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    DREDD (PETE TRAVIS, 2012)

    Crítica Dredd Dredd review
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    Dredd (Pete Travis, 2012)

    Aseguran que es Juez, Ejecutor y Verdugo. Así, con la primera letra en mayúscula. “Yo soy la Ley”, anuncia sin ápice de modestia. Con la primera en mayúscula, por supuesto. Recordemos, no obstante, que Juez Dredd –creado por el guionista John Wagner y el dibujante Carlos Ezquerra hace treinta y cinco años– es un popular cómic británico cuya primera aparición se remonta a las páginas de la revista 2000 AD, una publicación dedicada al mundo de la historieta. Allí, en un mundo asolado por el crimen y la delincuencia más o menos organizada, unos pocos jueces imponían su particular castigo a golpe de pistola, o lo que fuera necesario en cada momento. La civilización, reducida a los infranqueables muros que se levantaban de este a oeste de los Estados Unidos, en una Mega–City de construcciones megalómanas y estética cyberpunk, se veía abocada a un fracaso institucional absoluto.

    En 1995, Danny Cannon se encargó de trasladar a la pantalla grande la primera adaptación de este cómic para muchos de culto, con Sylvester Stallone en la piel del insobornable Juez Dredd. El resultado, según me informa mi traviesa memoria, fue desastroso. Solía practicar el noble arte del zapping cada vez que la reponían en televisión. Me producía algo parecido a la alergia ver el gesto estreñido de Stallone, torciendo siempre la comisura de los labios para conseguir no sé qué en su olvidable interpretación. Ahora, diecisiete años después de aquel naufragio artístico, el realizador Pete Travis nos propone visitar la inhóspita torre en donde una joven y, sin embargo, exprostituta y asesina (Lena Heady) conocida por el sobrenombre de Ma–Ma ha instalado un imperio del terror frecuentado por yonkis, gracias a una droga llamada SLO–MO, que reduce la actividad del cerebro a un 1% de su capacidad. En resumen, que si inhalas un poco de esa sustancia, veinte metros te parecerán veinte kilómetros y diez segundos, diez horas. O una década. Tanto da. El guión –escrito por Alex Garland– ni siquiera se molesta en contarnos qué le ha sucedido a ese hombre de carácter huraño e ideología seguramente fascista. No hay retazos que expliquen su personalidad y, por tanto, no hay conflicto interno. Arranca la peli y el Juez Dredd (Karl Urban) y su compañera en evaluación (Rachel Wood) reciben el aviso de un triple asesinato en aquel sector regentado por los secuaces de Ma–Ma.

    Luego se dispara la acción, llueven los cadáveres –a veces literalmente– y a los tres cuartos de hora pienso que he debido de pasar eones en mi butaca. Sospecho que el director ha logrado dar con la tecla: traspasar el cordón de la ficción para embriagarnos con el humo de esa potente droga. De tal manera que, en un ejercicio de distensión temporal (a través del ya repetitivo ralentizado) con destellos multicolores, la película crea una suerte de artefacto sedante que encuentra en la frase lapidaria (“Esto no es una negociación”) un salvoconducto hacia la violencia. Un cóctel de sangre y opiáceos sin trascendencia fílmica. El nulo empaque del guión tampoco ayuda: conecta secuencias mediante golpes de efecto previsibles y forzados, cobijando el relato bajo un paraguas repleto de goteras. No es mala la realización; tampoco el montaje. Hay talento, pero el problema es ineludible: pesan la nula empatía con un hombre que representa el arquetipo de antihéroe, y un punto de nervio narrativo que imprima suspense al producto final. Porque Dredd está completamente deshumanizado, y lo certifica el hecho de que no se quite el casco en ningún instante del la película. Pero ¿a quién no le gusta ver cómo un solo tipo elimina a todos los malos? La idea primera es muy básica, responde a una lógica perversa que, sin embargo, descodifica a golpe de gatillo el mito de Temis. Pero este Justiciero es un encefalograma plano. Una mayúscula y no ese Juez mayúsculo que necesita la Tierra. 

    Juan José Ontiveros.

    Ficha técnica

    Reino Unido, 2012. Tïtulo original: Dredd. Director: Pete Travis. Guión: Alex Garland, basado en los personajes creados por Carlos Ezquerra y John Wagner. Productora: DNA Films / IM Global / Reliance Big Entertainment. Presupuesto: 45.000.000 dólares. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Música: Paul Leonard–Morgan. Montaje: Mark Eckersley. Intérpretes: Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Domhnall Gleeson, Santi Scinelli, Jason Cope, Deobia Oparei, Langley Kirkwood, Brandon Livanos, Rakie Ayola, Allen Irwin, Joe Vaz, Scott Sparrow.

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