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    Yinan Diao
    Yinan Diao

    Miradas de neón

    Crítica ★★★★☆ de «El lago del ganso salvaje», de Diao Yinan.

    China, 2019. Título original: 南方车站的聚会 (Nan Fang Che Zhan De Ju Hui). Dirección: Diao Yinan. Guion: Diao Yinan. Producción: Michel Merkt, Yang Shen. Productoras: Green Ray Films, Memento Films, Arte France. Fotografía: Dong Jinsong. Montaje: Kong Jinlei, Matthieu Laclau. Reparto: Hu Ge, Gwei Lun Mei, Liao Fan, Wan Qian. Duración: 113 minutos.

    Jia Zhangke y Wang Xiaoshuai, pertenecientes a la «sexta generación» de cineastas chinos, han estructurado sus últimas películas (La ceniza es el blanco más puro (2018) y Hasta siempre, hijo mío (2019), respectivamente) sobre el diálogo entre las tramas íntimas y el trasfondo histórico-político: una abarca casi dos décadas de la historia china hasta la actualidad, y la otra más de tres. La relajación de la censura, así como la velocidad mareante del proceso de conversión al capitalismo, parecen haber creado en estos autores la necesidad de volver sobre el pasado reciente de su país en busca de comprensión. De Diao Yinan, enmarcable también en la «sexta generación», podríamos decir que su cine parte del fracaso en este afán. Black Coal, Thin Ice (2014), su anterior filme, se caracterizaba por su hermetismo. Los pedazos de un cadáver sin identificar que aparecían en distintos puntos de la industria minera de Manchuria, enterrados entre los montones de carbón o las cintas embaladoras de las fábricas, daban el pistoletazo de salida a una investigación que no hacía más que descubrir su incapacidad de leer las pruebas del crimen. El noir, en manos de Diao, se convierte en una ejecución de procedimientos de género sobre un espacio indescifrable —o, quizá, un espacio donde ya no hay nada que descifrar—. El melodrama, que también tenía su presencia en Black Coal, Thin Ice, en un resquicio de romance que apenas alcanzaba a atisbarse en breves miradas entre los personajes. Es más, el caso policial de esta película solo rozaba la resolución cuando el detective protagonista saltaba a la esfera privada para relacionarse con la víctima, cuando, dicho en términos de género, los procedimientos del melodrama resolvían el enredo del thriller. En aquel filme, Diao también disponía un salto temporal hacia el siglo XXI chino. Pero lo más expresivo estribaba en que cada corte de montaje, aun dentro de una misma secuencia continuada, se convertía en un abismo ontológico del mismo calibre que cualquier elipsis narrativa.

    El lago del ganso salvaje radicaliza este acercamiento a una China que ya no es China, o a unos espacios que ya no son espacios. Todo queda convertido en nada más que luz, movimiento y fragmento. Esta vez, Diao ni siquiera necesita recurrir a temporalidades amplias. La historia de Zenong (Hu Ge), un gángster en busca y captura tras matar a un policía por accidente, transcurre en poco más de un día. La causa de su crimen, así como la implicación de una prostituta, llamada Ai'ai (Kwai Lung-mei), que le ayuda, se cuentan en dos flashbacks sucesivos antes de dar paso a un presente continuo y muy acotado. Desviar la atención de los saltos cronológicos permite al cineasta redirigir la atención a las cualidades sugestivas de su montaje. Ese abismo ontológico implicado por cada corte se ve, con ello, más dimensionado en esta película. Aunque sea para reencuadrar levemente un plano, Diao consigue que cada nuevo golpe de vista no entrañe tanto una nueva perspectiva, sino la posibilidad de un mundo mutado ante nuestros ojos, que convierte a las anteriores visiones en una especie de sueño inquietante. Esto, claro está, no es solo una cuestión de montaje. El trabajo con la puesta en escena desvela una coherencia absoluta en este aspecto. En ningún escenario llegamos a obtener la sensación de transitar por un espacio de 360 grados, pese a que tanto los personajes como la cámara son muy móviles y Diao tiende a evitar los cortes. La angostura de los pasillos y callejones contribuye a este enrarecimiento espacial, pero también la escasa profundidad de campo o la recurrencia a trampantojos visuales. Los personajes caminan sobre grabados o vallas publicitarias de vistas ideales que sustituyen al fondo paisajístico real: estos planos son los únicos que ofrecen la ilusión de profundidad visual, puesto que el resto de encuadres suelen desenfocar lo que queda tras el primer término. Esto, sumado a que no hay una sola imagen de la película que transcurra en escenarios puramente naturales, encierra a los personajes en escenarios manifiestamente artificiales, en los que el paisaje «puro» e inadulterado propio de los grabados tradicionales no es más que una quimera.

    ▼ 南方车站的聚会, Yinan Diao.
    El director de Black Coal, ganador del Oso de Oro, estrenará por segunda vez en España gracias a la distribuidora Segarra Films.

    por Miguel Muñoz Garnica
    enero 21, 2020

    Crítica | El lago del ganso salvaje

    por Miguel Muñoz Garnica | enero 21, 2020

    Oh, Nicolas

    Cuarto capítulo de la crónica de la 72ª edición del Festival de Cannes.

    Seguimos con las lluvias en Cannes, aunque para la jornada de hoy no podríamos haber esperado un tiempo más acorde al tipo de cine que estaba por llegar, y no lo decimos en sentido negativo, sino como un aliciente asimilativo de la propia esencia contextual de la frialdad nigérrima de dos de las grandes ficciones que teníamos a la vista.

    Too Old To Die Young
    Capítulos North of Hollywood [4] y West of Hell [5] | Fuera de competición

    La agenda de la mañana quedaba tenía reseñado en mayúsculas uno de los grandes acontecimientos de este certamen: la presentación de Too Old To Die Young, el primer trabajo para la televisión de Nicolas Winding Refn. Tras el primer visionado de éste, correspondiente a una pequeña muestra compuesta por los episodios cuatro y cinco de la serie, no podemos sino rendirnos a la genialidad de este fantástico director que, conociendo la industria como si de su propia casa se tratase, sabe adaptarse de forma asombrosa a las exigencias principales del consumidor “streaming”. Refn utiliza un argumento muy prometedor y adictivo para conseguir la atención del espectador. Éste no es otro que el violento ojo por ojo que un agente de policía y un misterioso compañero vengativo se han propuesto llevar a cabo contra algunos de los seres más despreciables de Los Ángeles. No hay duda de que si hay un subgénero que haya funcionado en los tiempos modernos es el de la venganza; la obsesiva necesidad de ajusticiar al desalmado de forma brutal e indolente; y con esa premisa es como Refn consigue acercar al consumidor medio a un eatilo surrealista propio, alejado del mainstream. Y lo hace sin renunciar a su característico sello de identidad, definido por el onirismo existencial, largas tomas silentes y lacónicos personajes claramente enfrentados y dominados por sus propios demonios internos.

    Miles Teller protagoniza esta ficción, que el propio Refn ha definido como una película de 13 horas, representando a Martin, un policía anímicamente roto que ha decidido no tolerar más injusticia a su alrededor. Por este motivo, Martin se pone en contacto con un peligroso mafioso a quien le pide que le asigne a los seres más desagradables y monstruosos que conozca para acabar con ellos. Una vez más, comprendemos que el antihéroe se mueve por unas motivaciones turbulentas que se alejan del ánimo lucrativo o la esperanza de cambiar el mundo. Tanto él como Viggo, su compañero homicida, personalizan seres totalmente desencantados y en un estado de apatía extremo. Una de las claves de la serie será, por lo tanto, indagar en la complicada psicología del protagonista, entender sus frustraciones, sus traumas y, por último, los motivos que lo han llevado a cruzar esa borrosa línea que separa la justicia de la criminalidad. La única condición que se nos pide para alcanzar dicho propósito será la de adentrarnos sin reparos en una pesadilla diferente cada capítulo, en los enclaves más sórdidos y deleznables de la sociedad y conocer el verdadero rostro del mal | 85/100 | Alberto Sáez Villarino.

    Estados Unidos. 2019. Título original: Too Old To Die Young. Director: Nicolas Winding Refn. Guion: Ed Brubaker, Nicolas Winding Refn, Halley Wegryn Gross. Fotografía: Darius Khondji, Diego Garcia. Música: Cliff Martinez. Duración: 90 minutos por episodio. Montaje: Matthew Newman. Productora: Amazon Video. Diseño de producción: Tom Foden. Diseño de vestuario: Jennifer Johnson. Intérpretes: Miles Teller, Jena Malone, John Hawkes, William Baldwin, Nell Tiger Free, Callie Hernandez, Babs Olusanmokun, Celestin Cornielle, Kegn Matungulu, Cristina Rodlo, Dereck Smith, Augusto Aguilera, Hart Bochner, Natasha Sims, Rigo Sanchez, Maxine Bahns, Alejandro Barrios, Anthony M. Bertram, Miguel Angel Caballero, Kristin Carey, Sarah Chaney, Chris Coppola, Shawna Della-Ricca, Ethan Flower, Christine Horn, Yoshio Iizuka, Zee James, Carlotta Montanari, Stephen Quadros, Zabeth Russell, David Terrell, Hideo Kojima. Presentación oficial: Festival de Cannes 2019.

    por EAM
    mayo 19, 2019

    Cannes 2019 (IV) | Críticas: The Wild Goose Lake, Too old to die young, Papicha

    por EAM | mayo 19, 2019

    Ozon y August, con el freno de mano

    Crónica de la segunda jornada de la 62ª edición del Festival de San Sebastián 2014

    Sin accesibilidad a la carpa Keler en modo free, a los periodistas no les queda más remedio que ir a las salas. Y eso que a cada hora hay un evento, un cóctel o una presentación acompañada por el pertinente servicio de catering. Hay colas, las butacas se completan en cuestión de minutos y no hay lugar para rezagados, sea cual sea el color de su tarjeta. Se nota el comienzo del certamen. Curiosos, visitantes y prensa ocasional. El primer fin de semana en un festival de este tamaño es una feria que, llegado el lunes, se irá disipando de forma paulatina. Esperemos que como este el calor húmedo, que azota desde primera hora de la mañana y te remarca que este evento es cuestión de tranquilidad y previsión.

    Algo que no transmitió Denzel Washington en el día de ayer. Como era de esperar, un terrible alboroto para ver uno de los símbolos de Hollywood. De su filme, ya hablamos en la noche: un Batman estilo exploitaiton que sigue provocando carcajadas una jornada después. Precisamente, este fin de semana se presenta en Estados Unidos. Promete ser un espectáculo la parrilla de prensa. Tras el señor Washington, las celebridades del día de hoy no atrajeron a demasiado público, solo al selecto. Bille August y François Ozon, dos de los pesos pesados del cine del viejo continente, quizá no tengan el tirón de sus parteners estadounidenses pero sus propuestas no suelen decepcionar. Al menos siempre cumplen los patrones pertinentes. Ambos luchan por una Concha de Oro que, tras su exhibición, no deberían conseguir. Trabajos interesantes pero muy lejos de su mejor forma.

    Por la tarde, la duda residía en asistir al pase de la esperada Autómata o a un cóctel de promoción de la tierra de un servidor, Extremadura. Pese a que la cinta de Gabe Ibáñez despertaba mucho curiosidad, la selección de ibéricos de presentación era una perfecta oportunidad de suavizar las apetencias de un famélico estómago siempre el último de la cola en esta vorágine donostiarra. Todo un ejercicio de santificación, sí. Un poco antes, turno para ver a la ganadora del Oso de Oro de la Berlinale, Black Coal, una interesante cinta de producción china que te mantiene pegado a la butaca sin apenas esfuerzo al igual que te proyecta a mitad de metraje a cualquier lado menos a una pantalla de cine. Como ven, no hay momento para la reflexión. Tan sólo estas pobres líneas, redactadas de paréntesis en paréntesis, desde aledaños y bancos. Cuesta acostumbrarse. O quizá, no. Son las divagaciones del afortunado.

    por Emilio M. Luna
    septiembre 21, 2014

    San Sebastián 2014 | Segunda jornada. Críticas: 'Una nueva amiga', 'Corazón en silencio (Silent Heart)', 'Black Coal' y 'Los tontos y los estúpidos'

    por Emilio M. Luna | septiembre 21, 2014

    Grietas en el hielo

    crítica de Black Coal | Black Coal, Thin Ice (Bai ri yan huo), dirigida por Yinan Diao, 2014 | ★★★

    La sombra de Raymond Chandler planea sobre cada rincón de la ciudad que Yinan Diao escenifica en este melancólico recorrido por algunas de las miserias de China. Es el reflejo social transformado por el prisma del cine negro, de la misma forma que Chinatown (1974) sentenciaba la naturaleza violenta de su mundo en su última escena o La jungla de asfalto (1950), lo despiadado de los bajos fondos de una gran ciudad americana. El cine negro está ahí, no sólo por sus tramas, sino, en mayor medida, por lo trágico de su contenido y, en especial, de sus personajes. Black Coal, Thin Ice (2014) podría ser una relectura perfecta —con la genuina sensibilidad asiática— del clásico cine noir de Hollywood. Tras un tiroteo en el que resultan asesinados dos compañeros en acto de servicio, Zhang es destituido para acabar ganándose la vida como guarda en un puesto de carretera. Cinco años más tarde, y con el alcoholismo y la desgana inherentes a todo protagonista adscrito al género, decide reabrir el caso cuando llega a sus oídos cierta información relacionada con la aparición de dos cadáveres. Ambos con el mismo modus operandi que el cadáver descubierto hace años. El mismo que condenaría su trabajo y su matrimonio.

    La razón clave para reabrir el caso es obvia atendiendo a su sello. Todas las víctimas están relacionadas con una única mujer: Wu Zhizhen. Viuda y dependiente de una lavandería. Reservada y discretamente atractiva, se mostrará recelosa cuando Zhang decida hacer un primer acercamiento casual para seguir sus pasos y costumbres. De alguna forma, ella es la clave para entender los crímenes. Y así, Diao centra por fin el foco: una ambigua relación entre sospechoso y agente que acaba tornándose cada vez más siniestra y peligrosa. Zhang y Wu conocen la amenaza y los terrores ocultos de su país; los que se ocultan bajo las capas de carbón y las grietas de hielo del título americano (Black Coal, Thin Ice), entre los callejones de barrios industriales en los que sus ciudadanos apenas son considerados como mano de obra útil; entre esta dualidad que se mueve entre lo personal y lo genérico; entre una relación sentimental y el contexto de un país que empieza a cambiar. Es ahí donde está el talón de Aquiles de Diao: la falta de foco. La dispersión de la trama exige una atención extra del espectador, pues es fácil desconectar si uno no está atento a la información que se va a administrando. El director prefiere el hipnotismo de una hermosa fotografía nocturna, de neones rojos y amarillos, y pistas de hielo a medianoche, descuidando el ritmo y perdiendo fuelle. En contraste, el trabajo de puesta en escena es inapelable, sobre todo cuando uno ve como el cineasta consigue unir la tragedia y el absurdo en una sola escena: la del tiroteo que acaba con la carrera de Zhang al poco de empezar el filme. En ella se resume el tono entero de la obra.

    por Unknown
    agosto 27, 2014

    Crítica | Black Coal

    por Unknown | agosto 27, 2014

    Ovejas y familias

    Crónica de la séptima jornada de la Berlinale 2014 | Críticas de La tercera orilla, No llores, vuela,
    Black Coal, Thin Ice y The Lamb

    Séptimo día en la Berlinale y aparecen las buenas películas en la Sección Oficial. La primera de ellas, La tercera orilla, es, sin duda, lo mejor de la jornada (y de la competición). Sorprendente obra argentina que disecciona la institución familiar del país con una sutilidad que requiere cierta atención. Ya ha sido calificada por algunos medios españoles como “obra maestra”, y podría ser una poderosa candidata a encabezar el palmarés, aunque ya sabemos que la sensibilidad alemana está muy alejada de los ambientes latinos y, sinceramente, se nota bastante en los pases de películas hispanas. Sería una lastima que eso la dejara en el olvido porque es una de las sorpresas del festival. Acto seguido llegó una de las obras que más expectativas aglutinaba: el nuevo trabajo de la peruana Claudia Llosa titulado No llores, vuela. Todos queríamos comprobar si la cineasta había conseguido amoldarse al cambio idiomático con éxito, y aunque ha habido un intento loable y con sus pequeñas perlas, lo cierto es que la sensación general ha sido de leve decepción. La de una obra más convencional de lo debido para una directora tan prometedora y particular como Llosa. Tras la necesaria pausa, el terror. Y no genérico, sino personal. La hora de comer suele ser la peor hora de un festival en el que debes abarcar, mínimo, cuatro películas y el filme programado a esa hora, ya lo he dicho antes, es clave. En esta ocasión fue la apuesta asiática del día. Cinta china dirigida por Yinan Diao, con ribetes de cine negro de tintes excéntricos que consiguió captar las atenciones merced a un trabajo visual muy interesante y a una trama entretenida de final, como no, desconcertante. Finalmente, joya en la sección Panoram: The Lamb. Cinta turca carente de moralismos, cargada de mucho humor y con una sencillez conceptual y formal apabullante que arrancó aplausos y ovaciones en el Zoo Palast. Una pequeña delicia, muy divertida, de un cineasta que repite en Berlín después de quince años. Final inmejorable, y muy tierno.

    por Unknown
    febrero 13, 2014

    Berlinale 2014 | Séptima jornada. Críticas: «La tercera orilla», «No llores, vuela», «Black Coal, Thin Ice» & «The Lamb»

    por Unknown | febrero 13, 2014
    Blue Heron
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