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    Cine Alemán Siglo XXI

    LOS MERCENARIOS II (SIMON WEST, 2012)

    Crítica de Los mercenarios 2 The Expendables 2 review
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    Los mercenarios II (The Expendables II, Simon West, 2012)

    Nunca lo ha reconocido, pero Sylvester Stallone –responsable de la emergente saga que nos acontece– soñaba con ser humorista. Hay algo en ese hombre, cuyo labio superior se eleva en señal de superioridad o hastío, de cómico frustrado. Es el gesto del cine de acción ochentero, el de Rocky, el de Rambo, el símbolo de una cinematografía potencialmente maniquea y prosaica. Allí se daban cita héroes de fibra conservadora y delincuentes de perfil bajo. Sea como fuere, aquellos productos triunfaban en cualquier videoclub de barrio (sí, los mismos que desaparecieron hace algún tiempo), en incesantes reposiciones que invocaban a los machos de la manada para sentarse frente al televisor.

    Con la entrada del nuevo siglo, los antiguos faraones de la testosterona pasaron lentamente a un segundo plano, signo inequívoco de la distancia entre esos autores y sus fans, quienes demandaban una rehabilitación del arquetipo del cine estadounidense más recalcitrante y polvoriento. Sly ya no era el del primer Rocky o Demolition Man (¿cuántas críticas destructivas habrá recibido dicha película?), ni Arnold Schwarzenneger el de Desafío Total o Terminator, ni Jean–Claude Van Damme el de The Quest (En busca de la ciudad perdida), ni Chuck Norris el de Desaparecido en combate o aquel joven karateca que besó la piedra del Coliseo Romano luego de la batería de golpes que le regaló Bruce Lee en El furor del dragón. Los tiempos habían cambiado como los cánones –tanto de moral como de belleza– del llamado hombre moderno. Stallone se pasó el abrillantador por toda la cara. Schwarzenegger, también. El primero se dejaba ver en cintas infames (véase D–Tox o Spy Kids 3–D: Game Over) y protagonizaba sospechosas secuelas de sus títulos más emblemáticos; el segundo decidió hacerse actor semiprofesional, o sea político. El Governator de California. Van Damme, en cambio, demostró que sabía hablar y mirar a cámara en una sorprendente y muy recomendable película titulada con sus siglas, JCVD. Tampoco olvidó su ciénaga particular. De Chuck Norris se especulaban toda clase de leyendas, pues Chuck Norris es omnipresente y omnipotente, no conoce padre, ya estaba aquí cuando todavía no existíamos. Se convirtió en el reflector de todos aquellos internautas que escribían chistes acerca del eterno –y nefasto– intérprete de Oklahoma.

    Lo cierto es que resumían a la perfección esa extendida creencia del “pecado inconfesable”. Todo el mundo ha visto alguna de sus películas. Incluso el sesudo gafapasta que escribe acerca de lo divino y lo humano. Y es que, de una manera u otra, hemos asentido al paso de unos actores configurados para trasladar lo básico al terreno de la vergüenza ajena. Un papel totalmente desprestigiado dentro del panteón actoral; un trabajo que, pese a quien pese, cubría un gran hueco. Así las cosas, Sylvester Stallone empezó a madurar la idea de un filme tributo a sus compañeros y a sí mismo, le trasladó el argumento a Dave Callahan, un sencillo borrador basado única y exclusivamente en el arte de la hostia. A saber, un grupo de mercenarios que se dedica a exterminar a cualesquiera que sean los enemigos de sus clientes. Sin más. Fin. No pregunten si hay intriga o algo parecido a una trama. No. El dilema radica en la efectividad de esos asesinos letales, sus frases pretendidamente lapidarias (“Descansa en pedazos”), sus pulsos dialécticos (dignos de un parvulario lleno de gorilas), sus risotadas cómplices por un no sé qué de genitales y honor y músculo y artes marciales y balas y cerebros donde la nada es la Nada absoluta.
     
    Sylvester Stallone The Expendables 2
    Sylvester Stallone, el alma de 'Los mercenarios II', de Simon West
    Empezaba Los mercenarios –dirigida por Sylvester Stallone– con el abordaje a un barco de piratas somalíes, que tenían secuestrados a unos señores económicamente poderosos. El anabolizado Equipo-A mide las diferentes opciones durante varios minutos. Dos. Quizá menos. A continuación vislumbramos a Dolph Lundgren, que dispara una especie de rifle automático que lanza misiles en vez de balas. El impacto, por la cintura. El supuesto terrorista cae partido en dos. Literalmente. Y el gigante de Estocolmo gruñe: “Un poco bajo”. Antes, su compañero, el jefe de esos poetas románticos (Sly), ha dicho sin ápice de modestia que sólo existe una cosa más rápida que él: la luz. Era la celebración de la hipérbole. El “todo vale” en la gran pantalla. Explosiones, gestos estreñidos y montaje frenético de la escuela Michael Bay. Y como era de esperar, con la segunda entrega dejarían el pabellón bien alto. Al menos en términos de exhibición. Cambien México por Nepal. Piensen en lo exquisito del cine de acción, los nombres citados anteriormente. Son los mismos, con algunos fichajes: Van Damme y Chuck Norris. El belga es el malo malísimo. Chuck Norris, el Lobo Solitario que surge como por arte de magia en el clímax natural de este cementerio de elefantes. Y resulta paradójico que el único momento realmente memorable sea en el que hace aparición este mito del cine apolillado. Aunque también hay que reconocer el mérito de la última secuencia, trufada de cadáveres y golpes de efecto más o menos consistentes.

    Se antoja imposible no responder a la única lectura posible de Los mercenarios 2: la autoparodia de los que, sabedores de su caducidad, convienen en una orgía de violencia inflamable. La máxima expresión del stuntman. El director, Simon West, se presta a la banalidad de un guión consciente de su pobreza lingüística, informe y aburrido por momentos. Trasciende ese aire desmitificador que traslada la película a un terreno casi inexorable. Stallone y sus colegas han sabido descodificar su posición, la de unas estrellas crepusculares.

    Juan José Ontiveros.

    Ficha técnica:

    Estados Unidos, 2012. Título original: “The Expendables 2”. Director: Simon West. Guión: David Agosto, Ken Kaufman, Richard Wenk, Sylvester Stallone. Productora: Millennium Films / Nu Image Films. Presupuesto: 100.000.000 dólares. Localizaciones principales: Bulgaria y China. Cámara: Panavision Panaflex Millennium XL2, Panavision Primo Lenses. Montaje: Todd E. Miller. Música: Brian Tyler. Fotografía: Shelly Johnson. Intérpretes: Sylvester Stallone, Jason Statham, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Jean Claude Van Damme, Chuck Norris, Jet Li, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Liam Hemsworth, Scott Adkins, Charisma Carpenter, Yu Nan, Amanda Ooms.

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