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    Karlovy Vary 2015 Cobertura
    Karlovy Vary 2015 Cobertura
    Karlovy Vary 2015 por Emilio Luna

    Simple song

    Top 10 de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    La sala de prensa está desierta. Tan solo quedan los responsables del departamento y un par de rezagados afinando la penúltima crónica. Al alzar la vista del teclado, se aprecian un sinfín de papeles abandonados a su suerte, pressbooks huérfanos y diarios del certamen acompañando a regletas sin brillo. Fuera, se escuchan las últimas proyecciones en salas huecas o personas levitando, comentando el palmarés del festival. «¿Cuál es Bob and the trees?», pregunta una joven. «No la hemos visto», responde su partener de camino. ¿Y cuándo podrán volverla a ver? Seguro que pronto, si lo desean, de forma individual o por separado. Y, ¿el resto de europeos? Tendrán que esperar. La inmediatez no es el fuerte de certámenes como Karlovy Vary. Es parte de su encanto. El apelativo inédito cobra en la ciudad de la Bohemia una fuerza inusitada. Es por ello que cada año la prensa acreditada aumenta un cincuenta por ciento. Ésta, ahora, debe estar copando todas las cenas, parties y afterparties del Thermal al Grand Hotel Pupp. Y un servidor aquí, con ustedes, despiéndose desde el torreón más solitario de esta preciosa ciudad. Con el tema Simple Song de la banda sonora de La giovinezza sonando en los auriculares. ¿Qué mejor final, no? Han sido diez grandes días. Ahora toca volver a casa, y se hará con una enorme sonrisa. Esta 50ª edición del Festival de Karlovy ha sido un encuadre perfecto. Antes de dejarles con la tradicional lista con las 10 mejores películas del KVIFF, agradecer tanto a la organización como al Centro Checo de Madrid su ayuda. Con ellos todo ha sido mucho más fácil. Brzy, Vary.

    por Emilio M. Luna
    julio 11, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Las 10 mejores películas

    por Emilio M. Luna | julio 11, 2015
    Bob and the Trees, Mejor Película del Festival de Karlovy Vary

    El triunfo de lo mundano

    Palmarés de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    Ha sido inesperado pero no por ello injusto. Bob and the trees [crítica], del debutante Diego Ongaro, ha dado la gran sorpresa y se ha llevado el Globo de Cristal a la Mejor Película. No estaba en las quinielas un filme destinado a pasar de puntillas. De hecho, se estrenó el último día de competición. Ongaro, que sigue la estela de un autor como Alexander Payne, es el ganador de la Competición más joven de la historia del certamen. Un triunfo, avalado por la prensa, como trampolín a una carrera prometedora. Bob and the Trees sucede en el cuadro de honor a la excelente Corn Island. Ojalá tenga el mismo éxito que la cinta georgiana durante el curso. Otro debutante, el austríaco Peter Brunner, ha obtenido el Premio Especial del Jurado por la simbólica Those who fall have wings, una obra que, como citábamos en nuestra crítica, merece un segundo visionado. Un galardón que apuesta por lo experimental, como hiciera hace un año con el Free Fall de György Pálfi. En los apartados interpretativos, victorias checas. Tanto Alena Mihulová como Kryštof Hádek están estupendos en sus respectivos roles, pero no deja a sonar a compensatorio que en el aniversario del festival aparezcan un par de apellidos reconocibles para el público de la nación centroeuropea. La italiana Antonia y la francesa The Magic Mountain completan el palmarés con una mención por parte del jurado. Box, de Florin Şerban, se ha tenido que conformar con el premio FIPRESCI y la danesa Gold Coast, se ha ido de vacío. No creemos que sufra Daniel Dencik por ello. Es de las pocas películas que tienen asegurada una distribución internacional. Con el listado de ganadores se cierra una notable entrega, que ha brillado en las secciones paralelas y ha presentado 13 películas bastantes dignas en su competición. El KVIFF cierra con 12.857 visitantes y una organización ejemplar. Ahora toca pensar en la número 51.

    GRAND PRIX – CRYSTAL GLOBE

    Bob and the trees
    Dirigida por: Diego Ongaro.
    Estados Unidos, 2015.

    PREMIO ESPECIAL DEL JURADO

    Those who fall have wings
    Dirigida por: Peter Brunner
    Austria, 2015

    MEJOR DIRECCIÓN

    Visar Morina
    Por el filme Babai.
    Kosovo, Alemania, 2015.

    MEJOR ACTRIZ

    Alena Mihulová
    Por su papel en el filme Home Care.
    Dirigida por: Slávek Horák.
    República Checa, 2015.

    MEJOR ACTOR

    Kryštof Hádek
    Por su papel en The Snake Brothers.
    Dirigida por: Jan Prušinovský.
    República Checa, 2015.

    MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

    Antonia (Ferdinando Cito Filomarino, Italia) y The Magic Mountain (Anca Damian, Francia)

    EAST OF THE WEST – COMPETICIÓN


    por Emilio M. Luna
    julio 11, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Palmarés. Bob and the trees, Globo de Cristal

    por Emilio M. Luna | julio 11, 2015
    Box, de Florin Şerban (Rumanía)

    ¿A Ucrania o Rumanía?


    Esta tarde, sobre las 19:30 horas, conoceremos el palmarés de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary. Acertar las decisiones de Angelina Nikonova, Tim League, Ólafur Darri Ólafsson, Hengameh Panahi y Ondřej Zach se antoja complicado vista la homogeneidad de esta entrega. Esta es nuestra aventurada predicción:

    Globo de Cristal a la Mejor película: Box, de Florin Şerban (Rumanía).
    Premio especial del jurado: Song of the Songs, de Eva Neymann (Ucrania).
    Premio al Mejor director: Anca Damian por The Magic Mountain (Francia).
    Premio a la Mejor actriz: Linda Caridi por Antonia (Italia).
    Premio al Mejor actor: Jakob Oftebro por Gold Coast (Dinamarca).
    Premio East of the West: Sutak (Heavenly Nomadic), de Mirlan Abdykalykov (Kirguistán).

    por Emilio M. Luna
    julio 11, 2015

    Karlovy Vary 2015 | ¿Quién ganará el Globo de Cristal?

    por Emilio M. Luna | julio 11, 2015
    Harvey Keitel en Karlovy Vary

    Shit happens

    Crónica de la octava jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    En la jornada de reflexión, un caballero acaparó todos los aplausos y miradas. Ya lo anunciaban los presentadores del Grand Hall: «llega el momento más esperado de esta 50ª edición». El reguero de personas que ocupaban butacas, pasillos y huecos así lo atestiguaban. Los fotógrafos cuerpeaban y se movían al mismo son, como si de una bandada de pájaros que hubiera tomado la corriente de aire perfecta se tratara. Delante, tenían al Señor Lobo, tan elegante como cercano, junto a su orgulloso sobrino. La reacción del respetable fue de órdago, con una ovación cerrada de las que calan. «Karlovy Vary es una casa para mí», apostillaba Harvey Keitel con orgullo. El gran actor neoyorquino retornaba a la ciudad checa tras su Life Achievement Award en 2006 que le convirtió en la imagen de renovación del certamen. Uno de los spots –en la parte inferior de este artículo— más aplaudidos de cada entrega es el que protagoniza este camaleón que nada tiene ya que demostrar. «Shit happens», entona. Y es así, el Festival de Karlovy Vary llega a su fin. Lo hace con la melancolía del filme que Keitel prologa, una maravilla que dividió en Cannes y que entusiasmó a Carlsbad. Una de las grandes sensaciones que extrapola La giovinezza en su último tercio de metraje es la de anhelar que no haya epílogo; que siga el carrusel, que la fiesta no tenga punto, ni final, ni seguido. Es, quizá, el mayor halago que se le puede hacer a una película. También la mejor alabanza a una celebración como este capítulo número cincuenta de un cada vez más joven KVIFF. Tristemente, el cierre llegará hoy, con el anuncio del palmarés. El domingo, desplazamiento a Praga, y, después, vuelta a casa. Con la maleta rebosante de recuerdos. Y sin aterrizar aún, deseando volver.

    por Emilio M. Luna
    julio 11, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 8. Críticas: La giovinezza (Youth) / 45 years / Last summer

    por Emilio M. Luna | julio 11, 2015

    Gold is cold

    Crónica de la séptima jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    A la par que llegaba el gélido viento –han descendido las temperaturas a 10 grados—, terminaron los pases de prensa de la Competición de esta 50ª edición del Festival de Karlovy Vary. Una vez presentadas oficialmente hoy viernes las dos últimas propuestas, comenzarán las cábalas y la cuenta atrás que finalizará mañana por la tarde con el anuncio del palmarés. Muy cara se presenta la lucha por el Globo de Cristal. Ninguna película ha destacado en exceso dentro de una selección interesante pero demasiado homogénea que, salvo pinceladas, han dejado frío al respetable. Los primeros rumores, provenientes de jurados secundarios, apuntan al ucraniana Song of the Songs como posible favorita. La obra de Eva Neymann es, artística y narrativamente, una ganadora estándar de un certamen como éste. Otros títulos que suenan con fuerza son Box, de Florin Şerban, y esta Montaña mágica de Anca Damian que llevará la polémica consigo allá por donde vaya. Lo tendrá complicado el jurado ante este muro de hormigón que es la sección oficial; un muro pulido pero no abrillantado, sin ningún tipo de ornamentación o lujo. Éste será uno de los aspectos a mejorar por la organización del KVIFF: idiosincrasia compatible con heterogeneidad. Un festival se define por su máximo apartado, Karlovy Vary necesita aristas, implora nervio. Este oro embrutecido que vende necesita muchas horas de orfebrería.

    Y así, escuchando los resoplidos de la prensa, terminaba el antepenúltimo día. Muertos de miedo con la enfermiza The Witch, un aparente drama psicológico destacado en Sundance que ha encogido al público de la cámara inquisitoria del KVIFF, el Kinosal A. Mucho antes, dos obras muy interesantes en la competición: Bob and the trees y Gold Coast. La primera, precisamente, otro producto con la marca de Park City, apreciable pero tan insignificante que habría que analizarla con un microscopio; la segunda, una superproducción danesa con el actor escandinavo de moda. El resultado es tan desigual como digno. El capricho del día llegó, en un Kinosal C abarrotado, de la mano de Matteo Garrone y su The Tale of Tales. Un divertimento encabezado por un impropio logotipo de Cannes. Ya de vuelta al hotel, se aprecia que el cierre está muy cerca. Ya no hay colas, ni una marabunta en los aledaños; el silencio solo se toma un descanso con la llegada de ese efebo llamado Jamie Dornan. Los alaridos expiraban vapor. El invierno ha vuelto a Karlovy Vary.

    por Emilio M. Luna
    julio 10, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 7. Críticas: Gold Coast / Bob and the trees / The Witch / Il racconto dei racconti

    por Emilio M. Luna | julio 10, 2015
    Dagur Kári en el PUPP

    Go West

    Crónica de la sexta jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    Hace dos días, en el prólogo en el Gran Hotel Pupp de Virgin Mountain –una de las grandes películas del festival—, el público presenció un insólito acto de timidez. Dagur Kári, cineasta con una ya sólida trayectoria, incluso con producción foránea en su filmografía, tomaba el micrófono tras la llamada de las intérpretes que anunciaban su presencia. Lo hacía con reticencia, mirando a la moqueta del complejo, alzando durante cuatro milésimas de segundo la vista hacia al artesonado de esta joya del siglo XVIII, y rápida vuelta al piso. Fueron los cuatro segundos más largos de su vida, en los que las traductoras, libreta en mano, esperaban una parrafada y se tuvieron que conformar con un sibilino «I hope you enjoy my movie, bye». De piedra se quedaron, igual que un público que no apartaba la vista de él, mientras huía a cámara lenta por el corredero de la sala, tallando surcos con las retinas en esa alfombra convertida en un profundo y angosto barrizal para el brillante realizador islandés. No demasiados minutos después, ya con la proyección en marcha, la comprensión llegaba al ver que Fusi el gigante, personaje principal del filme, era una simple extensión de su personalidad. Si extrapolamos esta circunstancia a la rutina del periodista extranjero, es fácil identificar al acreditado nativo de éste, ambos marcados por ese cordón anaranjado al que hacíamos referencia ayer: cabeza gacha y celeridad, subrayando de forma gruesa el «por favor, señores/as checos, no se les ocurra preguntarme nada en su idioma que ya lo paso mal con el mío». Por desgracia, no hay escapatoria y acaba surgiendo el «sorry, I don’t speak czech». En ese justo instante, sólo en ese, la vergüenza nos iguala. Un segundo después, acelerón y go west!

    por Emilio M. Luna
    julio 09, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 6. Críticas: The magic mountain / Those who fall have wings / Shan he gu ren / Shadow behind the moon / Slow West

    por Emilio M. Luna | julio 09, 2015

    Miradas color naranja

    Crónica de la quinta jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    Ayer, hacíamos referencia al camino de vuelta al hotel, tras cada cierre de jornada. Pero, ¿y el de ida? Con el madrugador sol –a las 06:00 AM ya está en pie—, como testigo, se aprecian los contrastes que contiene una pequeña ciudad como Karlovy Vary. El sencillo trayecto desde el comienzo de la calle Tomáše Garrigua Masaryka –profesor y filósofo fundador de la República Checoslovaca en 1918— hasta el Hotel Thermal, la sede del Festival, desgrana muy lentamente la idiosincrasia de esta localidad. Aparte de los acreditados, marcados con una cinta naranja, asistimos a un desfile de clases singular. A pie, los trabajadores y consumidores cumpliendo con sus deberes, como en cualquier otra urbe europea; a caballo, numerosos turistas que buscan la instantánea privilegiada con la que enmarcar su estancia; en coche, y menudos coches, la otra Karlovy Vary, conformada por la flor y nata de las grandes oligarquías de nuestro tiempo: Rusia y Arabia Saudí. Un simple paseo por la parte oriental de la ciudad los delata, gracias a construcciones de auténtico lujo que siguen los patrones arquitectónicos de sus lugares de origen. La élite desde su Olimpo, no obstante ocupan toda la parte superior de ladera que engulle a los balnearios que dan fama a Carlsbad. Pero, volviendo al color naranja del cordel que identifica a la prensa, los elementos que resaltan en este juego de estratos son mucho más extravagantes. Portan una túnica de lino, llevan sandalias y la cabeza rapada. Dos de ellos cierran la retaguardia, intentando entregar un tríptico y sermonear a algún despistado; delante, un grupeto que entona una canción muy reconocible. Son los Hare Krishna, los teloneros no oficiales del KVIFF. Ellos aportan el color y alguna aceleración espontánea entre los visitantes. Una de ellas me llevó a esta quinta jornada de festival en cuestión de segundos. Un día excelente, por cierto.

    por Emilio M. Luna
    julio 08, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 5. Críticas: Virgin mountain (Fúsi) / The here after / Box / Tangerine / The snake brothers

    por Emilio M. Luna | julio 08, 2015
    Jena Malone en Karlovy Vary

    Dancing with the demons in our minds

    Crónica de la cuarta jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    En la última proyección del día, asistimos al lento caminar hacia la nada de un desmejorado Richard Gere en Out time of mind. Su alter ego, George, sufre días tan largos como una vida, que corrompen la apreciación del espacio o el tiempo, que le apartan lentamente de todo lo racional que le rodea. Los objetivos, si los hubiera, son pequeñas victorias: un sabor dulce que llevarse al paladar, una mirada compasiva o un simple hueco donde hallar la sobrevalorada impresión de seguridad. Salvando las enormes distancias, un periodista extranjero –uno que no cambie la barra del bar por la butaca, claro—, en un festival como Karlovy Vary, puede experimentar sensaciones similares. Un vagabundo que busca la brecha que cambie su estado de ánimo, la inspiración en cada fotograma o una lágrima de emoción que rompa el clásico rictus de estatua permeable que uno adopta en cada exhibición. Porque, como pueden apreciar tanto en esta cobertura como en la anterior, los filmes proyectados en la pequeña ciudad checa son como pequeños copos de diferente tamaño y brillo pero fríos e insípidos. Salas donde las sonrisas y la ternura son coto vedado o lo suficientemente intrascendentes como para alterar los biorritmos. Es por ello el anhelo de propuestas como Boyhood o La desaparición de Eleanor Rigby, programadas el pasado año. Trabajos imperfectos pero humanos, dotados de esos pequeños detalles que permitan una reflexión emocional de vuelta a la cómoda cama del hotel. Un sendero de tan solo 500 metros que se hace interminable, tanto como los paseos de George en esa inhóspita Nueva York que no regala nada.

    por Emilio M. Luna
    julio 07, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 4. Críticas: Red Spider / Time out of mind / The sound of trees (Le bruit des arbres) / Guerrilla

    por Emilio M. Luna | julio 07, 2015
    George A. Romero en Karlovy Vary

    Amor de madre

    Crónica de la tercera jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    No hay demasiados zombies en la capital mundial de las aguas termales y ferruginosas. Al menos no como los que gestara George A. Romero durante los sesenta. Si el creador de La noche de los muertos vivientes se pasara por los aledaños y las proyecciones del Thermal Hotel sí que encontraría sucedáneos; víctimas derivadas de la estancia compulsiva en cócteles o huidizos espectadores vagando entre los pasillos del Kinosal B buscando una salida desesperada que les evite el sufrimiento. La contestación de público al KVIFF es colosal, también lo es su evasión. El checo de a pie deja clara su disconformidad, si fuera necesario, tras los treinta minutos de rigor. Afuera, esperan Lobkowicz —la cerveza oficial— y hot dogs; tonterías las justas puestos a perder al tiempo, declaman con hieratismo. Eso sí, si hablamos del cine de su país, nadie abandona la butaca. Y resulta incomprensible, viendo el estatus de su cinematografía. ¿Chovinismo? ¿postureo? ¿o simple amor de madre? Como ya hablábamos el año pasado, el checo aplaude –a rabiar— las películas facturadas en su nación, incluso si están coelaboradas con sus vecinos —eslovacos y polacos—, y se ríen, vaya si se ríen, con el humor más cateto y absurdo. Sus producciones se acercan demasiado a la denominación de telefilme que se tiene en España o Francia. En ellas suelen abundar las paradojas y visiones positivistas de la muerte. No dejan de ser tragicomedias cruzadas con el slapstick gestual y emocional. No hay filme checo malo para el espectador medio en Karlovy Vary. ¿Qué pensaría sobre ellas el señor Romero? Probablemente, ni sepa que existan. Su paso fugaz por el KVIFF dejó una masterclass y el prólogo a Los cuentos de Hoffman (The Tales of Hoffmann, 1951), la excelente obra de Michael Powell y Emeric Pressburger que se ha proyectado remasterizada en una sesión especial.

    Y, ¿qué hay de nuestro día? ¿ganas también de huida? Muchas, no se las vamos a negar. La competición no termina de arrancar pese a que el nivel general es superior al del 2014. Ayer fue el turno de una interesante cinta ucraniana, Song of the Songs, y de una checa, Home Care. La primera, artísticamente interesante pero de plomiza narrativa. La segunda, mejora las prestaciones del citado cine checo pero carece de algo mínimamente memorable. Como aderezo, dos largometrajes que pasaron por el Festival de Róterdam: la griega Impressions of a drowned man y la británico-danesa Bridgend. Ambas, llenas de hallazgos visuales pero convertidas en un dislate gracias a un libreto ininteligible. Y, ¿dónde están las masterpieces? Pues tendrán que esperar, si las hubiera. El sold out se ha impuesto en las primeras exhibiciones de The Lobster y La juventud y el deber llama; todo lo programado proveniente de Cannes fue narrado en su momento por mi compañero Alberto Sáez. Por tanto, toca hacer de cazatesoros y seguir buscando. No será sencillo. No se descarta la emulación de la imagen del tráiler de esta 50ª edición —en la parte inferior de este artículo—. Por suerte, llegó la lluvia y Anders Celsius bajó sus pretensiones. Así transcurrió esta tercera jornada de promesas incumplidas:

    por Emilio M. Luna
    julio 06, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 3. Críticas: Song of the songs / Bridgend / Home care / Impressions of a drowned man

    por Emilio M. Luna | julio 06, 2015

    La apuesta ganadora

    Crónica de la segunda jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    Como sucediera el año pasado, el primer fin de semana ha volatilizado los termómetros. Rodeado de centenares de hectáreas de bosques, Karlovy Vary es una olla a presión, con una humedad que cala entre los huesos, agotando ya desde primera hora de la mañana. El aire acondicionado de todas las instalaciones del Hotel Thermal se convierte, de este modo, en el oasis que salva al público de la quema. Eso sí, si se conoce el medio. Diversas salas de tortura componen este gigante gris, semilla de otros tiempos y regímenes, que pueden destrozar cualquier proyección, por muy placentera que esta sea. La joya de la corona es el Kinosal A, destinado exclusivamente a la prensa. Una sala de instituto soviético, con sillas pétreas, incapaces de adaptarse mínimamente a la anatomía de sus inquilinos. Mucho más ergonómicos son los graderíos del Grand Hall, un teatro lustroso al que siempre le acompaña el sonido del piano. Sin embargo, el horror vacui, apreciado a simple vista, es el anticipo de una estancia sin demasiado aire entre todos los presentes. Algo que contrasta con la estatura de muchos de ellos, que sobrepasan ampliamente los ciento ochenta centímetros. Es así, que aparte del abrazo cariñoso de Celsius, se busca la estampa perfecta, ese binomio que haga de las próximas dos horas una experiencia inolvidable. Y en el KVIFF esta chance solo tiene cabida en el Kinosal C, un fantástico y coqueto cine de corte francés, y el Congress Hall, un amplio patio de butacas de iluminación y sonidos evocadores. Allí, precisamente, comenzó la Competición de esta 50ª edición con tres filmes muy diferentes pero que encajan en la idiosincrasia del certamen. El primero, Heil, una comedia gamberra que nadie esperaría, negativamente, de un cineasta como Dietrich Brüggemann; el segundo, Antonia, un elegante biopic al uso sobre la poetisa Antonia Pozzi que nos descubre un rostro que promete ser noticia en esta entrega; el tercero, Babai, puro dolor sobre las consecuencias del estado de desesperación de las etnias kosovares. Para aligerar el día, apostamos por el buen cine independiente americano que nos traen dos viejos conocidos de la cinefilia en Mississippi Grind, que fue prologada por uno de sus directores, Ryan Fleck, y su actor principal, Ben Mendelsohn, todo un personaje que demostró sobre las tablas del Grand Hall que el trabajo se lo lleva a casa consigo con una buena botella de coñac.

    por Emilio M. Luna
    julio 05, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 2. Críticas: Antonia / Babai / Heil / Mississippi Grind

    por Emilio M. Luna | julio 05, 2015

    Manuales de uso

    Crónica de la primera jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, hace unos meses en un acto público, subrayaba el modelo de certamen que ofrece Karlovy Vary. Si bien es cierto que a nivel estructural y personal el KVIFF se desenvuelve en cifras modestas, siempre comparado con los cuatro grandes del Olimpo A, su organización y ejecución merece todas las loas y un mayor reconocimiento internacional. Etiquetado, tradicionalmente, como un evento de explotación exclusiva del cine eslavo, tuvo su punto de inflexión hace ya una década con la llegada de estrellas internacionales. Cada año, cada entrega, el catálogo es más amplio; su programa mantiene la fidelidad a la tradición y además no deja rincón alguno por descubrir. Prueba de ello es la poderosa line up de la 50ª edición que ayer comenzó con gran expectación. De Australia a Kirguistán, pasando por Brasil, Colombia o Bélgica. Tanto para el espectador como para la prensa, un verdadero y confortable disfrute.

    Y así llegó el pistoletazo de salida en la preciosa ciudad de la Bohemia checa, con aroma a feria, con miles de cuerpos agolpados en los aledaños del Hotel Thermal, moviéndose lentamente, degustando cada instante que ofrece el primer fin de semana de festival. Es complicado transitar por las zonas públicas de este gigante de cemento que expira una ilusión que se disipará con el paso de los días. Colas que invaden la salas de acreditación, las zonas de ocio y consumición; orbitando, numerosas pantallas que incitan a reventar el Grand Hall. Muchos curiosos y curiosas se amontonan en los umbrales de las salas buscando esa última oportunidad de ver una película for free. Pocos los consiguen. Las expectativas son un miembro más de un certamen, cerca o lejos de las pantallas. Lo que sí es obligado, tanto para el novel como para el veterano, es revisar esos manuales de uso que se olvidan una vez cerrados y que hacen más llevadero el despertar en una celebración de estas dimensiones. Sedes, lugares, trucos… todos necesitan cotejo para una correcta ubicación. De este modo, apreciamos que en este nuevo capítulo del KVIFF desaparece la fantástica carpa Dorleans –probablemente sus angostas puertas de entradas propiciaron su defunción— o que aparecen nuevos cines que logren exhibir la mastodóntica propuesta cinematográfica que ha puesto sobre el tapete Karel Och, su joven delegado general. Una vez reprogramados, acreditación, breves instrucciones en inglés y llega el fundido a negro.

    Toda una constante durante los próximos nueve días. En el Gran Hotel PUPP, una joya arquitectónica, construido y firmado por Jan Jiří Pop en 1701, nos espera la primera cita: la australiana Partisan, un comienzo estilizado y agradable con una notable cara conocida: Vincent Cassel. El recorrido del Thermal al Pupp ofrece todo lo que cualquier turista necesita ver en Carlsbad. Es por ello que la serpiente monocolor se convierte en una pegajosa acompañante hasta la proyección del filme de Ariel Kleimann. Durante el trayecto, se escuchan bastantes palabras en castellano, algo que produce cierto sosiego, enunciadas por diferentes grupos de personas que superan, generosamente, los sesenta estíos. Éste, precisamente, se muestra implacable, borrando sombra alguna, atizando a cada paso. Tras la fábula apocalíptica de Partisan, se abre un túnel frenético de exhibiciones: la brasileña Aspirantes, la kirguisa Sutak, la colombiana La tierra y la sombra y, finalmente y mientras Richard Gere recibía el Globo de Cristal Honorífico ante los gritos de una muchedumbre entregada, la belga The Brand New Testament. Con la aluminosis límbica de Jaco Van Dormael se supera la medianoche y se cierra el primer día. Toca guardar fuerzas. Serán necesarias.

    por Emilio M. Luna
    julio 04, 2015

    Karlovy Vary 2015 | Día 1. Críticas: La tierra y la sombra / Partisan / The brand new testament (Le tout nouveau testament) / Sutak / Aspirantes

    por Emilio M. Luna | julio 04, 2015

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