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    Crítica | Tú y yo

    Tú y yo, de Bernardo Bertolucci

    RAGAZZO SOLO, RAGAZZA SOLA

    crítica de Tú y yo | Io e te, Bernardo Bertolucci, 2012

    Volvió el maestro Bertolucci. Volvió uno de los directores más influyentes del cine transalpino. Lo hizo el año pasado en el Festival de Cannes, fuera de competición, con su ovacionadísima y ansiada  Tú y yo (Io e te, 2012). Ansiada por sus casi diez años de obligada ausencia por una enfermedad que lo tenía y tiene atado, hasta el fin de sus días, a una silla de ruedas. Límite físico que no mental, pues según sus propias palabras, durante el rodaje se encontraba en un momento “excitante y lleno de vuelos en las galerías y en las minas de la creatividad”. Reapareció con una obra minúscula si atendemos a una filmografía capital en la que destacan cintas colosales como 1900 (Novecento) (1976), la premiadísima El último Emperador (1987), u otras mucho más íntimas pero igualmente relevantes como El último tango en París (1972) o Soñadores (2003). En la línea de esta última se enmarca Tú y yo, una película pequeña y simple, intimista y claustrofóbica basada en la novela homónima de Niccolò Ammaniti. Vuelve a los orígenes, rodando en su país y en su lengua más de dos décadas después. Desde las entrañas de un edificio, en un almacén de recuerdos Bertolucci pinta un cuadro protagonizado por dos hermanastros desubicados, socialmente inadaptados: Io por los cambios inherentes a la adolescencia y un latente complejo de Edipo; Te por su adicción a las drogas.

    Si la patria del ser humano reside en la infancia, la adolescencia supone el exilio. La edad del pavo. Etapa abruptamente fea. Es la época del acné y el aparato, del bigote y las desavenencias paterno-filiales. Es el tiempo de las primeras veces. La estación de la vergüenza. Un despilfarro hormonal que hay que cruzar para llegar a la edad adulta y que no todos saben hacerlo sin sufrir, sin ser un desarraigado disconforme con todo lo que se mueve, sin creer que todo está en contra. Período antiestético e interesante a partes iguales. Bertolucci lo sabe y lo plasma a la perfección. No está igual de fino a la hora de retratar a Olivia y sus ansias de desintoxicación. Si bien la actriz está perfecta en su papel, su personaje resulta estereotipado, navegando por el infierno de una crisis de abstinencia mil veces recreada. Está muy visto. Su única razón de ser es servir de contrapunto a Lorenzo, un elemento de fricción para que la aleación resulte entrañable. Los intérpretes, Jacopo Olmo Antinori y Tea Falco, esbozan una relación ambigua, pues no son del todo amigos, tampoco son amantes aunque exista esa amenaza durante gran parte del metraje, y ni tan siquiera son hermanos al cien por cien. No obstante sí son insólitos aliados contra la infelicidad que el mundo vierte sobre ellos. Perchè tanto dolore? Se pregunta Olivia al tiempo que canta una reescrita, italiana y preciosa versión de la ya de por sí maravillosa Space Oddity de David Bowie, Ragazzo Solo, Ragazza Sola. Una coreografía que, paradójicamente, sirve de hermanamiento. Momento que, además, supone el punto final de los desencuentros; él ve en ella un estímulo para vencer su ensimismamiento voluntario y ella ve en él una fuente de comprensión de la que emanan las aguas del consuelo.

    Tú y yo, de Bernardo Bertolucci

    En esta vuelta a sus obsesiones familiares, el realizador italiano, encierra en un sótano a sus protagonistas a raíz de una serie de incidencias caprichosas que se ven forzadas por el guion, dando pie a una semana de avenencia inverosímil y de una casuística tras la cual solo pueden estar los astros y una familia desestructurada. Al margen de lo azaroso de la situación, la película acapara todo mi interés hasta que la posibilidad del incesto se desvanece y se pierde por derroteros más trascendentes. El filme, sin hablar de nada intenta hablar de todo y termina por hundirse en un bucle repetitivo cuyos oasis se limitan a los coletazos musicales –la citada versión del temazo de Bowie o las sugestivas “Rebellion lies” y “Sing for absolution”, de Arcade Fire y Muse respectivamente–. Pese a todos los pesares, incluido el hecho de que Io e te tenga reminiscencias caducas de otros films como Los soñadores o La luna (1979), Bertolucci orquesta una obra ausente de soberbia y ambiciones sofisticadas y eso que originalmente estaba concebida su proyección en 3D –opción rápidamente desechada en un alarde de sentido común, abandonando los delirios de espectacularidad en favor del formato bidimensional–. Su prioridad es comunicar, conectar con el público de la manera más natural posible, antes que demostrar su condición de autor. Deferencias para con el espectador que son de agradecer, pero que no ocultan la decadencia de un gigante con derecho a la mediocridad en su grandeza. Esta cinta está llamada a ser una obra menor dentro de la filmografía del gran Bertolucci, no por ello desechable. El desencanto viene más por las expectativas que genera la nostalgia de un artista de otro tiempo. ★★★★★

    Andrés Tallón Castro.
    crítico de cine.

    Italia, 2012, Io e te. Director: Bernardo Bertolucci. Guion: Bernardo Bertolucci, Francesca Marciano, Umberto Contarello (Novela: Niccolò Ammaniti). Productora: Fiction Cinematografica S.p.a. / Wildside Media / Medusa Film. Presentación: Cannes 2012 (Fuera de competición). Música: Gabriele Conti, Goffredo Gibellini, Marco Streccioni. Fotografía: Fabio Cianchetti. Reparto: Jacopo Olmo Antinori, Tea Falco, Sonia Bergamasco, Veronica Lazar, Tommaso Ragno, Pippo Delbono, Francesca De Martini.

    Io e te poster
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