    marzo 24, 2016

    Crítica | Dioses

    por Unknown | marzo 24, 2016
    American crime

    Una mirada caleidoscópica sobre la desgracia

    crítica de American crime | Segunda temporada.

    ABC / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creador: John Ridley. Directores: John Ridley, Clement Virgo, Gregg Araki, Julie Hébert, Rachel Morrison, Jessica Yu, Kimberly Peirce, James Kent, Nicole Kassell. Guionistas: John Ridley, Ernie Pandish, Sonay Hoffman, Kirk A. Moore, Davy Perez, Stacy A. Littlejohn, Keith Huff, Julie Hébert, Diana Son. Reparto: Felicity Huffman, Timothy Hutton, Lili Taylor, Connor Jessup, Joey Pollari, Trevor Jackson, Regina King, Elvis Nolasco, Angelique Rivera, Brent Anderson, André L. Benjamin, Hope Davis, Faran Tahir, Emily Bergl, Richard Cabral, Lynn Blackburn, Sky Azure Van Vliet, Michael Seitz, Ty Doran, Christopher Stanley. Fotografía: Lisa Wiegand. Música: Mark Isham.

    Lo han vuelto a hacer, y en menos tiempo. En un momento donde la innovadora propuesta de las series limitadas (series que renuevan su historia y parte de su reparto cada temporada) está dando tanto frutos cuestionables –True detective (2014-)– como estimulantes mutaciones –American horror story (2011-)–, John Ridley y su equipo se las han ingeniado para facturar otra estupenda temporada de American Crime en menos de un año (la primera se estrenó en marzo y ésta a principios de enero), cambiando la historia por completo y dando a más de diez intérpretes roles completamente opuestos a lo que hicieron en la anterior tanda. Lo que en 2015 fue una exploración de la tensión racial en Estados Unidos, en 2016 se ha convertido en la crónica de un violento encuentro sexual y una contienda de clases, sin dejar de tocar de nuevo el tema racial con personajes negros y latinos en complicada existencia. El mundo que Ridley ha creado y un grupo de guionistas y directores han continuado ejemplarmente es uno de calado social, donde se evidencia la hipocresía imperante y las múltiples diferencias entre los seres humanos. Es un mundo tenso, donde la tragedia parece estar siempre a punto de explorar, pero la sobria y marcadamente personal apuesta visual –con la reivindicable contratación de una directora de fotografía, gremio con muy pocas mujeres, para ayudar a establecerlo– ayuda a que no se cruce al exceso y lo dramático porque sí. Aun con esto en mente, sí es cierto que uno puede acabar hartándose de tanta decisión equivocada de los personajes y tanto estratégico conflicto, pero el que esto firma no lo ve como un problema sino como el resultado de una certera planificación y buenas artes de narrador. Como curiosidad para apuntar, de nuevo el creador y su compañero productor Michael J. McDonald han apostado por la diversidad detrás de la cámara, con directores y guionistas de toda raza, género y condición sexual.

    El conflicto comienza cuando los jóvenes Taylor y Eric tienen sexo en la fiesta del equipo de baloncesto de una prestigiosa academia para los adinerados de la ciudad. Una fiesta donde alcohol y drogas fluían con facilidad. Días después, y tras salir a la luz en redes sociales fotografías sobre su deplorable estado en dicha fiesta tras algunas consumiciones, Taylor le dice a su madre que Eric le violó. Esta confesión, que la madre del joven (estupenda Lili Taylor, todo vulnerabilidad) convierte en oficial al comprobar que la escuela no va a hacer nada para ayudar a su hijo, será el desencadenante de varias tramas paralelas que, una vez expuestas y desarrolladas en su totalidad, crearán una perspectiva poliédrica en torno a una dura realidad, que a su vez está compuesta de varias duras realidades. Diferencias de clase, homofobia latente y explícita, racismo, hipersensibilidad, los peligros de internet, el daño que puede hacer la corrección política llevada al extremo... todo esto y más entra a examen por parte del equipo creativo de esta portentosa propuesta, que como en la primera tanda tiene un elenco absolutamente extraordinario, y eso que los intérpretes adolescentes pueden ser un problema en televisión, y más con un material tan sensible entre sus manos. Los jóvenes Connor Jessup, Joey Pollari y –en menor medida porque su rol es menos lucido– Trevor Jackson cumplen con nota, y son capaces de dar la réplica a grandes como Taylor, Felicity Hufmann, el oscarizado Timothy Hutton o Regina King. La resolución de ese conflicto principal es quizá uno de los puntos más cuestionables, si no el que más del conjunto, porque es una no-resolución. Ridley decide convertir toda la peripecia en un relato de “él dice, él dice”, lo cual se puede entender al comprender que la ambigüedad de un cierre así conforma un mensaje más fuerte, pero que quizá haya sido una decisión errónea por refleja a la juventud –LGTB y heterosexual– como cultura que pueda disculpar una sesión de sexo agresivo en el límite del consentimiento. Es un tema peliagudo, y que durante buena parte de la tanda los responsables han llevado estupendamente, pero la guinda final no es lo suficientemente firme. Hasta llegar a ese punto, la trama recorre lugares, núcleos familiares y distintos escenarios con la habitual tendencia de American Crime por el plano-secuencia y los primerísimos primeros planos, no sólo signo de distinción sino que además ayuda mucho como herramienta narrativa. La fuerza de varios momentos (la prueba de violación, la agresión en la furgoneta, la última llegada de Taylor a la cafetería donde trabaja su madre) reside también en el fuera de campo o la distancia del objetivo respecto a la acción.

    por Unknown
    marzo 24, 2016

    Crítica en serie | American crime (T2)

    por Unknown | marzo 24, 2016

    Apocalípticos e infiltrados

    crítica de Deutschland 83 / Primera temporada.

    RTL/UFA Fiction | 1ª temporada: 8 episodios | Alemania, 2015. Creador: Anna Winger, Jörg Winger. Directores: Edward Berger, Samira Radsi. Guionistas: Anna Winger, Jörg Winger, Steve Bailie, Ralph Martin, Andrea Willson. Reparto: Jonas Nay, Maria Schrader, Ulrich Noethen, Sylvester Groth, Ludwig Trepte, Alexander Beyer, Carina N. Wiese, Sonja Gerhardt, Lisa Tomaschewsky, Anna von Berg, Errol Trotman-Harrewood. Fotografía: Philipp Haberlandt, Frank Küpper. Música: Reinhold Heil. Productoras: RTL, UFA Fiction, Sundance Channel.

    En los minutos iniciales de sus primeros capítulos, las series suelen establecer su estado general de situación, mezcla sucinta de conflicto y contexto. Varios de esos episodios de prueba se titulan simplemente “Piloto”, quizás por la volatilidad de su futura concreción, o acaso por la certeza de que todavía planean sobre corrientes creativas aún desconocidas: a muchos de ellos la industria les cortará las alas y sofocará su vuelo, otros acabarán con una impronta bastante distinta al resultado final del producto global, y muy pocos hallarán desde el comienzo ese toque distintivo y perfectamente reconocible que los acompañará hasta su última entrega, los dotará de una coherencia interna imperecedera y contribuirá a cimentar sus rasgos de futuros clásicos televisivos. En la reciente Deutschland 83, el tempo de construcción del estado general de situación es rápido, casi urgente, porque lo es el momento histórico que la serie pretende —y consigue intermitentemente— retratar. Se trata del año 1983, uno de los pasajes más delicados de la Guerra Fría, donde la posibilidad real de una conflagración atómica resultó, para determinados sectores de ambos bloques en pugna, más inminente que nunca. En esas circunstancias nos encontramos con Martin Rauch (Jonas Nay), minúsculo soldado fronterizo de la República Democrática de Alemania, que con sus jóvenes veinticuatro años se dedica a inspeccionar el paso de bienes y personas a través de la frontera. En cuestión de tres escenas la serie nos pone al tanto de su situación, de su familia y de la tarea que es llamado a desempeñar. Por orden e instrucción de la inteligencia de su país, Martin deberá infiltrarse en los altos mandos del ejército de la República Federal de Alemania, como asistente de campo del general Wolfgang Edel (Ulrich Noethen), para así poder informar sobre los planes y movimientos atómicos de Occidente. 

    Con esta premisa, Deutschland 83 se transformó en la primera serie alemana que, antes de ser emitida por una cadena de su país, fue estrenada en Estados Unidos con su idioma original y subtítulos en inglés. Sin contar con figuras actorales descollantes, consigue el necesario acercamiento al público televisivo medio a través de un argumento sencillo, el ritmo sostenido y algunas pinceladas de humor que bordean lo absurdo. Otro elemento que ayuda a explicar este trasvasamiento de mercados es la selección musical de corte comercial que la acompaña, donde predominan los temas anglosajones de la new wave; aunque haya lugar para las canciones alemanas de aquellos años, como el fragmento introductorio de Major Tom interpretado por Peter Schilling, o el hit a ambos lados del muro 99 Luftballons de la vocalista alemana Nena, la mayoría de los temas que pueblan la serie son éxitos de la época en idioma anglosajón. Por allí desfilan Sweet Dreams de Eurythmics (justo cuando Martin tropieza, asombrado, con la opulencia de los supermercados occidentales), Call me de Blondie, Wrapped around your finger de The Police, Hungry like the wolfe de Duran Duran, Blue Monday de New Order y la inigualable colaboración de David Bowie con Queen en Under Pressure. Hay, incluso, espacio para los covers ensoñados, como la versión de Like a woman a cargo de la hermosa Lisa Tomaschewsky (en el papel de Yvonne Edel, la hija del general Edel), o la puesta en escena de Give peace a chance en una correcta recreación de las tantas sentadas pacifistas que animaron el período y que fueron otra de las múltiples caras de aquél conflicto. 

    por Redacción EAM
    marzo 24, 2016

    Crítica en serie | Deutschland 83 (T1)

    por Redacción EAM | marzo 24, 2016

    Las siete virtudes del cine antisamurái

    Ensayo sobre Harakiri [1] (Seppuku, 切腹, Masaki Kobayashi, Japón, 1962).

    Japón, 1630. Una familia de nobles disfruta en silencio de un vaso de sake. Una vez finalizado el licor, dos de los hombres se levantan, uno de ellos recoge una bandeja y se arrodilla frente a ella mientras el otro desenfunda su katana, la alza y espera en posición de ataque, mudo, impasible, inalterable. El samurái arrodillado saca un tantō [2] que sitúa flemáticamente en su vientre mientras calcula con eficacia la distancia hasta sus entrañas. Con el puñal en el abdomen y la hoja amenazante de la katana del kaishaku [3] en su cuello esperando paciente su momento protagonista, tan afilada que divide el aire que pasa a través de ella y lo hace chillar de dolor mientras queda seccionado por la mitad en un silbido sordo, el homenajeado comienza la incisión, sin prisa, con gesto grave, inalterable. En toda su vida no se le ha conocido otra mueca que la del guerrero, la mirada fría y seca, entrenado para tolerar el dolor hasta el punto de no llegar a conocer su significado. No pestañea. Con el primer giro del acero agacha la cabeza. Parece que se derrumba pero sólo quiere asegurar un corte preciso, sin fallas ni torceduras, el kaishaku tendrá que esperar, él no se muestra tan firme; el sudor resbala por su frente provocándole una ceguera momentánea. Tras el cuarto corte, el Samurái, que ya se ha ganado la mayúscula mayestática, extrae la hoja y realiza un gesto con la mano casi imperceptible. El ayudante vacila por un segundo, un espacio de tiempo que se eterniza ante la atónita mirada del público y la paciencia de un héroe que imperturbable acepta el error de su acompañante y ya se prepara para una muerte lenta. Pero justo en ese momento el kaishaku despierta y asesta un golpe rápido y limpio. Todo ha terminado. La cabeza inerte yace junto a la bandeja llena de intestinos que no ha permitido salpicadura alguna de sangre que pudiera mancillar la belleza del acto. El cuerpo continúa firmemente arrodillado, exangüe; y así seguiría indefinidamente si no fuera porque ha de ser honorado y sometido a un largo proceso de embalsamado y despedida. El ciclo se ha completado y el bushido respetado hasta el final.

    En la gravedad mortuoria y el romanticismo expresionista sobre el que Masaki Kobayashi erige su conceptual arquitectura cinematográfica, se pincelan las grandes preocupaciones existencialistas de la sociedad moderna, al tiempo que se denuncian los esquemas procedimentales tradicionales y la hipocresía de los códigos de conducta colectivos. La figura del samurái, como uno de los ejemplos más palmarios del trágico acervo patrimonial japonés, supone un vehículo de transmisión jeroglífico de un mensaje sincopado, sustentado en el lirismo de la imagen en blanco y negro y la fascinante parquedad dialéctica oriental. Así llegamos al seppuku como el acto final con el que todo samurái esperaba completar su ciclo vital, tanto si lo ejecutaba por necesidad al sobrevivir a la caída de su clan, por lealtad al imponérselo shogun, o para evitar que la edad manchara de humillación su gloria y legado; la vejez suponía un estado vejatorio para el samurái, al quedar inutilizada su función primordial: combatir, su cuerpo arrugado, inservible para la guerra, sólo componía un recordatorio de su afrenta social. Masaki Kobayashi establece su magnum opus, Harakiri (1962) —con permiso de Samurai Rebellion, 1967—, bajo la influencia de Hagakure (Yamamoto Tsunetomo, circa 1690) y, en general, la de la literatura bushi tradicional. El maestro japonés infiere a su película la misma solemnidad narrativa y formal que emana de su dramaturgia; caracterizada por la mirada respetuosa, pero irónica, a la honorable cultura marcial de la sociedad nipona. Siete son los preceptos o virtudes que establecen el camino del samurái, como siete son los puntos en los que hemos dividido este escrito para tratar de relacionar cada apartado fílmico con la correspondiente fuente originaria de inspiración.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 23, 2016

    Cineclub | Harakiri (Masaki Kobayashi, 1962)

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 23, 2016

    Conocido el Presidente del Jurado y el cartel oficial, la 69ª edición del Festival de Cannes comienza a desperezarse. Albores de un carrusel de noticias y novedades que convirtirán a abril en un hervidero de información. Hoy hemos conocido el jurado de uno de sus apartados más prestigiosos, la Semana de la Crítica (Semaine de la Critique), que este año año cumple su 55ª entrega. Y lo hará con una terna de prestigio otorgando los premios. Mucho viejo conocido vuelve a visitar la riviera y, concretamente, esta sección. Su Presidenta del Jurado, la actriz y directora Valérie Donzelli, ya abrió en 2011 la Semana con Declaración de guerra. Su elección es todo un reconocimiento a su valiente carrera, siempre ligada al certamen galo. Lo mismo ocurre con otra de las integrantes del jurado, Alice Winocour, cuya ópera prima, Augustine (2011) se exhibió en la Semana, y su segundo filme, Maryland, se pudo ver el año pasado en Un certain regard. David Robert Mitchell y Santiago Mitre representan el pretérito más inmediato del apartado. El primero revolucionó a la platea hace dos años con la cinta de culto It follows, una de las sensaciones el pasado curso en la cartelera mundial; el segundo consiguió en 2015 el máximo galardón, el Grand Prix Nespresso, de la Semana con la excelente Paulina. Cierra este póquer de gran nivel el realizador hebreo Nadav Lapid, autor de La profesora de parvulario, Giraldillo de Plata del Festival de Sevilla 2014.
    por Redacción EAM
    marzo 22, 2016

    La 55ª Semana de la Crítica del Festival de Cannes ya tiene jurado

    por Redacción EAM | marzo 22, 2016
    Hedi

    La pasada edición del Festival Internacional de Cine de Berlín ofreció una muy amplia muestra de los nuevos trabajos cinematográficos tanto de autores ya consagrados —Lav Díaz, Danis Tanović, Thomas Vinterberg, Terence Davies—, como de los más jóvenes —Mia Hansen-Løve, Tomasz Wasilewski—. En este contexto conocimos la opera prima del director Mohamed Ben Attia, Hedi (Inhebek Hedi, 2016), una de las diez mejores películas proyectadas en el festival. El título alude al nombre del protagonista, a través de cuyos ojos asistimos a una existencia gris, sin sorpresas ni motivación, en medio del desencanto producido tras la Revolución de los Jazmines en Túnez. Hedi se encuentra sumido entre una rutina insoportable y el matrimonio arreglado con una mujer que apenas conoce. Con una sutileza magistral, Ben Attia lleva de la mano al espectador por un paisaje emocional previsible que sufre intempestivamente la colisión con el “amour fou" en un hotel de vacaciones, y provoca la oscilación de toda una estructura vital regida por la autoridad materna y las convenciones socioculturales. Berlín supo valorar la brillantez de Hedi, concediéndole el Premio a la Mejor Ópera Prima y el Oso de Plata al mejor actor, Majd Mastoura. En España llegará gracias a Golem Distribución.

    Adjuntamos un extracto de nuestra crítica de Hedi escrita durante la 66ª Berlinale.

    «[…] En esta historia de argumento sencillo, cuyo virtuosismo radica precisamente en la exhibición de la belleza de la cotidianidad, Hedi muta progresivamente, adquiere expresividad, rabia o dicha, y se enfrenta a la dureza de tener que afrontar las consecuencias de la voluntad individual. La fotografía y la música acompañan en perfecta sintonía el planteamiento sutil. La cámara no persigue más capricho estético que la contemplación del mar como metáfora de la liberación. Asimismo, el espectador no verá aquí “Deus ex machina” ni apoteosis final. Cuando el cine se presta al servicio de la imitación de la realidad, comprobamos que a veces la vida es más compleja de lo que parece y no hay nada más hermoso que lo tangiblemente humano, el drama dentro del que cualquiera de nosotros se espeja».

    Tráiler en versión original subtitulado en francés:

    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 22, 2016

    Amour fou en Túnez: tráiler de 'Hedi', ópera prima de Mohamed Ben Attia premiada en la Berlinale

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 22, 2016

    Hace tres años, un joven cineasta llamado Emir Baigazin sorprendía en la 63ª Berlinale con Harmony lessons (Uroki garmonii, 2013), una ópera prima asombrosa, una historia de iniciación a la vida adulta (en clave de thriller criminal) cargada de simbolismo y belleza a partes iguales, que fue premiada en festivales de todo el globo, incluyendo la capital alemana, donde obtuvo el Oso de Plata a la Contribución Artística. Baigazin regresa este año con su segundo largometraje, y segundo segmento sobre su trilogía sobre la adolescencia, titulado The wounded angel (Ranenyy Angel, 113 minutos), donde retoma algunos de los elementos narrativos de su primera película, retratando el impacto sociocultural en Kazajistán tras la caída de la Unión Soviética a través de los ojos de la adolescencia en un ambiente rural, oprimido por la marginalidad y las duras condiciones económicas. The wounded angel, protagonizada por Nurlybek Saktaganov, Madiyar Aripbay, Madiyar Nazarov, Omar Adilov y Anzara Barlykova y proyectada en la sección Panorama de la pasada Berlinale, será distribuida en Europa por Capricci films.

    Tráiler en versión original subtitulado en inglés:



    Cartelería:

    Póster: The wounded angel
    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 21, 2016

    Crecer en Kazajistán: tráiler de The wounded angel de Emir Baigazin

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 21, 2016

    Todo está presente. Las escaleras, el mar, el horizonte: la ascensión de un hombre hacia su sueño, bajo el calor de una luz mediterránea que se transforma en oro. Una visión que recuerda esta cita que abre El desprecio: «El cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos». De este modo la organización del 69º Festival de Cannes ha abierto la nota de prensa que anuncia el póster oficial de esta edición. Un cartel que se sirve de una de las imágenes icono de El desprecio (Le mépris, 1963), una de las grandes películas del maestro Jean-Luc Godard. El filme narra la tesitura del dramaturgo francés Paul Javal (Michel Piccoli) al aceptar reescribir algunas escenas para La Odisea, un proyecto que contará con la dirección del prestigioso director alemán Fritz Lang (Fritz Lang) y que provocará duros efectos secundarios en su matrimonio. Hervé Chigioni y su diseñador gráfico Gilles Frappier (la identidad visual de 2016 ha sido creada por Philippe Savoir, Filifox) han diseñado un afiche que, como los anteriores del certamen, maravilla, tanto por su composición cromática como por su simbolismo. No puede ir despertando de mejor manera el Festival de Festivales.

    por Emilio Luna
    marzo 21, 2016

    El desprecio (Le mépris, 1963), de Jean-Luc Godard, imagen del 69º Festival de Cannes

    por Emilio Luna | marzo 21, 2016

    Retratos de la marginalidad

    El cine social de Jeff Nichols.

    A principios de los 90 aparecía un caballero de triste y singular figura que, con caminar errático, se presentaba tambaleándose frente a millones de espectadores, como si le costara mantener el equilibrio a consecuencia de sus dos metros de altura. Procurando no llamar la atención se encorvaba un poco más a cada paso, temiendo que la gente pudiera sentir rechazo frente un rostro tan expresivo e imponente. Pese a que lo intentó con papeles ligeros, interpretando a Fred, el prometido de la excéntrica Debbie en la inolvidable Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), no había duda de que su destino estaba marcado por la gravedad de su semblante. Un mohín descuidado dibuja sus facciones al tiempo que un murmullo ininteligible emana de su garganta y nos llega como un eco gutural. Es Michael Shannon un hombre de aspecto frío como el hielo —de ahí su papel protagonista en The Iceman, sin duda una de sus mejores interpretaciones—, malencarado en el buen sentido, ese que lo lleva a convertirle en el malo de la película; pero en uno de esos villanos que hacen historia, un Peter Lorre moderno, enajenado, irascible, esquizoide, capaz de mantener una exagerada mueca de inexpresión y la mirada fija sin inmutarse durante una eternidad, un tiempo en el que nos asusta imaginar de lo que es capaz mientras escuchamos tensarse cada uno de sus músculos hasta que, con un gemido que mezcla dolor, rabia y contención extrema, se retira consciente de las consecuencias de dejar salir a la bestia.

    Los personajes a los que da vida Shannon tienen una peculiaridad común: todos sufren un miedo desproporcionado hacia ellos mismos. Seres reprimidos y de naturaleza introvertida que intentan soportar su inadaptabilidad social y sus problemas temperamentales en la soledad de la reclusión. William Friedkin supo ver el potencial de este actor, a quien le dio su primer papel protagonista, como un veterano de guerra paranoico, en su película Bug (2006), que consiguió el FIPRESCI en el festival de Cannes. Sin embargo no sería hasta el siguiente año cuando Shannon por fin mostrara al público de lo que era capaz, y lo hizo de la mano de un director desconocido que no tardaría en darse a conocer gracias a la gravedad de un texto cinematográfico cuya importancia deviene de la intensidad y la fuerza de su mensaje. Jeff Nichols afronta el cine de la marginalidad desde una óptica marginal. Esto quiere decir que no aprovecha su privilegiada posición para poetizar o, mejor dicho, para sobredecorar fastuosamente el esquema narrativo de sus creaciones, que siempre se inspiran en la parquedad conceptual y dialéctica de sus personajes y sus escenarios. No hay duda de que este director es un alumno aventajado del realismo sucio, si bien es cierto que con cada filme se ha ido refinando un poco más, pasando de la extrema intensidad lacónica que emanaba de la lírica polvorienta de Shotgun Stories (2007), con un libreto que tomaba prestados varios dejes faulknerianos cargados de rabia y crudeza, a una edición mucho más meticulosa, aunque con idéntica tendencia a la tosquedad generalizada de las estructuras fílmicas, apreciable en Mud (2012), cuya musicalidad contrastaba con la explicitud dialéctica, similar a los bucólicos escenarios de Fante.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 20, 2016

    Retratos de la marginalidad: El cine de Jeff Nichols

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 20, 2016
    10 Cloverfield Lane

    Las distintas pieles del monstruo

    crítica de Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane, Dan Trachtenberg, EE. UU, 2016).

    Hablar de J.J. Abrams y de su contribución al cine y la televisión de los últimos veinticinco años es hacerlo de un auténtico tsunami que ha conseguido revolucionar el mundo del espectáculo a base de propuestas arriesgadas y, en muchos casos, absolutamente innovadoras. De prometedor guionista en A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991), Eternamente joven (Steve Miner, 1992) o Nunca juegues con extraños (John Dahl, 2001) —en donde ya empezó a homenajear al maestro Spielberg con un simpático thriller de carretera con evidentes reminiscencias de El diablo sobre ruedas (1971)—, Abrams pasó a convertirse en uno de los creadores televisivos a tener en cuenta gracias al éxito de series como Felicity, Alias y, sobre todo, Perdidos, su verdadero despegue como nuevo visionario y Rey Midas de la industria. Si en Misión imposible 3 (2006), su debut como realizador cinematográfico, no se limitó a entregar una secuela al uso, suponiendo más bien un gratificante cambio de rumbo en la franquicia tras el derrape de John Woo con la segunda parte, con Super 8 (2011) diseñó un encantador ejercicio nostálgico que recuperaba el espíritu de las fantasías ochenteras surgidas de la Amblin Entertainment. Como gran renovador que es, Abrams ha afrontado la responsabilidad de relanzar las dos sagas galácticas más importantes de la Historia del Cine, logrando que sus dos entregas de Star Trek contentaran tanto a trekkies como a aquellos que no estuviesen familiarizados con su universo, y que la reciente Star Wars: El despertar de la fuerza (2015) recobrara el brío de la trilogía clásica, tras unos episodios 1, 2 y 3 un tanto decepcionantes. Entre tanto blockbuster, a Abrams le dio tiempo a producir una modesta cinta, Cloverfield, que hizo del enigma su carta ganadora para convertirse en todo un éxito sorpresa en 2008.

    Lo que comenzó como un misterioso proyecto denominado 1-18-08, cuyas primeras imágenes pudieron verse publicitadas antes de las proyección de Transformers (Michael Bay, 2007), levantando gran expectación por la falta de datos acerca de su argumento, terminó siendo un mockumentary (o película de metraje encontrado) que, pese a sus ajustados 25 millones de dólares de presupuesto, reconstruyó el espectacular ataque de una monstruosa criatura gigante a la ciudad de Manhattan, a través de las imágenes de vídeo casero filmadas por los asistentes a una despedida de soltero que se ven envueltos en una pesadilla catastrófica escrita por Drew Goddard, otro talento proveniente de la televisión, donde triunfó con sus guiones de Buffy la cazavampiros o Alias. Monstruoso (Matt Reeves, 2008), como se llamó en España, pese a su aparente pequeñez, da una lección a grandes superproducciones con premisas similares —Godzilla (Gareth Edwards, 2014), sin ir más lejos—, sobre cómo utilizar los efectos especiales con inteligencia y cómo mantener un ritmo frenético sin extenderse más allá de unos exiguos 70 minutos de metraje. Crítica y público reaccionaron con entusiasmo ante aquel filme que, tras hacerse con 170 millones de dólares de recaudación en todo el mundo, se convirtió en carne de secuela. Sin embargo, estando la traviesa mente de Abrams detrás, estaba claro que la esperadísima continuación llegaría en el momento menos esperado y adoptando una forma que jugase al despiste con los seguidores, activando, una vez más, la mecánica de la especulación como poderosa publicidad viral. De nuevo un producto de Michael Bay, 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (2016), sirvió para lanzar el primer adelanto de Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016), un proyecto que hasta ese momento se había ocultado tras los provisionales títulos de The Cellar —dirigido inicialmente por Damien Chazelle, realizador de Whiplash (2014)— o, posteriormente, Valencia y que, sobre el papel, no guardaba ninguna relación con la monster movie de Matt Reeves.

    por José Martín León
    marzo 20, 2016

    Crítica | Calle Cloverfield 10

    por José Martín León | marzo 20, 2016

    Regresa el documentalista italiano Gianfranco Rosi, quien sabe retratar con enorme maestría y sin artificios las miserias de una realidad social tan desgarradora como cotidiana. Siempre cercano a los hechos que sacuden la estabilidad del mundo en que vivimos, en Fuocoammare (2016) ha decidido abordar el complejo drama del desplazamiento forzado. Cada día llegan botes llenos de refugiados en condiciones lamentables a las costas de la pequeña isla de Lampedusa, al sur de Italia. El paisaje rutinario de la población local, mayoritariamente dedicada a la pesca, se desdobla frente a la terrible situación de la emergencia humanitaria, y ambos entornos parecen convivir de manera paralela, sin aparente interacción o colisión. Esta película, brutalmente real y sin concesiones al espectador, recibió una intensa acogida en el pasado Festival Internacional de Cine de Berlín, siendo merecedora del más alto galardón, el Oso de Oro, además del Premio del Jurado Ecuménico. Fuocoammare llegará a España gracias a la distribuidora Caramel Films.

    Adjuntamos, junto a su primer tráiler y póster, un extracto de la crítica realizada durante la Berlinale por Víctor Blanes Picó:

    “[…] Lampedusa era, hasta hace relativamente poco, una isla desconocida para el común de los mortales. A día de hoy, se ha convertido en un símbolo de la llegada de inmigrantes a las costas europeas. La mirada de Rosi sobre la isla se articula sobre la idea de dos mundos tangentes que conviven en sus escasos 20 kilómetros cuadrados y que apenas comparten nexos en común. De este modo, el drama humano a través de la conversación por radio entre el centro de salvamento y la barcaza plagada de personas en busca de un lugar mejor se contrapone a la pequeña radio que utiliza la tía María para escuchar música mientras cocina sus platos tradicionales. Con esta filosofía, el grueso de la película va y viene entre las duras escenas de los rescates en alta mar y el día a día del pequeño Samuele. Como ya demostró en Sacro Gra, Rossi tiene muy buen ojo para encontrar personajes reales con los que construir su película […]”.

    Tráiler oficial en versión original:



    Póster:

    Póster: Fuocoammare
    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 20, 2016

    Tráiler de 'Fuocoammare', de Gianfranco Rosi, la ganadora del Oso de Oro de la Berlinale

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 20, 2016

    Desde el momento en el que Mia Hansen-Løve decidió dar un giro copernicano a su carrera artística y comenzó a enfocarse en la dirección de largometrajes con Tout est pardoneé (2007), ha ido alcanzando progresivamente un muy merecido reconocimiento internacional. Si Eden (2014) ya despertó un amplio interés tanto en la crítica como en el público, su nuevo trabajo viene legitimado, entre otros motivos, por la expectación provocada. L’avenir (2015) fue proyectada dentro de la Sección Oficial a competición de la pasada Berlinale, donde obtuvo, además de una calurosa ovación, nada más y nada menos que el Oso de Plata a la mejor dirección. Esta sutil y profunda historia sobre el desencanto existencial en la madurez no solamente cuenta con el talento de Hansen-Løve tras la cámara; parece hecha justo a la medida de su protagonista, Isabelle Huppert, quien despliega una interpretación brillante —una de las mejores de su espléndida carrera—, a medio camino entre la ternura y la autodeterminación frente a una seria debacle vital que pone a prueba todas sus certezas y zonas de confort. El filme, distribuido en Francia por Les Films du Losange y con fecha de estreno el 6 de abril en el país galo, llegará a nuestras salas probablemente a final del año de la mano de Golem como ¿El futuro, quizás?.

    Junto al tráiler y póster, adjuntamos a continuación un extracto de nuestra opinión durante el pasado 66º Festival Internacional de Cine de Berlín:

    «[…] Cada pequeño engranaje emocional que se quiebra es narrado con una sutileza magistral, un guion ingenioso, sin fisuras y perfectamente orgánico, que parece implementado simultáneamente a la emoción contextual, según avanza la película. Huppert se transmuta en un personaje enfrentado a aceptar que tal vez la destrucción de las certezas supone la amenaza a los cimientos construidos en toda una vida, pero también, por paradójico que suene, la liberación del yugo del “statu quo” […]».

    Tráiler en versión original subtitulado en inglés:



    Tráiler en versión original:



    Cartelería:

    por Luis Enrique Forero Varela
    marzo 20, 2016

    Tráiler de la nueva maravilla de Mia Hansen-Løve: 'L'avenir', protagonizada por Isabelle Huppert

    por Luis Enrique Forero Varela | marzo 20, 2016

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