Las 10 mejores películas de Clint Eastwood
El último cineasta clásico en 10 películas.
▲ Fotograma: El jinete pálido.
Pale Rider, 1985.
Este 31 de mayo se cumplen 91 años del nacimiento, en San Francisco, de una de las figuras más icónicas de la Historia del Cine, un hombre que ha sabido superarse y reinventarse con los años, permaneciendo en primera línea desde que Sergio Leone le convirtiera en toda una leyenda del Spaghetti Western. Hasta entonces, Clint Eastwood era uno más de los jóvenes y apuestos aspirantes a actores que trataban de hacerse notar en papeles muy secundarios en producciones de Hollywood, siendo la serie de televisión
Cuero crudo (Rawhide, Thomas Carr, Ted Post, Christian Nyby, 1964), ese trampolín decisivo para que Leone se fijara en él y le ofreciera la gran oportunidad de su vida, esa que supo aprovechar (y cómo) en el papel de Joe, el pistolero vagabundo de
Por un puñado de dólares (1964). El éxito fue tal, que director y protagonista volvieron a unir sus fuerzas en dos clásicos más que conformarían la conocida como Trilogía del Dólar:
La muerte tenía un precio (1965) y
El bueno, el feo y el malo (1966), junto a los míticos Lee Van Cleef y Eli Wallach. Las puertas de la meca del cine se abrieron definitivamente para Eastwood, que, con su contundente apariencia de tipo duro fue la elección de casting perfecta para thrillers de acción –
Un botín de 500.000 dólares (Michael Cimino, 1974),
Ciudad muy caliente (Richard Benjamin, 1984),
En la cuerda floja (Richard Tuggle, 1984),
En la línea de fuego (Wolfgang Petersen, 1993)–, westerns –
Cometieron dos errores (Ted Post, 1969),
Joe Kidd (John Sturges, 1972)– o cintas de aventuras y bélicas –
El desafío de las águilas (Brian G. Hutton, 1968),
Los violentos de Kelly (1970)–. Incluso se permitió demostrar una saludable vis cómica en el western musical
La leyenda de la ciudad sin nombre (Joshua Logan, 1969) –junto a otro duro metido a las labores de hacer reír, Lee Marvin– y el muy taquillero díptico formado por
Duro de pelar (James Fargo, 1978) y
La gran pelea (Buddy Van Horn, 1980), donde encarnó a uno de sus personajes emblemáticos, el camionero Philo Beddoe, siempre acompañado de su inseparable orangután Clyde. Con el paso de los años, además, fue ganando en registros dramáticos, llenando la pantalla aun cuando la película estuviese por debajo de su altura –
Golpe de efecto (Robert Lorenz, 2012)–.
Aparte de Sergio Leone, otro fue el realizador fundamental para su crecimiento como actor: Don Siegel. Desde que colaboraron por primera vez en el thriller
La jungla humana (1968), volverían a unir sus talentos en cuatro excelentes títulos más. El western cómico
Dos mulas y una mujer (1979) –donde formó pareja con Shirley MacLaine–,
El seductor (1971) –auténtica obra maestra que adaptó brillantemente la novela de Thomas Cullinan y donde Clint era el único hombre de la función, un soldado yanqui convertido en objeto de deseo de todas las mujeres de una escuela de señoritas–,
Harry el sucio (1972) –Harry Callahan, el duro policía de San Francisco que impartía ley con una ligereza de gatillo pasmosa, fue uno de sus grandes personajes, gracias a este clásico del género que generó cuatro secuelas más,
Harry el fuerte (Ted Post, 1973),
Harry el ejecutor (James Fargo, Robert Daley, 1976),
Impacto súbito (Clint Eastwood, 1983) y
La lista negra (Buddt Van Horn, 1988)– y una de las cintas más representativas del cine carcelario,
Fuga de Alcatraz (1979). Clint Eastwood aprendió muchísimo de sus maestros, Leone y Siegel, tanto que el mundo de la dirección acabó llamándole tanto o más que el de la actuación. Después de fundar su propia productora, The Malpaso Company, en1967, se atrevió a dar ese salto en 1971 con
Escalofrío en la noche (1971), un fabuloso drama psicológico en el que extrajo de Jessica Walter una aterradora actuación como fan obsesionada con un locutor de radio, claro antecedente de la exitosa
Atracción fatal (Adrian Lyne, 1987). Un debut que sorprendió a quienes no tenían demasiada confianza en Eastwood como director y que fue solo el comienzo de una carrera impecable detrás de las cámaras, muchas veces protagonizando él mismo sus películas, como los cuatro formidables westerns en los que dejó constancia de su gratitud hacia el género que le vio nacer como estrella:
Infierno de cobardes (1973),
El fuera de la ley (1976),
El jinete pálido (1985) y su obra maestra,
Sin perdón (1992), ganadora de los Oscars a mejor película y director. En su excelsa filmografía ha tocado casi todos los géneros, desencasillándose, incluso, de su imagen de duro. Solo hay que echar un vistazo a su segundo largometraje,
Primavera en otoño (1973), con un maduro William Holden viviendo un amor con la adolescente interpretada por Kay Lenz, un sensible drama romántico que fracasó en taquilla, pero que el tiempo ha encumbrado como una de sus perlas más reivindicadas. No abandonó el cine de acción, pero supo darle un toque de calidad al género, a través de títulos como
Licencia para matar (1975),
Ruta suicida (1977),
Firefox (1982),
El sargento de hierro (1986) –donde se autorregaló uno de sus papeles más divertidos, el del malhablado sargento Tom Highway encargado de instruir a un grupo de novatos–,
El principiante (1990) –trepidante Buddy Movie, muy del gusto de la época, donde compartió protagonismo con el pujante Charlie Sheen–.
La comedia circense
Bronco Billy (1980) –coprotagonizada por Sondra Locke, su pareja durante años y actriz fetiche en varios títulos más–, el drama ambientado durante la Gran Depresión
El aventurero de medianoche (1982) –con su hijo Kyle Eastwood compartiendo plano junto a él–,
Bird (1988) –magnífico biopic del saxofonista de jazz Charlie Parker, interpretado por Forest Whitaker en uno de los papeles de su vida– y
Cazador Blanco, corazón negro (1990), interesante crónica alrededor de los avatares del rodaje de
La reina de África (John Huston, 1951), supusieron un notable camino hacia esa madurez que se consumó en
Sin perdón. Tras este western crepuscular, encadenó una serie de maravillosos filmes que no dejaban de sorprender por tratarse de ofertas de lo más variadas.
Un mundo perfecto (1993) –con un Kevin Costner mejor que nunca–,
Los puentes de Madison (1995) –una de las cumbres del drama romántico, en la que Eastwood ofreció su actuación más conmovedora, formando con Meryl Streep una pareja inolvidable– y
Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), dejaron el listón tan alto que sus siguientes títulos, aun siendo muy interesantes, podrían catalogarse como menores. A este grupo pertenecen
Poder absoluto (1997),
Ejecución inminente (1999),
Space Cowboys (2000) y
Deuda de sangre (2002).
Mystic River (2003) fue el inicio de otra serie de magníficas obras que mostraban lo mejor de Eastwood como director de actores.
Million Dollar Baby (2004) –que le hizo ganador, por segunda vez, de los Oscars a mejor película y mejor director–, el díptico sobre la Segunda Guerra Mundial
Banderas de nuestros padres (2006) y
Cartas desde Iwo Jima (2006),
El intercambio (2007) y
Gran Torino (2008) fueron unánimamente alabadas por la crítica.
Invictus (2009) –drama biográfico con Morgan Freeman boedando el rol de Nelson Mandela–, el drama fantástico
Más allá de la vida (2010), el biopic
J. Edgar (2011) –a mayor gloria del histrión Leonardo DiCaprio–,
Jersey Boys (2014) –sobre la creación del grupo musical
The Four Seasons–,
El francotirador (2014) –con un estupendo Bradley Cooper dando vida al marine Chris Kyle–,
Sully (2016) –la historia de un heroico piloto de avión, al que da vida Tom Hanks, que salvó a 155 pasajeros de un accidente aéreo–,
15:17 Tren a París (2018) –posiblemente, su peor trabajo–,
Mula (2018) –donde demuestra continuar siendo capaz de comerse la pantalla al borde de los 90 años– y
Richard Jewell (2019) –otro hecho real en el que su protagonista pasó de ser héroe nacional a sospechoso de un atentado en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996– completan, con gran profesionalidad, aunque con una inspiración alejada de sus mejores tiempos, una filmografía a la que se unirá próximamente
Cry Macho (2021). El antepenúltimo mohicano considera que es una oportunidad idónea para hacer una (siempre subjetiva) selección de las 10 mejores películas de uno de los grandes directores de todos los tiempos, uno de los últimos clásicos.