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    Michael Winterbottom
    Michael Winterbottom

    La comedia como revisita

    crítica ★★★ de Viaje a Italia (The Trip to Italy, Michael Winterbottom, Reino Unido, 2014).

    En la época del reciclaje iconológico, de la ironía del pastiche y de la traslación de la aventura clásica al lenguaje Instagram, ¿qué aproximación posible queda ante el motivo del «viaje de descubrimiento»? Cuando Percy Bysshe Shelley y Lord Byron escribieron sobre sus andanzas en Italia, el cariz romántico era creíble: el exilio de la vieja Inglaterra y su rigidez moral en busca de culturas desconocidas y nuevas energías revolucionarias. Una era en la que lo extranjero, por desconocido, constituía algo así como la quintaesencia de la fascinación poética. Viaje a Italia, secuela de la (en su origen) serie de la BBC The Trip (2010), toma la estancia de los dos poetas británicos al país transalpino como primera excusa (pre)argumental. Los dos protagonistas, a los que encarnan los actores Steve Coogan y Rob Brydon en versiones exageradas de sí mismos, reciben de un diario británico el encargo de completar un viaje de seis días por Italia probando distintos restaurantes y siguiendo los pasos de Shelley y Byron. Una de las escenas los muestra ante la casa en la que vivió Byron en Genoa: la visita da para una foto que luego pasar a los publicistas y un par de anécdotas sexuales que rememoran acerca del poeta. Es decir, que uno de los pocos momentos donde este sentido del viaje como rastreo de las huellas de los dos escritores es filmado sirve, más que nada, para evidenciar lo vacío que resulta el propósito.

    El «viaje de descubrimiento» de Coogan y Brydon termina por olvidar este planteamiento inicial para indagar en lo que más parece interesarle a Winterbotton: el desparpajo de sus dos actores/personajes principales para llenar de comedia cínica espacios a priori sacralizados por la formalidad cultural. Otra de las citas que la cinta desliza, ya en su mismo título, es la del Viaggio in Italia (Te querré siempre en su título español) de Rossellini. La asociación automática de las dos películas parecía inevitable, y el director británico opta por introducir la referencia directa en una de sus escenas, en la que sus viajeros visitan una catacumba napolitana donde se rodó el filme de Rossellini. Pero hay una correspondencia más sutil donde Winterbottom marca mucho mejor su distanciamiento sardónico. Si recuerdan, el primer elemento interventor del milagro final de Viaggio in Italia era la observación, por parte de Ingrid Bergman, de los cuerpos momificados de una pareja de enamorados pompeyanos que murieron abrazados durante la erupción del Vesubio. Pues bien, Viaje a Italia también encuentra a los dos protagonistas con una momia hallada en Pompeya… para convertirla en objeto de burla de Rob Brydon, que finge tener una hilarante conversación con ella.

    por Miguel Muñoz Garnica
    octubre 10, 2016

    Crítica | Viaje a Italia

    por Miguel Muñoz Garnica | octubre 10, 2016
    The Face of an Angel

    La verdad es sólo un momento

    crítica a El rostro de un ángel (The Face of an Angel, Michael Winterbottom, 2014).

    Cualquier hecho o verdad tiene tendencia a degradarse en la sociedad del simulacro, convirtiéndose en un objeto de consumo o espectáculo de la misma. Según la teoría del filósofo Jean Baudrillard vivimos en una cultura donde lo cierto y lo auténtico no pueden llegar a percibirse, ya que en la hiperrealidad que vivimos sólo aquello que hemos categorizado como real se considera como tal. Diría Tyler Durden eso de todo es una copia de otra copia de otra copia, y así hasta el infinito. Pensemos por un momento: ¿Cómo podemos ser capaces de llegar al corazón de cualquier verdad? ¿de qué manera percibimos, asimilamos, odiamos o amamos aquello que consideramos real y verdadero? ¿quiénes son las víctimas y los verdugos de cada nuevo espectáculo del puzle de nuestra propia y subjetiva hiperrealidad? ¿a quién arrojamos, como Dante, a los círculos del infierno —mediático, judicial, social—, del que resulta tan complicado salir? ¿qué clase de mentiras queremos devorar y con qué tipo de verdades nos tapamos los oídos? Michael Winterbottom se ha vestido de trilero y nos ha propuesto un juego intelectual complejo y astuto en su última película, no exenta de diatribas éticas y filosóficas y un cierto empacho de lenguaje metacinematográfico. El multiperspectivismo de miradas, la fragmentación narrativa y la duda rondando al espectador son las protagonistas de la presente The face of an angel, una creación singular donde el director británico explora libremente y desde la ficción el caso real del polémico crimen de Perugia —en el que la estudiante Meredith Kercher murió apuñalada y Amanda Ker, su compañera de piso, fue condenada junto a su novio Carlo Elías para acabar siendo absuelta el año pasado—. El nombre del filme, tomado de la novela homónima de Barbie Latza Nadeau que inspiró el guion, alude al apodo que la prensa otorgó a la presunta culpable, sugiriendo que parecía imposible que una carita tan dulce y angelical se correspondiese al perfil de una asesina sin escrúpulos.

    The face of an angel modifica los nombres de los protagonistas del delito y nos permite contemplar una historia compleja y turbulenta desde múltiples aristas. Un atormentado e introvertido artista llamado Thomas —un maduro Daniel Brühl a la altura del papel— quiere escribir una película sobre el crimen que hable de la imposibilidad de llegar a la verdad y que a su vez, sea un guiño a la Divina Comedia de Dante. Una sagaz periodista —Kate Beckinsale— cubre los avances de la investigación acerca del asesinato mientras su ex marido le saca el jugo sensacionalista a la historia regalando a la sociedad lo que más gusta: sangre y carnaza, el pan y el circo del siglo XXI y para qué negarlo, de todos los anteriores. Elisabeth Fuller —la presunta culpable— es acribillada por los medios, acusada de fría, manipuladora, de haber sido la responsable de asestar las 43 puñadas a la víctima. Edoardo —Valerio Mastandrea—, un hombre enigmático, defiende su inocencia e investiga por su cuenta, en el seno de un bar concurrido donde Melanie —Cara Delevinge— entablará amistad con el protagonista. Los testigos declaran, los periódicos engordan la trascendencia mediática y nosotros, como espectadores, nos embarcamos en un juego macabro de reflexión y unión de piezas donde el desarrollo importa mucho más que el resultado.

    por Anónimo
    septiembre 02, 2015

    Crítica | El rostro de un ángel

    por Anónimo | septiembre 02, 2015

    Sold Out

    Crónica de la tercera jornada del Festival de Toronto 2014

    Tercer día en el TIFF. El cansancio empieza a hacer mella levemente, pero las películas compensan el esfuerzo dada la calidad de algunas de las propuestas. Por ahora, Nightcrawler y The Drop parten con fuerza para convertirse en las más comentadas del festival, especialmente la primera. Sobre Men, Women and Children (cuyas impresiones podrán leer en una crítica dedicada) planean las sombras de otras referencias, al parecer bastante evidentes, que pueden acabar empujando el trabajo de Reitman al ostracismo. Por su parte, Ozon se imbuye del espíritu de Pedro Almodóvar rompiendo tabúes sobre el travestismo sin la naturalidad y gracia que el realizador manchego habría sabido plasmar. Y, en última instancia, Winterbottom se aísla en su propio universo melancólico, confirmando su independencia artística una vez más, con una obra atípica, de cierto aroma documental, pausada y alucinógena sobre un caso de asesinato real ocurrido en el 2007. Su pase ha sido una improvisación de última hora. Los periodistas sólo gozamos de cinco tickets para pases de público en todo el festival, y con lo extenso del programa, ver todo lo necesario es tarea complicada. Como ya comentamos anteriormente, para eso existen las rush lines, y hoy hemos recurrido a una de ellas con éxito; la del pase de The Face of an Angel en el magnífico teatro del Winter Garden, decorado a la manera de una atracción de parque Disney, nos encontramos con un teatro temático en toda su extensión, paredes que simulan un castillo y techos de los que cuelgan plantas artificiales con pequeños farolillos en las balconadas más altas. 

    A diferencia de otros festivales como Cannes, en los que algunas de las premieres en sí son pases de prensa, aquí Toronto separa completamente a ambas. Y por eso, en el TIFF, uno apenas disfruta de la ilusión del público. Eso sí, llama la atención que el periodismo de este festival es muy contenido en sus reacciones y que, pocas veces, por no decir ninguna en mi caso, han aplaudido en una sala, a pesar de evidentes favoritas como el citado trabajo de Dan Gilroy. El espectador de a píe, por su parte, está siendo más espontáneo, y su naturalidad se agradece. Por ahora, sólo nos queda un último ticket para gastar con conciencia, una vez hecho, tendremos que aprovechar las rush lines como recurso definitivo, siempre que se llegue pronto, como en la vida, uno tiene asegurado una butaca. Sin más dilación, comentamos las citas del tercer día en el Festival Internacional de Cine de Toronto.

    por EAM
    septiembre 09, 2014

    Toronto 2014 | Día 3. Críticas: 'Nightcrawler', 'The New Girlfriend' y 'The Face of an Angel'

    por EAM | septiembre 09, 2014
    Everyday, de Michael Winterbottom

    La gestión de la esperanza

    crítica de Everyday | de Michael Winterbottom, 2012

    Siempre he creído que no hay mejor modo de hacer llegar al público un buen drama, de transmitir el desencanto, la rabia o la pérdida de otros, que empleando para ello como catalizadores las pequeñas trivialidades domésticas. La pena, la supervivencia y sobre todo, la ausencia de un ser querido, vivo o muerto, no precisan de recursos épicos para ser contadas y son más cercanas a nosotros y más palpables en ese manojo de pequeñeces que conforman el día a día; en este caso que nos ocupa están constituidas por esos cigarros que Karen no puede compartir con su marido, las cañas volcadas a jarras de desconocidos para poder pagar las facturas o la cansada maratón semanal de viajes de tren y metro que la familia debe afrontar para que ella y sus cuatro hijos puedan charlar con su padre, en la desangelada sala común de la prisión de Stocken.

    Everyday, telefilme inglés del prolífico Michael Winterbottom, estrenado en la pequeña pantalla el pasado año y nominado a los premios BAFTA TV, es una pequeña joya para los amantes de los dramas de cine independiente, aquellos que saborean lentamente aquellas historias que otros satanizan y tachan de aburridas o carentes de ritmo porque “nunca pasa nada”. Winterbottom consigue en 86 minutos y con un estilo documental de planos cerradísimos y sumamente emocionales, sencillez expositiva de la trama y ese expresivo lenguaje cinematográfico que domina a la perfección, que parezca que estamos en posesión del puñado de grabaciones caseras de la familia británica Ferguson a lo largo de un lustro, escuchando y sintiendo a un palmo de los ojos las consecuencias y secuelas de su mayor conflicto: Ian Ferguson, marido de Karen y padre de dos niños y dos niñas, está en prisión por, o eso asemeja, un asunto de tráfico de drogas que el espectador debe presuponer sin llegar a confirmar, y todos ellos deben lidiar con el desarraigo que provoca su falta y con las peculiaridades del día a día.

    por Anónimo
    noviembre 09, 2013

    Crítica | Everyday

    por Anónimo | noviembre 09, 2013
    The Look of Love, de Michael Winterbottom

    Aquellos seductores años 60

    crítica de The Look of Love | de Michael Winterbottom, 2013

    Oh, Swinging London. Aquellos maravillosos 60, las pegadizas melodías de los Beatles, los guitarreos de los Rolling, la psicodelia de Hendrix; los años de la revolución cultural, la recuperación económica, el boom explosivo de las revistas, el despegue de la moda, el auge publicitario, la fiebre del consumismo; la década de la invasión pop británica, de los movimientos pacifistas, de Los Vengadores y Casino Royale, de Blow up y Private Eye, de cine, pasarela y discoteca, de carpe noctem, la década en la que una juventud ambiciosa y optimista enarboló el hedonismo como modus vivendi. Hasta ese Swinging London atractivo, opulento y seductor, de estética pop y fastuoso espectáculo, de noches ávidas, drogas y liberaciones sexuales en confrontación al puritanismo tradicional, viajamos a través del celuloide para adentrarnos en los entresijos de la vida de Paul Raymond, el más archiconocido magnate de la industria X británica de su tiempo. Este cuidado biopic dirigido por el prolífico Michael Winterbottom convierte a Steve Coogan en la leyenda del imperio pornográfico fallecida hace un lustro, haciendo de esta cuarta colaboración entre Michael y Steve la más dramática y rica en matices.

    “Mi nombre es Paul Raymond. Bienvenidos al mundo del erotismo”. Así presenta sus shows el mágico Paul, un hombre de fuertes pulsiones sexuales, contradicciones internas, convicciones inamovibles, gustos caros y refinados y enorme visión empresarial: fino y elegante, mujeriego y narcisista, inteligente y magnético, irónico y astuto, frío y locuaz. Todo este filme, gráfico y de exquisita manufactura, se supedita a este hombre arrollador con el fin de contarnos a todos cómo fueron sus decisiones y debilidades, cómo transcurrió su agitada vida, eso sí, con una distancia de cámara que dota a la narración de un aura periodística y menos subjetiva que otras biografías cinematográficas de los últimos tiempos. Paul Raymond, de auténtico nombre Geoffrey Quinn, era un humilde muchacho de Liverpool, criado entre mujeres y educado posteriormente por monjas de Notre Dame, que llegó a la ciudad del Támesis con cinco chelines en el bolsillo y muchos sueños de futuro, y lo cierto es que los cumplió casi todos, algunos a costa de grandes pérdidas y errores. Muy lejos de vivir una existencia estable, sencilla o convencional, la cinta comienza en un punto clave de la historia de este cuestionado pornógrafo, dueño de una inmenso imperio inmobiliario, al abrir el primer club de striptease de todo el país; el Paul Revue´s Bar, “para algunos la meca y para otros Sodoma y Gomorra”, donde se realizaron múltiples shows musicales y eróticos, de cariz teatral pero atrevido y antepuesto a su tiempo en lo que a desnudos se refiere. Y es que, gracias a una sobresaliente actuación de Steve Coogan, más dramático y versátil que en otros de sus trabajos, la película cuestiona la controversia ligada a la vida de Raymond. ¿Un ser amoral, misógino y vivalavida, o el rey de los espectáculos glamurosos, agudo empresario de la industria sexual, héroe británico por excelencia, precursor del divertido, picante y popular barrio del Soho londinense? La pregunta por supuesto, queda abierta a la mirada del propio espectador, y en lo que a mi respecta, Paul Raymond fue una figura plenamente ambivalente; de ideas brillantes y mordaz humor inglés, pero otras veces frío y distante en sus relaciones personales, sobre todo familiares, pecando muchas veces de excesiva indolencia y abusando de una mala vida que fueron sellos personales a lo largo de su carrera.

    por Anónimo
    noviembre 02, 2013

    Crítica | The Look of Love

    por Anónimo | noviembre 02, 2013
    The Look of Love
    fecha de estreno| 26 de abril en Reino Unido.

    director| Michael Winterbottom.

    intérpretes| Steve Coogan, Anna Friel, Imogen Poots, Tamsin Egerton, Stephen Fry, Matt Lucas, David Walliams, Vera Filatova, Peter Wight, Kieran O'Brien, Chris Addison.

    notas| presentada en U.S. premieres de Sundance 2013. Recibida con críticas mixtas. Es el biopic del ‘porn celebrity’ Paul Raymond.



    The Look of Love

    The Look of Love
    por Emilio M. Luna
    marzo 07, 2013

    TRÁILER | THE LOOK OF LOVE, DE MICHAEL WINTERBOTTOM

    por Emilio M. Luna | marzo 07, 2013

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