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    Jia Zhangke
    Jia Zhangke
    || Críticas | Cannes 2024 | ★★★★☆
    A la deriva
    Jia Zhangke
    Los cambios


    Rubén Téllez Brotons
    Cannes |

    ficha técnica:
    China, 2024. Título original: Feng Liu Yi Dai / 风流一代. Duración: 111 min. Dirección: Jia Zhangke. Guion: Wan Jiahuan, Jia Zhangke. Música: Lim Giong. Fotografía: Nelson Yu Lik-wai, Eric Gautier. Compañías: Xstream Pictures. Reparto: Zhao Tao, Li Zhubin, Jianlin Pan, Lan Zhou, Zhoy You.

    Caught by the tides, la nueva película de Jia Zhangke, funciona como una concatenación de suspiros que se encuentran en la superficie blanca de la pantalla con el objetivo de configurar un fresco sutil y delicado de la China del siglo veintiuno; como un conjunto de fragmentos cotidianos recorrido de principio a fin por el aroma lírico de la cotidianidad; como un mosaico de miradas y versos que se pierden entre el ruido ensordecedor de la multitud. El director desmonta la arquitectura del relato para centrar su atención en los pequeños gestos y objetos que se suelen quedar en segundo término del plano. La película, de hecho, es en sí misma un encadenamiento de momentos de transición que se detienen frente a la cámara y ponen en pausa el transcurso del tiempo real para sustituirlo por el tempo fílmico. Las imágenes se posan sobre la mirada del espectador con la suavidad con la que un pájaro lo hace en una fina rama de árbol; y, desde ahí, se miran las unas a las otras, entablan una conversación de silencios trascendentes en su aparente intrascendencia, y configuran un discurso sobre los cambios económicos y sociales que se han ido produciendo en China desde que empezó el presente siglo.

    Los veinte primeros minutos de metraje suponen una ruptura total con las formas ortodoxas de hacer cine: Zhangke compone en ellos una oda a la realidad concreta de la fisicidad en la que canciones de diferentes estilos se van solapando, mientras una marabunta de cuerpos establece un diálogo con la vida a través de la experiencia lúdica y liberadora del baile, de un proceso de extenuación de las articulaciones bendecido por los acordes de diferentes instrumentos, de un ejercicio de libertad cuyo rostro muta a medida que el tiempo avanza, pero cuyo núcleo se mantiene siempre invariable. El director diseña así un banquete de movimientos, ritmos y melodías completamente heterogéneo en el que no importa tanto el motivo por el que los personajes bailan, sino la certeza de la fisicidad como única realidad tangible y, por lo tanto, existente. Zhangke anula su mirada como director para dejar que sea el contexto en el que se desarrollan sus personajes el que los explique. Para el realizador, la vida no tiene un sentido metafísico inmutable, sino que es un cuadro abstracto que encuentra sus infinitos sentidos en el eco de las miradas que lo contemplan. Es decir, la piel de la realidad cambia a medida que el tiempo hace lo propio.

    Y esos cambios son los que el director encapsula en sus imágenes gracias a un dispositivo de captación que, a través de la fijación en una serie de objetos cotidianos, compone un mapa de seguimiento de la evolución —no necesariamente para bien— que se ha producido en la forma de comunicarse, de viajar, de afrontar los tiempos muertos, de entablar relaciones afectivas y de amar. La música, los teléfonos y los medios de transporte son algunos de los elementos sobre los que Zhangke ha ido colocando la cámara a lo largo de los años. Lo importante no es tanto que el teléfono móvil haya pasado de ser un armatoste pesado como un ladrillo que sólo permitía hacer llamadas, a tener el aspecto de una fina lámina digital que, además de albergar toneladas de información, permite jugar a videojuegos y subir fotos a Instagram, como las alteraciones que dicho recorrido evolutivo ha llevado a cabo en los mecanismos de la comunicación y de la construcción misma de la identidad.

    Caught by the tides es una obra fragmentada y elíptica que convierte los saltos bruscos en el espacio y el tiempo en la herramienta responsable de su poética particular: son los límites del aislamiento –a veces hermético— dentro de los cuales se mueve cada secuencia los principales autores de su conmovedor lirismo, y los encargados de subrayar la importancia de los tiempo muertos —esos viajes en tren y barco—, de la tranquilidad —esa parsimonia con la que los protagonistas caminan de un lado a otro—, de la bondad y de la empatía en unos tiempos en los que la velocidad y el ensimismamiento individualista priman por encima de todas las cosas. ♦


    por Rubén Téllez Brotons
    junio 26, 2025

    Crítica | A la deriva (风流一代)

    por Rubén Téllez Brotons | junio 26, 2025

    La doble distopía

    Crítica ★★★☆☆ de «Swimming Out Till The Sea Turns Blue», de Jia Zhangke.

    China, 2020. Título original: 一直游到海水變藍 | Yi zhi you dao hai shui bian lan. Dirección: Jia Zhang-ke. Guion: Jia Zhang-ke, Wan Jiahuan. Producción: World Sales. Productora: Zhao Tao. Co-productores: Fu Ruoqing, Wang Jianer, Gao Xiaojiang, Sun Changpeng, Zhu Weijie, Wang Zhongjun, Lin Binwei, Zhu Zhenhua. Fotografía: Yu Lik-wai. Dirección de sonido: Zhang Yang. Diseño de producción: Zhang Dong. Montaje: Kong Jinlei. Duración: 112 minutos.

    Ha ocurrido una y mil veces con la utopía: cuando nos acercamos a ella, la atractiva blancura que la recubre se desvanece y empieza a complicarse. Cuando las ideas gravitan de vuelta a lo humano, a lo mundano, inevitablemente acaban problematizándose. Por ello, cuando las estatuas del principio del último documental del cineasta chino Jia Zhangke se tornan rostros humanos, cuando el modelo de campesino-proletario entregado a un Bien común se equipara, con un simple corte, a la arrugada faz de un anciano esperando en un comedor social, entonces sabemos que la cosa no es tan sencilla. Un residente de la Villa de la Familia Jia, en Fenyang (Shanxi), de donde Zhangke es oriundo, nos relata orgulloso cómo Ma Feng (1922-2004) promovió la recuperación de ese pueblo, cuya tierra había sido alcalinizada por la acidez del agua de los cultivos, gracias a la movilización conjunta de los campesinos que la trabajaban. Una historia épica de trabajo en equipo, la conversión de un lugar inhóspito en una nueva Arcadia china. Genial, excepto que no tanto. La historia de Fenyang, reciclada constantemente por el régimen como ejemplo de los máximos ideales comunistas, esconde en realidad una caída durante los años posteriores hacia los infiernos más recónditos de la distopía. Y, sin embargo, ahí tenemos este luminoso primer capítulo (uno de dieciocho), en que, quizás de forma similar a la que Tsai Ming Liang observaba el rostro humano en Your Face (2019), se eleva la vivencia humana más inmediata –tanto en la película que nos ocupa como en la de Ming Liang, a partir del trabajo con la amplificación de la mínima gestualidad facial–, trasladándola a un estrato abstracto, ideal. Es, de alguna forma, una parábola semejante al doble viaje que se realiza con cualquier representación artística: recoger testimonios reales, para regurgitarlos y devolverlos al mundo que les pertenece.

    Por ello, parece natural que, a la hora de encarar el retrato de su ciudad idealizada, Jia Zhangke recurra al testimonio de tres de sus hijos pródigos, que han cosechado su carrera alrededor de la literatura. Así, aparecen las autobiografías de Jia Pingwa, Yu Hua y Liang Hong; tres nombres populares que han tratado en sus novelas de exponer el espacio que separa, insalvable, el ideal comunista de vida campesina y la verdadera experiencia rural. Para conectarlos, esporádicos fragmentos de obras suyas y de otros autores, ordenados por temática («amor», «padre», «vivir», conceptos que nombran además a los capítulos de la película) y recitados oficiosamente por campesinos –lo sean o no, poco importa. A estos interludios se les suman viñetas aparentemente desconectadas de gente en sitios, que beben de un cierto cine observacional, muy alejado del periodismo de manual que rige las entrevistas del grueso de la película. Esta amalgama a priori parecerá gratuita, y tiene todos los números de perder al espectador en su propia descoyuntura. También en las entrevistas podría haber más brevedad, menos reportaje de simple busto parlante, para así evitar el inevitable y tedioso ritmo de la crónica por puntos.

    Juicios a parte, me interesa más el posicionamiento de Zhangke sobre el gran telón de fondo que envuelve siempre cualquier cuestión referente a la China rural de la última mitad de siglo pasado; ya sabéis, ese tema. Porque, por un lado, partimos del imaginario por defecto de cualquier «documental sobre la vida de», que presupone –Bourdieu ya lo argumentaba– que el valor de la obra engloba también aspectos biográficos ineludibles y que, por lo tanto, la grandeza de lo que estos tres autores viene dada, en parte, «gracias» al sufrimiento que han experimentado en sus respectivas vidas. Pura convención, sin duda, pero que pocas veces se ha rebatido en la crítica artística. Lamentablemente, tampoco aquí Zhangke parece dispuesto a negar concesiones de este tipo.

    por Mariona Borrull Zapata
    febrero 23, 2020

    Crítica | Swimming Out Till The Sea Turns Blue, de Jia Zhangke

    por Mariona Borrull Zapata | febrero 23, 2020

    El mundo en sus manos

    Crítica ★★★★★ de «La ceniza es el blanco más puro», de Jia Zhangke.

    China-Francia-Japón, 2018. Título original: 江湖儿女. Dirección: Jia Zhangke. Guion: Jia Zhangke. Productoras: Arte France Cinéma, Beijing Runjin Investment, Huanxi Media Group, MK2 Productions, Office Kitano, Shanghai Film Group, Xstream Pictures. Fotografía: Eric Gautier. Montaje: Matthieu Laclau. Dirección artística: Liu Weixin. Reparto: Zhao Tao, Liao Fan, Xu Zheng, Casper Liang, Feng Xiaogang, Diao Yinan. Duración: 136 minutos.

    Para los familiarizados con Jia Zhangke, La ceniza es el blanco más puro puede parecer un recorrido por lugares ya conocidos. Ahí están los ambientes criminales de Pickpocket o Unknown Pleasures, en este caso un grupo jianghu (una pequeña mafia local) en la ciudad minera de Datong. En los dieciocho años que abarca la trama está la idea evocada por el título de Platform: la vida estancada en la espera, en aguardar en el andén al tren que nunca llega. Pero en lugar del paso del tiempo indiscernible, marca de estilo de Platform, tenemos una separación en tres bloques temporales perfectamente identificables que replica la estructura de Más allá de las montañas. En el segundo bloque de la película que nos ocupa, asimismo, aparece la reminiscencia más clara. Como en Naturaleza muerta, una mujer vestida de amarillo y con el rostro de la actriz Zhao Tao llega, en busca de su pareja, a una ciudad fluvial a punto de ser sepultada por la Presa de las Tres Gargantas. La recurrencia de este rostro nos obliga a no despachar con el facilón «Jia Zhangke’s Greatest Hits» a una película como La ceniza es el blanco más puro. Los lugares comunes y los tiempos definitorios de su cine están ahí, sí, pero erraríamos si nos limitáramos a leerlos como partes de un recopilatorio.

    Podríamos decir que, desde Platform (2000), en el cine de Jia han existido dos constantes ineludibles, repetidas película tras película, que se resumen en dos escalas de plano. En gran plano general, el estupor ante el monstruo devorador en el que se ha convertido la modernidad china del nuevo milenio. En primer plano, el rostro de Zhao. La estructura temporal de Más allá de las montañas acababa enunciando un futuro próximo, donde Jia parecía representar sus miedos hacia una nueva China sin sentido de la Historia o de la identidad cultural. La de este filme, y el matiz es fundamental, termina en su presente y comienza en el mismo año donde Jia y Zhao trabajaron juntos por primera vez. El gran plano general está ahí: esta es otra obra donde se deja sentir el peso de una China sumida en su propia versión del «fin de la Historia», expuesta en toda su inhumanidad. Pero esta es, ante todo, una película donde Jia redescubre la fuerza motriz del primer plano aun sin renunciar al general. Las dos décadas de transformaciones arrolladoras se expresan en términos de paisaje, pero, sobre todo, en el rostro de Zhao y la historia íntima que puede leerse en él: las cenizas del romance truncado, auténtico motor del filme.

    por Miguel Muñoz Garnica
    junio 03, 2019

    Crítica | La ceniza es el blanco más puro

    por Miguel Muñoz Garnica | junio 03, 2019

    Eclipse en blanco y negro

    Crónica de la tercera jornada de la 71ª edición del Festival de Cannes.

    Ayer fue el día de Jean-Luc Godard. El último trabajo del cineasta francés, Le livre d’image, se presentó como lo que es: un gran acontecimiento. El teatro Lumière estaba hasta la bandera y se respiraba en los aledaños ese clima de interés pese a que Godard, también como se esperaba, no hizo acto de presencia. Antes y después de la proyección, el público reverenció su figura, símbolo de la edad dorada del cine francés, aplaudiendo cada vez que se mentaba su apellido. Lo cierto es que, sin este en los créditos, este trabajo no vería la luz en la competición de un certamen de estas características. Su exhibición, además, supuso un reto para los centenares de personas sentadas en sus butacas: sucesión de imágenes, escenas fílmicas de clásicos, obras de arte del pasado siglo, audio que pasaba de estéreo a mono, narración y diálogos yuxtapuestos, subtítulos que desaparecían cuando más se los necesitaban y un mensaje bastante claro en su parte final: el Oeste debe atender a Oriente próximo. Palabrería algo naíf en un ejercicio arrogante y dictatorial.

    Pero el inefable maestro galo no fue el único protagonista del día. A primera hora, se proyectó la nueva película del realizador polaco formado en Reino Unido Pawel Pawlikowski, quien nos sorprendiera en 2013 con Ida, que obtuvo el Óscar a mejor película de habla no inglesa y el European Film Award a mejor cinta europea del año, entre otros galardones. El listón estaba muy alto, sí, y aunque Cold War no llega a los niveles de excelencia de su anterior largometraje, ha dejado un gran sabor de boca en la platea. Un drama romántico sobre cómo el arte se eleva rebelde ante el poder (y a su vez como este último lo utiliza para sus intereses), sea cual sea la época. Junto a la gran interpretación de Joanna Kulig, ha llamado la atención el poderío visual de un filme apoyado en la excelente dirección de fotografía en blanco y negro de Lukasz Zal. Anteayer otro filme con esta cromática nos sorprendía: la vital cinta rusa de Kirill Serebrennikov Leto. Sendas obras son las mejores presentadas en la mejor sección del festival. Un buen botín en un festival que todavía no ha alcanzado su ecuador.

    Prólogo: Emilio Luna.
    Críticas de Cold War, Ash is purest white y Le Livre d'image: Alberto Sáez Villarino.
    Críticas de El ángel y Mon Tissu préféré: Víctor Blanes Picó.

    por EAM
    mayo 12, 2018

    Festival de Cannes 2018 | Día 3. Críticas: Cold War, Ash is purest white, Le Livre d'image, El ángel, Mon Tissu préféré

    por EAM | mayo 12, 2018
    Mountains may depart

    Zhangke novelesco

    crítica de Más allá de las montañas (山河故人, Shan he gu ren, Jia Zhangke, China, 2015).

    «A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización».
    (Ernesto Sábato, La resistencia)

    Con el tiempo, las palabras de Sábato han ido evidenciando dolorosamente que tenían mucho más de profecía que de advertencia. La dictadura de lo masivo surgida en buena medida del boom de lo tecnológico, primero con su implantación en lo industrial y luego con la irrupción de la electrónica de masas, ha sido un fenómeno inevitable de deshumanización que el cine ha venido denunciando ya desde sus orígenes, en una larga tradición que emparenta las preocupaciones de Chaplin con las de Jia Zhangke. Pero si algo tiene este último de particular es que se ha convertido en uno de los grandes retratistas del caso más extremo, por lo desmesurado de su intensidad y lo acelerado de su transición, de asunción del capitalismo globalizado más salvaje. China, esa demostración de que, pese a las advertencias, esta doctrina parece seguir siendo una opción a la que un país entero está dispuesto a arrojarse sin red. La filmografía de Zhangke, significativamente iniciada al albor del nuevo siglo, es una continua observación estupefacta de la máquina apisonadora en la que se ha convertido el sistema chino. Ya sea en su dimensión más física, mediante el derrumbe total del pasado y los hogares de una comunidad que tiene lugar en la ciudad devastada (a causa de la construcción de la Presa de las Tres Gargantas) en la que transcurre Naturaleza muerta; en la exploración de la incomunicación que genera el habitar entornos marcados por su artificialidad manifiesta, como el parque de atracciones de The World; o apuntando a la culpabilidad invisible de un sistema político corrupto y hermético a través del nexo de unión que dejaban entrever los cuatro episodios de Un toque de violencia. En las tres películas la temática de fondo, que apuntábamos al comienzo de estas líneas, es común. Más allá de las montañas no es ninguna excepción a este principio, si bien se puede entender como un intento más ambicioso de explorar sus ecos, apostando esta vez por el desarrollo afectivo de sus personajes, la amplificación temporal y algunas cuestiones formales. Tres aspectos en los que procedemos a ahondar.

    Respecto al desarrollo afectivo de sus criaturas, se puede pensar en una de las escenas más impactantes de Un toque de violencia, en la que un empresario fustiga al personaje de Zhao Tao (musa habitual de Zhangke) con un fajo de billetes después de que ésta se haya negado a mantener relaciones sexuales con él. Fijémonos ahora en la premisa argumental de la cinta que nos ocupa: en su primer episodio, ambientado en un año 2000 en el que la bestia del capitalismo feroz empieza a desperezarse, Tao (interpretada también por Zhao Tao) se ve empujada a elegir entre dos amigos que la cortejan: Liangzi, un minero humilde, y Zhang, un magnate emergente. La ostentación de riqueza de Zhang, expresada por ejemplo en el coche que compra (Zhangke ha contado, como muestra de lo acelerado de la conversión capitalista china, que adquirir un coche propio no se convirtió en algo común en su país hasta finales de los noventa), termina decantando la decisión de Tao. Porque, además, se evidencia que la posición económica dicta también los talantes (¿o es al revés?) del Zhang arrogante y autoritario y el Liangzi dócil y retraído. Es más, respecto a esta presencia totalizadora del dinero en el relato, el nombre que eligen Tao y Zhang para el hijo que tienen juntos no puede ser más explícito: Dólar. ¿Qué implicaciones tienen estos detalles? Pues que lo que en Un toque de violencia funcionaba como un recurso de impacto plástico tiene en Más allá de las montañas unas ramificaciones mucho más amplias, dado que esta obsesión por la riqueza condiciona todo su desarrollo narrativo. Se podría decir que lo que Zhangke plantea es una indagación en todo lo que acarrea la existencia de un personaje como el empresario corrupto de Un toque de violencia (que en el fondo parece no ser demasiado distinto de Zhang): el origen de su corrupción moral, cómo sus decisiones basadas en lo materialista condicionan sus relaciones personales y las vidas posteriores de los que le rodean, y de qué manera sus faltas generan vacíos en la generación venidera.

    por Miguel Muñoz Garnica
    mayo 21, 2016

    Crítica | Más allá de las montañas

    por Miguel Muñoz Garnica | mayo 21, 2016
    Dagur Kári en el PUPP

    Go West

    Crónica de la sexta jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    Hace dos días, en el prólogo en el Gran Hotel Pupp de Virgin Mountain –una de las grandes películas del festival—, el público presenció un insólito acto de timidez. Dagur Kári, cineasta con una ya sólida trayectoria, incluso con producción foránea en su filmografía, tomaba el micrófono tras la llamada de las intérpretes que anunciaban su presencia. Lo hacía con reticencia, mirando a la moqueta del complejo, alzando durante cuatro milésimas de segundo la vista hacia al artesonado de esta joya del siglo XVIII, y rápida vuelta al piso. Fueron los cuatro segundos más largos de su vida, en los que las traductoras, libreta en mano, esperaban una parrafada y se tuvieron que conformar con un sibilino «I hope you enjoy my movie, bye». De piedra se quedaron, igual que un público que no apartaba la vista de él, mientras huía a cámara lenta por el corredero de la sala, tallando surcos con las retinas en esa alfombra convertida en un profundo y angosto barrizal para el brillante realizador islandés. No demasiados minutos después, ya con la proyección en marcha, la comprensión llegaba al ver que Fusi el gigante, personaje principal del filme, era una simple extensión de su personalidad. Si extrapolamos esta circunstancia a la rutina del periodista extranjero, es fácil identificar al acreditado nativo de éste, ambos marcados por ese cordón anaranjado al que hacíamos referencia ayer: cabeza gacha y celeridad, subrayando de forma gruesa el «por favor, señores/as checos, no se les ocurra preguntarme nada en su idioma que ya lo paso mal con el mío». Por desgracia, no hay escapatoria y acaba surgiendo el «sorry, I don’t speak czech». En ese justo instante, sólo en ese, la vergüenza nos iguala. Un segundo después, acelerón y go west!

    por Emilio M. Luna
    julio 09, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 6. Críticas: The magic mountain / Those who fall have wings / Shan he gu ren / Shadow behind the moon / Slow West

    por Emilio M. Luna | julio 09, 2015
    Emily Blunt en Cannes

    La narración del dolor

    crónica de la séptima jornada de la 68ª edición del Festival de Cannes

    Jornada de gran nivel en la que hemos encontrado algunos de los títulos más importantes del festival. Unos esperados (aunque con críticas muy dispares) como Sicario de Denis Villeneuve, y otros que llegaban como outsiders pero que han causado un gran impacto en el público y de los que ya se habla como posible ganador: Mountains May Depart. La colombiana Alias María y la filipina Taklub completaron la jornada con dos interesantes propuestas que muestran temas sociales muy bien intencionados.

    «Todos sabemos en esta sala cómo es de omnipresente la violencia en la frontera mexicana, y como norteamericano me siento un poco responsable de lo que ocurre allí. La violencia silenciada es incluso peor. Deberíamos hacer más y más películas sobre esa realidad mexicana, intentar entender por qué hemos llegado ahí. Y yo, como director y desde mi corazón, esto era lo que quería contar». Denis Villeneuve.

    por Alberto Sáez Villarino
    mayo 20, 2015

    Cannes 2015 | Día 7. Críticas: Sicario / Mountains may depart (Shan he gu ren) / Taklub / Alias María

    por Alberto Sáez Villarino | mayo 20, 2015

    En el seno de una sociedad como la china, que se mueve entre la tradición y el avance tecnológico con inusitada comodidad, el reflejo de las consecuencias de nuestros logros globales y globalizantes se hace más evidente. El humo primitivo de una hoguera con la que se calienta una familia de campesinos se confunde con el denso humo blanquecino que vomita una enorme chimenea industrial. Así empieza Smog journeys, un cortometraje realizado para Greenpeace que intenta poner de manifiesto los efectos de la contaminación en el noreste de China. Como indica el título, la cinta persigue el esmog (o neblumo, como también se conoce a esta forma de contaminación) en su viaje hacia la vida cotidiana de los habitantes de esta zona hasta convertirse en una sutil epidemia que impregna cualquier detalle de su día a día: desde un beso hasta el significado de una canción infantil.

    El director y guionista Jia Zhangke (habitual de festivales como Venecia o Cannes, donde en 2013 se llevó el premio al mejor guion por Un toque de violencia) dirige este mosaico de pequeños momentos en los que lo viejo y lo moderno luchan de manera desigual mientras la humanidad, ajena a todo ello, continúa con sus vidas teñidas de gris. Esa prosperidad y el precio que tenemos que pagar por ella, que aceptamos e introducimos en nuestras vidas sin apenas rechistar, nos atrapa hasta tal punto que vemos como algo totalmente normal tener que salir a la calle con una mascarilla. Y al igual que, en ocasiones, los árboles no nos dejan ver el bosque, resulta frustrante que el esmog no nos deje disfrutar de una vida llena de color y alegría y nos haga olvidar que el cielo es azul.

    por EAM
    febrero 03, 2015

    Smog Journeys, un cortometraje de Jia Zhangke

    por EAM | febrero 03, 2015
    Un toque de violencia | Tian Zhu Ding (天注定), Jia Zhangke, 2013

    A cuchilladas con la China contemporánea

    crítica de Un toque de violencia | Tian Zhu Ding (天注定), Jia Zhangke, 2013

    China ha superado, en este 2014, a Estados Unidos como primera potencia económica mundial. El gigante asiático ha desplegado sus alas. El mundo tiembla. Se mira a China con miedo, eso que algunos confunden con el respeto. Mientras Europa y Estados Unidos lidian con una economía que ha hecho estragos su supremacía, China ha mantenido sus niveles de crecimiento. Lógicamente, no todo es color de rosa, este poder económico, por desgracia, no viene acompañado de una mejora en la calidad de vida de sus habitantes. Es más, con la progresión han eclosionado otro tipo de problemáticas sociales casi ausentes hasta ahora. La desigualdad económica, antiguamente reducida, se ha hecho visible para la mayoría de la población. Antes apenas había diferencia entre los trabajadores urbanos y los rurales, en la actualidad los primeros triplican en ingresos a los segundos. Hay más datos que avalan la divergencia. Por ejemplo, el país que más adinerados coloca cada año en la lista de los más ricos del mundo es China. Esta cantinela viene acompañada de la corrupción. Van de la mano. Esta está in crescendo, o al menos se ha hecho más perceptible. Los esfuerzos del gobierno –con juicios sumarios a funcionarios públicos, incluida la condena a muerte del ministro de ferrocarriles– han sido infructuosos y han erosionado el poder del Partido Comunista. Casi nada queda en nuestros días del legado ideológico y las teorías de Mao. Desde la ascensión al poder de Deng Xiaoping –1976–, China se embarcó en un proceso de apertura y reformas que no ha tenido fin. El discurso de Mao Tse-Tung –bañado de masacres– resuena nostálgico en una generación que empieza a demostrar su inconformismo. A pesar de los esfuerzos del gobierno del PCCh por cubrir con un (es)tupido velo la disidencia, ésta se manifiesta, aprovechando los resquicios de tolerancia, de muchas formas. Incluso de la mano de artistas consagrados como el cineasta Jia Zhang Ke.

    por Anónimo
    junio 04, 2014

    Crítica | Un toque de violencia

    por Anónimo | junio 04, 2014
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