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    Cannes 2012
    Cannes 2012
    Los caballos de Dios

    Determinismo maniqueo

    crítica de Los caballos de Dios | Les chevaux de Dieu, de Nabil Ayouch, 2012

    En el 2012 se alzaba con la Espiga de Oro de la quincuagésimo séptima edición de la Seminci Los caballos de Dios (2012). Película del realizador francés de origen marroquí Nabil Ayouch. Una coproducción (Francia, Marruecos y Bélgica) que sigue los pasos que van trazando dos hermanos desde su tierna infancia hasta su madurez. A pesar de una estructura agrietada por el abuso elíptico son evidentes las dos partes que configuran la cinta. De complementariedad maniquea. A ritmo de a rey muerto, rey puesto. Conectadas por el hilo contextual de la historia. La primera escoltando al dúo protagonista por el extrarradio de Casablanca y sus miserias. Concretamente por el barrio de Sidi Moumen. Un suburbio de uralita y polvo que recuerda a Cidade de Deus (2002), pero bajo el yugo de otras coordenadas culturales. Y una segunda al abordaje de los mecanismos del fundamentalismo islámico, con la base real de los atentados que sacudieron la capital marroquí allá por 2003 y que dejaron una treintena de muertos y un centenar de heridos.

    Los caballos de Dios echa a andar igual que la citada película de Meirelles. Un enjambre de aguilillas persiguiendo a su presa esférica sobre un terreno arenoso y polvoriento. Ayouch arranca con uno de esos partidos de final incierto, precedido de tangana. Uno de esos "partidos de mediodía, antes de comer. Partidos después de las clases, en cualquier callejón, hasta el anochecer (...) partidos que después solo se juegan en sueños" que diría Segurola. Lo dicho, tras discrepancias varias, pies en polvorosa. Una transición, no tan brillante como la que hubiese hecho el director brasileño, que nos adentra en las desventuras de un mundo donde la indigencia es el bastión de la realidad. Una ciudad dentro de otra ciudad. Una barriada que a mediados de la década pasada contaba con más de 250.000 personas. Un entorno insalubre debido a un crecimiento urbanístico improvisado por la necesidad. Una aglomeración demográfica fruto del éxodo rural masivo; provocado por una sobreexplotación de recursos y el empeoramiento de las condiciones de vida en el campo. Un nicho de violencia. El ¿microcosmos? donde viven ambos protagonistas. El hermano pequeño, Yachine, de vocación guardameta. Con La araña negra –Yashin– en el bolsillo. El mayor, Hamid, de vocación matarife. Con cadenas en las muñecas. Cabecilla del barrio, protector de su hermano en una encrucijada de pícaros y corrupción forjada de espaldas a Alá. Al menos hasta que lo encierran en la cárcel. Su regreso supondrá el inicio del siguiente acto. Marcado por su afiliación, incorporación o incluso alistamiento –como quieran decirlo– en una célula terrorista de Al Qaeda. La primera parte tiene sentido como atenuante, justificación más bien, de lo que ocurre en la segunda. Una relación de causa efecto un tanto torpe y predecible. Con un descarnado relato de la infancia el director cree dar respuesta a los interrogantes que acompañan a un atentado suicida. Así se forjan los mártires parece decir.

    por Anónimo
    enero 18, 2014

    Crítica | Los caballos de Dios

    por Anónimo | enero 18, 2014
    Gimme the Loot

    Guerra fría de graffitis

    crítica de Gimme the Loot | de Adam Leon, 2012

    Desde el minuto uno de esta película nos situamos al otro lado de la ley y eso nos gusta. Comenzamos acompañando a sus dos protagonistas igual que nos pasaremos todo el filme: corriendo de un lado para otro con botes de graffiti en los bolsillos y la idea de realizar una gran pintada en la cabeza. Pero siempre corriendo, inyectándonos una sobredosis de la realidad de color negro reinante en las calles del Bronx de Nueva York. Allí donde nada es gratuito, y donde la rivalidad entre bandas junto al pillaje más rudimentario, se encuentran a la orden del día. Gimme the Loot supone el debut cinematográfico del estadounidense Adam Leon, presentada el año pasado en el Festival de Gijón y en la sección Un Certain Regard del festival de Cannes, se alza como una pequeña gran obra fiel representante del cine underground e independiente de los EE.UU. Ese cine amateur que, como en este caso, tanto puede enseñar a su gemelo hollywoodiense sobre cómo hacer películas con un presupuesto muy bajo y sin perder para nada su innegable atractivo. Así, con una estética pretendidamente descuidada en ese afán hitchcockiano de que tanto la forma como el fondo contribuyan al mensaje final, somos testigos alienígenas del día a día de dos jóvenes graffiteros, Sofia y Malcolm, quienes desean llevar a cabo su obra allí donde ninguna otra banda callejera ha sido capaz de hacerlo: en la manzana gigante que aparece en el estadio de béisbol de los Mets cada vez que estos consiguen anotar una carrera. Un sueño que esconde la necesidad básica de ganarse el respeto y despertar la admiración de todos aquellos que les hacen la vida imposible en las áreas más marginales de Nueva York.

    Como digo, testigos alienígenas pues sin duda desconocemos las leyes de supervivencia de la calle a las que tanto Sofia (Tashiana Washington) como Malcolm (Ty Hichkson) intentan agarrarse con uñas y dientes. Personajes encarnados por actores no profesionales que, sin embargo, realizan un papel excepcional y terriblemente verosímil. En un tono semidocumental, repleto de camisas anchas, partidos de baloncesto con canastas sin red y hurtos de todo tipo, los dos protagonistas querrán hacerse por las buenas o por las malas con los 500 dólares que necesitan para culminar su plan. Esto les conducirá a querer robar todas las joyas a una chica neoyorquina adinerada a la que Malcolm vende marihuana, y de la que cree enamorarse hasta que conoce su verdadera forma de ser. Una de las escenas más cómicas en este drama con cuerpo de comedia ocurre cuando, buscando la casa de la joven rica para forzar la cerradura, Malcolm y su compañero deciden bajar todas las escaleras de nuevo, desde la séptima planta, porque no están seguros de encontrarse frente a la puerta correcta. El tiempo apremia pero ellos comienzan de nuevo, escaño por escaño, escalando.

    por Unknown
    noviembre 09, 2013

    Crítica | Gimme the Loot

    por Unknown | noviembre 09, 2013
    La playa D.C.

    CUANDO LA VIDA TE DA LA ESPALDA

    crítica de La Playa D.C. | Juan Andrés Arango, 2012

    El banquete cinematográfico que siempre trae consigo el festival de Cannes fue el año pasado especialmente opíparo. Ese abril de 2012 descubrimos la cara más humana de Michael Haneke, quien se consagró con la Palma de Oro gracias a su película Amor (Amour, 2012). A este giro de 180º después de toda una filmografía repleta de obras maestras brillantes al igual que perturbadoras como El vídeo de Benny (Benny’s Video, 1992); se sumó la aportación exquisita de la atípica sección ‘Una cierta mirada’, dentro de la que destacó la producción Bestias del sur salvaje (Beasts of the Southern Wild, Benh Zeitlin, 2012) y en la que participó la película que hoy nos acomete. La Playa D.C., primer largometraje del director y guionista colombiano Juan Andrés Arango constituye una propuesta arriesgada, con actores jovencísimos y un desarrollo narrativo que no termina de convencer ni de alcanzar la complejidad deseada. Esta coproducción entre Brasil, Colombia y Francia narra la historia de una familia de orígenes africanos alejada de su tierra natal y forzada a naufragar entre el tumulto de la capital colombiana debido a los conflictos bélicos de la Costa Pacífica. Y a la vista queda, cada uno de sus miembros se aferra a la balsa de una manera diferente.

    Tomás, protagonista principal y el mediano de tres hermanos, afronta la dura realidad de Bogotá: la suciedad y dureza de la calle, su voracidad… con una mirada severa pero a la vez nostálgica por ese pasado perdido. Son frecuentes sus ensoñaciones, en forma de flashbacks, relacionadas con la ciudad de Buenaventura en la que vivían. Jairo, el hermano más pequeño, suple esa añoranza de un hogar y el asesinato de su padre ahogándose en la droga. Elegirá el abrazo del bazuco, esa droga callejera elaborada con residuos de cocaína, antes que la protección (débilmente reflejada a lo largo de la película como ahora veremos) de su hermano Tomás. Finalmente, ‘Chaco’, el mayor de los tres, dará la espalda a esa realidad y regresará de nuevo a EE.UU de donde había sido deportado. El estilo de dirección, cámara en mano lo que le otorga a la película un cierto aire documental, es demasiado sobrio y repetitivo, con demasiados planos de la cabeza y los hombros de Tomás vistos desde atrás. La cámara persigue insistentemente a su protagonista renunciando a los planos de localización para centrarse siempre en su figura. Nunca pierde de foco su cabeza (en ocasiones encapuchada) mientras las personas de su alrededor se ven borrosas. Esta forma narrativa sugiere por un lado, que las multitudes urbanas dan lugar a una densa masa homogénea e indiferente, compuesta de mucha gente pero de pocas personas; y por otro, resalta el valor que el cabello adquiere en esta película, en concreto, el pelo de la minoría negra como seña propia de identidad. En sus trenzas azabaches sobrevive un pasado de abnegación y de sumisión a la mayoría nativa blanca del altiplano.

    por Unknown
    septiembre 30, 2013

    Crítica | La Playa D.C.

    por Unknown | septiembre 30, 2013
    En la niebla

    HUELLAS SOBRE PIEDRA

    crítica de En la niebla | V tumane, Sergei Loznitsa, 2012

    Sergei Loznitsa pasó por el Festival de Cannes de 2012 llamando la atención poderosamente con su obra a concurso, En la niebla. La jugada fue un éxito, y el director salió de la Croissette con reconocimiento incluido: el Premio de la Crítica (FIPRESCI). No en vano, Loznitsa no es nuevo en esto. Lleva ya más de 10 años cultivando muy prolíficamente el género documental, más en concreto desde el año 1996, cuando debutó con el mediometraje Today we're going to build a house, sobre el poder del trabajo en común a través de la mirada a un grupo de obreros que construye una casa, pasando por el que ha sido su penúltimo trabajo hasta la fecha, My Joy, su primer largo de ficción y con el que empezó a llamar la atención en Cannes, hasta llegar a la cinta que hoy nos concierne: el relato de dos soldados, compañeros de guerrilla, y su periplo a lo largo del bosque con un tercer miembro que creen traidor. Éste será el personaje clave. Sushenya. Aquel en torno al cual giren los discursos que el filme quiere ofrecer. Así pues, podríamos empezar directamente por la pregunta más obvia. ¿Qué convierte a En la niebla en un filme diferente, capaz de mirar de frente a frente a algunas de las mayores joyas que el cine ha dado a lo largo de su historia en materia belicista?

    El cine ruso en particular ya venía dando joyas desde el pasado, desde la década de los 50. Películas ambientadas en la segunda Gran Guerra, con representantes ilustres como La balada del soldado de Grigoriy Chukray o la ganadora de la Palma de Oro del 59, Cuando pasan las Cigüeñas de Mikhail Kalatozov, historia de carácter romántico e intimista, erigida en joya de culto del cine de guerra realizado en Europa. En la niebla, aunque consta como coproducción, podría incrustarse cómodamente en esa familia. La obra de Loznitsa viene a hablar de la guerra, a través de la mente. De cómo afectan a la psique humana, de cómo la pervierten, de cómo la degradan, de cómo la destruyen. Nos cuenta la historia de tres bielorrusos rebeldes, uno de ellos acusado de traición, que se ven inmiscuidos por las circunstancias, a cruzar un bosque sumido en la niebla. La excusa que utiliza el cineasta para hacer convivir a este grupo ya estaba presente en la novela de Vasiliy Bykov, de la que el filme se erige como adaptación modélica. Resulta impensable que una obra con un factor visual tan poderoso, tan intenso, y eficaz, haya salido de una narración literaria. En la niebla es una de esas películas hechas de silencios, de miradas, actos y planos secuencia. La apertura sirve de introducción perfecta al ambiente realista, sobrio, podrido y seco que rodeará el camino de Sushenya, Burov y Voitik. El plano de un paisaje nuboso, un verde triste, el ocre de la tierra inundándolo todo. De repente una fila de personajes cabizbajos, sucios, manchados de sangre. Seguimos a uno de ellos, pegado a su espalda. La cámara se desliza lentamente hacía la inexpresiva muchedumbre. Todos, excepto la madre de uno de ellos, parecen ajenos al dolor que les rodea. En un fuera de campo ejemplar, un grito en ruso, y el ruído de una trampilla y las cuerdas balanceándose. Ya estamos dentro.

    por Unknown
    septiembre 09, 2013

    Crítica | En la niebla

    por Unknown | septiembre 09, 2013
    Confession of a Child of the Century

    FANGO CINEMATOGRÁFICO

    crítica de Confession of a Child of the Century | Sylvie Verheyde, 2012

    Charlotte Gainsbourg, actriz mimada de Lars von Trier y, por lo visto, su musa inspiradora, es una de los protagonistas de Confession of a child of the century, producción europea dirigida por Sylvie Verheyde. La directora que fuera responsable de Stella (2008), una obra polémica y mediocre (que sorprendentemente recibió el apoyo de la prensa), se embarca en la adaptación de la novela de Alfred de Musset. Para ello, se entrega totalmente a la fidelidad de la reconstrucción histórica, osadía típica de los asiduos jugadores de ruleta que se inclinan a escoger entre rojo y negro. Con finalidades exclusivamente estéticas, al menos a juzgar por lo visto en pantalla, la obra describe la relación entre dos seres de características opuestas, que parecen complementarse desde la primera conversación: él es un sujeto que goza de los placeres y los excesos, que se ha dejado guiar por la “buena vida”, y que se ve marcado por la pérdida; ella, una viuda solitaria algunos años mayor que él, es todo lo contrario.

    La obra es, como casi todo lo que ha sido producido en aquella época, un reflejo de las transformaciones sociales. La tradición literaria decimonónica europea, de alguna manera, pone el foco en estudiar los vínculos humanos que se generan entre individuos de diversas clases, de universos aislados y regidos por sus propias normas. Confession of a child of the century no es la excepción y, por supuesto, está acentuado al límite (a la manera que lo hacen las películas inseguras de sí mismas). Por ello, en secuencias altamente grotescas, como la inmersión del protagonista en una orgía que lo hace vomitar, puede advertirse el modo de vida que llevan estos hombres y mujeres, dentro de las murallas que mantienen oculta toda conducta reprochable. Ese es un momento clave para aproximarse a la esencia del vínculo entre Octave (el protagonista) y un estilo de vida al que se presta por despecho, habiendo sido víctima del engaño, una acción tanto o más repudiable que un crimen a sangre fría. Esa escena funciona, asimismo, como el núcleo de toda la película, pues su naturaleza concuerda con el resto: es un banquete visual tan suntuoso como desapasionado, y esa falta de pasión es un pecado que arrastra a la obra a un terreno fangoso del que no puede salir.

    por Anónimo
    septiembre 04, 2013

    Crítica | Confession of a Child of the Century

    por Anónimo | septiembre 04, 2013
    Ernest & Célestine

    DOS MUNDOS, CORAZÓN IDÉNTICO

    crítica de Ernest & Célestine | Benjamín Renner, Stéphane Aubier, Vincent Patar, Francia, 2012.

    Mejor Película de Animación en Premios César 2012.
    Mención especial (Quinzena de Realizadores) en Festival de Cannes 2012.

    El cine de animación francés tiene una enorme tradición tras sus espaldas. Casi desde sus mismos orígenes, con cineastas como Emile Cohl o el mismísimo George Méliés, quienes experimentaron e introdujeron nuevas técnicas en esta novedosa forma de hacer cine. Posteriormente, autores como Jean Image, Paul Grimault y sobre todo René Laloux, empezaron a adaptar cuentos infantiles y novelas, como Laloux que en 1973 estrenaría La planéte sauvage (El planeta salvaje), basada en una novela del escritor francés Stefan Wul, que logró el Premio Especial de Jurado en Cannes en 1973, y se convirtió en uno de los grandes clásicos del sector en el viejo continente. Un auge devuelto en el nuevo milenio ya que en los últimos años la animación francesa ha tenido un resurgir con cintas como Persépolis (2007), El ilusionista (2010), Le tableau (2011), El gato del rabino (2011) y en el 2012 con la película que nos ocupa Ernest & Célestine. Una cinta basada en la serie de libros para niños del mismo nombre, escrito por Gabrielle Vincent, una reconocida ilustradora belga, y cuyo guión para el largometraje está adaptado y escrito por el reconocido escritor francés Daniel Pennac. Dirigida por un trío de cineastas, habituales en el cine animado, encabezado por el francés Benjamín Renner, conocido por dirigir y escribir el cortometraje La queue de la souris (2008), un corto con una delineación muy curiosa e imaginativa, que retrata la historia de un león y un ratón que se encuentran en una situación complicada. Argumento que curiosamente coincidiría con el de Ernest y Célestine. Acompañando a Renner, están Stéphane Aubier y Vincent Patar, orfebres del dibujo en movimiento en Bélgica, reconocidos principalmente por la película animada Pánico en la granja (2009), una historia de aventuras que estuvo de candidata a la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

    Ernest y Célestine cuenta la historia de Ernest, un oso perezoso, independiente, rebelde y talentoso; y Célestine, una pequeña ratoncita, curiosa, independiente e igualmente dotada para las artes. Ambos seres con características tan similares, pero con grandes diferencias, en cuanto a su apariencia y naturaleza, son el eje central de esta historia, de este cuento lleno del espíritu de las narraciones infantiles, que enmarcan y resaltan valores, pero a la vez con un fondo muy interesante y sutil de crítica y hasta burlesca de la estructura de las narraciones infantiles tradicionales. Ernest y Célestine viven en mundos diferentes: Los grandes osos viven en la superficie de la ciudad, en donde conviven en una sociedad tradicional como la de los humanos, y debajo de la superficie, tras bajar por las alcantarillas, nos encontramos con el pequeño pero organizado mundo de los ratones, quienes también conviven bajo las reglas y normas de la ciudad de los osos. Dos mundos completamente iguales, separados simplemente por un gran pedazo de tierra, por prejuicios y las mismas tradiciones. Todo transcurre normalmente hasta que por azares del destino Ernest conoce a Célestine, quienes a pesar de empezar la relación con dificultades, poco a poco tratarán de marcar y hacer la diferencia entre los de su especie para demostrar que se pueden acortar las distancias y convivir con la divergencia.

    por Anónimo
    agosto 20, 2013

    Crítica | Ernest & Célestine

    por Anónimo | agosto 20, 2013
    Paraíso: Amor
    crítica de Paraíso: Amor | Paradies: Liebe, Ulrich Seidl, 2012
    sección oficial Cannes 2012

    Hay dos grandes males contra los que debe pelear el cuerpo y el alma. El primero, es la frustración, en todos los órdenes de la vida. Y el segundo, es la rutina. A veces, luchar contra ellos sólo es posible mediante un viaje; es decir, uno debe desconectarse del mundo para sumergirse en otros. Es esta la idea que lleva a la protagonista de Paraíso: Amor (Paradies: Liebe), primera parte de una trilogía escrita y dirigida por Ulrich Seidl, a marchar más allá de las fronteras: desde Austria hacia Kenia. Ahora bien, visto desde otra perspectiva, pensar en que el viaje sólo puede entenderse como el remedio para la frustración y la rutina, puede sonar impreciso. Nunca un viaje es simplemente un viaje, y lo que el turista pretende de él, suele tener que ver con un tesoro abstracto, con un decodificador de todos los pequeños conflictos que atraviesan la existencia. Dicho de otro modo, uno busca algo realmente grande, aunque las palabras difícilmente puedan definir de qué se trata. Si existe en el reducido cosmos de la lengua una palabra que se aproxime, ésta es “felicidad”. Tan usada y tan incomprendida como difícil de atrapar. Lo cierto, es que toda iniciación rara vez escapa a la búsqueda de la felicidad. Después de todo, ¿quién es enteramente feliz? ¿Quién no considera que la felicidad sea una meta?

    por Anónimo
    agosto 16, 2013

    Crítica | Paraíso: Amor

    por Anónimo | agosto 16, 2013
    Renoir

    LOS ARTISTAS Y LA MODELO

    crítica de Renoir | Gilles Bourdos, 2012

    En pleno apogeo de la I Guerra Mundial, Andrée (Christa Theret), una joven con aspiraciones a actriz, llega a la Costa Azul francesa para servir de modelo en la residencia del pintor Pierre-Auguste Renoir (Michel Bouquet). Poco a poco, el clima de extrañeza va dejando paso a una cotidianeidad que deja al descubierto el carácter vitalista de la joven y la visión del pintor acerca del arte y la vida, a la vez que la llegada del hijo mediano del pintor, Jean (Vincent Rottiers), dibuja la pasión y el amor de la juventud en un núcleo familiar destrozado por la guerra y la ausencia materna.

    Aun siendo absoluto eje protagónico, Renoir, la película, dibuja un acercamiento centrado no tanto en la figura del pintor como a su renqueante entorno familiar capitalizado por Jean, el hijo mediano de este, y la función de bisagra que tiene el personaje de Andrée, futura esposa del director de La Gran Ilusión (La Grande Illusion, Jean Renoir, 1937), en un relato vitalista articulado a través de dos puntos de vista que vertebran el armazón narrativo de la película: Andrée en la primera parte del largometraje, y Jean, un vez este vuelve malherido de la guerra, en la segunda. Una ardua tarea tomando en consideración la envergadura de los personajes sobre los que se erige un filme como Renoir. Y también un jugoso punto de partida el que plantea Bourdos: filmar el ocaso de Renoir padre y el nacimiento del Renoir hijo como cineasta bajo la influencia de la última modelo del pintor. Tampoco deja de ser casual que sea Andrée, la última protagonista de los cuadros del retratista, la pieza clave para entender al futuro realizador, encargada de la armonización entre dos disciplinas artísticas y de apuntalar la idea de la trasmutación del arte en la inmovilidad viva de la pintura de Pierre-Auguste al arte cinético del cinematógrafo, con Andrée como protagonista y musa absoluta en las primeras películas del Renoir cineasta. Un diálogo entre el arte y la vida, favorecido por los caprichos de la historia, del cual el director de Premonición (Et Après, 2008) no resulta ajeno.

    por Anónimo
    agosto 08, 2013

    Crítica | Renoir

    por Anónimo | agosto 08, 2013
    Mud

    LA PIEL DEL COCODRILO

    crítica de Mud | Jeff Nichols, 2012

    Él fue quien descubrió la mirada más perturbadora de los últimos tiempos. A un tipo que se comunica verbalmente sin apenas mover los labios, incapaz de desenredar ese nudo de sentimientos o saliva pastosa que se acumula en su garganta, con una frente de martillo y unos ojos de pez burlón. Electricidad pura en todas sus manifestaciones. Aún sin patentar, a la espera del escultor idóneo. 2007 disponía del mejor signo para el nacimiento de una colaboración brillante entre Michael Shannon y Jeff Nichols, actor y director respectivamente, dispuestos a dejar huella dentro del circuito norteamericano: Shotgun Stories mostró con solvencia no pocas de las condiciones de un narrador que retrata con madurez a la familia y su combustible, a hombres dolidos que sienten mucho pero callan más. Espectadores en primera línea de fuego con vocación de prófugos. Siempre alarmados, cubriendo su propia retaguardia física y psicológica. Todo ello resumido finalmente en un solo plano en el que un padre de familia contempla el cielo, desde donde una oscura nube promete devastar el mundo desde aquella insignificante porción de tierra, en Ohio. Más febril que real, la visión se convertiría poco a poco en una especie de estática dramática sin paliativos. El protagonista, obrero amenazado por la herencia de la enfermedad, se decide a construir un refugio anti-hecatombes o anti-tornados, el imprescindible búnker familiar, aunque ello se traduzca en la ruina económica y en la pérdida del seguro médico que cubre el tratamiento de su hija sorda y que asegura también la bella sonrisa y, por tanto, la felicidad de esa amable mujer costurera a la que da vida Jessica Chastain. El cielo trasunta catástrofe. Sólo queda refugiarse ante el Apocalipsis: nadie sobrevivirá; y sin embargo, el “loco” sí. O no. Todo es imprevisible, áspero, depresivo, subyugante, incierto, dudas y más dudas gravitando alrededor de un satélite distópico que lanza destellos de empatía. El presagio que genera angustia y no poco desasosiego, mientras Nichols sitúa la cámara en el lugar justo. Mientras, Take Shelter se corona como la mejor de ciencia-ficción y drama que ha dado el cine del actual siglo.

    por Anónimo
    agosto 03, 2013

    Crítica | Mud

    por Anónimo | agosto 03, 2013
    Tú y yo, de Bernardo Bertolucci

    RAGAZZO SOLO, RAGAZZA SOLA

    crítica de Tú y yo | Io e te, Bernardo Bertolucci, 2012

    Volvió el maestro Bertolucci. Volvió uno de los directores más influyentes del cine transalpino. Lo hizo el año pasado en el Festival de Cannes, fuera de competición, con su ovacionadísima y ansiada  Tú y yo (Io e te, 2012). Ansiada por sus casi diez años de obligada ausencia por una enfermedad que lo tenía y tiene atado, hasta el fin de sus días, a una silla de ruedas. Límite físico que no mental, pues según sus propias palabras, durante el rodaje se encontraba en un momento “excitante y lleno de vuelos en las galerías y en las minas de la creatividad”. Reapareció con una obra minúscula si atendemos a una filmografía capital en la que destacan cintas colosales como 1900 (Novecento) (1976), la premiadísima El último Emperador (1987), u otras mucho más íntimas pero igualmente relevantes como El último tango en París (1972) o Soñadores (2003). En la línea de esta última se enmarca Tú y yo, una película pequeña y simple, intimista y claustrofóbica basada en la novela homónima de Niccolò Ammaniti. Vuelve a los orígenes, rodando en su país y en su lengua más de dos décadas después. Desde las entrañas de un edificio, en un almacén de recuerdos Bertolucci pinta un cuadro protagonizado por dos hermanastros desubicados, socialmente inadaptados: Io por los cambios inherentes a la adolescencia y un latente complejo de Edipo; Te por su adicción a las drogas.

    por Anónimo
    julio 29, 2013

    Crítica | Tú y yo

    por Anónimo | julio 29, 2013

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