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    Cine USA 2010
    Cine USA 2010
    Una cita para el verano

    Gente de Nueva York

    crítica de Una cita para el verano | Jack Goes Boating, dirigida por Philip Seymour Hoffman, 2010

    A principios de año el mundo se quedaba huérfano de uno de los mayores talentos que ha dado el celuloide contemporáneo. Philip Seymour Hoffman se dejaba la vida entre chutes de heroína. Para el recuerdo quedan un buen puñado de interpretaciones. Desde el "creepy" amanerado de Boogie Nights (1997) hasta el magnético líder de The Master (2012), pasando por su oscarizado trabajo como Capote. Camaleónico como ninguno la amplitud de su abanico interpretativo dejó constancia de un talento sin límites. Con la habilidad suficiente para levantar películas sin más atractivo que su pálido rostro y hacer grandes otras que sin su presencia hubiesen lucido el cartel de mediocres. Trabajador incansable, promediando casi tres trabajos por año, se dejaba seducir tanto por superproducciones como por películas de presupuesto más reducido y ambiciones más humildes. Un funambulista de la interpretación. Arriesgando siempre, buscando lo distinto y con la destreza suficiente para salir continuamente bien parado. Por supuesto su inquietud le llevó a dirigir una película, Una cita para el verano (Jack Goes Boating, 2010), que se estrena ahora en España. Sus habilidades como realizador están lejos de las que tenía como actor. Lógico. Sería una divinidad si no fuese así. Es cierto que hay grandes actores que han dejado películas memorables en su paso a la dirección, como Paul Newman o Robert Reford. No es el caso del intérprete neoyorquino. Pero eso no significa que la cinta no sea aprovechable. Su sola figura seduce, le da el empaque necesario para que sea algo más que la típica película indie. El filme es una adaptación de la obra de teatro homónima, escrita por Robert Glaudini, y que él mismo había coprotagonizado previamente. Hoffman y el escritor tuvieron diversas conversaciones entre actuación y actuación y finalmente decidieron llevar la obra a la gran pantalla. Su buena acogida en Sundance y algún que otro premio en los Independent Spirit Awards hicieron el resto.

    por Anónimo
    agosto 14, 2014

    Crítica | Una cita para el verano

    por Anónimo | agosto 14, 2014
    Tucker & Dale contra el mal

    Tucker & Dale contra los tópicos

    crítica de Tucker & Dale contra el mal | Tucker & Dale vs Evil, de Eli Craig, 2010

    Es una verdadera lástima que, contando con el beneplácito de la crítica y el espectador —obtuvo el Premio del Público en el prestigioso SXSW Film Festival— de medio mundo, Tucker y Dale contra el mal (Tucker & Dale vs. Evil) permanezca inédita en nuestro país. A pesar de haber sido anunciada y cancelada en un par de ocasiones por Vértigo Films, que incluso se planteó en un momento dado lanzarla directamente en DVD, todavía no hay noticias oficiales ni definitivas sobre su llegada. Estamos ante uno de esos casos, cada vez más frecuentes, en los que los cinéfagos más curiosos y periféricos no tenemos otro remedio que recurrir a ediciones extranjeras que o bien no llevan subtítulos en nuestro idioma (con lo cual, o sabes un poco de inglés o estás perdido) o sí que los llevan pero no son compatibles con nuestros reproductores. Hay una opción alternativa: la otra, la fea, esa que no hace falta explicar y que tan poco nos gusta, pero que tanto usamos cuando se convierte en nuestra única aliada en estos tiempos de sequía de estrenos arriesgados. Es una pena que tengamos que recurrir a eso para poder disfrutar de una de las mejores y más imaginativas comedias terroríficas que se han filmado en los últimos años. Pero dejemos de lamentar algo que, al fin y al cabo, aunque de manera casi inevitable, ya suena a tópico en muchas críticas debido al estado de la industria audiovisual en general y la exhibición cinematográfica en particular. Mejor celebremos la calidad de la película, que es a lo que hemos venido aquí y no a lloriquear tanto. Porque, en un campo donde abundan las producciones sin gracia, sin nada nuevo que ofrecer, clónicas y basadas en el puro efectismo más barato o los guiños y codazos, la cinta de Eli Craig supone un soplo de aire fresco capaz de reverdecer el yermo terreno de los tópicos del terror campestre y llenarlo de humor, amor e inteligencia.

    Con un prólogo que utiliza las formas del found footage (y que, ojo, SPOILER, es el verdadero final de la historia… aunque nos pase desapercibido en un primer visionado), la película muestra inmediatamente después sus cartas sin pretender ocultar demasiado al espectador: esto va de unos adolescentes muy tontos y llenos de prejuicios generados, en su mayoría, por el propio cine de terror, y de unos paletos con pinta de brutos pero incapaces de infringir dolor a ningún ser vivo… al menos de manera voluntaria. El pavor que los jóvenes sienten ante la presencia de estos montañeses es uno de los detonantes de la trama, ya que este pánico infundado desemboca en una serie de muertes ridículas, accidentales y, en su mayoría, tronchantes. Muertes con las que Tucker y Dale, los protagonistas de la función, no tienen nada que ver y que se nos muestran desde el principio como lo que son: un puñado de maneras tontas de morir que, a efectos de posibles investigaciones posteriores, bien podrían pasar como despiadados asesinatos. Es esta tensión entre unos y otros, entre los (falsos) héroes suicidas y los (también falsos) villanos inofensivos, la base sobre la que se sustenta toda la película y la que define su condición de comedia gore. Sin embargo, en lugar de recurrir a la parodia burda o de recrearse en los tópicos, que sería lo fácil, Tucker & Dale vs. Evil se entrega al juego de darles la vuelta y construir en torno a esa inversión una serie de set-pieces tan jugosas e hilarantes como la de la persecución con motosierra incluida o el percance con la trituradora de madera. Lo más sorprendente de todo quizá sea que, a pesar de que esa dinámica se repita desde los primeros minutos, los gags siguen funcionando maravillosamente bien durante (casi) todo el resto del metraje, incidiendo en un humor basado en el reconocimiento de clichés y la transgresión de los mismos.

    por Unknown
    octubre 16, 2013

    Crítica | Tucker & Dale contra el mal

    por Unknown | octubre 16, 2013
    Super, de James Gunn

    CRIMSON BOLT, HÉROE DE SALDO

    crítica de Super | James Gunn, 2010

    En medio de la vorágine que estamos viviendo entre tanta superproducción hollywoodiense que se apunta a la moda de los héroes de cómic, varias películas independientes han sabido, en mayor o menor medida, subvertir sus normas para ofrecer algo completamente distinto. Filmes como Defendor (2009) o Especial (2006) nos mostraron a tipos corrientes –tirando a grises, todo hay que decirlo– que por alguna razón, a pesar de carecer de poderes especiales, se sentían capacitados para impartir justicia en las calles, embutidos en los atuendos más vergonzosos que cabría imaginar. Estos dos títulos, protagonizados por Woody Harrelson y Michael Rapaport, respectivamente, presentaban a unos personajes maltratados por la vida, para los que estas supuestas “heroicidades” suponían la única válvula de escape posible para seguir adelante con sus vacías existencias. Con Super, el cómico Rainn Wilson, muy popular por la serie The Office o sus apariciones en el mítico Saturday Night Live, es el último intérprete en sumarse a este grupo de perdedores con su papel de Frank Darbo, un pobre diablo que pasa sus aburridos días cocinando hamburguesas en un antro de mala muerte. Al igual que le sucedía a Forrest Gump con su amada Jenny, Frank tiene idealizada a Sarah (Liv Tyler), su ex alcohólica y drogadicta esposa, que únicamente siente gratitud y lástima por él. Cuando la mujer se marcha con Jacques, un peligroso traficante de drogas (genial Kevin Bacon), el abandonado esposo sufre una extraña alucinación en la que es tocado por “el dedo de Dios”, convirtiéndole en elegido para servirle en la Tierra, luchando contra el mal que amenaza en cada esquina. Desde ese momento se convertirá en un anónimo vengador que pondrá en jaque a los maleantes de la ciudad, causando controversia entre la población. Y como todo héroe debe tener un compañero, Rayo Escarlata –que así se hace llamar–, recluta a Libby (Ellen Page), la joven dependienta de una tienda de cómics que, bajo la identidad de Rayito, le ayudará a repartir leña a diestro y siniestro.

    por José Martín León
    julio 02, 2013

    Crítica | Super

    por José Martín León | julio 02, 2013

    LA SOMBRA DE LOS OTROS (SHELTER, 2010)

    por Emilio M. Luna | junio 01, 2012
    Hereafter posterLA CRÓNICA DE CARONTE

    "Fallido retrato espiritual cuyo guión carente de profundidad le avoca a un nihilista e insustancial destino."

    Invictus (2009), la adaptación al celuloide de la célebre obra de John Carlin, The Human Factor, mostraba uno de los lados menos habituales de Clint Eastwood: la falta de inspiración. Una entelequia que ya se atisbó, por momentos, en las ignoradas por la academia americana El Intercambio (The Changeling, 2008) y Gran Torino (2008). El largometraje dedicado a Nelson Mandela y la liberación social surafricana, mostró un Eastwood demasiado convencional aunque sin abandonar la factura clásica que lo ha hecho ser considerado uno de los cineastas más grandes de todos los tiempos. El guión de Invictus condenó a un filme destinado a conmover conciencias. Algo que se vuelve a repetir en su paso al género sobrenatural con Hereafter (2010), que en España se tradujo como Más Allá de la Vida.

    Se esperaba con expectación la primera incursión en terrenos fantástico-quiméricos del director californiano. El resultado es un drama existencialista de estructura y ritmo monocordes que no logra arrancar en ningún momento. Hereafter narra tres historias paralelas sobre las experiencias de diversa índole de tres personas ante la muerte. Ese umbral tan enigmático cómo temible que se haya impertérrito en la subconciencia humana. Una temática más que atractiva para un Eastwood en su bis más experimental. Para ello repitió con Matt Damon al que acompañan nombres cómo Cecile de France, Bryce Dallas Howard y Jay Mohr. Con todos los detalles y con una sobria dirección nada es achacable a Hereafter, tan sólo que su modestia es tan evidente que traspasa la pantalla y se queda en el pericardio de un espectador impávido, insatisfecho y ante todo indiferente.

    Clint Eastwood HereafterEl espectacular prólogo del filme hacía presagiar un proceso bien diferente. Rodado con pulso, las escenas del tsunami en el sudeste asiático golpean en la retina de manera voraz. Un espectáculo tan grandilocuente cómo dantesco que sirve cómo pistoletazo de salida a una carrera que se torna en plomiza y sin alicientes. Momentos brillantes, con la marca de su autor, sirven como pequeñas aristas de esta plana creación. Destacando el maravilloso instante entre Dallas Howard y Damon en el aula de cocina, llena de una ternura y sutileza plasmada con elegancia en pantalla. Hereafter guarda en estos momentos su único incentivo que funcionan cómo recordatorio del estilo y talento de Eastwood. La muerte cómo motivo de vida, el dolor cómo alivio, todo desde una introspectiva de difícil extrapolación.

    Bryce Dallas Howard and Matt Damon in HereafterPese al esfuerzo de Damon y De France, poco importan sus sentimientos y vivencias. Quizás, el ubicar caracteres tan específicos lastran una historia cimentada en sensaciones. Al público le cuesta conectar con un tema tan propicio. Gélido y monótono el libreto de Peter Morgan hubiera servido para cualquier producción televisiva de sobremesa. Eastwood rescata y salva los muebles convirtiendo Hereafter, al menos, en un film menor dentro de su colosal filmografía. Ojalá J. Edgar (2011) devuelva al camino al bravo cineasta norteamericano. “El último gran clásico”.

    Lo Mejor: El prólogo y la escena del curso de cocina.

    Lo Peor: Guión monocorde. Personajes algo desdibujados pese al esfuerzo de sus intérpretes.

    Puntuación: 5,5/10 CINE USA 2010/DRAMA ESPIRITUAL/CLINT EASTWOOD.
    por Emilio M. Luna
    septiembre 26, 2011

    HEREAFTER (CLINT EASTWOOD, 2010)

    por Emilio M. Luna | septiembre 26, 2011
    EL FIN DEL ROMANCE

    “Retrato romántico de una lánguida pareja que fracasa al intentar captar la realidad matrimonial debido a una superficial y tópica narrativa."

    A vueltas con el desamor. En la actualidad el género romántico se ha convertido en un simple recurso comercial del cine americano lejos del estilo de Richard Linklater o John Cassavettes. Una nueva corriente sobre la triste evolución del romance se ha instaurado en la industria independiente estadounidense. Una corriente que comenzó la adaptación de la cruda novela de Richard Yates, Revolutionary Road, dirigida por Sam Mendes en 2008. Le siguieron los dramas Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010), Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010) y Like Crazy (Drake Doramus, 2011) junto a la comedia 500 Days of Summer (Marc Webb, 2009). Cintas que narraban el proceso de separación física y emocional de una pareja con realismo y sensibilidad. Lejos de esa metamorfosis afectiva llega la ópera prima de Massy Tadjedin, Sólo una Noche (Last Night, 2010), cabeza de cartel del pasado Festival de Tribeca.

    Tadjedin, joven realizadora de origen persa, había ocupado su corta carrera cómo guionista de filmes cómo The Jacket (John Marbury, 2005). Con Sólo una Noche da el salto detrás de la cámara adaptando un libreto que lleva su rúbrica. Sólo una Noche obvia todo el bagaje vital de una joven y acomodada pareja neoyorquina y se centra en su eterno penúltimo episodio de inseguridades, hastío y celos. El filme intenta presentar el lado realista de una relación donde la monotonía ha invadido sus vidas y todo se ha convertido en gris e insustancial. Bifurcada en dos segmentos, la cinta de Tadjedin intenta jugar con los prejuicios del espectador ofreciendo el comportamiento de cada miembro de la pareja en una noche llena de soledad y tentación.

    El resultado es irregular y a medida que transcurre el metraje, al igual que la pareja, se convierte en monótono e intrascendente. Sólo una Noche es una obra de contrastes que realza por momentos la fracción narrativa que interpretan Keira Knightley y Guillaume Canet. Ella cómo una débil esposa, él como un siempre enigmático deseo pasional y ambos reencontrados por azar. Una parte interesante con cierto aire al díptico de Richard Linklater (Antes del Amanecer-Antes del Atardecer) pero que de manera idéntica al filme se pierde en su globalidad. Algo que ya ocurre de antemano con el fragmento protagonizado por Sam Worthington y Eva Mendes. Él un esclavo del trabajo, ella una tentadora alternativa amorosa que vivirán una tensión sexual no resuelta en un viaje rutinario. Todo unido por el eje del film que es el matrimonio que conforman Knightley y Worthington. Dos historias donde todo es lo que parece pero que no supone eco alguna en sus vidas y aún menos en las del espectador.

    Porque pese a sus destellos Sólo una Noche no logra conectar con el público en ningún sólo momento. Aunque su narración puede provocar una fácil extrapolación a las propias vivencias, todo resulta demasiado artificial. El punto de partida falla ya que es evidente la escasa química matrimonial. Todo lo que suceda después, incluyendo su realista final lleno de acierto, no provoca ningún tipo de interés. A su favor resulta un digno entretenimiento pero que no cala o trasciende. El citado final supone una excelente reflexión fuera de sala. El tradicionalismo social puede con el amor. En ocasiones, una perversa unión en lucha con la soledad.

    "Las heridas que no se ven son las más profundas".
    William Shakespeare.

    Lo Mejor: Guillaume Canet y Keira Knightley.

    Lo Peor: El segmento Worthington-Mendes. La leve capacidad de conexión.

    Puntuación: 5/10 CINE USA 2010/DRAMA ROMÁNTICO.
    por Emilio M. Luna
    agosto 24, 2011

    LAST NIGHT (SÓLO UNA NOCHE, M. TADJEDIN, 2010)

    por Emilio M. Luna | agosto 24, 2011
    MERIDIANO DE SANGRE

    "Ejercicio de autor, intenso y sutil, coronado por una notable producción y las excelentes interpretaciones de Jeff Bridges y Hailee Steinfeld."

    Henry Hathaway, versátil artesano y uno de los emblemas del cine comercial americano de los años sesenta, fue el responsable del primer Óscar de John Wayne con su antepenúltimo filme, Valor de Ley (True Grit, 1969). Un Óscar que debió ser el último de muchos y que la academia siempre le negó a uno de los eternos iconos del séptimo arte. Wayne construyó en Valor de Ley un personaje entrañable, Rooster Cogburn, un homenaje propio a más de treinta años de caracterizaciones de vaquero, Marshall o pistolero. El filme de Hathaway sin ser un puntal del género se ganó al público gracias a su protagonista y la estupenda banda sonora de Elmer Bernstein. El galardón a Wayne sonó a honorífico; el tiempo cómo siempre sabio, demostró que pocos intérpretes cómo él existieron en el cine. Precisamente, el actor de Winterset siempre está presente en la nueva versión de Valor de Ley de Joel & Ethan Coen. Cogburn siempre mantendrá el poso de John Wayne.

    Alejado del concepto de remake, Valor de Ley (True Grit, 2011) es una nueva adaptación del relato original de Charles Potis. Una traslación a la pantalla que se complementa con la cinta de Hathaway. Diferentes en estilos pero unidos en un elegante clasicismo. Los hermanos Coen han contado con el mayor presupuesto de su carrera para llevar a puerto a las aventuras de Rooster Cogburn y Mattie Ross por tierras tejanas. El resultado el mayor éxito de taquilla de su filmografía, excelentes críticas y diez nominaciones al Óscar; entre ellas, el apartado de mejor película. La confirmación cómo clásicos modernos de esta dupla con independencia de la temática y los números, siempre marcando tendencia y manteniendo esencia. Sin duda, Valor de Ley fue una de las mejores películas de la pasada temporada.

    Ya el anterior triunfo reciente de los hermanos Coen se acercaba al género con ese western postmoderno llamado No es País para Viejos (No Country for Old Men, 2008). Como en todas las películas de los cineastas norteamericanos, Valor de Ley se llena de estrafalarios personajes, impregnados de un incómodo halo de ignorancia, dentro de un mundo duro, inhóspito y, por momentos, muy desagradable. La construcción de este universo hecho para hombres recios y duros, sin lugar para compasión, son los cimientos del buen funcionamiento de Valor de Ley. Una producción fantástica, complementada con la banda sonora de Carter Burwell y la fotografía de Roger Deakins crean una excelente atmósfera que atrapa al espectador y que le traslada al espectador las áridas llanuras que llevan a las naciones Indias.

    Si la producción conforma el esqueleto del filme, la dirección y, sobre todo, los actores le dan vida de manera inigualable. Es el caso de Jeff Bridges y su Rooster Cogburn. Brillante interpretación de este torpe, tenaz y entrañable sheriff que debe cargar con la joven Mattie Ross y consigo mismo en la caza de Tom Chaney. Bridges se viste de Wayne, desde sus pistolas a su aura y logra una fusión memorable. Si la actuación de Bridges es imponente no le va a la zaga la adolescente Hailee Steinfeld. En su primer papel de enjundia, Steinfeld es el eje de la trama y lo soporta con aplomo y talento. Sorprende que fuera valorada como actriz secundaria en la campaña de premios. Junto a ellos, un notable reparto lleno de intérpretes contrastados (Matt Damon, Barry Pepper o Josh Brolin) que funcionan como simple complemento de la narración.

    Justamente, la profundidad en los actores secundarios y algunos segmentos narrativos carentes de brío alejan a Valor de Ley, al igual que la adaptación de 1969, de la primera línea de los clásicos del género. Por suerte, la parte final y el maravilloso epílogo condonan cualquier tipo de muesca. Junto a 3:10 to Yuma (James Mangold, 2007) y El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, Andrew Dominik, 2007), el gran Western del nuevo milenio. Valor de Ley, todo un tratado de estilo.

    Lo Mejor: Jeff Bridges y Hailee Steinfeld.

    Lo Peor: Ritmo irregular a mitad de metraje.

    Puntuación: 7.8/10 CINE USA 2011/WESTERN.
    por Emilio M. Luna
    agosto 03, 2011

    TRUE GRIT (VALOR DE LEY, JOEL & ETHAN COEN, 2010)

    por Emilio M. Luna | agosto 03, 2011
    Crítica de Caza a la espía - Fair Game
    DEFCON CUATRO
    Caza a la espía | Fair Game, Doug Liman, 2010

    "Correcto thriller de agencias, bien dirigido e interpretado y cuyo ritmo atonal se convierte en defecto debido a la falta de aristas de un guión donde el clímax solo es un párrafo más."

    La alianza de las Azores de 2003 unió a las dos grandes potencias mundiales con una tercera, ávida de un protagonismo perdido siglos atrás, contra el terrorismo internacional. Una cínica cumbre que demostró una realidad incómoda: la farsa y la mentira cómo instrumentos políticos. Algo inherente a los poderes ejecutivos y legislativos en lo largo de la historia de la humanidad pero oculto por el miedo o la indiferencia. En pleno nuevo milenio, ya no existe llave que esconda la vergüenza de unos dirigentes corruptos que permiten que multinacionales y entidades bancarias dominen a sus ciudadanos con tiranía. Tiempos oscuros para el honor y el respeto, donde un simple interés mueve una guerra, donde absolutistas destrozan a su pueblo, donde una treta es la excusa para invadir pueblos inocentes. La tristeza es que todos esos valientes que acuden al rescate son callados con la misma herramienta. El concepto justicia reajustado de manera inmisericorde.

    El armamento de destrucción masiva sólo hallado en novelas de John Le Carré o Robert Ludlum pasará a los anales como otra embarrada muestra que la inteligencia es el rasgo menos desarrollado de todos esos políticos en la cúspide. Por suerte para el ser humano siempre existirán defensores de la verdad. Esa que permite creer, educando a las nuevas generaciones. Este es el caso de Valerie Plame, agente de la CIA que luchó contra un sistema que buscaba un chivo expiatorio. Su nombre, es probable, que no figure en las grandes recopilaciones históricas y se desgaste con el paso inexorable del tiempo, sin embargo, provocó el derrumbe de un castillo de naipes cimentado en subterfugios. El cine americano, de nuevo, es el encargado de dar notoriedad a una mujer que se vio acorralada por la nación a la que servía.

    Green Zone: Distrito Protegido (Paul Greengrass, 2010), llevó en forma de cinta de acción, al espectador las capas de maquillaje que el gobierno americano había esparcido con torpeza para esconder el fraude. El filme de Greengrass era el remate a cintas bélicas sobre la realidad iraquí que predominaron en los últimos ocho años. Fue el director y productor americano, Doug Liman, el que puso el primer nombre real sobre la mesa. Fair Game (en España, Caza a la espía) es más que una cinta de intriga, un documento periodístico que saca a la luz las vergüenzas de los regímenes occidentales. Quizás esta virtud supone una rémora a medio plazo para el filme. Los hechos narrados en Fair Game seducen pero no atrapan cómo si de un simple reporte se tratara. Sólo el interés informativo y la labor de sus intérpretes mantienen la conexión con el público. Algo meritorio pero insuficiente.

    Fair Game
    Sean Penn en 'Caza a la espía', de Doug Liman

    Caza a la espía, séptima película de Liman, fue presentada en el Festival de Cannes de 2010. En la ciudad gala fue acogida con tibieza pero se le auguró un buen recorrido comercial y mediático. Siete meses después paso de manera silenciosa por la cartelera mundial pese a sus buenas críticas. Poco importó la presencia de unos excelentes Sean Penn y Naomi Watts, así cómo la buena factura de un cineasta cómo Liman. Amparado en el crédito de la primera entrega del agente amnésico Jason Bourne, El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), Liman no ha confirmado la etiqueta de promesa que siempre le ha acompañado desde el comienzo de su carrera. Formado en el mundo del videoclip y la televisión (creador de One Tree Hill), sus últimas creaciones, El señor y la señora Smith (Mr. & Mrs. Smith, 2005) y Jumper (2008) le han apartado de la primera línea a la que estaba destinado.

    Fair Game (Caza a la Espía, 2010), demuestra las virtudes de un cineasta que, sin embargo, no puede relanzar un guión plano y carente de tensión. La humana caracterización de Watts mereció un mejor resultado. Por suerte, Plame si lo obtuvo, junto al respeto de un país avergonzado por sus dirigentes.

    Emilio Luna.
    crítico de cine.

    Lo mejor: Naomi Watts y Sean Penn.

    Lo peor: Guión poco profundo y superficial.

    Puntuación: 5.5 | 10

    Fair Game Poster
    por Emilio M. Luna
    agosto 02, 2011

    FAIR GAME (CAZA A LA ESPÍA, DOUG LIMAN, 2010)

    por Emilio M. Luna | agosto 02, 2011
    Blue Valentine, Derek Cianfrance
    DIME QUE ME QUIERES
    Blue Valentine, de Derek Cianfrance, 2010

    "Sólido y evocador melodrama amparado en unos excepcionales Ryan Gosling y Michelle Williams que retratan con realismo el nacimiento y ocaso de las relaciones amorosas."

         El desamor como factor inherente en los sentimientos humanos se desligó en el cine, hace unos años, del clásico género del melodrama. La adaptación cinematográfica de la novela homónima de Richard Yates, Revolutionary Road, supuso el renacer de un subgénero que ya tuvo en autores cómo Joseph L. Mankiewicz, George Stevens o Woody Allen a sus clásicos exponentes. Revolutionary Road (2008) desgranaba con tino y realismo las diferentes fases vitales de un joven matrimonio. El filme dirigido por Sam Mendes era una radiografía cruel sobre la fina línea que separa el amor de la dependencia y tras ésta, el odio. En diferentes vertientes llegaron creaciones posteriores. En clave optimista y juvenil, 500 Days of Summer (Marc Webb, 2009) y Like Crazy (Drake Doremus, 2011) y de forma adulta y dolorosa, Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010), y la película que hoy nos ocupa, Blue Valentine (2010) de Derek Cianfrance. 

    Acometido como un proyecto basado en vivencias personales, Cianfrance fecundó Blue Valentine durante diez años. Para el que sería su segundo largometraje, tras la desconocida Brother Tied (1998), eligió a dos prometedores intérpretes que caracterizaran las vivencias plasmadas en su guión: Michelle Williams & Ryan Gosling. Esta elección se vuelve básica, ya que actriz y actor se convierten en piedra angular, reportando brío, credibilidad y, ante todo humanidad. Ambos se muestran ejemplares ofreciendo toda una exhibición de recursos, aportando vida y esquivando estereotipos. Al igual que su autor, valientes y llenos de coraje ante el lado menos lúdico y edulcorado del amor. Ese lugar donde la razón sujeta las riendas y despide de manera paulatina cualquier poso sentimental. 

    Blue Valentine, Derek Cianfrance

          "I feel like men are more romantic than women. When we get married we marry, like, one girl, 'cause we're resistant the whole way until we meet one girl and we think I'd be an idiot if I didn't marry this girl she's so great. But it seems like girls get to a place where they just kinda pick the best option... 'Oh he's got a good job.' I mean they spend their whole life looking for Prince Charming and then they marry the guy who's got a good job and is gonna stick around".

         Blue Valentine esta articulada a través de una narración dicotómica dibujada con flashbacks que nos acerca a los momentos mágicos de la pareja y la senectud de ésta. Un lienzo de contrastes, una trama de excesos que conforman un irónico paralelismo con los habituales sentimientos humanos, ante el amor y la ruptura. Pese a su crudeza y el amargo sedimento que desprenden algunas escenas, el sinónimo de Blue Valentine es la belleza. Tanto en los sensibles momentos iniciales, donde la pareja muestra lo mejor de sí mismos, como en los aleteos finales, donde todo es profundamente desagradable, el filme está cargado de lirismo y beldad. El espectador se introduce en la historia a base de recuerdos, es inevitable la empatía con los personajes en una terapéutica revisión de uno de los momentos claves de la vida.

    Michelle Williams es el eje expositivo del trabajo de Cianfrance. Ella marca las decisiones y las diferentes bifurcaciones narrativas. Transmite su sufrimiento de manera loable y su entrega al papel es completa. Impresionante la dignidad mostrada en, con probabilidad, la mejor interpretación del año pasado. Su compañero, Ryan Gosling, le da una brillante replica cómo lado más maleable de la relación. Toda una exhibición del joven actor canadiense que demuestra su madurez interpretativa y que mereció mayor consideración en la pasada temporada de premios. La química entre ambos es digna de mención. Tanto en los momentos de ternura cómo en los de furia y rabia. Todo un triunfo para una actriz y un actor que elevan la cinta de Cianfrance y dan cuerpo a una historia tan personal cómo universal. 

    Exenta de cualquier grandilocuencia, es una obra de emociones contenidas. Éstas se conectan con los corazones y las vivencias de cada espectador. Allí la transferencia es completa, negativismo y positivismo, fiel reflejo de nuestra propia existencia. Cine honesto, sin tapujos ni filtros, llenos de instantes brillantes descritos con realismo y sensibilidad. Blue Valentine hace honor a su título en una hermosa elegía donde todos, alguna vez, fuimos protagonistas.

    Emilio Luna.

    Lo mejor: Ryan Gosling & Michelle Williams.

    Lo peor: Su nula distribución europea pese al marchamo de clásico atemporal.

    Puntuación | 9/10.

    Artículos relacionados | Crítica de Rabbit Hole; Crítica de Revolutionary Road; Crítica de 500 días juntos; Crítica de Like Crazy.
     
    Blue Valentine poster

    Blue Valentine poster

    Blue Valentine, Derek Cianfrance
    por Emilio M. Luna
    mayo 04, 2011

    CRÍTICA | BLUE VALENTINE

    por Emilio M. Luna | mayo 04, 2011
    Este sábado maratón de cine en el Festival de Cine Fantástico de Cáceres organizado por el portal de género Abandomoviez. Cinco películas y cuatro cortometrajes que han hecho las delicias de los aficionados (y no tan aficionados) al cine de terror. Cómo el día anterior, largas colas para conseguir una butaca. Gran mérito de la organización ya que en la capital cacereña era el día de la tapa y la cerveza. Cáceres, un hervidero social con todas sus céntricas arterias abarrotadas, con ganas de diversión y cine. La tarde comenzó con la proyección de la obra gala Vertige (2009), una modesta creación de Abel Ferry que narra el drama de unos jóvenes escaladores. Suspense para adolescentes que bebe del Máximo Riesgo de Stallone. En la segunda sesión, tuvimos la oportunidad de ver la excelente Déjame Entrar (Let Me In, 2010) de la que os hablaremos ampliamente. En el tercer turno la gran sensación del cine español de esta temporada, Secuestrados (2010). La película de Miguel Ángel Vivas se presentó con mucho revuelo en Sitges 2010. Un relato de supervivencia de una familia asaltada en su domicilio rodado en pocos planos secuencia. Secuestrados está comenzando su recorrido internacional con varios premios en eventos de género norteamericanos.

    La cuarta película proyectada ha sido El Vagón de la Muerte (The Midnight Meat Train, 2008), producción americana dirigida por el japonés Ryuhei Kitamura. Un fotógrafo es contratado para seguir la pista de un despiadado asesino en serie que actúa en terminales de metro. Una curiosa cinta de terror interpretada por uno de los actores del momento: Bradley Cooper. Precisamente Cooper, es actualidad este fin de semana con el estreno de Sin Límites (Limitless). Para terminar el día, un largometraje cuyo nombre no se ha revelado y está dirigida para los amantes del Gore y las emociones fuertes. Mañana, una película más, dedicada al público infantil, Cómo Entrenar tu Dragón (How Train Your Dragon, 2010) junto al palmarés del concurso de cortometrajes para cerrar el festival.

    DÉJAME ENTRAR (Let Me In, Matt Reeves, USA, 2010).

    Avuelapluma ha asistido a la proyección de Déjame Entrar, quizás la película de mayor calidad y repercusión del Fanter Festival. Una muy grata sorpresa que mantiene la esencia de la novela de John Ajvide Linqvist y del film original de Tomas Alfredson, Låt den rätte komma in (Let the Right One In). Poco o nada cambia con respecto a la cinta sueca. La virtud se encuentra en el modo. Elegante, sutil y respetuosa, Matt Reeves crea una notable película llena de sensibilidad. Destacar la pareja protagonista, interpretada por Kodi Smit-McPhee y, sobre todo, una espectacular Chloe Moretz que se come la pantalla a cada plano. Déjame Entrar es una de las grandes películas independientes del año pasado que mereció una mejor y mayor resonancia. Pronto la crítica completa en El Antepenúltimo Mohicano.

    Destacar, para finalizar, el corto que ha abierto la segunda sesión, “Sabrina” de Sergio Colmenar. Una disparatada pieza interpretada por Jordi Vilches. Por ahora, nos seguimos quedando con “Deus Irae” de Pedro Cristiani. Mañana domingo conoceremos a los ganadores del certamen de cortos tanto amateurs como profesionales.
    por Emilio M. Luna
    abril 10, 2011

    FANTER FILM FESTIVAL: DÉJAME ENTRAR (LET ME IN)

    por Emilio M. Luna | abril 10, 2011
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