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    Cine Europeo 2012
    Cine Europeo 2012

    Mar. Libertad. Desesperación

    crítica de Metéora | de Spiros Stathoulopoulos, 2012

    En el norte de Grecia, en la llanura de Tesalia, cerca de la ciudad de Kambalaka, se alzan dos formaciones rocosas de gran altura, una justo frente a la otra. En cada una de ellas se asienta un monasterio cristiano ortodoxo que establece una separación entre hombres y mujeres. En uno vive Theodoro, y en el otro, Urania. Justo a mitad de trayecto, en mitad del valle, se alza una pequeña colina coronada por un árbol en el que ambos se reunirán entre silencios. Pertenecen al mismo mundo, pero su aislamiento es demoledor. La comunicación que establecen es parca en palabras. No las necesitan. Él cogerá el relieve metálico de su repisa; una placa con motivos religiosos que utilizará para hacer señales lumínicas a Urania a través de su ventana, mientras ella se quedará tendida en la cama, acariciándose el cuerpo. Theo tal vez intente olvidarla, redirigiendo un amor terrenal y cuestionable hacia algo más divino, exento de las pasiones más superficiales. Y si a ella le asaltan pensamientos impuros, ahí estará el infierno cristiano para recordarle su culpa, y el necesario castigo del dolor físico: quemarse la palma de la mano con la llama de una lampara de aceite. Nunca se dirán un te quiero. No serán capaces. Las acciones serán puramente físicas, pero no por ello dejaran de ser reales.

    La segunda película del director griego crecido en Bogotá, Spiros Stathoulopoulos, debutó positivamente en el Festival de Berlin del 2012 y ganó el Premio al mejor director en el Festival de Cartagena de este año. Su Metéora es la historia de una pasión. De una leyenda grabada en un retablo, en algún monasterio olvidado. Un cuadro de tres paneles con el valle de Metéora en el centro y los retratos de Theo y Urania enmarcándolo. Es la primera imagen del largometraje que ya establece el tono minimalista y su espíritu cercano al relato. Pocos filmes son tan acertados en su equilibrio al situar con tanta exactitud la línea entre el exceso y el vacío en una obra que establece un discurso de la relación entre el compromiso religioso y el amor humano. Una dicotomía explorada en profundidad por Terrence Malick en su filmografía, especialmente en sus dos últimas obras, aunque en el caso del director neoyorquino con un enfoque muchísimo más preciosista, tendente al esteticismo de los cuerpos enmarcados en un atardecer. De una cámara que flota alrededor de los actores arropándolos en su observación. La visión de Spiros es muchísimo más analítica a la par que curiosa. Metéora es una cinta de planos fijos, de grandes paisajes enmarcados entre brumas y bosques, con una composición de planos más pictórica y un tratamiento lumínico que recuerda con insistencia a los cuadros de George de la Tour. El mismo pintor en el que Stanley Kubrick establecería la base para la fotografía de Barry Lindon.

    por Unknown
    junio 05, 2014

    Crítica | Metéora

    por Unknown | junio 05, 2014
    Main dans la main

    ¿Quieres bailar conmigo?

    crítica de Main dans la main (De la mano) | de Valérie Donzelli, 2012

    Lo confieso a voz en grito: Me encanta Valérie Donzelli. Sus apuestas de colorido frenético, canciones de punk y electrónica junto a piezas clásicas, historias vitalistas y enérgicas plagadas de bifurcaciones y planos de elegante trazado consiguen que se me haga boca agua ante la pantalla sin necesidad de poner palomitas a calentar en el microondas. Valérie es valentía cromática, puro realismo mágico a golpe de pop. Con los filmes de esta mujer me sucede algo parejo a los de Bertolucci, y es que sin conocer previamente su argumento, solamente su estética logra pincharme al comienzo esa droga que el cupido cinematográfico inyecta en las venas de sus enamoradizos espectadores, (aunque sea obvio que sin una trama decente, cualquier imagen se queda en agua de borrajas, pero nada de esto les sucede a las brillantes propuestas de Valerie ni del veterano cineasta italiano). En esta ocasión la perspicaz directora regresa de la mano de una comedia musical e hilarante; romanticona a más no poder, de inverosímiles giros y sobre todo, mucho baile. Un baile poco comedido, encandilador que cose el guión desde los pies de sus personajes. Pies que danzan, se arquean y se retuercen dominados por la música; piernas que sucumben al encanto ineludible del ballet, cuerpos amateurs rendidos al ritmo, niñas acompasando el vaivén de sus tutús. Es este filme, bautizado Main dans la main, por encima de todo una historia de amor imposible, un romance intenso, peculiar y extravagante, tan indigno de la pobre realidad cotidiana como digno del cine francés; un encuentro fortuito entre dos bailarines bajo una atmósfera de cuento de hadas, tensiones sexuales y escenarios luminosos. ¿Cuántas historias de amor originales despuntan cada año en el mundo del celuloide? Desde luego, pocas, y ésta desde luego no responde a los cánones de un romance cualquiera al uso. En este tercer proyecto cinematográfico tras su ópera prima La reina de corazones (2009) y la unánimemente aplaudida por la crítica Declaración de guerra (2011), co-escrita con Jérémie Elkaïm y basada en sus propias vivencias, su autora repite sus evidentes señas de identidad: dirige, escribe y se pone en la piel de un protagonista (aunque por vez primera, con un rol secundario) para contarnos un flechazo y sus controversias en clave musical.

    por Anónimo
    abril 06, 2014

    Crítica | De la mano (Main dans la main), de Valérie Donzelli

    por Anónimo | abril 06, 2014
    Jackie

    Progres de mercadillo

    crítica de Jackie | de Antoinette Beumer, 2012

    Decía Jan Ole Gerster, director de Oh Boy (2013), en una entrevista, que uno debía tener cuidado con las moralejas. Que las intenciones aleccionadoras eran peligrosas en una película y que, por su parte, era algo que siempre intentaba evitar. A colación de esta reflexión, uno llega a los primeros minutos de Jackie con una nociva sensación de que algo se cierne. Una extraña sensación ahoga las escenas. Ya no solo la del punto de partida común y rápidamente reconocible: dos hermanas, una volcada en su trabajo, disfrutando de un éxito profesional que la ha llevado a sacrificar sus relaciones personales. La otra, inmersa en un matrimonio ridículo en el que el marido olvida que su mujer está en el coche cuando ambos han ido juntos al supermercado. Ambas son adoptadas. Su madre es una yonki perdida en el desierto americano. Pero ellas, como buenas europeas progresistas, gozan de una educación abiertamente idealista. La de unos padres homosexuales septuagenarios que llevan 20 juntos. Imagen poco menos que imposible. Y sí, en apenas quince minutos, las tendremos a ambas en la carretera. Ya lo hemos dicho. Esto asusta. Aterroriza y aturde en sus motivaciones, pero las disimula con un rostro inmaculado. El de una Carice Van Houten aún con el perfume de Melisandre en el ambiente. No podemos culparla de una elección como ésta. La actriz ya trabajó con la directora, Antoinette Beumer, en su primer filme, The Happy Housewifes (2010). Una cineasta de origen holandés, hermana mayor de Famke Janssen y habitual de la televisión de su país, donde ha colaborado en gran parte de los capítulos de algunas series de renombre, la última de ellas, la versión nacional de la conocida En terapia (2008).

    De propina, aparece Jelka Van Houten, hermana en la ficción y en la realidad; cruce de rasgos holandeses entre una Toni Collette y una Scarlett Johansson cuarentona, que además es buena cantante. Jackie ofrece todo lo que una road movie europea emitida a las 16:00 de la tarde en Antena 3 hace 10 años puede ofrecer. Jelka, la abnegada esposa a la que su marido prohibe conducir, y controla a cada minuto pero nunca escucha. Esa mujer que no replica en su inocencia e ingenuidad, tiene un don, un talento que no se atreve a explotar por falta de autoestima y de valor. Y como cisne, la joven cuarentona se alzará en mitad de un pub de carretera cantando una cancioncilla de amor cualquiera, mientras la audiencia sonríe y aplaude, y la madre coja y arisca, se reblandece rompiendo su burbuja. Pero es demasiado intenso. La madre desaparecerá en la trastienda, ocultando su emoción, mientras sus dos hijas, a las que no ve en 30 años y a las que apenas recuerda, viven la inconsciencia de encontrarse a sí mismas a través de esos pequeños momentos que tanto llenan el alma. Como la sonrisa de una señora de 60 años que posiblemente ha entrado al cine por lo inofensivo de la propuesta, y sonríe viendo a Van Houten sudorosa en mitad del desierto evitando a un toro que le dobla el tamaño, mientras se afana en la búsqueda de una gasolinera que nunca aparece. El tono es de una ligereza que nunca molesta en exceso. La dirección inocua, con poco que destacar. Beumer tampoco tiene un gran don para mostrar la comedia. La película nunca hace reír demasiado y le cuesta horrores crear empatía.

    por Unknown
    abril 03, 2014

    Crítica | Jackie

    por Unknown | abril 03, 2014

    Esto no es una crítica

    crítica de ¿Qué nos queda? | Was bleibt, de Hans-Christian Schmid, 2012

    El director alemán Hans-Christian Schmid, tras las premiadas en el Festival de Berlín Storm (2009) y Réquiem (El exorcismo de Micaela, 2006), nos sorprende en esta ocasión con un drama familiar de gran sencillez. ¿Qué nos queda? produce en el espectador de hoy en día el mismo efecto que en 1929 podía provocar el cuadro Ceci n'est pas une pipe (Esto no es una pipa) del pintor surrealista René Magritte. Una contradicción, un deseo irrealizable de autenticidad en el que las apariencias cuentan más que los hechos. La trama se desarrolla durante un fin de semana cuando los cuatro miembros principales de una familia de clase media alemana, padres e hijos; junto a la novia de uno de ellos y el hijo del otro, deciden juntarse para pasar unos días. Es entonces cuando las bases que se creían sólidas entre ellos saltan por los aires dejando a la vista a cuatro desconocidos que apenas se soportan. Tras el anuncio de la madre (desde hace años maníaco-depresiva) de no tomar por más tiempo la medicación, se esconde un primer anhelo de ser tratada como un miembro de pleno derecho en todo lo relativo a la vida familiar. No obstante, con este movimiento se abrirá una grotesca caja de Pandora en la que las vergüenzas y derrotas que hacen de toda familia una familia ejemplar saldrán a la luz sin anestesia.

    Jakob (Sebastian Zimmler) no le perdona a su hermano pequeño Marko (Lars Eidinger) el irse a vivir a Berlín lejos de sus padres, el alejarse del sufrimiento de su madre, su facilidad para dar la espalda. Ambos actores se desenvuelven en la piel de sus personajes con una naturalidad que impresiona; más en el caso de Sebastian Zimmler quien debuta con esta película en la gran pantalla después de su larga carrera teatral. Una vez más, ¿Qué significa ser hermanos?, ¿Qué nos queda detrás de la impostura? Pero hay más. No solo este sino que todos los pilares en los que se sustenta su cómoda realidad se tambalean como nunca. Por una vez padres e hijos parecen dispuestos a conocer la verdad. Éxitos profesionales que significan fracasos, la dura paternidad del divorciado, (in)fidelidad con uno mismo y con el otro, dependencia económica de quien ya vive peor que sus padres. Zarpazos hirientes que sobre todo dejan herida a ojos del pequeño Zowie. Hijo de Marko, este niño de unos cinco años aparecerá durante gran parte de la película refugiado tras un antifaz de tigre. La desmembración de su propia familia, y ahora también la de sus abuelos, le obligarán a enfrentarse al mundo como alguien o algo más fuerte de lo que es en realidad.

    por Unknown
    febrero 25, 2014

    Crítica | ¿Qué nos queda?

    por Unknown | febrero 25, 2014
    Dos vidas (Zwei Leben)

    Los otros escombros del muro

    crítica de Dos vidas | Zwei Leben (Two Lives), de Georg Maas & Judith Kaufmann, 2012

    El drama histórico y el thriller de intriga son los dos ingredientes fundamentales a la hora de cocinar Zwei Leben (Dos vidas), un filme germano basado en la existencia de dos mujeres vinculadas a la República Democrática Alemana y asociadas a una intrincada investigación del Tribunal de Estrasburgo en torno a un pasado turbio. Inspirada en los escritos de Hannelore Hippe, y repleta de giros rocambolescos a lo largo de una pertinaz investigación judicial, la película nos traslada a la atmósfera gélida de los resquicios posteriores a la Caída del Muro de Berlín, los peliagudos años noventa. Un período de cicatrización lenta y angustiosa, de redenciones póstumas y reconciliaciones complejas, de puzles que cambiaron de piezas, de familias quebradas por las pérdidas y retornos al hogar, en un país donde había demasiados rotos para tan pocos descosidos, demasiadas luchas internas y un conflicto de identidad que siguió, años después, partiendo en dos la espina dorsal alemana y calando en la médula de su población. Zwei Leben cuenta una historia basada en hechos reales y protagonizada por Liv Ullman y Juliane Kohler, en la piel de dos mujeres de vida nada sencilla; existencias marcadas por su relación con la STASI, o policía secreta del gobierno comunista que regía la zona oriental, vidas cuyos secretos serán sacados del fango del olvido para abrir una escabrosa investigación sobre violaciones de derechos humanos y brutalidades cometidas a causa del férreo espionaje y control de disidentes. Penetramos así, desde el minuto uno del filme, en un juego de tensiones, vueltas de tuerca, y por supuesto, mentiras enterradas que ya tienen un pie y medio afuera de sus tumbas.

    Como todo drama histórico de cualquier época o lugar, Zwei Leben cuenta vivencias que abren heridas, e injusticias irreversibles, y que nos adoctrinan, desde los ambiciosos terrenos de la ficción, sobre las consecuencias y factores de las circunstancias que otros vivieron. Desde el hogar de una tranquila familia noruega de clase media, comenzamos a vislumbrar las pistas, elementos y claves de una investigación de la audiencia de Estrasburgo destinada a destapar crímenes y atrocidades cometidos por los servicios secretos de la RDA, y vinculados a Noruega: Durante la ocupación nazi, numerosos soldados alemanes y mujeres noruegas (aquellas apodadas como «las alemanas tristes») mantuvieron relaciones fruto de las cuales nacieron niños, percibidos como arios y supuestamente destinados a la mejora y el rejuvenecimiento de la sangre del imperio hitleriano. Por ello se abrieron hospitales y clínicas de natalidad, y desde el gobierno nazi las esperanzas se depositaban en la nueva hornada de pequeñas criaturas, que tras la enorme derrota bélica fueron despreciadas y relegadas a olvido. La injusticia se perpetró a través de aquellos denominados “hijos de la vergüenza”, y una vez estuvo Alemania fraccionada en sus dos mitades antagónicas, el régimen de la STASI se encargó impetuosamente de controlar a sus partidarios y disidentes, regulando las entradas y salidas geográficas con meticuloso cuidado y medidas poco ortodoxas. Una chica cualquiera lo tenía bastante complicado en este entorno hostil a la hora de cruzar las fronteras a su antojo o recuperar a una familia perdida, así como ponerse en contacto con ciertos seres queridos.

    por Anónimo
    febrero 25, 2014

    Crítica | Dos vidas (Zwei Leben)

    por Anónimo | febrero 25, 2014

    Teselas sin hueco

    crítica de La segunda mujer | Kuma, de Umut Dağ, 2012

    «...Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, casaos con la que os guste de las mujeres, dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así evitaréis mejor obrar mal…»*. Es la justificación legal del Corán sobre la poligamia. Es la heredera de una serie de costumbres casi ancestrales que provienen del Islam primigenio. Una perspectiva que situaba a la mujer con el eslabón más débil de la civilización, por su capacidad emocional, irracional, impredecible e irresponsable. Si bien, y como el resto de culturas tanto occidentales como orientales, el progreso ha erosionado y limado las costumbres, muchos de esos trazos siguen aún vigentes hoy en día. El papel de la mujer va adquiriendo más relevancia a medida que los países árabes abren sus puertas a la occidentalización. El mestizaje cultural e ideológico va moldeando pensamientos y cada paso es un pequeño triunfo. Triunfos que desde la perspectiva del Primer Mundo resultan nimios e intrascendentes. Mandan las ideas férreas de un contexto extremadamente machista, donde la mujer no deja de ser un triunfo o herramienta que sirve como propósito. Uno de los hilos narrativos del hito reciente La bicicleta verde (Wadja, 2012), nos mostraba a grandes rasgos la idiosincrasia árabe, incluso en una familia acomodada. La mujer como generadora de vástagos. Como capitán sin rueda de timón de un hogar preparado para satisfacer al cabeza de familia. Como un ente invisible que, bajo la seda, deambula por portales y pasillos. Con el añadido, además, de que la persona a la que ama puede elegir a otras homólogas con la que compartir su felicidad. Esta es una interpretación, por otra parte, sesgada y desde la mirada catedrática del libertino europeo, pero no deja de ser curioso, e incluso doloroso, que una cultura de tal riqueza avance de forma tan parsimoniosa. Como siempre, la justificación está en la raíz, en la propia sociedad musulmana. El cambio es sólo para proscritos.

    por Emilio M. Luna
    febrero 14, 2014

    Crítica | La segunda mujer

    por Emilio M. Luna | febrero 14, 2014
    Celebración en familia

    Si mamá levantase la cabeza

    crítica de Celebración en familia | Leg ihn um! Ein Familienfest, de Jan Schütte, 2012

    Decía Ana Karenina aquello de que todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. La misma premisa es aplicable a las caracterizadas por la locura colectiva y presididas por un padre tarado y despótico: August Manzl es un patriarca viejo y dictatorial, rico empresario al que le diagnostican una enfermedad terminal sin posibilidades de cura. Ante la realidad de contar con sólo unos meses de tiempo por delante, August convoca a todos sus hijos, a los que lleva toda la vida humillando y despreciando por no considerar que puedan equipararse a su figura y sus logros, para una macabra reunión. Con desorbitado cinismo, el patriarca comenta impasible que el descendiente que lo mate, será el poseedor exclusivo de su patrimonio; la compañía entera, terrenos y cuentas bancarias. Si nadie es capaz de acabar con él, el legado se perderá para siempre.

    Esta tétrica y absurda convocatoria abre paso al cáustico juego familiar en el que se convertirá Celebración en familia, una comedia negra inteligente y divertida que llega desde tierras germánicas de la mano de Jan Schütte para deleitarnos con dosis de sadismo, rencillas del pasado, rencores y tórridas depravaciones sexuales. El aura de aparente normalidad que rodea a los personajes se desploma dando lugar a una codiciosa disputa por hacerse con los bienes de su necio padrastro, que disfruta el espectáculo de sus intentos de asesinato como si de un vulgar reality-show se tratase, mientras el tiempo apremia y los maquiavélicos planes de sus hijos van cayendo como contagiosas fichas de dominó. Celebración en familia es mordaz, crítica y violenta, como una sacudida al hipotálamo o un baile ácido entre pistolas, trampas y billetes. La interpretación de Hans-Michael Rehberg en la piel del sarcástico y prepotente patriarca es sólida y contundente, y los vicios, disputas y sucias pasiones del resto de la trastornada familia nos arrancarán muchas carcajadas, condimentadas por el misterio del destinatario de la herencia. | ★★★

    Alemania, 2012, Leg ihn um! Ein Familienfest. Director: Jan Schütte. Guión: Jan Schütte. Productora: Riva Filmproduktion. Reparto: Hans-Michael Rehberg, Pheline Roggan, Stephan Schad, André Kaczmarczyk. Presentación oficial: Streams Festival 2013.

    por Anónimo
    enero 06, 2014

    Cine alemán | «Celebración en familia» y «Small Crime»

    por Anónimo | enero 06, 2014
    Tim Robinson: Connemara

    La mágica Irlanda rural

    crítica de Tim Robinson: Connemara | Pat Collins, 2011

    Ya decía Oscar Wilde que Connemara es un lugar “de belleza salvaje”. Paisajes accidentados y agrestes, ventisca gaélica, montañas verdosas y lagos brillantes componen el escenario de un lugar lleno de vida y espiritualidad, una zona inspiradora de cuentos, leyendas y canciones (como Les lacs de Connemara, una oda a la naturaleza del lugar, compuesta por el francés Michel Shardu). El escritor inglés Tim Robinson lleva toda la vida dedicado a la producción de mapas, que más tarde son publicados con formato de paisaje plegable, y la salvaje Connemara ha sido durante estos años el objeto de estudio de sus última trilogía: Escuchando el viento, Un poco gaélico Unido, y El último de la piscina de la oscuridad. La avanzada edad de Robinson, que ya sobrepasa la barrera de los 70 años, no ha sido un impedimento para que se haya apretado los cordones de las botas y aventurado a descubrir los paraísos vegetales de sus bosques, el esplendor de las costas atlánticas y sus precipicios o el esplendor azulado de las lagunas. Y a esta experiencia de carácter casi meta-artístico se ha querido sumar el director irlandés Pat Collins, para reflejar en formato documental las peripecias de Robinson en su ahínco por retratar el corazón de Connemara y sus lugares emblemáticos.

    Tim Robinson: Connemara es el nombre de este trabajo audiovisual, que en algo menos de una hora traslada al espectador a Connemara, intercalando imágenes de sus diferentes zonas con fragmentos de entrevista; es la grave voz en off de Robinson la que va desvelándonos curiosidades, personajes y misterios sobre este enigmático rincón de la Irlanda rural. Los travellings y las panorámicas abundan a lo largo de la grabación, haciendo de la alta calidad de imagen lo más destacado de este trabajo, que por momentos es lento y tedioso, pero que merecerá la pena para los amantes de los parajes hermosos, el turismo en zonas anteriormente desconocidas o los interesados en la cultura popular irlandesa. Algunos planos son de una insólita belleza, la fotografía es brillante, y las tierras de Connemara dan, sin lugar a dudas, ganas al espectador de subirse a un avión y aterrizar en su tierra poblada de viento, secretos y magia. | ★★★

    Irlanda, 2011, Tim Robinson: Connemara. Director: Pat Collins. Guión: Tim Robinson. Reparto: Tim Robinson. Productora: Harvest Films.

    por Anónimo
    enero 06, 2014

    Cine irlandés | «Tim Robinson: Connemara» y «Silence»

    por Anónimo | enero 06, 2014
    The Deep

    Horror en un mar poco profundo

    crítica de The Deep (Lo profundo) | Djúpið, de Baltasar Kormákur, 2012

    La enésima producción sobre la supervivencia tiene origen islandés y se titula The deep, una obra sencilla sobre la batalla que un sujeto muy especial, víctima del hundimiento de su barco pesquero, libra contra las adversas condiciones meteorológicas y contra un mar helado y despiadado. El "cine de supervivientes" va ganando peso con el paso del tiempo y cuenta con un número de ejemplares que va acrecentándose año tras año. En la actualidad, es común que se proyecten simultáneamente dos producciones sobre hombres que se enfrentan al peligro contra su voluntad, por obra del destino y la fatalidad. También es común que prestigiosos directores, como Danny Boyle (para mencionar la popular 127 horas), lleven adelante proyectos de estas características. Es un tipo de producción que da al cine una nueva función: la de servir al espectador como una religión, como algo en lo que se puede creer o no. Cuando los personajes se enfrentan con la muerte, y sobre todas las cosas cuando consiguen esquivarla, burlarla o postergarla, los espectadores (testigos) comienzan a analizar el acontecimiento en función de lo que consideran o no real. Algunos se dejarán llevar por la fe, elogiarán una experiencia religiosa y determinarán que lo ocurrido es, en efecto, real. Otros escépticos, por el contrario, pensarán que hay en la leyenda una dosis bastante grande de exageración, propia de toda anécdota protagonizada por un hombre que se codea con los héroes por sus virtudes. Lo cierto, es que The deep da inicio a su propia historia con la advertencia de que ese personaje, en realidad, está inspirado en otro que ha existido. Por ello, la veracidad (o no) de lo que se narra adquiere cierto “protagonismo”, acaba volviéndose un punto de apoyo para el filme, y quizá el único.

    Pero si de sobrevivir se trata, más allá de toda discrepancia que la crítica pueda llegar a tener alrededor de numerosas cuestiones, es difícil que no esté de acuerdo en que una película no puede sostenerse únicamente como leyenda destinada a ser aceptada o rechazada por los espectadores. Sería tonto pensar que hay artistas que esbozan una obra con el propósito de dividir a la audiencia. Mucho más tonto es que los artistas efectivamente lo hagan. Toda obra de arte, desde el momento en que se hace pública, queda sujeta a la interpretación de quienes la contemplan. Y de esta interpretación se sobreentiende, claro, la negación y el rechazo producto de la falta de credibilidad, entre otras cosas. Pero esas obras de arte tienen, además, otro fin. No importa cual sea, pero sí importa que exista. La deliberada finalidad es la que puede convertir una expresión ininteligible en un gesto milagroso. Y aun cuando esa finalidad sea el mero entretenimiento, al modo que lo presenta la industria cinematográfica de países como Estados Unidos, basta para no enterrar al filme en tierra de nadie.

    por Anónimo
    diciembre 21, 2013

    Crítica | The Deep (Djúpið)

    por Anónimo | diciembre 21, 2013
    Cherchez Hortense

    De familias disfuncionales y otros conflictos

    crítica de Cherchez Hortense | de Pascal Bonitzer, 2012

    El francés Pascal Bonitzer es uno de esos artistas que han tocado prácticamente todos los palos en esto del cine. Libretista, actor y guionista, dio el salto a la dirección en 1996 con Encore, comedia dramática que le colocó en la terna de nominados al César a Mejor ópera prima. A pesar de este prometedor inicio, su carrera posterior tras las cámaras no se ha caracterizado precisamente por su brillantez, con una sucesión de títulos fácilmente prescindibles entre los que destacaría Rien sur Robert (1999), otra comedia que le reportaría a Valentina Cervi una candidatura al César como Mejor actriz revelación. Cherchez Hortense (2012), su último trabajo hasta la fecha, tampoco está destinado a colocarle entre los realizadores franceses a seguir, pese a contar con una estrella tan internacional como Kristin Scott Thomas –con la que ya había contado en Pequeñas heridas (2003)– en uno de los papeles principales. Ella no es, sin embargo, el plato fuerte de la función desde el apartado interpretativo, ya que es sobre el experimentado Jean-Pierre Braci –César al Mejor actor de reparto por On connaît la chanson (1997) y ganador de hasta cuatro premios más en la categoría de guionista– donde recae la mayor parte de su presumible eficacia.

    Cherchez Hortense

    Cherchez Hortense es, como suele ser habitual en Bonitzer, una comedia dramática que presenta una radiografía bastante incisiva de una familia totalmente disfuncional, en la que todos y cada uno de sus miembros tiene una doble vida o algún secreto que ocultar. Damien, el patriarca, enseña cultura asiática a empresarios que quieren trabajar en China y ha comenzado a ilusionarse con una joven que le pide poder asistir a sus clases. Su esposa Iva es una ocupada directora teatral que comienza una relación adúltera con uno de los actores de su compañía. Ambos son padre de un adolescente que pasa por una etapa algo conflictiva, donde miente, roba y descuida su higiene personal, en un afán de acaparar la atención de sus progenitores. Luego está el padre de Damien, un abuelo de lo más atípico, ya que es Consejero de Estado y siempre tiene la agenda demasiado ocupada para atender a la familia aunque, eso sí, vive con normalidad una sexualidad de lo más abierta. Semejante fauna de desastrosos seres humanos conforman la apuesta de una película que tiene serios problemas para encontrar el tono adecuado entre dramatismo –en la trama se tocan temas controvertidos como la inmigración ilegal, la bisexualidad, el adulterio y hasta el suicidio– y comedia (lo cierto es que gracia, la cinta tiene bien poca). Pese al esforzado trabajo de todos sus actores (Bacri y Claude Rich optaron a los César como actor protagonista y secundario, respectivamente), el realizador no consigue en ningún momento que el espectador se solidarice con los problemas de sus personajes, demasiado antipáticos y lejanos como para sentir empatía hacia ellos. Todo en el filme es un quiero y no puedo, una sucesión de conflictos y personajes que prometen algo más interesante en la siguiente escena, pero que nunca terminan de cumplir tales expectativas.

    por José Martín León
    diciembre 15, 2013

    Crítica | Cherchez Hortense

    por José Martín León | diciembre 15, 2013

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