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    Sitges 2014
    Sitges 2014
    Alleluia

    Criminales incomprendidos

    crítica de Alleluia (Fabrice Du Welz, 2014).

    En los años 40 unos tales Raymond Fernández y Martha Beck cometieron en Estados Unidos una serie de crímenes de sangre, apodados “de los corazones solitarios”, por los que a finales de dicha década serían condenados y ejecutados. Lo cierto es que por sus circunstancias y trasfondo los siniestros sucesos cobraron cierta fama y han sido llevados a la pantalla en varias ocasiones. Entre ellas cabe citar las películas Profundo carmesí (Arturo Ripstein, 1996), una producción española que aprovechaba el origen nacional del asesino para apropiarse sus andaduras; y Corazones solitarios (Lonely Hearts, Todd Robinson, 2006), cinta norteamericana que centraba en cambio su foco en los detectives que pudieron investigar el caso. Para más precisión el mismo giraba en torno a las muertes de unas pobres mujeres seducidas por Fernández con la complicidad de Beck, hecho insólito que demuestra el trastorno mental que ambos sufrían, plasmado a su vez en el amor incondicional que se profesaban. De hecho esta prevalencia de la pasión sobre la razón, motivada por el pasado oscuro de ambos personajes, es la que nos permite encontrar el hilo de sus desventuras, pues de lo contrario las mismas serían difíciles de entender. En otras palabras, salvo que la narrativa deje de lado esas verdaderas motivaciones y apueste por una trama más convencional, asistiremos a unas acciones erráticas e irracionales que sólo conociendo esa perturbación subyacente adquieren auténtico sentido.

    Consciente de ello, el cineasta belga Fabrice Du Welz retoma estos hechos reales pero los desarrolla con un enfoque decididamente sensorial, llevando a un segundo plano la citada narrativa que recorre los asesinatos. Antes de referirnos a aquel cabe señalar que en la película éstos se reducen a tres, aquellos por los cuales sus responsables fueron en concreto acusados, y por consiguiente el metraje está dividido en tres capítulos con el nombre de sendas víctimas. Se recogen igualmente datos veraces como las migrañas y la magia negra que caracterizaban al Fernández original, o el empleo en la morgue de la susodicha Beck. Con todo, aquel se llama ahora Michel y es francés; mientras que ella es Gloria, española, con los rasgos de una Lola Dueñas entregada a la causa que para nosotros hace algo más accesible una cinta bastante peculiar. Conocido el fondo narrativo, e incluso las causas y consecuencias de los delitos, Du Weltz y sus coguionistas reducen pues la importancia de los mismos al rodearlos de estimulaciones opacas, elipsis enigmáticas y localizaciones extrañas. La acción se sitúa en los desconocidos paisajes y viviendas del campo francés a los cuales acuden los protagonistas sin preaviso aunque a la vez con un plan aparentemente trazado. Y con el favor increíble y crédulo de sus residentes y futuras víctimas. De esta manera, se va dando por descontado, de forma progresiva y creciente en cada uno de los tres capítulos, que la pareja de psicópatas es capaz de vivir sin penurias, alojándose en lugares ajenos, gracias a su mera capacidad de seducción e ingenio sobre la gente que en ellos habitan.

    por Ignacio Navarro
    agosto 30, 2015

    Crítica | Alleluia

    por Ignacio Navarro | agosto 30, 2015
    Young Ones

    Por un puñado de agua

    crítica a Young Ones (Jake Paltrow)

    Hijo del realizador Bruce Paltrow y la veterana actriz Blythe Danner, y hermano de la famosísima Gwyneth, Jake Paltrow ha decidido seguir los pasos artísticos de su progenitor e intentar labrarse un nombre como director. Su primer intento, la comedia romántica La chica de mis sueños (2007), pasó con más pena que gloria, algo que, sin duda, influyó para que tardara siete largos años en volver a ponerse tras las cámaras en un segundo largometraje. Por fortuna, y a diferencia de su ópera prima, Young Ones (2014) atesora suficientes atractivos y aciertos para ganarse la confianza de quien pudiera dudar de los méritos propios de este cineasta en ciernes. Por lo pronto, su guion, obra del propio Paltrow, fue premiado en el Festival de Sitges, algo que hizo que muchas fueran las miradas que se posaran sobre esta pequeña película, tan imperfecta como fascinante.

    Lo primero que destaca, inevitablemente, de Young Ones es que, pese a tratarse de una historia de ciencia ficción en su variante de futuros distópicos, su estética y ritmo son más propios de los spaghetti westerns de los 60 y 70. El paisaje post-apocalíptico que retrata Paltrow en su película es el de un planeta en el que la escasez de agua ha hecho que éste sea el bien más preciado (y una moneda de cambio que sustituye al dinero), provocando una guerra por la supervivencia que ha hecho que la población se haya reducido considerablemente. Los áridos parajes y la manera en que los personajes mueren y matan impunemente por el agua son más propios del cine de Sergio Leone que de la fantástica trilogía de Mad Max, con la que pudiera guardar ciertas similitudes argumentales –especialmente con aquella joya de la corona que fue la segunda entrega, Mad Max 2, el guerrero de la carretera (George Miller, 1981)–. Al contrario que aquellas aventuras protagonizadas por Mel Gibson, Young Ones huye de la aparatosidad y el exceso de acción para entrar en unos terrenos mucho más introspectivos en donde los personajes, sus conflictos y motivaciones, se convierten en el verdadero motor de una trama cocinada a fuego lento a lo largo de tres actos. Cada uno de estos episodios está construido desde la óptica de uno de los tres personajes masculinos principales –el padre de familia, el conflictivo novio de la hija y el introvertido hijo adolescente– sobre los que se va tejiendo una historia de crimen y venganza que no sería tan original si no fuese por los anacronismos de su magnífica puesta en escena. Así, a falta de animales que ayuden a labrar la tierra, los granjeros de este western futurista utilizan una especie de mula mecánica que jugará un papel importante en la trama.

    por José Martín León
    abril 13, 2015

    Crítica | Young Ones

    por José Martín León | abril 13, 2015
    Honeymoon

    El despertar de la nueva carne

    crítica a Honeymoon (Leigh Janiak, 2014) / ★★★

    Honeymoon podría ser un ejemplo perfecto de todo lo que debería ser una ópera prima que carece del presupuesto y los medios necesarios para salirse de los parámetros de la serie B. La debutante directora Leigh Janiak sabe que, a falta de grandes efectos especiales o excesivas florituras visuales, el éxito de su empresa pasa por sorprender al espectador a través de una historia que atrape su atención desde el minuto uno y que no lo suelte hasta una vez concluidos los títulos de crédito finales. Por eso, a través de un guión coescrito junto a Phil Graziadei, Janiak sabe aprovechar muy bien los pocos elementos de los que dispone para construir una efectiva cinta de suspense psicológico, que saca un fenomenal partido de los únicos cuatro actores que aparecen en ella. El escenario en donde se enclava la trama no es nuevo, desde luego. La cabaña perdida en el bosque ya ha sido utilizada en multitud de éxitos del género, desde Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) a La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012), pasando por la imprescindible Posesión infernal (Sam Raimi, 1981), por lo que el amenazante lago cercano a la casa, los crujidos de madera a medianoche y la omnipresente sensación de los personajes de estar siendo vigilados por alguien o algo son situaciones con las que cualquier aficionado al terror ya se encuentran familiarizados.

    Janiak, sin embargo, utiliza todos esos tópicos para ofrecer algo totalmente diferente. Los primeros 20 minutos de metraje son bastante desechables y no sirven más que para mostrarnos el exceso de cursilería de los sentimientos que se profesan los recién casados desde que se instalan en la granja familiar de ella, situada en los bosques de una Canadá que continúa asentándose como destino turístico de pesadilla tras el reciente estreno de Tusk (Kevin Smith, 2014). Con este romanticismo empalagoso conocemos a Paul y Bea, la típica pareja que acaba de pasar por la vicaría y comienza a hacer planes de futuro del tipo ser padres. Una vez superada la introducción y su presentación de personajes, Honeymoon se va tornando en una experiencia bastante más oscura y climática, presentándonos a una Bea que se levanta de la cama, sonámbula, en mitad de la noche, para aparecer en medio del bosque, desnuda y confundida. Es a partir de ahí cuando comienzan los comportamientos extraños, las sospechas del marido y las incógnitas acerca de unas extrañas marcas que la muchacha presenta en sus muslos. Resulta conveniente no desvelar mucho más de la trama, pero lo cierto es que, mostrando lo mínimo posible y manteniendo un ritmo lento pero preciso, la directora consigue momentos de verdadera incomodidad. El minimalismo de la puesta en escena y el tratamiento del desequilibrio mental tan vinculado al sexo se acercan más a los territorios de la polémica Antichrist (Lars von Trier, 2009) que a los títulos de terror antes citados y, lo que es más sorprendente, el guión termina descubriendo una perturbadora relectura de aquellos clásicos de la ciencia ficción de los años 50 del tipo El enigma de otro mundo (Christian Nyby, Howard Haks, 1951) o La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956).

    por José Martín León
    febrero 24, 2015

    Crítica | Honeymoon

    por José Martín León | febrero 24, 2015
    Tusk

    De New Jersey a Canadá

    crítica a Tusk (Kevin Smith, Estados Unidos, 2014).

    20 años separan a Clerks (1994), la inmejorable ópera prima de Kevin Smith, de su última película estrenada hasta la fecha, Tusk (2014), que fue presentada en el Festival de Toronto con división de opiniones. Mucho ha llovido desde que las peripecias de aquellos dos cajeros de supermercado conquistaran a crítica y público a base de irreverencia, descacharrantes diálogos plagados de referencias cinéfilas y una frescura encantadora. El Premio de la juventud a la mejor película extranjera en Cannes y el Trofeo cineastas de Sundance pusieron el listón muy alto para Smith a la hora de estar a la altura de la genialidad de Clerks con sus siguientes trabajos. El cineasta de New Jersey se ha visto obligado a demostrar, película tras película, que aquel éxito no fue flor de un día, aunque también es cierto que, exceptuando la agridulce Persiguiendo a Amy (1997) –notable retrato de las relaciones de pareja que podría calificarse como su obra de madurez– Smith se ha prodigado demasiado en comedias que bebían del espíritu y los aciertos de su debut, incluyendo en la mayoría de ellas el cameo de los inefables Jay y Bob el Silencioso, sus personajes fetiche y toda una marca de la casa. Era necesario un cambio de aires en su carrera y ese llegó con la destacable Red State (2011), violenta visión del fanatismo religioso que sorprendió a propios y extraños, logrando el premio a la Mejor película en Sitges. Con Tusk intenta el director dar un paso más allá en el género del terror, sin desvincularse del todo de ese humor friki que siempre le ha caracterizado.

    Concebida como la primera parte de la denominada Trilogía del Verdadero Norte, compuesta por historias construidas a partir de la mitología canadiense, Tusk cuenta la historia de Wallace, el egocéntrico conductor de un programa radiofónico que, en su viaje hasta Canadá para entrevistar a un friki que arrasa con su sangriento video en Youtube, termina descubriendo la historia de Howard Howe, un tipo que fue salvado de morir en el mar por una morsa. Buscando documentarse sobre este curioso suceso, Wallace acaba prisionero del misántropo Howe, aficionado a someter a seres humanos a una serie de operaciones que les convierte en animales. Un punto de partida que, sobre el papel, recuerda demasiado al planteamiento de la violenta The Human Centipede (Tom Six, 2009), pequeño éxito proveniente de los Países Bajos, que también compartía su gusto por el humor negro y escatológico, incluyendo otro villano que también se valía de sus conocimientos de cirugía para realizar auténticas aberraciones con sus víctimas. Si el Dr. Heiter de aquel filme estaba obsesionado con diseñar un ciempiés humano, uniendo los cuerpos de varias personas, el no menos perturbado Howard Howe se dedica a convertir a sus prisioneros en morsas. La diferencia entre ambas obras reside en que Smith no se regodea en la violencia gráfica, siendo ésta mucho menos explícita que en la cinta holandesa. En su lugar, opta por no tomarse demasiado en serio la historia que está contando, dando prioridad a la sátira por encima de la sangre o las vísceras.

    por José Martín León
    diciembre 26, 2014

    Crítica | Tusk

    por José Martín León | diciembre 26, 2014

    El diablo justiciero

    crítica a Horns (ídem, 2013), dirigida por Alexandre Aja. | ★★★★ |

    De casta le viene al galgo se suele decir y al maestro de las novelas de terror Stephen King le ha salido un alumno aventajado en la figura de su hijo Joseph Hillstrom King, más conocido por el seudónimo Joe Hill, en un intento de no aprovecharse de su popular apellido para labrarse una consistente obra propia. Novelista y guionista de cómics, Hill ha sido alabado por la crítica (y reconocido con algunos premios prestigiosos) por su aportación al género de la fantasía. Era tan solo cuestión de tiempo que su trabajo fuera trasladado a la gran pantalla, del mismo modo que casi todas las obras de su padre terminan adaptadas al cine. El trabajo elegido para este debut en el medio ha sido Horns, su tercer libro tras Fantasmas y El traje del Muerto, considerado por muchos como su obra maestra hasta el momento. Lo hace, además, por todo lo alto, ya que tras las cámaras se ha puesto uno de los nombres más aclamados del género en los últimos años, Alexandre Aja, empeñado en adaptar una novela de la que había quedado prendado. El realizador de dos peliculones como Alta tensión (2003) y, sobre todo, el remake de Las colinas tienen ojos (2006) que, por una vez, supera al clásico de Wes Craven, encuentra en este material una oportunidad perfecta para recuperar el buen pulso perdido en trabajos más alimenticios (aunque nada desdeñables) como Reflejos (2008) y Piraña 3D (2010).

    Horns (Cuernos) es una historia muy en la línea de Stephen King, que repite el tema de la persona vulgar a la que una maldición le complica la vida convirtiéndola en una pesadilla –recordemos Maleficio, en la que el protagonista no podía dejar de adelgazar a gran velocidad, tras ser maldecido por un viejo gitano–. El relato transcurre, en esta ocasión, en un pequeño pueblo consternado tras la violación y asesinato de la joven Merrin, cuyo cuerpo apareció sin vida en medio del bosque. Todas las sospechas recaen sobre el novio de la chica, Ig, al haberse visto a la pareja discutir acaloradamente en un bar la misma noche del crimen. Nadie cree en la inocencia del joven, por lo que éste decide emprender su propia investigación con el fin de limpiar su nombre, contando con la inesperada ayuda de unos cuernos que comienzan a brotar de su frente y que parecen dotarle de un poder diabólico para hacer florecer el lado oscuro de la gente que le rodea. Esta hábil combinación de cine negro, fantasía, unas gotas de romance y mucho humor negro ha sido, afortunadamente, bien aprovechada por Aja para entregar la que es su mejor película en muchos años, oscura, divertida y muy rica visualmente. Si hay algo en lo que el cineasta nunca falla es en su capacidad para crear imágenes fascinantes que perduran en la retina de los amantes del género fantástico. En Horns, gracias a unos estupendos efectos especiales y al creativo trabajo de Frederick Elmes en la preciosista fotografía, podemos disfrutar de momentos tan memorables como el que tiene como protagonista a uno de los personajes, víctima de alucinaciones tras una sobredosis de drogas.

    por José Martín León
    octubre 16, 2014

    Crítica | Horns

    por José Martín León | octubre 16, 2014

    Fantasía ventrílocua

    crítica a La distancia (2014), dirigida por Sergio Caballero. | ★★★ |

    El hundimiento de la Unión Soviética como metáfora de lo que pudo ser y de lo que feneció torcido —por cuestiones no ya económicas ni ideológicas, sino mandatarias— consiste aquí en un guarda con tacones rojos que se masturba furiosamente y, muy al trantrán, acosado por el placer más solitario, grita: ¡Pluto! Dos sílabas que adquieren en el desierto nevado de Siberia nuevas dimensiones o se abren a otra dimensión aún desconocida. Los cuerpos mutantes caminan entre dos realidades, ésta irreal, y una segunda invisible. Así, el vigilante sin "dueño" vigila no se sabe bien qué, pero no rehúye un solo día su encuentro con La distancia, performance que le fue robada a su excéntrico autor, ahora recluido junto a una central térmica que dirigía en los buenos tiempos un bolchevique aficionado al esoterismo. Y todo, a los pies de una mina de carbón también huérfana, es decir, sin dueño. Porque éste murió cinco años atrás y olvidó legar sus pertenencias, y el artista/secuestrado se quedó en catre, más solo que Robinson Crusoe, con una máscara de barro medicinal y un zorro pululando a capricho por la estancia, cuya decoración es: un escritorio, dos liebres muertas colgando de un pincho y, más arriba, tres gigantescas pizarras con fórmulas y cálculos matemáticos y el susodicho colchón sobre un antiguo somier de muelles. De esos que recuerdan a los tirantes de P. Tinto, que nunca supo si lo de cumplir con Olivia era cuestión de calidad o de cantidad, aun apostando siempre en sus envites por la tenacidad romana. Ya saben: tralarí, tralarí. Nadie invoca en La distancia a la cigüeña, y la gaseosa es sustituida por ese otro licor que calienta un iceberg y es —¡nasdrovia!— vodka, chupitos ardorosos de vodka; gasolina para combatir un invierno perpetuo y que amenaza surrealismo.

    –Quiero que entres y localices la sala de las calderas.
    –¿No sería más fácil acabar con el guarda?
    –Aquí el que manda soy yo, y además tenemos un timing.
    –Tenemos un timing, tenemos un timing... Me tienes hasta los cojones. Llevo aquí tres días y aún no he matado a nadie.

    Presentada a competición en el recién clausurado Festival de Sitges y en otro relevante europeo como es el de Róterdam, esta parábola de fractales quijotescas —escrita y dirigida por Sergio Caballero— deviene película freak del año. Sin acepciones peyorativas. Pocos sabrán de su existencia, y los que gusten se interrogarán a un tiempo aturdidos y con la imaginación bailando tangos, entre cubos que exhalan blanquecino como botafumeiros nipones y casetes que aúllan penurias de mujeres ¿siendo torturadas?, mientras tres enanos asesinos con la recua al culo y que se comunican telepáticamente urden un cochambroso plan a petición del artista, que reclama su masterpiece; así lo dicen los que saben idiomas. Y este cine no es para todos porque no ha habido nunca uno para todos. Se excede Caballero, eso sí, a la hora de torturarnos con navaja e higadillos muy estéticos que, si no estuvieran, mejor y gracias. A lo largo de siete días, siete capítulos que se consagran a un humor casi imperceptible, más comedia por (d)efecto que por trayectoria argumental, los personajes se desprecian a capones dialécticos, y la prosopopeya, eso tan literario y posmoderno consistente —entre otras travesuras— en humanizar objetos inanimados, o bien funciona o bien te obliga a pensar en el género, precisamente, de animación: se intuye la sátira teledirigida contra Disney y ciertos iconos de la cultura pop (nótese la repugnante mortadela Yoko Ono), cuyas apariciones ya no confieren siquiera halos póstumos, por el qué dirán hoy, ni aristas que pulir con artículos biodegradables. Tal vez sea una vendetta personal del autor; un guiño a su vertiente musiquera.

    por Anónimo
    octubre 16, 2014

    Crítica | La distancia

    por Anónimo | octubre 16, 2014
    Under the Skin

    Hora de despertar

    Las 10 mejores películas de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Casi sin darnos cuenta Sitges 2014 ya ha llegado a su fin. Ha sido una edición intensa, la primera vivida por un servidor al otro lado de la barrera después de unos cuantos años acudiendo como espectador. Por esa misma razón, comparativamente, este texto no podrá hacer referencia a las mejoras y las deficiencias de este año respecto a pasadas ediciones del festival. Comentándolo con los compañeros de otros medios, eso sí, parece haber una opinión consensuada en que este año se han mejorado en algo los problemas organizativos que se sufrieron la pasada entrega. Experimentada en primera persona la pesadilla para adquirir las limitadas entradas de prensa a las 7 de la mañana lo cierto es que, siendo sinceros, en su balance final solo una resultó ser misión imposible. A partir de ahí, los siempre presentes retrasos en muchas de las sesiones, las obligadas carreras entre un espacio y otro fruto de los mismos retrasos, el cambio de la sesión sorpresa por la sosería de una maratón final de madrugada cuyas propuestas carecían, precisamente, de cualquier sorpresa y los preocupantes apagones experimentados en el Teatre Prado y en el Auditori han puesto las notas negativas a unos diez días de cine absolutamente inolvidables.

    La línea temática que este año, supuestamente, vertebraba el festival era el mundo onírico. Decimos supuestamente porque, en torno a esta idea solo una de las películas que vimos dentro de la Secció Oficial Fantàstic, la interesantísima Réalité de Quentin Dupieux, parecía construirse en torno a esa línea temática. El resto, básicamente, han vuelto la mirada tanto a la infancia para hablar de inocencias rotas (Goodnight Mommy) como una vuelta a las bases del género, bien sea para hablar de la imposibilidad de volver a él (The Guest, Aux Yeaux des Vivants, Young Ones), para hacer visible la pervivencia del pasado en la construcción de lo presente (It Follows, The Babadook) o, por el simple (y algo vácuo) gusto de volver a ellas (Cub). Otras han vuelto a dibujar un universos distópicos, apocalípticos y totalmente desoladores (Young Ones, The Rover, Hard to be a God) mientras que difuminar la línea entre lo real y lo ficticio ha sido el campo de trabajo de propuestas tan sorprendentes como el Over your dead body de Takashi Miike. En definitiva, de Sitges 2014 nos llevamos una buena cosecha. Siempre y cuando nadie nos recuerde el interminable palmarés final. No porque I Origins no nos haya gustado, sino porque ha habido propuestas mucho más arriesgadas y superiores al melodrama sci-fi de Mike Cahill. Nos duele en el corazón que It Follows, la que parece haber sido la película que mayor consenso ha generado en esta edición, no haya estado representada en el listado de honor. Acabamos de volver de Sitges y ya tenemos el mono. 365 días para la siguiente edición. Seremos pacientes. Mientras, a revisionar las mejoras obras presentadas. Estas son las 10 mejores películas para EAM.

    por Anónimo
    octubre 13, 2014

    Sitges 2014 | Las 10 mejores películas

    por Anónimo | octubre 13, 2014
    P’tit Quinquin

    Joe Dante cierra Sitges

    Crónica de la novena jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    Desde que, dentro del marco del Festival de Sitges, se ha popularizado esto de la Zombie Walk, siempre he pensado que la organización haría bien en llevarla al último día del certamen. Sobre todo por aquello del ambiente: estarían los zombis de pacotilla (dicho desde el cariño, entiéndase), aquellos que solo acuden ese día al festival a pasárselo bien disfrazados de muertos vivientes; y luego nos encontraríamos a los zombis auténticos, aquellos que tras 30, 40, 50 o 60 películas encima del cuerpo ya están a un paso de dejar de ser personas. En nuestro caso, nos propusimos que de Sitges nos íbamos a despedir a lo grande. Nada de caras largas, fuera cansancios (algo difícil después de llevar perdidas muchas horas de sueño) y mucha energía para el Día D del festival. El día en el que nos las íbamos a ver con lo nuevo de Joe Dante, Isao Takahata, Bruno Dumont y la polémica (pero no tan radical) The Tribe, el debut en la dirección de un director ucraniano de apellido impronunciable. Casi nada. Por resumir mucho: floja la primera, hermosa la segunda, divertida bizarrada la tercera y algo decepcionante la cuarta. Nuestro último día en Sitges ha sido también el día en el que hemos conocido que I Origins, de Mike Cahill, ha acabado llevándose el gato al agua dentro de la Secció Oficial Fantàstic, la sección más importante del festival. Y aunque no nos haya convencido del todo, nada comparado al horror de los galardones concedidos a una propuesta como Cub, quizás una de las películas más flojas de un certamen cuyo palmarés se presenta anormalmente interminable.

    por Anónimo
    octubre 13, 2014

    Sitges 2014 | Día 9. Críticas: 'Burying the Ex', 'P'tit Quinquin', 'La princesa Kaguya' y 'The Tribe'

    por Anónimo | octubre 13, 2014

    La mirada de Albert

    Palmarés de la 47ª edición del Festival de Sitges

    No era la mejor película presentada. Pero, aun así, el triunfo de Orígenes (I Origins) es justo. ¿Por qué? La respuesta es porque fue el que más sorprendió al público de Sitges. Una propuesta emocional que trata en su justa medida temas como el amor a través del tiempo y las teorías einstenianas sobre la resurrección. Todo a través de algo tan simple y complejo a la vez, como el iris ocular. Sus defectos, que los tiene, se aparcan a un lado tras asistir a un final que deja huella. Así lo determinó la platea de Karlovy Vary, y Sitges no ha sido menos. Gran impulso para la cinta de Mike Cahill que llegará a nuestro país el 14 de noviembre, vía Fox Searchlight. Siguiendo con la diosa justicia, otra de las sensaciones del certamen, la aussie The Babadook, no se fue de vacío, siendo recompensada con el Gran Premio del Jurado. La cinta dirigida por Jennifer Kent debe ser uno de los hitos del género esta temporada. Su paso por la ciudad catalana le debería asegurar un holgado estreno en España. Del resto del palmarés, a destacar los triunfos de Julianne Moore, por su impagable labor en Maps to Stars, y el sorprendente entorchado al belga Jonas Govaerts como mejor director por su trabajo en Cub. Con el listado de vencedores termina la 47ª edición del Festival de Sitges. No aún para EAM, a la espera de la última crónica de nuestro compañero Daniel Jiménez Pulido y el habitual Top 10 con lo mejor del festival.

    SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC SITGES 47


    Premio a la mejor película
    I ORIGINS, de Mike Cahill.

    Premio especial del jurado
    THE BABADOOK, de Jennifer Kent.

    Premio a la mejor dirección
    CUB, de Jonas Govaerts.

    Premio al mejor actor
    Nathan Phillips por THESE FINAL HOURS, de Zak Hilditch.
    Koji Yakusho por THE WORLD OF KANAKO, de Tetsuya Nakashima.

    Premio a la mejor actriz
    Essie Davis por THE BABADOOK, de Jennifer Kent.
    Julianne Moore por MAPS TO THE STARS, de David Cronenberg.

    Premio al mejor guión
    YOUNG ONES, de Jake Paltrow.

    Premio a la mejor fotografía
    JAMIE MARKS IS DEAD, de Carter Smith.

    Premio a los mejores efectos especiales
    THE SIGNAL, de William Eubank.

    Premio al mejor cortometraje
    OSCAR DESAFINADO, de Mikel Alvariño.

    Mención especial
    POS ESO, de Sam.
    WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi y Jemaine Clement.
    A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT, de Ana Lily Amirpour.
    SPRING, de Justin Benson y Aaron Moorhead.

    Gran Premio del Público
    WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi y Jemaine Clement.

    SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC ÒRBITA 


    Premio a la mejor película
    HYENA, de Gerard Johnson.

    Premio al mejor director
    COLD IN JULY, de Jim Mickle.

    Mención especial
    ’71, d’ Yann Demange.

    SECCIÓN FANTÀSTIC PANORAMA


    Premio al mejor largometraje
    THE TREATMENT, de Hans Herbots.

    Mención especial
    CREEP, de Patrick Brice.

    Premios Méliès d’Argent 


    Premio al mejor largometraje
    GOODNIGHT MOMMY, de Veronika Franz y Severin Fiala.

    Premio al mejor cortometraje
    AUTUMM HARVEST, de Fredrik S. Hana.

    NOVES VISIONS- NO FICCIÓ


    Premio a la mejor película de ficción
    HAN GONG-JU, de Lee Su-jin.

    Premio a la mejor película de no ficción
    NON-FICTION DIARY, de Jung Yoon-suk.

    Mención especial
    THE DUKE OF BURGUNDY, de Peter Strickland.


    por Emilio M. Luna
    octubre 12, 2014

    Sitges 2014 | Palmarés. Orígenes, mejor película

    por Emilio M. Luna | octubre 12, 2014
    The Duke of Burgundy (Peter Strickland, 2014)

    Quebrando el género

    Crónica de la octava jornada de la 47ª edición del Festival de Sitges

    En pleno proceso de asimilación sobre el fin de un festival que está a la vuelta de la esquina, todavía nos queda alguna pequeña joya que recuperar mientras esperamos el Día D de este Sitges 2014. Empezamos por The Duke of Burgundy, la sugerente nueva propuesta de Peter Strickland, que vuelve a los referentes para seguir expandiendo un universo propio fascinante. La belleza formal de la película de Strickland, contrasta con la sequedad expositiva de un filme como The Rover —de la que ya os hablamos tras su paso en Karlovy Vary y su estreno en Irlanda, la violenta y brutalmente nihilista distopía futurista de David Michôd que cuenta con un Guy Pearce en estado de gracia. Mientras, It Follows también apuesta por los bastiones del género para llevarlos a una suerte de abstracción en el que el terror surge de una premisa mínima. Una verdadera joya que se ha convertido en una de las mejores obras vistas en lo que va de festival. Justo en el lado contrario, algo como Sword of Vengeance, una de las peores maneras posibles de terminar una noche.

    por Anónimo
    octubre 11, 2014

    Sitges 2014 | Día 8. Críticas: 'The Duke of Burgundy', 'It Follows' y 'Sword of Vengeance'

    por Anónimo | octubre 11, 2014

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