Belle de jour, Francia, 1967.
A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton:
Un perro andaluz y
La edad de oro: las dos cintas que el cineasta aragonés realizaría en colaboración con Salvador Dalí, apoyado por el beneplácito categórico de Breton. De hecho, durante la filmación de
La edad de oro, las discrepancias con Dalí fueron insostenibles, y el excéntrico pintor tuvo que abandonar el proyecto antes de terminar. A partir de entonces, Buñuel rompería los lazos con el movimiento surrealista, pese a que conservaría, no obstante, algunas de las premisas establecidas en su manifiesto, y las adaptaría a sus obsesiones a lo largo de su futura filmografía. Ya en su tercera cinta,
Las Hurdes, es perfectamente distinguible esa mutación ideológica que, pese a seguir dando la razón a Breton en su famosa cita “Lo más admirable de lo fantástico es que no existe, todo es real", traiciona algunos de los dogmas más representativos promulgados por éste; como por ejemplo, la supeditación de lo onírico a una realidad social concreta. Buñuel se adentra entonces, mediante la alegoría de la maravillosa realidad de los hurdanos, en aquello que, 16 años después, Alejo Carpentier denominó “lo real maravilloso” y que terminaría por desembocar en el celebérrimo “realismo mágico” de García Márquez. Desde entonces, este director, uno de los más cosmopolitas que ha dado nuestro cine —aunque en ocasiones este cosmopolitismo se confunde con el exilio forzado—, no dejaría de construir su propio estilo semirrealista-maravilloso hasta el establecimiento de un nuevo manifiesto, el suyo propio, que lo llevaría hasta la cúspide de la creación ética y estética gracias a sus teorías falocentristas, la degradación de la realidad burguesa, la exaltación del erotismo y, sobre todo, gracias a esa marcada denuncia de la pérdida de la moral religiosa en detrimento de unos valores litúrgicos lucrativos. Extraer diez películas de una obra tan conscientemente unificada en un corpus cinematográfico absoluto no ha sido tarea fácil, no obstante proponemos diez ejercicios que ejemplifican el pensamiento buñueliano en todas sus variaciones cromáticas.