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    Telluride 2012
    Telluride 2012
    Everyday, de Michael Winterbottom

    La gestión de la esperanza

    crítica de Everyday | de Michael Winterbottom, 2012

    Siempre he creído que no hay mejor modo de hacer llegar al público un buen drama, de transmitir el desencanto, la rabia o la pérdida de otros, que empleando para ello como catalizadores las pequeñas trivialidades domésticas. La pena, la supervivencia y sobre todo, la ausencia de un ser querido, vivo o muerto, no precisan de recursos épicos para ser contadas y son más cercanas a nosotros y más palpables en ese manojo de pequeñeces que conforman el día a día; en este caso que nos ocupa están constituidas por esos cigarros que Karen no puede compartir con su marido, las cañas volcadas a jarras de desconocidos para poder pagar las facturas o la cansada maratón semanal de viajes de tren y metro que la familia debe afrontar para que ella y sus cuatro hijos puedan charlar con su padre, en la desangelada sala común de la prisión de Stocken.

    Everyday, telefilme inglés del prolífico Michael Winterbottom, estrenado en la pequeña pantalla el pasado año y nominado a los premios BAFTA TV, es una pequeña joya para los amantes de los dramas de cine independiente, aquellos que saborean lentamente aquellas historias que otros satanizan y tachan de aburridas o carentes de ritmo porque “nunca pasa nada”. Winterbottom consigue en 86 minutos y con un estilo documental de planos cerradísimos y sumamente emocionales, sencillez expositiva de la trama y ese expresivo lenguaje cinematográfico que domina a la perfección, que parezca que estamos en posesión del puñado de grabaciones caseras de la familia británica Ferguson a lo largo de un lustro, escuchando y sintiendo a un palmo de los ojos las consecuencias y secuelas de su mayor conflicto: Ian Ferguson, marido de Karen y padre de dos niños y dos niñas, está en prisión por, o eso asemeja, un asunto de tráfico de drogas que el espectador debe presuponer sin llegar a confirmar, y todos ellos deben lidiar con el desarraigo que provoca su falta y con las peculiaridades del día a día.

    por Anónimo
    noviembre 09, 2013

    Crítica | Everyday

    por Anónimo | noviembre 09, 2013
    The Act of Killing

    EL INFIERNO, TAN DEVASTADOR COMO DESCONOCIDO

    crítica de The Act of Killing | Joshua Oppenheimer, 2012

    Bien es cierto que la historia se escribe a gusto de los vencedores, siendo la Historia un gran libro en blanco a examinar con lupa. Algunos pasajes, también es verdad, son especialmente proclives a la fabulación: el victorioso puede corregir, reescribir y borrar sin esfuerzo las líneas más comprometedoras, para invertir —valga ese bucle interminable— su propio discurso anterior. Todo ello sin dejar huella. O sí, aunque da igual. Están en una posición ventajosa porque la narración es suya, les pertenece no solo por haber derramado ríos enteros de sangre sino por estar ahí, por valentía y por honor y por resistencia (esas estupideces que señalas cuando no te queda ni dignidad, ni humanidad), para dejar constancia del enorgullecedor hito. Una costura irreversible en el alma de millones de víctimas, tanto mortales como generacionales; familias enteras arrojadas por la borda en nombre del volátil bien común, reducido siempre a los intereses de un grupo que dice algo sobre el pueblo y la nación, habitualmente amenazada por otro núcleo que también le ha contado a su parroquia los peligros secesionistas a que se enfrentan. Todos son buenos mientras dura la mentira. Nadie miente, y nadie dice la verdad. Las ratas abandonaron el barco mucho antes del primer fuego, y el enemigo se multiplica. Y entonces sólo quedas tú, campesino o simple espectador entre dos tierras carbonizadas, sin respuesta ni asidero. Con principios que fugan hacia aquella época de bonanza inalcanzable, con la única certeza del segundo por respirar y la sinrazón asfixiando lentamente. A veces, eso sí, sobreviene como un tsunami. Es el golpe más aterrador, rápido y eficaz. La locura en estado puro. Un imperativo segregacionista que, ya en 1957, se antojaba devastador en cierta latitud asiática. Por entonces el PKI (Partido Comunista de Indonesia) vivía su mejor momento, con el colchón electoral que le otorgaban sus 3,5 millones de afiliados y sus más de 10 millones de simpatizantes: la primera fuerza política del país, supeditada a la férrea dictadura que había impuesto allá por 1945, un 17 de agosto, el líder nacionalista Sukarno.

    por Anónimo
    agosto 29, 2013

    Crítica | The Act of Killing

    por Anónimo | agosto 29, 2013
    Hyde Park on Hudson

    UN PEDAZO DE HISTORIA

    crítica de Hyde Park on Hudson | Roger Michell, 2012

    Roger Michell pertenece a una ola de cineastas británicos que ponen en práctica un enfoque líquido en cuanto a su filmografía se refiere. Directores, también, como Danny Boyle o Michael Winterbottom que se distinguen porque cada nueva película que ofrecen es distinta a la anterior. Son autores cuyo discurso está en la mutabilidad, en la capacidad de pasar de un género a otro, de una mirada a otra, demostrando, ante todo, que puede ser un efectivo multiusos en el seno de la industria. Alguien capaz de sobrevivir a modas y tendencias. Michell dirige en Estados Unidos y en Reino Unido con facilidad, encadena proyectos distintos y adapta su mirada a las demandas de cada película. En Hyde Park on Hudson demuestra un mimo por la composición del encuadre -a destacar un par de travellings circulares estupendos- y la elección de planos inéditos hasta ahora en sus trabajos previos. Desde Persuasión (1995) hasta la cinta que nos ocupa, Michell ha puesto siempre su cámara al servicio de la historia, sin alardes ni pirotecnias. En esta ocasión centra su mirada en la especial relación entre el presidente Roosevelt y su prima lejana Margaret "Daisy" Suckley. O al menos así lo hace durante la primera parte de la película, antes de traicionar su punto de vista para narrar el decisivo fin de semana de 1939 en el que los Reyes de Inglaterra visitaron el pequeño paraíso terrenal que Roosevelt tenía -el Hyde Park en Hudson que da título al filme- para discutir el apoyo o no de EE.UU. en la 2º Guerra Mundial. El principal problema de la película es que empieza como una comedia ligera y simpática para tornarse en una reconstrucción histórica de tan importante momento, sin abandonar la ligereza. Narrar con levedad algo tan fundamental es una operación complicada que no todo el mundo puede sacar adelante. Se necesita tenerlo todo muy claro dentro y fuera de pantalla, y Hyde Park on Hudson transmite esa indecisión.

    por Anónimo
    mayo 12, 2013

    Crítica | Hyde Park on Hudson

    por Anónimo | mayo 12, 2013
    Ginger & Rosa

    ADIÓS A LA INOCENCIA

    crítica de Ginger & Rosa | Sally Potter, 2012

    La adolescencia es una de las etapas más difíciles que todo ser humano debemos pasar. Dejar atrás la inocencia propia de la niñez para descubrir la cara menos amable de la vida, puede llegar a generar trastornos o traumas que marcarán nuestra conducta de adulto. Sally Potter, la interesante realizadora británica de la laureada Orlando (1992), nos trae con esta Ginger & Rosa, una interesante mirada al universo femenino, muy en la línea de los trabajos de Sofía Coppola, especialmente de su ópera prima, Las vírgenes suicidas (1999). Ambas películas comparten un gusto exquisito –bordeando peligrosamente la frontera de la pedantería– a la hora de mostrar la amistad entre las jóvenes protagonistas. Sus emociones más íntimas, sus miedos y sueños, son retratadas a través de una elaborada puesta en escena, donde la ensoñadora fotografía saca el máximo esplendor de la belleza de estas delicadas ninfas. En este caso, el protagonismo recae sobre los hombros de la canadiense Alice Englert y Elle Fanning, que luce en esta ocasión una llamativa melena pelirroja, tan encendida como la personalidad de su personaje.

    por José Martín León
    mayo 04, 2013

    Crítica | Ginger & Rosa

    por José Martín León | mayo 04, 2013
    Crítica de Argo, de Ben Affleck
    ASUNTOS INTERNOS (Y EXTERNOS)
    Argo (Ben Affleck, 2012)

    Nunca entendí esa aversión casi obsesiva que suscitaba Ben Affleck. Obviamente, su carrera como actor no invitaba al festejo: asiduo de americanadas estratosféricas de la talla de Armageddon o Pearl Harbor, el de Berkeley era lapidado por su gesto rígido, siempre rocoso e impasible ante cualquier circunstancia sorprendente. Era esa mirada seria, antipática por encima de su tímida sonrisa. Y aunque había ganado un Oscar por el guión de El indomable Will Hunting –una exhibición de fluidez dialéctica–, el mérito era del otro, de su colega Matt Damon. Un trabajo de semejante envergadura no podía llevar la firma intelectual del futuro Daredevil, de ese secundario que se dejaba caer –a veces literalmente, desde el cielo– en la ya mítica Saga de Jersey que dirigió Kevin Smith. No. Todo el mundo sabía (sí, los críticos también engrosan la lista de “todo el mundo”) que Affleck era un perdedor, que su paso por la gran pantalla sería tan olvidable como mediocre. Aun así, alcanzó su punto de giro particular en el año 2006, gracias a su encarnación del desaparecido George Reeves en Hollywoodland, un interesante filme que desprendía el aroma del mejor cine negro. Reeves se había enfundado las mallas de Superman en una teleserie que triunfó en la década de los 50; y un convincente Ben Affleck recogía su testigo en lo que sería el embrión de ese cineasta llamado a vigorosas empresas. Por aquel entonces iniciaba la preproducción de su debut tras la cámara: Adiós, pequeña, adiós. Golpe reflexivo y alguna que otra puntada en la boca del escéptico. Tal vez, pudiera ser, el tonto no lo era tanto.

    por Anónimo
    diciembre 10, 2012

    ARGO (BEN AFFLECK, 2012) | CRÍTICA

    por Anónimo | diciembre 10, 2012

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