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    BRAVE (INDOMABLE, 2012)

    Crítica de Brave, Brave review
    EL ARCO Y LA FLECHA
    Brave (Indomable), de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell

    Durante más de una década, Pixar ha dominado con puño de hierro el mercado de la animación. Los chicos de John Lasseter –director creativo– han rebatido, no sin argumentos, aquella nefasta etiqueta de producto infantil adherida a los antiguos dibujos animados. Desde la sede central de Emeryville (California), productores creativos y animadores empezaron a idear una nueva propuesta de cine: sin complejos giros argumentales, sin pompa visual, ofreciendo tan sólo un punto de fuga a emociones tan humanas como identificables. La marca Pixar responde a una efectiva gestión de calidad donde la creación artística se funde admirablemente con los réditos empresariales. Al fin y al cabo, el cine no es una arte dependiente de la filantropía. Por esta cuestión– y otras más profundas– el gigante Disney decidió absorber a la factoría del flexo por la nada desdeñable cifra de 7.400 millones de dólares, sabedores de la veta comercial que estaban adquiriendo: el rival se convirtió en hijo adoptivo y, de paso, Disney se aseguró la supervivencia en una industria que no le brindaba tantas ovaciones como antaño. Y es que, parecían atravesar un largo periodo de barbecho, sin realizar esos clásicos instantáneos que se les exigían por currículum.

    Antes de la compra de Pixar por parte de Disney, esta primera ya había realizado unas cuantas películas de gran factura: la debutante Toy Story, Monstruos S.A. y Los increíbles, entre muchas otras. En verano de 2006, fecha de la transacción de las acciones, Ratatouille (Brad Bird, 2007) ya estaba en fase de postproducción y Wall–E –la cima de estos estudios– tomaba cuerpo a pasos agigantados. Es decir, las mejores obras de Pixar se estrenaron bajo el suave yugo de Disney, pero ambos equipos no se habían unido aún. La incógnita radicaba en prever cuándo o hasta qué punto se haría efectiva la inversión de valores narrativos. Si por algo se han caracterizado los cerebros de Pixar es por su vasto conocimiento de la psique, una ternura sin condescendencia o melodrama lacrimógeno. La lágrima, piensan, debe esconderse detrás de la sonrisa. El dedo en el ojo es indeseable, artificial, provoca lágrimas plastificadas. Y, por supuesto, los cuentos de princesas tenían que someterse a las necesidades de un público más experimentado, ajeno al recurrente happy end, que nos mostraba la feliz resolución al Mcguffin del zapato de Cenicienta en aquella larga escalinata, que la Bella se enamoró de la Bestia, que Blancanieves viviría dichosa junto a su modélico príncipe y los siete enanitos, y que ésta nunca podría verse reflejada en los anémicos rasgos de Lily Collins o Kristen Stewart. Bastante hizo aquel joven de Chicago, llamado Walter Elias Disney, con subvertir la masa del imaginario de los Hermanos Grimm. En resumen, Disney había sucumbido a los tiempos modernos. Pixar llegó en silencio y conquistó el mundo valiéndose de sus armas, pero elevando el lenguaje al estatus de madurez que demandaba el espectador medio.

    Brave still
    'Brave', la nueva película de Pixar
    Pero entraba dentro de la lógica que Disney se impusiera (al menos esta vez). Y así lo constato mientras observo la sublime factura técnica de Brave, cuya protagonista, Mérida, es la princesa de una región medieval al norte de Gran Bretaña. La primera princesa de Pixar. El primer signo de que me hallo ante una película de verbo y moraleja que remiten sin paliativos al núcleo fútil de la Casa del Ratón. Los directores –Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell– firman un cuento que evoca todo un muestrario de actitudes impermeables a la oscuridad. Esa princesa pelirroja de rebeldía kitsch representa el virtuosismo de sus hacedores, un equipo irrepetible que sienta cátedra de la animación en 3D. La misma que proviene de los precisos y detallistas story–boards que alimentan el recuerdo de una técnica, la de las dos dimensiones, crepuscular. Es imposible no permanecer boquiabierto ante el fascinante trabajo de ambientación en una Escocia inequívocamente perenne, cuyas panorámicas desde los acantilados o el mástil de un drakkar (embarcación vikinga) son un regalo impagable.

    El comienzo es prometedor, deseas que se dispare la adrenalina, que esa excelente arquera se aventure a un obstáculo homérico. Pero la historia de Brave se reduce a la insatisfacción paterno–filial, al empeño de la reina para que su hija se case con uno de los tres descendientes de las respectivas facciones que componen el reino. Y, sin embargo, Mérida quiere romper con esa tradición atávica. La fábula de casi siempre, perfecta para el público infantil, agradable sin más para aquellos que esperaban lo mejor de los responsables de una obra maestra como Wall–E. Porque el esperanzador comienzo no responde a cualesquiera que sean las expectativas proyectadas hacia el resto del filme. La perfecta ambientación acaba eclipsando todo lo demás. Mark Andrews, director del inolvidable cortometraje One Man Band (El hombre orquesta), y sus colegas deciden quedarse atrapados en la dulce telaraña de Disney, quienes olvidándose de Pixar ya habían completado otro prodigio audiovisual, pero con números musicales. Se titulaba Enredados, y un tal Quentin Tarantino –siempre dispuesto a ofrecer sus singulares opiniones– dijo de ella que era “la mejor película de animación del año (2010)”. Asimismo, Brave y Enredados comparten mitología de chistera y una precisión abrumadora en las texturas del cabello de sus protagonistas, que se erige como un ente provisto de vida y, por supuesto, luz propia.

    En Brave se respira la brisa de los gélidos mares del interior, hay brujas y golpes de comedia (la fisonomía de algunos personajes, mérito de la curva, exige la risotada) y fuegos fatuos y castillos y folclore y música (sin gorgoritos). Predominio de la piedra flanqueada por la exuberante vegetación. Un trabajo de fotografía exquisito. Visto el acierto –y los desaciertos puntuales– de ambas propuestas, o sea la del sello Disney y la del sello Pixar, cabe preguntarse si no sería mejor que cada marca, que cada universo, estuviera regido por sus propias señas de identidad: la del cine total (Pixar) y la del cine moralista (Disney). No conviene mezclarlos con demasiada frecuencia, ya que se corre el riesgo de que uno acabe contagiando al otro.

    PD: Mención especial para el corto La luna, dirigido por Enrico Casarosa. Esta pieza que precede al largometraje es un acierto de principio a fin.

    Juan José Ontiveros.

    Ficha técnica:

    Estados Unidos, 2012. Título original: “Brave”. Directores: Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell. Guión: Mark Andrews, Steve Purcell, Brenda Chapman, Irene Mecchi (Historia: Brenda Chapman). Productora: Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures. Presupuesto: 185.000.000 dólares. Música: Patrick Doyle. Montaje: Nicholas C. Smith. Voces originales: Kelly MacDonald, Emma Thompson, Julie Walters, Billy Connolly, Robbie Coltrane.

    Brave poster
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