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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Crítica Dredd Dredd review
    JUSTICIA, UN NEGOCIO PARA INJUSTOS
    Dredd (Pete Travis, 2012)

    Aseguran que es Juez, Ejecutor y Verdugo. Así, con la primera letra en mayúscula. “Yo soy la Ley”, anuncia sin ápice de modestia. Con la primera en mayúscula, por supuesto. Recordemos, no obstante, que Juez Dredd –creado por el guionista John Wagner y el dibujante Carlos Ezquerra hace treinta y cinco años– es un popular cómic británico cuya primera aparición se remonta a las páginas de la revista 2000 AD, una publicación dedicada al mundo de la historieta. Allí, en un mundo asolado por el crimen y la delincuencia más o menos organizada, unos pocos jueces imponían su particular castigo a golpe de pistola, o lo que fuera necesario en cada momento. La civilización, reducida a los infranqueables muros que se levantaban de este a oeste de los Estados Unidos, en una Mega–City de construcciones megalómanas y estética cyberpunk, se veía abocada a un fracaso institucional absoluto.

    por Anónimo
    septiembre 07, 2012

    DREDD (PETE TRAVIS, 2012)

    por Anónimo | septiembre 07, 2012
    Crítica de Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros Abraham Lincoln Review
    LINCOLN… ¿MEMORIAL?
    Abraham Lincoln: cazador de vampiros (Abraham Lincoln: Vampire Hunter, Timur Bekmambetov, 2012)

    Antes de encomendarse al noble (ejem) arte de la política, Abraham Lincoln se dedicó a exterminar vampiros. Dicho así, puede sonar muy triste y patético. Y lo es. Como tristes y patéticas son las aptitudes de Tímur Bekmambetov (Wanted) mostradas en su nuevo filme, Abraham Lincoln: Cazador de vampiros. Un trabajo que nos llega con el aval de Tim Burton como productor. Una simple estrategia comercial que, sin embargo, no disfraza una realidad bastante soporífera: la imagen del icono –interpretado por Benjamin Walker– hacha en mano. Un niño que años después de la muerte de su madre, se convierte en aprendiz de un misterioso y elegante outsider (Dominic West) del siglo XIX. Y ciertamente, Lincoln apunta maneras. Es alto, ligero, rápido y habilidoso con las armas. Un portento cuyo rictus aparece untado de maquillaje barato, como si estuviera en una fiesta de disfraces y el suyo fuera un careto de cera imperfecto. El diseño de producción y la dirección artística de esta historia de venganza es una combinación de texturas de videojuego (de esos vídeos que abren la trama a modo de preámbulo) y efectos visuales de escasa valía.

    por Anónimo
    agosto 30, 2012

    ABRAHAM LINCOLN: CAZADOR DE VAMPIROS

    por Anónimo | agosto 30, 2012
    Crítica de Los mercenarios 2 The Expendables 2 review
    ICONOS EMBALSAMADOS
    Los mercenarios II (The Expendables II, Simon West, 2012)

    Nunca lo ha reconocido, pero Sylvester Stallone –responsable de la emergente saga que nos acontece– soñaba con ser humorista. Hay algo en ese hombre, cuyo labio superior se eleva en señal de superioridad o hastío, de cómico frustrado. Es el gesto del cine de acción ochentero, el de Rocky, el de Rambo, el símbolo de una cinematografía potencialmente maniquea y prosaica. Allí se daban cita héroes de fibra conservadora y delincuentes de perfil bajo. Sea como fuere, aquellos productos triunfaban en cualquier videoclub de barrio (sí, los mismos que desaparecieron hace algún tiempo), en incesantes reposiciones que invocaban a los machos de la manada para sentarse frente al televisor.

    Con la entrada del nuevo siglo, los antiguos faraones de la testosterona pasaron lentamente a un segundo plano, signo inequívoco de la distancia entre esos autores y sus fans, quienes demandaban una rehabilitación del arquetipo del cine estadounidense más recalcitrante y polvoriento. Sly ya no era el del primer Rocky o Demolition Man (¿cuántas críticas destructivas habrá recibido dicha película?), ni Arnold Schwarzenneger el de Desafío Total o Terminator, ni Jean–Claude Van Damme el de The Quest (En busca de la ciudad perdida), ni Chuck Norris el de Desaparecido en combate o aquel joven karateca que besó la piedra del Coliseo Romano luego de la batería de golpes que le regaló Bruce Lee en El furor del dragón. Los tiempos habían cambiado como los cánones –tanto de moral como de belleza– del llamado hombre moderno. Stallone se pasó el abrillantador por toda la cara. Schwarzenegger, también. El primero se dejaba ver en cintas infames (véase D–Tox o Spy Kids 3–D: Game Over) y protagonizaba sospechosas secuelas de sus títulos más emblemáticos; el segundo decidió hacerse actor semiprofesional, o sea político. El Governator de California. Van Damme, en cambio, demostró que sabía hablar y mirar a cámara en una sorprendente y muy recomendable película titulada con sus siglas, JCVD. Tampoco olvidó su ciénaga particular. De Chuck Norris se especulaban toda clase de leyendas, pues Chuck Norris es omnipresente y omnipotente, no conoce padre, ya estaba aquí cuando todavía no existíamos. Se convirtió en el reflector de todos aquellos internautas que escribían chistes acerca del eterno –y nefasto– intérprete de Oklahoma.

    por Anónimo
    agosto 23, 2012

    LOS MERCENARIOS II (SIMON WEST, 2012)

    por Anónimo | agosto 23, 2012
    Prometheus review
    Hace millones de años, Ridley Scott envió a un culturista albino a pudrirse en vida en mitad de un embriagadoramente bello paisaje islandés. Mucho tiempo después, en nuestro futuro cercano, una pareja de arqueólogos disfuncionales encuentra indicios leves sobre la existencia de estos maromos del espacio, además de una serie de… manchas, que resulta que coinciden con una constelación en el quinto pino. Con estas mimbres, le comen la oreja a un viejuno moribundo podrido de pasta y así se pone en marcha una enorme operación científica para dar con los supuestos creadores de la humanidad.

    Así comienza Prometheus, la última obra maestra empresarial de Ridley Scott distribuída por la 20th Century Fox. Admirador de lo mejor de Ridley y marcado en mi infancia por la genialidad de Alien, el 8º pasajero, esta semi precuela lo tenía todo a priori para convertirse en mi película del verano, así que aprovechando un viaje a EEUU, acudí al cine más cercano presa de la emoción, preparado para ver la joya cinematográfica sin haber leído nada antes… como los hombres.

    por Jon Alonso
    agosto 21, 2012

    PROMETHEUS | CRÍTICA

    por Jon Alonso | agosto 21, 2012
    Crítica de Brave, Brave review
    EL ARCO Y LA FLECHA
    Brave (Indomable), de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell

    Durante más de una década, Pixar ha dominado con puño de hierro el mercado de la animación. Los chicos de John Lasseter –director creativo– han rebatido, no sin argumentos, aquella nefasta etiqueta de producto infantil adherida a los antiguos dibujos animados. Desde la sede central de Emeryville (California), productores creativos y animadores empezaron a idear una nueva propuesta de cine: sin complejos giros argumentales, sin pompa visual, ofreciendo tan sólo un punto de fuga a emociones tan humanas como identificables. La marca Pixar responde a una efectiva gestión de calidad donde la creación artística se funde admirablemente con los réditos empresariales. Al fin y al cabo, el cine no es una arte dependiente de la filantropía. Por esta cuestión– y otras más profundas– el gigante Disney decidió absorber a la factoría del flexo por la nada desdeñable cifra de 7.400 millones de dólares, sabedores de la veta comercial que estaban adquiriendo: el rival se convirtió en hijo adoptivo y, de paso, Disney se aseguró la supervivencia en una industria que no le brindaba tantas ovaciones como antaño. Y es que, parecían atravesar un largo periodo de barbecho, sin realizar esos clásicos instantáneos que se les exigían por currículum.

    Antes de la compra de Pixar por parte de Disney, esta primera ya había realizado unas cuantas películas de gran factura: la debutante Toy Story, Monstruos S.A. y Los increíbles, entre muchas otras. En verano de 2006, fecha de la transacción de las acciones, Ratatouille (Brad Bird, 2007) ya estaba en fase de postproducción y Wall–E –la cima de estos estudios– tomaba cuerpo a pasos agigantados. Es decir, las mejores obras de Pixar se estrenaron bajo el suave yugo de Disney, pero ambos equipos no se habían unido aún. La incógnita radicaba en prever cuándo o hasta qué punto se haría efectiva la inversión de valores narrativos. Si por algo se han caracterizado los cerebros de Pixar es por su vasto conocimiento de la psique, una ternura sin condescendencia o melodrama lacrimógeno. La lágrima, piensan, debe esconderse detrás de la sonrisa. El dedo en el ojo es indeseable, artificial, provoca lágrimas plastificadas. Y, por supuesto, los cuentos de princesas tenían que someterse a las necesidades de un público más experimentado, ajeno al recurrente happy end, que nos mostraba la feliz resolución al Mcguffin del zapato de Cenicienta en aquella larga escalinata, que la Bella se enamoró de la Bestia, que Blancanieves viviría dichosa junto a su modélico príncipe y los siete enanitos, y que ésta nunca podría verse reflejada en los anémicos rasgos de Lily Collins o Kristen Stewart. Bastante hizo aquel joven de Chicago, llamado Walter Elias Disney, con subvertir la masa del imaginario de los Hermanos Grimm. En resumen, Disney había sucumbido a los tiempos modernos. Pixar llegó en silencio y conquistó el mundo valiéndose de sus armas, pero elevando el lenguaje al estatus de madurez que demandaba el espectador medio.

    por Anónimo
    agosto 17, 2012

    BRAVE (INDOMABLE, 2012)

    por Anónimo | agosto 17, 2012
    Crítica de El legado de Bourne The Bourne Legacy Review
    QUIERO MIS PASTILLAS
    El legado de Bourne (The Bourne Legacy, Tony Gilroy, Estados Unidos, 2012)

    El 2007 fue un gran curso para el cine de Hollywood. Tres meses después del Año Nuevo de 2008, dos películas de autores genuinamente americanos se disputaban la entrada en el Olimpo del Kodak Theatre. No es país para viejos y Pozos de ambición, dirigidas por los hermanos Coen y Paul Thomas Anderson, respectivamente, representaban las dos caras de una misma moneda: el guión adaptado. La búsqueda de los horizontes abiertos frente a la disección del negro como esencia del hombre. Ganó –en lo que a premios se refiere– la violencia muda de Anton Chigurh (Javier Bardem). También la psicopatía de éste hacia su víctima, Llewelyn Moss (Josh Brolin). Los tres filmes restantes habían llegado como teloneros, aunque de entre Expiación, Juno y Michael Clayton, sólo esta última dejó un poso extremadamente amargo en la memoria de los cinéfilos, el plus de crítica ninguneado por el establishment. La dirigía el debutante Tony Gilroy bajo la presión de su propio texto. Y lograba atemorizarnos con una historia sobre la oscuridad de nuestra época, a través de un tipo que iba por ahí resolviendo limpiamente las pesquisas de sus clientes. Era un abogado que no ejercía el derecho al uso: la trama y el desarrollo narrativo eran casi tan turbios como las ideas expuestas en aquella película. En cualquier caso, Gilroy también había aportado su talento en una trilogía que llegaba –muy a nuestro pesar– a su fin: esa que vio la luz un lustro antes con El caso Bourne, que giraba en torno a un agente especial en busca de sí mismo, de su identidad, ya que desde que despertara en aquel barco pesquero tan sólo había evocado imágenes, escenas que se mostraban en forma de regresión, pero no un flashback convencional. El ultimátum de Bourne, de Paul Greengrass, cerraba pues el círculo de una historia apasionante, inyectada en taurina, sorteando los parámetros de las action movies, para componer una suerte de thriller cuya tensión se había hecho más poderosa a cada entrega.

    Sin embargo, ese ultimátum se conformó con el Óscar a mejor montaje, mejor sonido y mejor montaje en la misma disciplina. Todo según lo previsto. La Academia siempre ha mirado con escepticismo aquellas producciones enmarcadas maliciosamente en el género de acción, entendiendo éste como un resumen de acontecimientos frenéticos trufados de golpes y persecuciones y diálogos de testosterona y retórica hipertrofiada. Pero Bourne eliminó de un soplo ciertos prejuicios que pesaban en el género: se trataba, a fin de cuentas, de un híbrido sin límites que tomaba prestado lo mejor de cada familia. Aquel fin de ciclo –abierto de manera inapelable– suponía estar, paradójicamente, ante una de las más vivas historias del cine reciente. Con todo, abandonamos a Bourne, modélicamente interpretado por Matt Damon, a esa pléyade de secundarios imprescindibles, véase Franka Potente –la amante de Bourne en las dos primeras entregas– o Albert Finney. Nos alejaron de él bajo las tranquilas aguas del Hudson, en Nueva York. Allí permanecía quieto, nervioso el público y moribundo él, justo antes del último impulso eléctrico. Un final perfecto, maquillado insuperablemente por la música de Moby y esa atmosférica pieza titulada Extreme Ways.
     
    por Anónimo
    agosto 15, 2012

    EL LEGADO DE BOURNE (TONY GILROY, 2012)

    por Anónimo | agosto 15, 2012
    Rock of Ages Tom Cruise
    ERA UN LARGO CAMINO HASTA LA CIMA
    Rock of Ages (La Era del Rock, Adam Shankman, Estados Unidos, 2012)

    Desconozco quién fue el primero en proclamar que el rock había muerto. Obviamente, no era un virtuoso del eslogan publicitario. Esa falsa creencia ha servido de coartada a las innumerables discográficas, cadenas de televisión y managers pertenecientes al star system del negocio musical. Pero basta con escarbar un poco para hallar joyas del rock: aunque es cierto que los tiempos han cambiado, ese género adscrito a un estilo de vida de excesos no ha muerto, más bien al contrario. El rock, como todo el arte –y las estrategias lúdicas disfrazadas de éste–, se ha transformado. La forma en que consumimos y disfrutamos la música es totalmente distinta a la de hace cuarenta años, cuando bandas como los Rolling Stones o Led Zeppelin llenaban el aforo de estadios de fútbol y convocaban ante el televisor a toda la familia. En algún momento, los duces de la industria decidieron minusvalorar la inteligencia del público, convirtiendo a las viejas glorias en marionetas, para gestar imágenes lamentables, como productos irremediablemente caducos. Repito: el rock está vivo. El problema son los idiotas que hacen suyo un modus vivendi intransferible, complejo, visceral y poético cuando procede.

    Debo reconocer que nunca he sido un amante del musical, ya que utiliza unos mecanismos narrativos que me son ajenos y desgraciadamente fríos. Pocas veces logro empatizar con unos personajes que rompen sin previo aviso las normas lógicas del comportamiento humano. La hipérbole de cantar y bailar por y para el drama me crea sentimientos encontrados: ¿quién pasea con su mujer o su marido tranquilamente por la calle y, de repente, empieza a cantarle sus inquietudes? Es una marcianada impropia de cualquier persona más o menos razonable. Y, sin embargo, no puedo dejar de sonreír –y marcar el compás con pies y manos– mientras contemplo películas como Cantando bajo la lluvia o Grease, cuando ese dandy llamado Gene Kelly chapotea en los charcos por aquella calle inolvidable, meciéndose por entre las farolas, calándose hasta los huesos por culpa de su felicidad. También disfruto sobremanera de ese chulazo con tupé, Danny Zuko, del séquito de rockers que rezuman testosterona al paso de las apetecibles alumnas del instituto, animadoras e ingenuas en medio de una jauría de coches descapotables que rugen sin freno. Y siempre emociona escuchar el mítico: “Oh, Sandy”. John Travolta acabó patentando un movimiento de caderas genuino, en una época radiante para él, lejos del actual intérprete hinchado que se deja caer en proyectos de segunda fila.

    por Anónimo
    agosto 09, 2012

    ROCK OF AGES (LA ERA DEL ROCK, 2012)

    por Anónimo | agosto 09, 2012
    What to Expect When You're Expecting review
    LA NADA EN EL CINE
    Qué esperar cuando estás esperando (What to Expect When You're Expecting, Kirk Jones, 2012) | El Periódico Extremadura

    Con un manual de ‘la perfecta embarazada’ la escritora Heidi Murkoff se convirtió en todo un referente social. Su novela ‘Qué esperar cuando estás esperando’, que narraba su experiencia como futura madre, logró vender más de diecisiete millones de copias, convirtiendo en best-seller lo que parecía un simple suplemento para The New York Times. Era inevitable pues su paso a la gran pantalla. Y este llega en 2012 como cabría esperar, en forma de comedia romántica.

    Cameron Díaz, Elizabeth Banks, Anna Kendrick, Jennifer López y la modelo Brooklyn Decker caracterizan a cinco mujeres encintadas y su diferente visión de la maternidad. Todo articulado en el sempiterno relato que aúna drama y comedia (con los padres como eterno objetivo) a partes iguales intentando añadir, además, un carácter didáctico-vital. En todos estos aspectos este filme dirigido por Kirk Jones naufraga de manera estrepitosa.

    por Emilio M. Luna
    agosto 06, 2012

    QUÉ ESPERAR CUANDO ESTÁS ESPERANDO | CRÍTICA

    por Emilio M. Luna | agosto 06, 2012
    Prometheus Michael Fassbender
    'Prometheus', de Ridley Scott. Una vuelta al universo 'Alien'
    EL EMBRIÓN FATÍDICO
    Prometheus (Ridley Scott, Estados Unidos, 2012)

    Demasiadas veces he tenido que oír a periodistas supuestamente especializados argumentar acerca del valor de una película con el vacuo pretexto de que “está bien rodada”. La frase, por sí sola, no podría ser más estéril y ambigua, signo inequívoco de una racanería atroz que resume una filosofía del absurdo, acaso un sistema para analizar o disfrutar (quien esto escribe procura que pese más este segundo concepto) el espectáculo. Pero ¿cómo interpretar semejante frase? ¿Quiere decir que el director ha sabido unir primorosamente los planos y la música? Y si fuera el caso, ¿no es eso lo mínimo que podemos exigirle a un narrador cinematográfico? ¿Qué merito implícito hay en “rodar bien”?

    Decir que una película de Ridley Scott está bien rodada y que ofrece un espectáculo visual de primer nivel es como afirmar que Cervantes sabía escribir. O sea, una perogrullada. El cineasta ha demostrado ser un maestro del lenguaje audiovisual a través de títulos tan emblemáticos como Alien, el octavo pasajero,
    Blade Runner y la oscarizada Gladiator, elevada a categoría de cliché por el público medio y cierto sector nostálgico del péplum. Es un veterano en posesión de crédito abundante, dependiente del peso de su nombre en una industria que le profesa gran admiración. Traspasado el umbral del siglo XXI, firmó cintas notables como El reino de los cielos –infravalorada por parte de la crítica–, American Gangster –drama criminal en torno al capitoste afroamericano Frank Lucas–, un filme de vaga incisión a pesar del soberbio casting que la amparaba; y también hizo lo propio con Red de mentiras y la irregular Robin Hood. Seguidamente se embarcó en el proyecto de precuela de Alien, noticia que desató un vendaval de rumores sobre el futuro de la saga: a fin de cuentas, podemos traducir esa regresión a los orígenes como una excusa para cebar nuevamente al cerdito de arcilla.

    por Anónimo
    julio 30, 2012

    PROMETHEUS (RIDLEY SCOTT, 2012)

    por Anónimo | julio 30, 2012
    Total Recall 1990
    Arnold Schwarzenegger es Douglas Quaid en 'Desafío total' (Total Recall, 1990)
    ¿HASTA QUÉ PUNTO PARECE REAL?
    Desafío total (Total Recall, Paul Verhoeven, Estados Unidos, 1990)

    Paul Verhoeven (Ámsterdam, 1938) es uno de los directores más interesantes, audaces y personales del cine comercial de los últimos treinta años. Famoso por sus películas de alto contenido erótico, “Delicias turcas” (1973) o “El cuarto hombre” (1983), rodadas en Holanda, da el salto a Hollywood en 1987 con “Robocop”, violentísimo thriller futurista que fue, no sólo un gran éxito de taquilla, sino también, una magnífica carta de presentación para el público estadounidense. Tras este triunfo, Verhoeven se embarca en el proyecto más ambicioso de su carrera: la adaptación de un relato corto de Philip K. Dick titulado “We Can Remember it for you Wholesale” (“Podemos recordarlo por usted al por mayor”). Dick, todo un maestro en el género de la ciencia ficción, con marcado trasfondo político, metafísico y sociológico, había conocido en 1982 una brillante traslación de otra de sus obras, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de la mano de Ridley Scott. Su título: “Blade Runner”. Aquella cinta se convirtió con los años en un título de culto. El listón estaba alto para Verhoeven, que fue elegido como director del proyecto por el propio Arnold Schwarzenegger, que también quien convenció a Carolco Pictures para que comprara los derechos de la película, tras la quiebra de la productora de Dino de Laurentiis, que pensaba rodarla con Bruce Beresford y Patrick Swayze como director y protagonista, respectivamente. Así, la película se convirtió en el más ambicioso vehículo como héroe de acción de la estrella austríaca, que desde un principio, había mostrado su interés en protagonizarla. Schwarzenegger tuvo pleno control sobre la producción, cobrando 10 millones de dólares más el 15% de los posibles beneficios en taquilla. Teniendo en cuenta que “Desafío total” fue una de las películas más caras rodadas hasta entonces, con 65 millones de dólares de presupuesto, y que acabó recaudando más de 261 millones de la misma moneda, no hay duda de que la estrella hizo uno de los negocios de su vida. Su último estreno había sido “Los gemelos golpean dos veces”, un intento de demostrar que tras esa fachada de músculos, podía existir vis cómica. Aunque fue un éxito en taquilla, las críticas negativas le llovieron de todos los lados, por lo que “Desafío total” era su oportunidad para pasar a un tipo de cine más elaborado y maduro que el que había hecho durante los ochenta.

    por José Martín León
    julio 22, 2012

    DESAFÍO TOTAL (TOTAL RECALL, 1990)

    por José Martín León | julio 22, 2012

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