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    ABC
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    American crime

    Una mirada caleidoscópica sobre la desgracia

    crítica de American crime | Segunda temporada.

    ABC / 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2016. Creador: John Ridley. Directores: John Ridley, Clement Virgo, Gregg Araki, Julie Hébert, Rachel Morrison, Jessica Yu, Kimberly Peirce, James Kent, Nicole Kassell. Guionistas: John Ridley, Ernie Pandish, Sonay Hoffman, Kirk A. Moore, Davy Perez, Stacy A. Littlejohn, Keith Huff, Julie Hébert, Diana Son. Reparto: Felicity Huffman, Timothy Hutton, Lili Taylor, Connor Jessup, Joey Pollari, Trevor Jackson, Regina King, Elvis Nolasco, Angelique Rivera, Brent Anderson, André L. Benjamin, Hope Davis, Faran Tahir, Emily Bergl, Richard Cabral, Lynn Blackburn, Sky Azure Van Vliet, Michael Seitz, Ty Doran, Christopher Stanley. Fotografía: Lisa Wiegand. Música: Mark Isham.

    Lo han vuelto a hacer, y en menos tiempo. En un momento donde la innovadora propuesta de las series limitadas (series que renuevan su historia y parte de su reparto cada temporada) está dando tanto frutos cuestionables –True detective (2014-)– como estimulantes mutaciones –American horror story (2011-)–, John Ridley y su equipo se las han ingeniado para facturar otra estupenda temporada de American Crime en menos de un año (la primera se estrenó en marzo y ésta a principios de enero), cambiando la historia por completo y dando a más de diez intérpretes roles completamente opuestos a lo que hicieron en la anterior tanda. Lo que en 2015 fue una exploración de la tensión racial en Estados Unidos, en 2016 se ha convertido en la crónica de un violento encuentro sexual y una contienda de clases, sin dejar de tocar de nuevo el tema racial con personajes negros y latinos en complicada existencia. El mundo que Ridley ha creado y un grupo de guionistas y directores han continuado ejemplarmente es uno de calado social, donde se evidencia la hipocresía imperante y las múltiples diferencias entre los seres humanos. Es un mundo tenso, donde la tragedia parece estar siempre a punto de explorar, pero la sobria y marcadamente personal apuesta visual –con la reivindicable contratación de una directora de fotografía, gremio con muy pocas mujeres, para ayudar a establecerlo– ayuda a que no se cruce al exceso y lo dramático porque sí. Aun con esto en mente, sí es cierto que uno puede acabar hartándose de tanta decisión equivocada de los personajes y tanto estratégico conflicto, pero el que esto firma no lo ve como un problema sino como el resultado de una certera planificación y buenas artes de narrador. Como curiosidad para apuntar, de nuevo el creador y su compañero productor Michael J. McDonald han apostado por la diversidad detrás de la cámara, con directores y guionistas de toda raza, género y condición sexual.

    El conflicto comienza cuando los jóvenes Taylor y Eric tienen sexo en la fiesta del equipo de baloncesto de una prestigiosa academia para los adinerados de la ciudad. Una fiesta donde alcohol y drogas fluían con facilidad. Días después, y tras salir a la luz en redes sociales fotografías sobre su deplorable estado en dicha fiesta tras algunas consumiciones, Taylor le dice a su madre que Eric le violó. Esta confesión, que la madre del joven (estupenda Lili Taylor, todo vulnerabilidad) convierte en oficial al comprobar que la escuela no va a hacer nada para ayudar a su hijo, será el desencadenante de varias tramas paralelas que, una vez expuestas y desarrolladas en su totalidad, crearán una perspectiva poliédrica en torno a una dura realidad, que a su vez está compuesta de varias duras realidades. Diferencias de clase, homofobia latente y explícita, racismo, hipersensibilidad, los peligros de internet, el daño que puede hacer la corrección política llevada al extremo... todo esto y más entra a examen por parte del equipo creativo de esta portentosa propuesta, que como en la primera tanda tiene un elenco absolutamente extraordinario, y eso que los intérpretes adolescentes pueden ser un problema en televisión, y más con un material tan sensible entre sus manos. Los jóvenes Connor Jessup, Joey Pollari y –en menor medida porque su rol es menos lucido– Trevor Jackson cumplen con nota, y son capaces de dar la réplica a grandes como Taylor, Felicity Hufmann, el oscarizado Timothy Hutton o Regina King. La resolución de ese conflicto principal es quizá uno de los puntos más cuestionables, si no el que más del conjunto, porque es una no-resolución. Ridley decide convertir toda la peripecia en un relato de “él dice, él dice”, lo cual se puede entender al comprender que la ambigüedad de un cierre así conforma un mensaje más fuerte, pero que quizá haya sido una decisión errónea por refleja a la juventud –LGTB y heterosexual– como cultura que pueda disculpar una sesión de sexo agresivo en el límite del consentimiento. Es un tema peliagudo, y que durante buena parte de la tanda los responsables han llevado estupendamente, pero la guinda final no es lo suficientemente firme. Hasta llegar a ese punto, la trama recorre lugares, núcleos familiares y distintos escenarios con la habitual tendencia de American Crime por el plano-secuencia y los primerísimos primeros planos, no sólo signo de distinción sino que además ayuda mucho como herramienta narrativa. La fuerza de varios momentos (la prueba de violación, la agresión en la furgoneta, la última llegada de Taylor a la cafetería donde trabaja su madre) reside también en el fuera de campo o la distancia del objetivo respecto a la acción.

    por Anónimo
    marzo 24, 2016

    Crítica en serie | American crime (T2)

    por Anónimo | marzo 24, 2016
    Galavant

    El encanto combinado de lo autoconsciente y lo musical

    crítica de Galavant (2015-) | Primera y segunda temporada.

    ABC / 1ª y 2ª temporada: 18 capítulos | EE.UU, 2015, 2016. Creadores: Dan Fogelman. Directores: John Fortenberry, Chris Koch, James Griffiths, Declan Lowney, Paul Murphy. Guionistas: Dan Fogelman, Kat Likkel, John Hoberg, Scott Weinger, Rick Wiener, Kenny Schwartz, Casey Johnson, David Windsor, Kirker Butler, Kristin Newman, Maggie Bandur, Dan Kopelman, Robin Shorr, Jeremy Hall. Reparto: Joshua Sasse, Timothy Omundson, Vinnie Jones, Mallory Jansen, Karen David, Luke Youngblood, Stuart Davidson, Ben Presley, Darren Evans, Stanley Townsend, Genevieve Allenbury, Sophie McShera, Robert Lindsay, Clare Foster, Kemaal Deen-Ellis, Muzz Khan. Fotografía: Chris Seager, Ashley Rowe, John Pardue, otros. Música: Christopher Lennertz & Alan Menken. Música de las canciones: Alan Menken. Letras: Glenn Slater.

    Galavant es una serie muy curiosa, de esas que suelen surgir en tanto en cuanto en las cadenas en abierto y que lamentablemente tiene la condición de minoritaria tatuada a fuego en la frente. ¿Una comedia musical de humor metarreferencial, nos lleva al siglo XIII para deconstruir el mito del héroe perfecto? Pues eso, en esencia, este delicioso proyecto que acaba de concluir su segunda temporada. 18 episodios emitidos a razón de dos por semana para ocupar los meses de enero de 2015 y 2016, casi como si ABC solo quisiera tener relleno para el mes de vuelta de las vacaciones de Navidad. La cadena ha decidido reunir los talentos musicales del mítico y ocho veces oscarizado Alan Menken —con su letrista desde 2010 Glenn Slater— con un grupo de guionistas con muchas ganas de pasarlo bien, y el resultado tiene el perdurable encanto de la broma cómplice más ingeniosa. Con tres números musicales por capítulo y un reparto comprometido con la causa de ser los payasos más divertidos, esta comedia se ha metido en el bolsillo al respetable con su apuesta por la diversión y su tratamiento deconstructivo de los temas más clásicos (amor, deseo, la noción del héroe, maldad, envidia). Siempre un comentario cínico o una observación irónica que construía las situaciones en algo autoconsciente, y las llevaba a un nivel superior de entretenimiento, uno que garantizaba siempre al menos una sonrisa.

    No se le debe pedir profundidad psicológica en los personajes o que los secundarios sean algo más que apoyo cómico porque no hay tiempo en el formato ni esa es la intención de sus responsables, pero cada episodio dura 21 minutos y el tiempo está bien empleado en la creación de los chistes, ya sean efectivos running gags (la virginidad de Richard, el “dragón” Tad Cooper) u ocurrencias del momento sin mayor repercusión (la visita al bar gay). La idea detrás de Galavant es dar una cachonda vuelta de tuerca a los clásicos cuentos Disney –de nuevo entra Menken y su música, amén del hecho de que ABC sea propiedad de la empresa de dibujos animados– sin salirse a la vez de un patrón más o menos típico en cuanto al fin romántico de las subtramas. Así que en última instancia es algo inofensivo, pero muy divertido si el humor de la serie funciona para el espectador. Pegadiza como todas sus ingeniosas y elaboradas melodías (que bromean no solo con la trama sino con los clichés del subgénero, con la serie en sí, con su repercusión mediática, con su ausencia de premios, con su posibilidad de renovación), esta comedia musical hará las delicias de los fans del género y de cualquiera que tenga una mentalidad abierta a la mezcla genérica.

    Sus metachistes que se atreven con todo, su autoconciencia de producto peculiar y limitado por presupuesto y programación, el carisma de los intérpretes y la apuesta musical son las mejores armas de Galavant, y las exhibe con brillantes colores. Nunca desaprovecha oportunidades para hacer un comentario jocoso y además explora el alma de sus personajes con mimo y calma, constituyéndose como un producto de corte familiar y algo gamberro. El caballero caído en desgracia que es Gary Galavant; la reina llena de rencor que es Madalena; Richard el rey ingenuo e infantil; la aguerrida princesa Isabella o las diferentes encarnaciones del fiel escudero que son Sid y Gareth. Todos vueltas de tuerca a arquetipos de cuentos que tienen la parte justa de vitriolo y corazón para ganarse al respetable. Su entramado es ligero como para verla y sumergirse en ella, pasarlo bien y olvidarse de todo. La cuestión de su regreso por una tercera temporada está en el aire, y esta vez los creativos han preferido cerrar la mayoría de las tramas para no dejar a los fervientes fans con una desilusión, pero a la vez con una sencilla forma de retomar este mundo si se diera la ocasión. La segunda temporada ha sido más floja que la primera (diez capítulos de dilatación de una historia mínima) pero el encanto y frescura no se ha perdido y las series bizarras siempre merecen continuar mientras la originalidad no se pierda. E intuimos que a Galavant y su pandilla les queda cuerda (artística) para rato.  (★★★)


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    por Anónimo
    febrero 11, 2016

    Crítica en serie | Galavant

    por Anónimo | febrero 11, 2016

    Cómo afrontar un tema candente

    crítica de American Crime (2015-) | Primera temporada.

    ABC / 1ª temporada: 11 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: John Ridley. Directores: John Ridley, Gloria Muzio, Joshua Marston, Hanelle Culpepper, Nicole Kassell, Sam Miller, Rachel Morrison, Jessica Yu, Millicent Shelton. Guionistas: John Ridley, Diana Son, Ernie Pandish, Davy Perez, Stacy A. Littlejohn, Julie Hébert, Keith Huff, Sonay Hoffman. Reparto: Timothy Hutton, Felicity Huffman, Richard Cabral, Elvis Nolasco, Caitlin Gerard, Benito Martínez, Johnny Ortiz, W. Earl Brown, Penelope Ann Miller, Regina King, Bob Hess, Joe Nemmers, Gleendilys Inoa, David Hoflin, Lili Taylor, Jennifer Savidge, Kira Pozehl, Shelton Jolivette, Gwendoline Yeo. Fotografía: Ramsey Nickell. Música: Mark Isham.

    Y se volvió a obrar el milagro. Los prejuicios –muy fundados por otra parte– que se asocian a las cadenas norteamericanas que emiten en abierto (ABC, CBS, NBC, FOX, The CW) se caen de tanto en cuanto. Entre las olas de policíacos que repiten fórmulas gastadas, series de médicos que no aportan nada nuevo, sitcoms familiares de rancio sentido del humor o dramas legales cuyas dinámicas personales nos remiten a varias décadas atrás, surgen de vez en cuando raras avis, series con ganas de dejar huella a través de talento y ambición. Hannibal, The Last Man on Earth, Fringe o The good wife son algunos ejemplos de esta tendencia cuando funciona, cuando un público encuentra y encumbra lo suficiente a una de esas anomalías (o una cadena está dispuesta a probar que son capaces de ofrecer contenido adulto). A esa variante se inscribe sin duda alguna –y se pone bien alto en la lista– esta seria y concisa American Crime, ejemplar propuesta que demuestra que se pueden producir cosas que no toman por tonto al espectador, y que su creador John Ridley y los ejecutivos de ABC tienen una bienvenida e incómoda voluntad de hacer Arte en formato seriado, no simple entretenimiento. Una propuesta que ha probado ser un éxito de crítica, con diez nominaciones a los Emmy como Serie Limitada (faltando solo Dirección para redondear las seis principales) y unas audiencias nada desdeñables. Y es que estamos ante una auténtica serie limitada, que funciona como relato autoconclusivo –y de qué forma tan contundente concluye– que al renovar ha cambiado de historia y parte del reparto. La segunda, ya en pleno rodaje, repite además intérpretes en nuevos roles, una de las opciones menos usadas pero más interesantes de esta novísima manera de hacer televisión. Si se suma a esto que el creador y su compañero productor Michael J. McDonald han apostado por la diversidad detrás de la cámara (solo hay que mirar la lista de directores, guionistas y hasta montadores para encontrar múltiples mujeres y gente de otras razas, algo no muy común), se ve que las intenciones acertadas han reinado en todo el proyecto.

    El tema en cuestión que esta primera temporada de American Crime trata es el racismo, filtrado a través de una historia con crimen en su interior, como el título indica. El asesinato y agresión a Matt y Gwen Skokie levantará una auténtica tormenta emocional en la pequeña ciudad californiana de Modesto cuando los familiares del hombre fallecido y la mujer atacada y de los múltiples sospechosos se concentren en la zona para tratar de entender las razones del hecho, y vean cómo la justicia y la policía local lo está afrontando. Uno de los sospechosos en la investigación es negro, otros dos latinos, la madre de la víctima es racista y la hermana del sospechoso negro es musulmana, así que no faltan ingredientes para explorar un conflicto quitándole la máscara de la corrección política, una opción de la que Ridley puede valerse porque está hablando de sentimientos en crudo y de personajes en estado de shock. Esta serie no va tanto sobre la resolución del crimen o los avances de la policía sobre el caso, sino la repercusión de todo esto en las familias de los implicados. Pocas veces se ha reflejado la catatonia emocional que algo así provoca con tal verismo, y la eterna disputa de unos personajes que se niegan a escucharse los unos a los otros y están en tensión constante.

    American crime

    «La sensación final que se desprende es la de un férreo control sobre lo contado y sobre los mecanismos necesarios para hacerlo. En ese sentido, este proyecto es admirable, y su ejecución y desarrollo dignos de todo aplauso».


    La voluntad de diferencia de American Crime se puede comprobar desde el mismo arranque, dirigido por el propio creador, y que sirve una propuesta visual cargada de personalidad y estilo, con una cámara que se dedica a recorrer obsesivamente las posibilidades que ofrece el encuadre y que encuentra muy a menudo en los rostros de sus impecables intérpretes (todos y cada uno de los miembros del reparto están perfectos, sin excepciones) el lugar indicado para llevar al espectador durante las escenas, rodadas en muchos casos en una sola toma. Con una despiadada y marcadísima política de montaje que huye del sentimentalismo y las obviedades, los responsables rompen varias reglas no escritas de la seguridad y lo acomodaticio en busca de la honestidad de cada momento, de que todo suene creíble y legítimo. Quizá se pueda de hecho acusar a la serie de excederse en esa búsqueda de la dura Verdad de las realidades descritas, ya que se cae un poco en la concantenación de desgracias y el sentido del humor brilla por su ausencia, como si el oscarizado Ridley asfixiara todo potencial de tomarse un respiro en esta sentida crónica de una desgracia. ¿Está siendo entonces condescendiente o realista? Quizá un poco de ambas cosas, aunque la calidad gana la partida con diferencia.

    De entrada, y esto marca una grandísima diferencia, el lenguaje y lo mostrado no se ahorran crudeza, aunque se evita caer en la pornografía de la desgracia que a veces se usa para enfocar asuntos así. American Crime está enfadada, y con razón, con la sociedad en la que vivimos. Y ABC ha permitido que se digan palabrotas y expresiones malsonantes aunque se usen luego recursos para censurarlos. Lo significativo es que esos recursos son más estilosos que el habitual pitido. Son bruscos fundidos a negro que sacuden al espectador o súbitos enmudecimientos de la palabra que desconciertan. Es decir, hasta al lidiar con las restricciones del tipo de emisión se es capaz de añadir más sentido al discurso final. Respecto a la violencia, puede ser descarnada, ocultada elegantemente o concisa cuando toca. Sin medias tintas ni paliativos. La sensación final que se desprende es la de un férreo control sobre lo contado y sobre los mecanismos necesarios para hacerlo. En ese sentido, este proyecto es admirable, y su ejecución y desarrollo dignos de todo aplauso. La manera en que los guionistas cruzan destinos y gestionan a los personajes y las subtramas en las que están envueltos se las ingenia para que no queden cabos sueltos y todos tengan sus razones expuestas y su tiempo para haber dejado huella.

    por Anónimo
    septiembre 14, 2015

    Crítica en serie | American crime (T1)

    por Anónimo | septiembre 14, 2015

    De lo prometedor a lo agónico: Decadencia de una sitcom

    crítica a Cougar Town (2009-2015)

    ABC, TBS / 6 temporadas: 102 capítulos | EE.UU, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015. Creadores: Bill Lawrence & Kevin Biegel. Directores: John Putch, Michael McDonald, Courteney Cox, Bill Lawrence, Gail Mancuso, Bruce Leddy, Chris Koch, Michael Spiller, Josh Hopkins, otros. Guionistas: Kevin Biegel, Bill Lawrence, Melody Derloshon, Blake McCormick, Peter Saji, Mary Fitzgerald, Sean Lavery, Jessica Goldstein, Chrissy Pietrosh, Ryan Koh, Sam Leybourne, Sanjay Shah, Brad Morris, Emily Wilson, Kate Purdy, otros. Reparto: Courteney Cox, Christa Miller, Busy Phillips, Dan Byrd, Josh Hopkins, Ian Gomez, Brian Van Holt, Bob Clendenin, Ken Jenkins, Carolyn Hennesy, Barry Bostwick. Fotografía: Andrew Rawson, Sylvain D`Hautcourt. Música: Waz, Jackson & Golden/Sgro.

    La vida profesional de Courteney Cox dio un vuelco en apenas seis meses, de junio a octubre de 2008. Su retorno a la televisión tras Friends (1994-2004) y se debut como productora televisiva, la corrosiva y notable Dirt (2007-2008) fue cancelada sin oportunidad de despedida. La actriz no tardó mucho en encontrar trabajo, y en un mes se anunció que iba a participar en tres capítulos de la octava temporada de una magnífica rara avis dentro del mundo de las sitcom, la extravagante Scrubs (2001-2010). Cox estuvo espléndida dando vida a una implacable médico que quería administrar el hospital donde sucedía la acción de la serie con demasiado mano dura, y su paso por la serie se saldó con un nuevo trabajo, uno que le iba a ocupar los siguientes seis años y medio de su vida. A saber, su buen entendimiento con Bill Lawrence, el creador de Scrubs, unido a una idea que Lawrence había tenido tras una noche charlando con su esposa, la actriz Christa Miller, germinó en la situación originaria de Cougar town, que se despidió definitivamente de los espectadores tras 102 entregas hace unos días, dejando un legado tan peleón como, tristemente, mediocre. Con Cox como protagonista y productora y la buena disposición de ABC, que había salvado Scrubs tras ser cancelada por la CBS en 2008, Lawrence se unió a uno de los guionistas de su comedia médica, Kevin Biegel, y escribieron la base de una sitcom que se las prometía “atrevida” (léase para los parámetros de las comedias de situación en abierto). Una historia sobre una cuarentona divorciada y de buen ver con un hijo adolescente que decide empezar a salir con veinteañeros con especial lujuria por las maduritas. El propio título de la serie hacía referencia a esta génesis, ya que a las mujeres con esa predilección se las denomina en inglés “cougars”.

    Y así arrancó la serie en septiembre de 2009, con moderado éxito y ganas por parte de los fans (tanto los de la actriz como del co-creador más experimentado), pero pasó algo no muy frecuente, con este nivel de radicalidad, al menos. La jugosa premisa se les quedó corta a Lawrence y Biegel y se dieron cuenta de que las escenas donde el grupo protagonista (la protagonista, su hijo, su ex-marido, su vecina y mejor amiga, el marido de ésta, su compañera de trabajo y amiga y ocasionalmente el vecino de enfrente) simplemente estaban juntos y charlaban eran más divertidas de escribir, y el reparto funciona bien como agrupación coral. Así que, increíblemente, desecharon la faceta “cougar” de Jules Cobb en el capítulo seis y a partir de ahí nació la verdadera Cougar town, la que ha existido hasta el final. Una sitcom más sobre un grupo de amigos a los que les pasan cosas cada semana, aprendiendo lecciones y evolucionando con el tiempo. Crearon eficaces running gags (los cambios al diccionario, los entierros de las copas de vino, el Penny Can, la inapropiada relación de Jules y Travis) y supo reírse de sus propias pequeñas incongruencias. Y durante un tiempo fue buena, a veces muy buena (los primeros 10/15 episodios son estupendos), pero acabó siendo una parodia involuntaria de los males del género, con dos temporadas finales que hay que verlas para creerlas y donde las incongruencias se hicieron grandes y los parches de guionistas perezosos se apilaban sin mesura.

    por Anónimo
    abril 08, 2015

    Crítica en serie | Cougar Town (2009-2015). Análisis final

    por Anónimo | abril 08, 2015
    How to get away with murder

    Cómo no escabullirse de una serie

    crítica a How to get away with murder (2014- ) | Episodio piloto.

    ABC | EEUU 2014 / Director: Michael Offer. Guión: Peter Nowalk. Reparto: Viola Davis, Billy Brown, Alfred Enoch, Jac Falahee, Katie Findlay, Aja Naomi King, Matt McGorry, Karla Souza, Carlie Weber y Liza Weil. Música: Photek.

    Shonda Rhimes es una hacedora de éxitos. De Grey´s Anatomy (2005-) a Scandal (2012-), pasando por Private Practice (2007-2013), no hay dudas que la guionista norteamericana ha probado tener una habilidad especial para saber y producir lo que el público quiere ver. Subestimar cualquier tipo de creación por popular sería un error capital. Sin dudas, cuando una obra es capaz de llegar a muchos se revaloriza en tanto que el alcance de sus resultados será mayor. En tiempos donde el raiting mucho importa, a veces en detrimento de la calidad, que una serie de televisión sea popular adquiere una significación superior. Con Shonda Rhimes sucede algo interesante: lejos están sus creaciones de ser perfectas; sin embargo, son capaces de generar números de audiencias elevados y a la vez destacan por sus méritos también audiovisuales. Una evidencia vuelve a serlo How to get away with murder (Cómo escabullirse de un crimen), su reciente estreno como productora para ABC y el más visto en lo que va de año.

    La historia es la de un grupo de estudiantes de abogacía que compiten por ganar un trofeo entregado por una respetada profesora de Derecho Legal. Aprenden cómo defender de un crimen a acusados, en su mayoría culpables, mientras son parte del grupo de trabajo de dicha profesora. Lo más inquietante de la historia es que ese mismo grupo de estudiantes cometerá un “crimen” en el futuro, evidencia con que abre la serie, en el que morirá el esposo de la profesora, la misma que les está enseñando a esconder pistas incriminatorias y potenciar otras secundarias para ganar un juicio al precio que sea. Un argumento atrapante e inteligente, que garantiza una audiencia cautiva por saber cómo llegaron a tal punto los nuevos pupilos, sin importar cuántos capítulos tengan que ver con resoluciones de otros casos similares de por medio. La fórmula no es nueva, de hecho la misma Shonda Rhimes en Scandal maneja una estructura similar, lo que nos permite anticipar que la gradualidad de la trama funcionará de maravillas.

    por EAM
    octubre 26, 2014

    Reseña TV | How to get away with murder

    por EAM | octubre 26, 2014
    Betrayal

    No hay folletín sin pasión

    crítica de Betrayal (2013-2014) | Temporada única

    ABC / Serie / 1 temporada: 13 capítulos. | EEUU, 2013, 2014. Creador: David Zabel, Directores: Stephen Cragg, Michael Morris, Andrew Bernstein, Patty Jenkins, Constantine Makris, Paul McCrane, Jim McKay, Bethany Rooney, Stephen Herek, John Scott, David Zabel, Guionistas: David Zabel, Yahlin Chang, Julia Cho, Paul William Davies, Joe Hortua, Frank Ketelaar, Robert Kievit, Alison Tatlock, Lisa Zwerling, Actores: Hannah Ware, Henry Thomas, Wendy Moniz, Chris Johnson, Braeden Lemasters, Elizabeth McLaughlin. Stuart Townsend. James Cromwell. Música: Brian Transeau, Michael DiMattia.

    «La telenovela es un acto de fe», dijo en cierta ocasión la escritora chilena Isabel Allende, valorando uno de los productos televisivos más duramente atacado por la crítica. Es simple: o estableces un pacto afectivo con el género sabiendo de antemano a todo lo que te expones, o lo dejas pasar sin dedicarle un segundo, con la seguridad de no haber perdido tiempo. Lo crees o no y de ahí dependerá todo. Sin embargo, el problema está cuando la intención es disfrazar lo que a simple vista comienza a hacerse difícil de descifrar, porque entonces es mayor la decepción cuando tiene sabor a engaño. Betrayal, uno de los estrenos que trajo ABC para esta temporada, es un ejemplo clásico de ello. Presentada a todas luces como un thriller romántico, con los ingredientes que esto conlleva, terminó siendo un folletín de poco vuelo, incapaz incluso de convencer por su descolorida historia de amor. Nada tuvo relevante esta serie de 13 capítulos que asegurara al menos mantener un estable número de audiencias y la buena reputación del canal. Contrariamente, terminó siendo de esos productos descartables, lleno de imperfecciones y situaciones forzadas.

    En una exposición fotográfica, Jack McAllister (Stuart Townsend, el vampiro Lestat de La reina de los condenados, Queen of the damned, Michael Rymer, 2002), un exitoso abogado, conoce a Sara Hanley (Hannah Ware), una fotógrafa profesional, e inmediatamente quedan conectados y comienzan a vivir un romance. Sara está casada con Drew Stafford (Chris Johnson), un ambicioso fiscal con aspiraciones políticas, mientras Jack mantiene matrimonio con Elaine (Wendy Moniz), la hija del oscuro empresario, Thatcher Karsten, cliente personal de Jack. Un día el cuñado de Thatcher, Lou, es asesinado y todas las pruebas apuntan al hijo de Thatcher, TJ (Henry Thomas), un chico con problemas mentales. Sara descubre que Drew será el fiscal de este caso y Jack el abogado defensor. Ella quedará en el medio intentando decidir entre la familia y la presión social, o el amor pasional que siente por Jack. Nada más sucederá en Betrayal. Así se construyen 13 capítulos de poco ritmo en los que falta todo. La historia policial pierde interés inmediato y se convierte en un elemento contextual para enmarcar lo que se convierte en el punto central de la trama: la relación amorosa.

    por EAM
    febrero 13, 2014

    Crítica en Serie | Betrayal (Temporada 1)

    por EAM | febrero 13, 2014
    Agents of S.H.I.E.L.D

    EL SELLO WHEDON

    crítica de Agents of S.H.I.E.L.D (2013-) | Episodio piloto

    ABC | EEUU, 2013. Director: Joss Whedon. Guión: Joss Whedon & Jed Whedon & Maurissa Tancharoen. Reparto: Clark Gregg, Ming-Na Wen, Brett Dalton, Chloe Bennet, Iain de Caestecker, Elizabeth Henstridge, Cobie Smulders, J. August Richards, Shannon Lucio, Ron Glass, Ajani Wrighster. Fotografía: David Boyd. Música: Bear McCreary.

    En la mayoría de los casos la aplicación de una fórmula de contrastado éxito para desarrollar una nueva serie es la opción más atacada, y con razón, por los espectadores y expertos. Pero algunos tienen el talento supremo de que no se note tanto una fórmula sino la aplicación de patrones que cobran vida al instante. En este caso, cuando Joss Whedon pone sus gloriosas neuronas en funcionamiento para parir una nueva creación audiovisual, uno sabe lo que puede esperar: personajes llenos de carisma, réplicas ingeniosas, tramas llenas de sorpresas, “un malo por episodio”, requiebros en las expectativas del espectador, personajes británicos, mujeres poderosas y ante todo tridimensionalidad. El mérito que tiene el prestigioso creador es que logra un perfecto equilibrio donde todos estos elementos funcionan de manera orgánica. Amén de su estupendo ojo para el casting, y es que Agents of S.H.I.E.L.D., se compone en su mayor parte de un reparto de (semi)desconocidos que están espléndidos en sus papeles.

    El único gran problema que se puede esgrimir es que, como ya se dijo que sucedía con Los Vengadores (The Avengers, 2012), Whedon está demasiado ocupado tratando de complacer a todos los involucrados industrialmente para poder desarrollar su poderoso discurso personal en toda su potencia. Esta serie es un eficaz y muy entretenido artefacto que Marvel y ABC han puesto en marcha para su beneficio mutuo y, como bien apunta Noel Ceballos en su blog “El emperador de los helados”, como manera de llenar los meses entre los estrenos de la nueva peli Marvel. Tanto es así, que Joss Whedon ni siquiera es responsable de la serie en el día a día. Pero todo queda en familia, ya que los co-creadores son su hermano Jed Whedon y su cuñada Maurissa Tancharoen.

    por Anónimo
    octubre 16, 2013

    Reseña TV | Agents of S.H.I.E.L.D

    por Anónimo | octubre 16, 2013
    Sports Night

    UNA DE LAS SITCOM MÁS EXTRAÑAS DE LA HISTORIA

    crítica de Sports Night (1998-2000)

    ABC / 2 temporadas: 45 capítulos. | EEUU, 1998, 1999, 2000. Creador: Aaron Sorkin. Directores: Thomas Schlamme, Robert Berlinger, Alex Graves, Dennie Gordon, Marc Buckland, Don Scardino, Timothy Busfield, Pamela Dresser, Bryan Gordon, Danny Leiner. Guionistas: Aaron Sorkin, Matt Tarses, Bill Wrubel, David Walpert, Kevin Falls, David Handelman, Tom Szentgyorgi, Tracey Stern, Paul Redford, Rachel Sweet, Marc McKinney, Miriam Kazdin, Chris Lusvardi. Reparto: Josh Charles, Peter Krause, Felicity Huffman, Joshua Malina, Sabrina Lloyd, Greg Baker, Timothy Davis-Reed, Jeff Mooring, Ron Ostrow, Robert Guillaume, Suzanne Kellogg. Fotografía: Peter Smokler, John Huneck. Música: W.G. Snuffy Walden.

    Tras unos cuantos éxitos en cine y sus correspondientes nominaciones a los Globos de Oro por los guiones de Algunos hombres buenos (A few good men, Rob Reiner, 1992) o El presidente y Miss Wade (The American president, Rob Reiner, 1995), Aaron Sorkin tuvo la idea de situar su próximo proyecto en una cadena de televisíón que pone en marcha cada noche un programa de deportes. Al verse incapaz de escribir una trama coherente para llenar un par de horas de celuloide, decidió reconcentrar esfuerzos en convertirlo en una serie de televisión. Así nació Sports Night, una sitcom donde Sorkin estableció uno por uno todos los elementos que iba a utilizar en sus posteriores series, haciendo de la experiencia de descubrirla a posteriori algo fascinante. Esta noche se estrena la segunda temporada de The newsroom (2012-), la polarizante y última creación de este excelente y oscarizado guionista, así que parece una buena oportunidad para revisar su primera mirada al mundo del periodismo (deportivo) y a su evidente carácter bipolar, un tira y afloja entre la cadena y el equipo creativo que formaban Sorkin y el director Thomas Schlamme -ambos presentes en los Emmy por su gran trabajo-.

    por Anónimo
    julio 14, 2013

    Crítica en Serie | Sports Night

    por Anónimo | julio 14, 2013

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